Hubo una época en la que los supers caminaban entre nosotros. Una era brillante, de héroes y villanos, de gloria y ruina. Pero como todo lo que brilla demasiado, aquella luz no pudo durar."
Así comenzaba el viejo metraje en blanco y negro, con imágenes de supers sonrientes saludando a las cámaras. En medio de ellos estaba Amber scott, la mujer que el público nunca olvidó del todo.
Cabello rojizo ondeando bajo el viento, ojos encendidos como brasas, y un traje escarlata con destellos metálicos que parecía latir de energía. Su presencia era hipnótica.
—Soy Red Ember —decía en aquella entrevista televisada—. Mi don no es solo un poder... es un reflejo de la mente. Energía psíquica, telequinesis, percepción más allá de los sentidos. Algunos me llaman bruja, otros me llaman arma. Pero yo... yo prefiero llamarme esperanza.
Las imágenes la mostraban en acción: deteniendo un tren fuera de control con un solo gesto, levantando escombros para salvar a una familia atrapada, y derrotando a un villano con una descarga carmesí que iluminaba toda la calle. Su nivel de poder la colocaba entre los supers más temidos y respetados. Podía doblar la realidad a su voluntad por segundos, proyectar visiones en las mentes de otros, y desatar explosiones telequinéticas capaces de arrasar edificios enteros.
Red Ember no era solo un super, era un recordatorio de lo que significaba ser extraordinario.
Pero casi nadie elige ser extraordinario. Al menos, no realmente. Para algunos, el don es un regalo; para otros, es una carga. Y a veces, un mismo poder puede ser ambas cosas."
Así comenzaba la historia de Amber Scott, mucho antes de ser conocida como Red Ember.
Ella tenía apenas doce años cuando la primera chispa despertó. Fue en medio de una pesadilla: el grito de su madre, el ruido de platos rotos en la cocina, y de pronto, un destello carmesí iluminando toda la casa. Cuando abrió los ojos, la mesa flotaba en pedazos suspendidos en el aire, y las paredes estaban marcadas por surcos incandescentes como si el fuego hubiera querido escapar de su mente.
Los primeros años fueron insoportables. Cada emoción era un detonante. La ira podía hacer que los objetos explotaran, el miedo retorcía la realidad a su alrededor, y la tristeza proyectaba visiones tan reales que hasta su familia dudaba de lo que veía.
No eran solo poderes. Era dolor. Cada vez que liberaba energía, sentía un ardor que recorría su cráneo, como si miles de agujas atravesaran su mente.
Y cuando llegaron las protestas contra los supers, Amber escuchó frases que marcaron su corazón:
"¡Queremos seguridad, no monstruos!"
"¡Que controlen a esos fenómenos!"
"¡Ya basta de héroes que destruyen más de lo que salvan!"
Aquellas voces se incrustaron en su memoria como cuchillos. La hicieron odiar sus poderes. Odiarse a sí misma, de verdad dolía saber y escuchar cosas que no quería.
Pero Amber no era de rendirse.
Si su poder era un caos, decidió que lo domaría.
Pasó noches enteras frente al espejo, entrenando en secreto, intentando contener la energía carmesí que brotaba de sus manos. Falló cientos de veces, hasta que aprendió a dirigirla en pequeñas ondas controladas: primero levantar un lápiz, luego detener una piedra en el aire, después manipular objetos más grandes.
Cuando entró a la universidad, su doble vida ya era parte de ella. Estudiaba psicología por el día —buscando comprender la mente humana, quizás para comprenderse a sí misma— y entrenaba por la noche, hasta el agotamiento.
Durante un tiempo, pensó que había encontrado el equilibrio. En la universidad era la estudiante aplicada, callada, la que nadie sospechaba que podía arrasar un edificio con un pensamiento.
El mundo había dejado de creer en los supers.
Los periódicos gritaban titulares con letras negras y duras: "Demasiado poder. Demasiado peligro. ¿Quién nos protege de ellos?"
En medio de protestas, demandas y juicios interminables, la gente comenzó a mirar con recelo a cualquiera que se atreviera a destacar. Y entre esa multitud de rostros desconfiados, crecía una joven que jamás pidió ser distinta.
Una muchacha capaz de entrar en las mentes de los demás. No con la precisión quirúrgica de un bisturí, sino con el dolor caótico de un relámpago que atraviesa el cráneo.
Al principio, esos dones no fueron un regalo. Eran una condena.
Recordaba las primeras veces: la presión insoportable detrás de sus ojos, como si su cabeza estuviera a punto de estallar. El corazón golpeando contra las costillas, y voces, cientos de voces, colándose en su conciencia. Voces que no podía apagar, que no podía diferenciar entre suyas y las de los demás. El miedo la paralizaba. El dolor la desgarraba.
Y las personas a su alrededor lo sospechaban.
En la universidad, los compañeros comenzaron a señalarla.
—Rara. Extraña. Fenómeno, Tonta.
Pequeños cuchicheos en los pasillos, miradas que se clavaban en su nuca, risas sofocadas cuando intentaba levantar la mano en clase. Ella quería ser normal, quería hablar de tareas y de exámenes, de fiestas y de música, como cualquier otra chica de su edad. Pero los susurros en su cabeza no la dejaban.
Hubo días en los que lloró en silencio, con las manos presionando sus sienes como si pudiera ahogar ese mar de pensamientos ajenos. Y hubo noches en las que juró que jamás volvería a usar sus poderes.
Pero siempre regresaban.
Fue entonces cuando decidió buscar respuestas.
En solitario, comenzó a seguir las huellas de otros supers. Aquellos que aún sobrevivían en la sombra, que fingían haber colgado la capa. Algunos estaban resignados, otros simplemente derrotados. Pero ella... ella quería entender. A veces se acercaba demasiado, oculta entre las multitudes, y dejaba que un hilo de su mente se deslizara dentro de la de ellos. Lo suficiente para saber si mentían, lo suficiente para conocer quiénes eran cuando nadie miraba.
También practicó en criminales, ladrones de poca monta y hombres con intenciones oscuras. A veces en personas comunes, solo para afinar la puntería. Aprendió a reconocer cuándo alguien mentía, cuándo alguien escondía una verdad detrás de una sonrisa. No siempre salía bien. Más de una vez terminó desangrándose por la nariz o temblando de dolor, pero cada tropiezo la volvía más fuerte.
Por el día, intentaba ser una estudiante.
Maquillaje ligero para cubrir las ojeras. Un vestido sencillo para parecer menos invisible. Una sonrisa ensayada frente al espejo. Comenzó a socializar, a hablar más, incluso a enamorarse. Había un chico guapo en su clase de literatura, con el cabello oscuro y esa sonrisa fácil que hacía que todas las demás suspiraran.
Al principio creyó que con él podía tener algo real. Lo observaba de lejos, y poco a poco, se atrevió a hablarle. Él era encantador, sí, pero demasiado encantador. Descubrió pronto que no era exclusivo en sus halagos, que sus palabras dulces eran un guion repetido con varias chicas. Una desilusión amarga se instaló en su pecho. No era para ella.
Así que eligió lo único que podía elegir: centrarse para convertirse una super.
De día, estudiaba, fingía normalidad.
De noche, entrenaba.
En soledad, practicaba con sus poderes. A veces usaba un simple espejo: obligaba a sus propios pensamientos a ordenarse, a enfrentarse a los miedos que no quería escuchar. Otras, salía a las calles oscuras y probaba con los maleantes que creían poder robar impunemente. Aprendió a defenderse, a hacer que los acosadores que la llamaban "rara" retrocedieran con un escalofrío, con una imagen aterradora implantada en sus mentes.
Un pequeño susto bastaba para que la dejaran en paz.
El día que decidió cortar su cabello —antes largo, en cascada por su espalda— fue un símbolo silencioso.
La melena quedó reducida hasta los hombros, un gesto de control. Como si con cada mechón que caía al suelo, dejara atrás a la niña temerosa y se forjara en su lugar alguien más fuerte.
Ese fue el primer paso hacia su identidad real.
En medio de todo, se dedicó a diseñar su traje. No tenia mucho dinero ni tampoco muchas cosas para hacerlo por ahora usaba una sudadera negra , jeans oscuros y para su rostro un cubrebocas negro, por ahora pero quizás con el tiempo podría hacerse un nuevo traje.
Así, su vida se dividía en dos.
La muchacha tímida que caminaba por los pasillos de la universidad, intentando pasar desapercibida.
Y la sombra que por las noches entrenaba sus poderes, moldeando la oscuridad en un arma, buscando el equilibrio entre el don y la maldición.
Pero en el fondo, lo sabía.
Ese poder suyo era demasiado grande para permanecer oculto.
Tarde o temprano, alguien lo notaría.
Y tarde o temprano, el mundo volvería a necesitar a los supers.
Sin embargo, el dolor nunca desapareció del todo. Cada acción de su poder le dejaba migrañas insoportables, sangrado en la nariz, y a veces, visiones de futuros que no sabía interpretar. Una vez, mientras ayudaba a un niño a rescatar a su gato que se encontraba en un árbol, vio fugazmente una ciudad en ruinas, con supers dándole la espalda .
Aquello la atormentaba en silencio.
Y en medio de ese tormento, llegó el día en que conoció a Gamma Jack.
(Pantalla estática. Ruido de fondo. Una cámara antigua enfoca lentamente a la protagonista. Ella está sentada en una silla sencilla, con las manos cruzadas sobre su regazo. Una luz fuerte la ilumina. Se nota un aire de nervios, pero también una serenidad en su mirada. Habla con voz firme, pausada.)
—Bien... para los registros oficiales, ¿puede darnos su nombre en clave y describirnos sus poderes?
—(sonríe apenas) El mundo me ha llamado muchas cosas... bruja, rarita, incluso amenaza. Pero si debo elegir, mi nombre es Red Ember.
Mis poderes... (inhala) son complicados de explicar. Puedo entrar en la mente de las personas. Ver lo que ocultan, escuchar lo que piensan, sentir lo que sienten. Con el tiempo, descubrí que también puedo alterar sus percepciones: crear ilusiones, hacerles creer que ven o escuchan cosas que no existen. Y si lo deseo, puedo quebrar su voluntad.
Pero no me gusta hacerlo.
(Hace una pausa, se nota que recuerda algo doloroso.)
—¿Cuánto poder cree que tiene en sus manos?
(Se queda en silencio unos segundos, luego sonríe de lado.)
—Más de lo que quisiera. A veces pienso que los humanos... todos... tenemos más poder del que imaginamos. No como supers, sino como personas. La mayoría no lo usa nunca. No porque no lo tengan, sino porque tienen miedo.
Yo... no tuve opción.
🗂️ Tabla de Poder – Registro Oficial del Gobierno
Nombre en clave: Red Ember
Habilidades principales:
Telepatía avanzada (lectura de mentes, percepción emocional).
Proyección de ilusiones (sensoriales y psicológicas).
Manipulación de recuerdos recientes.
Telequinesis latente (manifestaciones menores, aún inestable).
Nivel de amenaza: 9/10
Potencial de crecimiento: 10/10
Riesgos colaterales: Fuerte desgaste físico y emocional. Episodios de desorientación o hemorragias nasales tras usos prolongados.
Clasificación: Tipo Psíquico / Alterador de Realidad.
(La cámara regresa a ella. Ahora se inclina hacia adelante, como si quisiera hablar con alguien cercano.)
—No siempre quise ser parte de este mundo. Al principio lo odié. Odiaba el ruido en mi cabeza, odiaba sentir lo que otros sentían... porque duele. Duele más de lo que cualquiera imagina.
Pero después conocí a otros supers.
(Una leve sonrisa se dibuja en su rostro. Su tono se suaviza.)
—Gamma Jack... siempre decía que un verdadero super se mide no por lo que puede hacer, sino por lo que decide no hacer. Él fue el primero que no me miró como si fuera un monstruo. Y eso... eso cambia a una persona. AL principio con el fue algo muy inusual y algo desconfiado pero con el tiempo nos hicimos amigos.
Con el tiempo me acerqué a otros: Hyperspeed, Apogee, Blazestone... Algunos me costó ganármelos, otros confiaron en mí más rápido. Supongo que entrar en la mente de alguien te da una ventaja... pero yo preferí ser paciente. Amistades verdaderas no nacen de un poder, nacen de la confianza.
(Hace un gesto divertido con la mano, como recordando algo cotidiano.)
—Lo curioso es que, mientras afuera había protestas y el mundo nos daba la espalda, en privado muchos hombres querían "intentar algo conmigo". ¿Qué podía decirles? Yo sabía lo que pensaban antes de que abrieran la boca. (ríe suave) La mayoría no buscaba conocerme, solo fantaseaba con la idea de estar con una super. Fue... decepcionante. Muy pocas veces encontré sinceridad en sus pensamientos.
Y quizás por eso nunca me ilusioné demasiado.
(La cámara se acerca, la expresión de ella se vuelve más intensa.)
—Si debo ser honesta, lo que me inspira a seguir... es Elastigirl. Ella me demostró que se puede ser fuerte, brillante, respetada. Que se puede alzar la voz en un mundo que quiere silenciarnos. Cada vez que pienso en renunciar, recuerdo que ella también soportó la presión, el juicio de la gente, y aun así nunca dejó de ser heroína.
Y entonces me digo a mí misma: yo también puedo hacerlo.
Yo también puedo estar entre los grandes.
(La luz se apaga. Solo queda su silueta, con la voz resonando firme en la grabación.)
—El mundo puede llamarnos amenazas. Puede darnos la espalda. Pero mientras quede una sola persona que necesite ayuda... yo estaré allí.
(La pantalla se abre con un montaje de supers frente a la cámara. El fondo siempre es el mismo: una sala blanca, una silla metálica y una luz que los ilumina de frente. Cada uno tiene su manera de hablar, su postura, su tono. Las imágenes se alternan, creando un mosaico de perspectivas.)
Gamma Jack
(Se cruza de brazos, con una media sonrisa. Su voz es grave y calmada.)
—La primera vez que vi a Red Ember, pensé que no duraría ni un entrenamiento. Era... frágil. Se notaba que cargaba con más de lo que cualquiera podía soportar. Pero luego... (pausa, ladea la cabeza) la vi pelear. No con sus poderes, sino con su voluntad.
La gente piensa que el más fuerte es el que vuela más alto, o el que lanza rayos más grandes. No. La verdadera fuerza es levantarse cuando lo único que quieres es rendirte. Y Red... siempre se levantaba.
Siempre.
Blazestone
(Se acomoda el cabello y sonríe, con un tono más cálido y chispeante.)
—Ella tenía... una manera de mirar a la gente. Como si te viera de verdad, no lo que mostrabas, sino lo que eras. Al principio me intimidaba. (ríe) ¿Quién no estaría nerviosa sabiendo que alguien puede leer tus pensamientos? Pero Red Ember nunca lo usaba para humillarte ni para tener ventaja.
Era la más amable del grupo, aunque también la más dura consigo misma. Nos daba ánimo a todos, pero a veces olvidaba darse ánimo a ella misma. Y bueno... los demás teníamos que recordarle que no estaba sola.
Hyperspeed
(Habla rápido, con energía, moviendo las manos sin parar.)
—¡La mejor compañera de equipo que he tenido! Digo, sí, podía hacer que me doliera la cabeza si me metía demasiado, pero nunca lo hizo sin razón. Siempre era... ¿cómo decirlo? Ética. Justa. Una chica con principios, ¿sabes?
Y tenía sentido del humor, aunque lo escondía. Una vez, en medio de una misión, me implantó en la mente la imagen de mí mismo vestido de payaso solo para que me concentrara. (se ríe fuerte) Me hizo tropezar, pero gracias a eso esquivé un disparo. ¡Le debo la vida, y una vergüenza inolvidable!
Apogee
(Se inclina hacia adelante, tono sobrio y reflexivo.)
—De todos los supers que conocí, ella fue la más consciente del peso de sus poderes. Red Ember sabía que con una sola decisión podía destruir o salvar a alguien. Y esa conciencia la hacía cuidadosa.
Algunos pensaban que era la más débil, la más frágil... Yo no. Yo vi que, en silencio, soportaba dolores que habrían quebrado a cualquier otro. Para mí, ella era el verdadero corazón del equipo.
Edna Mode
(La cámara cambia. Edna aparece en su estudio, rodeada de bocetos, telas y maniquíes. Lleva sus gafas enormes y habla con su energía característica, gesticulando con las manos.)
—Cuando la conocí, estaba atrapada en una sudadera horrible... ¡horrible! Pesada, mal diseñada, con telas que parecían bolsas de supermercado. ¡Una tragedia! No podía permitirlo, no, no, no.
Así que diseñé algo digno de ella. Ligero, flexible, resistente al calor, al frío, a explosiones menores. Y, por supuesto... (se inclina hacia la cámara, con voz grave y seria) ¡SIN CAPA!
Las capas son un error de principiantes. Atrapadas en ventiladores, succionadas en turbinas, agarradas por misiles... una catástrofe. Jamás, jamás, jamás con mis diseños.
(Se endereza y muestra un boceto enmarcado.)
—Le di un traje que no solo protegía su cuerpo, sino también su mente. Fibras especiales que reducían la presión psíquica. Para que nunca más se sintiera ahogada por sus propios poderes. Cuando se lo probó, vi en sus ojos algo que no había visto antes: confianza. Y cariño. Porque, créanme, cuando mis creaciones visten a un héroe... ya nunca vuelven a ser los mismos.
(Sonríe satisfecha y se gira hacia otro maniquí.)
—Era frágil, sí... pero con mi traje, Red Ember se volvió indestructible.
(La pantalla se oscurece. Voces de todos los supers se superponen, como un eco que se mezcla.)
—La más amable...
—La más fuerte...
—La más consciente...
—La más valiente...
(Por un segundo, aparece una imagen fija de Red Ember en su nuevo traje: negra silueta con detalles escarlata, el cabello corto rozándole los hombros, los ojos brillando con determinación. La luz roja y blanca del fondo la enmarca como un ícono.)
Pantalla a negro. Se escucha el zumbido de la cámara encendiéndose. La luz ilumina a Bob Parr, aún con esa corpulencia heroica que parece demasiado grande para la silla en la que está sentado.)
Mr. Increíble
(Se acomoda la corbata, suspira, mira hacia arriba antes de hablar.)
—Red Ember... (pausa larga) Siempre me pregunté cómo alguien tan joven podía cargar con tanto dolor y aún así seguir adelante. Yo soy fuerte, sí, puedo levantar un auto, puedo enfrentar un robot gigante. Pero lo que ella hacía... pelear contra lo que nadie ve... contra la mente... eso es distinto. Eso es algo que no se entrena con pesas ni con músculos.
Yo la respetaba. La sigo respetando. Nunca presumía. Nunca se creía más que nadie. Era la más amable del equipo, incluso cuando el mundo nos trataba como villanos.
(Se queda serio un momento, la voz más baja.)
—Si les soy sincero, a veces sentía que ella era mucho más super que yo.
Elastigirl
(Aparece Helen, con esa seguridad natural y elegancia en su postura. Sonríe con calidez, aunque hay firmeza en su tono.)
—Red Ember era... especial. No por sus poderes, sino por cómo los usaba. Podía haber hecho que todos la obedecieran, podía haber manipulado al mundo entero si hubiera querido. Pero no lo hizo. Ella elegía la empatía.
Lo que más me sorprendió fue su voluntad. Una muchacha que venía de ser señalada, marginada, y aún así... aún así decidía ponerse de pie. Yo la veía y pensaba: esto es ser heroína.
Y sí, creo que ella veía en mí una inspiración. Pero lo cierto es que yo también me inspiraba en ella.
(Se inclina un poco hacia la cámara, en un gesto cercano.)
—Algunos supers nacen con el brillo. Otros lo construyen en silencio. Ella... ella era de los segundos.
Frozone
(Lucius Best aparece relajado, con sus lentes oscuros. Se ríe apenas antes de hablar.)
—La chica tenía estilo, no voy a mentir. Oscura, misteriosa, siempre con esa vibra como de que podía leer lo que ibas a decir antes de que abrieras la boca. (ríe fuerte) A mí me dio igual, yo pensaba: "que lea lo que quiera, seguro se aburre."
Pero ¿saben qué? Nunca me juzgó. Eso era lo increíble de ella. Tenía acceso a todas tus verdades, incluso a las que no quieres mostrar, y nunca te miraba con desprecio. Al contrario, te hacía sentir más humano.
(Se pone serio de golpe.)
—Muchos pensaban que era frágil. Pero yo la vi enfrentarse a cosas que a mí me habrían congelado el corazón. Y créanme, para decirlo yo, que congelo cosas todos los días... es mucho.
El Público
(Cambio de escena. Distintos ciudadanos frente a la cámara. El tono es más crudo, más real. Una mezcla de miedo, admiración y desconfianza.)
—"La vi una vez en Manifestación. Era muy Callada. Pero... no sé... había algo en ella. Como si supiera más de lo que mostraba."
—"Dicen que puede entrar en tu mente. ¿Cómo confiar en alguien así? ¡Eso no es normal! ¿Y si decide manipularnos a todos? ¿Y si ya lo está haciendo?"
—"Yo la vi salvar a un niño en una protesta. No usó la fuerza, no golpeó a nadie. Solo... habló, o más bien, lo miró, y él se calmó. Como magia. Nunca había visto algo igual."
—"No me importa lo que digan. Para mí, sigue siendo una amenaza. Si puede leer lo que pienso, entonces no tengo privacidad. ¿Qué clase de poder es ese?"
—"No. Ella no era una amenaza. Era la única que sonreía cuando todos los demás supers parecían cansados. Yo lo vi. Y eso... eso vale."
(La pantalla se oscurece. Se escuchan las voces mezcladas: héroes hablando de su fuerza, ciudadanos hablando de su miedo. Entre esas voces, aparece su imagen en traje, firme, con el cabello ondeando al viento. Una silueta entre luz y sombra. Una super marcada por la duda del mundo, pero también por la fe de quienes la conocieron de verdad.)
"Red Ember. La frágil. La fuerte. La amable. La incomprendida. Para algunos, esperanza. Para otros, amenaza.
Pero para todos... imposible de olvidar.
No todos los superhéroes la vieron siempre con la admiración que hoy merece. Al principio, algunos dudaban de que aquella joven, con su sonrisa tímida y sus manos temblorosas al controlar su don, pudiera sostener tanto poder en un mundo tan cruel. Muchos murmuraban en silencio: "Tarde o temprano, no aguantará. Se romperá bajo el peso de su propia mente".
Y, sin embargo, ella nunca se rompió.
Otros supers – Perspectivas
—"Era tan amable que hasta con los villanos intentaba dialogar. Yo la vi más de una vez detenerse frente a un criminal y en lugar de golpear, trataba de entenderlo. Nos volvía locos a muchos, porque esa clase de piedad parecía ingenuidad. Pero no lo era. Era fuerza. Ella de verdad creía que cualquiera podía cambiar."
—"Yo no lo entendía. Veía cómo le sonreía incluso a quienes la odiaban. Pensaba: 'Esto no va a terminar bien, un día esa bondad le costará la vida'. Pero con el tiempo... entendí que esa era su mayor arma. No sus poderes, no su traje, sino esa voluntad inquebrantable de no volverse como el enemigo."
Gamma Jack – incidente
Uno de los momentos más comentados fue el bochornoso episodio con Gamma Jack, siempre fanfarrón, siempre creyéndose el centro del universo. Durante una misión, él no pudo evitar coquetear con una villana de belleza intimidante.
Lo que nadie esperaba era que nuestra protagonista, con solo un roce de su mente, escuchara todas las fantasías que Gamma Jack estaba teniendo... una tras otra, con lujo de detalles, sobre aquella mujer.
La villana reía, disfrutando la incomodidad. Y ella, la más sensible, se puso roja de ira, de vergüenza y de rabia. El impulso fue tan fuerte que, por un segundo, estuvo a punto de hacer algo que jamás se había permitido: borrar la memoria de todo el mundo presente para que nadie recordara la humillación.
Se contuvo. Apenas. Pero todos vieron el temblor de sus manos, el brillo en sus ojos, y comprendieron lo peligroso que podía ser su don cuando las emociones se desbordaban.
El gobierno – sombras y manipulación
No solo los villanos la pusieron a prueba. También el propio gobierno.
Una y otra vez intentaron convertirla en un arma política, presionándola para que usara sus poderes y manipular la percepción de la gente: "Podrías hacer que toda la ciudad apoye nuestras leyes. Que el mundo se vuelva en contra de los supers que nos desobedecen".
Ella lo escuchaba todo. Cada pensamiento, cada ambición oculta detrás de las sonrisas falsas de los funcionarios.
Lo que descubría la destrozaba: para ellos, los supers no eran héroes, eran herramientas. Números en una balanza de poder.
Y sus compañeros también lo sentían. Se reunían con ella, la miraban a los ojos y no necesitaban que dijera nada; con solo verla sabían que había leído lo peor.
"Eso nos rompía" —confesó Frozone una vez— "porque ella cargaba en sus hombros todo lo que nosotros no podíamos escuchar. Y aún así, nunca dejó de pelear por nosotros."
Mientras los supers hablaban de ella con respeto y asombro, en las calles la historia era distinta.
El público la observaba con esa mezcla incómoda de fascinación y miedo. No había nada más íntimo, más vulnerable, que los pensamientos... y ella podía entrar en ellos con solo existir.
—"Es un ángel, de verdad. Cuando mi hermano desapareció en medio de una protesta, ella fue la única que se detuvo a mirarme. No me dijo nada... pero luego lo encontramos vivo. Yo sé que fue ella. Yo sé que escuchó mi grito."
—"¿Que si me da miedo? Claro que sí. ¿Quién quiere que alguien sepa lo que piensa en realidad? Ni los políticos, ni los criminales, ni siquiera yo, que a veces tengo pensamientos horribles. ¿Y si un día decide juzgarnos por ellos?"
—"Ella no es como los demás supers. Los demás golpean, destruyen, levantan edificios, pero ella... ella te mira. Te hace sentir visto, como si no pudieras esconder nada. Es hermoso y aterrador al mismo tiempo."
Los medios nunca la dejaron en paz.
Unos titulares decían: "La superheroína que puede salvarnos de nosotros mismos".
Otros eran más oscuros: "¿Quién vigila a la que puede vigilarlo todo?".
Cada entrevista que daba era diseccionada, cada palabra analizada para encontrar si en el fondo escondía un mensaje subliminal. La cuestionaban como si fuera culpable solo por existir.
En más de una ocasión, al salir a combatir junto a sus compañeros, escuchaba dos coros opuestos.
Por un lado, la multitud que la aclamaba: "¡Ella nos protege! ¡Ella escucha lo que nadie quiere oír!".
Y por el otro, quienes levantaban pancartas: "¡No queremos una diosa que lea nuestras almas!".
Ese contraste la desgarraba. Porque amaba a la gente... incluso a aquellos que la odiaban.
El público la veía como un espejo.
Unos encontraban esperanza, otros terror.
Pero nadie podía ignorarla. Porque en lo más profundo de su mente, todos sabían la verdad:
ella era la prueba viviente de que los humanos pueden llegar más lejos de lo que jamás imaginaron.
Y ese recordatorio... dolía tanto como inspiraba.
Así era ella. Subestimada, ridiculizada, tentada y manipulada.
La más frágil, y a la vez, la más fuerte.
Porque en un mundo que intentaba corromperla a cada paso, lo único que jamás pudieron quebrar fue su convicción de seguir siendo ella misma.
"Y bueno, hasta aquí por hoy, tengo mil pendientes encima pero prometo darme mi tiempito para seguir actualizando. Gracias por ser tan pacientes conmigo . Los leo siempre en comentarios, me encanta saber qué piensan. Y si les gusta, recomienden el fanfic, eso me ayuda un montón ."byeeeeeeeeee.