Última Batalla de Roma | [Rom...

By Anabett_

285K 28.9K 19.4K

¿Que tienen en común una soldado de la BSGI y un empresario exitoso? La respuesta es fácil, nada, no tienen a... More

Prefacio
Prologo
Antes de leer
BOOKTRAILER
I
II
III
IV
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27
Capítulo 28
Capítulo 29
Capítulo 30
Capítulo 31
Capítulo 32
Capítulo 33
Capítulo 34
Capítulo 35
Capítulo 36
Capítulo 37
Capítulo 38
Capítulo 39
Capítulo 40
Capítulo 41
Capítulo 42
Capítulo 43
Capítulo 44
Capítulo 45
Capítulo 46
Capítulo 48
Capítulo 49
Capítulo 50
Capítulo 51
Capítulo 52

Capítulo 47

3.4K 284 51
By Anabett_

La verdad es como el sol: nos ciega y nos ilumina —Víctor Hugo.

FRANCESCA

—There's a thousand pretty women waitin' out there. And they're all livin' devil may care. And I'm just the devil with love to spare. So Viva Las Vegas, Viva Las Vegas, Viva Las Vegas, Viva Las Vegas, Viva Las Vegas, Viva Las Vegas, Viva Las Vegas, Viva Las Vegas, Viva Las Vegas, Viva Las Vegas, Viva Las Vegas, Viva Las Vegas, Viva Las Vegas, Viva Las Vegas, Viva Las Vegas, Viva Las Vegas...

Una almohada aterriza en todo el rostro de Ludovico haciéndolo callar por primera vez en las horas que lleva cantando la misma canción de Elvis Presley.

Paz. Paz por uno, dos...

—¡¿Que rayos te pasa?! —le grita a Sara desde su asiento en el Jet.

—¿Que me pasa a mi? ¡¿Que te pasa a ti?! Tienes nula piedad por la paz mental del resto y te juro por Dios que si vuelves a cantar esa cancioncita de mierda te haré tragar dos kilos de excremento.

—Eres una amargada. ¡Vamos a Las Vegas! No puedo ser el único que esté consciente de nuestro destino. Fiestas, alcohol y casinos, muchos casinos... me llamo Ludovico, es normal que quiera ser ludópata por alguna vez en mi vida.

—Ni fiestas, ni alcohol y mucho menos casinos —interviene Giovanni—. Vamos por una misión y si estamos es un jet privado es gracias a Francesca así que muéstrale tu agradecimiento cerrando la boca.

—Son unos amargados.

—Ya te dije —le recuerda Sara—. Estás advertido, ni una nota musical puede salir de ti o ya verás. —se cubre el rostro con una sudadera para descansar.

—Nunca creí agradecerle algo a esa mujer —me susurra Alec cerca del oído ya que está sentado a mi lado y de seguro no quiere que Sara escuche.

Sonrío. —Viva Las Vegas —canto en un susurro igual para que solo él me escuche.

Nos aguantamos la risa o lo más probable es que Sara la agarre con nosotros esta vez ya que está de un humor de perros porque odia viajar.

Quien está de buen humor es Alec, honestamente esta bastante alegre luego de que le dije acerca del viaje. Lo que aún no le digo es que en mi mochila tengo su teléfono y laptop tal cual me los entregó Bruno.

Lamentablemente hubo demasiado que no pudo quitar como la mensajería y los correos electrónicos ya que son indispensables para el trabajo que ejerce Alec y aunque Bruno me aseguró que nadie lo podrá rastrear, lo que me preocupa verdaderamente es que divulgue la identidad de los niños, es por eso que aún no le doy nada, ni sabe que los tengo.

—Tengo sed —avisa Alec—. ¿Podrías...?

Señala la botella de agua dejando la frase en el aire.

Claro, ni siquiera puede abrirla, pero lo peor es que no puede tomarla por su propia cuenta ya que en una mano tiene vendas y en la mano derecha le pusieron un yeso debido q que tiene un esguince de segundo grado y con afán de que cure rápido, lo mejor fue  inmovilizar la zona.

Abro la botella de agua, le pongo una pajilla y se la acerco a la boca. Él toma sin darle mucha importancia al gesto al igual que yo. En otra época hubiese sido una humillación, pero le he dado de comer tantas veces a mis hijos que ya me da igual.

—¿Algo mas? —pregunto con ironía, mas no con el fin de querer ayudar.

—La verdad es que tengo hambre, no me molestaría cualquier cosa de comer.

—¿Acaso no desayunaste? Katya preparó mil cosas porque nos íbamos.

—No probé bocado, preferí estar con los niños. Sé que vamos a volver mañana, pero me sentí horrible al dejarlos. ¿Como puedes hacer esto siempre que viajas?

—En un principio también me pegaba duro el dejarlos, pero después de un tiempo te acostumbras lamentablemente. Supongo que me aferro a la idea de que en algún momento todo acabará y podré recorrer el mundo junto a ellos.

—Me gustaría sumarme a ese recorrido con y por mis hijos...

—Ya quisieras, ni siquiera estoy segura de que hacer contigo la próxima semana, pero botarte a la basura está ganando las encuestas.

—Ja. Párate a buscar comida, esclava.

—No te sirven las manos y estás buscando que ya no te sirvan las piernas —amenazo ante sus palabras.

Me paro de todas formas y voy hasta la parte trasera del Jet en donde se encuentra el bar y comienzo a abrir gabinetes tratando de encontrar algún snack.

—¿Vas a volver con Alec?

—Mierda —me enderezo de un respingo.

Fabbian está a mi lado y ni siquiera sé como llegó hasta aquí y no lo sentí.

—¿Te asusté? —tiene la decencia de lucir apenado.

—¿Tú qué crees? —pregunto de mala gana.

—Lo siento... —Volteo y sigo en lo mío buscando comida.

—¿Y qué es esa pregunta? No nos vemos hace semanas y lo primero que se te ocurre es eso. Deberías saludar a tu amiga —Trato de no ser tan obvia enfatizando la última palabra.

Lo que sea que tuviera con Fabbian, lo terminamos, bueno, lo terminé hace tiempo, pero conociéndolo debe seguir pegado.

—No me acerqué a ti para saludarte porque tienes de sombra a ese niño y mutuamente no nos soportamos, pero puede decir algo de lo que vio frente a Giovanni y estaríamos en problemas.

—No creas que no lo pensé, fue una de las primeras cosas que le advertí de este viaje, no te preocupes, va a cerrar la boca.

—¿Crees que te haga caso?

—No tendría motivos para no hacerlo.

—Entonces...

—¿Entonces?

—¿Van a volver?

—Por supuesto, de hecho el imitador de Elvis nos va a casar en una capilla de las vegas y tenemos planeado tener nueve hijos más para completar la docena.

—No tienes por qué responder estupideces.

—Si preguntas estupideces no esperes una filosofía de respuesta.

—¿Entonces no van a volver?

—No, ni en mil años. Alec tiene novia, es una chica muy linda y se adecua al tipo de mujer que siempre quiso y yo estoy bien con mis hijos y por el momento no ando buscando una relación formal o informal.

—Es un alivio...

—¿Por qué lo dices?

—Porque si no teniéndote es un antipático, imagínate si...

—¡Bingo! —encuentro una caja repleta de galletas y tomo algunas—. No soy una cosa para tener, Fabbian y si me permites, volveré a mi asiento y deberías hacer lo mismo, el piloto dijo que podrían haber turbulencias y te necesitamos completo para la misión porque eso es esto, una misión, no una reconciliación amorosa entre Alec y yo.

Me voy y mi sitio tal cual dije y le arrojo un paquete de galletas a Alec en la cara consciente de que no puede atraparlo.

—Auch —se queja.

—Te pasa por decirme esclava, yo no olvido. Abre la boca —ordeno, obedece y le meto una galleta dentro.

—¿Son de maní? Que asco, quiero de chocolate, abre otra.

—Esas están apartadas, lo siento.

—Ay, vamos, no seas egoísta, tengo hambre.

—Te las vendo.

—¿A cuanto?

—Treinta euros por galleta —lo molesto.

—¿Dos por cincuenta? —negocia.

—Hecho. —abro el paquete y le doy las estúpidas galletas con nada de delicadeza para que se atragante y si tengo suerte, se muera.

—Eres un animal —me reclama con la boca llena.

—Y tú comes como uno... En fin, quería hablar algunas cosas contigo y aprovechando que esto es lo más solos que vamos a estar o eso ruego, prefiero que lo hagamos de una vez.

—Te escucho, pero aliméntame en el proceso o perderás mi atención y ve de lo más malo a lo menos malo porque dudo que haya algo bueno que contar.

—Te equivocas, no todo es malo. —comienzo la conversación en ruso ya que solo Ludovico lo entiende y ahora está con audífonos—. ¿Recuerdas que al salir de la BSGI te conté la conversación que tuve con el director y Fernanda?

—Si, me contaste una parte, pero supongo que no toda.

—Ajá, ya sabemos que Dimitri es por parte de tu madre y espero por favor no te cierres con este tema porque es importante.

—¿A dónde quieres llegar?

—No saco nada con ocultarlo de ti porque leíste la carta de Abramio y ahí decía que tu padre y el mío eran amigos...

—Si, lo recuerdo.

—Bueno, yo encontré una fotografía que no te mostré.

—¿Una fotografía de mis padres?

—Si, tu madre era preciosa... pero no es el punto.

—Quiero la foto.

—Por el momento está segura, quizá te deje verla, pero seguirá en mi caja fuerte hasta que todo se resuelva porque tus padres no son los únicos en la foto.

—¿Los acompañaba alguien?

—Si, mi padre... y mi madre.

—¿Alina conocía a mi mamá? No lo entiendo, me lo hubiese dicho.

—Mi madre es mitad rusa por parte materna, eso lo sabes, por algo aprendí a hablar ruso desde pequeña, lo que nunca me cuadró fue como conoció a papá y las fechas de nada me coinciden.

—Pero mi madre era heredera de la mafia, ¿cómo conoció a Alina?

—Te digo que nada me cuadra.

—Espera, no estarás pensando que somos familia... —casi escupe la galleta.

—Imposible, no me hubiesen dejado estar contigo, mi madre no te querría como te quiere y nuestros hijos... no lo sé, supongo que me hubiesen dicho que interrumpiera el embarazo, no es probable en ningún sentido.

—¿Entonces?

—Te digo que no sé, pero quienes si saben son mis padres y probablemente tengan información de Dimitri guardada sin querer. Yo nunca los hice parte de mi trabajo, es más, los excluí por su seguridad. Saben que hay un psicópata de mierda suelto, pero no tienen idea que es familia tuya, ni siquiera saben que vives en mi casa y que conoces a los niños.

—¿Tienes un plan?

—No quise meter a mi equipo en esto aún, sé que son parte de la misión, pero involucra a mi familia y hasta no tener las piezas del rompecabezas no quiero a Giovanni cerca contándole cada cosa que haga al director.

—¿Y el plan? —insiste.

—Le dije a papá que viniera a Las vegas con mamá.

—¿No es peligroso?

—No más que Italia. Papá se sabe cuidar muy bien y sé que a pesar de no estar con mamá, la ama y la cuida. Si lo piensas lo mejor es un encuentro secreto en un país donde el director no tiene control, aparte si los enviaba a Italia se quedarían en casa y contigo tengo suficiente. Con mi madre peleamos cada que nos vemos así que es mejor así.

—¿Por qué pelean? Recuerdo que siempre fuiste unida a tu padre y tenían una conexión única, pero con tu madre había una complicidad muy bonita. Alina siempre ha sido una buena madre.

—El plan de Abramio no solo destruyó nuestra relación, Alec. Ese plan se llevó el matrimonio de mis padres y por consecuente mi conexión con mamá, perdí mucho más que un novio, pero la gente no suele ver eso y terminé siendo la resentida, manipuladora y mala de la historia. Si ella ha de ser buena madre con alguien es contigo, pero no me quejo, tampoco soy buena hija.

—Yo... bueno, no lo sabía, siento que se hayan distanciado.

—Fue algo más que la distancia, a papá lo tengo a kilómetros y sigo siendo la niña de sus ojos. A mamá la decepcioné hace años, no supo perdonar y yo no supe pedir perdón.

Mierda. No sé por qué le dije eso, debí guardar silencio, yo no soy de las que hablan de sus sentimientos y mucho menos de mis asuntos personales los cuales me vuelven vulnerable.

—Podrían intentar hablarlo. —propone tratando de consolarme.

Esto definitivamente está mal. Él debería comportarse como un idiota, no dándome apoyo moral.

¿Qué me ha pasado estos días? La pregunta viene a mi y no sé como responderla. Dejé que me abrazara, lo consolé como en un pasado y le atiendo como lo haría con alguien que me importa y no es así.

Intento llevar esto por el camino de la paz, por eso no saco el tema a relucir, pero se está olvidando del daño que nos hicimos y al menos yo no lo olvido, el rencor está ahí camuflado de amabilidad solo para llevar la fiesta en paz.

—Y tú podrías intentar no meterte. Lo que haga con mi madre es asunto mío. El punto es que nos vamos a juntar en Las vegas, será discreto, pero necesito tu ayuda para interrogarlos, nada mejor que manipularlos con tu papel de huérfano.

Me mira perplejo ante el poco tacto de mis palabras. —¿Tienes que ser así?

—Solo digo la verdad. Eres un huérfano y mi madre tiene amor y debilidad por ti, úsalo a tu favor y que nos digan de una vez los secretos que callan hace años.

—Bien. Siguiente tema.

—Como siempre evitando lo que no te gusta —me ignora—. El siguiente tema es tu computador y celular. Te los prestaré únicamente para que te comuniques con George Parker o como se llame tu socio y le avises que estás en Las Vegas.

—¿Los tienes tú? —me mira asombrado sin poder ocultar la felicidad—. ¿Aquí?

—Si, pero lo usas al lado mío mostrándome la pantalla en todo momento y si intentas algo estúpido, los rompo.

—En la computadora tengo muchos documentos que necesito para este trato, creí que tendría que hacer todo de nuevo a mano y a la velocidad de la luz.

—Bruno me pidió que te los prestara, pero Alec, solo será por este día, bajo mi supervisión y dándome tu palabra de que no intentarás nada estúpido. Te estoy entregando media milésima de gramo de confianza, no la desaproveches.

—¿Y cuando podré tenerlo para trabajar?

—Ya hablamos de eso.

—Pero no puedes ser así...

—Puedo, mírame y verás que si puedo.

—Necesito comunicarme con Allison, ella es mi hermanita y llevo mucho tiempo sin verla.

—Mi problema no es ella y lo sabes. —No le conté que me dieron la autorización para que ella firmara el acuerdo de confidencialidad—. Mi problema son tus grandes ganas de confesar al mundo que tienes tres hijos cuando me he esforzado por años para cuidarlos en el anonimato.

—No es a todo el mundo, es a mi novia. ¿Te parecería correcto iniciar una relación y no decirle al tipo que eres madre y no de uno, de tres?

—Lo único que no me parece correcto es que me estés hablando de tu novia cuando tenemos un trato. Aún no pasa el mes así que cállate y acepta lo que te doy porque podría ser menos.

—Bien... —contesta de mala gana.

—Siguiente punto. ¿Recuerdas que te hablé de una publicista famosa o algo así?

—Ajá. Según dijiste el plan es confiar en que sus paparazzis la sigan y le tomen fotografías conmigo. Así salgo en sus portadas como un empresario más, pero la idea es que llegue a ojos de Dimitri.

—Si...

Le conté el plan, solo que omití la parte en la que tenemos que lucir cercanos, puedo hacerlo sin que se de cuenta y evitarme el discurso de mil horas de por qué está mal y que tiene novia y blah blah.

—¿Qué pasa con eso?

—Bueno, tengo que acompañarte en esa reunión.

—¿Por qué? No sabes nada de negocios.

—Por seguridad. Evaluamos los puntos y los chicos estarán de encubiertos cerca, pero no tanto en caso de alguna eventual amenaza.

—Ah, bien. Supongo que no puedo hacer nada para impedirlo.

—Lo que puedes es agradecer que te conseguí el permiso de viajar a las vegas.

—Lo agradezco —contesta sin más.

—Lo último es más personal...

—¿Tienes algún problema?

—De tenerlo no lo compartiría contigo. Lo que te quiero decir, bueno, más bien avisar es que se acerca el cumpleaños de los niños.

—¿Qué?

—Si, cumplen cuatro y quería hacerles algo especial, pero no muy grande, no podemos.

—¿Por qué no?

—Porque tenemos prohibido hacer fiestas grandes, solo reuniones. Como antes eran más pequeños solíamos hacer una parrillada y día de piscina, algo de música y un pastel. No se relacionan con otros niños que no sean Chloe así que van los chicos de mi equipo, Fernanda, mis padres, Salvatore y Bruno. Todos los llenan de regalos y la verdad se la pasan bastante bien.

—Me lo puedo imaginar... —noto algo de nostalgia.

—Este año quiero buscar la manera de contrabandear un inflable enorme y una cama elástica, se lo merecen, el problema es que no es fácil meter eso en los condominios.

—Pero tu jardín está vacío, solo tienes la piscina y un árbol, claramente te caen cinco camas elásticas.

—Es difícil porque no están permitidos, no porque no caigan.

—¿Por qué no podrías ingresar juguetes para los niños?

—No podemos ingresar cosas muy grandes porque se supone que las casas son temporales. Puedes servir a la institución por veinte años como puedes hacerlo por veinte meses, nunca se sabe. Pero si te vas, debes dejar la casa tal como te la entregaron.

—¿Entonces?

—Entonces quiero buscar la manera de ingresarlos. También quiero hacerlo por Chloe, cuando ella estuvo de cumpleaños yo estaba en mi castigo y no pude darle nada.

—¿Nació antes?

—Si, casi dos meses. Katya tenía cuatro meses de embarazo cuando yo quedé embarazada, pero los niños fueron sietemesinos así que acortaron la espera.

—¿Nacieron antes por ser trillizos?

—Entre otras cosas... tuve un embarazo de riesgo, pero ya pasó y los niños están bien. En fin, volviendo al tema, la otra semana cumplen cuatro, solo quería avisarte.

—Guau, cuatro... —mira la nada algo pensativo.

A veces olvido que para mi sería el cuarto cumpleaños junto a ellos y para él es el primero.

—Si quieres me puedes ayudar a organizarlo, con el pastel ni te metas porque lo más probable es que hagamos bizcochos crudos, pero podemos elegir una temática, inflar globos, decorar...

—Me encantaría —interrumpe con entusiasmo.

—Ajá —le resto importancia—. Bueno, ya sabes que en viaje de Italia a Las vegas es largo, apenas llevamos cinco horas así que voy a aprovechar de dormir.

—¿Podrías darme mi computadora para arreglar documentos?

—No.

—Te juro que no haré nada estúpido, no al memos dentro de este jet.

Suspiro. Tengo sueño y no puedo vigilarlo, pero puedo obligarlo a obedecer bajo un juramento válido.

—Quiero que prometas y jures que solo verás cosas del trabajo y no intentarás hacer contacto con el exterior de alguna forma misteriosa.

—Lo prometo.

—No es tan simple, promételo en nombre de los niños y si rompes la promesa, aceptas que te eche de la casa y no verlos más.

—Que radical, pero no hace falta. Te dije que te lo prometo y no mentía, pero si jurarlo en nombre de mis hijos te da paz, bien, lo juro por ellos.

—Okey. —busco mi mochila y le doy sus cosas—. No me pidas ayuda con el teclado, tendrás que usar la mano con la venda ya que la del yeso te lo pone difícil.

—Tranquila, tengo una mano buena, son solo heridas en los nudillos, pero la vendaron por para que no se infectara.

—¿Me hiciste darte comida en la boca a propósito?

—Fue divertido tenerte de esclava —se encoge de hombros.

—Cabrón —refunfuño—. Bueno, ahora si voy a dormir. Recuerda que primero será la reunión con la publicista, llegaremos pasado el medio día por la diferencia horaria.

—¿No vamos a ir al hotel primero?

—Si. Nos vamos directo al hotel, nos cambiamos de ropa y bajamos al restaurante para la comida con la muchacha. Será una asesoría de media hora, máximo cuarenta minutos. Luego te reúnes con Parker en el mismo hotel, pero en su oficina y ahí pueden estar hasta tarde. Ya lo hablé con él.

—¿Te comunicaste con George?

—Si, tengo que tener el itinerario completo antes de que nos aprueben formalmente los viajes. Él estuvo de acuerdo, hasta nos asignó habitaciones y dijo que estaba encantado de recibirnos, pidió que le escribieras cuando llegaras. Hasta se encargó de la estadía de la publicista ya que ella vive en Los Ángeles. Todo fue difícil de coordinar, pero no imposible.

—No creí que fueras de las que le resuelven la vida al resto a tal escala, te luciste, hasta contrataste un Jet y todo.

—No te podemos transportar en un avión comercial y la BSGI no tiene presupuesto para un Jet privado exclusivamente para nosotros así que me tocó.

—Señorita Prada —habla el piloto a través del altoparlante—. Favor de venir a la cabina de pilotaje por favor.

Voy enseguida obedeciendo y abro la puerta que divide las aéreas.

—Dígame —le hablo al piloto.

Es un gran amigo de papá quien se encarga de mover personas entre países de manera discreta. Cuando lo llamé para decirle que nos teníamos que juntar en Las Vegas, también le pedí ayuda con esto porque a pesar de tener dinero, no cuento con los contactos suficientes.

—Señorita, su padre ya va viajando con un colega, dijo que por favor le avisara para que no se preocupara, pero el vuelo tiene un retraso porque hubo complicaciones con el Jet y prefirieron cambiarlo, eso les quitó algunas horas, pero están a salvo y en camino.

—Muchas gracias por avisar.

—También le confirmo que está todo listo en el hangar. Hay dos camionetas blindadas tal como pidió esperándola.

—Perfecto.

—Quedan cerca de ocho horas de vuelo, pero ante cualquier inconveniente o novedad la llamaré para mantenerla al día.

—Muchas gracias. —salgo de su cabina cerrando la puerta.

—¿Alguna novedad? —pregunta Alec cuando me siento.

—Lamentablemente no nos vamos a estrellar, ahora déjame dormir.

Reclino mi asiento completamente convirtiéndolo en una cama provisoria y cierro los ojos. Tengo que aprovechar de dormir cada vez que pueda, se viene una jornada bastante larga...

ALEC

Mis archivos, mis preciados y lindos archivos. Puedo estar molesto con Bruno, pero se me pasa ligeramente al ver la manera en la que organizó todo.

Me hizo resúmenes de cada junta, cada decisión tomada, cada trato cerrado y cada novedad por más minúscula que fuera.

Esto sin duda me ayudará a ponerme al día con la empresa, solo tengo que convencer a la bruja que está durmiendo en el asiento de al lado para que me deje trabajar desde casa.

Llevo horas con la vista pegada en la pantalla y mis ojos necesitan un descanso, pero no puedo dejar de trabajar, amo hacerlo y me reconforta cada...

—No, no quiero —habla dicha bruja.

—Ah, ya despertas...

—No quiero —me interrumpe.

¿Qué cosa no quiere? Volteo para mirarla por primera vez y me doy cuenta que no está despierta, está hablando dormida, de hecho su ceño está fruncido como si algo le molestara y evidentemente tiene una pesadilla.

—No... —repite.

Cambia de posición quedando acurrucada en su asiento, pero de frente a mi ya que antes me daba la espalda.

Ante dicho movimiento su blusa se sube bastante y por la tela deja casi a la vista su brasier. Retiro la mirada al instante por respeto y porque no quiero verla, pero recuerdo que no estamos solos en este jet.

Miro discretamente al resto, pero todos permanecen dormidos menos Ludovico que está concentrado en un juego de su teléfono y nos da la espalda así que no puede vernos.

Ella vuelve a murmurar algo ininteligible y la miro de reojo. Mierda. Dando un suspiro de resignación me quito la chaqueta con cuidado de no llevarme mi yeso en el proceso y verificando una vez más que nadie me observa, la cubro para que nadie la vea.

Miro su ceño fruncido y me pregunto como es posible que hasta durmiendo esté enojada, no se cansa de pelear ni en sus sueños...

Acomodo el cuello de mi chaqueta sobre sus hombros con cuidado y en ese momento bruscamente toma mi mano y reprimo una grosería ante su movimiento ya que sigue dormida, pero presiona las heridas de mis nudillos.

Luego tira de mi y abraza mi antebrazo completo como si fuese un oso de peluche.

Carajo, mierda, la re puta mierda.... me duele. Debo agradecer que no es la mano con el yeso, pero eso no quita que las heridas de mis nudillos estén frescas y que la presión del aérea duela.

—Ey —le hablo en un susurro para que se despierte y me suelte.

Claramente sigue profundamente dormida, pero noto que su ceño ya no está fruncido, con el cambio de posición, ahora luce tan tranquila y serena...

Pero me importa una mierda, me duele la mano y definitivamente no me voy a quedar en esta horrible y dolorosa posición incomoda durante las dos horas que quedan de viaje. No, no y más no.

FRANCESCA

—Damas y caballeros, les habla su piloto de confianza para informarles que empezaremos el descenso a la ciudad de Las Vegas Nevada. El clima actual es soleado con una temperatura de 36°C y una sensación térmica de 33°C, Estaremos aterrizando en aproximadamente veinte minutos, les agradecería enderezar sus asientos y abrocharse el cinturón de seguridad, gracias.

Abro los ojos tratando de procesar la información que acabo de recibir, pero me quedo inmóvil al darme cuenta que Alec está dormido sentado en el suelo entre su asiento y el mío.

Sigo el camino de su mano y noto que yo misma se la retengo al tenerla abrazada entre el asiento, mi pecho y mis propios brazos.

Mierda. Cierro los ojos haciéndome la dormida y me muevo bruscamente soltándolo para que despierte.

Lo oigo murmurar bajo una retahíla de groserías cuando retira su brazo seguido de algunas quejas por que se le adormeció, pero fiel a mi actuación sigo dormida.

Escucho como vuelve a su asiento y se hace sonar algunos huesos. ¿Por qué mierda estaba abrazando su brazo? Yo seguía en mi lugar, él es quien no estaba en el suyo, de seguro es su culpa.

—Alec —le habla Ludovico—. Despierta a Francesca, el piloto dijo que llegamos en veinte minutos y tiene que sentarse bien.

—Despiértala tú, no soy su padre.

—Voy a despertar a Sara y con eso ya corro riesgo de morir, aparte no me quiero parar.

—No me importa tu vida ni tu itinerario, no soy el reloj de nadie. —lo escucho teclear en su computadora.

—El reloj no, pero la almohada al parecer si... —mierda, Ludovico nos vio.

—Si dices algo —le amenaza Alec—. No vuelvo a hacer ni un maldito trato contigo y sabes que nuestros tratos involucran bastantes euros.

—Bien, bien, la despierto yo...

Un cojín aterriza justo en mi cara y no me extraña que un franco tirador tenga esa puntería, pero quiero asesinarlo.

—¿Que rayos? —pregunto adormilada fingiendo despertar algo desorientada.

—El piloto dijo que debes enderezar tu asiento —me explica Ludovico—. También dijo que llegamos en veinte minutos, pero eso fue como hace cinco así que aterrizamos en quince.

—Ay Ajá, muchos números —me quejo.

Me estiro como una recién despertada y bostezo presionando el botón que vuelve mi asiento a su lugar original.

A medida que me voy reclinando una prenda cae por mis hombros y me doy cuenta que es la chaqueta de Alec.

—¿Que hace esto arriba mío? —le pregunto.

—Te confundí con un mueble —responde automáticamente sin quitar la vista de la pantalla.

—Muy gracioso.

—Prendí el aire acondicionado al máximo porque tenía calor, pero te llegaba a ti así que te tapé porque si te enfermabas me ibas a culpar durante todo tu resfrío y si no te soporto a ti, imagínate a tus quejas.

—Que amable —suelto con ironía—. Pero el aire está apagado.

—Porque después me dio frio —contesta de mala gana—. Me quedan diez minutos para terminar de corregir un informe, cállate.

—Como su majestad diga.

Me quito su chaqueta de encima y acomodo mi blusa que se subió. ¿Será que me tapó por eso? Bueno, si es así debo decir que todas las personas de este Jet sin contar el piloto me han visto en ropa interior por las misiones y algunos han visto más que eso así que no había necesidad de taparme, que imbécil.

El momento de aterrizar llega y cuando por fin estamos quietos, me pongo de pie y me hago sonar cada hueso posible.

—Dios, creí que me iba a dar una trombosis —se queja Ludovico haciendo lo mismo que yo.

—Odio los vuelos largos, los odio —refunfuña Sara atándose el cabello.

—Señorita Prada, ¿puede venir un momento? —me pide el piloto.

Voy y enseguida me extiende la mano. —Un gusto volar con la hija de Alexandro.

Le recibo el gesto. —Gracias a usted por trasladarnos seguros. Realicé el pago por adelantado a la cuenta que me informó.

—Lo noté, agradezco su confianza. Todo está listo como lo pidió. Sus padres sigue en vuelo, pero si necesita información adicional se puede comunicar conmigo y le hablo a la torre de control. Manejo esto con discreción.

—Entendido.

—Recuerde que sin importar el horario, debe avisarme con una hora de anticipación cuando quiera realizar el retorno a Italia.

—Perfecto.

—Bueno —se pone de pie—. Les ayudo a bajar.

Él va hasta la puerta y comienza el procedimiento para abrirla. Cuando lo logra se despliega una escalera y los chicos se acercan para bajarse. Cada uno toma su mochila, el único ridículo con maleta es Alec quien insistió en que no podía arrugar su traje en un bolso y a estas alturas discutir con él por estupideces es algo que evito.

—Gracias —se despiden los chicos del piloto y bajan.

Alec y yo somos los últimos. Tomo mi mochila y su maleta ya que es difícil hacerlo con sus manos y antes de que pueda reclamar algo, bajo.

Dos camionetas nos esperan con dos choferes. Uno se acerca rápidamente a mi para ayudar con la maleta de Alec.

—Gracias —respondo ante su gesto.

Alec baja atrás mío y se va a la camioneta en la que guardan su maleta, pero todo el resto se sube en la otra camioneta y quiero golpearlos por idiotas. Voy hasta ellos quienes están sentados.

—¿Están cómodos? —pregunto con ironía.

—Es primera vez siendo VIP en un vuelo para mi así que yo estoy de puta madre —contesta Ludovico—. Luego de esto no sé como volver a un avión comercial.

—No sean tontos, no pueden ir todos en la misma camioneta, tenemos que dividirnos para cuidar a Alec, por eso vinieron.

—Yo lo quiero matar así que mejor me quedo aquí —avisa Sara.

—A mi ni me mires, estoy en la fila justo detrás de Sara. Si no lo mata ella, lo mato yo —se excusa Fabbian.

—Yo voy —se ofrece Giovanni.

—No te ofendas, pero planeo decir groserías y temo que me acuses con el director por decir palabras feas. —Definitivamente sigo molesta con él—. Ludovico, Mauro —los llamo—. Vengan conmigo, nos dividiremos tres y tres.

Me voy antes de que Giovanni diga lo contrario en calidad de jefe de escuadrón y Ludovico junto a Mauro me siguen.

—Trajiste al callado y al único que le caigo bien —me habla Alec—. Sabia elección.

—Traje a los únicos dos que no te quieren matar, procura que siga así. ¿Llamaste a George Parker?

—Le mandé un mensaje tal cual dijiste.

—Bien, ya no puedes usar la tecnología hasta que te de permiso.

—Ajá.

—Que obediente —lo molesta Ludovico.

—Y tú que pobre, corriente y ordinario —se defiende Alec.

—Ya basta —los callo a ambos—. Una palabra más y se van caminando.

—Gracias —gesticula Mauro en mi dirección sin emitir sonido.

Le sonrío y vuelvo a lo mío que es mensajearme con cierta persona. Espero que todo salga bien... necesito que todo salga bien.

ALEC

—Señorita Prada —habla el conductor—. Ya llegamos.

—Gracias.

Él baja nos abre la puerta y soy el último en bajar. Los otros del equipo vienen hasta nosotros y me concentro en mirar la rueda de mi maleta, todo es mejor que verlos a ellos.

—¡Fernanda! —grita la otra mujer del equipo—. ¿Que cojones haces aquí, amiga?

No por favor, que no sea la misma...

—¿Que tal su vuelo, alimañas? —pregunta llegando hasta nosotros.

Dios santo dame paciencia, mucha paciencia, pero por favor no me des un arma porque la mato.

—De la mierda —le contesta Ludovico—. ¿Pero que haces aquí?

—Viajé antes que ustedes para hacerle un favor a Francesca. El amo Belucci necesitaba una publicista y tuve que recibir a la chica junto a su esposo y aparte hablar de otras cosas con ella, fueron dos pájaros de un tiro.

—¿Vino su esposo?

—Si, se llama Ryan Cooper y...

—¡¿Ryan Cooper está aquí?! —interrumpe Ludovico—. Jesucristo, necesito un autógrafo, ¿por qué no me avisaron?

—Este es un viaje de trabajo —le recuerda Giovanni.

—¡Señor Belucci! —levanto la vista y George Parker viene directamente hacia mi con entusiasmo.

—Señor Parker —me miro ambas manos—. Me apena no poder estrechar su mano, pero es un gusto verlo.

—Dios, ¿que te pasó?

—Tuve un pequeño accidente... —evito detalles.

—No sabes el gusto que me da tenerte aquí. Está todo preparado para que tu estadía sea la mejor, me gustaría enseñarte el hotel personalmente, pero primero dejaré que te instales junto a tu equipo de seguridad. ¿Quién es la señorita Prada?

Ella levanta ligeramente la mano. —Aquí.

—Oh, un gusto conocerte, hablamos por teléfono.

—El gusto es mío, señor Parker. Le agradezco habernos recibido con tan poca antelación y las gestiones que hizo para que todos estemos cómodos.

—No hay de qué. ¿Les parece registrarse? Luego pueden subir a prepararse para su almuerzo.

—Me parece perfecto.

Entramos al gran hotel camino a la recepción y discretamente se acerco a ella.

—¿Qué cojones está haciendo tu amiga aquí? —pregunto de mala gana.

—Fernanda está ayudando. Ella conoce a la publicista famosa, no yo. Como dijo, tenía que hablar con ella de negocios previos y aparte se encargó de avisarle a bastantes paparazzis de manera anónima que ellos están en este hotel.

—Francesca —la llama Ludovico—. ¿A nombre de quién están las reservas? No encuentran mi nombre.

—¿Cómo es posible? —interviene el señor Parker.

—Tranquilo, reservé seis habitaciones a mi nombre.

La chica del mostrador entrega seis tarjetas y las reparten entre ellos.

—¿La mía? —pregunto al ver que no sobró ninguna.

—Nosotros compartimos habitación.

—¡¿Que?! —todo el mundo presente exclamó lo mismo a coro incluyéndome.

—Ustedes no se metan y vayan a arreglarse. Alec tiene la reunión en media hora.

—¿Por qué vas compartir habitación con él? —le pregunta el policía inepto.

—No tiene sentido —reclama la otra chica de su equipo.

—Francesca, esto es una... —intenta hablar Giovanni, pero toso deliberadamente para que recuerden que no estamos solos.

No pueden hablar así como así de misiones y cosas raras frente a George Parker. Se supone que ambos somos hombres de negocios, no puedo estar metido en mierdas y para él, ello son mi equipo de seguridad.

—Yo le pedí que compartiéramos habitación —aclaro—. Necesito ayuda para todo ya que mis manos están en esta condición.

—Claro y eso incluye ayuda para vestirte —me encara el policía.

—¿Y a este quien le dio autorización para hablarme?

—Eres un...

—Bien, todos a sus habitaciones —interviene Giovanni—. El lobby de un hotel no es lugar para montar una escena, me disculpo.

Casi a rastras se los lleva a todos y yo me quedo a solas con ella. No sé en que momento desapareció su amiguita Fernanda, pero me alegra que no esté.

—Disculpe por eso —le digo enseguida a George—. Le mandaré la documentación para que pueda revisar todo mientras estoy en mi almuerzo, luego encantado nos reunimos.

—Estaré atento, disfruten su suite matrimonial.

—Gracias —me limito a contestar.

Luego camino junto a ella hasta el ascensor en silencio y así permanecemos hasta que entramos a la habitación y cierra la puerta.

—¿Me puedes explicar que mierda es esto? —digo enseguida.

—Quise abaratar costos, no me salió barato el jet.

—Déjate de bromas.

—Cuando me cubriste creí que te había dado cuenta, pero sigues siendo descuidado. Primero que todo, es una habitación en donde dejar las cosas, no vamos a pasar la noche aquí así que no hay una cama que compartir.

»Segundo, te dije que mis padres vienen y mi intención es hacerle una encerrona aquí donde no podrán escapar hasta soltar la verdad. Tercero, si tenías una habitación para ti solo, por obligación todo el equipo nos hubiésemos turnado para estar parados atrás de la puerta haciendo guardia, solo te evité que te siguieran a todas partes, mejor conmigo que con Sara o Fabbian, ¿cierto?

—Pudiste avisarme.

—Te dije que te necesitaba para interrogar a mis papás, si de la nada te metías a mi habitación hubiese sido sospechoso y quien estuviera de turno nos hubiera descubierto.

—Pero es raro de todas formas.

—Alec, es una habitación enorme, aparte el cronograma va así. Primero almuerzo con la publicista, luego tu reunión con Parker y siguiente interrogar a mis papás, luego nos vamos devuelta a Italia. No planeo dormir abrazada a ti.

Si supieras...

—Bien, pero me tengo que cambiar ropa así que lárgate y vuelve en diez minutos.

—Me voy a largar, pero no porque me lo digas, sino porque tengo que hablar con Fernanda. La acomodé en la habitación de enfrente, aprovecharé de cambiarme ropa ahí. Supongo que está de más decirte que no le abras la puerta a nadie, menos si es servicio a cuarto o cualquiera de las cosas que claramente no has pedido.

—Bien, no soy idiota.

—Lo eres y solo por eso te dejaré esto.

Abre su mochila y saca un arma junto a su cargador.

—No quiero matar a nadie, mi conciencia no da para más con ese tema.

—Y yo no quiero que te maten a ti y tener que explicárselo a mis hijos así que defiéndete si es necesario, de todas formas puedes dar un tiro al aire y vendré enseguida, te dije que estaré en la habitación de enfrente.

—Ajá.

Ella toma su mochila y se larga dejándome solo. Enseguida miro mi maleta y no tengo idea de como carajos voy a siquiera abrirla, pero por fin estoy solo...

FRANCESCA

Toco la puerta de Fernanda y ella me abre enseguida como si me hubiera estado esperando.

—¿Viaje de mierda? —pregunta en cuanto ve mi rostro.

—Algo así. —abro mi mochila y saco la ropa.

—¿Vestido negro? —enarca una ceja.

—Voy a salir en portadas con algunos famosos. ¿Que te hace pensar que lo haría en sudadera y pantalones?

—No creí que te importara eso.

—Lo pensé y si voy a fingir estar con Alec para las fotos, no sería muy creíble si estoy en mis peores fachas y él en un traje más costoso que un auto.

—Si lo pones así... tengo un labial rojo que le quedaría bien a tu vestido.

—Que linda y útil conversación estamos teniendo. ¿Y si nos ponemos a estudiar diseño de modas y nos volvemos mejores amigas?

Fernanda suelta una risotada entendiendo la referencia y niega sutilmente.

—Eres un caso especial, deja de negar lo mal que te cae la novia de Alec. Yo asumo cuanto detesto a Hello kitty.

—No me cae mal, es... en fin, me vine a arreglar, pero antes quiero hablar de algo contigo y lo sabes.

—Que si, sé que quieres saber lo que realmente vine a hacer.

—Ajá, te conozco y un viaje tan largo no te lo tomas porque si.

—El director me tiene en la mira, usé de excusa venir hasta aquí para ayudar, pero me tengo que ir con María, ya me quedé más de lo presupuestado en Italia y la mejor forma de salir del país es ante los ojos de todos. Estando en estados unidos es más fácil llegar a María.

—¿Como que te vas? No tienes un plan...

—Francesca, hace mucho te estoy rogando por irme, yo también tengo asuntos personales que requieren mi presencia y siempre tengo un plan. Me iré hasta Arizona, dejaré huellas para despistarlos y que piensen que crucé la frontera con México, pero me voy a devolver y seré un fantasma hasta ir a mi real destino.

—¿María no está en México?

—No, está en China, por eso los voy a despistar hasta México.

—¿Y piensas irte así como así? No es justo, ni siquiera te despediste.

—Lo estoy haciendo ahora.

—No hablo de mi.

—Le avisé a Katya y a Sebastián, no me pidas mucho, sabes que las despedidas no son lo mío.

—Tampoco hablo de ellos.

Me mira confusa. —No te estoy entendiendo...

Mierda. —Hablo de Salvatore —suelto el aire contenido.

—¿Y por qué me debería despedir de ese?

—Fernanda ya basta, lo sé.

—¿Que sabes?

Suspiro. —Salvatore no es como los otros chicos, lo hice mierda en un pasado y no se merece que le hagas lo mismo.

—No estoy entendiendo, pero no me interesa hacerlo, me largo. Hasta que la vida nos vuelva a reunir... —toma su bolso y camina hasta la puerta.

—Sé que te acuestas con él —detiene su andar—. Lo sé desde que lo hicieron por primera vez.

INSTAGRAM: Anabett_jrz

Continue Reading

You'll Also Like

28.5K 3.6K 16
Libro 3.1 de una serie de libros de temática homoérotica paranormal. La serie Los Orígenes y la Guerra de los Dioses trata sobre un grupo de personas...
172K 2.1K 9
¿Alguna ves has sentido una mirada de lujuria? Pues yo si, y la siento cada vez que sus ojos me miran para mandarme un mensaje que solo yo sabré desc...
272 31 53
¿La vida es cuento? No lo sé, pero con estos relatos puede que se abra una nueva dimensión y empieces a escribir el guión del relato de tu propia vid...
Wattpad App - Unlock exclusive features