En medio de una carretera desolada, Bora transitaba con el sudor recorriendo todo su cuerpo, sus temblorosas manos cubiertas de sangre. La luna radiante como nunca antes, las heladas brisas se incorporaban con sus jadeos, provocados por la extensa caminata. Al detenerse, el pesado bulto que traía consigo cayó de su hombro. Al ver el cadáver en el suelo, sus labios comenzaron a temblar. Observó hacia todos lados en busca de ayuda, algo que no podía conseguir en dicho lugar, estando alejada de la ciudad, la sociedad y de casa. Cuestionándose qué hacer, volver no era una opción, se negaba a cargar con dicho peso en busca de un hospital. Al tomarse un tiempo para descansar, observó cautelosa los enormes árboles del bosque frente a ella. La noche nunca había sido tan silenciosa. Al cruzar la carretera, se adentró en el oscuro bosque con la esperanza de obtener ayuda, los crujidos de las ramas al ser pisoteadas, provocó un leve sobresalto, haciendo que volteara a ver el cuerpo de quién alguna vez llamó su mejor amigo, sin vida.
Con los ojos cubiertos de lágrimas, apartó la vista, apoyándose en un árbol. Tratando de recuperar el aliento, con un suspiro hondo, continuo su camino sin rumbo.
Entre hojas caídas, ramas que se desprendían de sus lugares y aves a media noche, el amenazador silencio era cubierto. Entre la oscuridad, una sombra se hizo presente a unos pocos metros de distancia, volteó hacia los lados para intentar hallar de quién se trataba, resultando en no reconocer a nadie cerca de ella. Convenciéndose que se trataba de su imaginación, a paso firme se encontraba apartada de la carretera.
Se cuestionaba cómo podría volver a casa sin saber dónde se encontraba, le aterraba tener que emprender viaje de vuelta sola y comunicar el fallecimiento de una persona, lo que podría terminar en que sea principal sospechosa del accidente.
Una tenue luz se hizo presente a la distancia, llamando la atención de Bora, fue acercándose de a poco, hasta lograr divisar un gran árbol con una cavidad gigante. Asombrada por el tamaño de esta, dirigió su mano hasta su tronco, un escalofrío recorrió su cuerpo al observar en este un símbolo extraño. Dio un paso atrás, suspirando. Al observar tras ella, se cuestionó dónde pasaría la noche. Comenzaba a hacerse más oscuro, la neblina se hizo presente, dando un aspecto tétrico al lugar, más de lo que ya era para ella.
En el momento en que volvió su mirada hacia aquel árbol, la forma de este se modificó de repente. Dejando entre ver lo que parecía ser el interior de una casa. Bora, totalmente asombrada, creía que se trataba de un sueño, al paso de unos breves segundos, ingresó a aquella abertura, siendo capaz de visualizar velas colocadas de manera circular, otras en hileras a lo largo del suelo, donde un gran circulo rojo con una estrella en medio se encontraba en mitad de la sala principal, acompañada de estantes con miles de libros cuyos aspectos eran notoriamente antiguos. La escalera en espiral a un costado, se extendía hasta un segundo piso, al subir, una habitación se encontraba de lado izquierdo de la escalera. Las paredes cubiertas de telarañas. Un lugar no tan apto para vivir.
Una leve brisa helada, hizo que se estremeciera. Al dirigirse hasta la puerta, esta se cerró de golpe.
Bora, percibía que todo a su al rededor se desvanecía lentamente, hasta que lo único que podía percibir era oscuridad, provocando que cerrara los ojos con fuerza, al abrirlos, se encontraba en la mitad del bosque sola, o al menos eso era lo que creía.
Tratando de asimilar lo que acaba de ocurrir, con un vistazo rápido, logró visualizar a una sombra cuya forma se asemejaba a la de una persona acercándose a ella, convencida que estaba perdiendo la cordura, trató de ignorarlo. Al bajar la mirada, regulando su respiración, dio un sobresalto cuando escuchó pasos tras ella.
Al darse la vuelta, no había rastro, con el corazón atrapado en su garganta, la respiración acelerada, sus manos temblaban, el sudor comenzaba a caer de su frente. Al volver la vista hacia el árbol, no había nadie.
Se mantuvo observando hacia todos lados con temor, sus palpitaciones comenzaban a cubrir el silencio, volteó de nuevo tratando de calmarse.
Los pasos se escuchaban cada vez más cerca. En un descuido, Bora percibió una mano sobre su hombro, tras un sobresalto y voltear no había nadie tras ella, aunque, al observar al frente de nuevo, sus ojos se encontraron con los de una mujer con una misteriosa capa negra.
—Vaya, vaya —expresó la mujer, apareciendo frente a Bora, observándola con curiosidad, quitándose la capucha —¿Qué haces aquí? No debes estar por estos lados, menos a estas horas de la noche.
Al observar de cerca a aquella mujer, permaneció perpleja. La chica de la capa retrocedió, dando un vistazo rápido a aquel árbol, al volver su mirada hacia ella, notó el nerviosismo de la chica, dirigiéndole una cálida sonrisa.
—¿Estás perdida?
Bora, permaneció en silencio unos segundos, tratando de asimilar lo que acababa de ocurrir; pasar de perder a su mejor amigo a caminar sin rumbo por el bosque y que una extraña la encontrase a mitad de la noche, parecía ser una buena coincidencia después de todo.
—Yo puedo ayudarte —dijo extendiendo su mano—. Me llamo Minji, por cierto.
—Gracias, Minji— replicó Bora, aceptándola.
—Pero...—interrumpió—. Estoy en busca de un lugar especial, si me ayudas a encontrarlo, a cambio te daré lo que más deseas.
—Si vas a ayudarme, estoy dispuesta a ir contigo.
Minji dejó escapar una leve sonrisa al oír la confirmación de Bora. Ambas mantenían la vista de una a otra, con cierta timidez por parte de Bora. Las hojas de los árboles danzaban a la par que se incorporaban las brisas de la helada noche y se disipaba la neblina. Luego de unos minutos, ambas emprendieron viaje hacia aquel lugar especial, sin saber que ese recorrido sería distinto a lo que imaginaban.