En la universidad había una sola cosa en la que todos coincidían: Lara y Megan no podían soportarse.
Competían por absolutamente todo.
No importaba si se trataba de un examen, una noche de trivia, un videojuego o algo tan ridículo como preparar el mejor sándwich; siempre encontraban la forma de convertirlo en una competencia.
Si Lara obtenía la mejor calificación de la clase, Megan buscaba superarla en la siguiente.
Si Megan ganaba una partida, Lara exigía una revancha inmediata.
Era una guerra constante.
Lo curioso era que ninguna de las dos recordaba cuándo había comenzado todo. La rivalidad llevaba tanto tiempo formando parte de sus vidas que ya se había convertido en una costumbre. Nunca se detenían a preguntarse por qué discutían tanto, ni mucho menos quién debía dar el primer paso para terminar una pelea.
Simplemente... seguían haciéndolo.
A pesar de eso, el destino parecía empeñado en mantenerlas cerca.
Compartían el mismo grupo de amigas junto a Daniela, Sophia, Manon y Yoonchae, así que, por más que intentaran evitarse, siempre terminaban coincidiendo en algún lugar del campus.
Y aquella mañana no fue la excepción.
-¿Megan, me ayudas con este trabajo? -preguntó Manon mientras le extendía una hoja llena de ejercicios.
Megan sonrió con naturalidad y se acercó a ella.
-Claro, Manz.
Todavía faltaban casi tres horas para la siguiente clase, así que el salón estaba tranquilo. Sin gente dentro, solo ellas.
Mientras Megan le explicaba un ejercicio a Manon; Sophia y Yoonchae discutían sobre dónde ir a comer antes de volver a clases.
Unos minutos después, la puerta del salón volvió a abrirse.
Lara entró junto a Daniela, todavía hablando de algo que había ocurrido en el pasillo.
Su mirada recorrió el aula hasta detenerse en Megan inclinada sobre el pupitre de Manon.
-¿Qué hacen?
-Megan me está ayudando a resolver un...
Manon ni siquiera alcanzó a terminar la frase.
Lara tomó la hoja con rapidez, la observó apenas unos segundos y negó con la cabeza.
-No. Esto está mal. Déjamelo a mí.
Megan soltó una risa incrédula.
-Qué rápido llegaste a esa conclusión.
-No hace falta mucho tiempo para darse cuenta.
-¿Insinúas que no sé resolver unos ejercicios?
Lara levantó una ceja.
-No lo insinúo. Lo estoy diciendo, tonta.
El ambiente cambió por completo.
-Repite eso y verás como te rompo la cara.
Manon cerró los ojos con resignación.
-Dios... parecen niñas pequeñas.
Daniela dejó la bolsa de papitas sobre el pupitre y cruzó una pierna sobre la otra, observando la escena con una mezcla de diversión y cansancio.
-¿No pueden pasar un solo día sin discutir?
-Tú cállate, Daniela.
Las dos respondieron al mismo tiempo.
El salón quedó en silencio durante un segundo.
Daniela soltó una carcajada y giró la cabeza hacia Sophia.
-¿Amor, escuchaste cómo me hablan?
Sophia negó con una sonrisa antes de rodear los hombros de su novia.
-No le hablen así a mi princesa.
Yoonchae hizo una mueca exagerada.
-Qué empalagosas.
-Ridículas -murmuró Lara antes de devolverle la hoja a Manon.
Esta vez, sin protestar, Megan simplemente rodó los ojos.
Manon aprovechó el raro momento de paz para guardar sus cosas.
-¿Nos vamos? Ya me cansé de estar aquí.
Y las demás aceptaron enseguida.
(...)
Caminaron unas cuantas cuadras hasta la cafetería que frecuentaban casi todos los estudiantes de la universidad. El lugar estaba lleno de conversaciones, tazas de café humeante y el constante sonido de platos chocando entre sí.
Era su sitio favorito cuando nadie sabía qué hacer con el tiempo libre.
Mientras esperaban su pedido, Manon desbloqueó su teléfono.
-¿Vieron el mensaje del grupo de la universidad?
Las demás levantaron la vista.
-¿Cuál?
-El viernes celebran el aniversario de la universidad. Alquilaron una discoteca cerca del campus para hacer la fiesta.
-Sí lo vi -respondió Daniela con una sonrisa-. ¿Van a ir?
Todas asintieron.
Lara dio un pequeño sorbo a su café antes de hablar.
-Voy a decirle a Orlando que me acompañe.
Megan dejó la taza sobre la mesa con un golpe apenas perceptible.
-¿Otra vez con tu novio?
Lara arqueó una ceja.
-¿Perdón?
-Hablas de él todo el tiempo.
-Porque es mi novio.
-Ya, pero parece que no tienes otro tema de conversación.
Por un instante, nadie dijo nada.
-¿Y eso a ti qué te importa? -preguntó Lara, sin apartar la mirada.
-No me importa. Solo es... agotador escucharte.
Manon dejó escapar un largo suspiro.
-Por favor...
Las dos siguieron observándose como si estuvieran esperando que la otra diera el primer paso.
-¿Ya van a empezar otra vez? -preguntó Manon, masajeándose las sienes.
Yoonchae asintió inmediatamente.
-Las quiero mucho, pero ustedes dos me van a sacar canas.
Daniela soltó una risa.
-Yo sigo pensando que quienes más se pelean son los que terminan enamorándose.
Sophia levantó la mano.
-Confirmo.
Daniela entrelazó sus dedos con los de ella y sonrió.
-Nosotras discutíamos por todo cuando nos conocimos.
Megan resopló.
-Eso no tiene absolutamente nada que ver.
-Si tú lo dices..
(...)
Los días pasaron con la misma rapidez con la que llegaban las discusiones entre Lara y Megan.
Y, antes de que pudieran darse cuenta, ya era viernes.
La celebración por el aniversario de la universidad se realizaría en una conocida discoteca privada de la ciudad.
Como era costumbre, las chicas decidieron reunirse primero en casa de Lara para arreglarse juntas.
Después de casi una hora entre maquillaje, ropa y risas, solo quedaban Lara, Daniela, Sophia y Manon terminando los últimos detalles.
Mientras tanto, Megan y Yoonchae esperaban en la sala.
Yoonchae observó a su amiga unos segundos antes de romper el silencio.
-¿Puedo preguntarte algo?
-Depende.
-¿Por qué odias tanto a Lara?
Megan soltó una risa corta.
-Ni siquiera lo sé.
-¿Nunca te lo has preguntado?
Ella negó con la cabeza.
-Simplemente... me desespera.
Yoonchae jugueteó con una pulsera mientras pensaba cómo decir lo siguiente.
-No te enojes, ¿sí?
-Ahora sí me preocupas.
-Cuando Lara habló de Orlando en la cafetería... no parecías molesta porque mencionara a su novio.
Megan frunció el ceño.
-¿Entonces?
-Parecías... celosa.
Megan soltó una carcajada incrédula.
-¿Celosa? ¿De Lara?
-Solo digo lo que vi.
-Estás completamente loca.
Yoonchae sonrió de lado.
-Puede ser.. Aunque, por la forma en que desviaste la mirada...
Megan abrió la boca para responder, pero las demás aparecieron en la sala antes de que pudiera hacerlo.
-¿Nos vamos? -preguntó Daniela.
Yoonchae le guiñó un ojo a Megan.
-Esta conversación todavía no termina.
(...)
La discoteca estaba llena.
Las luces recorrían el lugar al ritmo de la música, las conversaciones se mezclaban con las risas y la pista de baile ya estaba abarrotada de estudiantes.
Las seis encontraron una mesa cerca de la barra y pidieron algo para tomar.
Entre historias de clases, bromas y anécdotas absurdas, el tiempo pasó sin que ninguna se diera cuenta.
Hasta que un joven se acercó a la mesa.
-Hola, princesa.
Lara levantó la vista y sonrió.
-¡Orlando!
Se puso de pie para abrazarlo antes de mirar al resto.
-Chicas, él es mi novio.
El chico saludó con amabilidad.
-Mucho gusto.
Fue presentándose una por una hasta llegar a Megan.
Ella respondió con una sonrisa apenas visible.
Cuando Orlando volvió a concentrar toda su atención en Lara, Megan desvió la mirada y dio un largo sorbo a su bebida.
Sophia la observó de reojo.
No dijo nada.
Pero la expresión de Megan había cambiado, y Sophia, era demasiado buena leyendo a las personas como para no notarlo.
(...)
Cerca de la medianoche, las seis regresaron a casa de Lara.
Después de insistir durante varios minutos, consiguieron convencer a Megan de quedarse un rato más.
Las cartas aparecieron sobre la mesa del comedor, seguidas de un par de juegos de mesa que alguien encontró en un armario.
Entre bromas, acusaciones de hacer trampa y discusiones completamente absurdas, las horas comenzaron a pasar.
-¡Eso no vale! -protestó Megan, señalando una carta sobre la mesa.
Lara sonrió con toda la tranquilidad del mundo.
-Claro que vale.
-Acabas de inventarte esa regla.
-Se llama estrategia.
-Se llama hacer trampa.
Las demás soltaron una carcajada.
-No sé cómo pueden convertir hasta un juego de cartas en una competencia -comentó Manon mientras negaba con la cabeza.
-Es un talento natural -respondió Daniela.
-O una enfermedad y talvez mental -añadió Yoonchae.
Sophia soltó una carcajada.
-Yo diría que es la segunda.
(...)
La noche continuó entre bromas, historias de la universidad y risas que hacían eco por toda la casa.
Poco a poco, el cansancio comenzó a vencerlas.
Daniela y Sophia fueron las primeras en despedirse.
Después lo hizo Yoonchae, prometiendo escribir apenas llegara a casa.
Manon bostezó varias veces antes de tomar su bolso.
-Nos vemos mañana.
Cuando la puerta principal volvió a cerrarse, la casa quedó completamente en silencio.
Solo permanecían Lara y Megan.
La baraja seguía desordenada sobre el suelo de la habitación de Lara.
La lluvia golpeaba suavemente las ventanas mientras una pequeña lámpara iluminaba el cuarto con una luz cálida.
Megan dejó caer la última carta sobre el piso.
-Hiciste trampa otra vez.
Lara sonrió.
-No hice trampa. Solo soy mejor que tú.
-Claro... y yo soy la reina de Inglaterra.
-Eso explicaría por qué eres tan mandona.
Megan tomó una almohada y se la lanzó sin pensarlo.
Lara la atrapó entre risas y unos segundos después, se la devolvió.
Las dos terminaron riéndose juntas; Y sin darse cuenta, el juego quedó completamente olvidado.
Las cartas permanecieron esparcidas por el suelo mientras la conversación cambiaba de tema una y otra vez.
Hablaron de las peores películas que habían visto, de canciones que fingían odiar frente a las demás, de profesores insoportables y como era de esperarse, terminaron discutiendo sobre si la piña debía o no ir en la pizza.
-Definitivamente no debería existir -sentenció Megan.
Lara llevó una mano al pecho con dramatismo.
-¿Ves? Por eso somos enemigas.
Megan rodó los ojos, aunque no pudo evitar sonreír.
Con el paso de los minutos, las bromas fueron apagándose hasta convertirse en un silencio cómodo.
Ninguna parecía incómoda.
Era extraño.
Después de tantos años discutiendo por cualquier cosa, aquel silencio se sentía... agradable.
Megan levantó la vista.
Lara la estaba mirando.
-¿Qué?
Lara desvió la mirada enseguida.
-Nada.
Megan soltó una risa suave.
-Sonríes diferente cuando no estás intentando ganar una discusión.
Lara volvió a mirarla.
Esta vez, sin la seguridad desafiante que siempre mostraba.
-Es una observación bastante específica.
-Noto muchas cosas.
Las palabras quedaron suspendidas entre ellas.
Afuera, un trueno lejano rompió el silencio por un instante.
Megan apoyó un brazo sobre la cama mientras seguía observándola.
-¿Sabes qué es lo peor?
-¿Qué cosa?
-Que para alguien que se supone que es mi enemiga... pasas demasiado tiempo conmigo.
Lara dejó escapar una pequeña risa.
-Y tú sigues aceptando quedarte cerca.
Megan bajó la mirada unos segundos.
-Buen punto.
Las dos sonrieron al mismo tiempo.
De pronto, todas aquellas discusiones parecían absurdas.
Como si la rivalidad hubiera sido una excusa para permanecer cerca la una de la otra sin tener que admitirlo.
Lara respiró hondo.
-Entonces...
Megan levantó la vista.
-¿Qué somos?
La pregunta cayó entre las dos con una sinceridad que ninguna esperaba.
Megan abrió la boca para responder, pero antes de que saliera una palabra de su boca; Lara ya estaba encima de ella, desabrochando su cinturón.
-¿¡Lara, que haces!?
-Shhh, dejame hacerte sentir bien -contestó Lara rozando el cuello de su "enemiga" con sus labios.
-Pero.. y Orlando?
-A la mierda Orlando.
Megan se dejó llevar, y cuando sus labios finalmente se encontraron, el beso fue salvaje, hambriento, como si es beso fueran ganas retenidas de hace semanas.. o meses.
Años de emociones escondidas encontrando, por fin, una forma de salir.
Terminaron en la cama de Lara en ropa interior. Tuvieron sexo.
Al separarse, ninguna habló durante varios segundos.
Megan dejó escapar una risa nerviosa aún a centímetros de la cara de Lara.
-No puedo creer que Daniela tuviera razón.
Lara soltó una carcajada.
-Jamás se lo diremos.
-Prefiero graduarme antes que darle esa satisfacción.
-Yo también.
Y volvieron a reír.
(...)
Afuera seguía lloviendo.
Dentro de la habitación, el ambiente era frío, pero con dos cuerpos calientes dentro.
Sus pieles rozaban mientras compartían el mismo sudor.
Las manos de Megan se perdían en el cabello de su enemiga, mientras Lara -encima de ella- exploraba el cuerpo de Megan con las manos frías, besando suavemente sus labios, erizando a Megan con cada toque. Tocando más allá de vez en cuando.
Lara se sentía premiada escuchando los gemidos de Megan en su boca, mientras Megan también exploraba el cuerpo de Lara.
Ya no quedaba rastro de la rivalidad que todos en la universidad juraban conocer.
Tal vez nunca habían sido enemigas.
Tal vez solo habían tardado demasiado tiempo en entender aquello que siempre había estado escondido detrás de cada discusión.
Y, por primera vez desde que podían recordar, ninguna sintió la necesidad de discutir para permanecer al lado de la otra..
Y claro que las demás se dieron cuenta; cuenta de que todos los rumores que hablaban a sus espaldas, se volvieron realidad.