Mi relación con mis padres es un poco peculiar y, en ciertos aspectos, bastante complicada. Mi madre se llama Min-Suk y mi padre Ji-Seok, ambos son coreanos. Tengo 14 hermanos en total, aunque no estoy seguro de la cifra exacta, ya que la familia es tan numerosa y diversa que a veces resulta difícil llevar un control preciso. A mí me consideran uno de los menores, y, de hecho, tengo 15 años.
Durante mi vida, he tenido la oportunidad de vivir en diferentes países: Londres, Estados Unidos, Francia, Corea y, actualmente, he vuelto a Londres. Ahora mismo, resido en el internado de mi padre, quien además es el dueño y director del establecimiento. Es un lugar que, en cierto modo, se ha convertido en mi hogar de paso, un sitio donde puedo encontrar cierta estabilidad en medio de toda esta confusión familiar.
¿Y por qué somos tantos hermanos? La historia es bastante larga, así que les explicaré. Cuando mis padres tenían apenas 19 años, se casaron y tuvieron a su primer hijo, Park Dae-Ho, que hoy en día tiene 32 años y es el mayor de todos. Después, vino mi hermana Park Min-Ji, que tiene 30. Sin embargo, un año después, mis padres se separaron. La historia de cómo nací yo todavía tiene sus detalles, pero continúo.
Tras la separación, mi padre se juntó con Alma, la madre de la mayoría de mis hermanos mayores. Primero nacieron los gemelos Mark y Alexander, que ahora tienen 27 años. Luego, Pascual, con 25, y Flor, con 23. Después llegó Bianca, con 18, y, por último, Julián, con 16 años. La situación se complicó cuando Alma los abandonó cuando Julián tenía apenas 3 meses de vida, así que, técnicamente, mi madre los crio a todos.
Al mismo tiempo que mi padre tenía hijos con Alma, Mi madre también tuvo los suyos con otros hombres, empezó una relación con un hombre que tenía un hijo al que ella cuidaba y apoyaba económicamente. Este hombre fue a la cárcel, pero luego mi mama volvió a conocer a otro hombre y de esa relación nacieron otros tres hermanos: Lee Sun-Hee, con 21 años; Lee Ji-Ho, con 20; y Lee Jun-Ho, con 18. Sin embargo, la historia no termina allí. Tras separarse de ese hombre, mama volvió a Londres y, en ese momento, ayudó a mi padre en su negocio familiar.
Mi familia, en realidad, es un mosaico de historias, relaciones y vidas que se entrelazan de formas sorprendentes. Yo, por ejemplo, tengo un gemelo, Park Ji-Hoon, con el cual fuimos un desliz de nuestros padres, pero a pesar de eso todos nos queremos mucho pero el caso es que mi madre al quedar embarazada no volvió con mi padre.
Luego de un año de vida de nosotros, mi familia volvió a reconstituirse cuando mis padres, después de un tiempo separados, volvieron a estar juntos y tuvieron un hijo más, el menor, Park Ye-Jun, que ahora tiene 13 años.
¿Se entendió? La verdad, la historia de mi familia es bastante enredada, pero espero que con el tiempo puedan comprender cómo está distribuida y quiénes son todos. Es una especie de caos organizado, pero todos nos queremos y buscamos salir adelante.
Yo actualmente estaba en Corea, viviendo con mi hermano Ji-Ho y mi gemelo, pero por motivos que prefiero no detallar, decidí regresar a Londres. Así, después de un año y medio en Corea, me encontré de regreso en esta ciudad, ansioso por reencontrarme con mi familia.
Cuando llegamos, el auto se detuvo frente a la entrada del internado, y allí estaban mis padres esperándonos en la puerta. Viajaba con mis dos hermanos, y la decisión era clara: o volvíamos los tres, o ninguno. Ji-Ho y yo estábamos muy entusiasmados por volver, aunque Ji-Hoon, mi otro hermano, no parecía tan emocionado.
—Hijos —se acercó mi padre en cuanto nos bajamos—. Me alegra mucho tenerlos aquí.
—No se nota —respondió mi gemelo con sarcasmo, cruzándose de brazos.
—¡Vamos, hijos! —dijo mi madre, abriendo la puerta—. Entren, que todos los están esperando y no quiero que nos hagan perder tiempo.
Al entrar, todos mis hermanos estaban allí, sosteniendo un cartel que decía "Bienvenidos a Londres". La escena fue emotiva y un poco caótica, con risas y abrazos.
—Gracias, chicos —les dije, acercándome a ellos para abrazarlos—. Es genial volver a casa.
Mi hermano Ji-Ho y yo nos acercamos para abrazar a los mayores, aunque Ji-Hoon, que siempre ha sido un poco más cerrado, no parecía tan contento. Mi madre nos sugirió que mejor fuéramos a nuestros cuartos para descansar, ya que había sido un viaje largo.
—Las habitaciones son de dos —dijo Alexander, uno de mis hermanos mayores.
—Yo y Min-Ho compartimos habitación —Aclaro mi gemelo.
—No hay habitaciones disponibles para dos —intervino mi padre—. Todas están ocupadas.
—¿Ni siquiera para tus hijos? —preguntó mi gemelo, algo molesto.
—Ya, basta —tranquilizó a mi hermano—. Solo dime dónde está mi cuarto, estoy cansado.
—Alexander, lleva a Min-Ho al cuarto 3B —ordenó mi padre.
Mientras caminábamos hacia nuestra habitación, pensaba en cómo me había ido en Corea, en mis hermanos y en la relación que tengo con cada uno de ellos. Mi hermano gemelo y yo somos muy unidos, con Ji-Hoon las cosas son más complicadas. Él siempre ha sido un poco difícil, y ahora más que nunca, parece que está en contra de todos. A veces me preocupa, aunque trato de no mostrarlo.
—Me preocupa Ji-Hoon —le confesé a Alexander en voz baja.
—Ya se le pasará, si no, yo hablaré con él —respondió con tranquilidad.
—Es que no sé qué le pasa últimamente. Siempre fue así, pero ahora está peor; parece que odia a todos, solo soporta a mí porque somos gemelos y somos muy amigos. Pero con nadie más se lleva bien —suspiré, cansado.
—Min-Ho, sabemos que Ji-Hoon tiene una enfermedad. Es normal que tenga cambios de humor. Eso forma parte de su condición —me explicó mi hermano con calma.
—Lo sé, pero me da pena verlo tratar así a todos, a mamá, a papá y a nosotros —dije, sintiendo una mezcla de tristeza y preocupación.
—No te preocupes, ahora que estamos en Londres, podremos ayudarlo a controlar sus cambios, ponerle límites y darle todo el apoyo que necesita —me aseguró.
Continuamos caminando hasta que llegamos a la habitación 3B. Mi hermano abrió la puerta y me indicó que entrara.
—¿Con quién comparto cuarto? —pregunté.
—Con Josh —contestó Alexander, con una sonrisa un poco nerviosa—. Es nuestro amigo, y le dije que debía estar aquí para cuando llegaras, para presentarlos.
Al entrar, vi a un chico que parecía muy tranquilo y atractivo. Me quedé observándolo un momento, pensando que era muy bonito.
—Josh, este es mi hermano Min-Ho. Cuídalo, solo tiene 15 años —dijo Alexander, con una mirada seria.
—Alex, en un mes cumplo 16 años —dije con una sonrisa un poco desafiante.
—Park Min-Ho, sigues teniendo 15, y este es Joshua. Es buen chico, pero si te hace algo, dímelo inmediatamente —agregué, mirando fijamente a Josh.
—No lo asustes, no soy tan malo, Min -contestó Josh, con una sonrisa amable pero un poco tímida.
—No lo llames así, es raro para él. Llámalo, Park Min-Ho o simplemente Min-Ho —dijo mi hermano, con tono firme.
—Pero es muy largo —replicó Josh.
—Nada de peros. Los dejo, cuídense, y Joshua Blake, ten cuidado con lo que haces —dijo Alexander antes de salir de la habitación.
Yo me acerqué a la cama, que supongo que era mía. Es muy guapo y parece mayor, y, aunque me gustan los chicos mayores, se que no se interesara en mí.
Él se había ido a bañar.
De repente, tocó la puerta.
—Hola —dije abriendo sin esperar mucho.
—¿Quién eres tú? —preguntó un chico al verme, con expresión desconfiada.
— Park Min-Ho —respondí con calma.
—Pero ¿qué haces en este cuarto? —preguntó, claramente molesto.
—Duermo aquí —dije tímidamente.
—¿Quién te crees que eres? ¿Sabes que este cuarto es de Josh? ¿No sabes quién es él? —El chico continuó lanzando preguntas sin dejarme responder.
—¿Y tú no sabes quién es él? —pregunto Josh, levantando la voz un poco, ya molesto.
—¡Joshi! Al fin, sácalo de tu cuarto —ordenó el chico, con tono autoritario.
¿Quién se cree para echarme así?
—Él es Park Min-Ho, futuro heredero de la familia Park, multimillonarios dueños de este internado, centros comerciales y muchas otras empresas. Así que, mejor te vas antes de que le diga a uno de sus hermanos —contestó Josh, molesto, defendiendo mi presencia.
—¿Eres uno de los hermanos de Alexander Park? —preguntó el chico, con cierto respeto.
Asentí, y en ese momento, el chico se fue sin decir más. Josh cerró la puerta tras él.
—Perdón, es uno de los molestos de mis ex —comentó Josh, con algo de humor.
—¿Ex? —pregunté, intrigado.
—Sí, es mi exnovio o, mejor dicho, mi ex ligue —respondió, cambiando de tono. Luego, me miró y agregó— ¿Te molesta compartir cuarto conmigo?
Lo miré, un poco sorprendido pero sincero:
—Para nada, me gustan los chicos. No hay problema con eso.
—¿En serio? Aunque seas muy chico —dijo, señalándome con una sonrisa.
—Da igual la edad. Solo me gustan los chicos —repetí, con una sonrisa un poco desafiante, sintiendo que mi corazón latía más fuerte. Estaba en ropa de baño, con una toalla en la cintura, y no pude evitar notar que tiene un cuerpo muy bien formado, musculoso y marcado.
Era muy atractivo, y eso me provocó cierto nerviosismo.
Cuando me di cuenta de que lo estaba mirando demasiado, me volteé rápidamente, y empecé a ordenar mis cosas en la maleta.
Me encerré en el baño, me quedé pensando. La verdad, compartir cuarto con Josh iba a ser una experiencia interesante, y aunque no esperaba que se fijara en mí, no podía evitar sentir cierta atracción por él. Es mayor, guapo, y tiene ese aire relajado que me atrae. Sin embargo, también sé que, en la sociedad en la que vivimos, puede haber prejuicios, y temo que, si alguien descubre que me gustan los chicos, eso pueda complicar aún más las cosas para mí.
En fin, la vida en este internado acaba de comenzar, y todavía tengo mucho que aprender, tanto de mí mismo como de las personas que me rodean. Solo espero que, pase lo que pase, pueda mantenerme fiel a mí mismo y encontrar mi lugar en medio de este caos familiar y social.