Susurros de un amor prometido...

By zafirof05

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En una Nación del Fuego marcada por intrigas políticas, promesas imperiales y corazones que arden en silencio... More

BOOK ONE: WATER
CHAPTER ONE: THE BOY IN THE ICEBERG
CHAPTER TWO: THE AVATAR RETURNS.
CHAPTER THREE: FIRE NATION DOCKS

PROLOGUE

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By zafirof05

A veces, las cicatrices más profundas no son las que dejan las batallas, sino aquellas que se forman en el silencio, en los recuerdos no compartidos, en los sentimientos callados.

Durante años, Zuko vivió entre el fuego del deber y el hielo de la duda. Expulsado de su hogar, perseguido por un honor robado, y guiado por la esperanza de encontrar algo más que el perdón de su padre... encontrar a alguien que lo mirara sin temor. En ese viaje lleno de sombras, solo unos pocos nombres se aferraban a su corazón como brasas persistentes. Uno de ellos, era el de Lihua.

Ella fue más que una amiga de la infancia, más que una figura difusa en sus memorias del palacio. Fue su consuelo en los días grises, su risa en los jardines silenciosos, y su fuerza cuando todo lo demás se desmoronaba. Pero el destino, caprichoso y cruel antes de que el amor pudiera florecer completamente.

Ahora, el exilio ha terminado. Zuko regresa a casa como un heroe permitiendole de nuevo tomar su papel como el de prometido de la única persona que fue su luz en la oscuridad.

Y en medio de promesas, alianzas y silencios, otra presencia observa desde las sombras: brillante e inquebrantable, enfrentando un sentimiento que creyó que se habia ido hace mucho tiempo... uno que podría arder más intensamente que cualquier fuego.

Este no es solo una historia de amores y traiciones.

Es la historia de tres corazones enfrentando su verdad, entre los escombros de una guerra y el eco de un destino que aún no está decidido.

Susurros bajo la luna

La noche había caído con suavidad sobre el palacio de la Nación del Fuego, y el cielo se teñía de un rojo profundo que se desvanecía lentamente en sombras púrpuras. Lihua caminaba en silencio a través de los pasillos vacíos, guiada por Zuko. El calor de las antorchas encendidas a lo largo de los muros no era nada comparado con el que sentía en el pecho.

—¿Estás seguro de que no nos verán? —preguntó ella en voz baja, apenas un susurro.

—Confía en mí —respondió Zuko con una media sonrisa—. Azula está ocupada entrenando, y los guardias... bueno, no todos saben por dónde salir sin ser vistos.

Habían logrado escabullirse tras la cena, cuando el bullicio de los sirvientes disimulaba sus pasos. A lo largo de las últimas semanas, los encuentros entre ambos habían sido orquestados, vigilados, incómodamente formales. Hablar, incluso mirarse, se sentía forzado con el peso de las expectativas sobre sus hombros. Pero ahora, en ese rincón del jardín donde el loto azul florecía bajo la luz de la luna, estaban solos.

Zuko se detuvo junto al estanque y miró las suaves ondas en el agua. El reflejo de las linternas danzaba entre las flores flotantes.

—Nunca te había traído aquí, ¿verdad?

—No —dijo Lihua, asintiendo con una sonrisa curiosa—. Ni siquiera sabía que este lugar existía.

—Es mi rincón favorito del palacio... o solía serlo. Antes de que todo se volviera tan... solo.

Lihua lo miró en silencio, leyendo algo en su expresión que rara vez mostraba frente a otros: vulnerabilidad.

—¿Zuko?

—He pensado en esto muchas veces —confesó él, sin apartar la vista del agua—. En estar aquí contigo. Sin guardias. Sin sirvientes. Sin mi padre observando cada palabra que decimos como si fuera un examen. Solo tú y yo.

Ella se acercó un paso. El silencio entre ambos se llenó con el canto lejano de los grillos y el murmullo del agua.

—Yo también lo he deseado —dijo—. Pensé que nunca tendríamos un momento así. Siempre nos están mirando, juzgando. Me sentía como una pieza más en un juego que no entendía... hasta que empecé a desear ganar, si eso significaba estar solo contigo.

Zuko la miró entonces, sus ojos dorados brillando con emoción contenida.

—No quiero que pienses que este compromiso es solo política. No lo es para mí. Porque desde que se anuncio, todo ha cambiado. Y si este fuera el único lugar en el mundo donde podemos ser sinceros, entonces quiero decirte lo que siento.

Lihua no necesitó una confesión más explícita. Ya lo había sentido, lo había sabido. Sus ojos se encontraron, y en esa mirada había miedo, deseo, ternura... y una decisión compartida.

Sin decir nada más, ella se acercó. Él la recibió. Sus labios se encontraron por primera vez, con la timidez de lo prohibido y la intensidad de lo largamente esperado.

El primer beso fue breve, pero perfecto. Una promesa sellada bajo la luna, lejos del deber y del destino. Por una noche, solo fueron Zuko y Lihua. Nadie más.

Cuando sus labios se separaron, Lihua se quedó quieta, los ojos aún cerrados por un segundo más, como si quisiera conservar ese instante intacto. Zuko no se movió. Sentía el pulso acelerado, como si acabara de salir de un combate, aunque el único fuego allí era el que ardía en su pecho.

—¿Estás bien? —susurró él, apenas audible.

Lihua asintió lentamente, sus mejillas encendidas por algo más que el calor del clima.

—Estoy mejor de lo que pensé que podría estar.

Zuko soltó una risa nerviosa, bajando la mirada solo un momento antes de volver a encontrar la suya.

—No sabes cuánto tiempo quise hacerlo —dijo—. Y siempre había alguien cerca... siempre ese maldito silencio lleno de ojos.

—Este silencio es diferente —respondió ella, con una pequeña sonrisa.

Iban a hablar más, quizás abrazarse de nuevo, cuando un ruido inesperado los congeló. Un farol se agitó ligeramente al otro lado del jardín, y luego el murmullo de pasos apresurados sobre la piedra los hizo volverse.

Zuko reaccionó primero. Con un gesto rápido, tomó la mano de Lihua y la guio hacia un pequeño arco cubierto por ramas de jazmín. Sabía que detrás de él había un estrecho pasillo de servicio que los conducía directamente a una galería lateral.

—Por aquí, rápido —susurró.

Se deslizaron entre las sombras justo a tiempo. A lo lejos, una figura apareció: un guardia, con una lámpara en alto, observando el jardín con el ceño fruncido.

—¿Hay alguien ahí? —llamó con voz firme.

Zuko y Lihua contuvieron la respiración tras el muro cubierto de hojas. Zuko por instinto acerco a Lihua cubriendola lo que hizo que el latido de su corazón retumbaba en sus oídos. Los pasos del guardia se acercaron... y luego se detuvieron.

—Seguramente fue el viento —murmuró el hombre, y tras una breve pausa, volvió por donde vino.

Cuando el hombre se fue se separaron pero Zuko no solto la mano de Lihua pero no se atrevieron a verse a la cara por lo que no pudieron el pequeño sonrojo que habia en la cara de ambos,  no hablaron hasta que estuvieron dentro de la galería, a salvo. Las luces tenues del corredor dibujaban sombras largas sobre el mármol.

Zuko soltó la mano de Lihua, pero sus dedos aún temblaban ligeramente. Ella lo miró, con una mezcla de emoción y adrenalina aún en los ojos.

—Eso estuvo cerca —dijo ella, soltando una risa bajita.

—Demasiado —respondió él—. Pero valió la pena.

Se miraron unos segundos más, ambos conscientes de que algo había cambiado entre ellos. Lo prohibido los había acercado más que cualquier reunión formal o conversación en presencia de terceros. Ya no eran solo prometidos por mandato imperial. Ahora, estaban unidos por un sentiemiento, un secreto compartido... y por un beso que ninguno olvidaría.

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