Rivers estaba tirada en el sillón de Ari como si fuera su casa. Piernas cruzadas, celular en la mano, haciendo scrol sin realmente leer nada. Ari estaba en la cocina, haciendo café, fingiendo que tomaba más tiempo del necesario.
—Ari... —dijo Rivers, estirando la palabra como si fuera una súplica—Ya te lo pedí bonito, ya te lo pedí normal, ahora te lo estoy rogando.
Ari suspiró, apoyándose en la mesa.
—Rivers, no es tan simple.
—Sí lo es —respondió rápido, incorporándose—Vienes conmigo a Brasil, ves el mundial de la Kings, comemos bien, gritamos, bebemos, te burlas de mí cuando pierda... plan perfecto.
Ari negó con la cabeza, caminando de regreso al sillón con las tazas.
—No tengo nada que hacer ahí. Ese es el problema. No voy como streamer, no voy como invitada, no voy como nada. Solo... aparezco ahí, como loca obsesionada que no puede estar sin ti. Y tú sabes lo que pasa cuando aparezco contigo.
Rivers se quedó callada un segundo.
—¿Y qué? —dijo al final—Que hablen.
Ari la miró, cansada.
—No es "que hablen", Rivers. Es que vuelvan a decir que andamos, que si somos algo, que si escondemos algo. Ya está medio muerto el tema y si yo caigo ahí, de la nada, lo van a revivir.
Rivers se mordió el labio, bajando un poco la voz.
—¿Te da vergüenza que crean eso?
Ari dejó la taza en la mesa con más fuerza de la necesaria.
—No. Me da miedo.
Rivers alzó la vista, sorprendida.
—¿Miedo de qué?
Ari respiró hondo.
—De que tú no quieras lidiar con eso. De que un día digas "hasta aquí" porque es demasiado ruido, demasiadas miradas... y yo quede como el problema.
Rivers se levantó del sillón y se acercó despacio.
—Ari —dijo suave—el ruido me da igual. Lo único que me importa es que estés ahí conmigo.
La distancia entre ellas era mínima. Demasiado para amigas que "no andan".
Ari tragó saliva.
—Déjame pensarlo —susurró.
Rivers sonrió, esa sonrisa que siempre conseguía lo que quería.
—Eso ya es casi un sí.
Ari se pasó la mano por la cara, como si por fin hubiera llegado al punto que estaba evitando.
—Y aparte... —dijo, bajando la voz— ahí va a estar Juan.
Rivers frunció el ceño al instante.
—¿Qué tiene que ver Juan?
—Sí. Y ya sabes cómo es —continuó Ari—Se la pasa tirándonos, diciendo indirectas, haciendo chistes. Si me ve ahí contigo, va a ser peor. No tengo ganas de aguantar eso.
Rivers soltó una risa seca, incrédula.
—¿Neta ese es el problema?
Ari la miró, seria.
—Es uno de ellos.
Rivers cruzó los brazos, ladeando la cabeza.
—Ari... no puedes pasarte la vida huyéndole al mariquita de tu ex marido.
Ari abrió los ojos, sorprendida.
—Rivers—
—No, escucha —la interrumpió, acercándose un paso—Ese tipo ya no pinta nada. Ya no tiene derecho a opinar, ni a tirar mierda, ni a hacerte sentir incómoda.
Ari apretó los labios.
—Tú no entiendes lo cansado que es —dijo en voz baja—Cada comentario, cada mirada, cada clip fuera de contexto...
Rivers bajó el tono, pero no la intensidad.
—Lo que sí entiendo es que si dejas de hacer cosas por él, entonces sigue ganando.
Silencio.
Rivers respiró hondo y agregó, más suave:
—No te estoy pidiendo que vayas para enfrentarlo a él. Te estoy pidiendo que vayas por mi.
Ari levantó la vista y la encontró mirándola con una mezcla rara de tristeza y esperanza .
—Y si él habla —continuó Rivers—que hable. Yo no pienso esconderme. Y tampoco voy a esconderte a ti.
Ari sintió ese nudo conocido en el pecho.
—Eres demasiado valiente para mí —murmuró.
Rivers sonrió apenas.
—O tú eres más fuerte de lo que crees y solo te falta dejar de dudar.
La cercanía volvió a ser peligrosa. Ari apartó la mirada primero.
—Déjame pensarlo bien —repitió.
Rivers asintió, pero antes de alejarse dijo:
—Solo prométeme una cosa.
—¿Cuál?
—Que tu decisión no la tome Juan.
Ari no respondió.
Pero en el fondo, ya sabía que tenía razón.