Feliz navidad || Hoonki

By hanprkz

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"Donde Sunghoon no disfruta la navidad... O, donde el hermano menor de su mejor amigo tratará de hacer que ca... More

2: Un encuentro en casa.
3: Entre la excusa y la realidad

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10 de diciembre.
Corea del Sur,
Seúl.

El frío de la tarde caía con lentitud sobre Seúl. El aire fresco rozaba la piel de los pocos transeúntes que se aventuraban a caminar por las calles decoradas con luces navideñas, que comenzaban a tomar un color cálido bajo el brillo de las farolas. Las tiendas ya estaban adornadas con esferas y árboles, mientras que la música suave de villancicos comenzaba a llenar el ambiente. Pero para Park Sunghoon, el ambiente navideño no era más que una serie de colores fugaces y sonrisas forzadas que se esfumaban en el aire. La Navidad siempre había sido algo incómodo para él.

A sus 22 años, Sunghoon había aprendido a esconder su desinterés por las festividades, no por falta de aprecio, sino porque no recordaba una Navidad verdaderamente feliz. La última vez que lo fue, tenía apenas ocho años, y todo cambió el día que su madre, con su sonrisa cálida y su abrazo reconfortante, enfermó de forma irreversible. Desde aquel 24 de diciembre, cuando su madre falleció sin que él pudiera decirle adiós, la Navidad perdió su significado.

Su padre, un hombre distante y frío, nunca volvió a mirar a Sunghoon con los mismos ojos. Compraba todo lo que su hijo deseaba, pero sus palabras, esas que alguna vez fueron llenas de amor y cariño, se extinguieron de la misma manera que los abrazos entre ellos se fueron desvaneciendo.

Sunghoon caminaba por la ciudad, metido en su abrigo gris oscuro que le caía sobre los hombros, mientras sus pensamientos se enredaban en recuerdos que no quería traer al presente. Su mirada estaba fija, pero no veía nada en particular. La gente que pasaba a su alrededor apenas lo notaba, como si él fuera solo una sombra entre las luces brillantes de la ciudad.

Su grupo de amigos, Heeseung, Jay y Felix, estaban ocupados con sus propios planes para las festividades. Sabían que Sunghoon no era muy entusiasta con la Navidad, así que no lo presionaban para que participara en las celebraciones. Sin embargo, Hyunjin, su mejor amigo, siempre había sido diferente.

Desde hace años, Hyunjin había tratado de hacerle ver las cosas de otra manera. Se aseguraba de que Sunghoon se sintiera acompañado, de que no estuviera solo. Pero Sunghoon nunca entendió por qué Hyunjin insistía tanto, como si, en su mente, la Navidad fuera una cura para algo que ni él mismo sabía qué era.

Mientras se sumergía en sus pensamientos, su teléfono sonó, sacándolo de su letargo. Era un mensaje de Hyunjin.

"Oye, ¿qué tal si nos encontramos en el centro comercial mañana? Haría un esfuerzo para que esta Navidad sea un poco más alegre para ti. Tal vez incluso te guste la idea de tener un amigo que se preocupe. No me hagas sentir que todo esto es en vano."

Sunghoon suspiró, el típico tono tierno de Hyunjin era difícil de ignorar. Pero, como siempre, no se comprometió a nada. Solo respondió con un breve "Veré qué pasa" y guardó el teléfono en su bolsillo.

El día continuaba como cualquier otro, hasta que una figura familiar apareció en su campo de visión, un rostro que no esperaba ver por allí. Ni-ki.

Nishimura Riki, o simplemente Ni-ki, el chico que había llegado a Corea hacía apenas unos meses junto con sus hermanos mayores. Ni-ki había comenzado la escuela secundaria en la misma ciudad y, aunque Sunghoon no lo conocía muy bien, sabía que tenía una conexión particular con Hyunjin. De hecho, Ni-ki era su medio hermano menor.

Sunghoon no esperaba ver a Ni-ki en medio de todo el bullicio navideño. Estaba de pie, observando un escaparate de una tienda de juguetes, mientras su cabello oscuro, casi negro, se movía suavemente con la brisa. Ni-ki no era del tipo que se dejaba llevar por las festividades. A sus 19 años, tenía una mirada decidida y una forma de ser tranquila, pero no tan distante como Sunghoon. Lo que más llamaba la atención de él era la expresión de su rostro: la chispa de curiosidad que rara vez pasaba desapercibida.

Sin pensarlo mucho, Sunghoon se acercó con pasos ligeros. No sabía exactamente por qué lo hacía, solo lo hacía. No se había dado cuenta de lo mucho que lo había estado observando desde lejos, sin querer admitir que quizás algo en él le despertaba una curiosidad oculta. En cuanto Ni-ki lo notó, su rostro se iluminó con una sonrisa, pero no fue la sonrisa típica que se le dedicaba a cualquier persona. Fue cálida, casi como si estuviera esperando que el destino los uniera en ese momento.

—Oh, Sunghoon. —Dijo Ni-ki con un tono relajado y amigable—. ¿Qué haces por aquí?

Sunghoon no estaba acostumbrado a este tipo de saludos, pero contestó de manera cortante.

—Nada. Solo paseando.

—¿Paseando solo? —Ni-ki lo observó con una expresión intrigada, sin perder la oportunidad de intentar hacer algo más.

Sunghoon asintió, pero no podía evitar sentir que algo en el aire entre ellos estaba cambiando. Algo que no podía identificar, pero que lo hacía sentirse incómodo.

—¿Y tú? —preguntó Sunghoon con un tono que denotaba poco interés, aunque en el fondo sentía que estaba empezando a comprender al chico un poco más de lo que le gustaría admitir.

—Solo dando vueltas —respondió Ni-ki mientras miraba hacia el escaparate una vez más—. Me vine a ver el ambiente navideño. Supongo que... como es mi primera Navidad aquí, pensé que sería diferente.

Sunghoon lo observó detenidamente. Ni-ki tenía una mirada distante, pero sus palabras lo revelaban. Nadie en su posición, alguien que acababa de mudarse a otro país, esperaba estar tan solo en esa época del año. Y si bien Sunghoon no podía decir que amaba la Navidad, algo en él lo hacía sentir un pequeño destello de empatía por Ni-ki.

—La Navidad nunca es lo que parece. —Sunghoon no pudo evitar ser sincero, aunque ni siquiera sabía por qué estaba hablando de todo esto con Ni-ki. A lo largo de los años, se había acostumbrado a mantener su distancia, y de alguna manera, sentía que ese chico le estaba pidiendo algo más que una conversación trivial.

Ni-ki lo miró, como si estuviera sopesando algo en su mente. Luego, dio un paso hacia él, su tono más suave y serio.

—Quizás lo sea. Pero... tal vez tú puedas cambiar de opinión. —Su mirada se suavizó, como si estuviera insinuando algo que Sunghoon no podía comprender completamente. Pero la sensación era clara, como un llamado que ni él mismo podía ignorar.

—No sé si eso será posible —respondió Sunghoon con frialdad, aunque en el fondo sentía una ligera contradicción.

Ni-ki, sin embargo, no se dio por vencido. Decidió cambiar de tema, como si el misterio detrás de Sunghoon fuera algo que quisiera desvelar.

—Bueno, tengo que ir a ver a mis hermanos. Tal vez algún día... podamos hablar más sobre esto. —Ni-ki sonrió de nuevo, y Sunghoon no pudo evitar notar la calidez que irradiaba su rostro.

—Tal vez —dijo Sunghoon, sin dar más detalles. Pero algo en su interior comenzó a cambiar.

Aunque el encuentro había sido breve, la presencia de Ni-ki había dejado una huella que Sunghoon no pudo borrar fácilmente. Mientras el chico se alejaba hacia su destino, Sunghoon lo observó por un momento, sintiendo que, de alguna manera, algo en su vida estaba a punto de cambiar. Pero, por ahora, no estaba dispuesto a admitirlo.

Ni-ki estaba decidido a hacer de esa Navidad algo especial. Y aunque Sunghoon no lo sabía aún, esa determinación podría ser lo único que necesitaba para abrir un poco su corazón cerrado.











___________

11 de diciembre.
7:36 a.m.

La mañana siguiente llegó con un frío más intenso que el día anterior. La ciudad de Seúl estaba envuelta en una ligera neblina que cubría las calles y daba al lugar una atmósfera melancólica, como si el invierno tratara de ocultar la luminosidad de las luces navideñas que colgaban en las fachadas de los edificios. Sunghoon se despertó tarde, como siempre. Su habitación estaba iluminada solo por la luz que entraba a través de las rendijas de las cortinas, y la sensación de estar atrapado en un lugar que no quería dejar lo mantenía quieto en su cama, mirando al techo por unos largos minutos. Había algo en él que siempre lo mantenía en espera, como si el futuro no fuera más que una idea abstracta que no merecía la pena ser explorada.

Al final, se levantó de la cama y se dirigió al baño. Se miró al espejo mientras se lavaba la cara, observando los dos lunares en su rostro. Uno se encontraba justo entre la nariz y el ojo izquierdo, y el otro en la mejilla derecha, cerca de la línea de la mandíbula. A veces pensaba que esos lunares eran como pequeñas marcas de la vida, como si el destino los hubiera colocado allí para recordarle que incluso en los momentos más fríos y solitarios, había algo en él que lo hacía único.

A pesar de todo, esa mañana Sunghoon no podía quitarse de la cabeza el rostro de Ni-ki. El chico había estado en su mente todo el día anterior. Había algo en su mirada, en su sonrisa, que lo hacía sentir incómodo. No sabía si le gustaba la sensación o si preferiría que desapareciera. Pero no era solo eso; algo sobre la manera en que Ni-ki hablaba sobre la Navidad, como si aún tuviera esperanza de que pudiera ser algo más, lo había tocado de manera sutil pero significativa.

Después de un desayuno rápido y solitario, se alistó para el día. Tenía que salir a comprar algunos libros para la universidad, pero ni siquiera eso lo motivaba. Pensó en el mensaje de Hyunjin la noche anterior, invitándolo a encontrarse en el centro comercial. Al principio, había pensado en rechazar la invitación como siempre hacía, pero algo en su interior lo hizo dudar. Había algo en Ni-ki que lo había movido, y tal vez ver a sus amigos le ayudaría a despejar la mente.

Salió de su apartamento y tomó un taxi hasta el centro comercial. La ciudad estaba más concurrida que nunca, con los escaparates de las tiendas llenos de artículos navideños. No era difícil ver a las familias paseando, los niños señalando juguetes y las parejas abrazándose mientras caminaban. Sunghoon se sintió extraño en medio de todo eso, como si no perteneciera a ese mundo lleno de alegría falsa. Sin embargo, sus pasos lo llevaron directamente a la entrada del centro comercial.

Al entrar, la primera persona que vio fue Hyunjin, que lo esperaba cerca de la fuente central. Su mejor amigo estaba como siempre: sonriente, con su cabello despeinado de forma natural, y un abrigo oscuro que le quedaba a la perfección. Cuando lo vio, Hyunjin levantó la mano y caminó hacia él con paso rápido.

—¡Sunghoon! —dijo con su voz animada—. Pensé que no vendrías. Ya casi me doy por vencido.

Sunghoon apenas sonrió, encogiéndose de hombros.

—¿Y qué tal si me doy la vuelta y me voy? —le respondió con tono de broma, aunque sabía que no iba a irse.

—No, no, no. Quiero que veas algo. —Hyunjin lo miró con ojos brillantes, como si estuviera preparando una sorpresa—. Te prometo que no te arrepentirás.

Sunghoon suspiró, sabiendo que de alguna manera, sus amigos siempre lograban que terminara haciendo cosas que no había planeado. Hyunjin lo guió por el centro comercial, pasaron por varias tiendas y finalmente llegaron a un pequeño rincón donde un grupo de gente estaba reunido. Sunghoon frunció el ceño, no entendía lo que estaban haciendo allí. Pero fue entonces cuando vio a Ni-ki, parado en medio de la multitud, con su estilo característico de skater, un poco más alto que él, con una camiseta de manga larga y jeans rotos. Ni-ki estaba sonriendo, pero no era la típica sonrisa de siempre, había algo más en ella, como si estuviera esperando algo.

—¿Qué hace él aquí? —preguntó Sunghoon, frunciendo el ceño. Ni siquiera sabía cómo debía sentirse al ver a Ni-ki en ese entorno.

Hyunjin, observando a Sunghoon con una ligera sonrisa, se encogió de hombros.

—Es una sorpresa. Él te quiere ver.

Ni-ki se acercó a ellos, su expresión relajada pero decidida. Aunque Sunghoon intentaba no mostrarlo, se sintió un poco incómodo al ver cómo el chico lo miraba con esos ojos tan profundos.

—Sunghoon —saludó Ni-ki con una sonrisa cálida—. Qué bueno verte aquí. ¿Te gustaría unirte a nosotros?

—¿Nosotros? —repitió Sunghoon, desconcertado. Miró a su alrededor, notando que Hyunjin y los demás amigos de Ni-ki estaban cerca, observando la situación con una curiosidad tranquila.

Ni-ki asintió, sin perder la compostura. —Sí, tenemos algo planeado. Una pequeña reunión, algo tranquilo. Es nuestra manera de celebrar la Navidad, ya sabes.

Sunghoon lo observó por un largo rato. Algo en esa propuesta lo hizo sentirse incómodo, pero también había una parte de él que pensaba que tal vez, solo tal vez, podría ser diferente. Después de todo, ¿qué tan mala podría ser una reunión con amigos? Quizás, solo por una vez, podría intentar disfrutar de algo que no estuviera teñido de tristeza.

Finalmente, suspiró y aceptó. —Está bien, un rato.

Ni-ki sonrió con una satisfacción evidente y, sin decir más, los condujo hacia una pequeña cafetería dentro del centro comercial, lejos de las multitudes. Cuando entraron, el ambiente era mucho más cálido y acogedor. El aroma del café recién hecho llenaba el aire, y las luces tenues daban un aire más íntimo y relajado.

Mientras se sentaban alrededor de una mesa, Sunghoon no pudo evitar observar la dinámica entre Ni-ki y sus amigos. Había algo en ellos que lo hacía sentir fuera de lugar, pero al mismo tiempo, algo dentro de él deseaba encajar, al menos por un momento. Las risas eran genuinas, las conversaciones fluían con facilidad, y Sunghoon notaba cómo todos parecían estar tan conectados entre sí.

Ni-ki, al igual que sus amigos, parecía disfrutar de la compañía sin las barreras que Sunghoon había levantado en su vida. Era una diferencia tan marcada que lo hacía sentirse como si estuviera viendo algo que nunca había tenido, algo que tal vez no podía tener.

En un momento, Ni-ki se inclinó hacia Sunghoon, sin perder la sonrisa amigable, y dijo con una voz baja pero cálida:

—¿Sabes, Sunghoon? Tal vez esta Navidad no sea tan mala después de todo. Y si no lo es, será porque la pasamos juntos.

Sunghoon lo miró, incapaz de negar lo que sentía en ese instante. Por primera vez en mucho tiempo, pensó que tal vez, solo tal vez, la Navidad podría significar algo diferente.

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