El café se había enfriado en mis manos, pero eso no era lo que importaba. Natalia, sentada frente a mí, había dejado caer una bomba con su última confesión. Richard sentía algo por mí, lo sabía, pero escucharla decirlo en voz alta, con tanta franqueza, era como si algo dentro de mí se partiera de nuevo.
Había una pausa incómoda entre nosotras. Las palabras seguían flotando en el aire, sin rumbo, buscando algún lugar donde asentarse. Natalia, por su parte, parecía tranquila, como si acabara de despejar algo que la había estado molestando por mucho tiempo. Mientras tanto, yo no sabía qué sentir. ¿Debía sentir alivio? ¿Rabia? Todo se enredaba en mi mente.
—No entiendo —dije finalmente, rompiendo el silencio—. ¿Por qué estás aquí diciéndome esto? ¿Qué se supone que haga con esta información?
Natalia dejó su taza de café sobre la mesa y me miró fijamente, como si quisiera asegurarse de que cada palabra que dijera tuviera un peso especial.
—Vine porque quiero aclarar las cosas —comenzó—. No voy a pretender que esto es fácil para mí, Sara. Pero también sé que seguir ignorando lo que está pasando no nos llevará a ningún lugar. Sé que hay algo entre tú y Richard, pero quiero que entiendas que él y yo tenemos una historia, una vida que hemos construido juntos. Y no estoy dispuesta a perder eso sin luchar.
Su mirada era dura, determinada. Había algo admirable en su firmeza, pero también me resultaba incómodo estar en medio de esa pelea que no pedí. Yo nunca había querido ser "la otra", ni mucho menos estar en una situación como esta.
—Entonces... ¿quieres que me aleje? —le pregunté, con una mezcla de curiosidad y rabia contenida.
Natalia me miró, sin pestañear.
—Sí —dijo simplemente—. Quiero que le des espacio para que decida sin presiones. Sé que si sigue viéndote, nunca podrá aclarar lo que siente.
Me quedé callada por un momento, intentando procesar todo lo que estaba pasando. Me pedía que me alejara de él, que lo dejara decidir... como si todo esto fuera tan fácil. Pero también había una parte de mí que entendía su posición. Natalia tenía todo el derecho de defender lo suyo, de querer mantener a Richard en su vida. El problema era que yo no sabía si estaba dispuesta a ceder.
—¿Y si él te elige a ti? —pregunté finalmente, sintiendo que mi voz temblaba ligeramente.
Natalia sonrió, pero era una sonrisa triste.
—Entonces sabré que hice lo correcto.
Salí del café con una mezcla de emociones que me dejaban sin aliento. La conversación con Natalia me había golpeado más fuerte de lo que esperaba. ¿Era justo que me pidiera que me apartara? Quizás, en su mente, lo era. Pero yo también tenía derecho a sentir, a querer luchar por lo que sentía con Richard.
Mientras caminaba de regreso a casa, las calles de Medellín parecían más grises de lo habitual. La gente pasaba a mi lado, envuelta en sus propias vidas, sin saber que dentro de mí se estaba librando una batalla. Quería a Richard, eso lo sabía. Pero la pregunta era si quería seguir luchando por alguien que estaba dividido entre dos mundos.
Decidí no tomar una decisión inmediata. Sabía que necesitaba tiempo para procesar todo lo que había pasado. Mi cabeza daba vueltas, y no estaba lista para enfrentar la realidad de lo que esto significaba para mí.
Esa noche, me encerré en mi cuarto, sintiéndome abrumada por todo. No quería hablar con nadie, ni siquiera con Valentina. Ella siempre me había apoyado, pero sabía que esta vez no había consejo que pudiera darme que me ayudara a sentirme mejor.
Encendí mi teléfono, y como si el destino quisiera jugar conmigo, encontré un mensaje de Richard.
"Tenemos que hablar."
Me quedé mirando la pantalla, sin saber si responder o ignorarlo. Mi mente era un caos, y lo último que necesitaba era más complicaciones. Pero también sabía que no podía evitar esta conversación por mucho más tiempo.
Tomé aire y le respondí: "Dime cuándo."
El encuentro con Richard no fue nada como lo había imaginado. Nos encontramos en un parque, lejos de cualquier lugar donde pudiéramos ser vistos por alguien que conociera a Natalia o a mí. Richard se veía diferente, más serio, más... cansado.
Cuando me vio, no sonrió como solía hacerlo. Había una tensión en su postura, como si supiera que lo que estaba a punto de decirme no iba a ser fácil.
—Sara —empezó, sin preámbulos—, tenemos que hablar sobre todo esto. Sobre nosotros.
Me crucé de brazos, intentando mantener una distancia emocional. Sabía que si me dejaba llevar por lo que sentía, terminaría herida de nuevo.
—Natalia vino a verme —solté, sin darle tiempo a rodeos.
Richard me miró con sorpresa, pero rápidamente asintió.
—Lo sé. Me lo dijo.
—¿Y qué quieres de mí, Richard? —pregunté, incapaz de contener la frustración—. ¿Qué se supone que haga después de todo esto?
Él bajó la mirada, como si buscara las palabras adecuadas. Pero no había nada que pudiera decir que arreglara la situación.
—No sé qué quiero —admitió finalmente, su voz rota—. Lo único que sé es que te quiero en mi vida, Sara. Pero también quiero hacer lo correcto por Natalia. No quiero hacerle daño.
Mi corazón se apretó en mi pecho. Estaba dividido, y eso solo significaba una cosa: que al final, alguien saldría lastimado.
—Entonces, ¿qué se supone que haga yo? —pregunté, mis ojos llenándose de lágrimas—. ¿Esperar a que decidas quién es más importante para ti?
Richard me miró, su expresión llena de dolor.
—No quiero que esperes. No sería justo para ti. Pero tampoco sé cómo seguir sin ti.
Las lágrimas finalmente cayeron por mis mejillas. Esta era la realidad de nuestra situación: no había solución fácil. Estábamos atrapados en un ciclo de dolor, sin saber cómo salir de él.
—Richard, no puedo seguir así —dije, mi voz apenas un susurro—. No puedo ser la segunda opción. Merecemos más que esto, los dos.
Él asintió, su mirada llena de tristeza.
—Lo sé.
Nos quedamos en silencio, sabiendo que este era el principio del fin.