Bajo el cielo de los recuerdos

By Nam_Seok95

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Es difícil soltar lo que con mucho esfuerzo haz obtenido, y más si aquello es algo que amas. La vida puede d... More

Primer Latido
Tejiendo Días de Sol y Canciones de Cuna
El Primer Vuelo del Pequeño Cometa
Anhelando una Nueva Estrella en Nuestro Cielo
Nubes en mi Cielo Azúl
Mariposas en Medio de la Tormenta
Estrella Fugaz
Día nublado
Recuerdos de Primavera
Tormenta de Pesadumbre
Días lluviosos
Rayitos de Sol entre las Nubes

El silencio que habla su nombre

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By Nam_Seok95


El silencio en la casa era un huésped permanente ahora.

No el silencio cómodo de las noches estrelladas compartidas en la terraza, ni el silencio expectante antes de un anuncio sorpresa. 

Era un silencio denso, cargado como una tela gruesa que sofocaba cada intento de respirar profundo. 

Las acuarelas seguían sobre la mesa del comedor, los colores vibrantes aún húmedos en algunos puntos, como si una pequeña mano acabara de dejarlas allí.

Seis años de garabatos, de soles amarillos con pestañas y casas torcidas con tejados rojos. Taehyung acarició con la yema de los dedos un borrón azul, recordando la risa aguda cuando su bebe había intentado pintar el cielo "del color de los ojos de papá Kookie". 

Jungkook, desde la pequeña cama, observaba la escena con tristeza, con un pequeño avioncito de juguete rodeado por sus brazos, haciendo que el juguete se mantenga en su pecho.

No era un dolor que se desvaneciera, sino un recuerdo constante, tejido en la trama misma de su hogar. 

Taeha...

Su pequeño cometa que había cruzado sus vidas durante seis fugaces años, dejando una estela de amor incondicional y momentos preciosos. 

A veces, en el susurro del viento entre los cerezos en flor del jardín, juraban escuchar su risa traviesa, un eco de alegría que les recordaba que, aunque su presencia física se hubiera ido, el amor que les había regalado viviría para siempre.


 "Nos veremos de nuevo mi amor" Susurraba el rubio mientras observaba una pequeña foto que se encontraba en un pequeño mueble donde reposaba una lamparita de media luna con un adorable osito dormido en ella.


"No te preocupes papi, algún día estaré de nuevo con ustedes"

Pudo escuchar aquel hombre la voz de su pequeño en aquellas paredes. 

No como un eco físico, rebotando en el papel tapiz descolorido de la que había sido su habitación, sino como un susurro cálido directamente en su alma. 

Taehyung se detuvo en seco, la mano temblorosa a medio camino de alcanzar el pomo de la puerta. Era la misma tonalidad aguda, la misma seguridad infantil que derretía cualquier atisbo de tristeza. 

Una punzada de anhelo, tan intensa que lo dobló por un instante, le robó el aire.

¿Se estaba volviendo loco? ¿Acaso el dolor, como una hiedra oscura, estaba comenzando a enredar su cordura, haciéndole escuchar fantasmas en el silencio?

Respiró hondo, intentando racionalizarlo. El viento quizás, colándose por el marco imperfecto de la ventana, jugando una mala pasada a su oído cansado. 

O tal vez... solo tal vez... era su corazón aferrándose con desesperación a la última promesa, a la certeza infantil que Taeha  siempre había irradiado, incluso en sus últimos días.

Lentamente, como si temiera romper una burbuja invisible, Taehyung abrió la puerta. La habitación seguía igual, un santuario congelado en el tiempo. Los estantes repletos de sus cómics favoritos, el oso de peluche despeluchado sentado en la cabecera de la cama pequeña, la manta de estrellas que Jungkook le había tejido con tanto amor doblada cuidadosamente al pie. No había nada fuera de lugar, nada que pudiera explicar aquella voz.

Cerró los ojos, permitiendo que la sensación lo invadiera por completo. No era una voz triste, ni un lamento. Era una afirmación, llena de la convicción inocente de un niño que cree en la magia y en las promesas.

"¿Taehyung?" La voz suave de Jungkook lo sacó de su ensimismamiento. Estaba en la cama pequeña de esa habitación, con los ojos llenos de dolor, uno silencioso. 

Había aprendido a leer las sombras en el rostro de su esposo, las señales sutiles de que el dolor lo estaba arrastrando de nuevo a las profundidades.

Taehyung se giró lentamente, con los labios temblando ligeramente. "¿Lo has oído?" preguntó en un susurro apenas audible, temiendo la respuesta.

Jungkook frunció el ceño, acercándose con cautela. "¿Oír qué, cariño?"

La pregunta era una daga fría, devolviéndolo bruscamente a la realidad. 

No, Jungkook no lo había oído. 

Era solo él. 

Su mente jugándole trucos crueles, ofreciéndole un espejismo de consuelo en medio de la desolación.

Pero en lo profundo de su corazón, una pequeña chispa se negaba a extinguirse. 

Quizás no era su mente. 

Quizás, en algún lugar inalcanzable para sus sentidos, la promesa de su pequeño seguía resonando, un faro tenue en la oscuridad de su pérdida. Y Taehyung se aferraría a esa chispa con todas sus fuerzas, porque en ese "algún día" residía la única esperanza que le quedaba para volver a sentir la luz en sus vidas.

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