La Academia Clearwater estaba más ruidosa de lo habitual aquella mañana.
Los estudiantes se agrupaban en pequeños círculos mientras observaban la entrada principal del edificio. Los rumores habían corrido rápidamente desde el amanecer: dos nuevos alumnos iban a llegar ese día.
-Dicen que son hermanos -comentó un joven metamorfo zorro.
-Escuché que ambos son pumas.
-¿Dos pumas? Eso sí es raro.
Jeffrey escuchó la conversación mientras apoyaba la espalda contra una pared del patio. Como siempre, intentaba aparentar indiferencia, aunque en realidad prestaba atención a todo lo que ocurría a su alrededor.
A pocos metros estaba su hermano menor, Lou.
A diferencia de Jeffrey, Lou era mucho más sociable. El joven lobo estaba hablando con varios compañeros mientras movía la cola con entusiasmo.
-¡Jeffrey! -lo llamó de repente
-¿Vienes?
-No.
-¿Por qué?
-Porque no quiero.
Lou rodó los ojos.
-Algún día tendrás que aprender a convivir con la gente.
-Algún día tendrás que aprender a callarte.
Lou soltó una carcajada.
Antes de que pudiera responder, una camioneta se detuvo frente a la entrada de la academia.
El patio entero quedó en silencio.
La puerta se abrió.
Dos chicos descendieron del vehículo.
El primero tenía cabello cobrizo y una expresión tranquila. Sus ojos observaban todo con curiosidad.
El segundo era ligeramente más alto y poseía una mirada más seria. Sus movimientos transmitían confianza.
-Esos deben ser ellos -murmuró Lou.
Los hermanos comenzaron a caminar hacia la entrada.
La directora les dio la bienvenida antes de presentarlos frente a todos.
-Estudiantes, ellos son Carag y Marius.
Un murmullo recorrió el patio.
Carag sonrió con cierta timidez.
Marius simplemente asintió.
Jeffrey los observó durante unos segundos.
No sabía exactamente por qué, pero algo le molestó desde el primer instante.
Quizá fue la seguridad con la que caminaban.
Quizá la atención que estaban recibiendo.
O quizá fue la forma en que Carag parecía agradarle a todo el mundo apenas había llegado.
Fuera cual fuera la razón, Jeffrey sintió una inmediata antipatía.
Y, desafortunadamente, el destino decidió empeorar las cosas.
Durante la primera clase de combate y supervivencia, los alumnos fueron divididos en parejas.
Jeffrey esperaba entrenar con alguno de sus amigos.
En cambio, el profesor señaló directamente hacia él.
-Jeffrey.
Luego señaló a Carag.
-Tú con el nuevo.
Jeffrey frunció el ceño.
Carag levantó una ceja.
Ambos caminaron hasta el centro del gimnasio.
-Hola -dijo Carag amigablemente
-Creo que no nos hemos presentado bien.
-No me interesa.
Carag parpadeó.
-Vaya. Qué amable.
-No vine aquí para hacer amigos.
-Yo tampoco estaba intentando ser tu amigo.
Algunos estudiantes comenzaron a reír.
Jeffrey sintió cómo la irritación aumentaba.
-Posiciones -ordenó el profesor.
Los dos obedecieron.
El ejercicio consistía en derribar al oponente sin transformarse completamente.
-Empiecen.
Carag reaccionó rápido.
Más rápido de lo que Jeffrey esperaba.
Durante varios minutos intercambiaron movimientos mientras intentaban desequilibrarse mutuamente.
Ninguno conseguía imponerse.
Finalmente ambos terminaron cayendo al suelo al mismo tiempo.
El gimnasio estalló en aplausos.
-Empate -anunció el profesor.
Jeffrey se puso de pie inmediatamente.
Carag hizo lo mismo.
-No estuvo mal -comentó el puma.
-He tenido rivales mejores.
-Claro.
Aquella sonrisa divertida hizo que Jeffrey quisiera golpearlo otra vez.
A partir de ese día comenzaron los problemas.
Parecía que el universo disfrutaba reuniéndolos constantemente.
Si Jeffrey elegía una mesa en el comedor, Carag terminaba sentado cerca.
Si Jeffrey participaba en una actividad, Carag aparecía.
Si Jeffrey intentaba entrenar solo, el puma aparecía por casualidad.
Y lo peor de todo era que Carag parecía disfrutar molestándolo.
No de manera cruel.
Simplemente divertida.
-Buenos días, Jeffrey.
-No.
-Todavía no he dicho nada.
-Da igual.
-¿Siempre eres así?
-Sí.
-Interesante.
-Vete.
-No.
Lou encontraba toda la situación extremadamente divertida.
-Creo que te gusta.
-¿Qué?
-Carag.
Jeffrey casi se atragantó.
-¿Estás loco?
Lou soltó una carcajada.
-Nunca te había visto tan obsesionado con alguien.
-No estoy obsesionado.
-Claro que sí.
-No.
-Mencionas su nombre veinte veces al día.
-Porque es insoportable.
-Ajá.
Jeffrey estuvo a punto de lanzarle una almohada.
Los meses comenzaron a pasar.
La rivalidad entre ambos se volvió conocida en toda la academia.
Competían en todo.
Carreras.
Entrenamientos.
Exámenes.
Misiones.
Incluso discusiones absurdas.
Si uno obtenía una buena calificación, el otro intentaba superarlo.
Si uno lograba algo impresionante, el otro buscaba hacerlo mejor.
Era agotador.
Y, sin embargo, ninguno parecía dispuesto a detenerse.
Hasta que ocurrió algo inesperado.
Una noche, durante una práctica en el bosque, varios estudiantes fueron separados por una tormenta.
Jeffrey quedó atrapado en una zona rocosa.
La lluvia caía con fuerza.
El suelo estaba resbaladizo.
Mientras intentaba encontrar el camino de regreso, una roca cedió bajo sus pies.
Cayó varios metros.
El golpe le quitó el aire.
Intentó levantarse.
No pudo.
Su tobillo estaba lastimado.
-Perfecto -gruñó.
La tormenta continuaba rugiendo.
Entonces escuchó pasos.
Jeffrey levantó la vista.
Y allí estaba Carag.
Empapado por la lluvia.
-¿Estás herido?
-No.
-Mentira.
-Puedo arreglármelas.
Carag suspiró.
-Claro que sí.
Se acercó.
Jeffrey intentó apartarse.
-No necesito ayuda.
-Tu tobillo dice lo contrario.
-Vete.
-No.
-¿Por qué?
Carag lo miró durante unos segundos.
-Porque aunque seas insoportable, sigues siendo mi compañero.
Aquellas palabras lo tomaron desprevenido.
Antes de que pudiera responder, Carag lo ayudó a ponerse de pie.
Juntos comenzaron a caminar bajo la tormenta.
Durante varios minutos ninguno habló.
Finalmente fue Jeffrey quien rompió el silencio.
-¿Por qué siempre intentas ayudar a todos?
Carag sonrió levemente.
-Porque alguien tiene que hacerlo.
-Eso es estúpido.
-Tal vez.
-La gente suele aprovecharse.
-Lo sé.
-Entonces ¿por qué sigues haciéndolo?
Carag observó los árboles.
-Porque prefiero seguir creyendo en las personas.
Jeffrey no respondió.
Por alguna razón, aquella respuesta permaneció en su mente mucho tiempo después.
A partir de aquella noche algo empezó a cambiar.
No de forma inmediata.
No de forma evidente.
Pero cambió.
Las discusiones seguían existiendo.
Las competencias también.
Sin embargo, ya no parecían tan hostiles.
Poco a poco comenzaron a conversar más.
A veces durante los entrenamientos.
A veces durante las comidas.
A veces durante las patrullas en el bosque.
Jeffrey descubrió cosas que nunca había imaginado.
Carag era terco.
Demasiado optimista.
Ridículamente valiente.
Y poseía una extraña habilidad para hacer que todos se sintieran cómodos.
Incluso él.
Lo cual resultaba bastante molesto.
Una tarde, mientras entrenaban, Lou apareció junto a Marius.
-¿Interrumpimos algo? -preguntó Lou con una sonrisa sospechosa.
-Sí -respondió Jeffrey.
-Perfecto.
Marius observó a ambos durante unos segundos.
Luego sonrió.
-Así que tú eres Jeffrey.
-¿Y?
-Nada. Solo quería conocer al chico del que Carag habla tanto.
El silencio fue inmediato.
Jeffrey giró lentamente hacia Carag.
Carag se había puesto rojo.
-¡Marius!
-¿Qué? Es verdad.
-¡Cállate!
Lou empezó a reír tan fuerte que casi cayó al suelo.
Por primera vez en mucho tiempo, Jeffrey sintió algo extraño en el pecho.
Algo cálido.
Algo que aparecía cada vez que veía sonrojarse a Carag.
Y aquello lo asustó más que cualquier entrenamiento.
Porque empezaba a sospechar que aquella rivalidad ya no era solo rivalidad.
Y porque, sin darse cuenta, estaba comenzando a mirar a Carag de una forma completamente diferente.