ᴜɴ ᴀᴍᴏʀ ɪɴᴏʟᴠɪᴅᴀʙʟᴇ || Levi A...

Da goddessofcloudies

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❁ཻུ۪۪ 𝐿𝑒𝓋𝒾 𝒜𝒸𝓀𝑒𝓇𝓂𝒶𝓃 𝚇 𝒪𝒞 ❁ཻུ۪۪ modern AU || Isabella Moore. Una joven con una vida tranqu... Altro

⌈ 𝑷𝒍𝒂𝒚𝒍𝒊𝒔𝒕 𝒂𝒏𝒅 𝒎𝒐𝒓𝒆 ⌋
⌈𝒇𝒊𝒓𝒔𝒕 𝒍𝒐𝒗𝒆 ⌋
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Cαρíƚυʅσ 2
Cαρíƚυʅσ 3
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⌈𝐕𝐄𝐈𝐍𝐓𝐈𝐍𝐔𝐄𝐕𝐄⌋: 𝑬𝒄𝒐𝒔 𝒅𝒆𝒍 𝒂𝒚𝒆𝒓
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La sala de juntas estaba sumida en un silencio denso y abrumador. Las persianas semicerradas dejaban filtrar un rayo de luz grisácea que cruzaba la mesa, iluminando parcialmente los rostros cansados de los ejecutivos.

Todos esperaban que alguien rompiera la tensión, y el que finalmente lo hizo fue William, con su acostumbrado tono serio y dominante.

—Han pasado cinco meses desde aquel desastre con Zeke. Y las secuelas aún no nos sueltan —dijo sin rodeos—. Perdimos a tres de nuestros principales inversionistas, se nos cerraron contratos importantes y la reputación de la empresa quedó manchada.

Levi no desvió la mirada. Estaba sentado frente a su padrastro, con los brazos cruzados sobre su pecho y las cejas hundidas. A su lado, Erwin hojeaba de forma discreta unos informes, evaluando los daños en silencio.

—La situación es crítica —continuó William—. Si no encontramos una solución pronto, estaremos en números rojos dentro de pocos meses. Necesito que ustedes dos diseñen una estrategia —se dirigió a los colegas—. Negociaciones, alianzas, lo que sea. Pero no podemos quedarnos de brazos cruzados, el momento de actuar es ahora.

Erwin asintió para demostrar que entendía la gravedad del asunto, pero Levi se tomó un segundo antes de hablar, midiendo cada una de sus palabras.

—Buscaré a Zeke hasta encontrarlo —sentenció con voz firme—. Ese bastardo fue quien nos metió en esto y va a pagar por lo que hizo. Pero mientras tanto, salvaremos la empresa —declaró decidido y todos voltearon a verlo—. A pesar de tus malas contrataciones, no pienso dejar que se hunda, aunque eso signifique trabajar contigo.

La última frase fue directa y sin vacilaciones. William lo observó durante unos segundos, manteniéndose inalterable, antes de asentir con un gesto apenas notorio. Sabía perfectamente que Levi le guardaba rencor.

Aunque en realidad no estaba enterado de las verdaderas intenciones de Zeke, se había extralimitado al convertirse en su aliado; ni él mismo sabía de lo que era capaz Jaeger. Confió ciegamente y terminó descubriendo la verdad de la peor manera.

El hombre había desaparecido sin dejar un solo rastro o pista que permitiera buscarlo, esfumándose con la clara intención de ocultarse de todos. Si William ya tenía problemas personales con la familia de Isabella, este asunto terminó involucrando su vida empresarial y perjudicando a terceros.

No pensaba demostrarlo, pero estaba profundamente preocupado; Zeke era su cómplice en muchos aspectos y ahora parecía habérselo tragado la tierra. Nada le aseguraba que fuera a callar lo que sabía, y al no tener idea de qué hacer, solo le quedaba buscarlo por sus propios medios y en absoluto secreto.

—Entonces, pónganse a trabajar. No tengo más que decir —finalizó William a secas antes de ponerse de pie y salir de la pieza.

Levi resopló, visiblemente estresado. Eso era lo único que hacía el mayor: dar órdenes y dejar que los demás resolvieran el desastre que él mismo había provocado. Sabiendo que quejarse no resolvería nada, recogió sus documentos con brusquedad y salió de la sala junto a Erwin para encerrarse a trabajar de inmediato.

Pasaron las horas entre llamadas y revisiones, hasta que terminaron instalándose en una de las oficinas privadas de la empresa.

En el exterior comenzaba a caer el sol, tiñendo de naranja los ventanales. Dentro, el espacio estaba inundado de papeles y el ambiente pesado de un día desgastante. Erwin dejó su saco sobre el respaldo de una silla y se arremangó la camisa para continuar.

—Esto no va a ser fácil —comentó mientras hojeaba uno de los documentos financieros—. Pero si conseguimos reactivar los acuerdos con los proveedores del extranjero y recuperamos las distribuciones, podríamos estabilizarnos en menos tiempo del que comentó William.

Levi repasaba una hoja de cálculo en su pantalla sin decir nada, con el ceño fruncido y la atención totalmente fija en los números.

—Y si logramos renegociar con la gente de Nova Corp —añadió Erwin, buscando captar su atención—, podríamos tener un nuevo flujo de capital, pero hay que movernos rápido.

El pelinegro levantó la vista y recargó la espalda en su asiento, soltando un suspiro de pura frustración.

—No soporto la idea de trabajar bajo las órdenes de William —admitió, compartiendo un fastidio que su compañero ya conocía de sobra—. Pero esta empresa es tan mía como de él, y no voy a dejar que algo que llevo años construyendo se venga abajo por su culpa y la de Zeke.

Erwin lo observó en silencio por un momento. Sabía que detrás de esa molestia con el negocio había un trasfondo mucho más personal. Existía una enorme frustración en Levi por no haber podido hacer que Zeke pagara por el daño que le había causado a Isabella.

No es que la empresa no le importara, pero en el momento en que Jaeger se metió con la mujer que amaba, firmó su propia sentencia.

—Y no lo harás, vamos a sacarlo adelante —le aseguró Erwin, posando una mano en su hombro en señal de apoyo—. Ya salimos de situaciones peores, lo lograremos una vez más.

Levi asintió, agradeciendo el gesto de su amigo. El cansancio se le notaba en la postura y en la tensión de los hombros, pero su determinación seguía intacta. Dejó que Zeke se escapara esta vez, pero no iba a permitir que destruyera lo que tanto le había costado construir.


Esa noche, el departamento de Isa estaba en calma, envuelto en uno de esos silencios raros que la ciudad parecía regalar de vez en cuando.

Con Historia fuera en una cita romántica con su pareja Ymir, Isabella aprovechaba las horas a solas para pintar sobre uno de sus lienzos.

A mitad de un trazo, bajó el pincel y desvió la mirada hacia su mano, distrayéndose por completo con el brillo del anillo en su dedo anular. Una sonrisa involuntaria se le escapó al observarlo; todavía le costaba creer el vuelco que le daba el estómago cada vez que miraba esa pequeña joya de promesa.

—Te amo tanto, Levi —susurró para sí misma, rompiendo el silencio de la sala.

Pasadas las nueve de la noche, el sonido de la cerradura interrumpió sus pensamientos. Levi entró al departamento con la postura cansada por la intensa jornada laboral, pero la tensión de sus hombros disminuyó visiblemente en cuanto vio a su amada Isabella.

Ella dejó sus materiales de lado y se puso de pie para recibirlo con una sonrisa dulce, llevando el cabello ligeramente revuelto y con una pequeña mancha de pintura azul en la mejilla.

—Hola, amor —lo saludó con suavidad, estirando los brazos hacia él.

Ackerman la tomó de la cintura con firmeza, atrayéndola hacia su cuerpo. Se inclinó para darle un beso lento y profundo, un gesto que hizo que sus collares compartidos se chocaran con un leve tintineo. Al separarse apenas unos centímetros, él notó las manchas de color en su rostro.

—¿Estabas pintando otra vez? —preguntó con un toque de diversión en su tono habitual.

Isabella soltó una pequeña risa y asintió con la cabeza, tomándolo de la mano para guiarlo hacia el interior del departamento.

—Sí, de eso trabajo, señor —Levi chasqueó la lengua por el apodo—. Me puse a avanzar un poco en mi próximo proyecto —explicó, mirándolo de reojo con una sonrisa—. Pero también te preparé la cena. Es algo sencillo, pero estoy segura de que no has comido nada bien en todo el día.

Levi se detuvo un momento a observarla en silencio. Su presencia, la calidez de su voz y la atención que siempre le prestaba le devolvían una paz absoluta, convenciéndolo de que, sin importar qué tan complicado se pusiera el mundo exterior, siempre encontraría un refugio seguro entre sus brazos.

—Gracias —le dijo, acunando su mejilla con la palma de la mano antes de dejar un beso corto en sus labios—. No sé qué haría sin ti.

Isabella le sostuvo la mirada, transmitiéndole todo su apoyo con una caricia en la muñeca.

Durante los meses que siguieron al atentado, sus vidas se fueron entrelazando en una rutina compartida donde el amor y la reconstrucción avanzaban al mismo ritmo.

Aunque el entorno empresarial y las exigencias externas no les daban un respiro, ellos lograron establecer un equilibrio propio.

Ambos se enfocaron de lleno en sus respectivos proyectos: Levi asumió con fuerza la dirección estratégica de la empresa para levantarla de la crisis, mientras Isabella se abría paso como artista a través de nuevas colaboraciones.

Las agendas se volvieron caóticas y los días se hacían eternos, pero jamás permitieron que las responsabilidades arruinaran lo que tenían.

Aprendieron a compartir su tiempo con toda confianza, demostrándose lo que sentían en los detalles cotidianos. En los almuerzos rápidos que lograban tener, en los mensajes a mitad de la tarde para saber cómo iba el día del otro, o en los abrazos silenciosos y largos al llegar a casa cuando el agotamiento era demasiado.

Después de cenar entre pláticas y risas que los ayudaron a desconectarse de la rutina, se acomodaron en el sofá, iluminados apenas por la luz de una lámpara de pie.

Levi sostenía una taza de su té favorito entre las manos, sumido en sus pensamientos, mientras ella lo observaba en silencio. Notando de inmediato por la rigidez de su semblante que algo importante le rondaba la mente.

—Hoy hablamos con William —dijo Levi finalmente, rompiendo el silencio que se había instalado—. La empresa está peor de lo que imaginábamos. Si no encontramos una salida pronto, podríamos perderlo todo —Isabella lo miró con preocupación evidente.

—¿Andan buscando opciones? ¿Qué piensan hacer?

—Erwin y yo estamos trabajando en un plan... pero también quería decirte algo más —él esperó a que ella asintiera antes de continuar—. Sé que tu familia podría ayudarnos. Son influyentes, tienen los contactos y los recursos necesarios. Pero también sé que no es tan simple, no después de todo lo que viviste.

Isabella analizó sus palabras con calma y asintió despacio, también dispuesta a hablar.

—Historia y yo conversamos con el tío Rob hace unos días, sabe la situación y... él está dispuesto a ayudarte —le aseguró, notando el inmediato alivio en el semblante de Levi—. Pero la única condición es que... solo negociarán contigo. No quieren tener absolutamente nada que ver con William —su voz empezó a temblar—. Porque pues él... trabajaba con...

—Lo entiendo, tranquila. Estoy de acuerdo —Levi la interrumpió al notar su temblor y luego hizo una pausa corta, fijando sus ojos en ella con total seriedad—. Pero... en relación con eso, ya han pasado varios meses desde el ataque. Creo que es momento de hablar de lo que pasó antes, si tú estás lista.

Al escuchar la propuesta, Isabella se tensó de inmediato. Desvió la mirada hacia sus manos y encogió los hombros, tratando de encerrarse sobre sí misma. Durante un momento, guardó un silencio tan largo que pareció que iba a cortar la conversación por completo para cambiar de tema.

—No tienes que hacerlo si no te sientes cómoda —añadió él con suavidad, dejando de lado su tono seco—. Pero quiero que sepas que estoy aquí y que no estoy enojado, nunca lo estuve. No importa lo que hayas vivido o lo que creas que debes ocultar —le tomó las manos para que le prestara atención—. No voy a juzgarte. Solo quiero que estés bien y que sepas que te voy a cuidar siempre.

Isabella levantó la vista lentamente. Había una mezcla de dolor y alivio en sus ojos verdes; aquellas palabras eran exactamente lo que necesitaba escuchar. No respondió enseguida, pero tras soltar un largo suspiro, dejó de oponer resistencia y aceptó el firme contacto de sus dedos. Con ese simple gesto, Levi entendió que por fin iba a romper el silencio.

—Aquel día yo... —comenzó ella con la voz un poco temblorosa.

Y así, después de meses de arrastrar una batalla interna, Isabella empezó a relatar el origen de las pesadillas que no la dejaban dormir.

Le explicó todo el panorama, desenterrando desde aquel primer mensaje no solicitado que lo cambió todo, hasta las constantes amenazas psicológicas y los toques inapropiados que soportó por parte de Zeke antes de que la situación estallara en el atentado.

No quería seguir ocultándole secretos al hombre que amaba, y en el fondo, guardaba la profunda esperanza de que él comprendiera el miedo que la había paralizado.

Al terminar el relato, un silencio denso cayó sobre la sala. Levi permaneció inmóvil durante varios segundos bajo la mirada atenta y ansiosa de Isabella. Aunque ella intentaba mantener la calma, la rigidez de su postura y el sudor frío en sus manos la delataban.

De pronto, Levi se puso de pie. Necesitando espacio para respirar, caminó un par de pasos para alejarse y levantó la vista hacia el techo, apretando la mandíbula con tanta fuerza que los músculos del cuello se le tensaron.

Isa se asustó con el movimiento, temiendo que el rechazo lo hiciera salir del departamento y alejarse de ella por completo.

—Lo que pasó entre Eren y yo fue antes de... —Isabella comenzó a justificar, con el temor reflejado en la voz.

—Lo sé, no me tienes que explicar nada de eso —la interrumpió Levi, girándose un poco hacia ella—. Yo estaba con Petra en ese tiempo. Sería absurdo que te reclamara algo del pasado, ¿estamos de acuerdo? —ella asintió, soltando el aire que retenía en un notorio gesto de alivio—. No estoy molesto contigo, es solo que... es mucha información nueva.

—Lo siento...

—No, no te disculpes —Levi regresó al sofá al notar como las lágrimas se acumulaban en sus orbes verdes y volvió a sentarse a su lado mientras acortaba la distancia—. Teníamos una vida propia antes de que lo nuestro comenzara, y eso es totalmente válido —se aclaró la garganta, intentando desviar el centro de la tensión—. ¿Historia lo sabe? ¿Tu familia?

—No... ellos solo saben lo que Historia escuchó decir de Zeke aquel día en la casa de verano —explicó ella, sorbiéndose la nariz—. Pero después les contaré todo a detalle. Quería que lo supieras tú primero.

—Entiendo, está bien. —Levi titubeó levemente—. Mikasa seguro va a entender lo de Eren. Son pareja desde hace meses, así que es probable que él ya se lo haya contado todo y ella lo haya aceptado —Isa bajó la mirada—. No te preocupes por eso, no va a dejar de quererte por algo del pasado. Te aprecia de verdad.

Isabella volvió a levantar el rostro y esbozó una pequeña sonrisa, sintiendo cómo se le quitaba un peso de encima y sus ojos dejaban de cristalizarse.

—Gracias, Lev. Creo cada palabra que viene de ti... —volvió a resoplar—. ¿Pero tú estás bien?

—Solo... dame un momento para procesarlo —le pidió bajando la voz.

Ella respetó sus palabras y guardó silencio. Levi se llevó una mano a la frente, frotándose las sienes en un intento por contener la rabia que le subía por el pecho.

El problema no era Eren; lo que realmente no podía digerir era el terror que Isabella había tenido que sufrir a solas por culpa de su hermano mayor. La simple idea de imaginarla acorralada y asustada le revolvía el estómago de una forma insoportable.

—Perdóname —pronunció de repente, quebrando la quietud del lugar. Isabella parpadeó varias veces, desconcertada por el cambio —Discúlpame... en serio.

—¿Por qué tendría que perdonarte?

—Por no haber estado ahí. Por no haber podido protegerte —el lamento de Levi era evidente tanto en su mirada cansada como en la rigidez de sus manos—. Debí haber hecho algo, anticiparme... evitar que ese infeliz te pusiera una mano encima —la miró fijamente, con los ojos cargados de culpa—. Perdóname por no haber cuidado de lo que más amo en este mundo.

Levi resopló, visiblemente superado por el remordimiento de no haber estado para ella.

Isabella se conmovió al escucharlo, pero también sintió una profunda tristeza al verlo cargar con una responsabilidad que no le correspondía. Con suavidad, estiró la mano y entrelazó sus dedos con los de él, ejerciendo un poco de presión.

—Levi... —susurró para llamar su atención—. No tienes por qué pedir disculpas, no tuviste nada que ver en esto. El único responsable de lo que me pasó fue Zeke...

Él levantó la vista, conectando su mirada herida con la de ella. Isabella le sonrió con ternura, mostrando esa calma que le daba mucha fuerza a cada una de sus palabras.

—Tengo la total certeza de que, si hubieras estado ahí, habrías hecho hasta lo imposible por cuidarme —Isa musitó con suavidad, acariciando el dorso de su mano—. No necesito imaginarlo, lo sé con todo mi corazón. Tú siempre me has protegido, Levi, y si algo me duele ahora, es que te culpes por algo que tú no provocaste.

Levi la contempló en silencio durante un largo momento, buscando la tranquilidad que ella transmitía de manera casi inexplicable; sus palabras eran el único remedio capaz de cerrar una herida que llevaba meses abierta.

—No sé cómo haces eso —admitió él, sintiendo finalmente cómo la tensión abandonaba sus hombros—. Traerme tanta paz incluso después de todo lo que has sufrido.

Isabella inclinó el cuerpo y apoyó la cabeza con total confianza sobre su pecho.

Porque sé exactamente quién eres, Levi —respondió segura mientras cerraba los ojos—. Y confío en ti. Siempre lo haré.

El ambiente en el departamento se volvió mucho más ligero. Levi no dijo nada más, dejando que la cercanía hablara por él.

La rodeó con los brazos en un agarre protector, queriendo resguardarla de todo lo que ya no podían cambiar del pasado. Fue una promesa silenciosa de que, a pesar de las secuelas, seguían estando juntos en el mismo lugar.

Apoyó la barbilla sobre la cabeza de Isabella mientras ella respiraba hondo contra su pecho, permitiéndose, por primera vez en mucho tiempo, sentirse completamente a salvo.

—Gracias por sanarme... —susurró ella con suavidad.

Él se separó apenas lo necesario para mirarla directo a los ojos. Deslizó una de sus manos por su mejilla, delineando su rostro con la yema de los dedos.

—Gracias a ti por ser el ancla que necesito para mantenerme cuerdo en este desastre...

Isabella sonrió y cerró sus párpados un instante, aferrándose al calor de las caricias. Al abrirlos, sus miradas volvieron a encontrarse; y entonces, Levi se inclinó para besarla.

Comenzaron con calma, con un roce suave que arrastraba todo el amor que tenían guardado. Sin embargo, la tensión acumulada de la noche transformó el ambiente muy rápido; casi sin darse cuenta, el beso fue ganando fuerza.

Sus cuerpos se buscaron con una necesidad urgente, dejándose llevar por lo mucho que se extrañaban. Los latidos se les aceleraron y la respiración comenzó a faltarles cuando el deseo terminó por apoderarse del momento.

Levi la levantó del sofá con facilidad, sin romper el contacto de sus bocas. Isabella rodeó su cuello con los brazos y su firme torso con sus piernas, soltando una pequeña risa entre los labios que él apagó de inmediato con un nuevo beso más profundo.

Caminaron hacia la habitación de la castaña sin romper el beso, tropezando un poco y quitándose la ropa en el camino. La luz del pasillo apenas iluminaba el cuarto, dejándolos en una penumbra perfecta para los dos.

Al dejarse caer sobre la cama, terminaron de deshacerse de las pocas prendas que les estorbaban, ansiosos por sentir el contacto ardiente de su piel.

Levi la acorraló debajo de su cuerpo, recorriendo sus curvas con sus grandes manos y dejando un camino de besos ardientes desde su cuello hasta el pecho, haciéndola arquear la espalda y soltar un gemido ahogado.

Cuando finalmente Levi se introdujo dentro de su amada y se unieron en un solo cuerpo, el ritmo empezó lento, disfrutando de la fricción y del calor que compartían después de tanta presión acumulada.

Él se movía con una mezcla de fuerza y cuidado, sosteniéndole las manos firmemente contra el colchón mientras Isabella lo rodeaba con las piernas; hundiéndose por completo en esas sensaciones que solo él era capaz de provocarle y que la hacían olvidarse del resto del mundo.

Los jadeos de ambos y el sonido constante de sus cuerpos chocando se volvieron lo único que se escuchaba en la pieza, marcando un vaivén cada vez más intenso y acelerado.

Esa noche no fue solo un instante de pasión, sino su manera de borrar los rastros del miedo que los habían acechado durante meses y de asegurarse de que nada los iba a separar.

Se entregaron por completo hasta quedar exhaustos, buscando el refugio de sus brazos bajo las sábanas hasta que el cansancio finalmente los venció.


Más tarde, de madrugada, cuando Levi ya se había marchado a su propia casa, el departamento volvió a quedar en silencio.

Isabella se dio una ducha, preparó una taza de su té favorito y se acomodó en el sofá con una manta. Aunque pasó un momento maravilloso e íntimo con su enamorado, los ojos se le resistían a cerrarse pues la adrenalina de la noche todavía corría por su cuerpo.

Respiró hondo, disfrutando de esa pequeña pizca de estabilidad después de tanto caos e intentando convencerse de que todo estaría bien. Su calma se vio interrumpida en el momento en que tres golpes firmes e impacientes contra la puerta la sobresaltaron.

Frunció el ceño extrañada porque no esperaba a nadie; su prima no regresaría hasta el día siguiente y Levi se había ido hacía un par de horas. Algo inquieta, se levantó para caminar hacia la entrada y, confiada en la seguridad del edificio, abrió sin dudarlo.

La sorpresa la hizo dar un paso atrás al encontrase a una mujer que no veía desde hacía meses, permaneciendo de pie en el pasillo con una postura rígida y desafiante.

Su rostro seguía siendo el mismo, hermoso pero ahora notoriamente endurecido por el rencor, mientras sus ojos ámbar la recorrían de arriba abajo para evaluarla con un desprecio que ni siquiera se molestó en disimular.

—Cuánto tiempo, Moore —dijo la mujer con un tono sarcástico—. La niñita perfecta.

Isabella se quedó inmóvil, sintiendo un vuelco horrible en el estómago mientras el corazón le empezaba a latir tan rápido que le dolió el pecho, dudando por un segundo de si seguía despierta o si estaba atrapada en una pesadilla.

—¿Qué haces aquí? —Isa logró musitar, con la voz apenas en un hilo—. Petra...

La pelinaranja se ajustó el abrigo y levantó el mentón, disfrutando de la evidente confusión de Isabella para imponerse sobre ella.

—No te preocupes, no vengo a pelear —respondió, acomodándose un mechón de pelo detrás de la oreja—. Pero debes saber algo, yo... quería que fueras la primera en enterarte.

Con un nudo en la garganta y unas ganas terribles de vomitar, Isabella solo pudo observar cómo la mujer se desabrochaba sin prisa el largo abrigo que vestía.

Estoy embarazada —soltó sin rodeos, deslizando la mano sobre su vestido para marcar un vientre que ya se notaba abultado—. Y el hijo que espero... es de Levi.

El suelo pareció desaparecer bajo los pies de Isabella cuando las palabras le cayeron encima como una bomba, congelándole la respiración por completo. No pudo hablar ni moverse, dejando que el silencio que se instaló entre las dos se volviera sofocante.

—Así que... espero que estés lista para que tu cuento de hadas se termine —sentenció Petra, clavándole una última mirada desafiante—. Porque esto apenas va empezando.



¿Yes? ¡Hello! Nuevo capítuloooo, algo corto pero es lo que puedo ofrecerles ahorita que ando full ocupada😭☝🏼

Okey... bueno, yo se los dije; que se vendrían situaciones bastante complicadas.

Antes de que opinen cosas malassss, sé que esto probablemente sea un giro en la trama un tanto cliché, pero les pido que me tengan fé y no dejen de leer JAJAJAJ. Esto aún no termina, a pesar de que estamos entrado en la fase final de esta historia, aún hay muchaaas cosas por recorrer, demasiadas.

Lxs invito a que continúen conmigo, prometo no defraudarlxs🥹.

¿Qué les pareció el capítulo? ¿Qué creen que pueda pasar próximamente? Me gustaría leer sus suposiciones *muajajaja*.

Antes de despedirme, quiero agradecerles por los 50K en esta bella historia. Muchísimas gracias en serio por todo el apoyo, sin ustedes estos no hubiera sido posible. Lxs amo tanto tanto. Les mando besos en donde quieran💗.

Recuerden VOTAR y seguirme, es un apoyo muy grande que me dejen su estrellita, que cometen también. Nos leemos muy pronto.

— B E E 💋

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