El pasillo de Shuchiin estaba inusualmente silencioso para esa hora del mediodía. Los rayos del sol se filtraban por los ventanales, iluminando las filas de casilleros perfectamente alineados... excepto el tuyo, que lucía un par de papeles arrugados sobresaliendo por la ranura. Los ignoraste. Te habías prometido que no les darías el gusto.
Frunciste el ceño y buscaste con la mirada a Miko Iino. No era difícil encontrarla: estaba parada con las manos en la cintura, sermoneando a una pareja que solo había cometido el terrible crimen de... tomarse de la mano.
-¡En la Academia Shuchiin hay estándares que mantener! -declaraba Miko, con el dedo índice levantado-. El contacto físico excesivo en pasillos públicos es completamente inaceptable.
La pareja, visiblemente incómoda, intentaba alejarse. Tú respiraste hondo.
Vamos, _____, es por Yu... piensa en Yu. Si él supiera lo que vas a hacer, tal vez incluso se reiría... o te miraría raro, pero al menos no estaría solo.- Te forzaste a ti misma a acercarte.
Te acercaste con una sonrisa forzada.
-Iino-san... ¿podemos hablar? -preguntaste, modulando la voz como si estuvieras tratando con un gato arisco.
Miko parpadeó, sorprendida.
-¿Tú? No pensé que... bueno, supongo que si es sobre disciplina escolar, puedo escucharte.
(Sí, claro... "escucharme". Esto va a ser como negociar con un dictador adolescente.)
-Es... sobre Ishigami -dijiste finalmente.
La expresión de Miko cambió en un segundo: frunció los labios, cruzó los brazos y dio un paso atrás.
-No me digas que vienes a defenderlo -dijo, como si ya supiera la respuesta.
-Vengo a decirte que estás equivocada -replicaste, sin perder el contacto visual-. Y que si realmente te importa la justicia, deberías dejar de basarte en rumores y empezar a investigar.
El ceño de Miko se frunció aún más.
-¿Insinúas que yo no investigo?
-Insinúo que estás dejando que Ogino controle la narrativa -dijiste, bajando la voz para que nadie más escuchara-. Yo sé lo que pasó. Y sé que Yu no es el villano aquí.
Miko te miró con desconfianza, pero su interés estaba claramente despertado.
-...Sigue hablando.
Flashback
Dos semanas antes
El día que Yu fue suspendido, la noticia recorrió la escuela como un incendio en pasto seco. Para la mayoría, la historia era simple: "Ishigami golpeó a Ogino por celos y acosó a Kyoko Ootomo". Lo que nadie mencionaba era que Ogino había intentado chantajearlo con fotos privadas de su propia novia, y que Yu lo había mandado directo al suelo por eso.
Tú habías visto parte del enfrentamiento. Y aunque sabías que la suspensión era inevitable, también sabías que si no hacías algo, ese incidente marcaría su reputación para siempre.
Yu, por su parte, parecía más preocupado por ti que por sí mismo.
-Si te alejas de mí, dejarán de molestarte -te había dicho, evitando mirarte a los ojos.
Pero en ese momento, tú sabías que no era verdad.
De vuelta al presente
-Iino-san, ¿alguna vez te has preguntado por qué Ogino rompió con Ootomo justo después del incidente? -preguntaste, viendo cómo su ceño se fruncía ligeramente-. No fue por Ishigami. Fue porque él ya la estaba engañando.
-Eso es... una acusación grave -respondió Miko, pero no sonó tan segura como antes.
-Es un hecho -insististe-. Y si quieres, puedo demostrarlo.
Miko apretó los labios.
-...No me gusta Ishigami, pero si lo que dices es cierto...
-Entonces tendrás que escucharme hasta el final.
Acordaron reunirse en la biblioteca después de clases. Era un territorio neutral: suficientemente silencioso para hablar, pero lo bastante público para que ninguno sospechara que estaban tramando algo cuestionable.
Miko llegó con una libreta y un bolígrafo, como si estuviera a punto de interrogarte formalmente.
-Empieza desde el principio -pidió.
Le relataste todo: el chantaje, las fotos, la negativa de Yu, el golpe, la suspensión... y cómo, desde entonces, tú misma te habías convertido en blanco de burlas y hostigamiento por defenderlo.
-Entonces, si él actuó en defensa de la dignidad de Ootomo... -Miko murmuró, anotando rápido-. Eso... encaja con algo que siempre me desconcertó: él nunca negó el rumor directamente, pero tampoco lo confirmó.
-Porque sabía que nadie le creería -dijiste-. Pero si tú lo respaldaras...
Miko levantó la mirada, sorprendida.
-¿Yo?
-Tú eres la presidenta del comité de moral, ¿o no? Tu palabra tiene peso. Si tú empiezas a dudar de Ogino, otros también lo harán.
Ella te miró largamente, evaluando tus intenciones. Finalmente, suspiró.
-...Está bien. Pero necesito pruebas.
-Las tendrás.
Tres días después
Conseguir pruebas no fue fácil. Ogino era cuidadoso, pero no lo suficiente. Con ayuda de un par de conocidos en segundo año que le guardaban rencor, conseguiste mensajes comprometedores y fotos donde se veía claramente que estaba con otras chicas antes y después de su relación con Ootomo.
Miko revisó el material con gesto serio.
-Esto es... irrefutable.
-Entonces... ¿me ayudarás? -preguntaste, esperanzada.
Ella dudó un instante.
-No lo hago por él... lo hago porque odio las injusticias.
Claro, y porque poco a poco estás viendo que Yu no es el monstruo que creías. Pensaste para ti misma.
El plan no era exponer a Ogino directamente -eso podría volverse contra ustedes-, sino sembrar dudas estratégicas para que los rumores empezaran a desmoronarse. Miko comenzó haciendo preguntas incómodas en voz alta en los pasillos, siempre con un tono de "simple curiosidad".
-Oye, ¿no es raro que Ogino rompiera con Ootomo justo después de la pelea? -preguntaba, como si no estuviera hablando contigo.
Tú, mientras tanto, contrarrestabas comentarios negativos hacia Yu con datos concretos y sin entrar en discusiones abiertas. Poco a poco, las miradas hacia ti dejaron de ser tan hostiles... aunque el acoso no desapareció del todo.
El plan con Iino avanzaba poco a poco, pero no dejaba de preocuparte que Yu estuviera enfrentando todo eso solo en casa. La suspensión no solo le había cerrado las puertas de la escuela temporalmente, también lo estaba aislando emocionalmente.
Así que tomaste una decisión: todos los días, después de clases, ibas a pasar por su casa con algo para él. A veces eran onigiris, otras un pequeño pastel o incluso pan recién horneado de la cafetería que tanto le gustaba. Siempre envuelto con cuidado, siempre acompañado de una pequeña nota.
Pero él nunca te recibió.
Su madre, una mujer amable pero con una mirada cansada, siempre era quien abría la puerta.
-Ah... eres tú otra vez. ¿Quieres que le diga que viniste? -preguntaba, con una sonrisa melancólica.
-No, no es necesario. Solo... déselo, por favor -respondías, dejando el paquete en sus manos.
Cada día era igual. Y aunque él no salía a verte, sabías que lo recibía.
En su habitación, Yu miraba el envoltorio cuidadosamente cerrado, sintiendo una mezcla incómoda de gratitud y culpa. No entendía por qué seguías viniendo. No creía merecerlo. Y, sin embargo, ese gesto simple le arrancaba un pequeño suspiro de alivio en medio de la tormenta.
Tsk... Tonta... pensaba, pero nunca tiraba nada.
Los fines de semana, Yu iba a Shuchiin para recoger y entregar sus tareas. Y cada vez que lo hacía, recibía sermones de los profesores, de algún miembro del consejo escolar o, peor aún, de su propio padre, sobre cómo lo que había hecho estaba mal y cómo debía "reflexionar sobre sus acciones".
Era agotador.
Pero había un momento que se había vuelto extraño para él: ir a su casillero. Durante las primeras visitas, lo abría preparado para encontrarlo lleno de basura, como había pasado antes del incidente. Sin embargo... estaba limpio. Siempre limpio.
Y sobre sus libros, cuidadosamente doblada, había una pequeña nota con una carita sonriente o un dibujo tonto y la palabra "¡Ánimo!" escrita a mano.
Al principio pensó que era una broma cruel. Pero después de varios fines de semana seguidos, empezó a sospechar la verdad.
Eres tú... ¿verdad?.-pensaba mientras guardaba la nota en su bolsillo, intentando que nadie lo notara.
No se lo decía a nadie. No te lo decía a ti. Pero en silencio, ese pequeño gesto se convirtió en la chispa que evitaba que sus días se apagaran por completo.