La Maldición de Eco

By MarcelaMontoyaLopez

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Kelley es una adolescente de 15 años, que lleva una vida normal, vive a las afueras de Coldwater con Jocelyn... More

Parte 2 TRAICIÓN
Parte 3 Reencarnación
eco

Parte 1 DESTINO

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By MarcelaMontoyaLopez

A Sarima, por su dedicación y trabajo, y por dibujar como los ángeles, eres grandiosa.

A Verónica, porque nuestra amistad no tiene límites. Porque nuestra amistad trasciende más que fronteras.

PRIMERA PARTE

LA MALDICIÓN DE ECO

DESTINO

PRÓLOGO

Coldwater,

Septiembre 02 de 2016

El aire se tornaba cálido en aquel lugar, Barnabas se encontraba hablando con una mundana en una casa de Coldwater, aquel hogar se encontraba retirado de la ciudad así que nadie podía salvar a aquella mujer del destino que le esperaba. Barnabas la tomó con fuerza, mientras ella trataba de alejarlo pero él era más fuerte que ella y la asió de las muñecas. La mujer cayó al piso arrodillada. Al lado de Barnabas se encontraba Robert, uno de los brujos exiliados por la Clave, murmuró unas palabras y la mujer convulsiono, luego de unos momentos comenzó a poner los ojos en blanco y cayó al piso a los pies de Barnabas que la tomó en brazos. Luego se dirigió al exterior de la casa. Robert salió después de él, pisándole los talones, furioso y lanzando improperios y palabrotas al aire, Barnabas se volvió hacia él y le lanzo una piedra – runa de la luz mágica, la cual servía cuando estabas en completa obscuridad además de ahuyentar a los demonios.

El joven dio un paso adelante pero su compañero lo detuvo.

- Aún no Sonny. Hay que esperar a que ambos se vayan.

Sonny no lo observo, observaba más allá de la casa, el brujo se volvía a internar en ella, mientras Barnabas desaparecía dentro de un coche. Sonny pudo ver por la ventana que el brujo removía todo, pero mientras hacía todo el alboroto de destruir cosas, no se dio cuenta de que un rapiñador se encontraba detrás de él. Tal vez el demonio siseo algo por que el brujo se tensó y se dio la vuelta suavemente, tenía la piedra - runa que le había dado momentos antes Barnabas y se la dio a mostrar al rapiñador, pero este ni se inmuto. Robert al igual que Sonny, se dio cuenta de que Barnabas le había mentido.

Desde lejos Sonny pudo ver como el rapiñador devoraba al brujo después de haberle lanzado su aguijón directamente al rostro.

- Que desagradable. – murmuró el chico que contemplaba la escena unos pasos atrás de los de Sonny.

- Agradece que no trajimos a Sofía, Maddux. – ambos se burlaron. Sofía siempre fue escrupulosa con todo lo relacionado a la muerte y caza de los demonios, por lo cual ella decía que pertenecía a la raza de los cazadores de sombras, solo por linaje y nada más, debido a que durante toda su infancia y adolescencia se había empecinado en convertirse en toda una mujer y luego buscarse un marido, pero jamás le importo tomar un entrenamiento o saber cómo defenderse en tal caso de ser atacada por demonios, pero de igual manera ella se sabía cuidar.

Sonny observo la casa durante unos breves instantes, antes de volver la mirada a su parabatai.

CAPÍTULO I

HORAS ANTES

KELLEY

Después de una aburrida tarde con Sonia, me recosté exhausta sobre la cama, mirando fijamente el techo que tenía al frente. Sonia había hablado de tantas cosas, no me podía quejar de ella, era mi mejor amiga, y ella era dulce y carismática. Éramos casi hermanas y siempre nos apoyábamos en todo, no importaba que riesgos tomásemos, siempre estábamos para hacernos feliz la una a la otra.

Ambas nos burlábamos de Kate Mongenstern, la chica más popular del colegio. Desde que teníamos conciencia, aquella chica nos hacía la vida imposible y nosotros se la devolvíamos por igual, su padre es el dueño del concesionario de autos más grande de Coldwater, Michael Mongenstern, él en cambio a su hija es amable y sencillo. Además de ello, nuestro amigo Alec, que estudia en el Instituto de chicos contiguo al de Lomondcastle donde estudiamos Sonia y yo, es el mejor amigo de Kate y es uno de los populares, aún así se ha empecinado en seguir con nuestra amistad sin importar lo que le diga la "cerda anoréxica" como le decimos Sonia y yo.

Aquella tarde Sonia me relato todo lo que sucedió con Henry, un guapetón que conoció en la cafetería Enzo's Bristol, donde estábamos ambas justo hace unos momentos. Le dijo que era un universitario de Nueva York y que venía de viaje con sus amigos. Sonia estaba emocionada, pero yo solo la observaba, mientras que pensaba en otras cosas, en mi madre y sobre todo en mi padre, después de que murió en ese accidente de tránsito antes de que yo naciera.

Mamá no me contaba mucho sobre él, solo me dejo claro que se llamaba Daniel Winston y que fue un militar del ejército estadounidense y que en una noche lluviosa estrello su carro en la carretera de camino a casa. A veces la observaba entrar al cuarto silenciosamente y sacar una caja que tenía guardada en su closet, ella se sentaba en la cama y la abría cuidadosamente, en su interior se encontraba un mechón de cabello rubio y un par de cadenas, una con la inicial de W y la otra con una inicial de C. Supuse que ambas les pertenecían a los dos.

- Nena ¿estás bien?

La observe durante un momento y comprendí que me estaba hablando a mí.

- ¿Qué decías? – no sabía que decir. Eso era lo malo de Sonia. Se enfurecía conmigo al darse cuenta de que no le estaba prestando atención sino que simulaba hacerlo.

- Te estaba diciendo que ayer Henry y yo nos besamos. El me acompaño a casa, mis papás no estaban en Coldwater así que le di permiso a que entrara en la casa y no solo eso....

La mire estupefacta durante unos momentos, antes de comprender lo que me quería decir. - Sonia ¿tú no eres virgen? – le pregunte indirectamente y levantando la voz.

- Sshh, no tan fuerte que los demás se enteran. – ella me guiño un ojo y luego observamos a nuestro alrededor y nos dimos cuenta con alivio que nadie nos estaba observando.

- Lo siento. – no sabía que decir, yo creía a Sonia capaz de hacer cualquier tontería con tal de atraer a un hombre pero enterarme de que ya no era virgen era otra muy diferente.

- No te disculpes nena. – me tomó una mano. - ¿En qué piensas? Te veo distraída.

La mire durante un momento, dudando de si contarle o no, pero al fin y al cabo Sonia era mi amiga y se merecía que fuera sincera con ella. - Pensaba en mamá. Hace unas semanas antes de que entráramos de nuevo al Internado, ella entro en su cuarto y saco de su closet una caja, en ella tenía contenidas varias fotografías, dos cadenas con las iniciales de W y C, y lo que más me sorprendió era que tenía un mechón de cabello rubio. Después de ello, la observaba todas las tardes hacer eso y luego cuando lo devolvía a su lugar, salía del cuarto y se internaba a la calle. – después de contarle sobre la caja a Sonia, ella me sonrío incrédula, ella tramaba algo, nos conocíamos demasiado y cada una sabía que hacia la otra cuando sonreía o miraba con esa picardía.

- Se me hace que vamos a tener que ponernos a investigar. – comento coqueta.

Me preguntaba si lo que Sonia quería hacer era lo que yo estaba pensando que haríamos.

- ¿Qué quieres decir? – le pregunte para confirmar mis sospechas.

- Querida es simple. Este fin de semana Henry me dijo que venía a por mí, así que podemos pedirle una ayuda. Él nos llevara a Coldwater y entraremos en casa de tu madre y descubriremos el secreto de esa caja. – ella sostuvo mi mano con cuidado, sus manos delicadas en comparación a las mías que eran suaves como la seda.

- ¿Quieres que entremos a la casa de mamá? – ella asintió.

- ¡Estás loca!- le dije sonriendo. – Si mamá se llega a enterar me mata.

***

- Deberíamos revisar la casa. – comento Sonny que se moría por cazar a ese rapiñador, antes de que lastimase a algún mundano que se acercase por el lugar.

- Aún no Sonny. – murmuro el otro. A Sonny le desquiciaba saber que su amigo se comportaba de esa manera, a final de cuentas, Maddux siempre era el más precavido de los dos y lo había salvado en más de una vez, cuando se había metido en problemas por su imprudencia.

- ¿Por qué no? – pregunto Sonny.

- Aguarda.

Después de lo que le dijo su amigo. Sonny se dio cuenta de que Maddux tenía razón. Barnabas estaba volviendo, pero esta vez venía acompañado por repudiados que se instalaron en el exterior de la casa, tal vez necesitaba que le custodiasen mientras el husmeaba entre las cosas de la mujer que hace unos instantes había raptado.

- Se le debió haber quedado algo. – comento Maddux seriamente, su mirada fija en la casa.

- Más bien está buscando algo. – Sonny volvió su mirada hacia su amigo que en esos momentos lo observaba con curiosidad. – Si se llevó a esa mujer a la fuerza fue por algo. Ningún cazador de sombras rapta a una mundana sin ningún pretexto o explicación, Maddux. – el otro asintió.

***

- ¿Qué? – Grito Sonia, dando vueltas alrededor del cuarto de Kelley.

- Por favor Sonia. – le rogo esta. – tú fuiste la de la idea de irrumpir en la casa de mamá, préstame tu auto y yo iré sola ¿sí? Así habrá menor peligro de que Jocelyn se entere de que quiero husmear en sus cosas. Te juro que no causare daño alguno a tu auto. Además tú podrás ir a reunirte con Henry en algún bar y estarán juntos. Yo cuidare de tu bebé.

Sonia pareció pensarlo durante varios minutos pero al final cedió y entrego las llaves a su amiga.

- Prométeme que no tendrá ningún rasguño. – le dijo la muchacha.

- Prometido. – murmuro Kelley sonriendo y con una mano en alto en signo de juramento.

Después de todo, fue fácil salir de Lomondcastle. Mrs. Peabody, no quería dejarla salir del instituto, conociéndola muy bien, sabía que Kelley era muy responsable y no era una chiquilla como Sonia que se mantenía de fiesta en fiesta.

- Entonces, dime... ¿porque no fuiste con tu amiga a la dichosa fiesta? – le reprendió esta, sin dignarse a dejarla salir.

- Ella se adelantó con su novio, no quería incomodar así que ella me entrego las llaves de su auto para que llegara un tiempo después. – A Kelley no se le daba muy bien mentir, y más cuando no estaba vestida adecuadamente para ir a una fiesta.

- Así que vas a ir a una fiesta con esa vestimenta. No señorita. Arréglate y te dejare ir. Aunque sea préstale algún vestido a tu compañera.

Kelley sin más remedio que hacer caso a las peticiones de la maestra de francés se volvió sobre sus pasos y se internó en la habitación de su amiga, encontró un vestido que le gustaba mucho de Sonia y que tal vez no le quedaba a esta, ya que Sonia era mucho más ancha que Kelley y no es que estuviera pasada de peso sino que Sonia era acuerpada y mucho más alta. Se desnudó frente al espejo y lanzo sus blue jeans y la camiseta a la cama de Sonia, se sumergió en el vestido de su amiga y comprobó que le quedaba exacto, se arregló sus cabellos haciéndose pequeños rizos y los recogió en una alta cola, del modo que estos resbalaban como una cascada sobre su espalda. Se maquillo un poco, recogió su ropa y salió de su habitación. Entro a la suya y lanzo las prendas en una sesta de ropa sucia. Ya en la entrada Mrs. Peabody la observo de los pies a la cabeza.

- Mucho mejor. – observo la otra detenidamente. – te ves como toda una señorita, tienes unas lindas piernas Kelley deberías usar vestidos más a menudo, hay que aprovechar los atributos que la naturaleza nos ofrece.

Kelley asintió. Después de despedirse de Mrs. Peabody y manejar hacia Coldwater, se le vino una idea a la mente. Si su madre se encontraba en casa en esos momentos, debería estar viendo la serie de Criminal Minds en AXN, lo que duraba hasta las doce o una de la mañana, aproximadamente cuatro horas, así que tenía tiempo suficiente. Mentiría a su madre, diría que salió del instituto para verse con Alec en una fiesta a la que Sonia y Henry asistirían y a la cual la estaban esperando. Entraría en su cuarto simulando buscar su pulsera favorita que inclusive había dejado en la mesa de noche al lado de su cama, luego de tomarla entraría en la habitación de su madre y husmearía en sus cosas. Ya estaba decidido.

CAPÍTULO II

SONNY

Después de que Barnabas se fue, Maddux y yo nos aseguramos de que no volvería en mucho tiempo, así que teníamos que aprovechar esas horas para inspeccionar la casa y dar caza al rapiñador que Barnabas había dejado adentro. Pero justo cuando salíamos de nuestro escondite para dirigirnos a la casa, nos dimos cuenta de que un auto se acercaba, era un Volkswagen color rosa, año 2010 aproximadamente.

Aparco en el porche de la casa y del auto salió una chica, con un vestido que llegaba hasta la mitad del muslo, llevaba unas sandalias de tacón alto, y tenía una cola de la que caían innumerables rizos sobre su espalda.

- Es una mundana. – murmuro Maddux, que la observaba detenidamente.

- Vamos. – dije, pero él me detuvo.

- No podemos, hay que esperar...

- ¡Esperar a que ese rapiñador la triture! no gracias, si quieres quédate aquí, pero yo voy detrás de esa cosa y la cazare. No permitiré que le haga daño a esa chica.

Maddux le observo irse, pero no le siguió se quedó allí plantado observando a cada lado de la carretera, vigilando por si Barnabas se dignaba a volver.

Sonny se acercaba a la puerta principal cuando escucho un estruendo y luego un grito que desgarro la noche. <<Ya es tarde>> se dijo él.

***

Cuando llegue a la casa me sorprendí de encontrar la puerta entreabierta, tal vez mamá tendría visita, pero en el porche no había ningún carro aparcado excepto el de Sonia, tal vez solo estaba en la cocina y había olvidado cerrar la puerta de la entrada cosa que yo dudaba. Di un empujón a la puerta y encontré una escena que jamás olvidaría. Había un fluido espeso por el piso de color negro, los cuadros de mi madre yacían en el piso, cortados al parecer por un cuchillo o alguna navaja, la mesa estaba despedazada al igual que las fotografías y muebles que se encontraban todos esparcidos por el piso de la casa.

<<Ladrones>> pensó Kelley. Pero qué clase de ladrones destruían todo a su paso y no se llevaban el refrigerador, el equipo de sonido, el televisor.... qué clase de ladrón entraba a una casa simplemente a destruir todo. Avanzó por el pasillo que llevaba a los cuartos y escuchó un ruido en la habitación de su madre.

- ¡Mami! – desde que Kelley tenía ocho años, no llamaba a Jocelyn mami, pero el miedo que albergaba en su interior aquellos momentos le impedía razonar.

No hubo respuesta.

El miedo se hizo mayor. Justo cuando se estaba acercando a la puerta de la habitación de su madre, observo una sombra en la pared contigua. Era un monstruo. Una especie de serpiente gigante con escamas y grandes colmillos. Kelley emitió un chillido que hizo captar la atención de la criatura. La joven retrocedió lentamente y justo cuando la criatura salía del cuarto ella grito y la serpiente se le echo encima, dio un traspié y cayó en el piso. Luego escucho el blandir de un arma y un siseo. Luego todo fue silencio. Estaba temblando en el piso de cerámica, tenía tanto miedo que no se dignaba a abrir los ojos, hasta que alguien poso una mano sobre su garganta y dio un respingo.

- ¿Te encuentras bien? - era la voz de un hombre, ella abrió los ojos repentinamente y se dio cuenta de que era un joven de más o menos su edad, tal vez dos o tres años mayor que ella.

El miedo que sentía le impedía hablar, las palabras se le atragantaron en la garganta y se echó a llorar. Se abalanzo sobre el hombre y lo abrazo como si no hubiera nadie en el mundo a quien abrazar.

- ¿Te encuentras bien? – volvió a repetir el. Mientras acariciaba los rizos de la joven que lloraba en sus brazos.

Ella asintió entre sollozos.

- ¿Qué era eso? – preguntó separándose de él para mirarlo a los ojos. En ese instante, Kelley se dio cuenta de que las cosas no volverían a ser iguales.

- Un rapiñador. – murmuro él. – es un demonio.

CAPITULO III

KELLEY

Lo último que recuerdo es subirme al coche y manejar hacia la ciudad. Tenía la mente en blanco y algo no cuadraba. Había salido de la casa de mamá, pero no recordaba haber encontrado la caja que ella guardaba en su closet o husmear en sus cosas. Aparque el coche de Sonia en un aparcamiento vacío de la discoteca llamada "Pandoranium", era la misma discoteca a la que Alec y yo íbamos cuando nos encontrábamos en vacaciones de verano y ambos salíamos de nuestros internados. Aunque el Instituto de Lomoncastle quedaba contiguo al de Alec, que era un internado para hombres, no había oportunidad de que nos viéramos, aunque quedaban los fines de semanas para pasarlo juntos. Me imaginé que él debería estar allí. Kelley conocía a Alec desde que ambos tenían cinco años. Siempre fueron los mejores amigos y ni la más grande diferencia que ambos tenían podría romper su amistad (a pesar de la amistad de Alec con Kate). Kelley bajo del coche y guardo las llaves en su bolso. Pasó por la entrada de la discoteca y dio a mostrar una cédula falsa, que le había entregado Alec en caso de que tuvieran que separarse y encontrarse en el "Pandoranium", el vigilante que más bien parecía un ogro la estudio silenciosa y lentamente y luego de unos segundos incómodos la dejo pasar. El lugar estaba invadido por luces neón que le hacían parpadear cada vez que se posaban en sus ojos, no demoro en encontrar a Alec que se encontraba en mitad de la pista acompañado de... ¿Kate Mongenstern?

- ¡Alec! – grito furiosa acercándose a él y tomándolo por el brazo.

Kate al verla le sonrío con autosuficiencia y se fue a por otra pareja de baile, dejando a Alec con una Kelley furiosa. Él únicamente se limito a sonreír.

- ¡Kelley! – la saludo este emocionado. – pensé que no vendrías. – La estudio por un momento y pareciera que le hubiera crecido otra extremidad en la cara porque la observaba nervioso. - ¿Qué te paso? Parece que hubieras sufrido un atraco o algo así. Estas despelucada y tienes una herida en la sien.

- ¿De qué estás hablando? – le pregunte, no sabía de que estaba hablando.

- Tienes sangre seca. Aquí. – se acerco un poco más a mí y me toco la sien. Un dolor agudo me hizo hacer una mueca cuando por accidente Alec me lastimo. – Lo siento.

- Dame un momento. – le dijo Kelley dirigiéndose al baño, se observó en el espejo cuidadosamente mientras sacaba un pañito de su bolso y lo humedecía un poco, repasándolo por su frente. Observo que la sangre estaba seca por lo cual no entendía por qué no recordaba si hacia pocas horas había salido del instituto perfectamente y luego salía de su casa... Eso era, no recordaba que había sucedido en casa y tenía que averiguarlo.

CAPÍTULO IV

SONNY

- Bernard se va a enfadar con nosotros, Sonny, no debiste haberle colocado esa runa alrededor de su muñeca a esa chica, pudo haber muerto, además por que tenías que hacerle olvidar, podríamos haberla investigado y llevarla al instituto, ya sabemos que esa chica no es una mundana, pero tampoco es un demonio, no le viste alguna cicatriz o algo en la nuca. Tal vez podría ser una hija de la Noche o inclusive un hada, es hermosa ¿no?

Sonny estaba observando la casa que poco a poco se estaba consumiendo en llamas, antes de destruirla decidieron inspeccionar el perímetro, pidió a Maddux que vigilase alrededor de la casa mientras el husmeaba en los cuartos. Por lo que encontró se dio cuenta que la casa era habitada por las dos mujeres, había un cuarto de huéspedes que tal vez hace mucho tiempo no era ocupado. Encontró una fotografía, en la cual se encontraba la mujer que había sido raptada por Barnabas y la chica de hace unos momentos.

- Sí, es hermosa. – respondió al fin Sonny. Después de haber salido de aquella casa, había escondido una foto de aquella chica con su madre, tal vez Bernard, pudiera haberla conocido e inclusive tal vez aquella mujer era una antigua cazadora de sombras retirada. Era una probabilidad razonable, pues si hubiese sido cualquier subterráneo, Barnabas hubiera disfrutado del espectáculo que le ofrecía el rapiñador al triturar los huesos de la mujer. Pero por otra parte, había escondido la foto porque quería saber más de la chica, había algo intrigante en ella, algo que le gustaba mucho.

- Me parece o es la misma chica de hace unos momentos. – murmuro Maddux que tenía la vista hacia la obscuridad de la carretera.

- Así parece. – comente dignándome a salir de mi escondite. La chica se acercaba a toda velocidad y al parecer venía tan apurada que ni se inmuto al ver al joven que tenía al frente. Aparco en la acerca y salió rápidamente del coche cayendo de rodillas en el césped. Comenzó a llorar desconsoladamente al ver como las llamas devoraban su casa en segundos. Escombros estaban esparcidos por los alrededores de lo que hace unos momentos fue su casa.

- Volviste. – murmure mientras la observaba. Estaba bañada por los rayos de luna y toda ella era un regalo de la naturaleza. – Pensé que habías olvidado todo.

- ¿Qué le hiciste a mi madre? – me reprendió esta, levantándose y arrojándose a mí como una furia.

- ¿Qué le hice a tu madre? Uhmm... nada, más bien dime ¿qué tiene que ver tu madre con Barnabas?

La chica retrocedió unos pasos y dio un traspié cayendo al piso, se abrazó las piernas y volvió la mirada hacia Sonny.

- No conozco a ningún Barnabas. – comento ella.

- Entonces habrá que averiguarlo. – dije tomándola fuertemente de un brazo y conduciéndola al auto en el que ella había llegado.

*

¿No sabía que estaba pasando? ¿No entendía que tenía que ver un tal Barnabas con mi madre y menos comprendía porque la casa estaba en llamas?

- ¿Cómo te llamas? – me pregunto el chico. Tenía que admitir que era guapo, tenía el cabello rubio y sus ojos eran verdes, la piel de este no era tan pálida como la mía, en cambio esta era más bronceada y un poco morena.

- Kelley. Kelley Winter. – Murmure. Estaba temblando. Pero no de miedo hacia él. Sino de miedo a lo que pudiera estarle pasando a mamá.

- Bueno, Kelley. – dijo este. – Me dices que no sabes nada de Barnabas. – me observo durante unos momentos y asentí. - Entonces... será mejor que me cuentes de tu madre. ¿Qué hacia ella? Necesito que me lo cuentes todo. También de tu padre si es posible.

Me observo de una manera en que jamás lo iba a olvidar. Era una mezcla de compasión con miedo.

- No sé mucho de mi padre. – comencé por él, debido a que la información que sabía de mi padre era más resumida que la de Jocelyn.- mi mamá me conto lo más mínimo posible, al parecer no le gustaba hablar de él. Se llamaba Daniel Winston, era un militar del ejército estadounidense. Pero murió antes de que yo naciera, así que no se nada más de él.

- Ahora ¿qué hay de tu madre? – pregunto el impaciente. Con las manos fijas en el volante y observándome minuciosamente, un ciervo se atravesó en nuestro camino y por poco casi lo atropellamos. – continúa. – me dijo después de estabilizar el auto en la carretera que lleva a la ciudad.

- Respecto a ella. Es casi como saber sobre mi padre. Nunca me ha contado de su pasado. No sé nada de mis abuelos y de ella solo se lo básico. Trabaja como secretaria en el concesionario más grande de Nueva York, con el señor Michael Mongenstern. La veo tan solo en las vacaciones de verano cuando salgo del Instituto de Lomondcastle.

- ¿Así que no sabes nada de tu madre? – él me miro sorprendido. – Es una pena, no veo cómo podremos ayudarte si no sabes nada de ella. Aunque... no dudo que tu mamá estuviera relacionada con Barnabas de alguna u otra forma, tal vez era una cazadora de sombras retirada o...

- Espera ¿cazadora de sombras?...

- Una cazadora de sombras es una cazadora de demonios para que me entiendas mejor. Tiene ciertas habilidades que se trasmiten de generación en generación. En ciertas ocasiones somos llamados Nephilims, nos encargamos de devolver la paz a este mundo y devolver a los demonios a sus dimensiones.

- ¿Pero qué tiene que ver eso con mi madre?- pregunte.

Me observo durante unos momentos antes de responder.

- Eso es lo que vamos a averiguar.

*

- ¿Aunque sea puedo saber cómo te llamas? – me pregunto con un tono entre furioso y temeroso.

- Sonny. – le respondí.

- ¿Sonny? – preguntó. Yo asentí. –Sonny no es un nombre muy común.

- Kelley tampoco. – le reprendí, ella desvío la mirada hacia la ventanilla. – Aunque hay que admitir que es lindo como su dueña.

La observe sonrojarse y decidí prestar mayor atención al volante. Había que admitir que la chica era hermosa, aunque su belleza se me hacía familiar. Aquella foto con su madre que encontré entre una caja que había oculta en un closet me hacía dar dolor de cabeza de tanto pensar donde podía haberla visto.

- Eso es. – escuche mi propia voz.

- ¿Eso es? ¿Qué quieres decir con ello? – quiso saber. Con los ojos fijos en mí.

Le devolví la mirada.

- ¿Ves esa caja que hay en la parte de atrás? – ella volvió la mirada hacia la parte trasera del auto y me observo furiosa.

- ¿Qué haces con esa caja? Ello le pertenecía a mi madre. – exclamo señalando la caja. La observo por un momento y se decidió a tomarla. Yo disminuí la velocidad y aparque a un lado del camino que me llevaba al atajo más cercano para llegar al Instituto. La contemple con la caja en sus manos y justo cuando ella la iba abrir tome su mano con fuerza.

- ¡Suéltame! – exclamo liberándose de mi apretón.

Aleje mi mano de la suya y desvié mi mirada al cielo. Nunca me habían gustado esta clase de escenitas con las mujeres, estaba acostumbrado a ser quien las dominase a todas, pero al parecer con ella iba a perder el tiempo. Apoye mi cabeza en la ventanilla, y por un momento pude observar su reflejo en ella, estaba contemplando un mechón de cabello, el mismo que hace unos momentos había tenido entre mis manos.

- Jocelyn Winter. – murmure. Aquel nombre me resultaba familiar. Pero la mujer aún más, se parecía a la esposa de Barnabas, aunque la foto que guardaba de mi padre en la cual se encontraban todos los cazadores de sombras en aquella época databa de hace unos dieciséis años aproximadamente. – Tu madre es la esposa de Barnabas.

Ella me observo mientras dejaba de rebuscar en la caja de su madre.

- ¿Qué? – exclamo confundida y asustada a la vez.

- Barnabas estaba casado con Jocelyn Winsllow, ella era la mejor cazadora de sombras cuando le conoció, ambos se enamoraron y contrajeron nupcias, de su unión nació un niño al que le dieron por nombre Christopher. Ellos eran muy felices y seguían con sus técnicas como cazadores de sombras en el instituto de Orión, allí Barnabas se obsesiono con crear cazadores de sombras que no solo asesinarán demonios, sino también a los subterráneos, quienes tú conoces como Hombres Lobo, Vampiros e inclusive Hadas y Duendes. – Tome aire por un momento y observe como ella me miraba con suma atención. – Formo un grupo llamado Los Cuatro Tronos, que significan las cuatro razas devastadoras para él, Jocelyn se unió a él, al igual que mi difunto padre y otros más, quienes después de conocer los verdaderos planes de Barnabas decidieron retirarse de Los Cuatro Tronos y volver al Instituto, Barnabas buscando venganza, asesino a mi padre cuando yo tenía tan solo cuatro años y junto a él se llevó a la tumba a su hijo Christopher, Jocelyn sufrió demasiado y decidió retirarse de los Cazadores de Sombras, nadie supo nada de ella desde entonces. Pero ahora sé que la esposa de Barnabas realmente es tu madre.

Ella me observaba sin parpadear.

Entre abrió la boca y la volvió a cerrar.

Las palabras no podían fluir de su boca.

- Pero... pero... mi madre se llama Jocelyn Winter no Winsllow. Tal vez la estas confundiendo con otra persona. – parecía tan obvio para mí, Jocelyn Winter era realmente Jocelyn Winsllow, la famosa cazadora de sombras exiliada.

- Estoy seguro de que es ella. – le dije. Metí la mano en uno de los bolsillos de mi pantalón y saque una foto doblada torpemente, se la tendí. – Esta es Jocelyn Winsllow. – en la fotografía, Jocelyn y Barnabas se observaban con suma alegría por lo que se podía ver en aquel tiempo habían estado profundamente enamorados.

Ella la observo durante algunos instantes, parecía negar con la cabeza, al final me la tendió y no dijo nada. Decidí dejar las cosas así, la podía entender, creer que tu madre era una persona común y corriente, y de un momento a otro enterarse de que no era una persona del todo normal sino que tenía habilidades sobrehumanas, era algo muy confuso.

Maneje por el atajo que Rixon me había enseñado desde que había llegado a Nueva York y a lo lejos vislumbre el Instituto. Pasaron varios minutos hasta llegar a él.

- Este edificio es el Instituto. – murmure. Ella observaba por la ventanilla y parecía distraída. Inmersa en un mundo en el que yo no pertenecía.

Apague el auto y guarde las llaves en el bolsillo de mi chaqueta pero ella me las arrebato.

- Este auto no es mío. – dijo y salió del auto. – Sonia me lo presto para que pudiera ir a casa a buscar esta caja. – la alzo en brazos. – Pero parece que tú te me adelantaste.

- ¿Para que querías la caja? – pregunte. Solo curiosidad.

Ella pareció pensárselo dos veces antes de revelármelo pero al final cedió y dijo: - Antes de volver a clases, observe a mi madre entrar a su habitación y sacar esta caja repetidas veces. – comenzó a dirigirse hacia la puerta del instituto. – En ella había contenidos un mechón de cabello rubio y dos cadenas con las iníciales de W y C. Tal vez la W es del apellido de mi madre pero la C, no le encuentro ningún significado. – Observo la puerta del Instituto mientras yo introducía la llave en el cerrojo, me dirigió una mirada. – No sabía que el instituto se encontraba dentro de una catedral abandonada. – comento ella carente de interés.

Reí en voz baja.

- ¿Qué es tan gracioso? – quiso saber.

- Lo que dices. Para poder ver el instituto tienes que hacer uso del Glamour, los mundanos pueden ver esto como una iglesia pero los que son como tú o como yo, podemos verlo como es realmente.

- ¿Qué quieres decir? – pregunto.

- Quiero decir que tú no eres una mundana. – le respondí.

- ¿Que es una mundana? – volvió a preguntar.

Aparentemente tendría que acostumbrarme a que ella tendría que preguntar por todo, por esto y por lo otro. Pero... era entendible desde su punto de vista, ella estaba completamente desprotegida y no sabía nada sobre el mundo de las sombras.

- Una mundana es una humana. Tú y yo lo somos, aunque somos diferentes, tenemos sangre de ángel en nuestras venas, nacimos de descendientes nephilim, es por ello que tenemos tantas habilidades respecto a la caza.

- Pero...

- Si no fueses una cazadora de sombras, hubieras muerto debido a las runas curativas que te coloque en el dorso de tu mano, cerca de tu muñeca. Los humanos no pueden soportar ese tipo de poder, aunque cabe la posibilidad de que también puedas ser una subterránea. – observe a mi alrededor. - Puedes ver este lugar como lo es realmente, solo trata de relajarte.

Después de unos minutos en tensión ella se relajó. Bajo sus hombros y los coloco a la altura de su nuca, observo cuidadosamente el interior de la catedral que poco a poco fue transformándose en un largo pasillo que daba a la galería y a la biblioteca del Instituto.

CAPÍTULO V

KELLEY

Todo era tan confuso, de un día para otro descubría secretos que mi madre trataba de ocultarme pero que había llegado la hora de que estos salieran a la luz. Pensé que conocía a mamá, pero solo conocía una parte de ella, la parte oscura de su vida siempre permaneció escondida en su pasado y en aquella caja.

Atravesamos un salón inmenso, al fondo de este se encontraba la chimenea que ardía en llamas, adelante de esta, un hombre estaba recostado en el respaldo de una silla, tenía los ojos cerrados, y la luz de la luna que atravesaba los cristales de las ventanas me permitía conocer la fisonomía del hombre. Tendría aproximadamente unos treinta y cinco años de edad, cabello oscuro y piel pálida, cuerpo atlético y.... estaba rodeado de libros.

No estábamos en ningún salón, esto era una Biblioteca gigante, las colecciones que contenía eran de diferentes temáticas, literatura, botánica, entrenamiento de caza... uso de armas.

- Rixon. – escuche a Sonny acercarse a él. El hombre abrió los ojos de inmediato al escuchar la voz de Sonny y me observo durante un momento, le hizo señas a Sonny para que se acercase.

- ¿Es una mundana? – susurro este al oído de Sonny para que no le escuchase aunque realmente podía entender cada una de sus palabras.

- No. Si fuese una mundana no hubiera podido ver a él rapiñador que se encontraba en su casa y menos sobrevivir a una runa curativa que coloque alrededor de su muñeca. – el me observo por un momento a los ojos y luego fue bajando su mirada hasta llegar a la muñeca, aquello le dejo una sensación de cosquilleo, ese gesto de recorrer su piel con una mirada era más intimo que una caricia física.

Kelley se acercó a los dos hombres quienes la observaron inquietantemente. Una sensación la invadió y el frío de la noche le puso los pelos de gallina. Le tendió una mano al hombre que se encontraba sentado al lado de Sonny que había tomado su lugar en el sofá.

- Mucho gusto. – dije. – Kelley Winter.

- El gusto es mío Kelley. Me llamo Rixon Saint-York. – Rixon me estrecho su mano y tomo la mía fuertemente, mientras me observaba con atención. – Eres muy linda ¿eh? ¿Vienes de una fiesta? – pregunto.

No me había percatado de mi estado, el vestido de Sonia estaba impecable y hermoso y le daba a mi cuerpo una forma angelical, aunque no podía decir lo mismo de mi cabello, podía ver mi reflejo en una copa de vino que había sobre la mesa.

- Sí. – murmure. En parte era cierto, mis planes después de ir a casa de mi madre era ir a la fiesta en "Pandoranium" con Alec, pero esos planes habían quedado en el olvido. – Aunque tuve que salir con urgencia. – le di una mirada a Sonny que tenía una mueca burlona en una de las comisuras de sus labios, dirigió su mano en dirección a mis cabellos y retiro las centelleantes horquillas que sostenían mis rizos que pronto cayeron cálidamente alrededor de mi cuello.

- Te ves más hermosa con el cabello suelto. – comento Sonny que ahora me miraba embobado.

Su mirada me cohibió un poco y tuve que apartar la mirada y desviar el tema: - Podrían prestarme un teléfono... por favor. – me acerque más a la mesa y observe a Rixon cuidadosamente, su cara me parecía familiar, se parecía un poco a uno de los hombres que habían alrededor de mi madre en la foto que Sonny me dio a mostrar.

- Es mejor... – Sonny comenzó a hablar pero Rixon le interrumpió.

- Es mejor que le traigas un teléfono a la señorita Winter, Sonny.

- Pero...

- Pero nada, Sonny Strasser.

- ¿Strasser? – me burle. – Así que ese es tu apellido. Pensé que eras Sonny a secas...

- Pues pensaste mal. – dijo en tono malhumorado. Salió al pasillo y luego de unos segundos de intenso silencio, sus pasos resonaron en las vacías habitaciones del Instituto hasta que apareció de nuevo en la Biblioteca. Se acercó a mí y me tendió un teléfono, lo tome y me dio cuenta con curiosidad que era un modelo antiguo pero que aun así lo que valía era su uso. Rodé los números concentrándome en que había escrito el número bien y espere a que alguien le contestase al otro lado.

- ¡Alo! – era la voz de Sonia.

- Soy yo. Kelley. – Sonia guardo silencio por un momento.

- Nena, ¿dónde estás? – tenía una voz nerviosa y angustiada. – Llamaron hace una hora para informarme que ocurrió un incendio en tu casa, pensé...pensé. – callo por un rato y la escuche sollozar.

- Mi madre ha desaparecido. – fue lo único que pude decir.

- ¿Qué? – exclamo Sonia. Su llanto se había apaciguado y ahora estaba alterada. – Pero... ¿cómo?

- No lo sé, cuando llegue todo había sucedido y...

- ¿Dónde estás? – me interrumpió.

Kelley lanzó una furtiva mirada a Sonny, que ahora tenía la mirada pérdida.

- Es mi amiga, ¿puedo decirle donde me encuentro? – pregunte a Rixon, tenía el auricular tapado con la mano. Él me miró de hito en hito y asintió.

Sonia llego al Instituto media hora después. Iba a venir acompañada de Henry, pero en cambio llego sola. El taxi aparco en la acera, Sonia saco un taco de billetes y salió del auto con rapidez.

- Señorita...

- Quédese con el cambio. – Sonia subió con gran agilidad los escalones que nos separaban. Cuando estuvo a mi altura, me abrazo fuertemente, cortando mi respiración.

Después de un rato se separó de mí a regañadientes y me miró angustiada. Tome aire por un momento y la observe detenidamente. Tenía lágrimas secas adheridas a la piel de su rostro.

- Me diste un susto de muerte. – comento, poniéndose una mano en el pecho.

- Lo siento. – fue lo único que podía decir. Ahora no sabía cómo le iba a explicar todo que había pasado esta noche.

***

Kelley se encontraba en el invernadero con aquella chica "su amiga" según ella, cuando se enterase de que ella realmente era hija de Jonathan Price, el mejor cazador de sombras de nuestra historia y al que pronto podría quitarle su mención, las cosas se pondrían muy tensas.

- Después de que la policía me confirmo lo que había sucedido en tu residencia, llame a Alec y me informo que te había visto hace más de una hora lo que no cuadraba con la hora de los hechos. – Sonia la observaba nerviosa, tal vez volver a ver el instituto después de sus entrenamientos la llenaba de recuerdos de su madre muerta, después de presenciar su deceso cuando Barnabas ordeno que la degollaran, ella apenas tenía cuatro años en aquel entonces y estaba en plenos entrenamientos como aprendiz de cazadora de sombras. - ¿Por qué estás en este lugar? – le pregunto a Kelley.

- Lo que pasa es que... – comenzó a decir Kelley.

- Lo que pasa es que ella es la hija de Jocelyn Winsllow y está más segura en el instituto que en cualquier lugar. – le interrumpí.

Sonia me observo agriamente y luego dirigió una mirada resentida a su amiga.

- ¡Maldito cazador de demonios! – me grito.

- Yo que tu tendría cuidado con mis palabras, Sonia, porque tanto tú como yo somos lo mismo. – le increpe. Me enfurecía que se avergonzara de nuestra raza y de los suyos.

- ¿Qué? – exclamo Kelley que nos miraba confundida. – alguien aquí me puede decir quien de todos en los que confío no tiene ningún vínculo con los cazadores de sombras.

- Alec. – menciono Sonia. No sabía quién era Alec pero por lo que estaba viendo me iba a causar problemas, respecto a Kelley.

- ¿Alec? – pregunte. – solo curiosidad.

- Mi mejor amigo. – murmuro Kelley acercándose a mí, me alegraba que ahora me tuviera más confianza a mí que a la que siempre pensó que era su amiga.

- No tienes por qué darle explicaciones a este Kelley. No es más que un cazador de sombras...

- También lo eres tú y yo por igual. – la interrumpió Kelley.

- Pero... – Sonia se quedó con la palabra en la boca, Kelley salió del invernadero, mientras la observe dirigirse nuevamente a la Biblioteca.

CAPÍTULO VI

SONNY

Sonia me observaba enfadada. Parecía querer acuchillarme o algo en particular, pero en vez de ello, guardo distancia sin dejar de perderme de vista.

- Si quieres matarme, hazlo de una vez, no soporto que me miren de esa manera. – le dije. Estaba enfadado con ella, cuando Kelley menciono que quería hablar con su amiga, me imagine otra especie de amiga, una mundana cualquiera no otra perteneciente a nuestra raza que le causase más problemas de los que tenía.

- El día en que mueras será porque te lo merezcas en verdad, ahora no puedo hacerlo, eres el mejor cazador de sombras de la ciudad de Nueva York, te felicito, estas apunto de robarle la mención a mi padre, aunque...- se detuvo dando golpecitos a su labio inferior con su dedo índice, pensativa. - ...sería mejor que cuidaras de Kelley. Te juro que no tengo nada que ver con esto. No sabía que era hija de Barnabas. Después de lo que ese maldito le hizo a mi madre... jure vengarla pero jamás tomaría a Kelley como carnada. Aunque... papá menciono algo sobre Jocelyn, no me quiso decir que era pero menciono algo referente a los cazadores de sombras y a Barnabas.

- Te creo. – Le dije. - se cuándo una cazadora de sombras es sincera y cuando no... Lo aprendí de Sofía, así que tranquilízate. Pero primero que todo te pido un favor. Necesito que me ayudes a ganarme la confianza de Kelley. Segundo necesito contarte esto, aun no se lo he dicho a Kelley y menos a Rixon. Antes de que apareciera ella en su casa, Bernard me confirmo que Barnabas estaba vivo, percibí una frecuencia demoníaca muy fuerte en Coldwater, hasta que descubrí que Barnabas se escondía en una bodega abandonada en el centro de la ciudad. Estuve dos días siguiéndole el rastro acompañado de Maddux, hasta que de pronto él se bajó de un auto con una de sus mascotas y acompañado con un brujo, llamado Robert. Barnabas rapto a la madre de Kelley. Jocelyn trato de defenderse pero no le fue posible, el brujo lanzo un conjuro y la sumergió en un estado de inconsciencia, después de ello, dejo al brujo en la casa y el rapiñador lo trituro. Decidimos ir a investigar pero Barnabas volvió nuevamente a buscar algo pero al parecer no encontró lo que buscaba y se retiró. Al cabo de cinco minutos, apareció Kelley, tuvo suerte de que llegara a tiempo, el rapiñador por poco y la mata. Tanto Maddux como yo, somos testigos de lo sucedido podemos mandar un mensaje a la clave sobre lo sucedido.

Sonia me miraba pensativa, escucho hasta la última de mis palabras. Luego de unos instantes de escalofriante silencio, al fin dijo:

- Después de lo que me has contado ya veo porque el apuro de ganarte la confianza de Kelley, ella es una adolescente común y corriente, hay que tener paciencia con ella, debe ser difícil entender la situación después de que su madre le ha ocultado todo sobre su existencia. Pero lo que no entiendo es porque Barnabas se llevó a Jocelyn, solo existen dos posibilidades; una que necesite saber cómo tener poder sobre los demonios y la otra que necesite a Kelley.

La Biblioteca estaba helada y el frío le hacía erizar la piel. Se recostó en el sofá en que Sonny se había sentado hace unos momentos antes de enterarse de que su supuesta mejor amiga le había mentido. Cerro los ojos y pensó en todo lo que había vivido junto a su madre, Sonia, Alec y... y el tío Xander, el tal vez sabía algo referente a los cazadores de sombras y sobre Barnabas el hombre que en estos momentos tenía cautiva a su madre. Quiso llamarlo pero el cansancio y el sueño no le permitieron. En vez de eso se sumergió en una visión. Se encontraba dentro de una habitación, en ella había alguien encadenado, solo que no era alguien cualquiera, era un ángel, al verla emitió un grito, Kelley se tapó los oídos y se vio sumergida en agua, se impulsó hasta la superficie y se dio cuenta con asombro que se encontraba en un río. Había una embarcación cerca, un hombre la tomo por la cintura y los marineros la ayudaron a subir. Ya en la proa se volvió hacia el hombre que le había salvado de las aguas y se dio cuenta con asombro que aquel hombre era el tío Xander.

- ¡Despierta! – me dijo. El tío se fue alejando sin darme la espalda. Estaba retrocediendo. Mientras yo avanzaba él retrocedía cada vez más hacia el final de la embarcación. – Kelley tu eres mi hija. – murmuro y se lanzó al agua. Trate de alcanzarlo pero todo se volvió negro.

- ¡No! – grite.

Alguien me tomaba la muñeca suavemente, me volví para observar quien era. Sonny.

- Lo siento, no quería despertarte pero tratabas de golpearme. – murmuro.

Me sentí sonrojar, no trataba de golpearle, solo trataba de alcanzar al tío Xander y saber la verdad, el sueño había sido muy real y estaba nerviosa.

- No tienes por qué disculparte. – le dije recostándome nuevamente, me di cuenta con asombro que me encontraba dentro de otra habitación. La observe con estudiado cuidado. – Antes te agradezco por despertarme.

Él se sentó a mi lado en la cama, aún tenía mi muñeca entre sus manos y rozaba mi cicatriz con sus dedos. A la luz de la luna sus cabellos dorados tomaban un tono plateado y sus ojos parecían guepardos al acecho.

- Tuviste una visión. – murmuro Sonny. – Yo también la pude ver. Ese hombre es el hermano mayor de Barnabas, aunque tienen una gran diferencia, mientras Barnabas tiene sangre Nephilim, es decir sangre de ángel y humano, William tiene sangre de ángel y eco. Un eco es una raza ya extinta, de la cual solo existen centenares de ellos alrededor de la tierra, se caracterizan por extremada belleza y rapidez, son traslucidos y carecen de sangre, los que tienen sangre pura de eco, son inmortales mientras que otros de sus generaciones pueden morir apenas sean heridos levemente, su piel es muy sensible y tienen grandes habilidades en el agua. En la visión él dijo que tú eras su hija, tal vez tuvieron algún romance mientras Jocelyn estuvo casada con Barnabas y estuvo con tu madre, ahora es por ello que Barnabas te quiere, porque sabe que tú eres la hija de su hermano y puedes ser una gran carnada para William como lo es Jocelyn Winsllow.

CAPÍTULO VII

KELLEY

Si apenas comprendía quien era el famoso Barnabas ahora menos entendía a William, el hombre que siempre pensé que era mi padre no lo era de un día para otro, era otra de las mentiras de mamá. Ahora me enteraba de que mi padre realmente era Xander, a quien creía mi tío.

- ¿Qué hacías durmiendo en la Biblioteca? – preguntó Sonny con un movimiento desaprobatorio. – Pudiste haberte quedado en cualquier habitación. Hay infinitas en el instituto. – me observo por un momento, sus ojos fríos me recorrieron por intensos minutos, su boca se curvo en una sonrisa.

- Lo siento. – dije. – No quería molestar, pensaba en irme con Sonia pero realmente ya no estoy segura de sí hacerlo o no, ya no me siento bien a su alrededor sabiendo todo lo que me ha ocultado. – baje la mirada al suelo, pero podía sentir su mirada inquieta.

- Ella no tenía idea de quien eras realmente Kelley. – comentó. – Ella te quiere, la conozco mejor que tú. Es una mujer soberbia pero tú la ayudas a cambiar esa actitud. – siempre me había gustado saber que tenía dominio sobre las actitudes de mi amiga. Pero no sabía que era tan notorio.

- ¿Puedo quedarme aquí? – pregunte. Sonny asintió y sus ojos se volvieron más suaves.

- Por supuesto. Todo cazador de sombras puede buscar ayuda en este instituto, siempre y cuando cumpla con las normas. – fruncí el seño y él sonrió, la clase de sonrisa que lo ilumina todo. – Bromeaba. – dijo al ver mi expresión. – Tú puedes quedarte el tiempo que quieras y más cuando sabemos que corres peligro. – me tomo la mano. – Respecto a lo de William, no le comentaremos a nadie que eres su hija, será un secreto entre nosotros dos.

Asentí. Eso me tranquilizaba por el momento. Sonny sabía demasiado y era el único en el instituto en quien podía confiar, Rixon era más bien intimidante y aún no había podido conocer a los hermanos Armstrong. Sonny hablaba demasiado de ellos y sobre todo de un tal Maddux, aun no lo conocía pero por lo que había escuchado, era un hombre muy coqueto.

Sonny entró en la habitación, traía consigo sabanas limpias y varias almohadas, me sorprendía que un hombre fuese tan ordenado.

- Gracias. – murmuré.

- No es nada. – después de lo dicho salió de la habitación y regreso momentos después acompañado de una bandeja con lo que al parecer era chocolate caliente y panecillos.

- Debes tener hambre. – exclamo. Después de lo que había pasado se me había olvidado comer algo y ahora tenía un hambre de muerte. – Asentí levemente. El dejo la bandeja en la mesa que quedaba a un lado de la ventana y me invito a sentarme junto a él.

- Toma. – me tendió una taza de chocolate y un panecillo.

- Ya has hecho demasiado por mí, Sonny, no sé cómo voy a pagarte todo lo que has hecho por mí...- el me coloco su dedo índice en mitad de los labios, impidiéndome seguir hablando.

- Lo único que quiero de ti, es que seas obediente y que me asegures que no vas a salir del instituto por el momento. Mientras tanto voy a ir enseñándote técnicas de defensa, estoy seguro que Barnabas está planeando algo en contra de nosotros.

- Esta bien. – murmuré tomando un sorbo de chocolate.

- Cuéntame sobre ti. – dijo. - ¿Qué haces en tu tiempo libre?

- Dibujar. – fue lo único que dije. – Estuve estudiando francés durante dos años, mi madre manejaba muchas técnicas en arte y me enseñó a dibujar paisajes al principio pero luego empecé a dibujar rostros. – sonreí al ver que él me miraba nuevamente embobado. – Ahora, dime tú. ¿Qué haces en tu tiempo libre?

- Eh... – pareció pensarlo antes de contestar. – En la mayoría de las veces entreno, actualmente soy el mejor cazador de sombras de Nueva York, pero en otras ocasiones Maddux me convence en ir al bar Pandoranium, a divertirnos un poco, él es un hombre, ¿cómo te digo?... muy extrovertido, le encanta coquetear por lo que se busca tanto chicas para él, como para....mí.

Debía habérmelo imaginado un chico tan atractivo debía tener novia o aunque sea una que otra aventura.

- ¿Tienes novia? – pregunté.

- No. – me observo y me devolvió la pregunta. Mi respuesta fue la misma.

- Y ¿Alec? – lo menciono.

- Alec es solo un amigo, le aprecio pero solo le quiero como a un hermano y yo sé que él me quiere de la misma manera.

- Por lo que dijo Sonia, sobre él, pensé que...

- Pues pensaste mal. – exclame, dejando la taza en la bandeja y dirigiéndome a la cama, me recosté sobre mi espalda y observe el techo. Después de un rato de silencio, escuche que él se levantaba. Volví la mirada hacia él. Se acercó a mí y se sentó en la cama.

- Creo que Sofía tiene algunos pijamas guardados, son de talla pequeña por lo cual creo que te quedaran. – dicho esto se alejó por el pasillo, sus pasos resonaban en el vacío de la oscuridad.

Me acomode en la cama, de manera que quedaba en la mitad de esta. Mis pensamientos viajaron a lo que Sonny había dicho, el frecuentaba el Pandoranium y hasta ahora no me había percatado. Nuevos pasos se escucharon a través del pasillo y deje de divagar tanto sobre el pasado. Sonny entro al cuarto llevando un pijama en sus manos.

- Espero que sea tu talla. – me la tendió y se alejó. Lo observe detenerse en la puerta. – Buenas noches. - Murmuro sin mirarme siquiera.

- Buenas noches.

Entre en el cuarto de baño y me probé la pijama, era justo de mi medida. Aunque no me gustaba usar pantalones cortos, serviría por el momento. Me quite el moño y deje que los rizos rodaran por mis hombros que me había hecho mientras entraba en la Biblioteca momentos antes. Esparcí agua por mi rostro, mientras me secaba con una toalla, me lastime la herida de la frente. Por lo que le había escuchado decir a Sonny, los cazadores de sombras, tenían en su poder runas curativas. Me observe en el espejo, la sangre había comenzado a bajar a través de mi mejilla izquierda, la limpie y salí del cuarto de baño, dirigiéndome a la puerta, me interne en la obscuridad, sin saber dónde quedaba la habitación de Sonny me opte por dirigirme al pasillo de la derecha, entre todas las puertas cerradas, había una semiabierta y de ella salía por una rendija la luz de las lámparas de la habitación, me acerque sigilosamente y observe por el espacio de la puerta entreabierta. Sonny estaba recostado sobre su espalda y tenía los parpados cerrados, tal vez se había quedado dormido, al igual que el yo también estaba exhausta, decidí volver al cuarto pero en vez de eso me vi abriendo minuciosamente la puerta, en la mesa de noche que quedaba al lado de su cama se encontraba un objeto que irradiaba luz, tal vez esa era la estela con la que me había dibujado la runa curativa, por lo que recordaba, era el mismo objeto que Sonny había utilizado para trazarme una marca en la muñeca.

Justo cuando lo iba a tomar entre mis manos, una mano me atrapo fuertemente el brazo, Sonny aún tenía los ojos cerrados y su expresión era seria. Trate de zafarme de su brazo pero en vez de eso logre que él me tomara por la cintura y me tirase a la cama. El peso de su cuerpo me obligaba a tener una respiración agitada.

- ¿Qué haces en mi cuarto? – pregunto en tono malhumorado.

- Lo siento... venía a...

- No quiero que toques mis cosas. ¿Me entiendes?

Asentí. Trate de salir de su agarre pero él estaba decidido a no dejarme ir tan rápido.

- No me conoces Kelley, cuando soy bueno, puedo ser bueno y cuando soy malo soy mucho mejor. No me gusta que husmeen en mis cosas y menos una completa desconocida como tú, puedo hacerte cosas que...

- ¿Qué tipo de cosas? – pregunte tratando de retarlo. Hace unos momentos había conocido a un Sonny dulce y atento, ahora conocía su lado oscuro, a un Sonny altivo y burlón.

Se levantó de la cama y justo cuando pensaba que me iba a sacar a patadas de su cuarto me tomo fuertemente y se dirigió a la ventana donde me tomo de las caderas y me sentó en estas, nuestros rostros quedaron a la misma altura, yo le mire retadora, mientras el me miraba tentador. Puso sus manos a cada lado de mis caderas, pude sentir su aliento cerca de mis labios, que se encontraban a pocos centímetros de distancia de los míos.

- Deberías dejarme ir. – susurre, mi corazón latía a mil. – Esto no está bien y lo sabes, apenas nos conocemos, tengo que irme... - dije tratando de salir de su embrazo pero lo único que logre fue que él me acercara más a su cuerpo.

- ¿Ir a dónde? – pregunto, acercando su rostro al mío. Pude sentir su aroma a nieve, sudor y un poco de sangre. Su aliento tibio rozo mi oreja y cubrió mi piel con un escalofrío. - ¿Aquí? – pregunto rozándome la cien con sus labios. – ¿O aquí? – sus labios viajaron a mis hombros, un deseo invadió mi cuerpo. Sus labios subieron a través de mi cuello, acariciando mi piel y llenándome de un cosquilleo tentador y aterrador a la vez. Me sorprendí al escuchar mi propio jadeo a través de la respiración agitada y entre cortante de Sonny.

Cuando su aliento quedo en mis labios, sentí que el mundo no existía, solo éramos Sonny y yo.

- Si quieres que me detenga, dilo ahora. – Acerco su boca a la mía y justo cuando estas se iban a rozar alguien abrió la puerta con un gran estruendo.

- Sonny. – era un chico, de más o menos dieciocho años. – Hemos encontrado a William.

***

Todo había salido mal, después de que había dejado a Kelley en su cuarto, decidí descansar pero el sueño no venía a mí, en cambio, habían emociones dentro de mí que no me dejaban en paz, ciertos sentimientos o mejor pensamientos que me pedían que la buscase y la besase pero no encontraba el objetivo de ello. Pero fue justo en ese instante en que ella entro en mi habitación, pensando simplemente que estaba dormido cuando me deje llevar por esa pasión desbordante que estaba sintiendo por ella. No fue que me hubiera enfadado porque husmease en mis cosas, tan poco se podría decir que me hubiera agradado del todo, pero sirvió para poder sentirla cerca y dejarme llevar por la pasión y el deseo que me invadía, me sentía tan bien explorar su piel y recorrerla con mis labios y justo cuando iba a probar de los suyos, Maddux irrumpe en la habitación, aunque su excusa para entrar de aquel modo tiene demasiada importancia no me basta con mirarlo fríamente. Desde que la conocí sentí cierta atracción por ella que fingí querer protegerla, aunque nuestra línea de sangre era diferente o alterada, no me fije en las consecuencias que ello podría tener, solo me importaba tener su confianza y llegar a poder tenerla. Ahora podía comprender porque realmente Maddux me llamo imprudente cuando teníamos cinco años y su padre ya nos estaba enseñando a disparar.

- ¿Dónde está? – le pregunte a Maddux. Observe como Kelley respiraba con normalidad nuevamente y se recostaba en los cristales de la ventana. Al ver que yo la observaba, Maddux dirigió su mirada hacia donde yo dirigía la mía.

- ¿Interrumpo algo? – pregunto consciente de que lo hacía. No me di cuenta cuando Kelley se bajó de la ventana y pasaba a mi lado dirigiéndome una mirada agria y llena de resentimiento.

- No interrumpías nada. – exclamo ella, justo cuando yo respondía. - <<Sí que lo interrumpías>>

- ¿Dónde está William? – preguntó ella, volviendo a repetir la pregunta que yo había formulado con anterioridad.

- En la Biblioteca. – respondió Maddux, cuando Kelley lo observo detenidamente y le tendía una mano.

- Un gusto en conocerte, Kelley Winter. – dijo ella, con una sonrisa coqueta. Peine mis cabellos rebeldes hacia atrás disimulando la oleada de celos que me estaba invadiendo y que no puedo explicar, a pesar de lo mucho que me atraiga Kelley apenas si la conozco.

- El gusto es mío. – responde Maddux, tomando la mano de Kelley y acariciando el dorso de esta con su pulgar. Una tosecita indisimulada se me escapa, atrayendo las miradas de ambos. – Maddux Everdeen. – lo veo coquetearle con su sonrisa perfecta, parece pensárselo dos veces y añade: - No rima mi nombre pero el de mi hermana sí. – se echa a reír para sus adentros y Kelley le acompaña con una grata sonrisa.

No sé de qué hermana está hablando, tal vez es parte de su teatro para lograr seducir a Kelley, así que no le creo lo respecto a ella, aunque no puedo disimular que me intriga.

- Será mejor que vayamos a la Biblioteca. – digo de una vez por todas, me molesta ser testigo de tanta melosería.

- Tienes razón. – dice Maddux que le ofrece su brazo a Kelley. – Señorita, si me permite. – comenta todo galante, Kelley lo observa por determinantes instantes y al fin acepta su brazo. – Gracias. – murmura ella. – No hay de qué. – respondió él. Lo que me hacía más furioso aún.

CAPÍTULO VIII

SONNY

Me molesta tener que presenciar <<la escena romántica del año>>, a pesar de que Maddux es mi mejor amigo me molesta realmente que coquetee con Kelley de esa manera y más cuando apenas la conoce (exactamente, hace cinco minutos).

- Será mejor que vayamos a la Biblioteca. – digo de una vez.

- Tienes razón. – dice Maddux que le ofrece su brazo a Kelley. – Señorita, si me permite. – comenta mientras Kelley acepta su brazo. – Gracias. – murmura ella. – No hay de qué. – responde él.

Atravieso el pasillo a grandes zancadas, escuchando las murmuraciones de Kelley y Maddux que me siguen con envidiosa lentitud y grata compañía. Cuando llego a la Biblioteca tomo los dos pestillos y abro las grandes puertas de par en par para que ellos pasen después.

Acelero el paso y observo a Rixon y Bernard, alrededor de William, quien está sentado en el sofá en el que encontré dormida a Kelley. Lo observo con disimulada atención y me acerco minuciosamente, hasta que Rixon percibe mi presencia y me recibe con una sonrisa de oreja a oreja.

- ¿Sonny? – pregunta William, captando mi atención. – Pero... si eres idéntico a Christian Strasser. Tu padre estaría orgulloso de verte. – murmura, pero luego se arrepiente de lo que ha dicho, pero ya es tarde, porque ha vuelto a remover una herida que había permanecido cerrada por años. Aunque trato de disimularlo, ya él se ha dado cuenta. – Lo siento, acabo de enterarme de que Barnabas....- no pudo terminar la frase pero me alivia que lo hiciese, era mejor dejar las cosas así.

Dirijo la mirada al piso y me doy cuenta de que Kelley se encuentra a mi lado, puedo observar sus sandalias de tacón, al lado de mis grandes y lustrosas botas de cazador. Levanto la vista y observo como ella le dirige una mirada a William.

- Padre. – murmura, todos volvieron la mirada hacia ella y me di cuenta con tristeza que nuestro secreto se ha quedado en el olvido.

- Kelley, hija. – William se acerca a ella y la protege con sus grandes y fuertes brazos formando un abrazo. – temía que no hubieses recibido mi mensaje pero ya veo que lo hiciste y no sabes cuánto me alegro.

- ¿Le llamas a eso mensaje?– exclama Kelley irritada y echando su cabeza hacia atrás para ver a su padre más detalladamente.

- Lo siento querida. – murmura William, besando la frente de su hija con sumo cuidado.

Yo los observe confundido, Kelley me había dicho que su padre estaba muerto y que su madre hablaba muy poco de él, por lo que me parecía imposible que pudiese tratarlo de una manera tan familiar y confiable cuando apenas lo estaba conociendo.

- ¿Tu sabías que él era tu padre verdad? – pregunto con voz firme y alta para que todos los que se encuentren a mi alrededor se den cuenta.

- No. - exclama ella, aferrándose a su padre. Aún podía ver miedo y odio en su mirada hacia mí.

- Ella no lo sabía. – explica William que se separa un poco de Kelley para observarla a los ojos y secar con su pulgar las lágrimas que corren por las mejillas de ella. – Le hice creer que era su tío, que me llamaba Xander Winston, que era hermano de su padre. Realmente después de que Jocelyn escapo de la venganza de Barnabas, no volví a verla pero yo sabía que ella esperaba una hija mía, ella me lo había confirmado y habíamos planeado escaparnos pero todo el plan se vino abajo cuando Barnabas descubrió todo, permití que escapase y me quede en Escocia durante dos meses, no pude resistir esconderme más de mi hermano y viaje alrededor del mundo en busca de Jocelyn ella me había comentado que quería desaparecer, que quería ser libre y que nuestra hija también lo fuera. Un día antes de ella escapase de Escocia ella me había comunicado que quería venir a Nueva York y refugiarse en el instituto.

Así que viaje hasta aquí, llegue a Portland y trate de buscarla por todas partes, pregunte en una inmobiliaria ubicada en Coldwater por un coche y me dijeron que la Sra. Winter me iba a atender, hasta que la vi, hablamos durante unos largos minutos que pasaron a horas, compre un BMW negro año 2000 y espere a que saliera de su trabajo. Cuando llegamos a casa descubrí a esta belleza y pensé que era mejor que pensara que yo era su tío a que ella se enterara de la verdad de alguna que otra manera, ya que Jocelyn le había dicho a Kelley que su padre había muerto en un accidente de tránsito de vuelta a casa.

- Así pues, Jocelyn y tú eran amantes. - murmuro Rixon con mirada pensativa y haciendo un movimiento circular alrededor de su mejilla.

- Si tú lo entiendes de esa manera, bien. Pero Jocelyn y yo no éramos amantes, ella ya estaba separada de Barnabas, aunque no por lo legal, pero si por voluntad. En aquel tiempo ella estaba al cuidado del pequeño Christopher, Barnabas no soportaba escuchar al niño llorar así que constantemente le maltrataba, Jocelyn no aguantaba ver lo que hacía su marido con su hijo y me pidió ayuda. Barnabas acepto que ella se quedara en mi casa. Así que...

- Así que tú te aprovechaste de la confianza de tu hermano y te metiste en la cama con su mujer. - escuche burlarse a Rixon.

- No permitiré que le faltes al respeto a Jocelyn. Ella era una santa... - le amenazo William, pero Rixon le interrumpió.

- Santa lujuria. - exclamo Rixon por última vez cuando no vio a tiempo el golpe que se le venía encima, hasta que salió disparado por los aires y fue a estampillarse con una pila de libros.

- Sonny llévate a William y a Kelley a la cocina. Que tomen algo mientras se tranquilizan. - me ordeno Bernard, acercándose a Rixon que yacía inconsciente en el piso con libros a su alrededor y encima de él. - Yo me hare cargo de él.

-

Asentí.

- Vamos señor. - exclame. William tenía abrazada a Kelley. Que sollozaba en su hombro. - lamento todo esto. - Fue lo único capaz de decir.

***

Por una parte era gratificante saber que Xander era mi padre y que realmente se llamaba William. Desde que lo conocí siempre le había apreciado. En ocasiones .el me preguntaba qué pasaría si él fuese mi padre. Yo siempre le respondía que me encantaría. Ahora me doy cuenta de que he sido tan ciega. Que he tenido una venda en los ojos durante quince años. Pero ahora lo que importa es lo que va a ser de mañana y no lo que hubiera podido ser en el pasado, el presente es lo importante en estos momentos, al igual que encontrar a mamá.

- ¿Te encuentras bien? – pregunto mi padre, que en algún momento se había levantado sigilosamente y se había dirigido hacia la ventana, donde la luna lo bañaba con su luz.

- Sí. – mentí. – Solo estoy exhausta.

- Deberías ir a descansar... – se interrumpió, dándome la oportunidad de seguir.

- Este lugar es muy grande padre, no quisiera perderme por alguno de estos pasillos y...

- Yo puedo llevarte a tu habitación, Kelley. – Sonny estaba parado en medio de las grandes puertas de roble de la cocina, tenía los brazos cruzados contra su pecho y su espalda reposaba en el marco de la puerta. – Hay muchas en el instituto, tú puedes escoger la que más te guste.

- No gracias. – murmure con desprecio.

- Hija, necesitas descansar. - dirigiéndose a Sonny. - Sonny por favor, llévala a una habitación, que duerma por un rato.

- No necesito descansar, padre. Solo quiero encontrar a Jocelyn...

- La vamos a encontrar pero por el momento tendrás que ir a la cama, si no quieres estar agotada para la búsqueda de mañana. – no quería enojarme con mi padre en estos momentos, me sentía totalmente cansada. Por un momento asentí y deje que Sonny me ayudará a levantarme de la silla en la que me encontraba y me condujera por el pasillo hacía la habitación que me habían destinado.

***

Pasaron a través del pasillo que llevaba a las habitaciones del instituto, Kelley caminaba adormecida, durante largos momentos caminaba con los ojos cerrados y luego los volvía a abrir en diminutas rendijas, la luz de las runas que cubrían el pasillo eran bajas pero lo suficiente para poder ver hacía donde nos llevaban. Justo cuando llegamos a la habitación contigua a la mía. Kelley no se pudo sostener más y su cuerpo se derrumbó, a tiempo para poder tomarla entre mis brazos. Ella entre abrió sus ojos, que parecían rendijas y nos quedamos por un momento así, hasta que ella desvió su mirada hacia la puerta.

- Gracias por traerme. – murmuro tan bajo que apenas la pude oír.

- No hay de que, estas exhausta, debes descansar. – justo cuando murmure ello, ella trato de levantarse, pero sus piernas débiles no cedieron, así que la alce en brazos mientras la conducía a su habitación, abrí la puerta y me dirigí a la cama donde la deposite lenta y suavemente, cuando la observe cuidadosamente me di cuenta de que ya estaba dormida, sus párpados temblaban ligeramente. ¿Qué estarás soñando? Me pregunte. ¿En quién piensas en estos momentos?

Pose mis labios sobre su cien, su piel estaba fría, la cubrí con una sábana y ella se estremeció ante el tacto de la tela con su piel. La observe por un momento, cruzado de brazos, <<realmente es tan bella>>, pensé. Me di la vuelta con la intensión de dirigirme a mi habitación que quedaba contigua a la de Kelley, y vi una sombra en el marco de la puerta, me quede inmóvil observando como Maddux se acercaba a la cama y observaba a Kelley embobado.

- Es una mujer muy hermosa. ¿No crees, Sonny? – me pregunto por un momento, el mismo interrogante en aquellos instantes en que estuvimos husmeando en la casa de Kelley.

- La más hermosa que he visto. – respondí. Kelley se removió entre las sabanas y se acurruco más en medio de la cama, su respiración era tranquila y el sueño al parecer la había dominado por completo.

- Ven, amigo. – me puso una mano en su hombro. - Salgamos de aquí, Bernard nos mandó a llamar, al parecer Rixon ya despertó. – Asentí y me volví hacia él.

- Vamos. – dije.

- ¡Ese maldito me las va a pagar! – escuche a Rixon exclamar fuertemente. – ¡Mirad como me ha dejado!

- Tú te lo buscaste Rixon. – comente acercándome a Bernard. – Ningún hombre soporta que tomen a su mujer por una cualquiera.

- ¿Y no lo era? – pregunto.

- No. – exclame. – Enamorarse no significa ser un cualquiera, siempre y cuando algunos de los dos lo tomen como una aventura y por lo visto William no lo tomaba así, y Jocelyn tampoco. Ambos tomaban su relación en serio.

- Así es. – escuche una voz a mis espaldas.

William dio dos pasos al frente y se detuvo a mi lado, me observo con cariño y me susurro: <<Gracias por cuidar de mi hija>> Yo le di un asentimiento de agradecimiento.

El asintió paciente. Luego observo colerizado a Rixon que le devolvía la mirada igual de agria.

- ¿Seguimos el combate? – comento Rixon.

- Si vas a decir tonterías, es mejor que salgas de la Biblioteca Rixon, no soporto tu actitud... – no tuvo que seguir, la puerta se cerró de un portazo después de que Rixon salió.

- Bien. – murmuro Bernard por lo alto, con su total autoritarismo como director del Instituto de Nueva York. – ¿Dinos William, sabes a donde tu hermano podría haber llevado a tu mujer?

- No estoy seguro. – comento este con mirada pensativa y tocándose el labio inferior con la punta de su dedo. – Pero creo que él es dueño de una bodega a las afueras de Coldwater. No sé qué podrá estar planeando pero tengo miedo de que pueda hacerle daño a mi hija.

- ¿A tu hija o a tu mujer? – pregunto Maddux.

- A ambas, pero más a mi hija. – parecía desesperado y su rostro mostraba una fina capa de angustia y terror. – Kelley es especial, cuando Jocelyn estaba embarazada de mi hija, ella bebió de una copa que le entrego Barnabas, después de que planeáramos la huida, Jocelyn me confirmo las sospechas que tenía, la copa contenía sangre de ángel y de demonio. – se pasó los dedos por su cabello y no pareció notarlo. – Como todos los cazadores de sombras saben, un híbrido de shadowhunter/demonio, nace muerto, pero al estar la sangre del demonio entrelazada con la de eco, esta tomo fuerza, lo que indica que Kelley podría cambiar de forma, adoptar cualquiera de la de vosotros, ella no sabe nada pero es mejor que lo sepa desde ahora, además al tener el dominio de la sangre de ángel en sus venas, la lleva a crear nuevas runas, curativas, destructivas, transportadoras, portales incluso, por ello mi urgencia de encontrar a Jocelyn, sería una carnada, y Barnabas nos tomaría a nosotros como rehenes si llegamos a su bodega y tomaría a Kelley para hacer lo que se le antoje y más cuando sabe que ella es mi hija.

- Es decir que Kelley tiene varios dones pero no sabe controlarlos aún. Qué bien, no estoy seguro pero creo que escuche el caso de la Señorita Gray, de Londres, ella es de aquí de Nueva York, por si no lo sabía. – comento Bernard, que estaba recostado en el hogar, mientras avivaba unas cuantas brasas.

- Es un caso muy particular el de la Señorita Gray, podemos entrar en contacto con ella...

- Pero si la señorita Gray debe de estar muerta, ella...

- Theresa no está muerta Bernard, ella es inmortal, porque al ser la hija de un demonio con una cazadora de sombras que jamás recibió sus marcas, ella es una bruja, o bueno así es como la llaman, aún no hay mención para sus dones particulares, ella en estos momentos se encuentra en Londres, pero me imagino que Kelley no querrá viajar a ninguna parte así que será mejor buscar al brujo de Brooklyn.

***

- Es un placer recibirlos señores, ¿a qué se debe vuestra grata visita? – Exclamo Magnus Bane, de pie frente al umbral de su elegante casa.

- Es un caso en particular, Magnus. No creo que sea conveniente que hablemos aquí, ¿no crees? – comento William.

- Sí, será mejor que entren. – cedió abriendo la puerta lo suficiente para que entráramos y volviendo sobre sus pasos, mientras William, Bernard, Maddux y yo le seguíamos. Se decidió que Rixon se quedase en el Instituto para no tener que lamentar una pelea más entre él y William, además alguien tenía que cuidar a Kelley, no podíamos dejarla sola cuando Barnabas se encontraba al acecho.

- Necesitamos tu ayuda, Magnus. – Comento William quien estaba recostado avivando las brasas del hogar, en vez de preferir sentarse junto a nosotros en el gran salón de la casa. – Hemos escuchado sobre el caso de Theresa Gray, sabemos que la joven...

- Yo no diría joven. – le interrumpió Magnus. – Tessa tiene aproximadamente más de 150 años.

- ¿Tanto? – exclamo Bernard.

- Así es. – estuvo de acuerdo Magnus. – Theresa, se podría decir, era una bruja, su caso en particular era muy poco conocido, ella es la única en este planeta que tiene la posibilidad de cambiar de forma cuando le plazca, algo que beneficia demasiado a los nephilim.

- Theresa no es la única cambia forma en este planeta, Magnus. Mi hija tiene el mismo don, por ello venimos en tu busca, para que nos ayudes a entrenarla. Mi hermano secuestro a su madre, Jocelyn...

- ¿Jocelyn? Hay por el ángel, dime que esto no es cierto. Pero si Jocelyn es una cazadora de sombras con Marcas, como es posible que eso haya podido suceder, su bebe tuvo que nacer muerto...

- Eso es lo que estoy tratando de explicarte Magnus. – comento William interrumpiéndolo. – Kelley, tiene dos dones en particular, el primero es ser una chica cambia forma al igual que Theresa Gray, al ser un híbrido demonio/eco, pero también es un híbrido ángel/shadowhunter. La sangre del ángel es dominante en su ser, he ahí el por qué no murió realmente, ella no sabe nada de esto aún, por lo cual te pido que tomes las cosas con calma y me ayudes a convencerla, de que su don puede ser beneficioso para rescatar a su madre, por otro lado, el segundo don que tiene Kelley, es la creación de runas, tanto curativas como las poderosas para crear Portales, que nos tele transporten a otras dimensiones. Ahora ¿entiendes por qué necesitamos tu ayuda, Magnus?

Él asintió.

- Quiero conocerla. – fue lo último que dijo.

***

Varias visiones se apoderaron de mi mente, causándome un profundo y agudo dolor de cabeza. Todo me daba vueltas, veía a un ángel encarcelado en su misma forma mecánica, llevado por una mujer, el ángel siempre irradiando luz y poder. Luego otra segunda visión llego a mis pensamientos, el mismo ángel, salió de su forma en miniatura para tomar la real, provocando una explosión de luz, luego todo fue negro y una voz que me susurraba al oído: <<Kelley, Kelley, despierta>>.

Entreabrí los ojos, parpadeando varias veces para acostumbrarme a la oscuridad, alguien traía una piedra runa de la luz mágica en sus manos pero no podía ver quien era porque la luz me impedía ver su rostro.

- Kelley, vamos. Tu padre te necesita, todos están reunidos en el invernadero. Vamos. – Sonny me tomo por los costados suavemente y me saco de la cama.

- Mi atuendo no estoy vestida como debo...

- Te traje un poco de ropa de Sofía, eres un poco más alta que ella, pero no importa. – me la tendió y la tome, colocándola en mi regazo.

- Gracias. – murmure en voz baja. Él sonrió.

- No tienes por qué dármelas. – exclamo.

- Claro que debo. Tú eres el que se ha portado mejor conmigo en el Instituto. Bernard y Rixon son más restringidos. – ambos reímos. – Aunque lo que paso hace rato, yo...no...

- Lo siento. No era mi intención. – me dijo con la mirada en el suelo. – No quería hacerte daño, solo... estaba un poco confundido nada más. – me observo durante unos instantes y su mirada recayó por un momento en mi boca, la suya seductora y perfecta dibujo una sonrisa. – Será mejor darte privacidad. – dijo levantándose de la cama. - Estaré en el pasillo. – antes de salir, volvió la vista hacia mí. – No me debes las gracias Kelley Winter, antes te agradezco a ti por aparecer en mi vida. – después salió de mi vista, cerrando la puerta tras él. Me quede atónita recordando sus palabras.

- Gracias Sonny. – murmure en silencio.

Después de darme una ducha, vestirme con un pantalón negro de cuero, ajustado al cuerpo y un suéter blanco con detalles en colores negros y grises, me cepille el cabello y los dientes. Estudie mi reflejo en el espejo y sonreí con aprobación. Tome mi teléfono móvil y revise la hora. 3:50 a.m. Lo metí en el bolsillo del pantalón y salí. Sonny estaba en el pasillo, con la mirada en el suelo y los brazos cruzados en la parte baja de su espalda. Cuando cerré la puerta detrás de mí, el levanto la mirada hacia mí, me observo un momento, su mirada desviándose hasta mi cuello y bajando hasta mi cintura, para luego volver a subir a mi rostro y quedarse embobado mirando mi boca.

- ¿Vamos? – pregunte, desvaneciendo el silencio incómodo y su mirada que me parecía más íntima que hasta un simple beso en la boca.

- Vamos. – estuvo de acuerdo, me ofreció su brazo y lo tome. Atravesamos el pasillo y justo cuando las voces en el invernadero se hacían reconocibles él se detuvo y abrió su mano. En ella había dos piedras runas de la luz mágica. Deslice mi brazo del suyo mientras él tomaba una con una mano y la otra con la otra mano.

- Todo cazador de sombras debe tener su piedra runa de la luz mágica. – murmuro, acercándose a mí. – Quiero que tú tengas la tuya. – me ofreció la que tenía en su mano derecha. La tome entre mis manos, la luz se hizo más intensa. Cuando volví la vista para mirarlo, pude sentir su aliento cálido cerca de mis labios, ese beso que nos robó Maddux está aquí, pero se ve inevitablemente interrumpido por mi padre.

- ¿Kelley eres tú? – pregunta.

- Si padre, soy yo. – murmure observando a Sonny, quien tiene una mirada cargada de ternura pero de tristeza también, aparto la mirada y me condujo al invernadero. Entramos juntos.

CAPITULO IX

KELLEY

- Así que ella es la chiquilla de la que todos hablan. – murmuro un hombre alto y de tez morena, con ojos dorados que brillaban en la penumbra como los de un gato al acecho. Su cabello era muy oscuro a lo que las luces del salón le daban destellos azulados y vestía elegante pero exóticamente.

- Por lo que se, aquí no hay ninguna chiquilla. – comente seriamente y cruzándome de brazos. Podía sentir la pesada mirada de Sonny sobre mí, algo que realmente no sé si me gustaba o me asustaba.

- Eres igual que Tessa, valiente y necia...

- ¿Quién es Tessa? – pregunte interrumpiéndolo.

- Alguien que no conoces – dijo – pero que tiene ciertas habilidades muy similares a las tuyas.

- No sé de qué habilidades hablas, brujo. – comente. Aunque me tape la boca con la mano, ¿había dicho <<brujo>>? No sabía quién era ese hombre pero era obvio que el a mí sí.

- ¿Cómo sabes que Magnus es un brujo, Kelley? – quiso saber mi padre, y aunque no sabía la respuesta, <<el brujo>> Magnus se encargó de decirla por mí.

- Jocelyn – comenzó observando detenidamente la luna que se visualizaba más allá del cristal. – ella busco de mi ayuda, quería alejar a Kelley del mundo de las sombras – me observo detenidamente – pero al parecer no lo logre, hice un buen trabajo pero el destino no se puede revertir en la vida de una persona.

- Tessa le propuso a Jocelyn entrenar a su hija, para que ella pudiera aprender a cambiar, pero ella se negó, ella no quería que su hija sufriera como ella había sufrido en el pasado, y aunque se opuso, Tessa siguió insistiendo hasta que Jocelyn acepto la propuesta...

.... Theresa estuvo alrededor de un año en Nueva York, acompañada de su segundo esposo James Carstairs, quien justamente se llevó algo mío. – medito en sus pensamientos. - después de los entrenamientos, Theresa volvió a Londres, desde entonces vive en el Instituto y de vez en cuando viaja alrededor del mundo. Jocelyn acudió a mi nuevamente, buscando ayuda, con el fin de que Kelley olvidara todo lo que había pasado en aquel año de entrenamiento (todo lo relativo al mundo de las sombras) con excepción de su vida normal.

- Pero no entiendo, ¿por qué mi madre acepto que Tessa me enseñase, sí quería que olvidase todo?

- Como ya dije, ella quería que no te relacionaras con el mundo de las sombras, al final del año, tu nos escuchaste a tu madre y a mí en una conversación, yo le dije que no podía hacerte olvidar lo vivido durante ese año, porque de lo contrario tu no podrías diferenciar los peligros entre los dos mundos, en resumen, hablamos sobre todo lo relativo a los shadowhunter y tú te enteraste de todo, saliste de tu escondiste y le exigiste a tu madre una explicación del porque te estaba escondiendo cosas, fue en ese momento en que tu madre sin saber qué hacer, se le ocurrió hacer un intercambio, tu tendrías que dibujar una runa de olvido y tu madre te lo contaría todo. Así fue como lo hicimos, ella te coloco la runa en tu hombro, cuando tu madre te la dibujo esta tomo la forma de una estrella de cinco puntas. – me remangue la camisa y observe la estrella que mi madre siempre decía que era una marca de nacimiento. – juntamos tus recuerdos mortales nuevamente y los trasladamos en tu mente para que recordaras tu vida normal y así olvidases por completo al mundo de las sombras, tus habilidades, tu don de ser una cambia forma y sobre todo a Tessa. No fue muy sencillo pero lo logramos, aunque al final todo ha sido en vano ¿no? – dice apenado.

- Pero... mi madre no pudo haber hecho eso. Ella no tenía derecho a hacerlo, yo era quien había tenido que elegir en cuál de los dos mundos estar, no ella. Todo este tiempo... ella... me mintió. – murmure, luchando por no llorar pero las lágrimas me abrazan la garganta.

- Entiende que tu madre lo hizo por tu bien, mi vida. – murmuro mi padre contra mi cabello, mientras me resguardaba en sus brazos. – Ella no tenía ninguna intención de hacerte daño.

- Ello lo entiendo. – digo. – Pero por que no consultarlo conmigo, era mi vida, de igual forma ahora la verdad de mi existencia ha salido a la luz. Por qué arriesgarse a tanto para saber que lo puedes perder en tan poco tiempo.

- Tu madre no quería que lo supieras, hasta que fueses lo suficientemente mayor como para entenderlo. – comenta Magnus con la mirada fija en sus zapatos.

- Ya soy lo suficiente mayor como para entender esta situación, Magnus. – murmure zafándome del abrazo de papá. – Lo que le paso a ella en su pasado no tenía por qué repetirse en mí en un futuro, ello es ilógico. Si ella no hubiera hecho nada de lo que tú me has contado, tal vez ella estaría conmigo y papá. Y Barnabas no le tendría cautiva en quién sabe dónde.

- Ahora ya no importa el porqué de las decisiones de tu madre en el pasado Kelley. – dejo escapar su punto de vista Sonny, acercándose a mí, hasta quedar en frente mío. – Lo que importa ahora es el presente, tenemos que encontrar a tu madre, y lo que más importa tienes que aprender a utilizar tus habilidades para que nos seas de ayuda en la búsqueda. – Dirigiéndose a mi padre. – Bernard, Rixon y tú tendrán que entrenar por de aparte. – lanzo una mirada furtiva al brujo y continúo. – Respecto a ti, nos repartiremos los entrenamientos con Kelley. Tú le enseñaras como cambiar de forma en las mañanas y yo le enseñare a cómo defenderse con su cuerpo y luego con las armas en las noches.

Lo observe atónita.

Todo lo que estaba sucediendo parecía una pesadilla, de la cual yo quería despertar, pero que por lo pronto tendría que convencerme de ser fuerte y encontrar a mamá como fuese y lo más rápido posible.

Me parecía justo el que Sonny me entrenase, a pesar de todo y su temperamento fuerte, el era mucho más responsable, en cambio Maddux, por lo poco que había tratado con él, me daba cuenta de que no era más que un gilipollas, o un capullo como los llamaba Sonia, Maddux era el típico chico al que le gusta divertirse a cuesta de chicas ingenuas e ignorantes en el mundo que tanto él como muchos hombres están acostumbrando a visitar, estaba agradecida con Sonia, por de ella y de todos sus innumerables novios había aprendido a no confiar en los hombres como Maddux, los hombres en si eran crueles y canallas, menos su padre y Sonny, a pesar de lo que había sucedido con este último, no lo culpaba, pero aquel recuerdo le causaba más miedo que el infierno, aunque también tenía que admitir que le había gustado y mucho, sentía y sabía que él era diferente a su parabatai, Sonny era un hombre atractivo y llamativo para muchas mujeres en incluso para ella, pero era más reservado y tal vez la definición que ella tenía de él era la correcto, teniendo en cuenta con todas las chicas con las que había estado él y quienes realmente veían en Sonny Strasser solo una aventura de verano como los llamaba Kate Morgensten, el solo pensar en su enemiga le hacía recordar a Alec, viéndolo bien ahora le echaba de menos, en estos momentos el debería estar preocupándose por ella, sin saber donde podría estar y que había pasado realmente.

- Entonces que dices Kelley, ¿Aceptas que te entrenemos Magnus y yo? – me pregunto Sonny y sacándome de mi ensoñación.

Al final, asentí aprobatoriamente hacia Sonny y Magnus.

El brujo me sonrío, fue una grata sonrisa, la cual le devolví.

CAPÍTULO X

UNA SEMANA DESPUÉS

SONNY

Una semana después, muchas cosas sucedieron, el avance del manejo de los talentos de Kelley se llevaba rápidamente, había que aceptar que al principio a menudo se resignaba a tomar los entrenamientos de defensa, debido a que se encontraba exhausta y débil después de que Magnus prácticamente la obligase a cambiar a la forma de alguno de nosotros o inclusive de Sofía. Él nos dijo que Kelley podía convertirse, únicamente usando cualquier prenda o accesorio que la persona a la que se fuese a convertir utilizará.

Por otro lado, William, su padre la convenció de que tomará los entrenamientos de defensa, lo cual me animó a seguir adelante. Kelley era una novata muy interesante y dedicada, a sabiendas de los problemas que la agobiaban ella cada vez más se esforzaba por mejorar, sabiendo que con cada día más que pasaba, su madre pudiera estar en grave peligro.

Poco a poco con el paso de los días los entrenamientos fueron cambiando, comenzando por el lanzamiento de cuchillos, desde lanzar estos ha larga distancia, dependiendo como mejorara ella, luego de un par de días dedicados a el lanzamiento de estos, decidimos seguir con la manipulación de armas de fuego, utilizando envases de cristal para ver qué tan buena precisión tenía Kelley, y mientras los entrenamientos avanzaban con gran celeridad, nuestra amistad también fue ganando terreno, cada día más que pasábamos juntos nos conocíamos mejor y compartíamos grandes momentos, la lleve a conocer los alrededores del instituto, ayudado por Maddux (soportando su incomoda compañía), quien cada día que más que me veía pasar con Kelley se alejaba de mí, nuestra amistad se estaba debilitando debido a que ambos convivíamos en el mismo hogar con la mujer que se nos había robado el corazón.

Los días pasaban, y mi vida era un debato peligroso. Ya no sabía que elección tomar, no podía resignarme a perder a mi amigo pero ello costaría perder a Kelley y había aprendido a valorar su compañía, esforzarme al máximo para lograr sonsacarle una sonrisa de su bello rostro, pero lo que más me impresionaba era que Kelley, como había predicho William, tenía cierta habilidad para las runas, pues cierto día, durante el entrenamiento, mientras practicábamos combate con los cuchillos serafín, Kelley accidentalmente me corto en el antebrazo, inmediatamente me hizo runa a lo cual me negué rotundamente, pues para la clase de cortes como estos se debe practicar una iratze, pero ella necia como siempre, me dibujo una runa que jamás había visto. Durante nuestra infancia se nos enseñaba a conocer todas las runas, plasmadas en el libro de Enoc, pero esta no se encontraba entre ellas, esta era única y lo más interesante del caso, fue que la runa cerró la herida instantáneamente, cargándola de un brillo blanco que se desvaneció al igual que la cicatriz que era la prueba del hecho.

Después de lo sucedido no volvimos a tocar el tema, aunque la curiosidad por saber qué clase de runa era me llevo a dibujarla. Cierto día, en clase de entrenamientos aparecieron en la puerta, Maddux y Sofía, como siempre ella traía buenas noticias (las cuales se basaban específicamente en fiestas y bailes en los que asistían subterráneos y nosotros los nephilims).

- Chicos traigo buenas nuevas.

- ¿Dónde es la fiesta esta vez Sofía? - le pregunto impaciente.

- Bueno Sonny, yo solo quería distraerlos un poco, pero ya que están tan impacientes por saberlo, les informo que el anfitrión de esta fiesta no es nada más ni nada menos que Barnabas.

- ¿Barnabas? – pregunta Kelley nerviosa.

- Así es Kelley, al parecer hizo un trato de paz con la Buena Gente, para no causarle daño alguno con sus criaturas mecánicas y demonios de los lugares más recónditos del mundo de los demonios.

- Pero... ¿Cómo vamos a ir sin invitación? – pregunto de pronto Maddux.

- ¿Quién dice que no tengo invitación? – Sofía le devuelve como respuesta otra pregunta, mientras balancea en sus manos la tarjeta.

- Eres estupenda. - le digo y añado. - y esta vez lo digo en serio.

Después de hablar sobre el tema de la fiesta con Bernard y William, llegamos a la conclusión de que Kelley podría ser de gran ayuda, pues su talento para cambiar de forma, nos podría servir para distraer a Barnabas, aunque también podría ser muy riesgoso para ella y para todos, ella acepto con tal de recuperar a su madre sana y salva.

- Hare cualquier cosa, con tal de encontrarla. – dijo cruzándose de brazos y discutiendo con su padre.

- Prométeme que esta vez no vas a hacer una tontería. – le hizo jurar él.

- Te lo prometo, padre. – aseguro ella y se fundieron en un abrazo.

- Ahora que ya todo está decidido, y la fiesta es para dentro de tres noches, será mejor aprovechar el tiempo posible para hacer que salgamos victoriosos de este plan y recuperemos a Jocelyn. – comento Bernard, acercándose al hogar, estaba pensativo y con el ceño fruncido.

- Es hora de actuar.

CAPITULO XI

KELLEY

Los días transcurrieron en completa tranquilidad, todos nos encontrábamos ansiosos, con el pasar de las horas, la fiesta estaba cada vez más cerca y el miedo me carcomía las entrañas, sin importar ello, seguí adelante con el plan, no podía darme el lujo de no arriesgarme por mi madre y aunque ambas no tuviéramos una relación tan estable, ella era la persona en la que más amaba en este mundo y haría cualquier cosa con tal de mantenerla a salvo.

- ¿En qué piensas? – me pregunto Sonny a mis espaldas.

- Estoy meditando el plan de mañana, quiero que todo salga bien. – miento, aunque en parte es cierto.

- Todo saldrá bien, te lo prometo Kelley, ni a tu madre ni a ti les pasará nada malo, por el contrario, el plan saldrá de maravilla. – me anima con su prodigiosa sonrisa.

- Gracias por tu apoyo, Sonny. – le digo devolviéndole la sonrisa y dándome la vuelta para tenerlo al frente.

- Mi apoyo hacia ti es incondicional, Kelley y tú más que nadie lo sabes. – me dice con una sinceridad tan brutal que me ruborizo al instante. Me mira con tanta intensidad que tengo que apartar la mirada. – Pero más que apoyo, siento la necesidad de protegerte, sin importar los riesgos que corra por hacerlo y lo que pueda a llegar a ser de nosotros en un futuro.

- Tengo que irme. – le digo, sus palabras me producen una sensación confusa, entre el miedo y la felicidad, a pesar de los acontecimientos tan bochornosos sucedidos en días anteriores, he aprendido a apreciar su compañía y necesitar de él en todo momento, echándolo de menos cuando no se encuentra a mi lado.

- Pero hoy no hay entrenamiento.... – comienza a explicarme pero lo interrumpo.

- Lo sé, solo que quede de encontrarme con Alec en el invernadero. – bueno ello si no es del todo una mentira. – Quedamos en que me traería unos incisivos para Sofía.

- ¿Alec? Tu...

- Mi mejor amigo. – termino por él.

- Bueno... eh,... - comienza a alejarse. – Que te la pases bien. – dice y se va. Atraviesa la biblioteca a grandes zancadas y al llegar a la puerta, me da una última mirada y se pierde en la oscuridad.

Observo por la ventana, la noche se ha alzado para cubrirnos con su manto de oscuridad, solo falta un día para enfrentarme a la realidad de mi lema de sangre, solo falta un día para salvar a mi madre.

*

Después de que Sonny se fue, una figura atravesó las puertas del Instituto, afortunadamente era Alec, me alegraba verle de nuevo sano y salvo, un sentimiento de alivio se instalo en mi pecho y me hizo suspirar. Salí de la biblioteca a grandes zancadas y me dirigí al invernadero, al llegar me lleve una gran sorpresa.

Sofía estaba al lado de Alec, por supuesto sabía que ella era una mujer muy hermosa y atractiva y su singular coquetería acataba las miradas de cualquier chico. Estaba ligeramente recostada sobre Alec cuando entre al gran salón, por lo que sabía de Alec, el no era un don Juan y menos un gilipollas, pero he aquí el también coqueteándole de vuelta a ella.

Me acerque sigilosa y hable lo más neutral que pude:

- Interrumpo algo. – al percatarse de mi presencia, se separaron al instante.

- ¡Oh! Hola Kelley. – exclamo Sofía ruborizada. – No sabía que estabas por aquí.

- Acabo de llegar, - le informo y centro mi atención en Alec, que no me ha quitado la mirada desde que los sorprendí.

- Me alegro de verte Kelley. – dice rodeándome con sus brazos, puedo percibir el aroma de su piel, mezclado con el frío de la noche.

- Igualmente. – le confirmo. – No pensé que ya te conocieras con Sofía. – Le digo mirándolo incrédula.

- Acabamos de conocernos más bien. – argumenta Sofía desviando la mirada.

- Aquí tienes los incisivos que me pediste Kelley. – me los tiende.

- Gracias, pero realmente no son para mí, son para ella. – le digo mirándola mientras se cruza de brazos. – Pero ya que se conocen. – añado. – Los dejo solos para que platiquen.

No doy tiempo de espera a que me detengan, y aunque escucho las llamadas de insistencia de Alec, no me vuelvo, sigo mi camino.

Atravieso el invernadero y salgo al pasillo, afortunadamente hay piedras de luz en torno a él que alumbran mi camino, cuando ya voy a llegar a mi cuarto, escucho una música melodiosa proveniente del cuarto de Sonny. Es una música llamativa y tengo ganas de entrar, pero los recuerdos de la última vez que entre en ese cuarto llegan a mi mente y desisto de la idea. El solo hecho de recordar ese casi beso con Sonny me hace ruborizarme, pero las ganas de entrar a su cuarto y escuchar la música que produce el violín que seguramente está tocando hacen que pierda la batalla contra la razón.

Tomo el pomo y abro la puerta.

Sonny está sentado al pie de la cama, con el violín en su hombro y el arco en su mano derecha, la música es tan hermosa que cuando me recuesto en la puerta la cierro de golpe y él para de tocar.

- Kelley. – murmura. Tiene los ojos dilatados y el sudor corre por su frente y la camisa se pega a su clavícula y omoplatos.

- Lo siento, Sonny. Sé que me advertiste que no entrara a tu cuarto, pero es que te escuche tocar y... no pude resistirme. – confesé mirando al suelo ruborizada. Debería parar de hablar, solo estaba parloteando y... - Lo siento, discúlpame.

- No tienes por qué disculparte Kelley, además me alegro de verte, dijiste que estabas con Alec y....

- Alec está con Sofía en estos momentos. – le digo.

- Lo siento. – se disculpa.

- No tiene porque, además el es mi mejor amigo, no me molesta en absoluto que él quiera hacer amigas. – le confirmo.

- ¿Entonces el no te gusta? – me pregunta.

- ¡Claro que no! – exclamo, me parece tan obvio, desde el principio le deje claro que entre Alec y yo no había más que una amistad. - ¿Por qué piensas eso? – quiero saber.

- No lo sé, por un momento pensé que tal vez ustedes tenían...

- Pues pensaste mal, entre nosotros no hay nada, además no entiendo porque sigo dándote explicaciones cuando no tengo que hacerlo. – le digo y me doy la vuelta para salir de su habitación, pero antes de abrir la puerta el ya a cubierto la distancia que nos separaba y tiene su mano sobre la mía que se encuentra en el pomo de la puerta. La palma de su mano me está quemando, pero es un dolor bienvenido y... quiero este... dolor.

- No quería que te enfadaras Kelley, perdóname ¿quieres? No era mi intención pensar que tú guardaras sentimientos hacia él, pero ¿podrías quedarte? – me pregunta.

Su pregunta me toma por sorpresa y aunque al principio lo tomo para mal y hago un gesto adusto, él niega con la cabeza y me indica el violín que ha dejado encima de la cama.

- Te estuve componiendo una melodía, ¿quieres oírla? – me pregunta. Su mirada refleja inseguridad y esperanza, su intención de hacerme sentir mejor me hace olvidar del enojo y acepto.

- Esta bien. – le respondo.

CAPÍTULO XII

SONNY

<<Me está dando una oportunidad>> pienso, mientras tengo la esperanza de que ella pueda perdonar mis errores del pasado.

La invito a sentarse en la cama, mientras yo tomo el violín y me detengo al frente de la ventana, la luz matinal de la luna entra con todo su esplendor y ella me mira, como aquel día en que le entregue como derecho de todo cazador de sombras una piedra runa.

Pongo el arco sobre las cuerdas del violín y empiezo a tocar.

Una melodía dulce y bella como la musa de mi inspiración que a la cual le he compuesto estas notas en las que le declaro todos los sentimientos que siento por ella y que no me permito negar más. Lágrimas afloran en sus ojos y comienzan a surcar sus mejillas sonrosadas. En esta composición he puesto todo el amor y los sentimientos que guardo hacia ella, quiero que sepa por qué la estoy protegiendo y resguardando con todo el cuidado y la seguridad del mundo, en esta canción pongo mi corazón, mientras cada nota específica nuestra miradas cruzadas, el día en que inusualmente por cosas de la vida nos conocimos, los entrenamientos durante las tardes, y todo el tiempo en que llevo amándola en silencio por miedo a que ella me rechace.

Cuando termino, dejo escapar un suspiro que no sabía que tenía atrapado en mi garganta. Respiro hondo y la observo, mientras ella llora y trata de secarse las lágrimas con sus pequeñas manos, tiene los ojos cristalinos y dilatados de tanto llorar, y sus mejillas sonrosadas la hacen verse más hermosa de lo que realmente es.

- Es hermoso. – me dice, el sentimiento que me envuelve tras esas palabras es glorioso. – No puedo creer que una melodía sea capaz de declarar tantos sentimientos a alguien de esta manera, gracias, Sonny.

Dejo el violín en el armario junto al arco y me traslado al pie de la cama, la observo detenidamente, y me pregunto si soy digno de ella. <<Tal vez no>>, pienso, pero me digo que valdrá la pena porque ella también me ama.

Estoy en frente suyo, ella tiene la mirada baja y sus labios convertidos en líneas, tiemblan constantemente, me arrodillo y la obligo a mirarme, las barreras que había formado para no acercarme a ella y no quererla de esta manera han sucumbido, por lo cual le limpio las lágrimas, levanto su mentón y la beso.

Un beso sutil y desesperado, un nuevo comienzo para ambos ahora que todo es tan complejo, cuando la tragedia y el dolor está a punto de atraparnos en un mundo de diferencias y verdades.

CAPÍTULO XIII

MADDUX

Maddux Everdeen, se encontraba en la antigua casa de Kelley, aquella que fue incinerada por el mismo con ayuda de Sonny. Su mejor amigo guardaba sentimientos hacia aquella joven que también había cautivado su corazón y eso tampoco podía tolerarlo, porque además de ello Kelley era su hermana. Sonny siempre era el hombre atractivo y querido por todas, pero esta vez el no ganaría la pelea.

Barnabas se acerco a él y con voz neutra como siempre le dijo:

- Quiero que la tengas para mí, Christopher. – tenía una mirada fría y un hoyuelo se formo en su mejilla a causa de su siniestra sonrisa.

- Así será, Padre. – le asegure. – Kelley estará en tu poder mañana en la noche.

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