Cita doble de cumpleaños

By InuKidGakupo

715 47 201

Sakumo y Kakashi tienen la tradición de autorregalarse algo especial en su cumpleaños. Este año, su objetivo... More

Cita doble de cumpleaños

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By InuKidGakupo

Comedia/fluff/familiar/humor/confesión de amor/Idiots in Love/Malentendidos/ primer beso/primera cita/regalo de cumpleaños/cumpleaños de Sakumo/cumpleaños de Kakashi/Kid Kakashi Hatake/Kid Maito Gai

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Fic por el cumpleaños de Sakumo (3 de septiembre) y Kakashi (15 de septiembre).

¡Mi amiga Turtles_Simp dibujó la hermosa, fantástica y súper adorable portada, la cual que añadiré al final del texto!

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¡POR FAVOR, NO OLVIDEVOTAR Y COMENTAR, LO ESTAREMOS TOMANDO EN CUENTA!

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Sakumo abre bien los ojos, pegando la nariz al cristal de su ventana cuando el cronometro en su mano derecha hace un suave ruido y la cuenta regresiva para su momento favorito del día comienza.

— Tres, dos, uno. Ahora. — Sakumo sostiene la respiración y mira atentamente al final de la calle, sintiendo que su corazón salta y que toda su piel se eriza cuando ese destello de verde brillante finalmente aparece delante de él.

Cada mañana a la misma hora y desde el mismo lugar, Maito Dai pasa corriendo delante de su casa, repartiendo paquetes a los vecinos antes de desaparecer del otro lado de la calle en una travesía que dura exactamente un minuto y que Sakumo ha cronometrado y vigilado cada día desde que se enamoró de él.

Por supuesto, Sakumo no planeaba enamorarse de él, pero un día Dai simplemente pasó delante de su casa y le dio una sonrisa feliz mientras Sakumo regaba las plantas, saludándolo mientras le decía que se veía tan fantástico como siempre y le deseaba un increíble y fantástico día. Claro, Dai era famoso por ser amable con todas las personas de la aldea y probablemente su saludo no fue nada especial, pero de pronto Dai comenzó a saludarlo con esa misma intensidad y calidez cada vez que se encontraban en el mercado, en la Torre Hokage, en algún puesto de vigilancia y frente a la academia ninja cuando iban a recoger a sus respectivos hijos. Sin darse cuenta, Sakumo comenzó a notar lo atractivo, buen padre, buena persona y dulce que era Dai, y antes de darse cuenta todos los días salía al patio con la única esperanza de saludarlo y compartir unas breves palabras con él.

Sin embargo, cuando Sakumo entendió que esa emoción que sentía cada vez que veía a Dai era amor, su cerebro entró en pánico. Sakumo era pésimo para el amor. De hecho, sospechaba que el amor era alérgico a él, y repentinamente comenzó a sentir miedo de arruinarlo todo y hacer que Dai lo odiara de alguna manera. Así que hizo lo que mejor sabía hacer y huyó cobardemente de la situación porque no sabía cómo acercarse a Dai de forma romántica sin ser un completo y vergonzoso desastre.

Excepto, claro, que huir no es exactamente lo que hizo. Sakumo siguió mirando atentamente a Dai cada día, solo que ahora lo hizo a escondidas, notando más y más cualidades de ese hombre con cada día que pasaba hasta que se enamoró perdidamente de él. Dai era tan... bueno, tan todo lo que el corazón de Sakumo ansiaba desesperadamente: atento, positivo, enérgico, pasional, amoroso, cálido, alegre y comprensivo. Dai era su pareja ideal. Pero ahora que Sakumo era consciente de eso estaba aún más asustado que antes, tanto que comenzó a evitar por completo a Dai porque ni siquiera sabía qué decir o cómo comportarse delante de él. Sakumo era realmente malo para ocultar o expresar sus sentimientos.

— Ah, Dai — Sakumo suspira soñadoramente y recarga la frente en su vidrio que muy convenientemente polarizó para que pudiera vigilar a Dai sin ser visto desde el exterior, lo que lo convertiría en un desagradable acosador sino fuera porque, luego de tanto pensarlo, Sakumo decidió que a pesar de su mala suerte en el amor le confesaría a Dai sus sentimientos.

Por desgracia... no tiene idea de cómo hacer algo así. Cada vez que reúne el valor y sale al patio para verlo pasar, ni siquiera puede responderle el saludo y se queda parado sin hacer nada. Cuando Dai lo ve frente a la academia ninja y trata de entablar una conversación, Sakumo solo responde asintiendo o negando con la cabeza como un robot. Y cuando Dai lo ve por la calle y agita una mano en su dirección en un saludo súper enérgico y amistoso, Sakumo finge que no lo ve y se da la vuelta.

Y aunque sabe que ninguna de esas cosas lo ayuda a conquistar a Dai, no puede evitarlo. Es demasiado tímido, demasiado cobarde y demasiado malo para iniciar una conexión emocional, por lo que probablemente su única opción es seguir espiando a Dai por el resto de su vida.

O al menos eso es lo que pensaba hasta ahora.

— ¿Qué es lo que querías decirme, papá? — La voz de Kakashi suena detrás de él justo cuando Dai desaparece del otro lado de la calle, haciendo que Sakumo finalmente se despegue del vidrio y gire hacia su pequeño hijo que obviamente ya está haciendo un puchero molesto y arrogante, como si ya estuviera cansado de la vida y de todas las personas a su alrededor y no fuera solo un bebé de cinco años de edad.

— B-Buenos días, Kakashi — Sakumo dice en un tono nervioso y le sonríe a su bebé, secretamente emocionado al verlo con su mochila puesta porque su hijo finalmente va a regresar a la escuela y entonces Sakumo finalmente puede poner en marcha el increíble plan que pensó.

Luego de unas largas vacaciones de verano donde Sakumo se dedicó a espiar a Dai mientras la vocecita aguda e iracunda de Kakashi se la pasaba quejándose de Maito Gai las veinticuatro horas del día, Sakumo se dio cuenta de lo que tenía que hacer.

Por supuesto, no es como que se la haya ocurrido cómo confesarle su amor a Dai, pero el primer paso para una relación es una conversación, y ahora que Kakashi va a tener su primer día de escuela, Sakumo sabe exactamente cómo lograr que Dai y él puedan compartir unas palabras más allá de un simple y cordial saludo.

— Necesito que me hagas un favor, Kakashi — Sakumo dice con un repentino golpe de seriedad y se arrodilla delante de su hijo, sabiendo que si no se apresura a hablar entonces Kakashi va a desesperarse, quejarse de su lentitud y abandonarlo aquí mismo para poder irse a la escuela él solo.

— ¿Un favor? — Kakashi hace un gesto inconforme, pero de todos modos se queda quieto para escuchar lo que Sakumo tenga para decir porque ante todo es un niño lleno de curiosidad.

— Sí — Sakumo asiente con temor y luego pasa saliva. — Necesito que golpees a Gai.

— ¡¿Qué?! — Kakashi jadea y lo mira como si estuviera loco, y probablemente el propio Sakumo piensa que eso es una locura y que definitivamente un padre jamás debería pedirle algo así de descabellado a su pequeño hijo.

Sin embargo, hace unos días fue su cumpleaños y entonces Sakumo puede hacer lo que quiera.

Desde que era un niño pequeño y desde que se dio cuenta de que jamás recibiría regalos porque no tenía amigos y porque su entonces existente clan era demasiado estricto, inventó una tradición especial para su cumpleaños.

Cada tres de septiembre, Sakumo podía hacer lo que quisiera; algo arriesgado, divertido, alocado, algo que jamás haría en condiciones normales, algo que fuera incluso en contra de las reglas y las normas, un evento increíble donde no aplicara la moral ni la ley.

Por supuesto, no es como si cada año Sakumo hiciera o tuviera ganas de hacer algo terrible e indecente, pero al menos era su motivación para ser un poco menos cobarde y cohibido y la mayoría de veces hizo una travesura a algún familiar, compañero, superior o vecino que había colmado su paciencia y lo había molestado el resto de los días del año.

Y esta vez, su plan incluye algo un poco cuestionable de lo que ya se está sintiendo mal.

— ¿Por qué quieres que lastime a Gai, papá? — Kakashi frunce el ceño y se cruza de brazos, mirándolo como si ya estuviera evaluando su salud mental y considerando la idea de llevarlo al asilo incluso si en realidad Sakumo todavía es bastante joven.

— N-No quiero que lo lastimes, simplemente... quiero que lo hagas llorar y que se queje con Kenji-sensei — Sakumo da un asentimiento feliz incluso si mencionar a Kenji-sensei le pone los pelos de punta.

El maestro de la academia de Kakashi es un Hyuga bastante estricto, frío, inteligente, calculador y aterrador. Cada vez que Sakumo ha hablado con él, ha sentido el más puro deseo de esconderse debajo de la cama como un niño pequeño, y en más de una ocasión, luego de recibir un regaño de Kenji-sensei ha tenido pesadillas espantosas. Sus ojos blancos típicos de su clan son algo que Sakumo no quisiera volver a ver nunca jamás en toda su vida y en el fondo está deseando que Kakashi se gradúe rápidamente de la academia ninja para no tener que volver a hablar con ese hombre.

Sin embargo, luego de pensarlo detenidamente durante las vacaciones, la actitud extremadamente estricta y controladora de Kenji-sensei es exactamente lo que Sakumo necesita para que su plan funcione.

— Necesito que hagas algo para que Kenji-sensei me llame a mí y a Dai-San a una junta extraordinaria. ¡Así que necesito que hagas llorar a Gai! — Sakumo asiente con entusiasmo e incluso escucha una canción nupcial en su cabeza, absolutamente seguro de que después de ir a esa reunión, ser regañado por Kenji-sensei y pedirle disculpas a Dai por el mal comportamiento de su hijo, eventualmente van a casarse.

— ¿Y eso para qué? — Kakashi angosta los ojos y lo observa como si ahora estuviera cien por ciento seguro de que Sakumo perdió la cabeza porque tanto su hijo como absolutamente todo Konoha saben lo mucho que Sakumo le tiene miedo a Kenji-sensei. — ¿Por qué quieres que mi sensei te llame a ti y al papá de Gai a una junta extraordinaria?

— B-Bueno, es que ese es mi autorregalo de este año — Sakumo dice y pasa saliva, sonrojándose tímidamente cuando su hijo lo observa con evaluación. — Yo... ¡solo quiero hablar con Dai-San!

La voz de Sakumo está llena de entusiasmo y, frente a él, Kakashi suspira y asiente como si esto tuviera todo el sentido del mundo y finalmente comprendiera qué es lo que su papá quiere lograr con esta locura.

Por supuesto, Kakashi está al tanto de los sentimientos de Sakumo por Dai porque su hijo es lo más parecido que tiene a un amigo, así que cuando Sakumo desvaría sobre lo mucho que Dai le gusta, el único que lo escucha es su pequeño y antipático bebé.

También, Kakashi conoce muy bien su tradición de cumpleaños y el ritual de los autorregalos. Después de todo, desde el primer momento en el que Kakashi nació y miró a Sakumo y al doctor como si fueran un par de incompetentes vergonzosos, Sakumo tuvo la seguridad de que su pequeño bebé tampoco tendría muchos amigos.

Por consecuencia, desde el principio le enseñó a autorregalarse cosas porque lo más probable es que lo único que recibiría de sus compañeros era un golpe en la cara... eso al menos en el mejor de los escenarios.

— Mhn, ya veo — Kakashi tararea con calma, pero luego sonríe con entusiasmo y da un pequeño saltito feliz hacia él. — ¡¿Eso significa que al fin le vas a decir que te gusta y que lo espías por la ventana todos los días, papá?!

Los pequeños ojos de Kakashi brillan con ilusión y mira a Sakumo con toda la admiración que un niño de cinco años puede poner en una persona, casi como si Sakumo se hubiera convertido en un increíble superhéroe solo por tener el valor de enfrentar al papá de Gai y finalmente decirle que le gusta.

Lamentablemente para el entusiasmo y la mirada soñadora de su hijo, Sakumo todavía no tiene el valor para decirle a Dai que durante cada segundo del día sueña con casarse con él.

— T-Todavía no, Kakashi, pero te prometo que lo haré muy pronto — Sakumo asiente con decisión y le sonríe a su bebé, evitando decir que por "muy pronto" quiere decir en aproximadamente diez años si todo le sale como lo planea. — Primero necesito hablar con él, y para eso, necesito que golpees a Gai.

Sakumo asiente y sonríe con entusiasmo incluso si decir eso en voz alta lo hace sentir la peor persona del mundo. A diferencia de su pequeño bebé, Gai es muy dulce, amable y tierno, y pensar en que Sakumo está enviando a su hijo a golpear a ese adorable niño casi lo hace reconsiderar su plan y arrepentirse de toda esta locura.

Por desgracia, en realidad no hay otra opción. Así que Sakumo tendrá que disculparse y compensar a Gai con muchos regalos una vez que se case con su papá, todos vivan juntos como una familia y adopten un perro, un gato, un cuervo, un ciervo, un sapo y un nuevo...

— Eso no va a funcionar — Kakashi dice con seriedad y se cruza de brazos, haciendo que Sakumo se ponga muy nervioso porque esto es lo único que se la ha ocurrido para acercarse a Dai en todo estos meses, y si eso no funciona, ¡entonces Sakumo realmente va a pasar el resto de su vida espiando a Dai por esa ventana!

— ¿Por qué dices eso, hijo? — Sakumo pregunta en un hilo de voz y pone sus manos sobre su pecho, tratando de que su hijo no se dé cuenta de que está temblando porque sabe que a su pequeño bebé le molesta mucho esa actitud cobarde.

— Mhn, bueno, eso es porque yo siempre le pego a Gai, así que ya está acostumbrado — Kakashi se encoge de hombros y agita una mano como si eso no tuviera importancia, y aunque Sakumo se altera y tiene la intención de regañar a su cruel bebé por golpear a Gai todos los días y luego decirlo de esa manera tan desvergonzada, Kakashi sigue hablando. — De hecho, a Gai le gusta que le pegue. Siempre me persigue por toda la escuela diciendo tonterías y pidiéndome que nos enfrentemos en un reto de fuerza para desafiar algo bobo sobre su juventud.

Kakashi gruñe y gira los ojos, cruzándose de brazos en una pose llena de enojo solo por pensar en Gai y en sus desafíos incansables, algo que a Sakumo le resulta muy tierno incluso si su hijo se la pasó quejándose de eso durante todo el verano como si no existiera ningún otro tema de conversación en el mundo.

— En ese caso... ¡haz otra cosa! — Sakumo dice y recobra el entusiasmo, pensando que si Kakashi ya golpea al pobrecito de Gai todos los días, entonces puede hacer algo mucho más suave y al mismo tiempo más efectivo para que el niño llore.

Después de todo, es cierto que Gai es más sentimental que débil. Así que su hijo puede hacer algo como pegarle un chicle en el cabello, tirar sus útiles, quitarle un borrador o incluso comerse su almuerzo, cualquier cosa que haga que ese niño llore y se queje con su profesor le sirve para que este plan funcione y muy pronto él y Dai sean el mejor matrimonio en todo Konoha.

— N-Necesito hablar con Dai-San incluso si solo es para disculparme porque te portaste mal.

— ¡¿Entonces puedo portarme mal?! — La emoción con la que Kakashi pregunta eso lo asusta un poco y lo hace reconsiderar sus palabras.

Una cosa era pedirle a su hijo que le haga una travesura a Gai y otra cosa muy diferente era permitirle hacer lo que quisiera. Kakashi suele ser un poco cruel y... excesivo. Y si Sakumo le permite portarse mal lo más probable es que no solo lo llamen a una junta extraordinaria, sino que también expulsarían a Kakashi de la academia ninja y a Sakumo lo bajarían de rango por haber permitido que su hijo hiciera tantas cosas perversas a sus compañeros en un solo día.

— ¿Por qué no lo tomas como tú autorregalo de este año, hijo? — Sakumo aclara su garganta y sonríe, aprovechándose de que el cumpleaños de su hijo está muy cerca y de que de todos modos Kakashi siempre se hace un autorregalo bastante creativo. — Solo por hoy, puedes hacerle lo quieras a Gai.

Sakumo asiente con decisión, corrigiendo sus palabras inmediatamente antes de que a Kakashi se le ocurra algo demasiado terrible como molestar a Gai durante todo el día.

— ¡P-Pero solo puedes hacer una cosa! — Sakumo da un asentimiento autoritario y lo señala a la cara como si quisiera reiterarle que, incluso si es un autorregalo de cumpleaños dónde no aplican las reglas, todavía hay un límite.

Sin embargo, Kakashi no parece preocupado por la cantidad de cosas que puede hacer porque la simple idea de poder hacerle lo que quiera a Gai lo puso absolutamente feliz. Peligrosamente feliz.

— ¡Eso es fantástico, papá! ¡No sabía que podíamos hacer eso en los autorregalos de cumpleaños! — Kakashi festeja con su vocecita aguda y da un par de saltitos alrededor de Sakumo. — ¡Pensé que solo podíamos comer pizza en la cama, dormir con la manada, no bañarse y guardar un mapache muerto en tu caja fuerte mientras tú estabas dormido!

— ¡¿Qué guardaste que cosa en dónde?! — Sakumo jadea con horror y mira hacia la puerta de su habitación, pensando en correr ahora mismo e ir a buscar ese mapache muerto o al menos lo que queda de él.

Sin embargo, ahora mismo no es momento de preocuparse por lo que su pequeño bebé guardó en la caja fuerte y mantiene la calma, volviendo a mirar a su hijo con una sonrisa temblorosa.

— S-Sí, Kakashi, puedes hacerlo.

— ¡Viva! — Su hijo brinca con más emoción y levanta los brazos con cada salto, dando de vueltas alrededor de Sakumo en una actitud feliz y eufórica que nunca antes había visto en su pequeño bebé.

Y eso solo lo hace pensar que entonces su hijo ya tiene pensado que es lo que va a hacerle a Gai, algo que seguramente lleva posponiendo mucho tiempo y que ahora finalmente puede hacer gracias a su autorregalo de cumpleaños.

Sakumo pasa saliva y considera la idea de preguntarle a su hijo qué cosa va a hacerle a Gai, pero quizá prefiere no oír que tipo de travesura planeó porque no quiere sentirse mal por él pequeño hijo de su futuro esposo y arrepentirse de su plan cuando está tan cerca de acercarse a Dai por primera vez en muchísimo tiempo.

— De acuerdo — Sakumo asiente para sí mismo y se pone de pie, haciendo que Kakashi se detenga incluso si no deja de saltar y sonreír de una forma un poco espeluznante. — Asegúrate de decirle a Kenji-sensei que iré por ti después de clases, así hará una junta extraordinaria con los dos y finalmente podré hablar con Dai-San.

— ¡Bien! — Kakashi grita con mucha emoción y da un último salto feliz antes de correr hacia la puerta, ansioso por irse a la academia como lo hizo el día de su inscripción. — ¡Vamos, papá!

La manita de su hijo se levanta en el aire hacia él, cerrándose y abriéndose con una impaciencia infantil que lo llena de ganas de abrazarlo y besarlo con mucho amor sino fuera porque probablemente su hijo está así de ansioso solo porque quiere hacerle una travesura terrible a Gai.

Pero, como ya lo dijo, una vez que se case con Dai va a compensarlo todo. ¡Así que no hay nada de qué preocuparse!

Sakumo da un asentimiento feliz y luego corre hacia su hijo, sosteniendo firmemente su mano antes de comenzar a caminar hacia la calle, ansioso por ver completado su plan.

[...]

Sakumo suspira hondo, limpiándose el sudor de las manos en su pantalón mientras trata de tranquilizarse y lucir como si este fuera un día normal y no como si estuviera a punto de sacar el corazón por la boca.

Pasó toda la mañana pensando en todos los escenarios posibles y en las cosas que dirá en cada uno de ellos para no arruinar las cosas con el amor de su vida y aprovechar esta oportunidad al máximo. Sakumo no puede equivocarse. Ya lo pensó absolutamente todo y no hay forma en la que exista un escenario que no haya previsto y en el que no sepa qué hacer o qué decir.

Si Kakashi hizo algo no tan malo y Dai solo luce un poco molesto, Sakumo se disculpará con él y le dirá que para compensar este mal momento lo invita a él y a su hijo a una elegante y costosa cena.

Si Kakashi fue un poco más cruel con Gai y entonces Dai luce más enfadado, Sakumo le pedirá perdón de forma más dramática y le pedirá como un favor ultra especial que le dé consejos para mejorar su crianza y evitar que Kakashi vuelva a hacer algo así.

Por último, si Kakashi realmente hizo algo muy malo y Dai está demasiado enojado con él, Sakumo pedirá perdón de rodillas y luego le dirá que hará cualquier cosa que le pida para compensarlo y para que lo perdone.

Y sea lo que sea que Dai le pida, está seguro de que le gustará.

— Bien, llegó el momento — Sakumo murmura con nervios y emoción cuando mira la entrada de la academia y ve a Kenji-sensei, quien luce completamente furioso y lleno de indignación por lo que sea que Kakashi hizo.

Y claro, al lado del profesor está parado su pequeño bebé, el que, a diferencia de Kenji-sensei, luce muy sonriente y orgulloso, nada arrepentido de lo que sea que le haya hecho al pequeño Gai.

— ¡Sakumo-San! — Kenji-sensei dice antes de que Sakumo llegue a la entrada y le hace una señal para que se acerque, luciendo a cada segundo más furioso y lleno de ganas de gritarle lo mal padre que es por al menos los siguientes cuarenta minutos.

— S-Sensei, ¿sucede algo? — Sakumo tartamudea y mira a Kenji con un rostro nervioso, el que de hecho no está fingiendo porque incluso en estas circunstancias el profesor de su bebé le da mucho miedo.

— Sí — Kenji-sensei frunce el ceño y señala la redonda y linda carita de Kakashi con acusación. — Su hijo hizo algo terrible, Sakumo-San.

— ¿En serio? — Sakumo jadea dramáticamente, esforzándose en aparentar mucha sorpresa porque sabe que si Kenji-sensei lo ve sonreír no se lo tomará nada bien. — ¿Qué fue lo que Kakashi hizo?

Sakumo frunce el ceño y se cruza de brazos en una pose que intenta lucir autoritaria y seria, genuinamente preocupado por lo que sea que Kakashi le haya hecho a Gai porque su hijo a veces puede ser impredecible y demasiado impulsivo.

— Lo siento, Sakumo-San, pero este no es el lugar adecuado para hablar de eso — Kenji-sensei suspira hondo y mira a su alrededor, acostumbrado a mantener las apariencias y la rectitud delante de las demás personas gracias a que su estricto clan debió haberlo educado con mano dura, algo que obviamente Sakumo ya sabía, ya había considerado y era una parte importante de su asombroso plan. — Vamos a mi salón, tengo que hablar con usted y con él papá del otro niño involucrado. Tendremos una junta extraordinaria ahora mismo.

Kenji-sensei frunce aún más el ceño y luego hace una señal para que Sakumo lo siga al interior de la academia, dónde ahora mismo su futuro esposo debe estar esperándolo.

Sakumo asiente y endereza la espalda, evitando suspirar y poner una cara llena de enamoramiento porque no puede dejar que Kenji-sensei sospeche que todo esto es parte de un elaborado plan de conquista y que, si Kakashi le hizo algo a Gai, fue porque Sakumo se lo pidió.

Sin duda, Kenji-sensei lo odiaría si supiera que está causando conflictos entre sus inocentes y dulces estudiantes.

Sakumo se estremece y niega mientras comienza a caminar detrás del profesor de su hijo, sintiendo que le duele el estómago solo con considerar la idea de que Kenji-sensei o Dai-San descubran su plan porque sin duda ambos terminarían linchándolo. Y lo que es peor que ser quemado vivo delante de todo el pueblo es que Dai ya no se casaría con él.

Su cabeza se agita para alejar esos pensamientos y vuelve a concentrarse en su estrategia. No puede permitir que nadie sepa que él manipuló a Kakashi para que hiciera... lo que sea que hizo. Así que lo mejor que puede hacer ahora es lucir furioso y continuar con su impecable actuación.

— Kakashi, si lastimaste a alguno de tus compañeros ten por seguro que voy a castigarte, hijo. Te he dicho muchas veces que debes respetar a todos los demás — Sakumo dice con la voz firme cuando llegan al pasillo interior, aprovechando que Kenji-sensei toma la delantera y que no tiene el Byakugan activado, por lo que no puede notar el rostro absolutamente falso que Sakumo está haciendo ni el hecho de que le está guiñando un ojo cómplice a su hijo.

Lo único que Sakumo va a darle a Kakashi si todo este plan funciona es un bote de helado completo. Su hijo simplemente obedeció sus órdenes y Sakumo no podría estar más orgulloso de su hermoso bebé.

— Mhn, sí, sí — Kakashi tararea con su indiferencia habitual, sonando como un auténtico chico rebelde al que Sakumo debe corregir para que no siga hostigando a sus compañeros.

Sin embargo, a espaldas de Kenji-sensei, su hijo también le guiña un ojo y sonríe con mucha emoción, levantando sus pulgares con tanto triunfo que Sakumo ya se siente ansioso por hablar con Dai y saber cuál de todas las alternativas que pensó va a utilizar y en cuanto tiempo finalmente van a ser una pareja.

— Es aquí — Kenji-sensei dice y se detiene abruptamente delante de un salón de clases, haciendo que Sakumo y Kakashi recobren la compostura y lo miren con toda la seriedad y preocupación que sus mediocres actuaciones pueden ofrecer. — Entren.

Kenji-sensei abre la puerta y la empuja hasta el tope para que todos puedan entrar y porque obviamente quiere que Sakumo vea al hombre que está en el interior, ese que obviamente ya esperaba y que el simple hecho de verlo de tan cerca le acelera el corazón.

Dai está sentado en una banca frente al escritorio, y a su lado, el pequeño Gai está sentado en otra, agitando los pies en el aire en un gesto tan inocente y tan tranquilo que Sakumo se relaja un poco. Pensó que Gai estaría llorando o que luciría traumatizado por lo que Kakashi le hizo, pero el niño luce bastante normal y eso solo significa que la broma de Kakashi fue algo insignificante y bobo que probablemente no tiene importancia.

Además, Dai tampoco luce furioso o disgustado, así que probablemente esto será mucho más fácil de lo que pensó y esta misma noche estará cenando con el amor de su vida.

Sakumo suspira y sonríe discretamente mientras camina hacia la otra banca frente al escritorio, sin perder ningún detalle de Dai por su mirada periférica, emocionado con lo guapo y masculino que se ve en su habitual traje verde que deja muy poco a la imaginación y que solo lo hace sentir más entusiasmado con esta junta. Definitivamente le dará a Kakashi todo lo que su hijo le pida. Este es uno de los momentos más emocionantes y románticos que ha tenido en los últimos cinco años.

— Buenas tardes, Sakumo-San — Dai lo saluda con una sonrisa suave cuando Sakumo se sienta junto a él, y aunque en el fondo quisiera responder animadamente y decirle que hoy se ve radiante y que ha soñado con la textura de su bigote frotándose contra sus labios, mantiene la compostura y solo da un suave asentimiento hacia Dai.

— ¿Puede imaginar lo que Kakashi le hizo a Gai, Sakumo-San? — Kenji-sensei dice con enfado y azota la puerta, caminando con rectitud por el salón hasta que se para delante de él en una pose que lo hace encogerse en su silla y colocar las manos sobre su pecho con mucho terror, lo que afortunadamente hace más convincente su actuación porque Kenji-sensei lo mira con autoridad y Dai lo mira con un poco de lástima.

— ¿Q-Qué fue lo que hizo? — Sakumo pregunta en voz muy baja y gira la mirada hacia su bebé, el que obviamente está relajado y tranquilo sobre una banca, consciente de que no habrá consecuencias por lo que sea que hizo.

— Bueno, su hijo convenció a Gai de ir al patio con él diciéndole que tendrían una batalla — Kenji-sensei dice y se cruza de brazos, sin apartar sus aterradores ojos blancos de Sakumo. — Solo que Kakashi no peleó contra Gai, sino que lo inmovilizó contra la resbaladilla.

Kenji-sensei frunce el ceño con mucha rabia por lo que está diciendo incluso si para Sakumo nada de eso suena como algo grave. De hecho, suena como si Kakashi solo hubiera tenido una batalla de fuerza con Gai y no entiende porqué Kenji-sensei luce tan ofuscado.

— Y... ¿qué más? — Sakumo pregunta y aclara su garganta, dándole otro vistazo a su desvergonzado hijo antes de volver a ver al profesor.

— ¿Quiere saber qué más? — Kenji-sensei suspira y luego señala a Kakashi en un gesto absolutamente acusador. — Luego de eso, Kakashi besó a Gai en la boca.

¡¿Qué?! — Sakumo grita y se pone de pie de un salto, sintiendo que las palabras de Kenji-sensei se clavan en su mente como un gigantesco papel bomba, explotando y eliminando el resto de sus pensamientos hasta que solo puede pensar en Kakashi besando al inocente y tierno de Gai-Kun de esa manera tan impropia y tan repentina.

Sus ojos giran hacia su hijo y lo mira con auténtico enfado e indignación. ¿Por qué Kakashi haría una locura como esa cuando todo lo que tenía que hacer era hacer llorar al pobre niño? ¡Besar a Gai definitivamente no era parte del plan y Kakashi cruzó una línea que no debería haber cruzado! ¡Eso definitivamente no estuvo bien!

— ¿Por qué hiciste eso, Kakashi? — Sakumo gruñe y lo reprende con la mirada, tan auténticamente enfadado que Kakashi deja de sonreír y se pone serio, comprendiendo inmediatamente que Sakumo se enojó de verdad y que entonces definitivamente habrá consecuencias por lo que hizo.

Una cosa era hacerle una broma tonta e inocente a Gai, y otra cosa era burlarse de él de esa manera tan extraña que Sakumo definitivamente no comprende en absoluto.

— ¡Tú me dijiste que podía hacerlo! — Kakashi gruñe como un cachorrito rabioso y levanta su dedito para apuntar a su padre. — ¡Me dijiste que hiciera algo que siempre había querido hacer! ¡Y yo quería hacer eso!

Kakashi azota los dientes y agita su mano hacia Sakumo con acusación, pero también, se sonroja y hace un puchero tan avergonzado y tan dulce que Sakumo finalmente comprende qué es lo que está pasando aquí y porqué fue que su bebé hizo algo tan inesperado como eso.

A su hijo le gusta Gai.

¡A su hijo le gusta Gai!

Sakumo abre mucho los ojos y mira a Kakashi sin poder creer esta coincidencia. Su hijo se había enamorado del hijo del hombre del que Sakumo estaba enamorado. ¡¿Cómo no lo había notado antes?! Kakashi había estado hablándole de Gai cada día de su vida sin descanso, e incluso si era para quejarse y recalcar lo infantil y molesto que el niño era todo el tiempo, es verdad que Kakashi no habla de cosas que no le importan y que considera irrelevantes en su vida, ¡así que hablar de Gai era algo sumamente importante para él! ¡Su bebé le había estado gritando en la cara que estaba enamorado de Gai y Sakumo no se había dado cuenta!

Además, es obvio asumir que Kakashi tiene sus mismos gustos. ¡Por supuesto que iba a caer ante un Maito!

— ¿Eso es verdad? — Kenji-sensei pregunta y mira a Sakumo con un rostro aún más enfadado que antes, distrayéndolo de su realización que lo emociona incluso si le hubiera gustado saber ese pequeño detalle mucho antes. ¡Especialmente antes de decirle a Kakashi que podía hacerle a Gai lo que quisiera! — ¿Usted le dijo al niño que podía hacer algo así?

Kenji-sensei señala insistentemente a Kakashi, tan escandalizado por ese pequeño beso que en el fondo a Sakumo lo llena de orgullo. ¡Su hijo había tenido el valor para hacer algo que Sakumo no había podido hacer en demasiados meses! Pero, obviamente, comprende el punto de Kenji-sensei y sabe que lo que Kakashi hizo estuvo mal porque muy probablemente Gai ni siquiera entendía qué se supone que estaba pasando.

— ¡P-Por supuesto que no! — Sakumo responde y endereza la espalda, listo para continuar con su actuación y tomar una de las alternativas que planeó para acercarse a Dai, pensando que el camino más adecuado ahora mismo es disculparse, invitarlo a él y Gai a comer y luego...

— ¡Sí lo hiciste! — Kakashi gruñe y salta de la banca, azotando sus pies en el piso en un berrinche furioso que llama la atención de todos los demás a su alrededor. — ¡Acuérdate, papá, esta mañana elaboramos un plan y quedamos de acuerdo en que yo haría...!

Sakumo salta a toda velocidad y le cubre la boca a Kakashi con las dos manos, aterrado con la idea de que su hijo diga su plan en voz alta y todos sepan que fue idea de Sakumo molestar a Gai y que ha estado enamorado de Dai desde hace muchísimos meses.

— ¡Todo lo que le dije a Kakashi es que debía seguir a su corazón y que hiciera lo que siempre había querido hacer para nunca arrepentirse de nada en la vida! — Sakumo dice con pánico y asiente de forma enloquecida, aprovechándose de que fueron exactamente esas palabras las que dijo su hijo hace un rato y de que encajan perfectamente bien en su actuación de padre ejemplar que obviamente y por nada del mundo hubiera hecho un plan tan raro como este.

Kenji-sensei frunce el ceño y lo mira con duda ante esa explicación, algo completamente diferente al rostro que ponen Dai y Gai, quienes parecen emocionados por sus palabras como si Sakumo hubiera dicho un discurso hermoso y conmovedor y no fuera una frase que se robó de una galleta de la fortuna.

— Pues debió haber definido sus palabras de apoyo, Sakumo-San, claramente su hijo malinterpretó su discurso y pensó que podía hacer lo que quisiera — Kenji-sensei gruñe y señala a Kakashi, quien gira los ojos y se cruza de brazos como si quisiera decir que de hecho la orden de su padre fue exactamente esa y que no mal interpretó nada porque es mucho más inteligente que absolutamente todos aquí.

Por fortuna, Sakumo no quita sus manos de su diminuta boca y secretamente aprovecha ese toque para darle un mensaje cifrado directamente en su mejilla, rogándole que le siga el juego, que no diga la verdad y que lo compensará con cualquier cosa que le pida.

— S-Sí, l-lo siento — Sakumo jadea con pánico y se inclina al frente, obligando a Kakashi a inclinarse también en una reverencia que espera que tranquilice a Kenji-sensei y que finalmente le dé la oportunidad de disculparse con Dai e invitarlo a cenar esta noche.

Lamentablemente... Kenji-sensei no parece más relajado, de hecho, luce igual de molesto que antes y prácticamente gruñe como un perro rabioso cuando señala directamente la cara de Sakumo.

— ¡Una disculpa no basta, Sakumo-San! — Kenji-sensei asiente con decisión y azota la mano en el escritorio. — Si un problema no tiene consecuencias, entonces las lecciones no se aprenden. Así que tendré que castigar a Kakashi por hacer algo que no es apropiado para su edad y qué él sabía perfectamente bien que no era apropiado para su edad.

Kenji-sensei mira fijamente a su hijo, quien no puede negar ni ocultar que sabía perfectamente bien lo que estaba haciendo y que aun así lo hizo. Así que Kakashi tendrá que sufrir el castigo de su profesor y, aunque Sakumo no quiere admitirlo, de alguna manera Kakashi sí tiene la culpa de eso porque realmente exageró al besar a Gai y no debió haberlo hecho delante de todos sus compañeros ni a mitad de la escuela ni de esa forma tan ruda ni...

— ¡Y también tendré que castigarlo a usted, Sakumo-San! — Kenji-sensei gruñe y gira sus aterradores ojos blancos hacia él, haciendo que Sakumo chille y se estremezca. — ¡¿Cómo es posible que su deficiente educación llegara hasta este punto?! ¡Las cosas que le dice a su hijo siempre tienen que ser claras y siempre debe dirigirlo con mano firme! ¡Así que lo menos que se merece es un castigo!

— ¡¿Qué?! — Sakumo jadea con horror y niega como si hubiera escuchado mal y esa fuera una completa locura.

No hay modo de que Kenji-sensei también lo esté castigando por esto y no hay modo de que lo esté haciendo delante de Dai-San. ¡Esta mañana despertó con la esperanza de lucirse delante de él y resultó atrapado en esta situación tan vergonzosa!

— Harán servicio comunitario este fin de semana — Kenji-sensei dice con la voz firme, sin intimidarse por enviar al famoso Colmillo Blanco a un castigo porque, para empezar, Kenji-sensei no le tiene miedo a nadie y, en segundo lugar, el Tercer Hokage les dio este poder a todos los maestros de la academia ninja.

"Si no se corrige el problema desde casa el niño no mejorará" Fue lo que Hiruzen dijo antes de que todos los maestros de la escuela tuvieran el poder de enviar a alumnos y padres de familia a castigos con el propósito de reprenderlos, hacerlos reflexionar sus errores e impulsarlos a ser mejores personas en la vida. ¡Lo que Sakumo jamás imaginó que le tocaría a él!

— P-Pero... pero... yo, yo no... — Sakumo jadea torpemente y suelta a Kakashi para hacer ademanes con las manos, intentando pensar en una excusa, justificación o pretexto para librarse de este castigo que definitivamente lo ridiculizará frente a Dai y frente a toda la aldea.

Sin embargo, Kenji-sensei ni siquiera lo mira y comienza a revisar una enorme lista con el trabajo comunitario que está programado para este fin de semana, el que al menos espera que sea un trabajo de vigilancia o patrulla para poder pasar desapercibido frente a todos y para que Dai no lo vea siendo enviado a algo absolutamente vergonzoso.

— Su trabajo será limpiar el pantano — Kenji-sensei dice con decisión e inmediatamente anota el nombre de Sakumo y Kakashi en la lista, haciendo obvio el hecho de que no va a cambiar de opinión y que no hay absolutamente nada que Sakumo o Kakashi puedan decir para que reconsidere su castigo. — Se reunirán con el chunnin encargado de esa área el domingo a las ocho de la mañana en el lado sur de la aldea, él les indicará qué hacer.

Kenji-sensei asiente y deja la lista en su escritorio como si no tuviera nada más que decir al respecto y ahora solo quisiera que se vayan. Y por supuesto, Sakumo ni siquiera puede moverse porque no puede creer que le esté pasando esto a él justo hoy y justo delante del hombre que le gusta. ¡Todo lo que quería era hablar con él y ahora va a ir a limpiar un pantano sin siquiera haber podido dirigirle la palabra!

¡Sakumo no podría ser más desdichado!

— Disculpe, Kenji-sensei — La voz masculina y tranquila de Dai rompe por completo con la escena caótica y hace que todos giren la mirada hacia él. — ¡Creo que Gai y yo también deberíamos ir a cumplir con esa encomienda!

Dai asiente con felicidad y a su lado Gai también lo hace, ambos sonriendo y luciendo emocionados con la idea de recibir ese castigo, como si limpiar el pantano fuera una actividad súper increíble para pasar el fin de semana y no hubiera nada mejor que eso.

Y aunque Sakumo y Kakashi tuercen las cejas y los miran como si estuvieran completamente locos, una fabulosa idea cruza la mente de ambos al mismo tiempo y los hace quedarse sin aliento.

— Se supone que es un castigo — Kenji-sensei bufa y se cruza de brazos. — Así que, ¿por qué los enviaría a ustedes dos con ellos cuando ustedes no hicieron nada?

La voz de Kenji-sensei es agria y llena de enfado, pero Dai no se desanima y se pone de pie de un salto súper feliz, siempre invulnerable a la cara gruñona del profesor como si absolutamente nada pudiera destruir su espíritu súper animado.

— Creo firmemente que estamos involucrados en este problema tanto como Sakumo-San y Kakashi-Kun lo están. ¡Y nuestro deber como compañeros es ayudarnos mutuamente y lidiar con las consecuencias de un conflicto juntos! — Dai infla el pecho y cuadra los hombros en un gesto lleno de sabiduría y seriedad antes de dar una breve sonrisa enloquecida y emocionada. — Y también, ¡creo que sería muy entretenido ir a limpiar el pantano! ¡¿No lo crees, hijo mío?!

— ¡Sí, papá! — Gai grita y también salta fuera de su silla, dando de vueltas frente a su papá como si tuviera energías inagotables. — ¡Limpiar el pantano suena súper divertido, más aún si lo hago al lado de mi fabuloso y buen amigo Kakashi!

Gai asiente con mucha fuerza y mira a Kakashi con compañerismo y respeto. Y aunque Kakashi tuerce las cejas como si escuchar a Gai fuera una molestia terrible, Sakumo puede ver el ligero sonrojo debajo de su máscara.

— Ustedes dos van a volverme loco — Kenji-sensei gruñe en voz baja y mira a Dai y a Gai con evaluación, luciendo bastante convencido de que este par de locos van a seguir insistiendo y van a seguir diciendo tonterías sobre la juventud y la primavera hasta que les dé la razón. Y por supuesto, Kenji-sensei es el tipo de persona que no tiene paciencia con absolutamente nada en el mundo. — De acuerdo, como quieran.

El profesor suspira y vuelve a abrir la lista de actividades del servicio comunitario, anotando el nombre de Dai y Gai lo más rápido que puede antes de mirarlos a todos.

— Entonces limpiarán el pantano entre los cuatro el día domingo a las ocho de la mañana. No lleguen tarde. — Kenji-sensei repite las instrucciones en caso de que haga falta, aunque considerando la pasión de Dai y Gai y la ansiedad de Sakumo y Kakashi, en realidad no hace falta. — Ahora, pueden retirarse.

Kenji-sensei agita una mano en una señal shinobi de retirada para que todos finalmente salgan de su salón y lo dejen solo, probablemente harto de las tonterías insensatas de los cuatro.

— ¡De acuerdo, Kenji-sensei!

— ¡Nos vemos mañana, sensei!

Dai y Gai gritan con emoción hacia el maestro y luego dan una vuelta vertiginosa hacia ellos.

— ¡Hasta el domingo, Sakumo-San!

— ¡Adiós, Kakashi, cuídate!

Los dos Maito sonríen de una forma tan brillante que los aturde, dejándolos paralizados y sin la posibilidad de responder a su despedida cuando salen corriendo del salón, gritando un montón de cosas sobre lo fantástico que será pasar todo el domingo limpiando el pantano junto a ellos.

E incluso si por un momento Sakumo quiere seguir a Dai y despedirse de él de forma decente, ni él ni Kakashi pueden decir nada y ambos salen del salón sin siquiera parpadear, moviéndose rígidamente por todo el patio de la escuela, las calles de la aldea y el camino hacia la entrada de su casa hasta que finalmente entran y cierran la puerta detrás de ellos.

— Kakashi — Sakumo murmura y se recarga en la puerta, mirando a la nada mientras su cerebro sigue repitiendo una y otra vez lo que acaba de pasar. — ¿Sabes lo que eso significa?

A su lado, Kakashi pasa saliva y también se recarga en la puerta, mirando al frente con una expresión atónita.

— Sí — Su hijo responde en voz baja y cierra los ojos por unos momentos antes de que los dos sonrían y den un repentino salto hacia el frente, mirándose cara a cara con una expresión extremadamente feliz.

¡Tenemos una cita doble! — Los dos gritan al mismo tiempo y prácticamente sacan chispas por los ojos, enloquecidos por la idea de pasar todo un domingo al lado de los Maito que ni siquiera pueden recordar las cosas que Kenji-sensei dijo, especialmente no la parte de limpiar un pantano.

— Y ya que nuestros autorregalos no salieron como esperábamos, esta es nuestra oportunidad de hacerlo mejor — Sakumo asiente y cuadra los hombros. — ¡Esta cita doble será nuestro verdadero regalo de cumpleaños!

Kakashi asiente de acuerdo con él y da un par de saltitos felices, entusiasmándose con la idea de tener una cita con Gai dónde no apliquen las reglas tanto como Sakumo ya está pensando en todo lo que va a hacer y decir sin tener que preocuparse por sus complejos ni sus miedos.

Así que en lugar de preocuparse por su castigo ambos comienzan a hacer planes para su cita doble, preguntándose si deberían llevar flores, en cómo deberían ir vestidos para impresionarlos, si tal vez deberían comprarse zapatos nuevos y que luego de sus deberes lo mejor sería invitarlos a comer.

— ¡Este será el mejor autorregalo de cumpleaños de todos! — Sakumo y su hijo dicen con emoción, chocando las palmas como un gran equipo; el fabuloso dúo Hatake que gracias a su ingeniosa mente aprovecharon esta situación a su favor, completamente seguros que, después de este domingo, su sueño de volverse novios de los Maito definitivamente se hará realidad.

[...]

Por supuesto, Sakumo y Kakashi llegan temprano a su ansiada cita doble, luciendo un conjunto de ropa y zapatos nuevos que los hacen lucir muy guapos, elegantes, finos y con buen gusto, exactamente lo que ambos querían para impresionar a Dai y Gai.

— Vamos, hijo, endereza la espalda — Sakumo murmura cuando se mueven entre la difícil maleza que rodea la zona sur hacia el pantano, tan decididos a lucir perfectos que prefirieron caminar hasta el punto de reunión en lugar de saltar por los árboles como lo haría un verdadero ninja, conscientes de que trepar los árboles los despeinaría y los haría sudar.

— Mira, papá, ya están ahí — Kakashi murmura mientras endereza la espalda lo mejor que puede, tan nervioso que su pequeña manita comienza a sudar en entre los dedos de Sakumo.

— Sí, es justo como lo pensé — Sakumo asiente y pasa saliva, internamente orgulloso de sus cálculos al haber asumido que Dai y Gai llegarían antes de la hora acordada porque son extremadamente puntuales y porque seguramente estarían ansiosos por venir a esta reunión. — Trata de lucir natural, Kakashi.

Sakumo le dice a su hijo cuando finalmente atraviesan todos los árboles y salen a un claro brillante, lindo y perfecto para tener una cita, enamorarse, tomarse de las manos y... proponerse matrimonio, probablemente.

Sakumo sonríe con emoción y también compone su postura, sintiendo que su corazón se acelera cuando ve la ancha espalda de Dai delante de él y se da cuenta de que está usando un atuendo distinto a su familiar traje verde.

Y claro, a Sakumo lo emociona demasiado porque esta es la primera vez que ve a Dai con ropa de civil y porque ambos decidieron no portar el uniforme. Así que se toma su tiempo para admirar su impresionante vestuario, el que está conformado por... una camisa blanca de manga larga, un overol holgado y desteñido, un sombrero de paja viejo y un par de botas de hule hasta las rodillas.

— ¿Por qué Gai está vestido así? — Kakashi gruñe en voz baja, y hasta ese momento Sakumo se da cuenta de que el pequeño Gai está vestido exactamente igual que Dai, excepto que el overol miniatura del niño tiene un girasol estampado en el frente.

— S-Supongo que es su ropa de trabajo — Sakumo tararea y se encoge de hombros, concluyendo después de dos segundos que en realidad esa ropa le queda muy bien a Dai y que siendo honesto a Sakumo le gustaría con cualquier cosa que se ponga, aunque probablemente le gustaría más si no lleva nada puesto.

— Mhn, supongo que tiene sentido — Kakashi asiente y vuelve a recobrar los ánimos, concluyendo de una forma miles de veces más inocente que a él también le sigue gustando Gai sin importar lo que lleve puesto. — Además, ¡así van combinados como nosotros, papá!

Kakashi se emociona y le presiona la mano con fuerza, sin despegar los ojos de Gai como si ahora ya no pudiera pensar en otra cosa y como si todo lo que quisiera es correr hacia él y... darle un golpe en la cara. Después de todo, Kakashi es demasiado joven y todavía no comprende bien el concepto del amor, por lo que todo lo haga junto a Gai son solo instintos prematuros y primitivos.

Lamentablemente, Sakumo no puede preocuparse por eso porque quizá él tampoco comprende muy bien cómo lidiar con el amor y se queda paralizado a unos metros de Dai, sin la capacidad de acercarse y sin darse cuenta de que tiene la boca abierta.

— Sakumo Hatake y Kakashi Hatake — Una voz absolutamente inesperada dice detrás de ellos y Sakumo suelta un suave chillido asustado, una reacción mucho menos drástica que la forma en la que su pequeño hijo gruñe y saca un kunai, completamente listo para matar a quien sea que haya interrumpido su momento mágico e imaginario con Gai.

Por suerte, Sakumo jala la mano de Kakashi a un lado para que baje el arma y para defender al pobre e inocente chunnin que ni siquiera parece ser consciente de que estuvo a punto de morir porque está demasiado entretenido leyendo una enorme lista de actividades.

— B-Buenos días, chunnin-San — Sakumo dice con nervios y mantiene a Kakashi a su lado, quien ahora que se dio cuenta de que solo se trata del chunnin asignado a esta área pierde el interés en asesinarlo y gira la mirada nuevamente hacia Gai.

— Llegan justo a tiempo, Kenji-sensei me dijo que vendrían junto a Maito Dai y Maito Gai — El hombre dice de forma monótona y finalmente levanta la mirada hacia ellos, luciendo sorprendido y luego absolutamente extrañado cuando los ve vestidos así. — Eh... disculpe, Sakumo-San, Kenji-sensei sí les dijo que vendrían a limpiar el pantano, ¿verdad?

Él chunnin tuerce las cejas y los señala, refiriéndose al obvio hecho de que Sakumo y Kakashi llevan ropa nueva, elegante y sofisticada que probablemente nadie se atrevería a usar para ir a limpiar un pantano.

Sin embargo, obviamente Sakumo calculó ese pequeño detalle antes de comprar su nueva ropa para él y para su hijo. Claro que los pantanos son lugares sucios y malolientes, pero Sakumo es un Jounin de élite, el famoso Colmillo Blanco, el inquebrantable shinobi que ha derrotado cientos de soldados él solo, así que, ¿qué tan difícil puede ser limpiar un pantano para él? Seguramente será una tontería rápida y simple que no le llevará más de media hora.

— Sí, lo sé — Sakumo sonríe con confianza y da un asentimiento, sin molestarse en explicarle nada al chunnin porque todo lo que importa ahora mismo es terminar su castigo y luego quedarse con Dai a una cita muy romántica.

— Bien — El muchacho dice y les da otra larga mirada crítica antes de encogerse de hombros y aclarar su garganta, pensando que tal vez los Hatake solo son shinobi excéntricos porque alguien tan inexperto como él claramente no se daría cuenta de que esto es una cita. — Como sea, reunámonos con el resto del equipo.

El chunnin hace una señal hacia Dai y Gai, quienes justo en ese momento notan su presencia y sonríen con muchísima emoción, corriendo hacia ellos con esa energía que enamoró a Sakumo y que lo tiene terriblemente cautivado.

— ¡Buenos días, mis valiosos e increíbles compañeros shinobi! — Dai grita y levanta el pulgar hacia todos los presentes, observando a cada uno de ellos con respeto, admiración e incluso camaradería, algo que lamentablemente Sakumo no puede corresponder porque tiene miedo de que al abrir la boca todo lo que pueda decirle es que quiere ser su marido.

— ¡Buenos días, Sakumo-San, Kakashi-Kun y chunnin-San! — Gai dice en un tono muy alto, casi histérico, y a diferencia de la pose súper masculina que Dai hace para esperar atentamente las órdenes, Gai comienza a trotar en su lugar y sonríe con tantas fuerzas que Sakumo se preocupa un poco por sus mejillas redondas y rojas como manzanas.

Pero aparentemente esa es una reacción natural en Gai porque Kakashi gira los ojos y bufa con una exasperación familiar, quejándose del entusiasmo de Gai en voz baja antes de literalmente girar el rostro hacia él y mirarlo con un gesto embobado, tan incapaz de responder a su saludo como su padre.

— Buen día — El chunnin es el único que responde sus palabras y luego vuelve a mirar la enorme lista que lleva en las manos. — Kenji-sensei me dijo que les diera instrucciones sobre cómo deben limpiar el pantano y también me dijo que les proporcionara herramientas adecuadas para hacerlo.

Dai y Gai asienten ante las palabras del hombre, y a su lado, Sakumo y Kakashi lo miran con exigencia y desesperación, ansiosos de que termine de dar instrucciones y finalmente los dejé solo para que comience su cita.

— Así que les voy a entregar sus herramientas y luego les explicaré como funciona cada una de ellas, ¿de acuerdo? — El chunnin se aleja dos pasos y coloca un pergamino en el piso, invocando una gran cantidad de cosas que lucen un poco exageradas para simplemente limpiar un pantano.

Sakumo había pensado en limpiar toda la maleza con un jutsu de trueno, juntar toda la basura con un jutsu de viento y eliminar toda esa suciedad con un jutsu de fuego. Literalmente es lo más fácil en el mundo que puede existir y no sabe por qué Kenji-sensei eligió esto como castigo, porqué Dai y Gai decidieron usar esa ropa y porqué el chunnin luce tan serio sobre un feo y maloliente lugar que no debería...

— Como ya deben de saber, el pantano es un área protegida en Konoha. — El chunnin dice con naturalidad algo que ni Sakumo ni Kakashi habían escuchado jamás en la vida pero que aparentemente Dai y Gai sabían de sobra porque los dos sonríen y asienten sin dudarlo un solo segundo. — Su flora y fauna son muy frágiles, por lo que no podemos dañarla con chakra. Así que los jutsus están prohibidos aquí.

— ¡¿Qué?! — Sakumo y Kakashi gritan al mismo tiempo y con el mismo terror, mirando al chunnin como si creyeran que eso que dijo es una completa estupidez y que no hay forma de que les prohíban hacer jutsus y mucho menos no utilizar el chakra.

— ¿Eh? ¿Acaso no lo sabían? — El hombre dice con cansancio y suspira hondo, señalando hacia el pantano como si solo con verlo pudieran asumir que es un área protegida. — La única forma de limpiarlo es entrando en él y usando las manos.

El chunnin asiente y levanta las manos para enfatizar su punto, dando a entender que tendrán que tocar la basura directamente y que además de eso no podrán usar chakra para caminar arriba del agua, sino que tendrán que meter los pies a ese maloliente lugar, ¡dos cosas que no se puede permitir cuando lleva puesta esta ropa tan cara y cuando su intención era impresionar a Dai!

— Yo... creo que hubo una pequeña confusión sobre esto — Sakumo pasa saliva y sonríe lo mejor que puede, tratando de ser amable y amistoso con el chunnin porque la mayoría de shinobi de bajo rango siempre están desesperados por el reconocimiento y el favor de algún Jounin de élite. — Qué tal si posponemos esta actividad para otro día y hablas con Kenji-sensei para...

— Kenji-sensei fue muy claro con sus palabras, Sakumo-San — El chunnin se encoge de hombros y señala su lista, bastante indiferente y desinteresado en ser su amigo. — Él dijo que este trabajo tenía que hacerse hoy y tenían que hacerlo ustedes cuatro.

El hombre asiente con decisión sobre las palabras estrictas de Kenji-sensei e ignora los tonos azules en la cara de Sakumo y los pucheros llenos de horror en la carita diminuta de Kakashi.

— Para limpiar el lago tienen que sacar la basura cuidadosamente con las redes, luego meter la basura en las canastas de mimbre y por último vaciar la basura en las bolsas grandes de plástico. — El chunnin señala cada herramienta que menciona y luego se gira un poco, apuntando a un grupo matorrales desarreglados.

— En el área verde alrededor del pantano se debe quitar la maleza amarilla y retirar toda la basura que encuentren. Las pinzas de plástico son para arrancar el pasto desde la raíz, la escoba para barrer lo que quiten y los recogedores para recolectar todo en las bolsas de plástico. — El hombre concluye su terrible explicación y enrolla el pergamino en su chaleco de seguridad como si estuviera listo para marcharse y dejarlos solos con todo este horrible problema.

— ¡E-Espere un poco, chunnin-San, yo creo que no deberíamos precipitarnos y...!

— ¡Yo no voy a hacer nada de esto, bola de...!

Sakumo y Kakashi comienzan a gritar sus protestas al unísono, cerrando la boca abruptamente cuando el chunnin jadea y gira la hoja de papel hacia los cuatro, señalando el último punto que aparentemente Kenji-sensei escribió.

— Ah, es cierto, l orden de su profesor fue que formaran equipos para limpiar más rápido — El muchacho asiente y acerca la lista hacia la cara de Sakumo, la que Kakashi puede leer a la perfección cuando se para de puntillas. — Sakumo Hatake y Maito Dai se encargarán de limpiar el pantano y Kakashi Hatake y Maito Gai se encargarán de limpiar el área verde.

— ¡Esa es una gran idea! — Dai grita y levanta el puño, mirando a Sakumo con mucha emoción. — ¡Para mí sería increíble trabajar al lado de un shinobi tan famoso y brillante como el Colmillo Blanco!

— ¡Sí, Kakashi y yo seremos el mejor equipo del mundo! — Gai festeja y levanta el pulgar hacia su compañero de escuela. — ¡Te prometo que me esforzaré al máximo!

Gai guiña un ojo hacia Kakashi, y a su lado, Dai le da una sonrisa brillante a Sakumo.

Y aunque los dos Hatake son unos shinobi increíblemente brillantes, los dos se quedan boquiabiertos y fijos en Gai y Dai como si fueran sordos y como si no hubiera absolutamente nada adentro de sus cabezas.

Pero, por supuesto, sí hay algo adentro de sus cabezas y después de cinco largos segundos los dos giran la mirada hacia el chunnin, repentinamente decididos y motivados.

— De acuerdo, lo haré. — Sakumo asiente y sonríe con amabilidad. — Después de todo, le prometí a Kenji-sensei que lo haría.

Sakumo dice con un aire lleno de orgullo y honor, mostrando un respeto incalculable por la elección de Kenji-sensei.

— Mhn, supongo que no tengo otra opción, así que yo también lo haré — Kakashi se encoge de hombros y suspira como si tuviera que hacer un gran sacrificio al aceptar quedarse y limpiar toda el área verde con las manos, comprometido con cumplir el castigo que le puso su maestro.

Y aunque en el fondo ninguno de los dos respeta a Kenji-sensei y ambos están terriblemente disgustados con la idea de limpiar un lugar tan horrible con las manos desnudas, van a hacerlo en parejas al lado de Dai y Gai. Van a estar juntos y a solas con la persona que les gusta. ¡Es la oportunidad que estaban esperando con tanto anhelo! ¡Esto todavía puede convertirse en su increíble, romántica y fabulosa cita!

— Bien, vendré en la tarde para recoger toda la basura que juntaron y para asegurarme de que hicieron todo correctamente. Después de eso le notificaré a Kenji-sensei que cumplieron con su castigo. — El chunnin suspira y se encoge de hombros. — Nos vemos después.

El hombre da un asentimiento rápido a modo de despedida y luego da un largo salto hacia los árboles, desaparecido y dejándolos solos al fin.

— ¡No tenemos tiempo que perder, pongámonos manos a la obra! — Dai dice en un grito masculino y lleno de ánimos y se apresura a recoger todo el material necesario para limpiar el pantano. — ¡Esperaré por ti en nuestra área, Sakumo-San!

Dai le da un guiño amistoso que le eriza la piel y acelera su corazón, haciéndolo sentir completamente seguro que después de hoy su único destino es casarse con ese hombre.

— ¡Yo también voy! — Gai asiente y se apresura a cargar todas las cosas necesarias para limpiar el área verde, cargando todo entre sus pequeños y aun así maltratados brazos con dificultad antes de girarse hacia Kakashi. — ¡Vamos, Kakashi, tenemos que ganarle a nuestros padres!

Gai se ríe de forma bastante linda y tierna antes de correr torpemente hacia el área verde del lago, dejando a su hijo sonrojado y literalmente babeando dentro de su propia máscara.

— Kakashi — Sakumo murmura y toca el hombro de su hijo para sacarlo de su trance fantasioso y hacerlo volver a la importante realidad que tienen ahora mismo delante de la cara. — Tenemos que usar esta situación a nuestro favor.

Kakashi asiente de inmediato a la orden de su papá y sonríe con esa felicidad llena de inocencia que lo hace lucir como un auténtico bebé y no alguien que fue enviado aquí por besar en la boca a su compañero de escuela.

— Solo... solo debemos aprovechar cada oportunidad para hacer nuestro movimiento y acercarnos a los Maito, ¿bien? — Sakumo dice y suspira hondo, pensando que de todos modos es demasiado tarde para darle clases de moral a su pequeño bebé y que sin duda Kakashi ya aprendió su lección y no volverá a ser tan atrevido. Ahora mismo el plan es tratar de enamorarlos y convencerlos de que unir sus familias es una idea increíble.

— ¡Sí, papá! — Kakashi da un asentimiento súper emocionado y luego corre hacia Gai, sin poder aguantar otro segundo lejos del chico que le gusta.

Y, para ser honesto, Sakumo también está muy ansioso por reunirse con Dai y se acomoda el cuello de su camisa con nerviosismo antes de comenzar a caminar hacia el pantano, recordándose a sí mismo que esto es un autorregalo de cumpleaños y que por lo tanto puede tomarse las libertades que quiera y que es la oportunidad perfecta para tomar riegos y ser atrevido. ¡Sin duda Dai será suyo el día de hoy!

— Sakumo-San, ¿estás listo para comenzar con nuestra increíble e importante tarea? — Dai pregunta de forma sincera y lo mira con mucha atención, honestamente interesado en la opinión de Sakumo porque Dai es la clase de soldado que no movería un dedo sin la orden de su capitán y parece haber asumido que Sakumo es su líder en esta misión... eso o simplemente le está recordando que de hecho este es el castigo de Sakumo por ser un pésimo padre.

— Estoy listo — Sakumo asiente y pasa saliva, mirando el agua lodosa y sucia del pantano mientras se pregunta cómo se supone que va a limpiar este lugar y conquistar a Dai al mismo tiempo cuando siempre ha sido pésimo para relacionarse con otras personas y lo más probable es que al final completen esta actividad sin siquiera haberse dirigido la palabra.

Sakumo niega suavemente para alejar esas ideas tan negativas y trata de pensar en algo ingenioso, simpático o amable para decir, pero su mente entra en pánico luego de solo dos segundos y se queda completamente quieto, sin entender cómo debería iniciar una conversación o si decir algo justo ahora sería demasiado imprudente o loco o tonto o absurdo o...

— Sé que no debería meterme en cosas donde no me llaman, pero, ¿puedo hacerte una pregunta, Sakumo-San? — La voz de Dai es repentinamente íntima y lo toma desprevenido, haciéndolo saltar sobre sus pies y girar el rostro hacia su compañero con más emoción y nervios de los que le gustaría.

— Por supuesto, pregunta lo que sea — Sakumo responde antes de que su cerebro pueda adivinar qué es lo que Dai quiere preguntarle, demasiado necesitado de su aprobación como para contener cualquier impulso.

— ¡Genial! — Dai relaja los hombros y da medio paso más cerca de Sakumo. — Bueno, en ese caso, tengo que decirte que no pude evitar mirarte de pies a cabeza cuando llegaste y me preguntaba si tú...

Dai angosta los ojos hacia él y lo mira de arriba abajo con tanta atención que su hiperactiva y enamoradiza mente considera la posibilidad de que Dai vaya a preguntarle si quiere ser su novio, besarlo, abrazarlo y...

— ¿No crees que vienes demasiado elegante como para solo limpiar un pantano? — Dai tuerce las cejas y señala la ropa de Sakumo antes de señalar el pantano lleno de agua turbia, obviando el hecho de que su elección de vestuario para este día fue absolutamente estúpida y sin sentido.

Sakumo se sonroja y aparta la mirada de Dai por un instante, avergonzado de haber pensado que diría otra cosa y terriblemente apenado con toda esta situación. Sakumo no sabía que esta era un área protegida y que tenía que meterse al agua sucia, por eso se compró ropa y zapatos nuevos en un intento de impresionar a Dai, algo que evidentemente resultó en exactamente lo contrario.

Pero, obviamente, Sakumo no puede admitir algo así delante del hombre con el que quiere casarse y rápidamente agita una mano y se ríe como si su costoso vestuario no tuviera importancia.

— No te preocupes, Dai-San, esto que llevo puesto es ropa vieja y fea que de todos modos ya quería tirar — Sakumo se ríe de forma forzada y señala su ropa como si fuera un sucio trapo viejo y no como si hubiera gastado más de la mitad de su salario en este atuendo.

— ¿De verdad? — Dai jadea y abre mucho los ojos, acercándose otro paso hacia Sakumo para observar su ropa con detalle. — ¡A mí me parece que es una tela muy fina y que tiene un corte bastante estilizado y a la moda! ¡Jamás hubiera pensado que era ropa vieja!

Dai se ríe de buen gana, creyendo su mentira con tanta facilidad que Sakumo se siente un poco culpable. Sabe que Dai es el tipo de hombre iluso y confiado, y aunque a Sakumo no le gusta mentirle, bueno... no es como que tenga otra opción que no lo deje como un completo tonto.

— Aunque, si me permites decir algo, mi estimado y valioso Sakumo-San — Dai deja de reír y aclara su garganta, volviendo a deslizar su vista por todo el cuerpo de Sakumo con una seriedad extraña que lo pone nervioso. — No creo que debas tirar ese atuendo. Te ves muy bien.

Dai levanta una ceja y lo mira fijamente a los ojos, un contacto visual tan íntimo y penetrante que Sakumo comienza a temblar, algo que sumado a sus halagadoras e inesperadas palabras lo hacen creer que podría desmayarse y orinarse encima.

¡¿Dai de verdad acababa de decir que se veía bien?! ¡¿Su plan realmente había funcionado y Dai se dio cuenta de su atractivo gracias a su elaborado y fino atuendo?!

Sakumo sonríe suavemente y se sonroja, dándole un rápido vistazo a su propio vestuario que eligió para este día en un acto lleno de atrevimiento y sensualidad, dos cosas que hubiera reprimido en el fondo de sus pensamientos si no fuera porque sus autorregalos están fuera de toda la lógica y todas las reglas.

Así que, sorprendentemente para su propio recatado gusto en ropa, Sakumo se compró una camisa de manga larga color melón, de cuello alto, con un listón negro en el costado y... hecha con tela completamente transparente. Sakumo literalmente lleva todo el torso a la vista.

Y aunque obviamente tiene un cuerpo digno de un shinobi de su nivel, su complexión es más bien delgada y estilizada, una figura convencionalmente atractiva con la que planeó atraer la atención de Dai y convencerlo de que debe elegirlo como su pareja para el resto de su vida.

— ¿E-En serio lo crees? — Sakumo pregunta con torpeza y timidez, algo que contradice la forma en la que muy descaradamente saca el pecho y se curva hacia adelante, como si quisiera que Dai observe sus pectorales bien definidos y sus pequeños y rosados...

— ¡Por supuesto, ese color queda muy bien con tu tono de piel, es una combinación increíble! — Dai asiente y vuelve a mirar su camisa, y en esta ocasión, Sakumo puede notar que Dai no está mirando su cuerpo, sino que está observando la brillante, translúcida y sedosa tela que lo cubre. — Siempre me ha gustado la armonización de los colores. ¡Soy fan de las revistas de moda!

Dai levanta un pulgar con aprobación y luego se gira hacia la herramienta, dejando en claro que su halago fue más bien un comentario sobre su excelente elección de color, tela, corte y diseño en ropa y que en realidad no le estaba coqueteando.

Y aunque Sakumo siente el impulso de cubrirse el rostro, ponerse a llorar e ir a esconderse debajo de su cama por el resto de su vida porque no sabe cómo lidiar con la vergüenza de haber mal interpretado las cosas, el día de hoy tiene permitido no ser un cobarde y contiene las lágrimas, pensando que si Dai no está coqueteando con él, entonces es Sakumo el que debe dar el primer paso y que lo mejor que puede hacer ahora que tiene su atención es seguir adelante.

— Tú también te ves muy bien. — Sakumo se apresura a decir y sonríe de forma coqueta, flaqueando un poco cuando Dai tuerce las cejas y se mira a sí mismo con confusión porque toda la ropa de Dai es vieja, barata y está completamente fuera de moda. — Q-Quiero decir, normalmente te ves muy bien. Tu traje verde es genial y se ve bastante cómodo.

Sakumo se corrige para tratar de seguir la conversación y no sonar tan atrevido, al menos no tan rápido.

— ¡¿De verdad piensas eso de mi súper traje dinámico, Sakumo-San?! — Dai jadea y sus ojos se llenan de lágrimas y un hermoso rayo de felicidad, lo que lo hace asumir que probablemente nadie en toda su vida había halagado su ropa y que absolutamente todo el mundo se ha dedicado a criticarlo cruelmente.

Pero Sakumo jamás escuchó las tonterías que la gente decía sobre la ropa de Dai porque era consciente de que nadie notaba su grandeza. Además de que realmente parece cómodo, esa tela tan delgada y ceñida al cuerpo resalta todos los atributos de Dai y deja a Sakumo babeando frente a la ventana, cautivado por todas las curvas de sus músculos, la forma estilizada de su cuerpo y el... dotado regalo que la naturaleza le dio.

— Por supuesto que sí — Sakumo sonríe y pasa saliva, tratando de ocultar su sonrojo pervertido. — Parece una prenda óptima para el combate y además el color es perfecto para camuflarse en las batallas. Te felicito por tu elección, Dai-San.

Sakumo le guiña un ojo torpemente, sintiendo que su coqueteo finalmente está funcionando cuando el rostro de Dai se llena de euforia y da un largo paso hacia él.

— Sakumo-San, tú... ¿realmente crees eso? — Los ojos de Dai se abren muy grandes y lo observa como si estuviera tratando de buscar un indicio de burla o de que todo lo que le dijo es mentira.

Pero Sakumo está siendo absolutamente honesto y asiente, encogiéndose con timidez cuando Dai sonríe con mucha ilusión, tan halagado y agradecido con sus palabras desde lo más profundo de su corazón que Sakumo casi puede jurar que será él quien lo invitará a salir y que lo llenará de atenciones ahora que sabe lo mucho que lo aprecia.

— En ese caso, ¡te regalaré uno! — Dai levanta el pulgar frente a su nariz y sonríe de esa forma en la que el sol se refleja en sus dientes. — ¡Se nota que has prestado mucha atención a mi vestuario porque realmente te gusta y porque te diste cuenta de los grandes beneficios que tiene para la batalla a diferencia del resto de nuestros compañeros shinobi!

Dai se ríe con ánimos y le da una fuerte palmada en el hombro, un toque que lo toma desprevenido y que lo hace trastabillar entre el lodo y las hojas mojadas como un vergonzoso novato.

— ¡Debo decir que tienes muy buen ojo, Sakumo-San! — Dai sigue diciendo animadamente, sin haber notado el tropiezo de Sakumo ni su cara absolutamente confundida porque obviamente eso no es a lo que se refería cuando dijo que le gustaba su ropa. Y, para ser honesto, lo último que querría en el mundo es comenzar a usar un traje verde como el de Dai. — ¡Estoy seguro de que te quedará increíble, yo te avisaré cuando lo tenga listo!

Dai le da otra sonrisa y otra palmada en el hombro, actuando como si ya fueran grandes amigos y como si Sakumo hubiera aceptado usar esa ropa, lo que definitivamente no va a pasar por ninguna razón en el universo.

Por desgracia, Sakumo no encuentra la forma de decirle que no quiere un traje dinámico y que solo cree que es genial porque Dai lo hace y lo usa, así que solo asiente y sonríe, preguntándose qué cosa hizo realmente mal para que Dai terminara ofreciéndose a hacerle un traje dinámico en lugar de besarlo y proponerle matrimonio.

— Bueno, ha sido suficiente charla, ¡debemos entrar al pantano ahora mismo o no acabaremos nunca! — Dai dice como si esa idea fuera divertida y levanta una raqueta, listo para entrar al agua sucia y atrapar basura con esa pequeña red pegada a un largo e incómodo palo por las siguientes horas.

— Sí — Sakumo responde en voz muy baja y se acerca a la orilla del lago, tratando de ver el fondo con la esperanza de que el agua no esté tan lodosa y que entonces haya una pequeña posibilidad de salvar sus zapatos y pantalones nuevos.

En realidad, la camisa no es la única prenda atrevida que Sakumo decidió usar el día de hoy. Su pantalón es de una tela fina con un corte hasta la cintura en color negro, una pieza que resalta su estrecho cuerpo gracias a su cinturilla gruesa y que al mismo tiempo favorece su menudo trasero.

Y claro, es un pantalón tan increíble que Sakumo definitivamente no quiere arruinar.

Pero, quizá, lo peor de todo sería arruinar sus zapatos. Hay muy pocos lugares donde venden calzado cerrado, un accesorio bastante exclusivo que otorga un estatus único al portante. Y aunque el calzado cerrado es bastante común en los civiles adinerados y de buena familia, es algo en lo que un shinobi jamás gastaría por su inutilidad en batalla y su poca durabilidad.

Pero Sakumo pensó que sería buena idea llegar con un artilugio tan fino, pensando que así podría demostrar su valor como shinobi de élite en caso de que no pudiera demostrar su valor como persona... lo que aparentemente no funcionó. Ninguno de los dos.

— Te prestaré mis botas — Dai dice de forma inesperada y Sakumo gira la mirada hacia él, sintiéndose completamente avergonzado cuando Dai se inclina para quitarse sus botas cerradas de hule, las que, a diferencia del calzado de Sakumo, son baratas y sencillas, fabricadas especialmente para los civiles pescadores que no pueden caminar sobre el agua.

— ¡P-Por supuesto que no! — Sakumo niega y agita las manos, pensando que sería doloroso para su orgullo y terrible para su plan de conquista hacer que Dai le dé sus zapatos.

Sakumo ya se ha humillado demasiado y lo último que necesita es lucir como un tonto, inconsciente, absurdo y ridículo hombre que no razonó las cosas adecuadamente y decidió presumir.

— Ya te dije que esta ropa es vieja, Dai, así que no necesito...

— Sakumo-San, desde aquí puedo ver que tus zapatos son nuevos — Dai dice como un hecho irrefutable y señala los pies de Sakumo, siendo completamente directo con él porque Dai no es el tipo de hombre que se anda con rodeos ni de los que mantienen una mentira solo para agradar. Obviamente Dai iba a darse cuenta de que en realidad toda su ropa es nueva y ridículamente cara y saber que su mentira vergonzosa se vino abajo lo hace sentir aún más apenado y ridiculizado.

Sakumo está haciendo todo mal, tanto que en lugar de lucirse y quedar como todo un profesional, hábil y listo shinobi, es Dai el que terminó ofreciéndole su ayuda.

— Dai-San, yo no podría aceptar algo así — Sakumo agita la cabeza en una negativa, pero de todos modos Dai termina de quitarse las botas y coloca sus pies descalzos sobre el lodo frío.

— Sakumo-San, si no cumples con tu castigo entonces Kenji-sensei va a reportarte con Hiruzen-sama y sabemos que él te dará un castigo más severo, ¡así que no te preocupes por nada y toma mis botas! — Dai dice en un tono amistoso y bastante feliz, mencionando un punto que tendría todo el sentido del mundo si no fuera porque claramente solo hay un par de botas.

— Pero... ¿y tú? — Sakumo pasa saliva y mira los pies desnudos de Dai, los que ya se están hundiendo en la suave capa de lodo negro.

— ¡Yo entraré descalzo! — El ojo de Dai se cierra en un guiño súper entusiasmado y asiente como si eso fuera lógico, lo que en su opinión es completamente absurdo.

— Claro que no, Dai-San — Sakumo frunce el ceño y niega. — No tiene sentido que me des tus botas y te quedes descalzo.

Sakumo niega con más fuerza y luego mira sus propios pies, pensando que no puede quedarse atrás en una demostración de compañerismo tan noble y que es hora de mostrarle a Dai porqué es un shinobi de élite.

— De hecho, yo me quedaré descalzo. — Sakumo da un asentimiento y se inclina para tratar de quitarse los zapatos, concluyendo que si uno de los dos va a entrar descanso al pantano lo lógico sería que sea él.

Si lo hace, ya no echará a perder sus valioso calzado y entonces ya no habrá nada de qué preocuparse, así que no será necesario que Dai le dé sus botas y mucho menos que entre con los pies desnudos al agua sucia.

Sin embargo, antes de que Sakumo pueda sacar su pie del zapato, Dai sostiene firmemente su muñeca y lo detiene.

— ¿Sabes, Sakumo-San? Yo no aprendí a colocar el chakra en mis pies hasta que tenía dieciocho años — La repentina historia de Dai lo hace quedarse paralizado, sintiéndose nervioso cuando Dai lo mira a los ojos con una extraña aura llena de seriedad e intimidad. — Y antes de que cumpliera dieciocho años, yo no tenía nada ni a nadie, así que solía ir al río para capturar peces y poder comer.

Los dedos de Dai se suavizan alrededor de su brazo, acariciando la piel de Sakumo a través de la delgada tela de su camisa en un gesto pensativo, casi distraído, como si tocarse fuera absolutamente natura.

— En pocas palabras, estoy acostumbrado a entrar descalzo al agua, Sakumo-San. Sé cómo moverme, se lo que tengo que hacer y sé que no saldré lastimado. — Dai le da una sonrisa muy suave y luego baja la mirada hacia los pies de Sakumo. — Sé todo eso tanto como sé que tu piel no está hecha para pisar el fondo de un pantano, puedo sentirlo, puedo entenderlo cuando te veo. Eres un hombre sensible que se debe tratar con delicadeza. Así que déjame hacer esto, Sakumo-San, quiero hacer esto por ti.

La lógica de Sakumo le dice que ahora más que nunca debe agradecerle a Dai su preocupación y rechazar su ayuda porque su historia es demasiado triste y porque debería demostrarle que a pesar de todas esas cosas él también merece ternura, cuidado, delicadeza y mimo.

Sin embargo, la parte romántica de Sakumo piensa otra cosa completamente distinta.

Lo que Dai acaba de decir es algo que siempre ocurre en las películas románticas y por un momento incluso puede ver un par de ángeles volando sobre su cabeza mientras los bañan con pétalos de flores.

¡Dai quiere hacer un noble y lindo sacrificio para cuidarlo y protegerlo!

Sakumo se sonroja y su mente repite una y otra vez lo que acaba de escuchar, fascinado con saber que Dai piensa eso de él, que cree que es sensible, frágil y que al verlo encuentre tanta delicadeza que esté dispuesto a arriesgarse su seguridad con tal de mantenerlo a salvo.

¡Es como un verdadero príncipe!

Su corazón se acelera y por un momento quiere lanzarse hacia Dai y besarlo en los labios en un impulso que, ahora que lo piensa, probablemente comparte con su hijo porque Kakashi ya hizo esa locura atrevida con Gai.

Por suerte, su raciocinio gana y Sakumo solo asiente y sonríe, emocionado y feliz con la caballerosidad de Dai porque ahora no le queda duda de que va a ser un marido increíble.

— ¡Bien, me alegra que aceptes mi ayuda a pesar de ser un shinobi tan reconocido! — Dai sonríe con ánimos y le da un último apretón amistoso alrededor de la muñeca antes de soltarlo y levantar sus botas al mismo tiempo que Sakumo se quita los zapatos y los deja en un parche de pasto limpio.

— Gracias — Sakumo murmura y le sonríe a Dai, sintiéndose como una princesa de cuento. Excepto, claro, que en lugar de ser una chica linda es un hombre y en vez de dejar su zapatilla de cristal en una escalera es él quien recibe un par de botas de hule.

— ¡Tú pie luce bastante pequeño, así que estoy seguro de que te van a quedar muy bien! — Dai dice con ánimos y estira las botas hacia Sakumo en un movimiento tan rápido que sus manos chocan accidentalmente, frotándose en una larga caricia que lo emociona y lo hace quedarse congelado, con la mano de Dai atrapada en la suya.

— Yo... — Sakumo jadea y se sonroja, tratando de alejarse para que Dai no crea que está siendo demasiado atrevido ni que está tratando de propasarse con él.

Sin embargo, Sakumo no puede terminar su movimiento cuando Dai jadea y gira la muñeca a toda prisa, cambiando sus manos de posición para ser él quien sostenga la mano de Sakumo entre su palma.

— ¡Wow, tus manos son muy suaves, Sakumo-San! — Dai dice con mucha sorpresa y arrastra su pulgar sobre el dorso pálido de la mano de Sakumo con tanta lentitud que su corazón da un vuelco y un millón de mariposas llenan su estómago. — Hasta parece como si te hubieras hecho una manicura.

Dai se ríe ante esa idea y le da otra larga caricia, fascinado con su suave piel y sus perfectas uñas que... en realidad Sakumo sí estilizó. Ayer por la tarde estaban tan entusiasmados con su cita doble que él y su pequeño hijo fueron a un spa, donde les hicieron depilación facial, manicura, pedicura y les pusieron mascarillas suavizantes.

— G-Gracias. — Sakumo dice con una voz tímida y avergonzada, contrastando con la manera en la que comienza a frotar su mano contra la mano de Dai en un acto lleno de coqueteo, presumiendo un poco la calidad de su piel porque, aparte de la manicura, Sakumo ha cuidado de sus manos como probablemente ningún otro shinobi puede darse el lujo de hacer.

Cuando Sakumo se volvió shinobi, sus manos se volvieron duras y llenas de callos como las de todos los soldados en Konoha, pero luego de que se volvió un experto con la espada pudo sincronizarla tanto con su cuerpo que se volvió una extensión de sí mismo, una pieza ligera, suave y manipulable, algo que ya no dejaba huella en su piel y que eventualmente se combinó con sus dedos hasta que sus manos se volvieron igual de largas y afiladas.

Y claro, eso es un punto a su favor en todo sentido. Sakumo quiere que Dai note eso, que vea en sus manos la habilidad, la experiencia y la destreza única tanto como quiere que anhele esa suavidad contra su rostro, contra su cuerpo, recorriendo toda su bronceada piel.

Sakumo pasa saliva y lucha con todas sus fuerzas contra los pensamientos inapropiados cuando Dai gira la mano de nuevo y acaricia la palma de Sakumo con su propia palma, dejándolo sentir todas las cicatrices y callos que llenan su piel; la marca de todo su esfuerzo y trabajo duro que Sakumo admira honestamente.

— A mí me gustan la manos como las tuyas — Su voz es rápida y está llena de seguridad incluso si los nervios por admitir algo así lo hacen sentir que podría vomitar o desmayarse o las dos cosas al mismo tiempo.

— ¡¿En serio?! — Dai levanta la mirada y ve a Sakumo con mucha sorpresa, apretando su mano contra la mano de Sakumo en un agarre que lo excita y lo pone sentimental.

Por una parte, Sakumo está siendo honesto al decir que le gusta la dureza y fuerza de sus manos porque ya puede imaginarlas tocando todo su cuerpo en la intimidad, y por otro lado, tomarse de las manos a todas horas hasta el día en el que mueran es el sueño romántico más grande de Sakumo, y las manos masculinas y confiables de Dai son perfectas para cumplir con ese hermoso propósito.

— ¡Sí! — Sakumo asiente y pasa saliva, sin permitirse ser cobarde porque probablemente no tendrá otra oportunidad de admitir lo mucho que le gustan las manos de Dai en toda su vida.

— Vaya — Dai asiente y lo mira por otro largo segundo antes de deslizar su vista a sus manos juntas. — Ya veo.

Dai suspira hondo y acaricia la suave palma de Sakumo una vez más antes de alejar la mano y volver a tomar su dorso, sosteniéndolo ahí como si Dai hubiera pensando lo mismo que él y ahora mismo quisiera...

— ¡En ese caso necesitas trabajar muy duro! — Dai asiente y de forma absolutamente inesperada pone el palo de la raqueta en el centro de su mano, cerrándole los dedos alrededor de la rígida madera como si quisiera que lo sostenga muy fuerte. — Estoy seguro de que si haces algo además de practicar con tu espada tus manos tomarán esa forma gruesa y rasposa que te gusta. ¡Podrías comenzar con limpiar este pantano, pero lo mejor que puedes hacer para endurecerlas es trabajo rudo en casa!

Dai asiente y finalmente le pone las botas de hule en la otra mano antes de alejarse con un rápido deslizamiento, luciendo orgulloso de su propio consejo como si hubiera sido genial porque el cabeza hueca no entendió que Sakumo le dijo que le gustaban sus manos.

Pero el cambio abrupto de enfoque lo hace sentir demasiado abrumado como para aclarar su punto y simplemente se pone las botas de hule y la canasta de mimbre sobre los hombros, sosteniendo la raqueta con fuerza como si en el fondo le hubiera hecho caso al consejo de Dai.

— ¡Bien, vamos! — Dai dice después de colocarse la canasta y luego de arremangarse el pantalón hasta las rodillas, sin esperar una respuesta por parte de Sakumo antes de saltar al pantano.

Sakumo pasa saliva y luego entra lentamente al agua sucia, agradeciendo internamente haber aceptado las botas de Dai porque para ser honesto hubiera odiado la idea de tocar esa agua con sus pies.

Y claro, como este es su castigo y debe cumplirlo a pesar de sus terribles intentos de coqueteo, Sakumo comienza a recolectar basura rápidamente, sacando algunas piezas de plástico, kunais, trozos de muñecos de madera y basura de árboles secos atorada en el fondo con la habilidad de un maestro de espadas.

— Estoy impresionado, Sakumo-San, eres bastante bueno recogido basura — Dai sonríe y asiente con aprobación, y aunque Sakumo quiere responder el halago tranquilamente porque de hecho Dai es más rápido que él para recoger basura, sabe que se está quedando sin opciones y sin oportunidades para atrapar a este hombre y convencerlo hoy mismo de volverse su pareja.

Así que en lugar de darle una respuesta normal, Sakumo suspira y decide hacer un movimiento arriesgado, consciente de que Dai es demasiado torpe para entender sus indirectas y que necesita ser mucho más claro con lo que dice.

— Tú también — Sakumo dice en un tono nervioso y sonríe de forma pervertida. — ¿A-Así de bien haces todo, Dai-San?

Su voz es absolutamente coqueta y traviesa, y sus palabras son el tipo de insinuación que absolutamente cualquier persona en el mundo entendería porque esa frase es bastante popular y porque es obvio que es algo que se dice en doble sentido.

— ¿Eh? — Dai abre mucho los ojos y mira a Sakumo con mucha sorpresa, lo que lo hace temblar de miedo ante la posibilidad de que Dai lo rechace inmediatamente o que se enoje con él por soltar una insinuación así de desvergonzada.

Tal vez a Dai solo le gustan las mujeres o quizá simplemente Sakumo no es su tipo o incluso puede ser que ni siquiera esté buscando pareja y todo esto le parezca una falta de respeto.

Solo que la sorpresa en la expresión de Dai se convierte rápidamente en felicidad eufórica, como si su pregunta hubiera sido increíble y hubiera estado ansioso por escucharla.

— ¡Lo soy! — Dai da un asentimiento efusivo y Sakumo siente que su corazón se detiene ante esa respuesta positiva y entusiasta. ¡¿Dai realmente se siente como él y ha estado deseando a Sakumo tanto como él lo hizo?!

Sakumo abre la boca con la intención de decirle a Dai que es un alivio que también le guste porque probablemente se volvería loco si sigue viviendo únicamente de fantasías dónde...

— No es por presumir, pero de hecho soy bastante bueno en casi cualquier cosa — Dai cuadra los hombros y hace una pose súper dramática. — ¡Sé cocinar, barrer, lavar, limpiar, cortar el césped, construcción, pintura, costura, carpintería, origami, masoterapia, diseño, escritura...!

Sakumo suspira y baja los hombros, mirando a Dai con un rostro serio mientras él sigue enlistando todas las cosas que sabe hacer bien y que, aunque lo impresionan, no es a lo que Sakumo se refería.

¡¿En qué mundo vive este hombre para no haber entendido una insinuación así?!

Sakumo baja la mirada y sigue atrapando basura distraídamente, asintiendo de vez en cuando a las explicaciones dramáticas y detalladas de Dai sobre cómo construir una casa, cortar madera, los tipos de pisos que existen y más cosas que solo desaniman aún más a Sakumo.

Puede que él sea el Jounin de élite, pero honestamente la vida de Dai suena más interesante y divertida que la suya, y entre tantas cosas que aparentemente Dai sabe hacer y tantas cosas que sabe sobre el mundo, Sakumo se pregunta si es buena idea seguir soñando con ser su novio.

Es decir, Sakumo tiene una vida aburrida y simple, y si por algún milagro del destino Dai aceptara salir con él, lo más probable es que se aburra rápidamente y lo abandone porque Sakumo no contribuiría a nada importante, divertido o interesante a su vida.

Su espalda se curva en derrota y arrastra los pies en el lodo cuando sale del agua para vaciar su canasta en las bolsas de plástico.

— ¡Esa ronda fue increíble, ya estoy ansioso por comenzar otra vez! — Dai grita con esos ánimos inagotables, mirando el lado positivo incluso en una situación como esta de un modo que Sakumo no podría hacer y que solo lo hace sentir más apartado de Dai. — ¡Vaciemos nuestras bolsas rápidamente!

Dai chapotea los pies descalzos sobre el piso mientras se pone un par de guantes gruesos de cuero que inesperadamente saca de la bolsa de su overol, utilizándolos para comenzar a mover la basura de la canasta de mimbre a la bolsa de plástico sin mancharse las manos de lodo, algo que obviamente Sakumo no había considerado porque no sabía cómo se limpiaba un pantano.

De hecho, no sabía que el pantano era un área protegida y aún si lo hubiera sabido probablemente no se le hubiera ocurrido traer guantes porque vive en un mundo plano y simple, demasiado enfrascado en su papel como shinobi como para entender cómo funciona la vida real y para tener derecho a algo maravilloso como enamorarse otra vez y ser feliz.

Sakumo suspira con resignación y comienza a tocar la basura con las manos, odiando su existencia cada vez que el lodo pegajoso y apestoso del pantano le mancha los dedos.

— Mierda — Sakumo murmura muy suave cuando un mechón de cabello se suelta de su elaborado y elegante chongo, el que se hizo el día de hoy porque pensó que se vería demasiado lindo y porque decidió usar una horquilla de plata de su clan con la intención de mostrarle su estatus a Dai.

Lamentablemente, Dai ni siquiera dijo nada sobre su peinado y además de eso su peinado se arruinó por moverse mucho, lo que se supone que no iba pasar porque pensó que toda esta tarea sería muy sencilla.

— Mierda — Sakumo gruñe de nuevo y suelta su bolsa de basura, levantando las manos hacia su cabello con la intención de arreglar su chongo porque será peor si todo su cabello se suelta y cae al agua sucia del pantano.

— ¡Espera, Sakumo-San! — Dai jadea de forma repentina y da un largo salto hacia él, atravesando la mano en su trayectoria para que Sakumo no pueda arreglar su chongo. — ¡Si te tocas con las manos sucias vas a manchar tu cabello, así que déjame hacerlo a mí!

Dai suena demasiado preocupado al respecto y Sakumo no puede evitar detenerse y obedecer, completamente sorprendido cuando Dai se quita los guantes y se apresura a acomodarle el cabello con muchísimo cuidado y respeto, como si a pesar de todas las cosas Dai realmente pensara que Sakumo es alguien delicado que no debería ensuciarse por ninguna razón.

— Tu cabello es muy suave, Sakumo-San — Dai dice detrás de él con un tono de voz aterciopelado que lo hace estremecer, aunque no tanto como lo hace sentir la punta cálida de sus dedos rozando su nuca. — Las puntas parecen un poco rebeldes, pero en realidad tú cabello es muy suave y manejable, ¡justo como siempre imaginé que lo sería!

La línea de Dai es demasiado linda y Sakumo siente el impulso de girar el rostro hacia él, preguntándose si dijo eso de forma amistosa o si ahora finalmente está coqueteándole y sus sentimientos son mutuos.

Sin embargo, Sakumo no puede girar la mirada porque Dai retira su horquilla de plata de un solo movimiento, sosteniendo su largo cabello con una mano mientras reorganiza todos los mechones una vez más y los gira hábilmente entre sus dedos, peinándolo con una maestría que lo sorprendería si no fuera porque el estilismo era una de las muchas habilidades que Dai mencionó que poseía hace un rato.

— Sería una verdadera lástima que un cabello así de hermoso se manche con lodo. — Las manos de Dai se deslizan con la misma gentileza con la que dice esas palabras y luego vuelve a acomodarle la horquilla de su familia que Sakumo quiere regalarle ahora mismo en un tipo de declaración más tradicional. — ¡Listo!

Dai dice con ánimos y se aparta, girando rápidamente para mirar a Sakumo al rostro y sonreírle con algo que se parece mucho a la ternura.

— G-Gracias — Sakumo pasa saliva y devuelve la sonrisa con un poco de coquetería extra, tratando de convertir esta situación dulce en algo mucho más romántico.

— No tienes que agradecerme, Sakumo-San. ¡Para mí ha sido todo un placer! — El pulgar de Dai se levanta delante de su nariz y Sakumo observa su dedo por un segundo antes de ser atraído por la inesperada y tímida expresión en el rostro de Dai. — Si te soy honesto, mi buen amigo, me gusta tu cabello largo. Te ves muy bien.

A Sakumo le parece ver qué Dai pasa saliva y tiene una pequeña contracción nerviosa en su rostro, lo que sin duda debe significar algo importante que ha estado escondiéndole y que Sakumo finalmente puede notar.

Probablemente, en el fondo, Dai sí está interesado en acercarse a él pero no sabe cómo hacerlo, secretamente temeroso con su diferencia de poder y de estatus social. Por eso es que todo este tiempo Dai ha actuado de forma evasiva; pensando que sería demasiado peligroso malinterpretar los acercamientos de Sakumo y que lo mejor era fingir que no entendía sus insinuaciones para no hacerse ilusiones con algo imposible.

Sakumo abre mucho los ojos y mira a Dai, sintiendo que la brecha entre los dos finalmente se acorta y que en realidad sí hay una manera de acceder a él y poder estar juntos.

Y claro, ahora que Dai bajó la guardia y está emocionalmente vulnerable, es hora de intentarlo con mucha más pasión y fuerza.

— Gracias — Sakumo da un asentimiento y reduce la distancia con un largo paso, quedando lo suficientemente cerca para poder señalar el cabello de Dai con el brazo encogido. — A ti te queda muy bien el tuyo. Creo que combina de maravilla con tu bigote.

Justo como esperaba, su comentario toma desprevenido a Dai y Sakumo sonríe internamente cuando lo ve estremecerse y levantar las cejas con incredulidad, como si jamás en toda su vida hubiera esperado que Sakumo le dijera algo como eso.

— ¿Hablas en serio, Sakumo-San? — Dai parpadea un par de veces como si estuviera tratando de estabilizar sus pensamientos o recuperar la seriedad del asunto, pero Sakumo no le da la oportunidad de volver a actuar de forma evasiva y baja su dedo a través de su cuerpo con un movimiento sinuoso, señalando esta vez el pecho amplio del hombre que tanto le gusta.

— Sí, también combina con tu buen físico. Creo... creo que todo eso hace que te veas muy masculino. — La sonrisa de Sakumo flaquea, pero de todos modos no se arrepiente ni se retracta. Va a llegar hasta las últimas consecuencias justo en este momento y justo aquí.

— Ah... yo... muchas gracias — Esta vez Dai pasa saliva de forma audible y Sakumo finalmente puede apreciar un sonrojo, algo suave y que solo colorea la parte superior de sus mejillas y que de todos modos basta para que se arme de valor y dé el último paso.

Sus manos comienzan a temblar por los nervios y rápidamente baja la mirada al piso sin poder evitarlo, sabiendo que será mucho más fácil decir lo que va a decir sin hacer contacto visual porque de otro modo podría desmayarse, arrepentirse o huir, y ha llegado demasiado lejos como para ser un cobarde ahora.

Sakumo va a aprovechar este autorregalo de cumpleaños al máximo y finalmente va a ser feliz.

— Dai-San — Sakumo dice muy suavemente y presiona los puños, quedándose callado mientras sabe que no basta con ser directo, ahora mismo tiene que ser honesto, vulnerable y debe abrir su alma de la forma más pura.

Su corazón da un vuelco y comienza a latir tan rápido que lo ensordece por unos segundos, tiempo dónde se queda completamente callado e inmóvil, flotando en una escena tan llena de tensión que se marea y se queda sin aliento antes de presionar los párpados con fuerza y seguir.

— Eres un hombre muy guapo — Sakumo dice en un hilo de voz. — Para mí, ¡eres el hombre más guapo!

Su grito es agudo y tenso, pero está tan cargado de honestidad que lo apena hasta el punto en el que el sonrojo sube hasta sus orejas y cubre su frente, haciéndolo lucir como un tomate maduro.

Y claro, toda esa vergüenza le impide abrir los ojos porque tiene pánico de ver la expresión de Dai ante sus palabras que bien podían tomarse como una declaración de amor. Así que permanece con el rostro inclinado hacia al suelo y los parpados apretados por demasiados segundos, tantos que Sakumo se pone nervioso porque casi es como si Dai no lo hubiera escuchado o como si no supiera que decir.

Por fortuna, luego de casi veinte segundos dónde no hay ningún sonido además de sus respiraciones, Dai se acerca un paso a él y sostiene suavemente su hombro.

— Sakumo-San — La voz de Dai es plana y neutral, y Sakumo se obliga a abrir los ojos y levantar la mirada hacia su compañero, nervioso por la forma en la que Dai lo está mirando tan fijamente. — Tengo algo importante que decirte.

La seriedad en las palabras de Dai lo hacen pasar saliva y encogerse con timidez, sintiéndose positivo al respecto porque esto se parece demasiado a una escena romántica de cualquier historia cliché. Ahora que Dai sabe que a Sakumo le gusta, sin duda se sentirá animado a confesar sus propios sentimientos y esa cosa importante que tiene que decirle es lo mucho que también lo quiere.

— A-Adelante, dime lo que sea — Sakumo le da una suave sonrisa y luego se lame los labios de forma discreta, pensando que esto podría terminar en una sesión de besos y que debe estar preparado para...

La mano de Dai ejerce presión en su hombro y lo gira de forma abrupta e inesperada, haciéndolo sentir mareado y confundido antes de que señale un punto específico delante de los dos.

— ¡Tu hijo está besando de nuevo a mi hijo! — Dai grita con enfado y azota los dientes cuando mira con atención la inesperada escena delante de ambos, la que efectivamente es el abusivo de Kakashi besando en la boca al pobre e inocente Gai.

— ¡Kakashi! — Sakumo grita con horror, avergonzado con ver a su pequeño hijo aplastando su boca contra la boca cerrada de Gai, quien no parece ofendido o asustado con ese beso, sino más bien confundido con la situación porque claramente no sabe lo que eso significa ni mucho menos porqué Kakashi insiste en hacerlo con él. — ¡Suéltalo!

Sakumo grita con mucha rabia y comienza a correr hacia su hijo, indignado con el comportamiento de Kakashi porque claramente el niño no aprendió la lección y volvió a cometer una tontería atrevida así de grande, ¡y lo peor es que lo hizo delante de Dai!

Por desgracia, antes de que Sakumo pueda llegar hacia su hijo y apartarlo de Gai para que no siga arruinando sus planes, Kenji-sensei aparece al lado de Kakashi en medio de una nube de humo, haciendo que Sakumo se quede paralizado cuando el profesor sostiene la oreja de su bebé y lo aparta de Gai con un fuerte tirón.

— ¿Por qué estabas besando a Gai, Kakashi? — Kenji-sensei pregunta con autoridad y se cruza de brazos, luciendo tan intimidante que Sakumo comienza a temblar y que el mismísimo Dai se queda quieto y callado un paso detrás de él.

¿Sensei? — Kakashi jadea y abre mucho los ojos, mirando a su maestro con sorpresa porque sin duda su hijo creía que realmente estaba en una cita romántica y no había esperado que su profesor apareciera de la nada en el peor momento posible.

— Responde, Kakashi — Los ojos blancos de Kenji-sensei se angostan con amenaza de un modo que irrita a su pequeño bebé, quien está visiblemente disgustado por la interrupción, por el jalón de orejas y por la insistente pregunta.

— ¡Porqué así es como mi papá y yo lo planeamos! — Kakashi se cruza de brazos y levanta la barbilla con desafío, convencido de que lo que acaba de decir es algo obvio y genial con lo que absolutamente nadie debería meterse.

¡Y su hijo no podría estar más equivocado al respecto!

Sakumo pasa saliva y niega, tratando de hacerle una señal a Kakashi para que cierre la boca y se retracte de lo que acaba de decir, pero su hijo no aparta la mirada de Kenji-sensei y no se da cuenta de que Sakumo está a punto de tener un infarto.

— ¿Tu papá y tú lo planearon? — Kenji-sensei tararea de forma curiosa y levanta una ceja. — ¿A qué te refieres con eso, Kakashi?

Sakumo sostiene el aire y hace amago de ir corriendo hacia su hijo para cubrirle la boca e impedir que le diga toda la verdad a Kenji-sensei justo enfrente de Dai y de Gai. Por desgracia, el profesor de su hijo le hace una rápida señal a Sakumo en el lenguaje shinobi, indicándole que se quede quieto y que por nada del mundo se le ocurra acercarse.

Y aunque Kenji-sensei es un chunnin con poca habilidad física, es de la rama secundaria de su clan y sin duda alguna Sakumo podría someterlo con una sola mano, sabe que si atenta contra él podría ser acusado de traición por los Hyuga, el Hokage y todo el consejo shinobi. Los profesores de la academia ninja son los que forjan a los nuevos retoños de la aldea y tienen un gran poder sobre los alumnos y los padres de los alumnos.

Kenji-sensei puede mandarlo a callar y puede jalarle las orejas a su hijo siempre que lo crea necesario.

— ¡Es porque esta es una cita doble de cumpleaños! — Kakashi sonríe con arrogancia y asiente, presumiéndole a Kenji-sensei algo que ni siquiera debería decir en voz alta a nadie jamás en toda la vida.

— ¿Cita doble de cumpleaños? — Kenji-sensei tuerce las cejas ante las palabras de su bebé y, detrás de él, Dai hace la misma pregunta en voz baja y luego da un paso al frente, parándose al lado de Sakumo y mirándolo con un gesto lleno de interrogación.

Pero Sakumo no tiene el valor de mirar a Dai y, en cambio, hace otro intento por llamar la atención de Kakashi y rogarle que no diga nada, que mienta, que diga cualquier pretexto absurdo y no mencione nada de lo que hablaron porque no solo recibirán un castigo terrible por parte de Kenji, sino que además de eso Dai se enterará de toda la verdad y entonces Sakumo tendrá que suicidarse porque no va a poder vivir con esa vergüenza.

— ¿Crees que podrías explicarme todo desde el principio, Kakashi-Kun? — Kenji-sensei dice y sonríe con falsa amabilidad, un truco que no engañaría a ningún adulto ni shinobi experimentado pero que obviamente engaña a su pequeño bebé, quien es demasiado inocente como para notar que esa pregunta es una trampa.

— Bueno, ¡mi papá y yo tenemos una tradición súper genial en nuestros cumpleaños! — Kakashi infla el pecho y asiente con el típico entusiasmo infantil, orgulloso de hablar de lo increíble que son él y su papá como cualquier pequeño niño lo haría. — Cada septiembre podemos hacernos un autorregalo donde no aplica ninguna regla en el mundo.

Kakashi extiende sus bracitos a los lados, tratando de abarcar absolutamente todas las reglas existentes en el planeta, una cantidad tan grande como los golpes que muy probablemente Kenji-sensei va a darle a Sakumo después de esto porque el profesor luce aterrorizado con esa idea incluso si trata de disimularlo para que Kakashi no deje de hablar.

— ¡Y este año mi papá quería hablar con el papá de Gai porque Dai-San le gusta mucho! — Kakashi asiente y se cruza de brazos, suspirando como si fuera un viejo hablando de las locuras de los jóvenes. — Todos los días mi papá observa a Dai-San por la ventana cuando pasa corriendo, tiene fotos de él escondidas de bajo de su almohada, todo el tiempo sigue su rastro con sus lobos y a veces realmente es molesto porque no deja de hablarme de él.

Kakashi gira los ojos con fastidio, sin ser consciente de que lo que acaba de decir literalmente expone la vida íntima y los sentimientos de Sakumo de una forma terriblemente humillante y vergonzosa.

Kenji-sensei tuerce las cejas en una expresión incómoda por oír esa información y Gai simplemente ladea el rostro como si no estuviera seguro de lo que eso significa. Sin embargo, justo a su lado derecho, Dai jadea y gira la mirada hacia Sakumo, observándolo como si eso fuera una locura y estuviera esperando a que Sakumo lo niegue y se retracte porque no hay manera de que eso sea verdad.

Pero Sakumo no puede retractarse. De hecho, ni siquiera puede moverse y por un momento incluso cree que esto es una pesadilla. No hay manera en la que su hijo haya olvidado que eso era un secreto y que lo haya gritado delante de Dai. Sakumo hizo un millón de planes donde se acercaba a él, dónde lo enamoraba y dónde eventualmente le decía que le gustaba y que había pasado mucho tiempo soñando con ser su novio, pero en todas esas posibilidades nunca imaginó una donde Dai se enteraría de esta manera tan desastrosa y que además sonaría como si fuera un enfermo acosador.

Claro que Kakashi no miente y en realidad Sakumo sí tiene fotos de Dai debajo de la almohada, todos los días envía a uno de sus lobos a seguirlo y lo vigila por la ventana sin falta, pero esos son pequeños detalles que obviamente jamás le iba a contar a Dai.

¡Sakumo no podría estar una situación peor que esa!

— Y fue por eso que me dijo que le pegara a Gai.

... Bien, Sakumo sí podría estar en una situación peor que esa.

El rubor sube por su cuerpo hasta que literalmente saca humo por el cabello y considera seriamente la posibilidad de formar un jutsu de teletransportación y huir del planeta porque Kakashi acaba de arruinar todas las cosas aún más. Cuando Sakumo dijo eso no lo dijo con mala intención y tampoco pretendía dañar a Gai de verdad porque, siendo honesto, el niño le parece adorable y le tiene mucho cariño.

Pero obviamente no hay forma de explicarle eso a nadie y Kenji-sensei le lanza una mirada llena de enojo y desaprobación al mismo tiempo que Dai gruñe y frunce el ceño, mirando a Sakumo con molestia y ofensa porque obviamente lo que Dai más ama en el mundo es a su pequeño bebé.

Y para ser franco, sí, Sakumo había cruzado una línea muy peligrosa y delgada.

— Mi papá quería que usted los llamara a una junta a él y a Dai-San, pero como el bobo de Gai ama los desafíos de golpes tenía que hacer otra cosa — Kakashi vuelve a girar los ojos y suspira con fastidio, todavía enojado con que a Gai le guste tanto perseguirlo con competencias "súper juveniles", lo que evidentemente es el último problema aquí. — Entonces mi papá me dijo que pensara en algo que pudiera hacer enojar a Kenji-sensei y que podía tomarlo como un autorregalo de cumpleaños ya que pronto cumpliré seis años. Así que me dio permiso de hacer lo que yo quisiera, y lo que yo quería hacer era besar a Gai, ¡así que lo hice!

Kakashi da un asentimiento determinante y sonríe, seguro de que su explicación basta para dejar claras todas las cosas y que de alguna manera lo libra de toda culpa, probablemente pensando que los autorregalos son algo que todo mundo entiende y que todos saben que no deben recibir castigo.

Y por primera vez desde que Sakumo inventó esa tradición, está arrepentido de haberlo hecho.

— Y si ya lo habías besado por tu "autorregalo", ¿por qué lo estabas haciendo de nuevo hoy, Kakashi? — Kenji-sensei dice con la misma suavidad y falsa amabilidad, conteniendo sus gritos de un modo tan profesional que Sakumo lo admiraría sino fuera porque probablemente después va a quedarse sordo por todo lo que el profesor va a gritarle.

— Eso es porque nuestro regalo anterior fue un fracaso, así que lo tuvimos que volver a hacer — Kakashi dice como si eso tuviera lógica y se encoge de hombros. — Así que nuestro verdadero autorregalo de cumpleaños sería hoy. ¡Y mi papá me dijo que teníamos que aprovechar cualquier oportunidad para acercarnos a los Maito!

Kakashi se entusiasma cuando lo dice tanto como Sakumo se hunde en sus pies, avergonzado cuando la mirada de Dai se vuelve más aguda y reflexiva, como si finalmente entendiera todos los intentos de coqueteo que Sakumo hizo durante toda la mañana.

— Y ya que Gai estaba tan entretenido cortando pasto, sabía que era mi oportunidad para acercarme a él y por eso lo besé. — Kakashi sonríe y le da una rápida mirada a Gai antes de relajar su postura, satisfecho con lo que hizo y con toda su explicación. — ¡Es justo como lo planeé con mi papá!

Kakashi suena como si su plan hubiera sido un éxito y este hubiera el mejor cumpleaños de toda su vida. Y por el contrario, Sakumo cree que este ha sido el peor cumpleaños de toda su existencia y eso que en sus más de treinta años de vida tuvo cumpleaños realmente terribles.

— ¿Tiene algo que decir al respecto, Sakumo-San? — Kenji-sensei dice entre dientes y levanta la mirada hacia él, la que obviamente está llena de rabia e indignación por haberle metido esas ideas a Kakashi y por ser el autor intelectual de todo este desastre.

— Yo... — Sakumo toma aire y pasa saliva, pensando que todo lo que puede decir a estas alturas en su posición como adulto es... ¡una mentira desesperada para tratar de salvarse! — E-En realidad las cosas no pasaron así, Kenji-sensei. Yo jamás diría algo como eso y jamás permitiría que mi hijo hiciera algo como eso.

Sus palabras suenan tan honestas y convincentes que por un momento el rostro de Kenji-sensei se llena de duda y la mirada de Dai se suaviza, por desgracia, antes de que Sakumo pueda comenzar a inventar una larga historia dónde definitivamente no le dijo a Kakashi que golpeara a Gai y dónde no es un acosador que tiene fotografías de Dai bajo la almohada, Kakashi bufa y gira sobre sus talones, señalando a Sakumo a la nariz con ese rostro autoritario e irritado que pone cuando alguien dice mentiras y que todo mundo conoce muy bien.

— ¡Claro que es verdad, papá, recuérdalo! — Kakashi azota los pies en el piso y lo señala al rostro de forma insistente. — ¡Dijiste que harías todo lo posible para conquistar a Dai-San el día de hoy y que finalmente se volverían novios!

Toda la sangre en el cuerpo de Sakumo se evapora y se rostro se pone aún más pálido, seguro de que su alma se salió de su cuerpo porque no hay modo de seguir viviendo luego de ser expuesto de esta manera por su propio hijo.

Aun así, trata de pensar en algo que decir para refutar a Kakashi y salvar su poca dignidad, fracasando porque Kenji-sensei gruñe como perro rabioso y Dai jadea con sorpresa, ambos absolutamente convencidos de que Kakashi dijo la verdad y que no hay absolutamente nada que Sakumo pueda decir para borrar ese obvio hecho.

— ¡No puedo creer que sea tan tonto, Sakumo-San! — Kenji-sensei grita y da un largo paso hacia él, sosteniéndolo por la oreja y dándole un fuerte tirón para que camine. — ¡¿Por qué tuvo que hacer todo esto y no solo se le declaró a Dai-San como una persona normal?!

Sakumo chilla con vergüenza ante esas palabras y se cubre el rostro con las dos manos, sin saber cuál cosa es peor; si Kenji-sensei lo regañe por haber hecho las cosas mal, que todos sigan exponiendo en voz alta sus sentimientos o que literalmente lo esté arrastrando por la oreja como un niño malcriado.

Pero sea cuál sea la respuesta, Sakumo está seguro de que no se recuperará de este golpe. Luego de hoy, está seguro de que Dai va a odiarlo y va a pensar que es una persona enferma y pervertida. También, está seguro de que Kenji-sensei va a contarle esta historia a todos en el consejo shinobi y que el resto de sus compañeros pensarán que es un hombre cobarde y patético que ni siquiera puede declararse de forma normal.

Así que a partir de esta misma noche Sakumo no volverá a salir de su casa y literalmente dormirá debajo de su cama, incapaz de volver a mostrar el rostro en público.

¡Está seguro de que su vida como un respetable shinobi llegó a su fin!

Sakumo arrastra los pies y deja que Kenji-sensei jale su oreja y le grité un montón de insultos, todo mientras también toma la oreja de Kakashi con la otra mano, comenzando a decirles todo el trabajo caritativo que van a hacer sin un solo descanso bajo su estricta supervisor.

Sin embargo, antes de que Kenji-sensei pueda alejarse del pantano y exhibirlos por toda la aldea, una masculina, hermosa, dulce y desesperada voz suena detrás de ellos.

— ¡Espere un momento, Kenji-sensei! — Dai grita y da un par de pasos hacia ellos, sonando tan alterado y lleno de sentimentalismo que Kenji-sensei se detiene en seco y Sakumo se descubre el rostro, girando la mirada hacia él.

— Tranquilice, Dai-San, usted y Gai pueden volver a casa. Yo me encargaré de castigar a Sakumo-San y a su hijo. — Kenji-sensei dice con enfado y hace amago de seguir su camino, pero Dai no deja que dé un solo paso lejos de él cuando niega y endereza la espalda, mirando a Sakumo con un rostro desesperado y... feliz.

— Sakumo-San, incluso si tu plan fue terrible y todavía estoy molesto contigo por haber involucrado a mi pequeño e inocente hijo en esta locura, ¡creo que estuviste genial! — Dai sonríe con mucha emoción y levanta un pulgar hacia él. — ¡Por supuesto que noté tus coqueteos pero pensé que un don nadie como yo jamás podría conquistar a un hombre tan increíble como tú, así que decidí fingir que no me daba cuenta!

Sakumo jadea y abre mucho los ojos, sin poder creer que su teoría era cierta y que Dai en serio, en serio, estaba tan enamorado de él como Sakumo lo estaba.

— Así que, si todo lo que Kakashi-Kun dijo es real, ¡me gustaría poder conocernos! — Dai se sonroja y su sonrisa se vuelve increíblemente coqueta y entusiasmada, un sentimiento que de inmediato se transmite hacia Sakumo. — ¡¿Está bien si voy a tu casa esta noche?!

— ¡Sí! — Sakumo grita de inmediato, sin tomarse un solo segundo para pensar porque eso es lo que ha estado deseando con todas sus fuerzas. — ¡Por supuesto que sí!

Los dos se miran con un sentimiento lleno de cariño y curiosidad, ansiosos por comenzar a compartir sus sentimientos y de dar el primer paso a lo que sin duda será una relación auténtica y hermosa.

— Genial, así podremos hablar y también Gai podrá jugar con Kakashi-Kun... bajo mi supervisión — Dai dice eso último con una sonrisa incluso si habla completamente en serio, probablemente decidido a no dejar que Kakashi bese de nuevo a su retoño hasta que tengan una edad mucho más adecuada.

— ¡Sí, sí quiero! — Gai grita con entusiasmo y mira a Kakashi con los ojos brillantes. — ¡Estoy seguro de que te ganaré en todos los juegos que juguemos, Kakashi!

Kakashi hace un puchero enfado y se cruza de brazos con falsa indiferencia incluso si sus pequeños ojos inmediatamente se iluminan.

— Bien — Su hijo asiente y luego mira con mucha ilusión a Gai. — Entonces supongo que te estaré esperando.

Los cuatro comparten una sonrisa feliz y entusiasta por su nueva cita antes de que Kenji-sensei carraspee y vuelva a jalar sus orejas.

— Recuerden que todavía voy a castigarlos — Kenji-sensei gruñe y comienza a caminar de nuevo, arrastrándolos junto a él hacia su castigo que seguramente será muy difícil y que aun así Sakumo se siente entusiasmado por hacer.

Después de todo, luego de eso, tendrá su tan soñada cita perfecta con Dai.

— ¡Nos vemos, Sakumo-San! — Dai dice y agita una mano a modo de despedida.

— ¡Nos vemos, Kakashi! — Gai grita y agita las dos manos en una despedida aún más dramática que la de su papá.

— ¡Y no te preocupes por tus lindos zapatos nuevos, te los llevaré a tu casa esta noche! — La preocupación que Dai tiene por él después de tantas locuras lo hace suspirar con enamoramiento, completamente seguro de que esta vez realmente van a casarse y ser muy felices.

E incluso si Kenji-sensei los jala con fuerza y probablemente trabajarán sin descanso por las siguientes diez horas, Sakumo comparte una mirada cómplice con su hijo, quien luce igual de sonriente, ilusionado y satisfecho que él.

¡Sin duda este era el mejor cumpleaños del mundo para ambos!

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