¿Una pesadilla? #2

By -Pahola-

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David y Paola creyeron que sería mejor dejar su relación como lo hicieron, ya no se verían, así que no sería... More

CAPÍTULO 1
CAPÍTULO 2
CAPÍTULO 3
CAPÍTULO 4
CAPÍTULO 5
CAPÍTULO 6
CAPÍTULO 7
CAPÍTULO 8
CAPÍTULO 9
CAPÍTULO 10
CAPÍTULO 11
CAPÍTULO 12
CAPÍTULO 13
CAPÍTULO 14
CAPÍTULO 15
CAPÍTULO 16
CAPÍTULO 17
CAPÍTULO 19
CAPÍTULO 20
CAPÍTULO 21
CAPÍTULO 22
CAPÍTULO 23
CAPÍTULO 24
CAPÍTULO 25
CAPÍTULO 26
CAPÍTULO 27
CAPÍTULO 28
CAPÍTULO 29
CAPÍTULO 30.
CAPÍTULO 31.
CAPÍTULO 32.
CAPÍTULO 33.
CAPÍTULO 34.
EPÍLOGO.
AGRADECIMIENTOS.
Tú.

CAPÍTULO 18

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By -Pahola-

Michelle.
*
Los últimos días había visto a Paola algo, diferente, pero no sabía cómo expresarlo. No podía darle un nombre a la expresión que tenia en su cara todo el tiempo. Detrás de esa sonrisa se ocultaba algo. Y yo sabia que. Era la desesperación de tener la obligación de elegir entre personas a las que amas para no herir a una, el problema era que ella no quería herir a ninguna, (y debía hacerlo) por eso era tan complicado.

Me gustaría mucho poderla ayudar, pero no podía. Solo ella era la indicada para tomar una decisión de esta importancia.

Estaba fuera de su casa, con Damián. Ya era una tradición ir allí para decidir a donde salíamos. Era la que se despertaba más tarde, así que íbamos a despertarla, aunque casi nunca funcionaba. Se despertaba a la hora que quisiera.

-¿Cuanto tiempo más se tardará?- preguntó Damian a mi lado recargado en el auto.

- No lo sé. Dale su tiempo.- dijo Jason.

- Lo hacemos.- replicó él.

Habíamos decidido esperarla unos 10 minutos antes de entrar a gritarle que despertara. Pero estábamos allí hace media hora. David nos había persuadido para no entrar.

- ¿Por qué no entramos?- pregunté- siempre lo hacemos.- nadie respondió.- además... tengo las llaves.- añadí sacandolas del bolsillo de mi pantalón corto.

Otra vez. Nadie respondió.

Yo solo me acerqué a la puerta sin decir nada y metí la llave en el cerrojo. La puerta se abrió sin que yo girará la llave y salio Paola vestida como muy pocas veces lo hacía. Yo me alejé un poco para poder verla bien.

Sus shorts eran negros con estampado de flores blancas (muy pequeñas) y encaje del mismo color. Su blusa era una blanca básica sin mangas y sin estampado. Y un chaleco todo de encaje negro. El pelo lo llevaba suelto y en sus pies estaban sus inseparables converse negros.

- ¿Que pasó contigo?- escuché la voz que reconocí como la de Diego detrás de mi.

- Ammm...

- Para mi se vé muy linda.- Raquel interrumpio a Paola con una sonrisa muy natural en su rostro.

Desde un día anterior se había comportado muy extraña. Y ese cambio tan drástico me aterraba.

- ¿David no les dijo nada?- Paola se veía confundida.

- No.- contestamos todos al unísono. Excepto David.

Ella lo miró como si le estuviese diciendo algo. Él solo se encogío de hombros.

- Voy a ir al teatro.- dijo al fin.

- ¿ A ver una obra?- preguntó Diego.

- No...

- A sus clases de actuación.- una vez más, Paola fue interrumpida. Pero esta vez por Jason.- Pensaba que también allí tendrías vacaciones.- dijo éste.

- Si. - comenzó Paola.- pero me hablaron para ver si quedaba en una obra. Si no quedo, es solo por hoy.

- ¿Y por eso estuvimos esperando tanto tiempo.? - preguntó Damian. Yo le dí una palmada en el brazo.- fue media hora.- se quejó él.

- Perdón.- dijo ella.- de verdad pensé que David les diría.- lo miró otra vez y el sonrió como disculpándose, pero sin hacerlo.

- ¿Entonces que haremos?- preguntó Raquel.

-No lo sé.- Paola se encogío de hombros.- vallan al cine o por un helado. Solo diviertanse.

- Muy bien.- Raquel hizo una seña para que la siguieran.- vamos... por allá.- y saltó hacia "allá".

Gael la siguió, y detrás de él Diego.

- Suerte.- dijo David antes de irse por que Raquel lo llamaba.

Jason se acercó a ella y le dio un abrazo. Le susurro algo al oído y después la besó. Ella sonrió.

- Suerte.- dijimos Damian y yo al unísono y luego sonreímos.

- Igual.- dijo ella y se fue.

Despues nosotros fuimos al centro. A la heladería para ser exactos. No se nos ocurrío otra cosa.

- ¿Qué haremos?- preguntó Jason con un rostro bastante afligido. Siempre había acompañado a Paola a todas partes. También a sus clases de actuación. Tal vez eso era lo que le habia susurrado.

- Tranquilo viejo.- dijo Damian dándole una palmada en la espalda.

-¿Viejo?- pregunté al instante. Jamás le decía así.

- Pensaba que tal vez, se escucharía bien.- objetó él.

- No.- dije.

- Ni lo creas.- lo miró David con los ojos como platos.

- Absolutamente no.- replicó Diego.

- Sé escucha mal, o... algo así.- Gael se encogío de hombros.

Damian miró a Raquel para buscar ayuda, por el optimismo que había tenido los últimos días. Ella se limitó a sonreír y encogerse de hombros.

Entonces miró a Jason. Él siempre le daba la razón.

- Perdón hermano.- ahora fue él el que le colocó la mano en el hombro.- pero no lo vuelvas a decir.

- ¿Hermano está bien, pero viejo no?- se quejó mi novio.

- Así es el destino.- dijo David.

- ¿Qué haremos?- volvió a suspirar Jason.

- Tranquilo vi...- Damian le puso una mano en la espalda.- hermano.- nos miró a todos y nosotros hicimos señas de aprobación.- podemos hacer algo. De verdad.

- ¿Qué es eso?- preguntó David cuando se exparcía entre nosotros el sonido de la música prehispánica.

Unos bailarines se habían puesto a unos metros de nosotros y bailaban. Con trajes prehispanicos. Semillas en los tobillos y penachos brillantes. Esos bailes me encantaban. Era lo que más me gustaba de nuestra cultura.

- Es, un baile prehispánico.- le explicó Jason.

David se paró de su asiento y fue hacia donde ya había un círculo de personas que cubrían a los bailarines.

Todos los seguimos. Al fin teníamos algo que hacer.

Brincos, y más brincos. ¿Como no se cansaban? Tocaban instrumentos que no conocía, pero emitían sonidos hermosos, como de naturaleza. Para tranquilizarme.

Comenzamos a abrirnos paso entre todos hasta llegar al frente.

La cara de David estaba llena de perplejidad. Estaba asombrado y sus ojos brillaban. Su boca estaba levemente abierta. Encontraba todo eso glorioso. Lo decía todo él.

Aún más brincos. Seguía siendo hermoso. Uno de los bailarines se acercó hacía nosotros y tiró de la mano de David. Él negó con la cabeza y el bailarín volvió a tirar de él. Al fin David se metió dentro del círculo. Primero no hizo nada. Dejó que le bailará al rededor, pero después comenzó a bailar también. A brincar como ellos lo hacían (o eso intentó) y a brincar más. Al final todos le aplaudimos y los bailarines le dieron una palmada en la espalda.

Cuando la gente se dispersó aún había algunas cuantas queriéndose tomar una foto con David. No sólo por el baile (que no le salio muy bien), si no por que bueno... era David Parejo.

Despues yo me quedé con Raquel hablando de actores guapos (debo admitir que tenia muy buenos gustos). Jason llevó a David a ver algunas artesanías y Damian hablaba con Diego.

- ¿Has visto a ese que salió en las películas de los juegos del hambre?- me preguntó ella.

-¿Quien?, ¿Josh?

- No, Sam.

- Ah, el que actuó de Finnick.- dije recordandolo. Era un hombre sumamente atractivo.

- Si. Es demaciado sexi para ser real, de hecho...

- Michelle.- Diego se acercó interrumpiendo a Raquel.- ¿Están ocupadas?- preguntó al darse cuenta.

- No.- Respondimos las dos al unísono. No queríamos que se enterara de que estábamos hablando. Tal vez le diría a Jason o a David.

- Bien.- dijo entonces.- Olle...- me miró.- ¿Quieres acompañarme?

Yo me volví hacia Raquel.

- Creo que yo...- señaló en dirección a los demás.- iré con David.

Yo le sonreí para agradecerle y ella me devolvió la sonrisa.

-¿A donde?- pregunté.

- Sígueme.- dijo y comenzó a caminar.

Yo lo hice. A donde quiera que fuéramos, los chicos no estaban relacionados.

Él siguió caminando sin decir nada y sin voltear para ver si yo lo seguía (aunque obviamente lo hacía).

Estaba oscureciendo. La luz del sol ya había empezado a ocultarse en el horizonte. Y el resplandor de la rayos que aún brillaban hacían que el camino se hiciera más largo y mágico. Especialmente mágico.

Llegamos a el lugar en donde estacionamos los autos y Diego, sin avisarme se subió al de Damian.

- ¿Pero que...?

-¿No vas a subir?- me preguntó ya desde dentro.

- Es el auto de Damian.- dije aún afuera.

- Lo sé.- tomó el volante.- me lo prestó.- y sacó la llaves de su mano. Yo sonreí.- ¿y?- me miró.-¿Te quedarás allí parada?

Volví a sonreír pero esa vez entré.

-¿Sabes manejar?- le pregunté poniéndome el cinturón.

- Claro.- dijo él encendiendo el auto.- Solo lo he hecho unas tres veces, pero claro que sé.- y se puso en marcha.

Hiba muy rápido. Tal vez a exceso de velocidad, rebasando a todos los autos que había allí. Pero yo no me preocupé. Por alguna razón me sentía. Segura.

El camino fue un poco largo, y silencioso. Yo no hice nada para romper el silencio. No sabia como terminarían las cosas. Siempre de que hablábamos, terminábamos igual que hora. En silencio. Así que no hablé, y él tampoco.

Despues de un esto comenzé a preguntarme a donde me llevaba. Él no era de México, ¿sabia lo que estaba haciendo?, ¿Estaba planeando asesinarme enmedio de la nada para que no encontrarán mi cuerpo?, ¿Y si chocaba.? Hiba muy rápido. Moriríamos.

Entonces ya no me sentía tan segura. Todo era muy sospechoso y no me podía quedar así.

- ¿A donde vamos?- pregunté tratando que mi tono de voz se escuchara de lo más normal.

- Es una sorpresa.- su respuesta me preocupó más. No me lo quería decir. Estaba planeando algo siniestro.

- Me lo puedes decir.- sugerí.- y después yo actuaría como si estuviese sorprendida.

El rió.

- No.- dijo aún riendo.- Lo tendrás que descubrir tú misma.

Su sonrisa hizo que me tranquilizara un poco. Pero el resto del viejo estuve pensando en que haría para escapar de él. Cuando llegáramos saldría corriendo y le quitaría las llaves para regresar yo sola a mi casa. Eso haría.

- Ya llegamos.- dijo él deteniendo el auto casi en un susurro. Y se bajó.

Por lo nerviosa que estaba me tardé en quitarme el cinturón más de lo que pensaba y abrir la puerta otro segundo más. Cuando lo hice él estaba frente a mi. Yo grité por la sorpresa y corrí para liberarme de él. Pero él me tomó de el brazo y me detuvo.

- Ayúdenme.- grité.- me quiere asesinar.

- ¿De que estás hablando?- preguntó en un tono estupefacto.

Yo me detuve y me volví hacia él.

- No conoces México.- traté de explicarle.- y me traes aquí. ¿Que acaso no planeabas matarme?

El rió de nuevo.

- No.- me soltó.- ¿Al menos ya viste en donde estamos?

No lo había hecho. Detrás de él se extendía un paisaje hermoso.

Era la ciudad. Llena de luces. Se extendía metros y metros ante nosotros. Como si fuesen estrellan individuales. De distintos colores. Naranja. Azul. Amarillo. Estábamos en un mirador.

Siempre le habia dicho a los chicos que fuéramos allí. Pero jamás nos habíamos detenido.

- Te escuché decirle a Paola que quería venir aquí.- parecía que Diego me podía leer la mente. Ahora yo estaba muy avergonzada por todos los pensamientos suicidas que tuve de él.

- Perdón.- dije riendo. Sin darme cuenta ya estaba en el barandal. Mirando todo más de serca.- No se que estaba pensando, yo...

- No te preocupes.- me dijo.- Todos han tenido pensamientos en donde yo soy un asesino alguna vez.

Yo reí.

- De verdad lo lamento.- volví a decir.- pero hay una cosa que aún no me queda claro.- él me miró esperando a que siguiera.- ¿Cómo supiste llegar aquí?

- Bueno- dijo el sacando su celular.- Yo no he estado. Pero el genio si.- mostró la pantalla de su teléfono donde había una imagen de Google.

El silencio nos invadió nuevamente.

- ¿Por qué me tragiste aquí?- pregunté para romperlo.

- Pense que te gustaría venir.

- Claro que me gusta.- aseguré.- Pero, ¿Por qué?

Se quedó un momento sin decir nada.

- Mira Michelle.- dijo suspirando.- Cuando nos besamos en Sevilla.- traté de decir algo, pero el me detuvo con una señal de su mano.- se lo que dirás, ni fue nada. Sólo un impulso.- rió amargamente.- Pero para mi, no lo fue.- me miró. Sus ojos se clavaron en mi y pude sentir el dolor del que el hablaba.- para mi fue algo mágico. Algo que jamás volví a repetir. Algo que si que quiero repetir, pero solo contigo.- me tomó una de las manos.

- Diego.- susurré.- eres mayor que yo, y...

- ¿Y que?- volvió a interrumpirme.- Romeo y Julie no eran de la misma edad. Eso no importa.

- Pero yo...-traté de decir que no me gustaba. Que no sentía lo mismo. Que él estaría mejor con alguien mas. Pero no pude hacerlo.

-Shh.- dijo acercándose a mi. Estaba tan serca que podía oler su colonia y ver cada uno de los poros de su piel.- no digas nada.- se acerco más. Mi cuerpo temblaba. No me moví.

- Solo...- intenté decir nuevamente para detenerlo. Por que mis pies estaban clavados en la tierra y se negabán a moverse. Pero no pude hacerlo.

Él me besó. No sabia que sentir. ¿Amor?, ¿enojo?, ¿desagrado?, ¿odio?. No lo sabía. Él seguía besándome. Me tomó de la mejilla y yo no hice nada para apartarlo. Sentí algo en el estómago, pero no eran maripozas. Era como si quisiera vomitar. Aún así, lo dejé seguir. Sin hacer nada paea evitarlo. Y sin saber lo que sentía por él.

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