Ellie observaba por la ventana del vehículo los viejos árboles anaranjados con hojas cayendo de los mismos, sin duda era una representación de cómo se sentía Ellie, muriendo poco a poco con su alma destrozada.
— ¿Te sientes bien cariño?
—Si, papá, estoy bien. —Respondió con voz monótona.
—Escucha, sé que quizás todo esto debe ser difícil... La mudanza, ir a una nueva escuela, pero sabes que era necesario.
—Igual que es necesario abandonarme en un maldito internado.
—No te estoy abandonando, esto es temporal, hasta que ponga las cosas en calma y arregle todo para la nueva casa... Y esta escuela es una de las mejores, créeme, estarás de maravilla.
—Ugh. —Se cruzó de brazos, dejándose caer un poco en su asiento.
Su padre la miró de reojo, algo preocupado. Hubo un silencio algo incomodo hasta que aclaró su garganta.
— ¿Tienes todo?
—Si, ya me preguntaste eso antes de salir, cuando estábamos saliendo, a mitad de camino y ahora cuando ya estamos por llegar. —Movió un poco su mano derecha mientras hablaba.
—Simplemente quiero asegurarme de que tienes todo y que todo estará bien. ¿Si?
—Si papá, lo sé, pero estaré bien. —Miro de nueva cuenta hacía la ventana, aburrida.
Pero a pesar de esas palabras, Ellie por dentro se sentía sumamente nerviosa y aterrada de tener que iniciar en una nueva escuela, tener que hacer nuevas interacciones y tener que adaptarse a todo un nuevo entorno. De tan solo pensarlo podía sentir su estomago cerrándose, mordiendo su labio inferior con fuerza y jugando con un mechón de su flequillo, el cual cubría parte de su rostro.
No pasó mucho para que se pudieran ver las instalaciones de la escuela cada vez mas cerca, con el padre de Ellie dirigiéndose hacía el estacionamiento que había junto a la escuela, en donde ya habían unos cuantos autos. Estacionaron en un sitió libre algo lejos del resto. Su padre bajo primero, pero Ellie se aseguro de que no haya nadie en las cercanías antes de bajar.
—Vamos Ellie, ya no eres una niña para tener miedo de interactuar con las personas.
—No me asusta interactuar, me asusta... No, no me asustan, solo detesto a la gente. —Dijo con tono rasposo, entornando los ojos.
—Me preguntó cuando se te pasara esa fase.
—No es una fase papá, esta es la verdadera yo, tienes que aceptarlo. —Cerró los ojos mientras se señalaba con sus palmas.
—Como digas, ayúdame a bajar tus maletas.
Al abrir el maletero es que Ellie abrió los ojos y se acercó junto a su padre para poder tomar una de sus maletas. Pero de repente escuchó el fuerte ruido del motor de un auto, girándose para presenciar como un sujeto estacionaba de forma bastante brusca y casi arrollaba a dos estudiantes que estaban pasando. Del auto del mismo, un chico bastante grande y corpulento bajo.
— ¡Ma-Maldición Reed! ¡Ten mas cuidado!
— ¿Qué dijiste Carson? ¿Acaso quieres que te de una maldita paliza? —Dijo con desdén, golpeando su puño contra la palma de su mano.
—Ya, ya, mejor vámonos. —Dijo el otro estudiante, tomando de la mano a su compañero y yéndose.
Ellie pudo ver como ese tal Reed sonreía como si hubiera ganado una pelea, sintió que era sumamente patético. Notó entonces a una mujer bien vestida y con tacones acercándose a donde ellos, era alta, su cabello era oscuro y estaba atado en una coleta. Ella se acercó a donde ellos, con Ellie teniendo que elevar la mirada, sintiéndose algo intimidada.
—Mucho gusto, ustedes deben ser los Parkers. ¿No es así?
— ¡A-Ah! Así es, somos nosotros. Mucho gusto, usted debe ser la señorita Kristal. ¿No? —El hombre habló, extendiendo su mano hacía ella.
—Así es, Kristal Mclane. Supongo que ella es Ellie Parker, también es un gusto conocerte. —Estrecho la mano del hombre y luego estrechó la mano de Ellie.
—Hey. —Asintió ligeramente, elevando una ceja. — ¿Y tú eres...?
—-Soy la asistente del director. Nos alegra mucho que haya elegido nuestro internado para poder venir a estudiar, nos aseguraremos de que todo este bien y tenga una etapa escolar agradable. Ahora mismo el director tendrá una charla de bienvenida en el auditorio, puedo llevarla para allá.
— ¡Oh, si! Se-Sería perfecto, ah... Bueno, supongo esto es una despedida por ahora Ellie. —Diría el hombre, aclarando su garganta.
Ellie se giró para mirar a su padre, notando la mirada triste por parte de él. Aunque estaba molesta porque la estaba "abandonando" allí, Ellie no pudo evitar arquear sus cejas y se acercó a su padre para poder abrazarlo. El hombre se sorprendió un poco pero correspondió de inmediato.
—Supongo que te veré en el día de acción de gracias. ¿No?
—Si, si, ah... Puedes llamar siempre que quieras, estaré para ti siempre que lo necesites cariño. —La abrazó con un poco de fuerza.
—Gracias papá. Espero que todo mejore pronto. —Susurró con una ligera sonrisa.
Kristal no pudo evitar sentir un ligero pinchazo al ver aquella interacción entre padre e hija, pero rápidamente negó con su cabeza. Una vez se separaron, Ellie se despidió con la mano mientras su padre cerraba el maletero y subía al auto, encendiéndolo y marchándose, despidiéndose también con su mano. Ellie se agachó para tomar sus dos maletas, mirando a Kristal.
—Muy bien, sígame señorita Parker.
Y con ello, Ellie comenzó a caminar detrás de ella, no pudiendo evitar apretar sus labios y entornar sus ojos con algo de preocupación, nuevamente sintiendo los nervios comenzar a devorarla por dentro, no sabiendo que le esperaba desde ese momento.
[...]
El auditorio era un enorme salón de teatro, con Ellie estando sentada en las filas de en medio, mirando a todas las personas a su alrededor, encogiéndose un poco de hombros. En el escenario hizo acto de presencia el director de la escuela, el señor Clark, acompañado por algunos profesores y otros directivos. Clark se paró detrás de su atril, teniendo una sonrisa engreída en su rostro, con todos los estudiantes guardando silencio cuando acercó su boca al micrófono.
—Buenos días, mis queridos estudiantes, bienvenidos un año más a la Academia Tipiskaw. Sé que todos vienen de días de descanso, holgazanería y diversión en las vacaciones de verano, pero deben recordar que todo eso quedó atrás ahora. Es el momento de retomar: la disciplina, el estudiar, el respeto y la excelencia. Sus padres confiaron en mandarlos a esta academia por una razón y esa razón es porque podemos hacer grandes de ustedes. ¡Será un gran trabajo en conjunto!
La única respuesta que obtuvo el director ante eso fue el silencio de los alumnos, apenas algunos llegaban a murmurar o decirse algo entre si. Ellie podía oír a algunos de estos, viendo a la persona a su lado, una chica asiática de suéter rosado, susurrándole algo a un chico de cabellos dorados y unos lentes oscuros.
—Ugh, desde aquí se huele que no se lavó la boca. —Susurró la chica con un tono indignado.
—Seguro de ahí GreGorda sacó sus malos hábitos. —Susurró en respuesta el chico, sonriendo con malicia.
Ellie elevó una ceja, sintiéndose algo incómoda con esos comentarios, por lo que miro al frente, aburrida, apoyando ambas manos en sus piernas y esperando que todo eso terminara pronto.
[...]
No pasó mucho para que Ellie, junto a todo el resto de estudiantes, fuera traslada hacía los dormitorios, los cuales estaban divididos en dos edificios que estaban a los costados del edificio principal de la academia. Ellie pudo ver a una enorme cantidad de chicas, escucho un montón de voces que le hicieron doler la cabeza y recibió tantas miradas de extrañeza que ya se había acostumbrado. Fue la última de las nuevas en quedar junto a Kristal, quien la estaba guiando hacía el cuarto y último piso del edificio. Bajaron otros pequeños escalones para llegar al pasillo con las habitaciones, en donde habían otras chicas conversando y moviendo sus cosas.
—Bien, Parker, te quedaras aquí. La habitación 32, es la tercera puerta a la derecha. Compartirás habitación con Tess Morgan, cualquier cosa que necesites puedes consultarlo con ella o puedes buscarme cerca de la oficina del director. Buena suerte Parker. —Kristal le sonrió, teniendo entre sus manos un portapapeles donde anotó algo antes de marcharse.
—Ah, gracias. —Respondió secamente, no porque quisiera, si no porque aún se sentía... Algo nerviosa.
Ellie agradeció internamente que ninguna de las otras chicas le estuviera mirando en esos momentos, muy concentradas en sus charlas de chicas superficiales. Ellie ingresó a la habitación que le habían asignado, no tardando en cerrar la puerta detrás suyo. El ruido de las conversaciones ajenas se callaron por un segundo, lo cual agradeció y miró al interior del que sería su nuevo "hogar"
Era una habitación pequeña. Dos camas, una de cada lado de la habitación, habiendo dos escritorios de cada lado con sus respectivas sillas y dos muebles de estanterías, habiendo una ventana en el medio que daba hacía el patio, y debajo de la ventana había un calefactor. Ellie dio un paso al frente, el suelo de madera sonó un poco debajo de sus pies. Apenas había medio metro que separaba las dos camas. Sobre las camas, había un par de ropa planchada y bien doblada: El uniforme de la escuela. Estaba compuesto por un suéter gris oscuro, una camisa blanca a botones de manga larga, una falda de un azul marino y finalmente unas medias negras con unos zapatos sin cordones.
—Vaya, supongo que toda la ropa que traje será inútil entonces. —Suspiro pesadamente, dejando sus dos maletas sobre la cama derecha.
Ellie no tardó en comenzar a desempacar, su padre le había hecho traer más cosas de lo que le hubiera gustado, aunque agradecía su preocupación. Luego de sacar unos cuantos pares de ropa, algunos libros y cuadernos, es que Ellie se encontraría con una foto enmarcada de ella y su padre, era cuando Ellie tenía unos 10 años. Ellie respiro hondo y una sonrisa se mostró momentáneamente en su rostro hasta que escucharía el ruido de la puerta abriéndose, lo que le hizo sobresaltarse un poco.
Una chica de cabellos oscuros ingreso, su cabello llegaba hacía su cintura. Su rostro demostraba la carencia de emociones, una mirada fría que erizo a Ellie. Se quedó allí parada, mirando con total indiferencia a Ellie.
—He-Hey.
—Hey.
A pesar del silencio incómodo, Ellie no podía dejar de admirar lo genial que era esta chica...
—Su-Supongo que tú eres Tess. ¿No? Ah, soy Ellie, Ellie Parker, soy nueva aquí. —Se aclaró la garganta intentando sonar con un tono igual de desinteresado que Tess.
—Genial. Soy Tess, un gusto.
—El gusto es... Mío.
—Bienvenida al infierno Parker, debiste quedarte en Stawaki.
— ¿Qué? N-No, no soy de... Allá, soy de Nueva York.
Tess no respondió al instante, dejando su maleta a un costado de su cama para luego tomar el uniforme escolar para colocarlo sobre la mesa de su escritorio y así poder echarse sobre la cama, soltando un ligero quejido antes de acomodarse.
—Uh... ¿Llevas mucho tiempo aquí? —Preguntó Ellie, tomando asiento en su cama.
—Mas del que me gustaría, como tres años. Decían que ayudaría en mi desarrollo y crecimiento personal, que haría muchos amigos y demás. Todas esas estupideces.
—Ya veo.
Otro silencio incomodo...
— ¡Toc, toc! —La puerta se abrió de repente, con una chica asomándose. — ¡Tess, querida!
Ellie nuevamente se sobresalto ante esa repentina aparición que ni siquiera pidió permiso de entrar, solo lo hizo. Era una chica algo alta y delgada, de cabello castaño corto, llevando lentes y frenos de igual forma, pobre cosita fea. Llevaba parte del uniforme escolar, solo faltando el suéter.
—Hey Ivy. ¿Cómo estuvieron tus vacaciones?
— ¡Fueron espectaculares! Mis padres y yo fuimos a una cabaña cerca de las montañas junto a un lago. ¡Fue precioso! También viajamos a Hungría, fue HERMOSO poder conectar con mis raíces nuevamente y descubrir más de mi misma. —Contó con entusiasmo, sentándose a los pies de la cama. —También fuimos a la playa, dime. ¿Se me nota el bronceado?
—No realmente.
— ¡Oh, diablos! Siempre fallo en broncearme bien. —Hizo un ligero puchero hasta que miró a Ellie, elevando las cejas con sorpresa. — ¡Hey! Nunca te había visto por aquí, y yo reconozco las caras de todos aquí. ¿Acaso eres nueva?
—Ah... Si, lo soy. Ellie Parker. —Levanto un poco la mano.
— ¡Que placer conocerte! Soy Ivy Berki, seguro habrás escuchado de mi por mis diversas actuaciones en teatros por todo el estado, se podría decir que soy una especie de celebridad. —Contó con mucho orgullo, llevándose una mano al pecho.
—Ah, si, seguro... Seguro de ahí me sonaba el apellido. —Mintió, viendo de reojo hacía otro lado.
— ¡Eres afortunada de que te haya tocado Tess! Es la mejor compañera de cuarto que puedas tener, casi ni notas que está aquí.
—Contigo a los gritos y ensayando a cada rato, era difícil poder hacer algo.
—Veo que son, eh... Buenas amigas. —Levantó una ceja.
— ¡Desde hace dos años! Veras Ellie, no siempre fui esta hermosa y popular chica que ves por aquí, yo era igual de amargada y depresiva que Tess. No fue hasta que comencé a actuar, a subir a los escenarios y audicionar que descubrí mi verdadera yo. ¡Una chica entusiasta nacida para estrellar! Y justamente cuando conocí a Tess, sentí que brillaba aún más. —Tras contar eso, se recostó ligeramente para abrazar a Tess, quien no pareció importarle.
—Ya veo...
—Hey ¿Tristán no vino contigo?
— ¡Oh, cierto! Tristán decidió este ciclo escolar dormir del lado de los chicos, dijo que era para "experimentar" un poco pero creo que es porque hay un chico que le esta comenzando a gustar, no me lo dijo directamente, pero me lo dio a entender. —Dijo divertida, elevando ambas cejas.
— ¿Tristán? Espera... ¿Puede dormir de ambos lados si quiere? —Se mostró confundida, llevando una mano a su cuello.
—Oh, si, Tristán es no binario, así que luego de varias discusiones y largas, largas y largas charlas con los directivos, dijeron que Tristán y otros chicos que fueran no binarios podrían elegir quedarse en el dormitorio que quieran. —Explico Ivy, sentándose. — ¿Te digo algo, linda? No esperes nada de los directivos de aquí.
—Oh, eh... Lo tendré en cuenta. —Esbozo una ligera sonrisa, arqueando ambas cejas.
[...]
Luego de instalarse y conversar otro poco con Tess e Ivy, es que Ellie decidió salir por un momento para "conocer" un poco mejor el lugar, aunque fue mas una excusa al sentirse agobiada por la intensa personalidad de Ivy. Ellie se encontraba sentada debajo de uno de los árboles detrás del edificio escolar. Ivy le explicó que el primer día servía más que nada para instalarse y preparar todo para el siguiente día que sería el verdadero "Primer día". La academia era un lugar enorme, contando con el edificio principal en el centro mientras que a los costados, a unos cuantos metros, estaban los dormitorios, uno de cada lado. Detrás de la academia había un enorme patio que daba hacía una laguna. También, algo lejos de ahí, había un campo de futbol americano, Ellie podía ver los arcos desde ahí mismo. También al frente de la academia, cerca de la entrada, estaban tanto la biblioteca como el gimnasio.
Ellie tenía apoyada sobre sus piernas su cuaderno de dibujo, estando haciendo algunos bocetos. De vez en cuando levantaba la mirada para ver al resto de estudiantes que pasaban por ahí, habían unos cuantos, todos encerrados en sus círculos sociales y seguramente teniendo conversaciones tontas "¿Qué hiciste este verano?" "¿Quieres ir a estudiar?" "Omg Johny, la fiesta de Jeniffer va a ser la onda" y esas cosas que le generaban odio a Ellie.
Estaba tan metida en sus pensamientos que no se dio cuenta en que momento un chico se le acercó, solo dándose cuenta cuando este se aclaro la garganta para llamarle la atención.
—He-Hey, disculpa, ah...
— ¿Qué quieres? —Lo miro con molestia.
Se sorprendió cuando el chico le extendió un panfleto, mirándolo ahora con confusión.
—Estas cordialmente invitada a las noches mágicas de los jueves, en donde nos reuniremos para jugar a Calabozos, Dragones y más calabozos. Tendremos comida deliciosa, bebidas no alcohólicas y luces que reflejan estrellas en el cielo. ¡Oh! Y también mucha diversión y magia. ¡Créeme, querrás estar ahí! —Contó de forma rápida y nerviosa, podía notarse el temblor en su mano.
Ellie hizo una mueca ante eso, mirándolo con extrañeza. El chico tenía un cabello castaño corto, llevando unos lentes gruesos y se le notaba el acné en la cara, además de usar unos pines de anime en su uniforme.
—N-No, gracias...
— ¡Va-Vamos! Será divertido, además, estas sola, igual que nosotros, tú pued-
—No me digas con quien debería juntarme y con quien no, rarito. Dije NO. ¿Y sabes que significa eso? —Ellie se puso de pie, mirándolo con dureza.
—A-Ah... ¿No? —Respondió, cubriéndose ligeramente con los panfletos.
—Exacto.
Y con eso dicho, Ellie puso su cuaderno debajo de su brazo y se marchó de allí, sin siquiera dedicarle una mirada al chico. Camino entre el césped, pasando en medio de los demás estudiantes, ganándose algunas miradas curiosas en el proceso, cosa que odio de inmediato, encogiéndose de hombros. Para su suerte, no tardó en alejarse del cúmulo de estudiantes, caminando hacía un costado del edificio escolar en donde no había tanta gente. Aunque al subir las escaleras para llegar al camino de piedra es que pudo ver algo... ¿Una niña? ¡Si, era una niña! Y estaba corriendo con una caja en manos, yendo directo hacia el frente de la residencia.
— ¿Qué demonios?
Fue lo único que pudo decir Ellie, mirando a los lados. ¿Esa niña si quiera debía estar aquí? A nadie parecía importarle o haberlo notado. La chica, no sabiendo porque, decidió seguirla, primero caminando pero luego aumentando el paso para correr al ver que la niña se iba alejando cada vez más y más. Ellie pasaría al lado de algunos estudiantes, incluso casi chocó con un chico moreno de cabellos rizados que le dijo algo en portugués, pero Ellie ni siquiera le prestó atención.
Pudo ver como la niña estaba yendo directo hacía la biblioteca, y Ellie intentó alcanzarla antes de que entrara pero no lo logró, con la niña ingresando al edificio. Ellie hizo una mueca al llegar a la puerta, entornando los ojos y pensando si era buena idea entrar o no. Estuvo ahi parada por unos segundos hasta que finalmente abriría la puerta de forma lenta para poder asomarse al interior.
La librería estaba vagamente iluminada, habiendo una gran cantidad y enormes, esperadamente, de estanterías repletas de libros. También podían verse algunas mesas y carritos con estos mismos. Ellie daría un paso adentro, cerrando la puerta detrás suyo y mirando a los lados, intentando ver en donde se encontraba aquella niña.
—Ah... ¿Niña? ¿Estás por aquí? —Susurró aunque intento hacerlo algo fuerte.
Dio unos pasos, mirando constantemente a los lados queriendo encontrar algo que le indicara a donde había ido la niña. Se acercó un poco a una de las estanterías, logrando ver que se trataban de la sección de libros de biología, lo que le hizo mostrar una expresión de aburrimiento.
— ¡Aquí está tu tonta caja! A la próxima ten más cuidado o te echarán.
Ellie escuchó esa voz chillona a la distancia, debía ser de la niña, pero parecía que no estaba sola. Se metería entre los estantes, caminando un poco intentando descubrir de dónde había venido la voz de la niña.
—Lo hiciste excelente Fiore, deja que abra esto y...
La otra voz sonó, era la de un hombre, sonaba mayor, también por el tono de su voz sonaba británico y deprimido, lo cual no sorprendió a Ellie, lo que le sorprendió y rápidamente encendió las alarmas. ¿Qué hacía una niña trayéndole algo a un adulto en un lugar donde no había nadie? Se apresuró, habiendo detectado la voz del lado derecho de la librería.
Al llegar se asomó ligeramente detrás de una estantería, logrando ver el mostrador. En frente del mismo, estaba la niña, y del otro lado, un hombre de lentes con un suéter azul sin mangas y camisa blanca debajo, su cabello estaba atado en una coleta y en el rostro se le notaban las ganas de morir. Este estaba abriendo la caja para verificar su interior, sonriendo con satisfacción.
—Muy bien, está todo aquí. Hiciste un buen trabajo Fiore, te ganaste esto. —Se agachó para sacar de debajo del mostrador un libro algo grande que entregó a la niña.
— ¡Los Gatos Guerreros! —Exclamó entusiasmada hasta que notó algo, aclarando su garganta. —Creo que olvidaste algo.
— ¿Eh? Ah, si. —Nuevamente sacó de debajo del mostrador algo, esta vez una paleta. —Ten, disfrútala.
—Este trabajo fue pan comido, los estúpidos profesores ni siquiera dudaron en dejarme entrar. Aunque a la próxima ten mas cuidado de donde dejas tus cosas, no te haré el trabajo sucio otra vez a menos que mejores tus recompensas.
—... Creí que esas dos eran buenas recompensas.
—Lo son, pero fue demasiado arriesgado, la próxima quiero un helado.
—Bien, te conseguiré un helado. —Puso los ojos en blanco, pero sonrió divertido.
Fiore también sonrió divertida antes de caminar hacía una silla que había detrás, tomando asiento sobre la misma y abrir su paleta para comenzar a comerla. Ellie quedó sumamente confundida ante esto, no pudiendo evitar salir de su lugar.
— ¿Qué mierda es todo esto?
Tanto el hombre como la niña se vieron sorprendidos por la repentina aparición de la chica. Aunque la niña de inmediato solo la observó con molestia, mientras el hombre se puso algo nervioso.
—A-Ah... E-Esto no es lo que parece.
— ¿Y que parece entonces? Un hombre adulto recibiendo una caja con contenido misterioso de parte de una niña, y además le recompensas por eso. ¿Acaso eres el bibliotecario o algo? ¿Y qué diablos hay en la caja? —Cuestiono, cruzándose de brazos y apretando su cuaderno.
— ¿Y a ti que te importa, pelmaza? Vete a levantarle la falda a otro. –Respondió Fiore con indiferencia.
— ¿Qué? —La miro en shock.
—Fiore ¿Qué te dije de hablarle así a otros? —El hombre la regañó de inmediato.
— ¡Agh, me la pase todo el maldito día haciéndome la buenita! ¡Ya me canse! Apenas es el primer día y estoy HARTA de todos estos imbéciles. ¡Mi compañera de cuarto es una loca que diseca animales! ¡¿Puedes creerlo?! —Se quejó con hartazgo, elevando una de sus manos.
Ellie quedó en shock al escuchar a la niña hablar de esa forma. ¿Cómo una niña de unos 10 años podía llegar a hablar así? ¿Qué clase de educación había estado teniendo? El sujeto gruñó y se llevó una mano al rostro, casi bajándose los lentes antes de mirar a Ellie.
—Escucha, esto realmente NO es lo que parece, sé que se ve mal pero... Solamente le estaba pidiendo a Fiore que me traiga una caja que olvide en la sala de profesores. Soy Alec, soy el bibliotecario de esta pocilga, y esta niña es la única persona interesante que vas a encontrar en todo este maldito lugar: Fiore. Es demasiado inteligente para su edad, así que fue adelantada unos cuantos años.
—Aún soy demasiado inteligente para incluso estar en este año, pero no me podían adelantar más. —Se quejó la niña, poniendo los ojos en blanco.
—... Supongo que eso tiene sentido. —Susurro Ellie, entornando los ojos hacía Alec. — ¿Y qué hay en la caja?
—Ah... Unas latas de cerveza. —admitió sin mucho problema, encogiéndose ligeramente de hombros.
— ¿Cerveza? ¿Traes cerveza a la escuela? ¡Espera! ¿Mandaste a una niña a buscarte cerveza? —Dio unos pasos al frente, consternada.
—Si lo dices de esa forma, suena mal. Pero fue para que los demás profesores no se dieran cuenta. —Sacó una lata del interior. —Te ofrecería, pero no creo tengas edad para tomar.
—E-Espera ¿Tomas en la escuela? ¿Eso no es algo ilegal? —Le cuestiono, parándose frente al mostrador.
—Meh, nadie viene aquí, ni siquiera los profesores. No les agradó lo suficiente, así que puedo hacer lo que se me antoje. —Tomó asiento en su lugar, abriendo la lata.
— ¿No crees que es malo beber a las 3 de la tarde?
—Puede ser, pero realmente no me importa a este punto de la vida. —Le dio un sorbo.
—Además, al estar aquí puedo hacer lo que yo quiera y saltarme las clases. ¡Es genial! —Fiore rio levemente.
— ¿Saltarte clases? ¿La dejas saltarse clases? —Se giró a ver a Fiore y luego vio a Alec.
—Te quejas mucho. ¿No tienes algún amigo o alguna otra cosa para hacer? —Alec levantó una ceja.
Ante esa pregunta es que Ellie permaneció en silencio por unos segundos, desviando la mirada un momento. Alec solo la observaba con curiosidad, mientras que Fiore soltó una risa.
— ¡Ja! ¡No tiene amigas!
— ¡Cállate! Es que... Soy nueva aquí. —Se encogió de hombros.
—Oh, eso explica mucho. —Alec le dio otro sorbo a su cerveza.
— ¿Cómo puedes continuar tomando y actuando de esa forma estando yo aquí? ¿Qu-Qué tal si denuncio todo esto con los directivos?
— ¿Y por qué lo harías? Eres nueva, no le importas a nadie. Seguro ni te van a escuchar. —Fiore se encogió de hombros, ni siquiera mirándola.
—Es cierto. —Alec elevó la cerveza. — ¿Por qué no simplemente te relajas?
Ellie permaneció en silencio cuando ambos dijeron eso, lo que le hizo molestar, pero a la vez se preguntó. ¿Sería eso verdad? Se notaba que esos dos llevaban haciendo cosas así desde hace rato por la actitud tan despreocupada, parecía que realmente a nadie le importaba o no sabían lo que estos dos hacían, lo que para Ellie ya era una muestra de la poca importancia que la directiva parecía darle a aquel lugar. Se mantuvo allí parada, relajando su cuerpo y frotándose el brazo derecho sintiéndose algo cohibida.
—Entonces... ¿Qué hago?
— ¿Qué tal si empiezas por no decir nada de lo que viste aquí? Eres nueva, tienes una ventaja sobre el resto de imbéciles de esta academia. Puedes diferenciarte, y si no le dices nada a nadie, podría tenerte muy alto en mi lista de gente que no es imbécil. —Fiore sonrió burlonamente.
—Eso, diferénciate del resto. —La animo Alec sin mucho interés, dando otro sorbo a su bebida.
—Wow, seré considerara "genial" por una niña de 10 años y un hombre alcohólico, a esto llego mi vida. —Dijo con sarcasmo.
—Velo de esta forma, si no dices nada, te permitimos pasar el rato aquí el tiempo que tú quieras, puedes saltarte clases y todo. —dijo Alec, apoyando ambos brazos sobre su escritorio.
— ¿Realmente me estás sugiriendo saltarme clases? ¿En mi primer día? —Ellie lo miró aún más indignada.
—Créeme, te aburrirás rápido de las clases. Es mejor estar aquí, es silencioso, tienes montones de libros y te puedes reír de lo miserable que es Alec. —Ladeo la cabeza para señalar a Alec, sonriendo con malicia.
—Hey, mi vida no es tan miserable.
—Bebes cerveza oculto en la biblioteca de una escuela y tu única amistad es una niña de 10 años, es miserable y patético Alec, acéptalo. —Fiore levantó una ceja con indiferencia.
—Ugh... Si, mi vida es miserable. —Se lamentó, hundiendo la cara sobre su escritorio.
—Entonces... ¿Yo-
Pero antes de que Ellie pudiera decir algo es que la campana del instituto sonó, haciendo que tuviera un ligero sobresalto y se giró para mirar hacía atrás. Fiore gruño ligeramente, señalando con su paleta a la chica.
—Solo mantén la boca cerrada y podrás venir aquí cuando quieras sin que nadie te diga nada. Y si me entero que abriste la boca, créeme que haré lo imposible para que lo pases mal. Si no pregúntale a ese gigantón del equipo de fútbol, me pidió perdón de rodillas por haber derramado mi jugo. —Contó la niña con malicia, entrecerrando los ojos.
Ellie solo trago saliva ante la amenaza, no sabiendo porque le tenía algo de miedo a una niña. Pero agito la cabeza y dio un último vistazo a aquel deplorable lugar antes de dar media vuelta y marcharse de allí, moviendo un poco el mechón que cubría parte de su rostro y preguntándose si sería buena idea quedarse callada al respecto, por lo que solamente respiro hondo y resoplo, saliendo de la biblioteca e intentando no pensar mucho en ello.
Una vez afuera, Ellie observó a unos estudiantes caminando hacia la academia, se preguntaba porque habrían hecho sonar la campana. Aunque entre todos los estudiantes que iban pudo notar a alguien entre ellas... Una chica de cabello castaño y rizado, teniendo un moño rojizo en el mismo y junto a otros estudiantes llevaban pancartas de protesta. Ellie levantó una ceja, pero antes de que pudiera bajar las escaleras para acercarse a ese grupo es que escucho ruidos extraños provenientes del costado de la biblioteca.
Ellie, sumida en su curiosidad, es que camino de forma lenta hasta allí para poder asomarse y poder ver que es lo que estaba ocurriendo. Fue entonces que entre los arbustos pudo ver a aquel sujeto Reed acorralando contra el árbol a otro estudiante, uno de cabello azul atado en una coleta para abajo.
— ¡Se acabó Hamilton! ¿Te encanta reírte de mi, huh? ¡Ahora veras!
— ¡Vamos, hazlo! ¡Golpeándome solo pruebas mi punto! —Lo reto el chico con una sonrisa burlona.
Ellie elevó ambas cejas con sorpresa y algo de temor al estar presenciando lo que estaba ocurriendo, haciendo que mirara a los lados, no logrando ver ningún profesor ni estudiante cerca ¿Qué debería hacer ahora?