Sin Gloria Ni Finales Felices...

By Adwaka

9.2K 882 294

“Después de divorciarte de tu esposa, nunca pensaste que un niño de dieciséis años te iba a hacer sentir dema... More

Prólogo
Capitulo 2
Capitulo 3
Capítulo 4
Capitulo 5
Capitulo 6
Capitulo 7
Capitulo 8
Capitulo 9
Extra
Epílogo

Capitulo 1

1.1K 98 54
By Adwaka


Recordabas que al despertar el desayuno siempre estaba servido en la mesa de la cocina. Aunque los días eran lluviosos, su esposa siempre hacía los desayunos con una luz inmensa haciendo de un día muy feliz.

Ahora cada vez que despertaba y observaba su departamento; con las grises y húmedas paredes, la pequeña cocina en una esquina justo al lado del balcón, la mesa en el centro de todo el cuadrado junto con las sillas y todas sus cosas en una esquina producía que sus días no fueran muy felices que digamos.

Pero había que afrontar las consecuencias el día en que habías dejado a tu esposa. Así que te levantaste, con un bostezo largo y profundo, abriste la heladera buscando algo que beber y tomaste el poco jugo que había. Debías comprar más jugo en el supermercado.

Te vestiste rápidamente con unos jeans, una remera de mangas largas, una campera, tu bufanda preferida y tus zapatillas.

Lo normal de siempre.... O como era ahora.

Desde que habías dejado a tu esposa, habías tomado la manía de levantarte temprano e ir a dibujar al bar que siempre te había gustado. Así que con el viento azotándote en el rostro y con tu mochila colgada sobre tu hombro te encaminaste hacia ese bendito lugar.

No eras aficionado de los lugares concurridos, y este era especial porque no iba mucha gente. Así que te podías concentrar más en tus cosas. Tu trabajo era simplemente esto, dibujar.

Como siempre te había gustado.

Te sentaste en el lugar que siempre lo hacías, y como era de esperarse la mesera te sonrió a sabiendas de lo que ibas a pedir.

"Un mate cocido con medialunas"

Es gracioso porque nunca habías probado el mate cocido hasta que tú ex esposa te incitó a que lo hagas. Y luego desde ese día siempre pides uno y lo amas más que a nada en el mundo. Sacaste tu cuadernillo de la mochila junto con tu cartuchera, y comenzaste dibujar.

Pensaste en todas las cosas que habías pasado y no quisiste recordar el momento exacto en el que le habías dicho a tu ex mujer que querías separarte de ella y menos recordar su tristeza y su llanto. No podías pensar en eso porque te sentías tan culpable que a veces querías volver y dejar toda esta locura, como lo que era una completa y extraña locura. Pero luego prefieres ser un poco egoísta y mirar las cosas positivas que produjo todo esto como el hecho de que ahora tienes tiempo para vos y que trabajas en tu casa. No obstante, eso no quiere decir que en tus años de matrimonio fueron un asco, sino que fueron unos momentos de tu vida que mejor la pasaste. Fue una experiencia muy hermosa y algo que no se puede olvidar nunca. Sonreíste, sí así era la vida.

La mesera te había traído tu pedido y vos muy feliz, sacaste las cosas y comenzaste a beber. En eso, mientras tratabas de darle un sorbo a tu mate cocido, te da curiosidad de ver a la gente, la cual no era demasiada. Sonreíste porque si que te gustaba este lugar. No te importaba la música que pasaba, es más siempre traías tu celular para no prestar atención a nada y seguir con trabajo. Y eso fue lo que hiciste.

Luego de buen rato, en que tus dedos comenzaron a dolerte, tu espalda ya no aguantaba estar en el mismo lugar, y tus ojos empezaron a cansarse que decidiste irte hacia tu hogar. Guardaste todas las cosas que estaban desparramadas por la mesa, fuiste hasta la caja y le pagaste lo que habías pedido.

Ella te había sonreído pero si hubiese sido en otro momento le hubieras correspondido, ahora no sabías qué hacer. Por eso, saliste de ahí más rápido que cualquier cosa. Una fuerte oleada de viento frío te golpeó provocando que te cubrieras con tu bufanda el cuello.

Era de tarde aunque unas pocas horas más y anochecería, entonces decidiste apresurar el paso mientras tarareabas una canción. Suspiraste, si quería experimentar con alguien necesitaba tener otra rutina pero hacía tanto que no te sentías con esta sensación de libertad que quería disfrutarla un poco más.

Nunca fuiste bueno para conquistar a alguien, la única había sido tu ex pareja que después de tantos cruces ella fue la que dio la iniciativa. Y a veces te sentías tan tonto porque no podías hacer algo por ella o no se te ocurría nada para deslumbrarla. Siempre había sido la que organizaba, la que te sorprendía, la que decidía y vos no podías negarle o quejarte de nada porque todo te parecía bien y además porque ella siempre se encontraba feliz. Solo una vez, una sola vez la sorprendiste y por eso te amó todos esos años, y fue cuando le pediste matrimonio. Luego cuando te divorciaste te diste cuenta que la única cosa que habías hecho bien la habías arruinado completamente. Ahora son esos momentos donde te sentías culpable, te detuviste pensando si era lo mejor volver o solo verla... te giraste pensando que podías ir tal vez para verla tan solo unos minutos, y de lo tan distraído que ibas chocaste con una persona haciéndote tambalear y a él tirarlo al suelo.

- Perdón.- susurraste, y trataste de ayudar a que se levante. Se quejó y cuando ofreciste tu mano, él no quiso tomarla y tan solo se levantó. -¿Está bien?

- ¿Por qué no te fijas por donde caminas, viejo de mierda? – Te gritó mientras se limpiaba y trataba de irse. Vos lo tomaste por el brazo aunque no sabías por qué.

- En serio lo siento, ¿Estás bien? –Preguntaste de nuevo preocupado.

- ¡¿Y a vos que mierda te importa?! – Y en ese momento, te miró y te diste cuenta que era un niño. Te miraba rabioso y no te diste cuenta pero te sentiste raro. El joven se zafó bruscamente del amarre y se fue caminando rápidamente. No sabías pero algo en sus ojos te había hecho temblar las piernas y marearte profundamente, no entendías porque un niño te había puesto así, menos el hecho de que ahora lo sigues y después de que doblara por un callejón lo vieras hablar con otro hombre que le sonreía y lo dejaba pasar.

No importa qué te hizo olvidar de todo pero cuando estuviste frente al hombre que le había hablado al joven, tuviste miedo. Él te miraba como si te estuviera por atacar y vos no sabías si correr o lo que sea. Trataste de hablar pero tu voz no salía, aclaraste tu garganta armando valor y preguntaste.

- ¿Puedo entrar? –Él hombre te miró seriamente durante un minuto y luego comenzó a carcajearse tan fuerte que se escuchó por todo el callejón. Tus mejillas estaban profundamente rojas y no sabías si esconderte bajo esa caja que se encontraba tirada en el suelo.

- ¡Ay Dios! Solo porque...-estalló nuevamente de risa, mientras se secaba las lágrimas, causando que vos miraras para cualquier lado buscando una salida pero quisiste saber lo que el hombre tenía para decirte.- Solo porque me hiciste reír te dejaré pasar. –Tus ojos se abrieron sorprendentemente y te sentías feliz pero no lo demostraste.

Cuando te abrió la puerta y entraste, no te asombraste. ¿Por qué? Era un simple bar. Mesas, sillas, escenario, y una barra, luces tenues. Mierdas como esas que siempre uno ve en las películas. Y lo feo de todo es que había mucha gente, sí demasiada para tu gusto. Desearías volver al lugar nuevamente y pedir muchos mate cocidos pero cuando pensaste en eso, el joven apareció en la barra pidiendo algo que no sabías hasta que el cantinero se lo dio: cervezas. Y luego como se alejaba sonriéndole a unos de sus amigos. Todo esto era una completa locura, te sentías tan desinhibido que no sabías en qué pensar. Solo actuabas. Por eso ahora estabas sentado frente a la barra pidiendo una cerveza también. Te giraste y volteaste a verlo. Él se encontraba sonriendo y no pudiste detener el pensamiento de que se veía malditamente bueno y que querías esa sonrisa cada día. También observaste como agarraba la botella de vidrio, y abría su boca, el cual tenía un piercing que te hacía volver loco, y cuando bebió... ¡Diablos! Volteaste para no mirarlo nuevamente porque no querías aceptar que un simple niño te había puesto caliente.

¿En qué momento pasó que estabas muy feliz y enamorado de tu esposa que ahora estás divorciado y teniendo pensamientos sucios con un niño?

Bebiste un poco de la botella, negaste unas cuantas veces como si eso ahuyentaría los pensamientos. Recordaste que en tu bolsillo derecho había cigarrillos, si también cuando dejaste a tu ex mujer habías comenzado un viejo vicio. Lo encendiste y cuando le diste una calada, sentiste tu cuerpo relajarse. Tal vez era esto lo que necesitaba tu vida, un poco de tranquilidad.

Había muchos sentimientos todavía que no comprendías y necesitabas algo de paz. Necesitabas algo con el cual te haga olvidar de todo ello por un tiempo porque si seguías con el pasado te volverías completamente loco. Así fue como seguiste fumando y bebiendo mientras pensando cómo seguir con tu vida hasta que recordaste al joven. Y como si hubiese sido un impulso te diste vuelta para verlo pero él se te había adelantado. Te sorprendiste y tus mejillas se tornaron un color rosado, te diste vuelta como el ruido de un trueno y estabas muy nervioso; tus manos de repente comenzaron a sudar y te encontrabas incómodo en esa silla y como para rebalsar el vaso, seguías bebiendo para relajarte pero no funcionaba sino que te ponía más ansioso y desesperado por huir de ahí. El cigarrillo ya lo habías dejado en el cenicero y cuando te levantaste para irte de ese lugar no esperaste verlo en frente tuyo con los brazos cruzados y con una mirada neutra.

- Por lo menos me podrías invitar una cerveza.- susurró, sentándose en la silla a lado tuyo. Vos no sabías qué hacer si hacerlo o irte de ahí. Así que te sentaste. Pediste dos cervezas y te las sirvieron. Él la bebió tranquilamente mientras vos observabas intrigante lo que la botella decía. – Antes me pedías "perdón" cada dos segundos, y ahora qué... ¿Te comieron la lengua los ratones? – Tosiste un poco, expulsando unas gotas de cerveza por la comisura de tu boca y lo miraste sorprendido. Él te observaba, relajado y con una sonrisa en su rostro, como esperando que por fin hablarás.

- Es que... me preguntaba cómo un niño como vos puede entrar en este lugar y beber alcohol.- Vos lo miraste curioso ganándote una risa de suya.

- ¿Y qué hace un hombre mayor persiguiendo a un niño como yo? –sus cejas se curvearon y una sonrisa pícara había aparecido en su rostro haciéndote enrojecer.

- ¿Hombre mayor? – Indagaste.

- Mmm... ¿Quieres que te diga viejo o anciano? –Susurró sarcástico.

- Hombre mayor está bien, entonces. –Te reíste junto con él, bebiste un poco de cerveza.

- Todavía no contestaste mi pregunta.-Te retó.

- Uh... yo lo hice primero. –Sonreíste arrogante.

- Em... conozco al dueño y soy su angelito. Es el mejor amigo de mi papá y me cuida mientras él trabaja. –Te contestó dándole un sorbo a su cerveza.-Tu turno.-Ahora él te estaba sonriendo arrogante.

- Mmm... pues la verdad, no tengo ni la más puta idea.- Reíste un poco nervioso y ya mareado por el alcohol.

- ¡Oh! Qué lástima.- exclamó decepcionado.

- ¿Lástima por qué? –Preguntaste curioso.

- Por nada, por nada.-Sonrió.- ¿Otra? –dijo moviendo su botella vacía.

- Dijiste una sola.-contestaste incómodo.

- ¡Por favor! Tengo muchos moretones, esos cuentan por cervezas.- Te rogó descaradamente mientras te miraba con ojitos tristes como si vos fueses un boludo que iba a caer. Tal vez ya había usado esa técnica.

- Sí, si estás llenos de moretones y te invitaré muchas cervezas porque eso te curará ¿No es así? –Carcajeaste junto con él, y te llevaste a la boca el último trago de cerveza. –Debo ir al baño, ya vuelvo.

- Te esperaré.- Sonrió.

De acuerdo, estabas completamente nervioso y todo por un niño. Te tiraste agua en la cara, te refregaste un poco y te miraste al espejo. ¿Qué estabas haciendo? Te preguntaste una y otra vez, pero no encontrabas una respuesta a todo esto. Solamente decías solo sucedió. Sonreíste, sí fue eso solo. Así que cuando terminaste secar tu rostro y quisiste irte de ahí, escuchaste la puerta abrirse y te asustaste. Quisiste huir pero algo te empujó contra la pared y cuando abriste tus ojos, no sabías si sorprendente o sonreír. Él te sonreía tan malditamente sensual que no pudiste evitar que te sintieras caliente. Sin más rodeos, él niño se relamió los labios –cosa que te hizo jadear un poco- y parándose en puntitas, te besó. Gemiste contra esos labios, rodeaste su cintura con tus brazos hasta llegar a su trasero y lo levantaste mientras él respondía envolviendo sus piernas a tu cuerpo. Él te estaba comiendo la puta boca con su lengua y eso te excitaba demasiado, además de sus sucios gemidos que se escuchaban dentro de tu boca. Te estaba volviendo completamente loco y vos querías seguir, aunque él se separó tan solo una poca distancia rosando tus labios y con eso susurró:

"Ahora sí me debes otra".

Continue Reading

You'll Also Like

1.3K 139 38
Do you miss me? Cause I miss you ¿Qué será de Gerard después de haber terminado su relación con Frank? Esta es la continuación de "Little Secret" N...
417 60 30
«O dímelo tú ¿En serio nunca has estado a punto de engañar a Martha?» Su tono era bastante nervioso. «A punto sí, pero luego me siento como un idiot...
70.9K 6.6K 27
Gerard ha pasado toda su vida trabajando, no había experimentado cosas que otros sí. A sus veinticuatro años se dio cuenta que seguía siendo virgen y...
78.2K 10.7K 36
Gerard probablemente era el único chico feliz de haber sufrido una casi sobredosis. Y Frank era también, probablemente, el único al que se le ocurrir...
Wattpad App - Unlock exclusive features