Narra Silvia...
Recaí, desde mi ruptura con Simon, ahora volví a sentir asco cuando intento comer, es una tortura, puedo durar horas masticando un bocado, o engullo todo sin hacerlo para hacer el proceso más rápido.
El estómago me arde de tanto vomitar, pero es lo único que hago que logra hacer que sienta alivio, nadie sabe que recaí, y espero que no lo sepan.
Me levantó con sudor en mi frente luego de vomitar, el estómago me duele por el esfuerzo que hago al contraer el estómago, quedó agotada.
¿Cómo pudo hacerme esto?, yo lo necesitaba, necesitaba estar con él, ¿qué fue lo que hice?
Todo el tiempo, sin importar qué o dónde, el tema de Simon daba vueltas en mi cabeza, todos los recuerdos que tengo de él, depositados en mi mente, mi frustración.
Me duele, físicamente, el dolor atraviesa mis músculos y nervios, me duele respirar, me duele dormir, cada vez que descanso el peso que siento sobre el pecho hace que me salgan lágrimas.
Llegamos a Urzikstan anoche, soy tan mala expresando mis emociones que dudo que alguien se dé cuenta de lo mal que siento ahora, eso me ayudará a distraerme en la misión.
Luego de darme una ducha mientras todos terminan de alistarse, escuché detrás de las paredes como la voz de alguien hacia vibrar los mosaicos, no era Farah ni mi hermana, sus voces no son tan agudas.
Salí de las duchas, encontrando a la fuente de esa voz, Espósito, se encontraba al teléfono en una llamada, pasé frente a ella, me sonrió y alzó su mano levemente en forma de saludo, yo devolví el gesto.
Caminé por las instalaciones, buscando a mi hermana, ella se encontraba con Simon y Price, el corazón se retorcía dentro de mi pecho cada vez que intentaba ver a Simon a los ojos, simplemente no podía.
— ¿Estás lista? — interrogaba Price.
— Sí señor.
— ¿Cómo sigues de la garganta? — interrogaba mi hermana posando su mano sobre mi hombro.
— Mejor, el jarabe ha funcionado.
Mi hermana clavó la mirada fugazmente sobre Simon, está molesta con él.
— De acuerdo, saldremos en 5 minutos.
Ya en el convoy, KorTac iría con sus unidades hacia el este, nosotros en se todo contrario.
Me encargaba de seguir el rastro de Gale, era difícil, demasiados comandos, cada vez que intentaba ingresar uno el sistema me lo rebotaba, saben que estoy intentando intervenir en los comunicaciones.
— ¿Tienes algo? — interrogaba Price acercándose a mí.
— El rastro es disfuso hacia el este, estoy instalando un programa para ubicar al objetivo de forma precisa Coronel. — informaba mientras le mostraba las coordenadas que había conseguido a Price.
— De acuerdo, mantenme informado.
— Copiado Señor.
Sudaba por el calor del maldito desierto, los neumáticos de los convoys levantaban kilos de arena en el aire que me entraba en los ojos cada tanto, la ropa del uniforme se me pegaba a la piel y la maldita computadora no me estaba ayudando.
Luego de un tiempo, logré que el sistema aceptara los programas que había instalado, interrumpí las comunicaciones y le hice una seña a Price para que se acercara.
— Coronel...
— ¿Lo tienes?
— Sujete esto. — ofrecí mis cascos auriculares para que escuchara la conversación.
Se escuchaba la estática del otro lado de la línea y el silencio, pero silencio de que había alguien ahí, sus respiración era nítida y cercana.
— ¿Al sur?, ¿Te volviste loco?, viene una tropa entera desde el sur. — escuchaba que refutaba una voz con acento Británico.
— Ese es Gale... — concluía Price atento con los auriculares puestos.
— No se lo esperan, esperan que estemos al este, ya rastreamos que KorTac viene en camino. — respondía otro con un acento árabe evidente.
— Bombardeenlos a todos, los quiero muertos. — ordenaba Gale.
Todos escuchaban la conversación con atención, preparando su armamento.
— Prepárense. — ordenaba Price. — Beta 0-9 destruye los vehículos enemigos que encuentres en el radar, usa misiles en racimo.
— Copiado Coronel, en camino misiles en racimo. — respondí tomando el dispositivo en mis manos.
Todos los demás se fueron a los lados del convoy para apuntar, Espósito se veía muy decidida a hacer su trabajo, concentrada...
Proyecté los misiles en racimo sobre el radio de los vehículos enemigos del radar, a metros de distancia, era capaz de observar como las nubes de arena se alzaban en el aire y escuchaba como el metal era impactado por mis misiles.
— Contacto con el objetivo, Gale está dentro de uno de los vehículos. — König que se encontraba metros más adelante, informaba a través del intercomunicador.
— Aquí Watcher, cambio de planes, capturenlo con vida. — intervenía Laswell complicando las cosas.
— Mierda, es más fácil matarlo que capturarlo con vida. — refutaba MacTavish.
— Vivo o muerto, lo tendremos hoy, esto será rápido soldados. — intervenía Price.
Seguía el rastro a detalle de Gale, las coordenadas cambiaban constantemente, era difícil de ubicar, la señal se desvanecía.
De pronto sentí como el convoy vibraba, mi ropa se elevaba en el aire, y poco a poco veía como el cielo se encontraba en el suelo.
— ¡Cubranse! — exclamaba mi hermana.
Ví a mi alrededor, el vehículo en el que nos encontrábamos a toda velocidad, se estaba volcando.
Dimos varias vueltas, mi cabeza se golpeó con una de las barras de contención, todo fue muy rápido, la arena entra por todas partes.
Me levanté entre tropiezos, todo está al revés, el techo ahora se encuentra en el suelo, mi cabeza da vueltas, creo que me golpeé muy fuerte.
— ¿Quien está herido? — interrogaba mi hermana a todos en voz alta.
Llevé mi mano a mi cien, me dolía, sentí mi mano húmeda, al verla, tenía sangre entre los dedos, veía borroso y caí de rodillas en el suelo.
— ¡Silvia! — escuché la voz de Simon, pude ver cómo mi hermana lo apartaba, evitando que él llegara a mi.
Simon insistió, se acercó a mi de todas formas, me tomó por la cinturón y me alzó sobre su hombro para sacarme del interior del convoy.
Todos habían sido golpeados, todos podían moverse, menos Esposito que se encontraba tirada en el suelo, está viva, respira, sus ojos están abiertos y grita del dolor.
Me acomodaron para que apoyara mi espalda de lo que quedaba del convoy, llevé mi mano a mi abdomen, no podía concentrarme, mis oidos estaban obstruidos, no era capaz de escuchar nada, no sabíamos decir si me dolía o que tanto me dolía, creo que estoy en shock.
— ¿Dónde te duele? — podía leer los labios de mi hermana.
— No lo sé... — respondí confundida.
Poco a poco pude escuchar de nuevo, sentía dolor en mis costillas, creo que fue más el susto que el golpe.
— El chofer está muerto. — anunciaba Gaz acercando de vuelta al interiores de las ruinas del convoy.
— Mierda... — maldecia Price.
Mi hermana me revisaba, suturaba mis heridas, me inyectable analgésicos, todo lo hacía a la máxima velocidad.
— ¡Riley sostén la herida de Esposito!, ¡Con fuerza! — indicaba mi hermana hacia Simon que se encontraba del otro lado.
Esposito se quejaba del dolor y veía a los ojos a Simon mientras el aplicaba presión sobre su abdomen, parece que aplicaba mucha presión porque Esposito sujetaba sus manos en el proceso como si intentara que hiciera menos presión.
La piel se me erizaba, la atención con la que Simon la atendía, las lágrimas empezaron a salir de mis ojos al contemplar eso, que tonta soy, solo la está ayudando y yo haciéndome ideas.
Cuando pudimos estabilizarnos, salimos del lugar, el convoy había quedado destrozado, nos encontrábamos en el medio del desierto, las otras unidades habían avanzado a sus posiciones pero nosotros eramos blancos fáciles.
— Beta contacta a Kilo, necesitamos apoyo. — me ordenaba Price.
Me arrodillé con mis manos temblorosas por el choque en la arena y tomé lo que quedaba del ordenador entre ellas, conecté la señal a mi rastreador inalámbrico y esperé respuesta.
— Aquí Beta, el convoy fue atacado, el chófer murió, estamos en las siguientes coordenadas, necesitamos un vehículo. — informé jadeando del calor.
— Copiado, en camino. — respondió Farah.
Simon sostenía a Esposito por la cintura, ella cojeaba, mi hermana al darse cuenta de lo que yo estaba viendo se acercó a mi, ella tiene una herida en la frente, está sangrando pero estoy muy distraída como para decirle algo, el golpe que recibí en la cabeza me dejó atolondrada.
Al tiempo, al fondo del desierto, en el horizonte, se acercaba una nube negra, algo o alguien se acercaba, era un grupo grande, a medida que fueron acercandose era más fácil ver.
Farah había llegado con una tropa de caballos atados unos a otros con cuerdas.
— ¡Tomen cada uno un caballo! — ordenaba Farah sobre un purasangre negro.
— Déjame prepararlos Kilo. — intervenía mi hermana.
Ella se acercó, tomó un cuchillo del interiores de uno de los compartimientos de su uniforme y fue cortando las cuerdas que ataban a los caballos y le entregó a cada quien un caballo, debíamos ir en parejas.
— Silvia, irás conmigo, te sostendrás fuerte. — indicaba mi hermana sujetandome de la mano. — Soap y Gaz, tomen este, Simon y Esposito en este y Price, eres privilegiado, el único caballo solo será para ti.
Entendía el emparejamos de Simon y Esposito, ella está herida y Simon la atendió, estamos trabajando, no hay tiempo para el romance, ¿qué carajos estoy pensando?
Subimos a los caballos, me sentía mas libre, mi hermana es la que tiene más experiencia de todos aquí con los caballos junto a mí, por supuesto.
— Cubranse la cara. — indiqué.
— Copiado. — respondía Simon.
— Nos encontremos con KorTac al este, tratemos de evitar el sur, no tenemos el equipo necesario para enfrentarnos ahora al gran número que enviará Gale. — ordenaba Price.
— Copiado. — respondía.
Galopamos hacia el este, el sol iba cayendo poco a poco, gracias a que cubrí mi cara la arena no entraba en mis ojos cuando el caballo levantaba las particulas de tierra sobre el aire con las patas.
La velocidad hacia que el aire también impidiera la entrada de cuerpos extraños.
Galopamos en el desierto sobre caballos como si fuésemos personajes sacados de El Príncipe de Persia, la adrenalina que sentía hacia que el dolor se fuese aliviando.
Al estar detrás de mi hermana que es la que maneja al caballo a toda velocidad, era capaz de poder ver a mi alrededor con tranquilidad dentro de lo que cabe.
Simon, sus piernas se ven aún más grandes ahora que lo veo sobre el caballo, el atuendo desértico que decidió utilizar el dia de hoy, hace que lo veo como un heroe, la capa que trae su ropa se eleva en el aire dorado adonado de la nube de arena que se eleva en el aire.
Se vé salvaje, todas esas capas de ropa de encima, en esos tonos sepia, no puedo dejar de verlo, me siento segura ahora que no lo estoy viendo a los ojos.
Esposito se sujeta de las caderas de Simon, se sujeta con fuerza, junta su mejilla a su espalda y cierra los ojos, no sé si me estoy volviendo loca, si es un espejismo por estar tanto tiempo en el desierto, pero puedo jurar que ví a Esposito sonreír con los ojos cerrados mientras se aferraba al cuerpo en movimiento de Simon sobre el caballo.
La caderas de Simon se movían con ligereza hacia adelante y hacia atrás por el movimiento del caballo, no podía evitar que pensamientos y recuerdos llegaran en automático a mi cabeza.
Los flashbacks sexuales llegaban súbitamente a mi cabeza, escuchaba en mi mente sus gemidos, lo que me decía, las imágenes de su cuerpo sobre mí, dentro de mí, viéndome a los ojos con amor, cuando podía sentir con mis manos como su corazón latía dentro de su pecho y sabía que era por mí.
Recordar todas las veces que estuvimos juntos, y ahora solo soy su subordinada, no soy nada para él ahora.
Las cosas cambian, no tiene nada de malo, pero igual duele, ayer fui yo, quien por mucho tiempo amó a Simon, disfrutó de su compañía y se enamoró profundamente, ahora, no puedo dejar de pensar en que esa persona ahora, puede ser Esposito.