Como una polilla cazando en l...

Da Red-hodd

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𝐏𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚𝐣𝐞𝐬 𝐚𝐝𝐮𝐥𝐭𝐨𝐬 (+𝟏𝟖) En el mundo clandestino de una poderosa organización criminal, Na... Altro

Prólogo.
Uno.
Dos.
Tres.
Cuatro.
Cinco.
Seis.
Siete.
Ocho.
Nueve.
Diez.
Once.
Doce.
Trece.
Catorce.
Quince.
Dieciséis.
Diecisiete.
Dieciocho.
Diecinueve.
Veinte.
Veintiuno.
Veintidós.
Veintitrés.
Veinticuatro.
Veinticinco.
Veintiseis.
Veintisiete.
Veintiocho.
Veintinueve.
Treinta y Uno.
Treinta y Dos.
Treinta y Tres.
Epílogo.
Nueva historia ya disponible!

Treinta.

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Da Red-hodd

Ambos habían logrado infiltrarse con éxito, la entrada fue más sencilla de lo esperado, aunque eso no los tranquilizaba. 

Ahora ambos caminaban con sigilo por los pasillos oscuros del lugar, donde cada paso parecía retumbar entre las paredes apagadas; había tanto silencio que, si prestaban suficiente atención, incluso podían escuchar con claridad el sonido de sus propias respiraciones y el leve crujido de las suelas sobre el suelo.

Nathalie no podía ver en la intensa oscuridad, su vista solo alcanzaba formas vagas y sombras temblorosas, pero Claw Noir sí, su visión nocturna lo guiaba con naturalidad entre la penumbra. 

Aun así, era ella quien lo dirigía, con pasos precisos y órdenes cortas, guiándose por memoria y pura intuición.

—Por aquí. —Él susurra con apenas un soplo de voz.

Pero tan pronto como suelta eso, el joven alza una mano y la detiene con un gesto rápido.

—Hay alguien cerca. —Murmura apenas audible, casi un roce de aire.

—Neutralizalo sin hacer ruido. —Responde de inmediato en tono seco pero bajo. 

El joven asiente con un leve movimiento de cabeza, aunque ella no podía verlo, él se agacha y se desliza por el suelo con una destreza silenciosa, como un felino, su cuerpo apenas tocaba el piso mientras avanzaba hacia el origen del sonido que había detectado, sus músculos estaban tensos y listos.

Al acercarse, calcula con precisión el momento y se abalanza sobre la figura escondida en las sombras, pero en el instante en que la sujeta, se da cuenta de su error.

—¿¡Qué haces aquí!? —Él brama sorprendido.

—¿Qué haces tú aquí? —Shadybug responde al reconocer su voz.

—¡Yo pregunté primero! —Espeta sin soltarla.

—No te voy a responder y quítate de encima. —Ordena empujándolo con fuerza.

Él no se deja, sus cuerpos se zarandearon brevemente, como dos sombras cruzando chispas en la oscuridad, fue una pequeña pelea, rápida y silenciosa, donde más que dañarse, medían fuerzas.

Nathalie se acerca a prisa, guiada por el ruido.

—¿Qué está pasando? —Pregunta alerta.

Shadybug gira el rostro al oír su voz, sorprendida —¿Nathalie? ¿Qué haces aquí con él?

Claw Noir desconcertado, las observa alternativamente.

—¿Ustedes se conocen?

—Es una larga historia —Afirma—. No hay tiempo para explicaciones, ¿Qué haces aquí Shadybug?

—Creo que sabes qué hago aquí. —Ella responde con un tono que no ocultaba reproche. 

—Te busqué —Admite—. Quería que nos ayudaras, pero jamás imaginé que harías lo mismo que nosotros. 

—Tuve que recoger algo antes de venir —Responde, con un dejo de ironía en la voz—. Finalmente entraste en razón, ¿eh?

—Un poco —Afirma sin humor—. Claw Noir nos ayudará.

—¿Por qué nos ayudaría? —Cruza los brazos con desconfianza.

—¿Y tú porqué estás aquí? —Él se adelanta cortante.

—No es momento para esto —Nathalie intercede antes de que las cosas escalaran—. No tenemos tiempo, Shadybug nos ayudará y Claw Noir también, ¿Quedó claro?

Ambos jóvenes asintieron con algunos gruñidos, y aunque no estaban convencidos, al menos habían acatado la orden.

—Continuemos. —Ordena, girándose para retomar el camino.

Ahora los tres juntos se internaron por el corredor oscuro, la tensión entre los dos más jóvenes era palpable, como una chispa esperando prender fuego en cualquier segundo. 

Claw Noir sin dejar de avanzar, lanza una mirada de reojo —En verdad, ¿Por qué nos ayudas? Escuché que tú ayudaste a atraparlo.

—¿Y tú porqué estás aquí? —Dispara de vuelta, sin vacilar—. Siempre lo quisiste muerto.

—Pero yo no participé en su captura. —Gruñe.

—Yo no lo ataqué con un maldito cataclismo. —Réplica subiendo el tono.

—Ya basta —La mujer interviene de inmediato, con una exasperación contenida—. Entiendo que no se agraden, pero esto es muy delicado, así que, ¿Pueden pretender que no se odian mientras hacemos esto?

Hay algo en su tono que no deja espacio a discusión, no está sugiriendo, está ordenando. Es como si de pronto fuera una figura de autoridad entre ellos, y los otros lo entienden de inmediato, casi se podría decir que los está regañando, y ambos lo perciben como tal.

Ellos se miran de reojo, cruzando una chispa silenciosa de desagrado entre sí, pero responden casi al unísono. 

—Está bien…

La resignación pesa en sus voces, no les gusta, no se toleran, pero no tienen otra opción, esa misión, esa causa que los ha reunido, los obliga a cooperar aunque les pese; así que, por ahora, se tragan el veneno mutuo y siguen adelante.

Y ahora Nathalie entendía a Gabriel, ambos llegan a ser insoportables cuando pelean.

Ella lidera el camino con pasos decididos, mientras Claw Noir los conduce por los oscuros pasillos subterráneos, las luces tenues que cuelgan del techo parpadean a intervalos, como si el lugar mismo estuviera agonizando. 

El silencio es incómodo, tenso, roto solo por el eco de sus pisadas y sus propias respiraciones.

Hasta que finalmente, llegan, Nathalie se detiene frente a una gran puerta metálica, oxidada, imponente.

—Es aquí. —Asiente en voz baja, pero con una convicción que no deja duda.

El joven da un paso al frente y, sin pensarlo demasiado, apoya ambas manos sobre la puerta, tiene la intención de romperla con su fuerza, pero, Shadybug lo detiene con una mano en su brazo.

—Espera.

Él la observa, desconcertado, y ella ya está acercándose a la estructura, como antes, se posiciona, agarra la base inferior de la pesada compuerta, y la levanta con la fuerza bruta de sus músculos, no hay que forzar nada más, ella ha aprendido cómo funcionan esos accesos. 

Mientras sostiene la puerta en alto, tensa pero firme, Claw Noir y Nathalie se agachan y pasan por debajo.

Una vez dentro, todo cambia.

El aire está impregnado de algo rancio, humedad, a encierro largo, no se necesita luz para saber que están en un sitio donde la vida se ha estancado. 

Debido a su perfecta visión, Claw Noir puede ver antes que nadie a su padre, pero no como lo recordaba, ni como lo había imaginado durante las noches más oscuras.

Está delgado, irreconocible, su cuerpo luce descuidado, herido, marcado por la falta de atención, la piel más pálida, los labios agrietados, el cabello enmarañado, una sombra de lo que fue.

El joven ni siquiera piensa, se lanza hacia él, rompiendo la reja qué lo mantenía prisionero con su cataclismo.

Shadybug entra detrás de él, esta vez con una linterna en mano, la enciende, proyectando un haz directo hacia la figura encorvada en el rincón, Gabriel reacciona con lentitud, moviendo la cabeza con torpeza, tal vez estaba dormido, o simplemente en un trance profundo, disociado de la realidad.

La luz lo ciega, gira el rostro con una mueca de dolor, pero no emite sonido alguno. Claw Noir se acerca aún más, se arrodilla junto a él. 

—Señor Agreste. —Le tiembla la voz cuando lo llama.

El hombre entreabre los ojos, tratando de enfocar, le cuesta reconocer los rostros frente a él, primero, ve a la joven y no le sorprende; ella siempre aparece en los peores momentos. 

Pero luego ve a Nathalie y se detiene, atónito, sus ojos se abren un poco más, eso sí lo desconcierta y por último, ve al chico a su lado, tan cerca, y es como si la realidad se desmoronara, sus facciones se tensan, como si no entendiera qué está pasando, como si no pudiera creerlo.

—No se preocupe… lo vamos a sacar de aquí. —Afirma con el corazón latiendole en la garganta,

Y sin esperar aprobación alguna, destruye los grilletes que mantenían atado al hombre, esas cadenas desaparecen, liberando al hombre. 

—No. —Gabriel Murmura apenas, aún con la vista entrecerrada por la luz. 

—No entiende —Claw Noir lo observa confundido—. Estamos de su lado, nosotros…

La mirada de Gabriel se desvía hacia Shadybug —Fui muy claro contigo —Su tono se vuelve más duro, más frío, más amargo—. Te dije que debías dejarme aquí, te pedí que no volvieras y que no la trajeras a ella.

Ese comentario le llega directo al pecho a Nathalie, no necesita gritarle, ni levantar la voz. Esas pocas palabras bastan para reabrir una herida que sigue doliendo, ella sabía que él no deseaba verla, que la prefería lejos, pero escucharlo así, con esa crudeza, frente a los demás, la hace tragar en seco.

—Ella no nos trajo —Claw Noir se apresura a intervenir—. Nosotros mismos decidimos venir.

—¿Por qué vendrías tú aquí? —Gabriel devuelve su vista hacia él, frunciendo el ceño. 

—Ya le dije que vinimos a sacarlo.

—Y yo digo que no. —Responde sin titubeos. 

—¿Por qué no? Ya estamos aquí, señor —Menciona con el pecho agitado por el esfuerzo y la voz cargada de urgencia—. Solo debemos salir.

El hombre todavía arrodillado, con las muñecas libres pero los hombros vencidos niega con la cabeza, su mirada no se fija en nadie, como si hablara con un muro invisible.

—El supremo nunca perdonará esto… —Expresa con voz áspera, cargada de un miedo que va más allá del físico—. Los perseguirá por siempre, hasta acabar con ustedes y está bien si no les importan sus vidas, pero yo tengo un hijo a quien proteger.

—¡Por eso mismo usted tiene que vivir! ¡Tiene un hijo que lo necesita! —Alza la voz por primera vez con una mezcla de dolor y rabia.

Pero Gabriel no se inmuta, en sus ojos hay resignación, una sombra antigua que no se disipa.

—Por eso me quedo aquí, si salgo, irán tras él y no puedo simplemente tomarlo y huir —Sus palabras son amargas, secas, como si cada una rasgara su garganta—. No es una vida que deseo para él.

El joven aprieta los dientes, los puños cerrados contra su costado, el temblor en sus manos delata su furia contenida —¿Entonces solo se rinde? —Pregunta incrédulo—, usted se metió en esto, usted causó todo esto ¿Y ahora decide abandonarlo como si nada?

—¡No lo estoy abandonando! —Réplica con más fuerza esta vez—, ¡Intentó protegerlo!

—¡Debió estar con él en vez de hacer toda esa tontería de ser Betterfly! —Grita con una voz a punto de romperse—, ¡Debió estar para él y así nada de esto hubiera pasado!

El silencio que sigue es denso, solo se escucha la respiración agitada de ambos y, en algún rincón, el silencio de las otras dos mujeres que parece marcar el tiempo de su confrontación.

—Nadie lo entiende. —Gabriel musita, como si hablara para sí mismo, la mirada clavada en el suelo de concreto.

—¡A la mierda! —Exclama perdiendo toda contención—, ¡Ya no importa! ¡Lo único que importa es que debe salir de aquí! ¡Debe estar con su hijo!

—Él no quisiera estar conmigo de todas formas… —Afirma con voz quebrada. 

Esas palabras caen como un cuchillo en el centro del joven, se queda quieto un instante, tragando la angustia, luchando contra lo que siente. 

—¿En verdad crees que te odio... y por eso prefieres quedarte aquí? —Su voz sale tan rota que casi no parece suya:

Sus ojos no se humedecen, pero su rostro es un mapa de sufrimiento, Claw Noir da un paso más y, sin atreverse aún a tocarlo, continúa. 

—Sé que no fui el mejor hijo... —Confiesa con  voz ahora un susurro desesperado—. Pero sé que te necesito.

Gabriel lo observa por fin, realmente lo mira, y todo en su expresión se estremece, como si por primera vez viera no al adversario, ni al joven rebelde, sino a su hijo.

—Vine hasta aquí porque te necesito... —Continúa—. Porque no quiero una vida lejos de ti, sé que te preocupa la vida que puedo llevar si escapas, pero debes saber que nada de eso importa, porque no tengo vida sin ti y quiero que te quedes conmigo.

—Hijo… yo… —Gabriel es incapaz de hablar, no puede continuar, está en shock, esas palabras lo desarman.

—Es todo lo que quiero,y si aún así quieres quedarte aquí bien, yo me quedaré a tu lado, pero no me apartes más de ti. —Cada palabra ahora una súplica temblorosa 

No hay lágrimas en su rostro, pero cada sílaba parece costarle el alma, su voz ya no tiene rabia ni fuerza, solo la vulnerabilidad más cruda y sincera.

El hombre, por su parte, parece petrificado, lo observa como si aún no pudiera conciliar la imagen del joven con la de aquel niño que un día sostuvo entre sus brazos, lo ha visto crecer desde la distancia, desde la oscuridad, sin saber que todo ese dolor terminaría aquí, en esta celda, con una confesión tan desgarradora.

Shadybug que hasta entonces había permanecido en silencio, sostiene la linterna con la mano temblorosa, no puede ocultar su asombro, el rompecabezas por fin toma forma ante sus ojos, y aunque no dice nada, ahora entiende por qué el joven estaba dispuesto a llegar hasta el infierno si era necesario.

Impactada, conmovida, solo puede mirar en silencio aquella escena tan íntima, tan brutalmente honesta, que por un instante el mundo parece haberse detenido.

Nathalie también está levemente conmovida; aunque ya sabía todo, sigue siendo un gran gesto.

—Así que si tú no te vas, yo tampoco. —Claw Noir murmura de manera decidida. 

Y, para que no quede duda, se sienta junto al hombre, como si el suelo fuera su trinchera personal, cruzando los brazos para reforzar su punto.

La joven, que ha observado la escena con los labios apretados, da un paso al frente.

—Nosotras tampoco nos iremos.

Gabriel los observa a los tres, su expresión es un caos, entre conmovido y angustiado, o resignado, ellos le están pidiendo que escape con ellos, y sabe que, si lo hace, la vida de los tres quedará marcada para siempre, pero tampoco quieren irse y dejarlo atrás.

La soledad que siempre lo abrumó, esa sombra que lo acompañaba en cada rincón, de pronto no se siente tan pesada.

—Es que… si voy con ustedes… nunca podrás tener una vida Normal Adrien —Observa directamente a su hijo. 

—¿Qué es una vida sin mi padre? —Réplica sin pestañear—. Sé lo que esto conlleva, sé lo que pasará y estoy dispuesto a afrontarlo, porque prefiero eso a estar sin ti.

Gabriel escucha esas palabras y siente cómo algo en su interior se quiebra y se repara al mismo tiempo, una parte de él sigue aferrada a la idea de quedarse ahí, de no arrastrarlos con su carga, otra, más intensa y cálida, le dice que escape con ellos y siga luchando.

—Estos jóvenes te necesitan —Nathalie interviene—, y el mundo también.

La mirada de los adultos se cruzan por unos segundos, el contacto visual es breve, como si ambos temieran lo que podrían leer en los ojos del otro, pero él vuelve la vista hacia su hijo. 

—De acuerdo… salgamos de aquí.

Claw Noir sonríe, es una sonrisa breve pero real, y se pone de pie.

—Vámonos.

El hombre intenta levantarse, pero es difícil, su cuerpo está agotado, herido y vacío de fuerzas, su hijo se agacha para ayudarlo, pasándole un brazo por los hombros, Nathalie también se acerca, colocando su mano en la espalda del hombre para sostenerlo. 

Ella ya sabía que este sería un problema, por eso insistió en salir de noche, con el estado de Gabriel, escapar sería cualquier cosa menos sencillo, básicamente, tendrán que arrastrarlo hasta la salida.

—Tienen suerte de que esté aquí. —Shadybug menciona con orgullo rompiendo el silencio. 

—La suerte no es tu superpoder —Él responde sin perder la oportunidad de provocarla.

—Les dije que tenía que recoger algo antes de venir aquí —Ella extiende la mano y, ahí, visible en su palma, está el miraculous de la mariposa condensado y vibrante. 

—¿Robaste un miraculous? —Nathalie la observa incrédula. 

—Bueno no iba a poder sacarlo yo sola. —Encoge los hombros, como si se tratara de algo sin importancia.

Sin esperar más, la joven le tiende el miraculous hacia Gabriel, pero es la mujer quien lo toma con cuidado y lo coloca sobre su pecho.

—Alas de luz. —Al instante, el cambio es visible, su postura se endereza y sus ojos recuperan un brillo apagado por demasiado tiempo.

Aun así, el poder no se manifiesta en todo su esplendor, su estado físico sigue siendo débil, y aunque ahora puede mantenerse en pie, cada movimiento le exige.

Nathalie también parece más tranquila; salir de ahí será más sencillo, pero no está confiada del todo.

—Hay que salir. —Ordena.

Todos asienten.

Shadybug se adelanta, vuelve a tomar la puerta y, con esfuerzo, la levanta para que todos puedan pasar por debajo; el metal cruje, y un eco seco se extiende por el pasillo, uno a uno, comienzan a salir del lugar donde el hombre estuvo prisionero.

Ahora solo queda seguir el recorrido y escapar.

—Hagamos esto justo como entramos. 

—De acuerdo. —El joven responde.

Claw Noir se adelanta, colocándose al frente; su postura es recta, con pasos seguros, debido a que es el único que puede ver con claridad en la oscuridad, se convierte en el guía natural del grupo.

—Caminemos derecho. —Nathalie añade, ajustando el arma en sus manos, como si al hacerlo también ajustará sus nervios.

Ellos empiezan a avanzar, las pisadas son amortiguadas por el suelo polvoriento, la oscuridad es densa, obligándolos a medir cada paso para evitar tropezar. 

Aun así, hay una sensación distinta en el aire, entre todos, la tensión no es la misma que antes; el hecho de que el hombre vaya con ellos, aunque herido y más lento, parece darles un extraño tipo de seguridad.

Shadybug se aparta un poco del par de adultos, acercándose al joven que guía el camino, él gira ligeramente el rostro hacia ella, frunciendo el ceño.

—¿Por qué vienes conmigo? —Pregunta en voz baja, como si su cercanía lo incomodara.

—Cállate y vista al frente. —Responde sin mirarlo, con un tono que mezcla orden y fastidio.

El joven murmura algo que se pierde en la penumbra, pero la joven lo ignora, manteniendo la vista fija en el camino que él traza.

A unos pasos detrás, los adultos caminan lado a lado, Gabriel va un poco más lento, y de vez en cuando apoya el bastón con un leve golpe seco contra el suelo para mantener el equilibrio, Nathalie lo acompaña, ella mantiene el rifle firmemente asido, aunque el cañón apunta hacia abajo.

Es él quien rompe el silencio.

—¿Desde cuándo ustedes se llevan tan bien?

La pregunta la toma un poco desprevenida, la última vez que hablaron había sido demasiado tensa, y ahora ni siquiera sabe si él sigue molesto como la última vez, sus ojos parpadean rápido. 

—Solo es una tregua —Responde con cautela —. Para sacarte de aquí.

Él frunce apenas el ceño, como si algo en sus palabras no terminaran de encajar —¿Por qué querer sacarme de aquí?

—Creo que te lo debo. —Responde con una leve amargura que intenta disimular. 

—Tú no me debes nada. —Responde tajante.

—Oh… lo siento. —Ella siente sus palabras como un reclamo, como si la acusara de algo que ni siquiera ha dicho en voz alta.

—No tienes que sentir que me debes absolutamente nada —Él se corrige rápidamente notando el peso que sus palabras cargaron sin querer—. Yo no hice nada.

Hay algo quebrado entre ellos, y ambos lo sienten. 

Nathalie sujeta el rifle con más fuerza, como si fuera un ancla, él espera que diga algo, pero el silencio se impone, así que decide intentarlo una vez más.

—¿Por qué traer el rifle?

—Venir aquí sin nada es peor. —Responde sin titubeos.

—¿Y qué pasaría? ¿Vas a dispararles?

—Las personas que están aquí no son buenas. —Sentencia.

—Creo que ninguno aquí lo es.

—Sé lo que piensas, pero tenemos que hacer lo necesario para salir de aquí. —Ella aprieta los labios. 

—Manchar más tus manos solo le da la razón al supremo. —Responde sin mirarla, con una calma que duele

Ella deja escapar una risa breve, sin alegría, con un filo de amargura —Ya están más que manchadas. No podrías entenderlo. 

Él guarda silencio un instante antes de murmurar —Nunca me permitiste entenderlo.

Nathalie no responde, porque es verdad, nunca fueron del todo honestos. 

Ambos siguen caminando, sin mirarse, el eco de sus pasos y el golpeteo ocasional del bastón son los únicos sonidos que acompañan al grupo. 

Tal vez lo que se había quebrado entre ellos, ya era algo definitivo.

—¿Ya giraste a la derecha? —Nathalie vuelve su vista al frente. 

—¿No era a la izquierda? —Pregunta con cierta confusión, sin dejar de mirar al frente. 

—¿Nos llevaste por la izquierda? —Frunce el ceño, deteniéndose un segundo 

Por la breve plática que había tenido con el hombre, no se había percatado del momento exacto en que cambiaron de dirección, su respiración se acelera un poco, no por cansancio, sino por el peso de la idea de estar en un camino equivocado.

—Tenemos que regresar. —Sentencia finalmente, con un tono que no deja lugar a discusión.

—Qué gran guía tenemos… —Shadybug susurra con sarcasmo, ella no pierde la oportunidad de soltar una pequeña carcajada burlona

—Oh, cállate —Se queja de inmediato, girando apenas la cabeza hacia ella—. Como si tú supieras dónde estamos.

—Solo regresemos. —Nathalie corta la discusión con impaciencia.

El lugar, envuelto en esa oscuridad sofocante, se siente como un laberinto sin paredes visibles, pero con senderos que se repiten hasta confundir a cualquiera, un solo desvío equivocado podía alejarlos demasiado de la salida.

Los cuatro comienzan a retroceder, siguiendo las indicaciones exactas de la mujer. Entonces, de pronto, Claw Noir levanta una mano para detenerlos, el gesto es rápido, urgente.

—Escuché un ruido. —Murmura. Sus orejas felinas no dejan de moverse. 

Todos se quedan quietos al instante, como si el aire mismo hubiera perdido movimiento.

Claw Noir ladea un poco la cabeza, afinando el oído, hay algo, un eco lejano, pasos, o al menos eso cree, al principio son suaves, casi imperceptibles, pero poco a poco se vuelven más definidos, más cercanos.

Su mente se llena de preguntas incómodas, ¿Por qué demonios habría pasos a medianoche? ¿Qué hacen los guardias rondando tan tarde por ese sector?

Nadie dice nada, ni un suspiro, ni el roce de una tela, el silencio entre ellos es denso, como si el más leve sonido pudiera atraer aquello que no ven.

El joven, aunque tiene la ventaja de ver en la oscuridad, no distingue aún ninguna silueta, ningún enemigo, lo único seguro es que algo o alguien se mueve ahí fuera, y el resto depende de puro instinto.

En ese momento, la incertidumbre es un enemigo más.

El silencio era tan denso que parecía aplastarles el pecho, cada respiración se volvía pesada, demasiado audible para su propio gusto.

El chico avanzaba con cuidado, cada paso medido hasta que ocurrió; un leve giro de su pie buscando mejor equilibrio, la goma de la suela rozando contra el suelo pulido, fue breve, casi insignificante, pero en aquel pasillo vacío, el sonido se expandió como un latigazo.

Nathalie cierra los ojos un segundo, como si así pudiera borrar lo que acababa de pasar, Shadybug le clava la mirada al muchacho, incrédula, pero ni siquiera tuvo tiempo de reprocharle.

Al fondo, los pasos que antes parecían lejanos se detuvieron, hubo un silencio absoluto, aún más pesado que el anterior, se extendió y vino un nuevo sonido en su lugar, pasos apresurados. Esta vez no había duda, venían hacia ellos.

El eco amplificaba cada pisada, y aunque aún no los veían, era como si el pasillo entero se estrechará, empujándolos contra la certeza de ser descubiertos.

—Ya nos escucharon. —Nathalie susurra apenas audible. 

No había dónde esconderse, el pasillo desnudo ofrecía la misma protección que un papel mojado. 

Claw Noir siente cómo su pulso golpeaba en sus oídos, y por un segundo creía que incluso eso podría delatarlos; la oscuridad no sería suficiente esta vez.

Ellos tratan de moverse más despacio, cuidando cada paso, casi conteniendo la respiración, pero es evidente que ya nada funciona, los pasos al fondo se acercan, golpeando el suelo con un ritmo cada vez más rápido, cada vez más cerca.

Aun así, insisten en mantener un perfil bajo, pegados a las paredes, intentando que sus sombras no delaten sus posiciones, pero entonces, de pronto hay silencio.

Un silencio tan repentino que se siente antinatural, como si el aire mismo contuviera la respiración, los pasos se han detenido y ahí ocurre.

El estallido metálico de las armas rompe la calma con una ráfaga ensordecedora, las balas silban en el aire, rebotando contra el metal y la piedra, mientras destellos breves iluminan el pasillo con cada detonación, revelando rostros tensos y miradas heladas.

Los jóvenes no reaccionan al instante, pero Betterfly sí, él se mueve de golpe, cubriendo Nathalie con su cuerpo, sujetándola con fuerza contra su pecho y girando para que su propio cuerpo recibiera el impacto, empujándola ligeramente hacia atrás, él sabe que todos allí son a prueba de balas excepto ella.

Los proyectiles rebotaron contra él con chispazos secos, mientras la mantenía completamente cubierta bajo sus brazos.

Ella siente el calor de su respiración cerca de su oído, el peso de su agarre, la tensión en cada músculo protegiéndola como si nada más importara.

El mundo era ruidos, detonaciones y destellos pero en ese instante, para ella, solo estaba él. 

El estruendo es incesante, el eco de cada proyectil retumbaba en sus costillas, los impactos golpean contra ellos con fuerza, algunos desviándose, otros incrustándose en las paredes.

—Bueno… —Claw Noir comienza con una media sonrisa torcida— el efecto sorpresa ya se fue al carajo, habrá que hacerlo de otro modo.

—Pero, ¿Por qué había guardias aquí? —Shadybug pregunta, todavía intentando comprender la situación.

—¿Quieres hablar o prefieres pelear? —Él réplica sin apartar la vista del frente.

Por primera vez, la chica coincide con él, asiente, y ambos se colocan lado a lado; la ráfaga no se detiene, pero tampoco se inmutan. Ellos comienzan a avanzar hacia las siluetas que les disparan.

Claw Noir es el que tiene mayor movilidad en aquel combate estrecho, su visión le permite ubicar a cada enemigo, anticipar sus movimientos y atacarlos con precisión, siempre evitando herirlos de gravedad.

Shadybug por otro lado, se guía por el sonido, el retumbar de las botas, el cambio de respiración, el zumbido de un arma al moverse, no es perfecto, pero logra ser un apoyo valioso.

Mientras ellos reducen poco a poco a los enemigos, Betterfly sigue cubriendo a Nathalie, bloqueando las pocas balas que aún alcanzan su posición, su postura es la de alguien que sabe que no puede permitirse un solo descuido.

En cuestión de minutos, los hombres caen, para los jóvenes, aquello no fue más que un ejercicio breve; sin embargo, lo inquietante no era la dificultad del combate, sino lo que implicaba, alguien ya sabía que ellos estaban ahí o, al menos, que había alguien adentro.

Cuando todo volvió a quedar en silencio y los jóvenes terminaron con los enemigos, él no la soltó de inmediato.

—¿Estás bien? —Pregunta sin dejar de sostenerla, su voz era grave y baja, casi en un murmullo que parecía no querer romper lo frágil de ese momento.

Ella, por su parte, estaba distraída y no por el susto, sentirlo tan cerca, otra vez, era como abrir una herida que no había terminado de cerrar, sus miradas se encontraron, breves pero intensas, como si en ese cruce hubiera algo que se negaba a morir.

—¿Tienes algún rasguño? —Pregunta con un matiz de preocupación que apenas lograba disimular

—Estoy bien… gracias. —Parpadea volviendo a la realidad.
 
Él asiente y con un gesto contenido la suelta devolviéndole su espacio, la cercanía se rompe, el aire volvió a ser frío pero en algún lugar invisible, la chispa seguía encendida, esperando.

El momento se enfrió de golpe, como si nada hubiera pasado, aunque ambos sabían que sí.

Nathalie aún desconcertada, se vuelve hacia los jóvenes.

—Los guardias… descríbanlos.

—Eh… traen armas. —Claw Noir responde con desdén.

—Además de las armas —Shadybug interviene—, están bien equipados, chalecos, gafas de visión nocturna y son muchos.

La mujer frunce el ceño, no tenía sentido, si Gabriel intentaba escapar, no podían tener la certeza de que él fuera inmune a las balas y aun así, habían disparado sin dudar, ¿Qué significaba eso?

Antes de que pudiera seguir ahondando en la idea, las luces se encendieron de golpe, como si alguien hubiera pulsado un único interruptor maestro, el destello no afecta a los jóvenes, pero al hombre lo hiere como un golpe físico. 

Tras tantos días en la oscuridad, aquella intensidad lo hizo tambalearse, llevándose una mano al rostro para cubrirse.

Era evidente, el lugar no solo estaba custodiado, sino diseñado para neutralizar cualquier intento de fuga; corredores laberínticos, niveles irregulares, oscuridad casi absoluta y ahora, luz súbita y abrasadora, era una jaula perfecta.

Claw Noir se acerca de inmediato a su padre. 

—¿Estás bien?

—Sí… es solo… es demasiada luz. 

Betterfly estaba cegado por un instante, su corta visión también sería un problema. 

—Aquí hay algo muy extraño. —Nathalie no pudo evitar decirlo en voz alta. 

—Sí —Shadybug secunda—. He venido dos veces de noche y nunca me topé con un solo guardia, ¿Por qué hoy sí? ¿Y tantos?

A Nathalie le gustaría continuar preguntándose qué estaba sucediendo, pero a la vez, sería peligroso quedarse a cuestionar. 

—Tenemos que irnos. Ahora.

—Podría usar mi poder —Claw Noir propuso—. Destruiría todo, pero nosotros saldríamos ilesos.

—Si haces eso, matarás a todos aquí. —Betterfly réplica, aún cegado.

—Y tu padre sigue débil —Nathalie añade—. Podrías herirlo sin querer.

El mensaje era claro, la sutilidad ya no era una opción, pero la violencia total tampoco, lo único que quedaba era correr sin mirar atrás y con la certeza de que cada segundo en aquel lugar los volvía más vulnerables.

Betterfly trataba de forzar a sus ojos a acostumbrarse a la luz, cada parpadeo era una punzada, pero no podía permitirse ser un estorbo; sentía que, si no reaccionaba pronto, pondría en riesgo a todos.

—Corramos, tenemos que salir de aquí cuanto antes. —Nathalie ordena. 

Todos asintieron.

—Por aquí ahora a la derecha, ¡izquierda! —Ella iba indicando, y ellos obedecían, acelerando cada paso.

Pero el alivio duró poco. En la siguiente intersección, otra oleada de guardias aparece de frente, esta vez, sin darles oportunidad de disparar, los jóvenes se lanzaron sobre ellos como dos sombras veloces, neutralizando a cada uno con una precisión que rayaba en lo quirúrgico. 

El resultado fue el mismo que antes; enemigos derribados en segundos, sin tiempo de reaccionar.

Aunque Nathalie corría sin detenerse, no podía ignorar cómo todos parecían estar allí esperándolos, como si sus movimientos estuvieran calculados de antemano, una punzada de inquietud le recorre el pecho.

Subieron a otro nivel, allí los guardias probaron una estrategia distinta; explosivos, pero, igual que las balas, resultaron inútiles, los jóvenes, intactos, atravesaron el humo y las chispas sin una sola marca, aniquilando la resistencia en cuestión de segundos.

Mientras ella pensaba en algo que la hizo estremecer, los explosivos y las balas, todo estaba hecho para matar, pero los guardias no contaban con que Gabriel al tener su miraculous sería inmune a todo eso, y por supuesto la ayuda de dos portadores más, es algo que nadie, ni el supremo hubiera predicho. 

La idea se envenenó en su mente, ¿Y si todo esto era para Gabriel? El supremo mostraba lo que en verdad quería, el supremo quería a Gabriel muerto, prefería que muriera a que escapara. 

Todo ese lugar estaba orquestado para acabar definitivamente con Gabriel Agreste. 

Nathalie siente un asco profundo al pensar en lo que el supremo era capaz de hacer. Pero ella deja esos pensamientos de lado, si se dan prisa, ese plan quedará deshecho. 

Todos ellos alcanzaron el nivel superior, la salida principal estaba allí y, curiosamente, no había un solo guardia a la vista, ni un ruido, ni pasos, ni voces.

No podían perder tiempo usando el ducto por el que habían entrado de incógnito; sería demasiado lento, la puerta principal era la vía más rápida, así que ellos adentraron en el área principal, una vasta sala de control.

Decenas de monitores cubrían las paredes, proyectando mapas, transmisiones de cámaras de seguridad y datos en columnas interminables, filas de escritorios se alineaban en el centro, cada uno con teclados, cables enredados, auriculares colgando y aparatos de comunicación emitiendo leves zumbidos. 

El lugar estaba cargado con el olor metálico de la electrónica y un frío artificial, como si el lugar estuviera diseñado para mantener a sus ocupantes alerta y despiertos.

Avanzaban con prisa hacia la salida, cuando uno de los monitores, apagado hasta ese momento, parpadea y se enciende, no muestra una imagen clara; solo estática, pero a través del ruido blanco, emerge una voz profunda que retumba en toda la sala.

—Debo admitir que estoy sorprendido… —Decía lentamente, casi saboreando cada palabra—. Nunca esperé ver un grupo tan peculiar.

La voz era inconfundible; el supremo los estaba observando.

〰〰〰〰〰〰〰〰〰
Aparentemente el rescate de Gabriel va bien, pero hay ciertas cosas extrañas ahí. 

El supremo los ha descubierto, ¿Que harán ellos ahora? 

El siguiente capítulo será la segunda parte del rescate.

¡Gracias! 

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