Sinfonía de la muerte (Alasto...

Por marineblue_

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El tiempo es dinero y Tn lo sabe. No importa tener las manos manchadas cuando hay entre medio grandes negocio... Más

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Epílogo.

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Por marineblue_

Kevin y yo tomamos un taxi para ir al bar. El viaje fue rápido, pero el nudo en mi estómago crecía con cada kilómetro que recorríamos. Al llegar, noté que estaba sorprendentemente lleno para la hora. El ambiente estaba cargado con ese suave humo provocado por algunos cigarrillos, que flotaba en el aire como un velo etéreo sobre las mesas de juego. El murmullo de las conversaciones y el tintineo de las copas llenaban el espacio, pero a pesar de todo ese bullicio, había una energía palpable, una anticipación que parecía resonar en las paredes burdeos del local.

Mientras nos adentrábamos en el lugar, nos dirigimos directamente hacia la oficina de Mimzy. No pude evitar recordar la primera vez que me presenté aquí. El nerviosismo, la emoción... todo volvía a mí en un instante, como si hubiera sido ayer. Sin darme cuenta, me quedé quieta, atrapada en mis pensamientos, hasta que Kevin me arrastró suavemente hacia la oficina, sacándome de mi ensimismamiento.

Mimzy estaba en su escritorio, concentrada en unos papeles. Al vernos, su mirada me recorrió por completo, fijándose en el vestido primeramente, para luego acercarse con interés.

—¡Tn, querida! —exclamó, levantándose rápidamente para darme un abrazo que, aunque algo forzado, transmitía su afecto—. Todo está listo, los músicos ya están en el camerino esperándote. ¡Buena suerte! ¡Rómpete una pata!

—Gracias, Mimzy.

Kevin y yo intercambiamos una mirada cómplice antes de dirigirnos al camerino. Al abrir la puerta, sorprendí a los músicos que estaban sumidos en una conversación animada, riéndose y disfrutando del momento. Decidí hacer una entrada teatral, exagerando mi tono para bromear un poco.

—¡Vaya, pero qué escándalo hacen aquí! ¿Es que no saben que tengo que concentrarme? —dije, con una mezcla de diversión y fingida irritación.

Ossian me miró por un segundo, la sorpresa y la leve melancolía se reflejaron en sus ojos. No tardó en cruzar la habitación para abrazarme con esa calidez que solo él podía transmitir. Hacía años que no compartíamos un momento así, y sentí cómo ese abrazo, tan familiar, llenaba un vacío que no sabía que tenía.

Nos separamos, y saludé a cada uno de los músicos, presentándoles a Kevin, quien rápidamente se integró al grupo. Todos estaban emocionados, y comenzamos a repasar las canciones mientras discutíamos cómo abordaría el show esa noche. El entusiasmo era contagioso; todos asintieron con la cabeza, confiando en que esta noche sería algo especial.

Justo en ese momento, la luz roja sobre la puerta que daba al escenario, se encendió. El silencio llenó la habitación mientras nos mirábamos entre sí, sabiendo que el momento había llegado. Los nervios y la emoción eran casi tangibles, pero todos compartíamos la misma energía, esa chispa que se enciende antes de un gran espectáculo.

Sin decir una palabra, nos unimos en un gesto colectivo, juntando nuestras manos en el centro antes de aplaudir con fuerza. Podíamos escuchar al presentador en el escenario, anunciando el tan esperado show de la noche.

Los músicos comenzaron a subir uno por uno. Cada paso resonaba en el silencio, aumentando la tensión en el ambiente. Finalmente, quedé sola en la habitación con el micrófono en la mano. Respiré hondo, sintiendo el peso del momento, y subí las escaleras hacia el escenario, dejando que mis pasos marcaran el ritmo de mi respiración.

—Buenas noches, Nueva Orleans... —dije con una voz suave y cargada de sensualidad. El público respondió con aplausos, llenando el bar con una energía electrizante.

Cuando las luces se encendieron, me encontré en el centro del escenario, bañada por la luz y con el vestido dorado brillando como un millón de estrellas. La atención del público era mía, y no tenía intención de soltarla.

Con una sutil seña, indiqué a Ossian y al grupo que comenzaran. Las primeras notas de "Feeling Good" llenaron el espacio, un crescendo lento y poderoso que anunciaba el comienzo de algo grandioso.

Mis movimientos eran fluidos, elegantes, mientras me desplazaba por el escenario. Cada gesto estaba cuidadosamente medido, transmitiendo la seguridad que había trabajado tanto en recuperar. Estaba disfrutando cada segundo, dejando que la música me guiara.

La melodía avanzaba, y cerré los ojos por un momento, sintiendo cómo mi voz se entrelazaba con las notas, cómo la energía del público me rodeaba y me impulsaba a dar más.

And I'm feeling good...

Abrí los ojos al llegar a esta parte, y sonreí mientras observaba a las personas, entregándome por completo a la interpretación. Las últimas notas resonaron en el aire, y el público se quedó en silencio por un segundo, como si estuvieran procesando lo que acababan de experimentar. Y luego, un rugido de aplausos llenó el bar, el sonido de la aprobación y la emoción.

La noche avanzaba con una energía vibrante mientras el ambiente se cargaba con cada nota que entonaba. La atmósfera en El Dorado era eléctrica, y la sensación de conexión con el público me impulsaba a darlo todo en cada canción.

Cuando las primeras notas de "You Don't Own Me" comenzaron a sonar, el aire se espesó con una mezcla de sensualidad y misterio. Mis movimientos se volvieron más lentos, más controlados, siguiendo el compás de la música. Cada gesto, cada mirada, estaba cargada de intención, y sentía cómo la energía del público me envolvía.

Mientras cantaba, dejé que mis ojos recorrieran el bar, observando los rostros que la tenue luz me permitía distinguir. Cada mirada me alimentaba, me daba más fuerza para transmitir la intensidad de la canción. Al llegar al primer estribillo, una figura en la barra llamó mi atención en medio del bullicio de gente, parecía resplandecer con una presencia que no podía ignorar.

Mi mirada se dirigió hacia allí y, al encontrarme con esa sonrisa, esta se ensanchó al recibir mi atención, supe de inmediato quién era. Alastor, me miraba con una mezcla de admiración y algo más que no podía identificar del todo. Mi corazón latió rápido, pero rápidamente centré mi atención de nuevo en el público, solo para encontrarme con otra figura en la penumbra.

En una esquina del bar, más clara y más perdida en la multitud, un hombre con sombrero y traje blanco me observaba fijamente. Víctor. La canción llegó a su punto más álgido justo en ese momento y cerré los ojos, dejándome llevar por la intensidad de la música y las emociones que se mezclaban en mi interior.

Cuando volví a abrir los ojos, mis pupilas me traicionaron y se dirigieron directamente a la barra, buscando de nuevo a Alastor. Pero esta vez, él ya no me miraba a mí; su atención estaba fija en Víctor, como si estuviera analizando la situación, evaluando cada detalle desde su posición, con una seriedad sepulcral.

El show continuó, y al terminar "You Don't Own Me", decidí que era momento de romper el clima de tensión y dar paso a algo más ligero.

— ¿Cómo la están pasando esta noche? —dije, dejando que mi voz llena de energía rompiera el silencio que había dejado la canción.

El público respondió con vítores y aplausos, su entusiasmo palpable en cada rincón del bar.

— ¡Eso es lo que quería escuchar! —dije con una sonrisa traviesa—. Pero, tengo que decirles algo... Siento que el clima está un poco tranquilo aquí, ¿no les parece? Y hoy no vinieron a ver un show de jazz clásico, ¿o sí?

La multitud estalló en risas y aplausos, algunos silbaban y gritaban, animándome a seguir.

— Está bien, está bien, creo que entendí el mensaje —giré hacia Ossian, quien me observaba con una sonrisa cómplice—. Ossian, hazme un favor y cambia a algo un poco más divertido, ¿quieres?

Ossian rió, entendiendo perfectamente lo que quería. Comenzó a marcar el ritmo para los músicos, pero lo interrumpí, levantando una mano de manera juguetona y dramática.

— Pero Ossian, que sea una canción... así como te digo —bromeé, moviendo mis manos en el aire con un gesto teatral.

La risa de Ossian se mezcló con el murmullo del público, y ajustó el ritmo. Esta vez, al compás vibrante y contagioso de "Rie y Llora", y el ambiente se transformó en una celebración. La atmósfera cambió de inmediato, llenándose de una nueva energía.

Me acerqué al micrófono, sintiendo cómo la música me impulsaba a moverme con más libertad, con más alegría.

La noche avanzaba, y con cada canción, el ambiente en El Dorado se volvía más festivo, más cargado de emociones. La gente aplaudía y reía, y yo me dejé llevar por la música, disfrutando cada instante de este momento que, sin duda, quedaría grabado en mi memoria y en la de todos los presentes...

—Esta siguiente canción será la última de la noche —dije, haciendo una pausa para escuchar la reacción del público. Hubo algunos murmullos y uno que otro "¡No!" que me hicieron sonreír aún más. —Pero no se preocupen, estos músicos —señalé a Ossian y a los demás, quienes respondieron con gestos teatrales— van a seguir toda la noche con sus melodías movidas y tropicales, así que todavía tienen mucho por disfrutar.

El ambiente estaba cargado de expectativa. El público esperaba ansioso el siguiente ritmo. Y aproveché la oportunidad para expresar mi gratitud.

—Pero, antes de comenzar con la canción, quiero agradecer especialmente a Mimzy por brindarme este espacio nuevamente. Sin su apoyo, esta noche no sería posible. ¡Gracias, Mimzy!

—Ossian, si haces los honores, por favor... —le pedí, dándole la señal. — Y ustedes, háganme el favor y levántense de sus asientos, inviten a bailar a sus parejas, y por favor, disfruten...

Con un gesto firme, Ossian comenzó a tocar los primeros acordes de "Quimbara," y la reacción del público fue inmediata. La melodía vibrante, llena de tambores y percusión, inundó el bar, y como si fuera un reflejo, todos se levantaron de sus asientos. Las sillas crujieron, las mesas vibraron, y en un instante, El Dorado se convirtió en una pista de baile improvisada.

Sentía cómo la energía del lugar se conectaba conmigo mientras comenzaba a cantar. Mi voz resonaba por todo el bar, acompañada por el ritmo frenético de la salsa, y el público no tardó en unirse a la celebración. Las parejas giraban, los solitarios movían sus pies al ritmo de la música, y yo me perdí en la alegría contagiosa que llenaba el aire.

Mi cuerpo se movía de manera natural, acompañando cada nota con pasos y gestos que mantenían la atención de todos. Alastor y Víctor estaban en algún lugar en medio de la multitud, pero en ese momento, sus presencias se desdibujaban ante el poder de la música. Sólo existía el ritmo, la conexión con el público y la magia de la noche.

El clímax de la canción llegó con un estallido de aplausos, gritos y risas. Mientras el último "Quimbara" resonaba en las paredes de El Dorado, miré a mis músicos, quienes también parecían electrificados por la energía del público. Con un último giro, lancé un beso al aire y dejé que la última nota se apagara lentamente.

—¡Gracias, Nueva Orleans! —grité, sintiendo el sudor en mi frente y el calor en mi corazón. —Gracias a todos por acompañarnos esta noche. ¡Gracias a Ossian y a todos los músicos maravillosos en el escenario! —señalé a mis compañeros, quienes se unieron a los aplausos.

El público no dejaba de aplaudir, y sentí que cada palma que chocaba era un latido más en el corazón de la ciudad. Finalmente, me despedí con una reverencia, dejando que la euforia del momento me llenara por completo.

Llegué al camerino, todavía sintiendo la adrenalina del show en mi cuerpo. Apenas cerré la puerta, Kevin la azotó detrás de mí y, antes de que pudiera reaccionar, me abrazó con una emoción tan palpable que casi me hizo perder el equilibrio.

—¡Fue magnífico, Tn! ¡Increíble! —decía, su voz rebosante de felicidad.

Sonreí ampliamente, y me separé de su abrazo para dirigirme al tocador. Me senté, dejando que mi cuerpo finalmente se relajara, y comencé a secar los restos de sudor en mi rostro con una pequeña toalla. Mientras lo hacía, la energía de la noche seguía fluyendo a través de mí, una mezcla de satisfacción y euforia que solo un buen show puede traer.

Kevin no paraba de hablar sobre lo bien que había salido todo, sus palabras eran como una melodía complementaria a la música que aún resonaba en mi mente. Después de unos momentos, decidimos que era hora de celebrarlo en la barra.

—Vamos a tomar unos tragos — dijo Kevin con una sonrisa —. Estaré con Antony, así que no te preocupes si desaparezco de repente. — Finalizó con una sonrisa cómplice mientras me guiñaba un ojo.

Le devolví la sonrisa, riendo ante su picardía. Nos escabullimos entre la multitud que llenaba El Dorado, abriéndonos paso hasta la barra. Muchas personas se acercaron a felicitarme, algunos con palabras de elogio, otros pidiendo autógrafos. Cada interacción era un recordatorio del impacto de la noche, y aunque mi mano empezaba a cansarse de firmar, no podía evitar disfrutarlo.

Cuando finalmente tuvimos un momento de tranquilidad, pedimos unos shots. Al segundo trago, un hombre delgado y con cabellera platinada apareció detrás de Kevin, rodeándole la cintura con familiaridad. Mis ojos se abrieron en sorpresa al darme cuenta de que se trataba de su pareja. Y, como si hubiera parpadeado, ambos desaparecieron entre la multitud, dejándome sola en la barra con un tercer shot en la mano.

No pasó mucho tiempo antes de que Rosie y Mimzy se acercaran, llenas de energía y efusividad. Me brindaron un cálido abrazo, ambas hablando al mismo tiempo sobre lo increíble que había sido el show.

—Ese vestido fue realmente acertado —decía Rosie con emoción—. ¡Brillabas como una estrella!

—Voy a necesitar uno parecido para la próxima vez que pise tu tienda, Rosie —añadió Mimzy, medio en broma, medio en serio.

Seguimos conversando animadamente hasta que Rosie, con un guiño de complicidad, comentó que debía retirarse para entregar unos pedidos. Mimzy, por su parte, mencionó que estaría en su oficina, disponible para lo que necesitara, antes de irse también. De repente, nuevamente me encontré sola.

Me senté en una de las banquetas de la barra, observando a Ossian y a los demás músicos tocar con pasión. La energía de la música seguía llenando el bar, mientras las personas seguían disfrutando, algunos incluso bailando. Tomé otro sorbo de mi trago, sintiendo como mi cuerpo se relajaba y volvía a su habitual seriedad.

—Te veías hermosa allí arriba —dijo, su tono suave, pero lleno de aquella seguridad tan característica.

Giré mi cabeza lentamente y allí estaba él, el siempre enigmático señor sonrisas, apoyado en la barra mientras sostenía un vaso de whisky en la mano. Su sonrisa, como siempre, y su mirada, penetrante y segura, parecía analizar cada uno de mis gestos.

—Tu actuación fue... cautivadora. —Continuó, su voz tenía ese timbre que siempre lograba desarmar mis defensas, esa mezcla de cortesía y algo más oscuro que no lograba descifrar del todo.

—Gracias, Alastor. Me alegra que te haya gustado —respondí, tratando de mantener la distancia.

Noté cómo su sonrisa titubeaba por un segundo, como si no esperara esa respuesta.

—Más que gustar, diría que quedé fascinado. No es fácil robar la atención en un lugar como este, pero tú... lo haces parecer sencillo. —Hizo una pausa, tomando un sorbo de su whisky antes de continuar—. Aunque debo decir que no fui el único cautivado. Parecía que todo el bar estaba bajo tu hechizo.

Mantuve mi postura, tomando un sorbo de mi bebida mientras asentía y sonreía de manera educada. No tenía ánimos de caer en sus halagos esta noche, no luego de parecer encontrar tranquilidad.

—¿Ocurre algo, querida? —preguntó de repente, su voz cargada de una mezcla de preocupación y curiosidad.

—Solo estoy cansada. —contesté, sin darle más importancia, intentando mantener la distancia que había decidido imponer entre nosotros.

Pero él no era del tipo que se conformaba con respuestas superficiales. Se inclinó un poco más hacia mí, con su presencia tan abrumadora como siempre.

—Tn, ¿seguro que no ocurre nada? Tu frialdad de repente... es como si mil dagas apuñalaran mi corazón —dijo, y por un momento su voz, aunque dramática, reveló una genuina frustración.

Levanté la mirada, y esta vez no pude mantener la fachada de frialdad. Al mirarlo, supe que había algo que no podía seguir ocultando. Su pregunta había removido algo dentro de mí, y el dolor que había intentado enterrar se manifestó en mi mirada.

—No pasa nada —repetí, pero esta vez con un tono que no convencía ni a mí misma—. Pero... ¿Quién es la rubia que se encuentra contigo últimamente?

Su expresión se volvió confusa, como si realmente no supiera de qué estaba hablando.

—¿Qué rubia, querida? —preguntó, claramente desconcertado.

Antes de que pudiera responder, señalé hacia atrás suyo, y antes de que él pudiese girarse, la chica lo envolvió en un efusivo abrazo. Donde esta vez, su vestido de lentejuelas verde manzana la hacía aún más llamativa.

—¡Mi amor! ¿Dónde estabas? Te he estado buscando por todos lados —dijo la rubia con una voz chillona, ignorando por completo mi presencia—. ¿Qué haces con ella, Alastor? —añadió, haciendo un gesto con la cabeza en mi dirección, como si yo no fuera más que una intrusa.

Un torrente de emociones se desató dentro de mí, mezclando molestia con una punzada de tristeza. El "mi amor" de la rubia me golpeó como una bofetada, pero lo que realmente me hirió fue la forma despectiva en que se refirió a mí.

Alastor, sorprendido y visiblemente incómodo por el repentino contacto, intentó zafarse de su agarre. La molestia se reflejaba en su rostro cuando finalmente logró separarse de ella.

—Stephanie, por favor, deja de llamarme así —dijo, su tono cargado de irritación—. Ni siquiera te conozco, mi estimada.

Ella lo miró con desconcierto, como si no pudiera entender por qué la rechazaba. Mi atención estaba enfocada en cómo mi corazón se apretaba ante la escena. Pero la manera tan fría que tenían las palabras de Alastor, me hicieron tranquilizar repentinamente el torbellino de emociones, volviendo a la Tierra.

Stephanie lo miró incrédula por un instante, su expresión pasando de sorpresa a una rabia apenas contenida.

—¿Qué quieres decir con que no me conoces? —su voz era aguda, temblando de frustración—. Hemos pasado tanto tiempo juntos, ¡tú siempre estabas allí!

—Stephanie, nunca tuve interés en ti —respondió, su tono ahora firme y sin el habitual tono juguetón que lo caracterizaba—. Solo eres una fanática que insistió en forzar una cercanía que nunca existió. Además, estaba en mi trabajo, tú te adentrabas sin permiso.

El orgullo herido de la rubia era evidente en su rostro. Sus labios temblaron mientras sus ojos se llenaban de una mezcla de humillación y furia. Sin mediar más palabras, levantó la mano y le dio una bofetada, como para dejar claro su desprecio.

Él apenas reaccionó, su expresión apenas cambió, pero había un rastro de desconcierto en sus ojos. Stephanie lo miró con una última chispa de resentimiento antes de girarse y alejarse con paso rápido, con sus tacones haciendo eco en la situación.

Mientras se alejaba, la realidad de lo que acababa de presenciar me golpeó como un torrente. Mi mente comenzó a inundarse con recuerdos y pensamientos que había intentado enterrar profundamente. Stephanie solo era una de esas fanáticas obsesionadas, desesperadas por hacer parecer que Alastor le pertenecía, que había algo más entre ellos. Pero... ¿y el beso?

Esa imagen, esa maldita imagen de él con aquella rubia despampanante, sus labios uniéndose en la estación de radio, volvió a surgir en mi mente con la fuerza de un huracán. Me sentí estúpida, tonta por haber permitido que ese beso destrozara todo lo que había construido en mi interior. Había huido, me había alejado de él.  dejando que ese dolor me consumiera, me destrozara por dentro.

Pero ahora... ahora parecía que todo era una mentira, una manipulación burda de una mujer obsesionada. ¿Había sufrido por nada? ¿Había permitido que mi corazón se rompiera por un malentendido?

Mi pecho se sentía como un campo de batalla, un huracán de emociones encontradas. Dolor, alivio, confusión, y una pizca de ira, todo mezclado en un torbellino que no sabía cómo controlar.

Mis manos temblaban ligeramente mientras trataba de procesar todo lo que acababa de suceder. Alastor, tan pulcro, tan impasible, tan... Alastor. No mostraba emoción, pero su mirada estaba clavada en mí, buscando algo que quizás ni él mismo sabía.

—Querida, ¿Sigues aquí? —su voz suave cortó el ruido en mi mente, sacándome de mis pensamientos. Me miraba con una intensidad que casi me hacía flaquear.














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Hasta el próximo capítulo <3

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