Amo ver el mar. Por más frío que haga. Es tan pacífico.
Un grito agudo rompió mi paz. Me doy vuelta y veo a Annie corriendo hacia mí, lejos de Leo, con sus pequeños bracitos estirados para que la alce. Yo abro mis brazos, esperándola.
-Hey, Annie ¿Qué pasó?- Su pequeña carita estaba fruncida en un gesto de enojo. – Leo, me tiró el pelo. Y dijo que me tiraría al mar y que nunca me iban a encontrar.- su carita de ira iba desapareciendo mientras lo decía y un pequeño y tierno puchero tomó su lugar.
- ¿Y tú le crees? Ese niño no es como nosotras, no hay cosa que le aterre más que el agua. No se acercaría lo suficiente como para empujarte.- me sonrió porque sabía que tenía razón.
- Entonces ¿puedo empujarlo yo al agua? – me lo dijo con cara de tierna, pero la conozco es un diablillo.- No, no puedes. ¿Vamos a comer algo?- Si hay algo que Ana no tiene a sus 4 años y no tendrá luego, en concentración.
-¡Siiii!- Se removió en mis bazos así que la baje. Fue con Leo, mi otro hermano pequeño de 8 años y con papá. Mamá se fue a comprar algo con Alex, el más grande grano en el culo que puede existir, pero lo quiero, aunque ni muerta se lo digo.
Hoy salimos a dar un paseo por el puerto. Vivimos en West Bay, Canadá. Así como ahora, parecíamos todos normales; un padre y sus tres hijos caminando por el muelle, esperando a su esposa y a su otro hijo. Pero no éramos normales. Nunca lo fuimos, ninguno de nosotros, salvo mamá.
Mi papá David Hemsworth, es un vampiro.
Si, un vampiro.
No, no estoy loca.
Mamá se enamoró de él hace 20 años. Por ese entonces, ella tenía 19 años y él 195, aunque aparentaba unos 35; La edad que tenía cuando lo convirtieron. Pertenecemos al Clan Fraser, un antiguo y poderoso clan de las tierras altas. Cuando mi padre recién se convertía, era un salvaje con todas las letras, hasta que se encontró con ellos, quienes lo ayudaron.
Elizabeth Black, más conocida como mamá, tuvo un accidente de auto mientras iba de camino a la universidad, bueno más bien, papá lo tuvo, porque ella lo atropelló a él. En fin, David se enamoró, cita, mamá grita porque se entera de la verdad, lo sigue amando igual, se casan me tienen a mí. Son extremadamente felices hasta que aparece la mini bestia, que dicen es mi hermano, y CUATRO bestias más después de él. ¿Cuatro? Sí, cuatro. Entre Alex y Leo hay dos gemelos que me vuelven loca, Marc y Christopher. Ellos no está con nosotros porque están en una clase de no sé qué cosa y, además no les gusta el mar.
-¡Analiz! –Jesús, porque me tienen que llamar gritando.
Mamá llego con Alex y un montón de bolsas así que me alejo de la orilla y voy con ellos.
-Ana, ¡no sabes lo que te compré!- Me dice, mientras caminamos al auto para volver a casa. Me encantan los regalos. -¿Qué? ¿Ropa? ¿Zapatos? Me encanta esto.- intente sacarle una de las bolsas y me dio un manotazo.- ¡Oye, espera hasta que lleguemos a casa! -Le pongo cara de indignada, odio que me hagan esperar para los regalos. – ¡Mamá! No es justo ¿por qué jugas así conmigo?- Le digo mientras sonrío, sé porque lo hace.- Oh sabes que me gusta hacerte sufrir, sube. – Ya habíamos llegado hasta la mini ban. Los chicos venían atrás de nosotras empujándose.
-Vamos, vamos. Circulen, circulen; no tengo todo el día esperándolos. – les digo mientras hago señas con el brazo como los hombres que dirigen el tránsito. Alex pasó último y me metió el dedo mojado con baba en la oreja.
- ¡Alex!¡Ugh, voy a matarte!- lo golpeé por todas parte mientras me subía atrás de él.
-Analiz, ya deja de pegarle a tu hermano.
-Él empezó, ¡me metió el dedo con baba en la oreja!- A mamá no pareció importarle.
- Me importa poco, se tranquilizan los dos o apago el wifi cuando lleguemos a casa.
-¡NO!- dijimos Alex y yo al mismo tiempo.- El wifi no, nos portamos bien, lo prometo.- Alex le puso cara de perrito mojado a mamá, porque sabe que la convence así.
-Está bien, pero estás advertidos. – Se dio vuelta y se aseguró de que los chicos tuvieran el cinturón de seguridad puesto, con eso arreglado, nos vamos a casa.
Antes, tenemos que pasar a buscar a cosa 1 y cosa 2, por la clase de karate. Desde la playa hasta casa hay como un kilómetro y medio. Largo viaje, pero eran las 5:30 pm ,un viernes de principios de verano y todos estábamos cansados así que fue un viaje tranquilo, incluso cuando entraron los gemelos a la camioneta. Gracias Dios, por haber inventado las clases extracurriculares.
La paz no duro mucho, ya que apenas nos bajamos, Alice y Leo volvían a tener energía. Entraron los dos juntos jugando a la mancha y corriendo como locos con mamá persiguiéndolos. Ella odia que corran en la casa. He perdido la cuenta de cuantas cosas antiguas y de valor, hemos roto todos, empezando por mí. Nunca fui exactamente un angelito, al menos cuando era pequeña.
Ahora toda esa energía no existe, pero sigo siendo igual de curiosa. La frase "La curiosidad mató al gato" está científicamente comprobada por mí.
-Mamá, me muero de hambre ¿qué vamos a comer?- Sí, puede que seamos hijos de vampiros, pero esto no es Crepúsculo. Tenemos que comer comida normal, aunque el verdadero sustento está en la sangre. Al menos de personas como papá. Vampiros puros, quiero decir. A mí y a mis hermanos, no nos hace falta.
-¿Ya tenés hambre? ¡Pero si acabamos de merendar!
- Oye, estoy en crecimiento mamá. Necesito estar bien alimentada. ¡Alimenta bien a tus pollitos, Elizabet!- le digo con cara dulce y vos de nena. Ella se ríe y aprieta mis cachetes mientras me abraza. –Lo sé pequeña, lo sé, ahora llamo al deliveri. ¿¡Quién quiere pizza!?- Esa pregunta causo un caos en el comedor, obviamente TODOS querían pizza.
-¡Si! Te amo mami.- le doy un beso en la mejilla y me voy arriba. - ¡Llámame cuando llegue la comida!
Subí las escaleras de dos en dos, y cuando caminaba por el pasillo, vi a Annie en su cuarto, sentada en la cama con sus muñecas. Esa niña es tan tierna, ella es bastante más tranquila de lo que fueron los demás a su edad y MUY DULCE. Es muy parecida a mamá, que digo parecida, es igual. Tienen el mismo pelo largo y rubio, los mismos ojos verdes y brillantes. Su cara redondita con unos cachetitos súper suaves y gordos. Es el sueño de papá, ya saben es la versión en bebé de mamá. Él dice que no tiene ningún favorito, pero todos sabemos que él la ama demasiado. Lo sabemos porque nosotros también lo hacemos. Se da cuenta que la estoy mirando y me da una sonrisa pequeña y brillante como el sol.
-¿Quieres jugar conmigo y Carly? – Carly es su muñeca favorita. Esta bastante raída porque era mía, me la compraron cuando tenía seis, y se la di a ella hace unos meses. La ama y siempre juega con ella, a pesar de que tiene las Barbies más lindas de todo el mundo.
-Claro que quiero jugar, ¿Dónde está Lily? Necesita una amiga con quien salir.
-Está en la casa de muñecas. – se baja de la cama con un saltito y se dirige hacia allí, pero cuando está a unos pasos se para en seco y me mira con una sonrisa y con los ojos bien abiertos.
-¿Quieres que hagamos una fiesta? ¡Carly tiene un montón de amigas!
-Buena idea pequeña. ¿Una fiesta de qué? Oh, espera ya se, podemos hacer una pijamada!
Su carita se iluminó como un sol.
(***)
-¡Chicos llego la comida!- No hacía falta que lo dijera dos veces, Annie y yo nos miramos y en dos segundos ya estábamos en la puerta. Todas las habitaciones de nosotros estaban en el primer piso, por eso cuando abrí la puerta me encontré con todos mis hermanos en el pasillo. En otras palabras esto es guerra.
Enfrente de mí estaban Marc y Chris, quienes fueron los primeros en salir corriendo.
-AH NO, ¡NI CREAN!- deje a Annie atrás porque ella siempre terminaba llorando en estas cosas, y me lancé sobre ellos, me abrí paso entre los dos empujándolos contra la pared. Mi próxima víctima fue Leo, el por lo menos se defendió, pero yo tengo más práctica así que al piso.
Y ahí estaba mi gran enemigo. Alex. Decidió huir en vez de pelear, pero yo no iba a permitir que se fuera. Me tire de palomita a su espalda y caí sobre él. Siempre le hago lo mismo ¿es qué no aprende? Pasé por encima de él, y fui escalera abajo al comedor. Entré tranquila como si nada hubiese pasado.
-¿Cuántas veces te he dicho que no los golpees?- me dijo papá sonriendo.
-Es que no me puedo resistir, son tan golpeables.
-Algún día vas a perder, lo juro.
-Alex ya acéptalo, soy mejor que tú en todo y nunca lo vas a poder cambiar. – dije diplomáticamente.
-Pff , si no te tiro al piso es porque no quiero, tengo muchas más fuerza que tú.- era verdad, pero me ama demasiado como para lastimarme. Su espalda es enorme y mide como 1,80cm y tiene quince años.
-Sí, campeón, ¡lo que tú digas!- dije con sarcasmo y le saco la lengua. Oigan tengo diecisiete años ¿que esperaban?
-Dejen de pelear y vengan a comer, ¿quieren?
Nos sentamos en la mesa de ocho personas. Amo tener una familia grande. Nunca hay tiempo para aburrirse, y aunque nos peleamos siempre, solo jugamos. Casi nunca nos peleamos de verdad. Iba por mi cuarta porción de una deliciosa pizza, cuando tocaron el timbre.
-¿Esperabas a alguien amor?- preguntó mamá.
-No hasta el lunes, no creo que llegue tres días antes.
-No importa yo atiendo, seguro es el chico de la heladería. – Me levante y fui hasta la puerta, no miré por la mirilla porque está demasiado alta para mi escaso metro sesenta, así que me limite a abrir la puerta.
Del otro lado no había un chico con granos y mi pote de helado.
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