Mi vecino

By sb_NepUra

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Neptuno es un poco tímido con Urano, X logrará que deje su vergüenza NepUra Historia corta y con final feliz ... More

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By sb_NepUra

Un día cualquiera Neptuno iba de vuelta del supermercado hacia su hogar cuando lo vio; un joven peli-celeste con caderas anchas y cintura pequeña. El chico estaba intentando abrir la puerta del complejo frente al de Neptuno mientras luchaba por no tirar las bolsas de plástico que tenía en el brazo derecho. Neptuno no supo cuándo fue, pero en un abrir y cerrar de ojos, ya se encontraba detrás del chico.

—¿Necesitas ayuda?—Preguntó con voz grave
el mayor.

—¡Ah~!–Gritó el chico a la vez que dejaba caer sus bolsas de plástico al suelo.

— ¡L-Lo siento!— Balbuceó Neptuno perdido en los ojos celestes del pequeño—Y-Yo, te vi en problemas y...— Se agachó para comenzar a levantar las pertenencias del niño con labios rosas y rechonchos.

—Gracias–Respondió con voz dulce una vez, el mayor le devolvió sus bolsas.

—¿Necesitas que te abra la puerta?—Preguntó Neptuno.

—Sí, Gra-

—¡Urano!—Se escuchó una voz detrás del menor.

—¡Tierra!— Le respondió el pequeño y eso inquietó a Neptuno.

—Oh, ¿Hola?–Dijo un chico, con cabello azul claro con tonos blancos.

—Tierra, él vino a ayudarme–Respondió de nuevo esa dulce voz.

—Mucho gusto, soy Tierra y él... es el hermoso Urano—El chico pasó uno de sus largos brazos por los hombros del pequeño después de besar su mejilla derecha y de nuevo algo dentro de Neptuno se movió.

—Neptuno–Fue lo último que dijo antes darse la vuelta y caminar hacia su edificio sin siquiera dirigir la mirada al peliceleste.

Entró a su departamento, colgó sus llaves en la pared y se dejó caer sobre su sofá.

—Acaso... ¡él es su pareja!–Su tono de voz había bajado radicalmente–Estúpida pareja–Refunfuñó el mayor sintiéndose repentinamente triste.

La noche había caído y Neptuno se dirigía hacia su habitación pasando por alto el hecho de no haber ingerido alimento alguno desde que llegó, se quitó la camisa azul oscuro y la tiró por ahí sin importarle siquiera en dónde podía caer.

Caminó hasta el balcón y miró el cielo, las estrellas parecían especialmente brillantes esa noche, el de tez moreno miró el complejo vecino y una imagen robó su atención; Urano se encontraba boca abajo sobre lo que Neptuno supuso era su cama con el teléfono pegado en el oído y hablando plácidamente con alguien. Neptuno no quitó sus ojos del menor.

Escaneaba por completo todo lo que estaba a su vista, desde sus uñas bien recortadas hasta su pequeña nariz fruncida, pasando por su blanca sonrisa y terminando en su espalda baja.

—Mierda—Fue todo lo que Neptuno dijo cuando su vista se posó en el muy bien formado trasero de su vecino.

Neptuno sentía que un calor lo recorría desde la punta de su cabeza hasta los dedos de los pies.
El mayor entró rápidamente a su casa, cerrando de un golpe la puerta que daba hacia su balcón, se sentó en su cama y sintió cómo los skinny jeans que llevaba puestos comenzaban a apretarle en esa zona de su cadera.

—No, no, no–Entró al bañó abriendo la llave de la regadera. Se despojó de todas sus prendas y entró a la ducha dejando el agua helada correr por todo su delgado cuerpo.

—No puedo pensar eso de un chico–Se reprendió mentalmente—Mucho menos de uno que ya tiene novio–Pensó de nuevo.

***

Neptuno se despertó muy temprano para su gusto, la noche anterior no había podido dormir del todo bien. En sus sueños se entrometía un pequeño y acuerpado chico, eso hizo que se despertara varias veces por la madrugada bañado en sudor.
Eso nunca le había pasado antes ¿Porqué ahora?

Neptuno se levantó, tomó una ducha, se cambió para ir a su trabajo y, cuando estuvo a punto de salir de su apartamento una risa seguida lo hizo detenerse de golpe. No estaba tan seguro de querer salir de su departamento y encontrarse con ese pequeño.

Neptuno miró por el picaporte y sus ojos se abrieron más de lo que él incluso imagino podrían abrirse. De repente se sentía molesto, ¿Cómo era posible que el hombre que había visto junto a ese peliceleste, estuviera comiéndole la boca a otro chico afuera de su departamento? Neptuno cayó sentado en su sofá. Estaba realmente enojado, si no fuese tan cobarde ya habría enfrentado al chico de cabellos azules con tonos blancos, pero no, Neptuno era el ser cobarde que incluso él conocía. La imagen de Urano llegó a su cabeza, y el simple hecho de imaginarlo triste y llorando por ese tonto hizo que su corazón se oprimiera un poco.

—Sólo olvídalo–Habló para si mismo, se sentía triste y cabizbajo —Ni siquiera merezco que me llamen hombre–se sintió repentinamente triste y solo. Se recostó en el sofá y tomó su celular llamando a Jupiter.

—¿Amigo? —Habló Jupiter.

—¿Qué tal?–Respondió desanimado.

—¿Pasa algo?–Preguntó–Te escuchas algo...
¿triste?

—Estoy de esa forma, Júpiter–Soltó un suspiro–No me siento muy bien ¿podrías cubrirme hoy?

—Yo... Claro, amigo. Iré a verte más tarde ¿bien?—Neptuno asintió como si Júpiter pudiese verlo.

—Hasta el rato–El de cabellos azules sintió una repentina presión en el pecho cuando pensó de nuevo en Urano. Ese bonito chico no merecía ser engañado de esa manera.

—¿Por qué teniendo a un chico tan bonito él lo está...—Bajó su tono de voz cuando repitió en su mente lo que dijo.

Acababa de llamarlo "Bonito" él, Neptuno había pensado en un chico de esa forma. Neptuno decidió que sería mejor despejar la mente, así qué salió a "hacer las compras" según él.

Cuando llegó al supermercado, tomó un carrito y comenzó a arrastrarlo por los pasillos comenzando por los electrodomésticos. Llevaba casi media hora ya caminando aún con su carrito vacío, inconscientemente siguió una risa, entró a un pasillo de enlatados y lo vio de nuevo.

Urano estaba allí, dando saltitos para alcanzar una lata de duraznos que se encontraba en la parte superior del estante. Y Neptuno sólo se quedó observando cómo su bonito ceño se fruncía y cómo las líneas y músculos de sus glúteos se marcaban en el apretado pantalón que llevaba mientras su camisa blanca se levantaba dejando a la vista un poco de su piel blanca.

Cuando el peliceleste se estaba dando por vencido, giró su cabeza en dirección a Neptuno y le dio una tierna sonrisa acompañada de un tono rosado en sus mejillas, Neptuno en lugar de ir y ayudarle a bajar la lata como todo hombre respetable, salió corriendo del lugar.

El mayor regresó el carrito a la entrada y corrió al estacionamiento a encerrarse en su auto.

—¿Por qué?—sentía inmensas ganas de llorar por lo avergonzado que se encontraba. Neptuno dejó caer su cabeza en el volante y cerró los ojos recreando esa escena de nuevo–Debe pensar que soy un raro–Comenzó a darse golpes en el volante haciendo sonar el claxon. Detuvo los golpes cuando escuchó golpes en el cristal de su ventana.

Neptuno giró su cabeza llevando su mirada hacia su ventana y sintió ganas de llorar de nuevo.
Urano estaba tocando su ventana y sonriéndole a él, a un hombre que en lugar de ser un caballero, es un cobarde que sale corriendo cuando Urano le sonríe. Y Neptuno arrancó su auto dejando a un bonito y confundido Urano en el estacionamiento del supermercado.

***

Urano se encontraba en la cocina del pequeño departamento que compartía con su hermano mayor, no tenía ni la más mínima idea de en dónde podría estar, que se supone debería cuidar su espalda.

El menor mezclaba con una cuchara de madera el contenido dentro de la cacerola de metal sobre la estufa. Urano buscó en las bolsas del supermercado y sacó la lata de duraznos que recién había comprado. Y lo recordó;

Neptuno, su vecino peliazul con ojos que le daban un ligero aire felino y con olor... ah su olor, le era tan reconfortante y hogareño.

—Ese hombre es muy lindo, Neptuno–Habló Urano a su pequeño gato blanco con manchas negras–Hoy lo descubrí mirándome–El gato maulló y Urano vertió el almíbar en la cacerola–Pero después huyó–Soltó un suspiro cargado de tristeza–Debe ser por Tierra–Puchereó.

—¿Yo qué?–Tierra entró a la cocina y Urano saltó en su lugar por el pequeño susto.

—Tu haces que los chicos se alejen de mí–Dijo sin mirarlo.

—Esa es la idea, Urano— Besó su mejilla.

—Pero Tierra–Se giró y lo miró a los ojos–Casi soy adulto y pronto encontraré a alguien y-

—Sabes que no, Urano–Se cruzó de brazos.

—Sabes que sí–Se giró para enfrentarlo–Pronto tendré a un novio que me proteja y no te necesitaré–Dijo molesto.

—Urano, te cuido porque eres mi hermanito–Lo abrazó y besó su cabello–Además, no queremos otro incidente como el del año pasado ¿no es así?–se separó del menor.

—Pero–Urano acercó su naricita a Tierra–¡Estuviste con alguien!–Lo señaló.

—Urano...

—¡Esto es tan injusto!–Tiró la cuchara de madera que sostenía—¡Traidor!–Frunció su ceño.

—Esto es diferente, Urano. Soy un adulto ya.

— No es justo que salgas con chicos y yo no pueda salir con ninguno— Dijo decaído— ¿Tienes idea de cómo me hace sentir eso?—Se giró a la cacerola sin ver a su hermano mayor.

—Urano, no digas eso. Eres un chico lindo, tienes una sonrisa que dejaría paralizado a cualquiera—Urano recordó al peliazul–Eres tierno, divertido, bailas y cocinas increíble...

—¿Crees que mis hijos serán lindos?—Preguntó mirando cómo en la cacerola comenzaba a formarse una mezcla espesa como caramelo.

—Serán los sobrinos más lindos que pueda tener,
Urano–el peli-celeste pagó el fuego de la estufa caminó hacia Tierra.

—Tierra, no me abraces–Tierra frunció su ceño.

—Urano, lo hago por tu seguridad, no queremos que nada te pase.

—¡Estaré bien!—Se quejó–Además, ¿cómo sabrá mi pareja que soy el indicado?–Cruzó sus brazos y frunció su ceño.

—Tu novio sabrá que son el uno para el otro–Le guiñó el ojo derecho–Además ¿por qué tanto interés en buscar un novio? ¿a caso algún chico de la universidad se atrevió a invitar a salir a mi hermanito?–Ambos se rieron.

—No...Tierra, ningún chico en la universidad se acercaría a mí con esas intenciones, Mercurio se encarga de alejar a todos.

—Recuérdame darle un regalo a Mercurio.

—Como sea, sólo, cero abrazos desde ahora ¿si?— Suplicó con ojos brillantes.

—Lo hablaré con papá, pero no prometo nada.

—¡Eso es suficiente para mí!— Saltó y besó su mejilla–Ahora, sal de mi cocina, debo terminar
esta tarta.

—¿Es para Mercurio?–Urano negó con la cabeza–¿Entonces?

—Es para el vecino que nos saludó cuando llegamos al edificio ¿lo recuerdas?

—¿El hombre debí lucho?

— Yo más bien creo que es un hombre fuerte–Dijo sonriente.

—Urano, ningún hombre se atrevería a acercarse a ti y hablarte como él lo hizo–Despeinó el cabello celeste del más joven y salió de la cocina.

Urano prefirió ignorar a su hermano, siguió concentrado en su tarta de duraznos.

***

Después del lamentable incidente que había experimentado en el supermercado, Neptuno regresó a su casa más abatido que cuando había salido temprano por la mañana. Su mente le hizo una mala jugada y terminó humillándose frente a
Urano.

—Soy un imbécil–Se reprendió en voz alta después de azotar la puerta de su departamento y entrar en él.

—¿De nuevo hablas solo?—Neptuno saltó en su lugar cuando escuchó la voz de Jupiter.

—¿Qué haces aquí?–Preguntó con una mano en el pecho el peliazul caminando hacia él.

—Veía televisión–Señaló el televisor frente al
sofá en el que estaba sentado.

—¿Cómo entraste—Preguntó después de tomar asiento junto a él.

—Utilicé la llave de emergencia.

—Oh... creo que debería cambiarla de lugar–Dejó caer su cabeza en el respaldo.

—Y bien... ¿hablarás?

—Jupiter... estoy teniendo pensamientos extraños.

—Neptuno, estoy a favor de la vida—Pasó su brazo por los hombros de Neptuno.

—¿Qué? ¡no!–Alejó su brazo–No pensamientos suicidas, idiota.

—¿Entonces?

—Y-yo he estado pensando en un chic-

—¡¿Qué?!–Se levantó del sofá y lo miró–¡Dime que no estoy soñando!— Se le veía sonriente.

—Jupiter esto no es bueno—Se dejó caer en el sofá para quedar completamente acostado.

—¿No es bueno? ¡Es lo mejor! Espera a que Saturno se entere—Pasó sus manos por toda su cara.

—No es bueno, Jupiter—Tapó su cara con uno de los cojines.

—¡Claro que lo es! Desde que te conozco, jamás te habías interesado en alguien. ¿Es hombre? jOh tiene que serlo!—Gritó eso último.

—¡Jupiter el piensa que soy un perdedor–Lloriqueó.

—¿Has hablado con él?—Corrió al sofá y levantó a su delgado amigo para sentarse ahí.

—Hoy lo vi en el supermercado y-

—Huiste—Completó el más alto.

—Vaya que me conoces.

—Mejor que tú mismo, mi amigo. ¿Y qué harás?
Debes ir a buscarlo y pedirle que te de una oportunidad para-

—El ya tiene pareja—Dijo y su amigo se cayó y posó su atención en él.

—Pero cabe la posibilidad de que ellos no-

—Viven en el edificio de enfrente. Se acaban de mudar, tal vez quieren tener sus propios hijos y...—No pudo seguir hablando porque su voz se vio interrumpida por un nudo en su garganta y pequeñas lágrimas que salían de sus ojos.

—Neptuno no–Jupiter lo abrazó y Neptuno soltó un sollozo aún más alto.

Así estuvieron durante diez minutos exactos hasta que el timbre retumbó en la casa de Neptuno.

—Iré a ver quién es ¿si?—Se quitó con mucho cuidado a Neptuno de encima y caminó hasta la entrada para atender.

Cuando Júpiter abrió la puerta se encontró con un lindo, sonrojado y tierno chico con una enorme sonrisa y una pequeña caja en sus manos.

—Hola–Saludó Jupiter y Urano de pronto se vio desorientado.

—¿H-hola? Yo–Miró una vez más el número en la puerta—Busco a Neptuno ¿él vive aqui?

—Oh sí, pasa.—Jupiter se hizo a un lado para dejar pasar al menor.

—Traje esta tarta para él ¿se encuentra en casa?–Mencionó con un tono dulce y educado.

—Oh claro...

—Urano–murmura. Algo en la cabeza de Júpiter hizo click.

—Él debe estar por aquí–Caminó a la sala de estar seguido de Urano, pero Neptuno no estaba allí. De nuevo huyó, vaya hombre, pensó Jupiter.

—Debe estar en el baño, iré a avisarle. La cocina está por allá—Apuntó con la cabeza–Puedes ir y dejar allí tu–Apuntó a la caja en sus manos.

Jupiter caminó hacia la habitación de Neptuno, y sí, efectivamente el peliazul estaba allí, tumbado en su cama bocabajo.

—Neptuno él está aquí–Lo movió para llamar su atención.

—Ya lo sé, por algo corrí hasta aquí— Dijo después de girarse para ver a su amigo–¿Ya se fue?

— Amigo, él trajo una tarta. Una tarta ¿sabes lo que significa?—No obtuvo respuesta–Oh vamos, ese pequeñín está interesado en ti.

—Él no lo está, tiene novio ¿no lo entiendes?
Debo alejarme de él lo más posible.

—Piensa lo que quieras, Neptuno. Yo me voy, tu pequeño está en la cocina—Jupiter salió de su habitación dejando la puerta abierta.

—Adiós, Urano. Fue un placer–Escuchó cómo se despedía del pequeño.

Algo en el interior de Neptuno le obligó a levantarse y caminar hasta la cocina en donde-efectivamente- estaba Urano acuerpado frente a una bonita y casera tarta de duraznos.

—H-Hola–Murmuró Neptuno y Urano le sonrió alegremente.

—Traje esta tarta—Llevó la tarta un poco más cerca de Neptuno, mientras éste apenas y era capaz de estar de pie— Pensé que tal vez...
¿Podríamos comerla juntos?

Neptuno miró sorprendido a Urano y analizó su carita: ojos que evitaban mirarlo, pestañas pequeñas y lacias, nariz pequeñita, mejillas gorditas y sonrojadas y labios...

—¿Neptuno?–El menor balanceó su cabeza de un lado a otro para atraer la atención del mayor.

—Sí, claro–Neptuno se felicitó a sí mismo por haber podido darle una respuesta sin tartamudear.

Neptuno caminó hasta su alacena y sacó los platos pequeños que había comprado hace poco menos de dos meses en una rebaja de una tienda de artículos para el hogar que visitaba frecuentemente. Dejó dos platos pequeños con flores rosas y azules y dos cucharas de plata que eran las indicadas para comer porciones pequeñas de postres.

—¡Qué lindos!—Salió de la boca de Urano cuando vio lo que el mayor había colocado sobre la mesa
–¿Dónde los conseguiste? Debo decirle a Tierra que me compre unos de estos–Algo dentro de Neptuno se movió cuando el pequeño lo mencionó.

—Eran piezas limitadas—Se limitó a contestar para después dejar el -también- bonito cuchillo en la mesa esperando que Urano partiera la tarta, porque él no estaba seguro de controlar el temblor de sus manos.

Urano partió dos trozos de tarta y colocó cada uno sobre su respectivo plato y le paso uno de ellos a Neptuno.

—Si gustas podemos comerlo en el balcón–Neptuno necesitaba un poco de aire, pues sentía que le faltaba cada que lo miraba.

—Eso estaría bien–Urano caminó delante de él, y Neptuno no pudo evitar notar el sutil movimiento de caderas del menor.

Ambos tomaron asiento, uno en cada silla que Neptuno tenía.

Urano evitaba dar el primer bocado porque quería ver la reacción del mayor al probar por primera vez
su comida.

—Neptuno—Urano tocó su hombro un par de veces para que Neptuno le prestara atención y cuando al fin lo consiguió le habló—¿No te gustan los duraznos?—Preguntó y Neptuno formó una O con su boca.

—Si, me gustan–Así como tú. Pensó e introdujo una cucharada con un poco de tarta a su boca.

Urano se deleitó la pupila con la reacción de Neptuno, jamás lo había visto sonreír y le gustó que su comida fuera la razón de aquella bonita sonrisa.

—¡Es deliciosa!—Externó Neptuno sin pena alguna y Urano se sentía feliz, con su pecho y frente en alto.

—Me alegro, Neptuno—Y ahora si pudo comer su pedazo en paz.

Después de que cada uno comiera su respectiva porción, Urano intentó sacarle algo de plática al mayor, pues aún no quería irse de su lado.

Hablaron de trivialidades hasta que la noche comenzaba a caer y el cielo se coloreaba de anaranjado. Mirando el cielo, Urano pudo darse cuenta de algo bastante curioso y que podría utilizar a su favor.

—¡Mira Neptuno!—Urano señaló el edificio de enfrente—Desde aquí se puede ver mi habitación–Urano se encargó de que Neptuno supiera cuál es—Desde aquí fácilmente podría ser espiado ¿no crees?—Neptuno se encogió en su asiento y su ligero sonrojo no pasó desapercibido para Urano–Incluso sería aún más fácil con binoculares–Rió ligeramente cuando vio que la expresión del mayor se iluminó.

Urano daba saltitos mientras se dirigía a su
hogar. Las noches serán muy divertidas Neptuno pensó una vez estuvo dentro de su edificio.

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