redención Púrpura

By Alendelsynsolher

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Algo dentro de Mineta cambió para siempre. Ya no es el chico que todos recuerdan... y tampoco quiere serlo. A... More

Una sorpresiva noticia

punto de quiebre

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By Alendelsynsolher

Minoru Mineta siempre había sido consciente, en el fondo, de que era… desagradable. No era tonto, nunca lo fue. Pero había algo en él, una parte sucia que nunca había querido ver directamente, como un espejo empañado que solo dejaba entrever siluetas deformes.
Aquel pensamiento lo perseguía cada vez que se iba a dormir, cuando sus compañeros estaban agotados por entrenar y él, en cambio, solo había terminado el día recibiendo regaños, miradas incómodas o reprimendas.

Pero todo cambió la tarde del incendio.

El sol estaba bajando, bañando el patio de UA con un tono naranja cálido, casi nostálgico. Los estudiantes de la Clase 1-A entrenaban maniobras de rescate bajo la supervisión de Cementoss. Las llamas eran controladas, perfectamente seguras, pero el ejercicio estaba diseñado para simular un desastre real: edificios derrumbados, humo denso, víctimas atrapadas.

Mineta estaba seguro de que sería un día más. Un día en el que, quizás, lograría un comentario gracioso, una vista rápida y prohibida, o al menos hacer que Kaminari riera con alguna de sus tonterías.
Pero el destino ya había decidido que hoy no sería “un día más”.

“¡Mineta, cubre ese costado!” gritó Sero, mientras lanzaba su cinta para sostener una estructura que amenazaba con caer. “¡Hay una víctima ahí!”

Mineta, sorprendido de que realmente necesitaran su ayuda, reaccionó tarde. O quizá no tarde… simplemente lento.
Sus piernas no se movieron con la determinación de un héroe en entrenamiento. Lo hicieron con la pereza mecánica de alguien acostumbrado a no tomarse nada en serio. Y eso marcó la diferencia.

Una columna de metal cayó más rápido de lo que él imaginó. Sero gritó su nombre.
Kirishima endureció su cuerpo y se lanzó hacia adelante para desviar el impacto, pero no fue suficiente. Parte del andamio colapsó.

Un “maniquí” —una figura diseñada para simular un civil— quedó atrapado bajo los escombros.

Y aunque no era una persona real, la forma en que todos lo miraron… dolió más que cualquier cosa que Mineta hubiera sentido antes.

“Dude… si no te hubieras quedado viendo, habríamos llegado a tiempo,” murmuró Kaminari, no con enojo, sino con decepción.
Esa decepción era peor.

Ochako, quien siempre trataba de apoyar a sus compañeros, bajó la mirada.
Midoriya frunció el ceño,no de molestia, sino de preocupación, la misma preocupación que tendría por un paciente terminal.

“Mineta-kun,” dijo Iida, con su tono severo de siempre, “este tipo de entrenamiento es crucial. Su falta de atención casi provoca un fallo total del equipo. Debe tomar esto con seriedad.”

La palabra “seriedad” cayó sobre él como un peso gigantesco.

Serio.
Responsable.
Héroe.

Palabras que nunca nadie asociaba con Minoru Mineta.

---

Cuando la practica acabo y todo siguio como antes para los demas...menos mineta que se sentía horrible,Esa noche, todo en su dormitorio lo irritaba.
Las revistas porno escondidas entre sus cosas.
Los pósters de artistas en poca ropa o actrices porno.
El historial de Google de su teléfono.
Los dibujos nswf que había guardado por meses, como si fueran tesoros.

Todo se veía… sucio.

“¿Qué demonios estoy haciendo…?” se escuchó murmurar a sí mismo, con un tono de repulsión que nunca creyó capaz de usar contra él mismo.

Se levantó y casi arrancó sus pósters de la pared. Los rompió sin pensarlo.
Las revistas terminaron hechas trizas y arrojadas al bote de basura.
Las imágenes, las capturas, inclusolos videos, uno por uno fueron eliminados.

Un ruido de vómito escapó de su garganta mientras revisaba. Ya no le causaban “felicidad”, ni siquiera morbo.
Solo asco.
Asco profundo, visceral.
Asco de sí mismo.

“¿Así me ven…?” murmuró, tembloroso. “¿Como un pervertido de mierda? ¿Un tipo inútil que ni siquiera puede ayudar a sus compañeros cuando lo necesitan?”

Recordó a Kaminari evitando su mirada.
A Ochako, claramente incómoda.
A Jiro moviéndose un poco más lejos cuando él se acercaba.
A Asui frunciendo el ceño cada vez que él hablaba.

Recordó que incluso cuando en un entrenamiento antes de la muerte,salvó a Midnight, ella lo elogió como si fuera un niño pequeño… mientras él solo estaba emocionado por cómo se veía su traje.

Y ahí fue cuando le golpeó:

No había hecho nada para merecer estar aquí.
Nada para merecer ser llamado “héroe”.

Sus manos temblaban.
Su respiración se cortaba.
Sintió, por primera vez en su vida, el peso real de sus decisiones.

“Si sigo así…” murmuró, mirándose en el espejo. “Nadie querrá estar cerca de mí. Nadie confiará en mí. Me voy a quedar atrás. Voy a caer… y no quiero.”

Su reflejo lo miró: pequeño, con cara infantil y acciones morbosas, con un aura patética.

“¡No quiero ser esto!” gritó.

Ese grito rebotó en las paredes como una confesión de algo que nunca había querido admitir.

Entonces, como si algo dentro de él se hubiera soltado, sus ojos se humedecieron.
Lágrimas gruesas cayeron por su rostro, pero no eran lágrimas de tristeza.
Eran lágrimas de revelación.

Y aceptación.

“Voy a cambiar,lo necesito” dijo.
Pero esta vez, la voz no tembló.

---

Al día siguiente, hizo algo que nadie esperaba.

Entró temprano al taller del departamento de Apoyo.

Mei Hatsume y power loader levantaron la vista y, por primera vez en mucho tiempo, no vieron a un Mineta babeando o nervioso… vieron a alguien diferente. Su espalda estaba recta. Sus ojos estaban fijos. No había una pizca de su energía desagradable habitual.

“¿Qué quieres, chico de los rebotes?” preguntó power loader, ajustándose sus guantes con un trozo de metal humeante.

Mineta tragó saliva.
La palabras correctas parecían atoradas en su garganta, pero las obligó a salir.

“Quiero aprender.”

Mei parpadeó, confundida.
No era una reacción habitual en ella.

“¿Aprender a qué?”

“A construir. A mejorar. A pensar. A… crear.

Power loader dejó su herramienta a un lado.

“Eso sí que no lo esperaba,” murmuró. “¿Por qué aquí?”

Mineta respiró hondo.

“Porque quiero ayudar a mis compañeros. No con palabras inútiles, no siendo un lastre… sino haciendo cosas reales. Mejoras reales. Algo que valga la pena.”

“¿Y qué hay de tu clase?”pregunto el profesor tratando de no hacer algo que molestada a aizawa

“Ese es el punto,” dijo Mineta, mirando el suelo. “No estoy a su nivel. No así. Pero puedo ganarme mi lugar ayudándolos de otra forma.”

Mei lo observó detenidamente.

“¿Y qué te hace pensar que puedo enseñarte?”

“Porque eres la mejor del curso de Apoyo toda UA,” respondió Mineta sin duda alguna.
Y esa sinceridad, tan cruda, tan real, parecía haber desarmado a la inventora.

Mei sonrió.
“Bueno, bueno. Puedo darte una oportunidad… si logras no volar algo en los próximos diez minutos.”

Era una broma, pero para Mineta era un desafío.
Uno que aceptó sin dudar.

---

Las primeras semanas fueron un infierno.
Mineta no tenía la fuerza natural de Iida, ni la inteligencia innata de Midoriya, ni la intuición genial de Hatsume. Pero tenía algo que nunca antes había usado: determinación.

Después de limpiar su mente y alejar toda la basura que arrastraba, su concentración se disparó.
Se volvió analítico.
Paciente.
Obsesivamente dedicado.

Aprendió sobre circuitos básicos, materiales, resistencia, carga, aerodinámica, y cómo su propio quirk podía integrarse en mecanismos auxiliares.
Mei, aunque al principio lo trataba como a cualquier otro alumno curioso, pronto notó algo sorprendente:

Mineta era bueno.
Muy bueno.

“Tu cerebro funciona diferente,” comentó un día mientras él soldaba un soporte. “Tienes patrones raros… pero útiles.”

Mineta sonrió ligeramente.
Por primera vez en su vida, alguien lo reconocía por algo más que ser “un pervertido desesperado”.

“Gracias… Hatsume-san.”

Pero por dentro, sintió algo más profundo:
Orgullo.

---

Una tarde, mineta cito a alguien que ha estado evidanto desde el incidente y le pidio a power loaderno hablarle del tema ya que el queria hacerlo en persona, mientras trabajaba en una mejora para el traje de Tsuyu (un sistema que permitiría que sus movimientos acuáticos fueran más eficientes) entró al taller la persona que Mineta cito.

Era Aizawa.

Mineta se enderezó de inmediato, con algo de nervios.

“Así que aquí estás,” dijo el profesor, cruzando sus brazos. “Hemos notado tu falta en las prácticas y las clases.”

“Lo sé,” admitió Mineta. “Y… es parte de lo que quiero hablar con usted.”

Aizawa lo observó sin parpadear.
Era intimidante, pero Mineta se mantuvo firme.

“Sensei… quiero solicitar oficialmente mi traslado al curso de Apoyo.”

Mei lo miró de reojo.
No sabía que él estaba listo para decirlo tan pronto.

Aizawa suspiró.

“Sabes lo que implica, ¿verdad?”

“Sí. Sé que significa dejar el camino de héroe… pero no lo estoy abandonando. Solo estoy cambiando la forma en que quiero ayudar.”

Hubo un silencio pesado.
Mineta tragó saliva una vez más, sintiendo su corazón golpear en su pecho.

Aizawa finalmente habló:

“¿Por qué?”

Mineta respiró hondo.

“Porque… ya no quiero ser quien era. No puedo seguir siendo alguien que decepciona. No puedo seguir siendo una molestia para mis compañeros. Quiero ser alguien útil, alguien que aporte. Y… lo digo con toda sinceridad: Shinso merece más mi lugar que yo. Él lucha, entrena, se esfuerza. Yo… solo entre por suerte.”

Fue duro decirlo.
Doloroso.
Pero real.

Aizawa lo observó por varios segundos, como evaluando si cada palabra era honesta.

Mineta sostuvo su mirada.
Sin temblar.
Sin apartarla.

Finalmente, Aizawa habló:

“Entiendo.”

Esas palabras casi hicieron que Mineta se derrumbara de alivio.

“Haré las gestiones necesarias,” dijo el profesor. “Shinso tomará tu lugar en la Clase A. Tú quedarás oficialmente trasladado.”

Mineta bajó la cabeza.

“Gracias… de verdad.”

Cuando Aizawa salió, Mei dio un pequeño golpe a su hombro.

“Nada mal, uva” dijo con una sonrisa torpe. “No todos tienen las agallas para admitir que necesitan un cambio.”

Mineta se rió apenas.

“No es que tuviera elección.”

“Claro que la tenías,” respondió Mei. “Y elegiste bien.”

---

Esa noche, en su nuevo cuarto al verse nuevamente en el espejo, notó algo extraño.

Su postura era diferente.
Su mirada era firme.
Su cabello —sus esferas de uva— ahora estaban atadas en una coleta larga, como un símbolo de haber dejado atrás su antigua imagen.

Y algo más:
Era más alto.
La báscula marcaba 1.45 m.

No era una gran diferencia para otros.
Pero para Mineta, era enorme.

Era como si su cuerpo reflejara el cambio interno.

“Supongo que… crecer no es solo físico,” dijo, casi riéndose.

Su reflejo ya no era una sombra sucia.

Era alguien nuevo.

Alguien que quería avanzar.

Alguien que quería enmendar.

Alguien que, por fin, estaba listo para ser un héroe…

A su manera.

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