Despierto, abriendo los ojos lentamente. La luz del sol entra por mi ventana e ilumina toda mi habitación. Parece que hoy será un día soleado, perfecto para ir a la playa, acostarse sobre la arena y tomar el sol.
Un mojito o una piña colada para refrescarme mientras observo el mar extenderse hacia el horizonte. Un bikini que resalta las líneas de mi cuerpo. Chicos embobados, una que otra chica haciendo comentarios sobre mí, pero al final no hago caso a esas opiniones porque sé, que no son más que reflejos de cómo se sienten ellas mismas.
Correr hacia el mar y sumergirme en el. Sentirme tan liviana y flotar. Sentir cómo la marea me lleva sin tener miedo, porque yo soy quien tiene el control de la situación.
En fin, algún día haré todo eso. Hoy solo quedará como uno de esos sueños que tengo que cumplir.
La playa queda a dos horas de aquí. No me permiten consumir alcohol porque soy menor de edad y tampoco me he sumergido en el mar para que la marea me lleve, porque a papá le daría un infarto si hiciera algo así.
Los chicos embobados y las chicas envidiosas quedarán como algo que solo imagino cuando me pongo creativa e imagino escenarios donde yo soy el centro de atención. Además mamá nunca me dejaría usar un bikini.
Vuelvo a mi realidad.
Es lunes y hay clases.
Me froto los ojos y bostezo. Miro la hora en mi celular, que está sobre la mesita de noche junto a la cama.
06:00 de la mañana.
Me quedo un rato sentada sobre la cama, mirando la pared sin un punto fijo... o más bien hacia la nada. Trato de entender por qué se inventó la escuela. O peor aún, por qué hay que ir tan temprano.
Nunca obtendré una respuesta.
Me dejo caer nuevamente sobre la cama, quedando boca arriba y mirando el techo.
-Solo cinco minutos más -me suplico a mí misma.
Pero con pesar me levanto. Si me quedo un minuto más, volveré a dormirme y sé que se me hará tarde otra vez... como siempre. Antes de meterme a bañar, preparo el uniforme de la escuela sobre la cama.
Una hora después, estoy lista. Arreglada.
Me echo un último vistazo al espejo antes de salir de la habitación.
Sonrío. Me veo bien. Impecable.
El uniforme consta de una camisa de manga larga azul rey, adornada con una corbata de moño, chaqueta negra, igual que la falda, las calcetas y los zapatos. Un atuendo bonito, pero muy formal.
Me gusta.
Me rocío un poco de mi perfume favorito, frutal, pero fresco. Sacudo mi cabello con la llena de mis dedos para darle un poco más de volumen. Lista.
Tomo mi mochila y mi celular, y me dispongo a salir de la habitación.
Bajo las escaleras rápidamente. Me detengo a la mitad cuando el olor del café recién hecho llena mis fosas nasales.
Eso solo significa una cosa: mamá aún no se ha ido a trabajar.
Sonrío, porque muy pocas veces desayunamos juntas. Ella y papá trabajan todo el tiempo, así que es muy difícil pasar tiempo con ellos.
Voy directo a la cocina. Me detengo en la puerta. Ella está frente a la estufa, cocinando algo que no logro ver, pero que seguramente debe ser delicioso.
Sonrío nuevamente.
-Buenos días -saluda ella con cariño. Al parecer notó mi presencia.
-Buenos días -respondo feliz, aunque tratando de disimularlo.
Se voltea hacia mí y me sonríe. Me acerco para darle un beso y ella responde con el mismo gesto.
-Nunca me imaginé que viviría para ver este suceso histórico -bromea.
Por un momento me quedo sin entender.
-Me refiero a que hoy te levantaste temprano -Explica.
-Bueno, prometí que este año sería más responsable -digo orgullosa.
-Qué bueno, pero ojalá que no sea este el único día que cumplas -advierte.
Me indigno dramáticamente.
-Verán que así será todo el año -digo segura.
-Y que no solo sea este año -continúa-. Que a partir de ahora, lo seas siempre, porque la universidad no será lo mismo que la preparatoria. Ahí el horario será más estricto, igual que todo lo demás.
La universidad...
Qué bien... empezar el día recordando la realidad que me espera.
Mandar solicitudes a varias universidades, esperar que alguna me acepte y matricularme. Tratar de conseguir una beca, aunque papá me ha dicho que no me preocupe por el dinero.
Simplemente no puedo evitarlo.
Si tengo la posibilidad de conseguir aunque sea el cincuenta por ciento, lo aceptaré.
Último año de preparatoria.
Último año de ser adolescente, ya que solo faltan unos meses para convertirme en una adulta joven.
¿Qué puede ser peor que eso?
Y ni hablar de los proyectos finales.
En fin, la ayudo a servir el desayuno. Pasamos un momento agradable platicando, contándonos cosas que el trabajo muchas veces nos impide compartir.
Me hubiera gustado que papá estuviera con nosotras, pero él siempre se queda a dormir en el hotel donde trabaja, para ahorrar.
Los entiendo. Ellos trabajan muy duro para darnos la vida que hemos tenido mi hermano y yo (sí, tengo un hermano mayor, Elías), pero eso no significa que no los extrañe ni que no quiera compartir más momentos con ellos.
Me despido con un beso. La mañana ha sido muy agradable; pasar tiempo con ella son tesoros que guardo en el alhajero de mi corazón.
A veces soy muy cursi...
Mientras espero un taxi, el teléfono suena: un mensaje recibido.
Es de papá.
Papá:
Te deposité el dinero para la semana. No te quedes con las ganas de comprar lo que te guste o necesites.
Te quiero.
Una sonrisa se dibuja en mis labios. No es el dinero lo que me hace feliz «aunque, claro, es indispensable», lo más valioso del mensaje fueron las dos últimas palabras: "Te quiero".
Bianca:
Yo también te quiero.
Guardo el celular en la mochila y me subo al taxi que justo acaba de llegar.
No puedo negar que el chofer tiene buenos gustos en música. Durante el camino suena "Paradise" de Coldplay. No puedo evitar cantar algunos fragmentos o tararear de vez en cuando, pero es que... ¿quién se resiste a una obra maestra?
La carretera, los autos, el tráfico que se forma. Imagino que la mayoría son personas que van a trabajar o estudiantes que, como yo, van camino a la escuela.
Porque... ¿quién en su sano juicio se levantaría tan temprano si no fuera por algo realmente importante?
-Llegamos -menciona el taxista, sacándome de mis pensamientos.
Me bajo, pago con un billete y le digo que se quede con el cambio. El señor sonríe y me agradece.
Raras veces doy propina a alguien. Cada vez que lo hago, me siento como una millonaria. Aunque cinco minutos después, termino arrepintiéndome. Pero hoy no.
Un desayuno con mamá, un mensaje de "te quiero" de papá... estoy tan contenta que no tengo por qué arrepentirme de nada.
Frente a las puertas de la preparatoria "Instituto Latinoamericano", suspiro.
No puedo creer que este sea el primer día de mi último año.
Tantas risas, bromas, pláticas, tanto ruido en los pasillos, en el comedor, en el patio, en la biblioteca... profesores carismáticos, amables, algunos muy serios, de esos que con solo una mirada logran intimidarte, pero que aun así son grandes profesionales.
Compañeros y amigos con los que he compartido tantos momentos.
Muchas de esas cosas quedarán atrás.
Tal vez no todas.
Pero la mayoría sí.
Y sé que voy a extrañarlo.
-¿Lista? -pregunta alguien mientras me rodea el cuello con un brazo.
Sonrío. Es Dove. Mi mejor amiga, quién conozco desde niña. No la había visto, así que me sorprendo un poco. Asiento y entramos juntas. Muchas personas se abrazan. Algunas incluso lloran de emoción por volver a verse.
Dove y yo nos miramos.
-Que Ridículas -murmuramos al mismo tiempo. Solo fue un mes de vacaciones: las de verano.
Algunas cuentan anécdotas de viajes, de lugares increíbles que visitaron.
En cambio los chicos son más discretos. No gritan ni lloran... solo parecen felices.
Ojalá yo tuviera suficiente dinero para tener historias tan increíbles como las demás. Pero bueno.
También soy feliz con lo que tengo, y eso me basta.
Mientras caminamos, busco con la mirada a alguien. Alguien que hace latir mi corazón a mil por hora.
El que provoca que mil mariposas revoloteen en mi estómago cada vez que está cerca.
No lo encuentro por ningún lado y eso empieza a desesperarme.
-Si quieres, podemos ir a buscarlo a los casilleros. Puede estar ahí -menciona Dove.
-¿Eh? -pregunto, confundida.
Ella sonríe.
-A Gabriel.
-No sé de qué hablas -finjo demencia.
Dove me suelta y da unos pasos adelante para luego girarse y quedar frente a mí mientras seguimos caminando.
-Ay, por favor, no finjas. Soy tu mejor amiga y sé muchas cosas sobre tí. Incluso antes de que tú misma te des cuenta.
La miro como si estuviera loca.
-Sé que te gusta. Es más, que te encanta. Que te mueres por él, que sueñas con él... -suspira exageradamente.
Siento cómo mi rostro se calienta de inmediato. Estoy segura de que me puse roja. Porque no miente. Estoy enamorada de Gabriel desde que lo conocí. Desde entonces he deseado que se fije en mí... que sienta por mí lo mismo que yo siento por él.
Es mi sueño frustrado.
A veces siento que podría ser correspondida, pero él nunca me ha dicho nada que lo confirme. Por eso trato de no ilusionarme con algo que tal vez nunca pase «trato, más no lo consigo».
-Oh, oh -murmura Dove de repente.
-¿Qué pasa? -pregunto.
Ella me toma del brazo y comienza a caminar más rápido.
-Pájaros en el alambre -advierte.
Entonces lo entiendo.
Tratamos de alejarnos lo más rápido posible, pero...
-Hola, chicas -saludan Kate y Lara mientras se abren paso entre Dove y yo.
Antes de que podamos reaccionar, ya están caminando a nuestro lado. Se acomodan entre nosotras y entrelazan sus brazos con los nuestros, obligándonos a avanzar juntas, como si las cuatro fuéramos grandes amigas.
Dove y yo intercambiamos una mirada rápida.
Son buenas chicas, supongo. Pero nunca nos han caído del todo bien. Son un poco... intensas.
A ambas les encanta la moda y quieren ser diseñadoras, lo cual no tiene nada de malo. El problema es que cada vez que nos encontramos en el mall, hacen comentarios sobre nuestra ropa y comienzan a darnos sugerencias que, sinceramente, no tienen nada que ver con nuestro estilo. Son muy intensas sobre ese tema, por eso las evitamos.
-Hay que celebrar -propone Kate con entusiasmo.
-¿Celebrar qué? -pregunta Dove sin molestarse en disimular su desagrado.
-El hecho de que estamos juntas otra vez -responde Kate con una sonrisa exagerada.
Dove levanta una ceja.
-Más bien deberíamos celebrar que este será nuestro último año... siendo amigas.
Estoy segura de que Kate y Lara no notaron la ironía porque se ríen, como si solo hubiera sido una broma de Dove.
Abro la boca para decir algo, intentando salvar un poco la situación, pero entonces...
Mi corazón da un salto.
Con cada paso que él se acerca siento que el pecho me va a estallar.
Gabriel...
Viene caminando hacia nosotras junto a su mejor amigo, Samuel.
Ambos sonríen. Ambos son muy atractivos... pero él es, simplemente, perfecto.
-Hola, chicas -saludan, dirigiéndose a Kate y a Lara.
Ellas se ponen nerviosas de inmediato y responden al saludo casi tartamudeando.
Samuel sonríe con picardía.
-Lo siento, pero tendremos que robarles a Dove y a Bianca.
Sin esperar respuesta, toma la mano de Dove y la separa suavemente de Lara.
Al mismo tiempo, Gabriel toma la mía.
La sensación que recorre mi piel al sentir su tacto es como una corriente que conecta directamente con mi corazón.
Su mano sostiene la mía con suavidad.
Sus ojos encuentran los míos, como si pidieran permiso para avanzar.
Y yo cedo... sin pensarlo.
Caminamos tomados de la mano, como si fuéramos una pareja. Aunque no lo seamos.
La magia desaparece cuando levanto la vista y veo a Dove observándome con una sonrisa amplia, o más bien burlándose de lo embobada que me veo.
Dejamos atrás a Kate y a Lara. Entonces retiro mi mano de la de Gabriel.
No quiero vivir en un sueño que no es real.
Él frunce ligeramente el ceño, confundido por mi reacción.
-Gracias -le digo.
Pero no responde. Sigue mirándome, como si intentara entender qué acaba de pasar.
Dove también suelta la mano de Samuel, con la diferencia de que ambos hacen muecas de asco, como si haber caminado tomados de la mano hubiera sido un enorme sacrificio. No puedo evitar reír.
-Que asco... -murmura Dove mientras se sacude la mano exageradamente.
Samuel hace lo mismo.
-Tranquila, tampoco era para tanto -responde él.
-Claro que sí -replica ella-. Necesito desinfectarme la mano.
Los cuatro reímos.
Esos dos se quieren mucho, pero así se llevan.
Somos un grupo de cuatro: Dove, Gabriel, Samuel y yo.
Ellos tres ya eran amigos mucho antes de que yo llegara. Han sido amigos desde niños. Aunque conozco a Dove desde pequeña, íbamos en escuelas diferentes, así que no éramos tan cercanas como ahora. No éramos amigas.
Entré a su grupo en el primer año de preparatoria.
A pesar de que son de familias adineradas, nunca me han hecho sentir menos que ellos.
Y desde entonces se convirtieron en mis mejores amigos.
Paso a dejar algunas cosas en mi casillero. Guardo algunos apuntes y tiro otras que ya no sirven. Cierro la puerta.
Cuando levanto la mirada, me sobresalto un poco. Gabriel está apoyado contra el casillero de al lado. Observándome.
Su mirada, esa con la que pondría a cualquier chica de rodillas, está sobre mí.
-Hola -saluda tranquilo, tan seguro de si mismo como siempre, cosa que a mí me mata.
-H...Hola-titubeo. Los nervios me ganan, no puedo creer que no puedo verme ni hablar normal frente al chico que me gusta, es el colmo.
Él se acerca, reduciendo la distancia entre nosotros. Mi respiración se vuelve irregular. Nuestros ojos se encuentran, mi corazón late como loco. Más de lo que ya está. Un segundo, solo un segundo bastó para perderme en su mirada.
De pronto, todo el ruido del pasillo desaparece. Las voces, las risas, el movimiento de los estudiantes...Todo se desvanece.
Solo estamos él y yo.
-Bianca, yo... -susurra, deteniéndose a pocos centímetros de mí. Trago saliva.
-Te extrañé...
-Yo también -respondo sin dudar mientras mi corazón late con fuerza.
Se lame los labios y se inclina un poco más hacia mí.
Siento como algo recorre mi cuerpo, una sensación que, al tenerlo tan cerca quiero colgarme a él y besarlo. Sin importar lo demás.
Algo dentro de mí dice que está a punto de pasar.
-Lamento decirte que te la robaré -
La voz de Dove cae sobre nosotros como un balde de agua fría.
Parpadeo y regreso a la realidad. Ella me toma del brazo para alejarme de él.
Se queda ahí, inmóvil, observándome mientras me alejo.
-¿Es en serio? -le pregunto a Dove cuando nos detenemos.
No estoy realmente molesta, pero mi tono suena como un reclamo.
Ella me mira con total inocencia.
-¿Qué hice? -pregunta.
La miro incrédula.
-Estábamos a punto de darnos un...
-Un beso. Lo sé -me interrumpe antes de que termine la frase. Es el colmo.
-Bianca -continúa-. Estuviste a punto de dar tu primer beso con él. Con el chico que te encanta, con el que siempre has soñado -. Hace una pausa dramática. -Ese momento tiene que ser especial. En un lugar especial. Después de eso podrán besarse donde quieran.
Pongo los ojos en blanco.
-Por el amor de Dios, Dove. Iba a besarme con él, no a perder mi virginidad. Estás exagerando.
-¿Te pidió que fueras su novia? -pregunta.
-No... pero tal vez me lo hubiera pedido después.
Dove suspira, como si yo fuera un caso perdido.
-Un beso no es cualquier cosa. No puedes ir por la vida besando a alguien solo porque te gusta sin ser nada.
-Corrección -digo-. No solo me gusta... lo amo. Además si somos algo, amigos.
Ella me mira con una mezcla de paciencia y resignación.
-Bianca, espera a que te pida ser su novia. Entonces sí, podrás besarlo donde quieras -. Hace una pausa y luego añade con total naturalidad:
-Es más, por mí hasta podrías devorarlo, tragártelo, lo que quieras, yo que sé.
Me quedo en silencio un segundo.
Luego las dos estallamos en risa.
¿Tendrá razón?
¿Debería esperarme?
A veces me dejo llevar tanto por lo que siento y por el momento que olvido algo importante: Gabriel nunca me ha dicho directamente si al menos le gusto.
La campana suena, anunciando el inicio de las clases. Es momento de entrar.
Los profesores nos dan la bienvenida. Cada uno tiene algo distinto que decirnos. Algunos hacen bromas, otros intentan motivarnos.
Nos hablan sobre la nueva etapa que estamos a punto de comenzar.
Sobre el último año de preparatoria.
Sobre las decisiones que tendremos que tomar muy pronto.
Nos dicen que debemos reflexionar sobre la vida y aprender a valorar los pequeños momentos que muchas veces dejamos pasar.
"Arriesgarnos por lo que queremos, incluso si eso parece imposible"