Mi Error Perfecto

By AVCM27

103 33 25

. More

sipnosis
capítulo 1: Nunca digas nunca.
capítulo 2 Primer día en Harvard
capítulo 3: Inalcanzable
Capítulo 4: archienemigos

Capítulo 5: Planeando el desastre

6 3 0
By AVCM27

—¿Sigues enojada?

Miro a Ana frente a mí. Se acaba de levantar hace apenas diez minutos, durante los cuales no hemos hablado ni un segundo.

Ya no estoy enojada, la verdad. Pero quiero hacerla sufrir un poco.

—Sí, aún lo estoy.

Se levanta y camina hacia mí con un puchero.

Manipuladora.

No voy a caer esta vez.

—¿Crees que con un puchero y esa cara de "lo siento" voy a olvidar que me traicionaste?

No responde. Solo se sienta en mi regazo.

—Vamos, esa es tu forma de manipular.

—Me siento mal.

Okey, esto no me lo esperaba. Su tono cambió, es más serio. No es manipulación. Conozco a mi amiga.

—¿Qué tienes? ¿Te duele algo?

Niega con la cabeza.

—Entonces, ¿qué?

—Me siento mal por lo que te hice. No quiero lastimar a la única persona que me quiere y se preocupa por mí. Soy una traicionera, lo admito. No pensé que te fueras a molestar. No quiero herirte.

—No me lastimaste. Solo me enojé, pero ya no lo estoy. Solo quería hacerte sufrir un poco.

—¿En serio?

—Sí, Ana. No tienes que preocuparte, ¿okey? No estoy enojada contigo. Y no te sientas mal. Tú eres una gran persona y tienes un gran corazón.

—Bueno, me alegro de que no estés enojada. ¿Qué vas a hacer ahora?

—Tengo que reunirme con Charlie para lo de la fiesta.

—Uy, suerte.

—Adiós, me tengo que ir. Vuelvo en un rato.

---

Salgo en busca de Hart.

Y lo encuentro fácil. Está apoyado contra una pared, rodeado de un par de chicas que se ríen de algo que dijo. Cuando me ve, sus ojos se encienden con ese brillo provocador que tanto detesto. Se despide de ellas con un gesto y camina hacia mí.

—Hola, princesa. Qué bien te queda esa chaqueta. Te hace ver más humana, menos princesa.

Respiro hondo. Sus ojos verdes recorren mi chaqueta con una lentitud que me hace querer desaparecer. O golpearlo. Las dos cosas.

Solo será un rato. No puede ser tan difícil.

Claro que es difícil. Es mi archienemigo.

Odio cómo me mira.

—Necesito que hablemos de la fiesta. ¿Tienes un momento?

—Para ti, la vida entera.

Inclina la cabeza con esa sonrisa arrogante que ya conozco demasiado bien. La misma que usó en el laboratorio cinco segundos antes de que todo explotara.

—¿Puedes ponerte serio?

—Ah, sí, claro. Por supuesto, como diga su alteza real.

Hace una reverencia tan exagerada que por poco pierde el equilibrio.

Qué tonto.

Pero al menos esta vez la hizo bien.

—Es en serio, Charlie.

—Okey, ya dejé de jugar. Si quieres, vamos a mi cuarto. Ya sabes, podemos hablar y, si quieres —levanta una ceja con picardía—, solo si quieres, puedes retirar todo lo que has dicho y confesar lo mucho que me amas.

—Ya, para. Vamos a la biblioteca.

—Como diga mi sargento —se pone firme como un soldado, aunque la sonrisa no se le borra.

—————————————–

Caminamos a la biblioteca en silencio. O más bien, yo camino rápido y él me sigue con ese paso despreocupado que tiene, como si el mundo pudiera esperarlo. Cuando llegamos, me dirijo directamente a mi mesa favorita, la del ventanal. La luz de la tarde entra inclinada, creando sombras largas sobre los libros.

Nos sentamos frente a frente. Él se reclina en la silla, estirando las piernas por debajo de la mesa, invadiendo mi espacio. Lo miro. No las mueve.

—Empecemos.

—¿Tan rápido? ¿Ni siquiera un café me dejarás tomar?

—Charlie, esto es importante —saco mi lista del bolsillo y la extiendo sobre la mesa, alisando los bordes con gesto meticuloso—. Necesitamos mucha coordinación, asegurar los proveedores y patrocinadores. Debemos crear la lista de invitados. El aforo tiene capacidad para doscientas personas. Necesitamos tener una meta sin que sea tan alta, o será un fracaso. Necesitamos un respaldo de sonido, comida, las donaciones... ¿qué estrategia vamos a usar?

Levanto la vista de mi lista. Él me mira con una expresión entre divertida y asombrada.

—Oye, oye, calma. No es para tanto.

—Claro que lo es, idiota. Si no hacemos esto bien, nos suspenden. ¿Entiendes?

Se incorpora en la silla, apoyando los codos en la mesa. Por primera vez, su rostro se vuelve serio.

—Bueno, yo puedo conseguir proveedores. Mi papá tiene contactos, puedo pedirle ayuda.

—Vaya, ¿tienes papá? Creí que te habían abandonado y eras un pobre diablo.

Arquea una ceja, divertido de nuevo.

—Pues claro que tengo padre. ¿O de dónde crees que salió este chico que derrite a todas?

—Ash, qué arrogante.

—Qué odiosa.

—Ya, para. Debemos trabajar.

—Como digas.

—Debemos asegurar el lugar del evento. Yo me encargo de eso.

—Bien. ¿Qué te parece una subasta?

Enderezo la espalda. Una subasta puede funcionar.

—Perfecto. ¿Qué subastamos? ¿Tu dignidad, supongo?

Se ríe. Una risa auténtica, que por un momento me desarma.

—Qué graciosa salió la princesa. Lo digo en serio.

—Bien, podríamos subastar libros firmados. Puedo conseguir dedicatorias de autores importantes. Mi madre conoce gente.

—¿Libros? Ay, no, qué aburrido.

—Pues no todos piensan como tú, Hart.

—¿Y si mejor optamos por obras de arte? —saca su teléfono y comienza a buscar algo—. Yo puedo conseguir algunas. Tengo ciertas creaciones que te pueden interesar.

—Espero que no sean un asco. También puedo pedirle ayuda a Ana, Santiago y Sofía.

Agarra su teléfono y me lo acerca. Desliza la pantalla mostrándome varias imágenes.

Son hermosas. No puedo negarlo.

Paisajes urbanos, retratos abstractos, una mezcla de colores que parece imposible pero funciona. Hay talento ahí. Mucho.

Pero jamás lo diré en voz alta.

Levanto la vista del teléfono y me encuentro con sus ojos esperando mi reacción. Trago saliva.

—¿Qué te parecen?

—Está bien, podemos subastarlas.

Su sonrisa se ensancha. Sabe que mentí. Sabe que me gustaron.

—Los patrocinadores podemos ofrecer hacer una promoción. ¿O crees, princesa?

—Sí, puedo conseguirlo. Y también la comida. Algo gourmet, nada de comida callejera.

—Oye, habla por ti. A la gente le gusta eso. Pongamos pizza.

—¿Pizza? Para estos eventos no es adecuada, Charlie.

—¿Y qué importa? Es nuestro gusto.

—Tu gusto. Y no exijas tanto. Te recuerdo que si hacemos esto es por tu culpa.

—Nuestra culpa, princesa. Nuestra.

—¿Qué hay del protocolo? Debemos recibir nosotros.

—¿Recibo yo? O mejor tú. Y debes sonreír. Recuerda que somos los anfitriones.

—Sí, claro. Yo sonriendo como una tonta. Ya lo creo. Hart, mejor recibe tú y yo hago el discurso.

—Por favor, solo no te tardes una hora.

—Tú te encargas de la música y de la decoración. ¿Ambos de acuerdo?

—Sí, pero yo digo que sea azul.

—¿Azul? No, mejor rojo con negro.

—No, azul.

—Dije que rojo.

—Haz lo que te dé la gana.

Suelto la lista sobre la mesa y me reclino en la silla, agotada.

—Debemos invitar a las autoridades de la universidad. Y además debemos tener seguridad.

—Mis amigos pueden ayudar.

—¿Tus amigos? ¿Para que dejen pasar a todo el mundo? No, gracias.

—Es eso o nada.

—Está bien. De acuerdo.

Se levanta, pero antes de irse se inclina sobre la mesa, acercándose a mí. Su rostro está a unos centímetros del mío. Huele a algo fresco, limpio.

—Bien. Nos vemos el jueves para la fiesta, princesa.

Se incorpora y se aleja sin mirar atrás. Yo me quedo unos segundos más en la silla, sintiendo el calor en mis mejillas.

Qué alivio. Ya se fue. Todo va bien... pero no sé qué pueda pasar ese día.

---

Camino rápido. Los pasillos se me hacen largos. Todos, por alguna razón, me miran mucho. Siento la curiosidad en sus miradas.

Algunos se ríen cuando paso. Otros comentan en voz baja.

¿Qué diablos está pasando?

Cuando llego a la mesa donde están Ana, Santiago y Sofía, noto cómo unos tipos se ríen de mí y se acercan.

—Uy, entonces la princesa explota laboratorios. Cuidado, no vaya a explotarte el cerebro.

Ah, claro. Como no me lo imaginé.

No solo exploté un laboratorio. No solo tengo que trabajar con Charlie.

También todos se enteraron. Y se burlan de mí por algo tan absurdo.

Cretinos.

De repente, un golpe. Una silla cae.

Es la de Charlie, que está cerca de nuestra mesa.

—Burlándose de la princesa, Easton? —su voz corta el aire. Camina hacia ellos con una lentitud deliberada, peligrosa—. Solo yo puedo hacerlo, ¿sabes? No le permito a nadie más que se meta con mi rival.

¿Qué diablos?

—No necesito que me defiendas, Hart.

Me mira. Hay algo en sus ojos que no sé interpretar.

—No te defiendo. Solo me aseguro de que el lugar para molestar a la princesa sea solo mío.

Los tipos se alejan murmurando. Charlie se queda un segundo más, como esperando algo, y luego se va.

—Alex, ¿qué tal si nos vamos al jardín? —interviene Santiago, levantándose. Su voz es calmada, tranquila. El opuesto de Charlie—. Este lugar está rodeado de insectos.

—Tienes razón, Santiago. Vamos, Ana.

Tomo la mano de Ana y nos vamos al jardín.

Gracias a Santiago por sacarme de allí. Se lo agradezco mucho.

Y es cierto, ese lugar está rodeado de insectos asquerosos.

Burlándose de una princesa... haré que se arrepientan.

Llamaré a mamá y...

—¿Perdida en pensamientos, mami?

—¿Mmm?

—Sí, llevas diez minutos sin decir una palabra, Alex. ¿Todo bien?

Oh. No había notado. Ni siquiera me di cuenta de que trajeron comida. Hay una bandeja con sándwiches en el centro de la mesa.

¿En qué momento?

—Sí, sí. Solo pensaba.

—¿En cómo deshacerte de Hart? —sugiere Santiago con una sonrisa amable.

—Sabes, Santiago, ahora que lo dices... —mis labios dibujan una sonrisa maliciosa.

Ana le da un golpe suave a Santiago en el pecho.

—¿Estás loco? No le des ideas.

—¿Acaso Alex es de meterse en problemas? —pregunta Sofía, curiosa. Tiene una forma de mirar que parece que supiera más de lo que dice.

—Sofía, Alex sabe perfectamente cómo hacer algo sin que nadie se entere —responde Ana, con orgullo en la voz—. Y, peor aún, hacerlo y que nadie la castigue.

Ana tiene razón. Soy muy buena en eso.

Nadie nunca se entera de las cosas que hago. Y lo dice la única persona que se sabe literalmente toda mi vida, porque ha estado casi toda.

Aún recuerdo cómo hice que mi mamá castigara a mi hermano. Le dije que me había dado una patada fuerte a propósito en el estómago. Me creyó.

Fue de mis mejores actuaciones.

Si no estuviera obsesionada con el derecho y la escritura, sería actriz.

—No conocía esa parte de Alex —murmura Santiago. No parece juzgar, solo observa.

—Esta persona que ves aquí —Ana me señala con dramatismo— es el diablo. Manipula, juega con tu mente, te lastima con tus propios secretos si le haces algo, por más mínimo que sea. Y lo peor: te hace sentir culpable.

—No es cierto.

—¿No es cierto? Alex, le has hecho eso a tu madre desde que eras una niña. Y es solo un ejemplo. Porque lo haces con todos. Incluyéndome a mí.

—Bueno, al menos sabes que lo hago por alguna razón. No solo porque quise.

—Alex, tú por cualquier cosa te sientes amenazada y crees que el mundo está en contra de ti. Eres demasiado dramática a veces, ¿sabes?

Mi sonrisa se fue.

Sus palabras fueron ciertas.

O solo lo que yo les digo que es cierto.

Pero escucharlo de Ana, y no de mí, es como sentir que no eres nada sin ello.

Y no me gusta. Pero debo serlo.

Nadie jamás entenderá lo que me pasa. Ni por qué soy tan fría.

Porque no se preguntan qué me pasó para ser así.

Y lo peor es que Ana sí sabe.

Pero siempre, siempre reacciona tarde.

—Perdón, no quise decir eso —susurra, abrazándome. Su voz tiembla un poco—. Sé muy bien por qué eres así. Es solo que...

—No importa, Ana —me separo suavemente y me levanto. Mis piernas tiemblan, pero no lo demuestro—. Voy a mi cuarto. Quiero leer un poco. Nos vemos luego.

—¿Necesitas espacio?

—Sí, Ana.

—Nos vemos, Alex. Que estés bien.

—Gracias, Santiago.

Doy la vuelta y camino.

Hay ruido. Desorden. Chismes. La costumbre de una universidad tan grande.

Pero ni la universidad, aunque sea tan grande, se compara con lo que llevo aquí dentro. En mi corazón.

Eso que nadie ve. Nadie siente. Solo yo.

¿Por qué tenemos que parecer fuertes si estamos rotos? ¿Acaso jamás podré librarme del dolor?

Y lo peor es que sé perfectamente por qué soy así.

Cómo me frustra sentir.

Odio sentir.

Cuánto daría por ser escuchada. Y no solo eso. Cuánto daría por dejar de ser así y poder expresarme de otra manera que no sea escribiendo en un diario.

Continue Reading

You'll Also Like

216 61 26
Ella cree en el control. En las listas, en la lógica, en llegar temprano y sentir poco. Él es todo lo contrario. Un error con sonrisa fácil, silencio...
31.9K 8K 164
DISEÑADA PARA SER SU MEDIA NARANJA. DESTINADA A CONVERTIRSE EN SU PEOR ENEMIGA. Un e-mail desconocido. Una esperanza desesperada. La solución más sen...
175 59 58
Sumérgete en un universo donde lo cotidiano se entrelaza con lo extraordinario, y cada página es un reflejo de la vida misma. "THE PASSAGE " es una c...
717 84 27
Bienvenidos a este lugar extraño donde se encuentran mis más profundos secretos y deseos, un lugar en donde tu también si quieres puedes decir lo que...
Wattpad App - Unlock exclusive features