"Tercer y último día en casa por la licencia médica. Ya me siento bien como para ir al colegio, pero si el sistema me regala un día libre no me voy a quejar. Me vestí con mi pijama más cómodo y me dejé caer en el sofá del living, control en mano, mientras el último videojuego del Hombre Araña cargaba en la pantalla. Es entretenido, pero no logro concentrarme del todo. No dejo de mirar el teléfono, esperando ese correo. El correo que podría cambiarlo todo."
"Desde ayer, mi mente no ha tenido descanso. ¿Qué pasaría si de verdad lograba lo imposible? Lo que empezó como una idea loca, casi una broma, ahora era una posibilidad real. La Academia de Danza Svetlana Navratilova de San Petersburgo, una de las más prestigiosas del mundo. No podía dejar de imaginarme allí, en esas salas gigantes, rodeada de los mejores bailarines y coreógrafos. Era un sueño, mi sueño. Pero también un desafío inmenso."
"Llevaba meses preparando la solicitud: videos, fotos, cartas de recomendación... Horas y horas ensayando frente al espejo para mostrar lo mejor de mí. Mi profesora fue un pilar clave durante todos estos años, siempre exigiéndome más, siempre creyendo en mí. Sabía que, si me aceptaban, todo mi esfuerzo habría valido la pena. Pero ¿Y si no? ¿Qué pasaría si recibía un no por respuesta? La idea me daba escalofríos, pero prefería no pensar mucho en eso."
"De repente, la notificación. Mi corazón se detuvo un segundo antes de acelerarse. Era el correo. Lo sabía incluso antes de abrirlo. Lo leí de reojo: Academia de Danza Svetlana Navratilova - Respuesta a su solicitud de ingreso. Sentí como las manos me empezaban a sudar, el corazón me latía tan fuerte que temía que me explotara en el pecho. El mando de la consola resbaló de mis manos y voló hacia la alfombra. La tentación de abrir ese correo era abrumadora. Este era el momento que había estado esperando."
"Mis dedos se deslizaron sobre la pantalla, listos para abrir el mensaje. Pero me detuve. Mi mente recordó, como una alarma, la promesa que le había hecho a mi profesora. Le dije que veríamos la respuesta juntas, pasara lo que pasara. Respiré profundamente y me obligué a no abrirlo. No podía romper mi palabra, no después de todo lo que habíamos pasado juntas."
— ¡Tengo que llamar a la profesora! —exclamé, mi voz temblorosa por la emoción.
"Tomé el teléfono y marqué rápidamente su número. Al primer tono, me contestó."
— Hola, ¿Cómo estás? —dijo ella, tranquila, sin imaginar lo que iba a suceder.
— ¡Llegó la respuesta! —grité. Mi voz apenas contenía la emoción—. ¡Voy para allá ahora mismo! ¡Espérame!
"No le di tiempo para reaccionar. Salté del sofá como si me hubieran dado una descarga eléctrica. Corrí a mi habitación, tirando cosas al suelo en busca de ropa. Me puse lo primero que encontré: una camiseta vieja y unos pantalones deportivos. Ni siquiera me detuve a lavarme la cara o peinarme. No importaba cómo lucía, solo importaba llegar a la Academia lo antes posible."
"Salí disparada hacia la bicicleta. El aire fresco de la mañana me golpeó en la cara cuando empecé a pedalear. Pedaleé con todas mis fuerzas, sin importarme los semáforos ni el tráfico. Si alguien me hubiera visto, seguramente habría pensado que estaba loca. Pero yo solo tenía en mente una cosa: la respuesta. Nada más existía en ese momento."
"La academia estaba al otro lado de la ciudad, pero eso no me detuvo. Mis piernas se movían como si tuvieran vida propia, y el viento parecía empujarme hacia adelante. Casi atropellé a un peatón despistado que no me vio venir. Gritó algo detrás de mí, pero ni me detuve a escuchar. Nadie podía detenerme, tenía que llegar."
"Finalmente, vi la entrada de la academia. Frené de golpe, salté de la bicicleta y la amarré de cualquier manera. Corrí hacia la puerta principal, jadeando por el esfuerzo, pero con una sonrisa de pura anticipación. Lo había logrado. Estaba allí".
"El guardia, que siempre era tan serio, me saludó con una sonrisa."
— ¿Qué tal, niña? ¿Algo bueno pasó hoy?
— ¡Todavía no lo sé! ¡Por favor cruce los dedos por mí! —grité, riéndome como una loca mientras seguía corriendo hacia adentro.
"Una vez dentro, pregunté rápidamente por mi profesora. Las chicas que estaban ensayando me miraron extrañadas, pero me señalaron hacia la sala donde estaba. No me detuve a saludar, solo quería llegar a ella. Y finalmente, allí estaba. Mi mentora, la persona que había creído en mí desde el principio, la que me había dado la fuerza cuando más lo necesitaba."
— ¡Vamos a una sala desocupada! —dije, sin darle tiempo para preguntar nada.
"Nos dirigimos a una pequeña sala donde no había nadie. Casi podía escuchar el latido de mi corazón en mis oídos. Saqué el teléfono con las manos temblorosas y abrí el correo."
"Hubo un silencio. Un silencio que parecía eterno."
— ¡Me aceptaron! ¡No lo puedo creer! ¡Me aceptaron!
"Salté de alegría y mi profesora me abrazó fuerte. Ambas empezamos a gritar como dos adolescentes descontroladas, saltando de emoción, riendo, llorando. Era el momento que habíamos esperado por tanto tiempo, el resultado de años de trabajo y dedicación. Lo había logrado."
"Llamé a mi mamá de inmediato."
— ¡Mamá! -dije, apenas conteniendo las lágrimas.
— ¿Qué pasa, hija? Sabes que no me gusta que me llamen al trabajo...
— ¡Me aceptaron en la academia rusa mamá! ¡Me voy a San Petersburgo el próximo año!
"El silencio del otro lado fue breve, pero intenso."
— Siempre lo supe —dijo mi madre con la voz quebrada—. Siempre supe que lo lograrías. Eres increíble, mi bella bailarina de ballet.
"Las lágrimas rodaron por mis mejillas. No podía creerlo. Todo mi mundo estaba cambiando al instante."
"Las chicas de la academia comenzaron a acercarse al escuchar nuestros gritos. Me abrazaron, me felicitaron, incluso aquellas que apenas me conocían. Era como si toda la sala compartiera mi alegría. Me sentía flotando, como en un sueño del que no quería despertar jamás."
"Quise inmortalizar el momento con una selfie, pero recordé que estaba hecha un desastre. Mi cara sin lavar y mi ropa desaliñada no eran lo mejor para la ocasión. Así que decidí simplemente subir una captura del correo de la academia en Instagram. Reventó de likes y comentarios en minutos."
"Seguía eufórica, pero tenía que volver a casa, me despedí de todos y salí de la academia. El sol brillaba más que nunca. Tomé mi bicicleta de nuevo, pero esta vez pedaleé despacio, disfrutando del momento. Todo era diferente ahora. Mi vida estaba a punto de cambiar por completo. San Petersburgo, Rusia, me esperaba."
"Pedaleé tranquila, dejando que el viento acariciara mi rostro, imaginando mi futuro en la prestigiosa academia. Estaba lista para todo lo que viniera, porque sabía que estaba cumpliendo el sueño de mi vida."
"Pero mientras pedaleaba, todo comenzó a verse más borroso, más luminoso... Y de repente una melodía agradable y repetitiva sonó en el fondo..."
Tomás abrió los ojos con dificultad, todavía medio dormido. Estaba acostado en su cama, mirando al techo. Seguía escuchando la melodía y, tras mirar a los lados, se dio cuenta de que era la alarma de su teléfono. La apagó, y se quedó quieto, pensando.
¿Qué clase de sueño había sido ese?