¿Morder piedras o respirar azufre?
Este era un refrán común en la nación del fuego, indicaba que todas tus opciones son indudablemente malas, tanto que, sin importar qué elijas, vas a terminar jodido. También hacía referencia a espíritus de lava y gases tóxicos que habitaban en volcanes.
¿Qué tiene que ver con esta historia?
Fácil. Significa que, sin importar qué intentaran los soldados del batallón 17, su capitán seguiría martillando sus huesos en la búsqueda de la perfección.
La nación del fuego era estricta y dura con la milicia, enfocando sus esfuerzos en obtener los mayores resultados sin importar el precio, lo que a su vez desencadenó la extensión de la guerra iniciada por el señor del fuego Sozin por casi 100 años.
Sin embargo, incluso los líderes más tercos eran capaces de notar cuando un recluta era incompetente, lo que a su vez comenzó a forma pequeños grupos de inadaptados en el ejército, los cuales posteriormente serían mezclados con comandos levemente fuertes con el objetivo de mezclar el gasto de fuerza y aumentar los números en ciertas zonas.
Por supuesto, esto también fue usado como un método de presión política, una estrategia la cual consistía en darle a un oficial soldados deficientes, los cuales lo llevarían a la derrota, manchando su imagen e incluso llevándolo a la muerte, lo que permitiría elegir a dedo a sus sucesores o apoyar a diferentes clanes.
Naturalmente, el primer pensamiento de Aratak al ver a su batallón de apenas 300 soldados (el número mínimo requerido) fue:
- (¡INÚTILES!)
En la tribu agua no había muchos prodigios por generación, incluso un "verdadero prodigio" como Pakku tardaba décadas en aparecer. Pese a esto, casi todos los guerreros eran personas capaces de sobrevivir a las estepas congeladas con el equipo mínimo, siendo la excepción los miembros más débiles, lo que posteriormente serían llevados a las fuerzas de reserva.
Comparando a esos guerreros polares, los soldados del archipiélago eran simples infantes flojos y regordetes sin la más mínima energía potencial en sus músculos, absolutos muñecos de práctica que incluso un panda cocinero podría derrotar, montones de carne flácida sin propósito alguno más que alimentar a las avispas-buitre...
¿Se entiende?
Cualquier general se hubiera enfocado en resaltar las fortalezas de sus soldados, asignando posiciones y deberes a cada quien según sus talentos, eso sin contar el hecho de que ninguno tenía algún talento innato para la guerra.
"Nadie tiene talento"... Una de las mayores mentiras en este mundo, por lo menos en un lugar en el cual la guerra y la supervivencia era lo importante. Por ejemplo, un soldado era increíble silbando, algo que nunca sería apreciado en el campo.
Fue entonces cuando Aratak decidió que, al no poder recurrir al talento, tendría que cultivar sus cuerpos más allá de los límites humanos. Fue por esto mismo que, contrario a toda lógica, Aratak decidió optar por el entrenamiento más absurdo que pudo idear.
Luego de la hora de organización el capitán ordenó tener una lista con el nombre de todos en cierto orden, acción seguida de un descanso y consumo masivo de las provisiones, lo que cultivó una visión de tranquilidad y calma respecto a su líder.
Todos, incluso los tenientes, se acostaron relativamente temprano mientras Aratak permanecía en guardia.
.
..
...
La mañana llegó, no, más bien la hora a la que se levanta Aratak llegó, anunciando en despertar uniforme de todos los reclutas, despertados por golpes de agua fría que impactaron contra sus rostros.
Trescientas personas abrieron los ojos mientras sentían una fuerza opresiva y firme cubrir sus cuerpos, notando a una sombra gigante reflejada por el una fogata a medio extinguir.
Los habían sepultado, dejando solo las cabezas libres...
- Buenos días. - dijo el capitán con voz firme - Seré honesto, son los soldados más inútiles que he visto para el combate, sin embargo, no puedo valerme de excusas en Ba Sing Se, por lo que voy a tener que ser duro con ustedes.
Un soldado quiso gritar al instante, pero una flecha disparada del apéndice de metal de Aratak le hizo callar la boca, aún más cuando, al volar por el aire, rozó su mejilla mientras producía un corte.
- Van a hacer circular su chi. Fortalecerá sus cuerpos y permitirá que obtengan las capacidades suficientes como para comenzar con el entrenamiento. No morirán, yo mismo me encargaré de ello. ¡Ahora comiencen!
Silencio... seguido de llanto... seguido de gritos... solo para que al final quedaran miradas vacías, todo mientras el jefe se quedaba observando el amanecer seco y caluroso del reino tierra.
Esto era el infierno... no, porque en el infierno había alguien castigándoles.
Aquí, en medio de la nada, ellos eran los que se mantenían vivos, intentando liberarse de su castigo. Fue en medio de esa prueba cuando Yu Meng, azotado por el inclemente sol, decidió hacerle caso a su capitán.
Circular tu chi es algo que todos pueden hacer, pues dicha energía habita tanto en maestros como no maestros. La dificultad real aparecía cuando una persona intentaba circular el chi de forma consciente, pues esto ejercía una carga en el cuerpo capaz de hacer desmayar al adulto promedio, por lo que solo los más grandes guerreros o los verdaderos prodigios podían lograrlo.
El chi es una manifestación del espíritu en el cuerpo físico, lo que conlleva a estresar tanto al cuerpo como al alma al momento de ejercer este método de fortalecimiento. Si no se hace de la manera adecuada, se terminaría extinguiendo el alma misma, destruyendo tu existencia y muriendo de forma definitiva.
Yu Meng, un maestro fuego, tenía una clara ventaja frente a los otros al saber controlar el calor, pues la circulación de chi era lo que un maestro fuego realizaba de forma innata al transformar su respiración en fuego. Desafortunadamente, el agujero en el que se encontraba impedía a su cuerpo expandirse lo suficiente como para respirar hondo, lo que lo obligó a tener que meditar por primera vez en su vida.
La nación del fuego no era muy espiritual, pero incluso el más idiota conocía la teoría para meditar, concentrar tu mente en algo en específico y anclarte a aquello, permitiendo a tu mente alcanzar un estado de concentración superior, siendo este mismo la energía de Agni.
Lan Zhou, por otro lado, decidió tomar un enfoque mucho más activo, produciendo pequeñas flamas en su dedos que, al tener una resistencia natural, no lograban quemarla y le permitían direccionar su energía en algo más mientras circulaba su chi.
Por último estaba Jian Li, un no maestro el cual tenía que perseverar pese a no tener ninguna habilidad sobrenatural. Afortunadamente, esta no era la primera vez que el realizaba este ejercicio, pues había sido una de las pruebas de su padre para entrar a la milicia. Pese a esto, las condiciones infernales que lo rodeaban no hacían nada más que cansarlo, obteniendo resultados absolutamente inferiores a los que recordaba llegar.
La dedicación de estos tres contagió rápidamente a los otros 297, permitiendo a estos soldados iniciar con su entrenamiento.
Fue entonces cuando el maestro agua, el cual se encontraba cocinando algo en un caldero, soltó una sonrisa ladina mientras un pensamiento atravesaba su mente.
- (No me equivoqué).
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Decepción...
No me acuerdo mucho de mi vida anterior, ni siquiera me acuerdo de las caras de mi familia, pero si me acuerdo de la mirada de decepción que tuvieron mis padres cuando algo sucedió. No me acuerdo si ocurrió por un conflicto familiar, porque decidí tomar una carrera que no les gustó o porque maté a un compañero, pero nunca olvidaré esa expresión.
Ojos casi vacíos, conteniendo absoluta repulsión mientras sus bocas se inclinaban hacia abajo, cejas fruncidas que amenazaban ser rotas con un constante temblor, todo siendo agrupado en un conjunto de arrugas y pequeñas marcas venosas que parecían pulsar con evidente desagrado.
Esa era la misma cara que Pakku me dio cuando llegué al palacio el día siguiente a mi ceremonia como nuevo sanador. Si hubiera sido otra persona, mi nuevo trabajo en la tribu hubiera sido quedarme la mayor parte del tiempo en las cabañas de la curación, enseñando a las generaciones más jóvenes y atendiendo a los guerreros heridos.
Sin embargo, mi existencia sigue siendo la de un guerrero el cual es sanador por una petición en la prueba del Espíritu del Hielo, lo que hace que, tras terminar mi entrenamiento, tenga que reportarme ante Arnook, el cual me asignará de forma oficial mi puesto en la tribu.
A decir verdad, tener su mirada calando mi alma en busca de extinguirme fue algo incómodo, pero no soy responsable de la visión que otros tengan sobre mi, por lo que decidí no seguirle el juego y quedarme en silencio mientras caminábamos.
Saben, nunca he sido el más famoso en la tribu, pues a nadie (del común) le interesaría meterse con el "callado y misterioso" discípulo de Pakku, un efecto secundario de no ir a la academia. Pese a esto, las miradas se intensificaron desde que completé mi entrenamiento, lo que muy probablemente se dio gracias a chismes "espontáneos" nacientes de los miembros del concejo.
Odio esto, odio la intriga y los planes tras telón, no son más que pequeños juegos sin sentido.
Debería matarlos a todos y coronarme como líder de la tribu, pero no me garantizaría el apoyo de las personas o los guerreros, por lo que tendré que esperar a los 12.
Cambiando a temas mucho más joviales, ¿Qué es una bendición?
En mi antiguo mundo, se consideraba bendición a todo acto positivo ejercido sobre una o muchas personas por un ser divino, desde salud instantánea hasta poder separar los mares. Sin embargo, este mundo parece tener una definición diferente, pues radica en todo cambio en tu ser ejercido por todo espíritu, sin importar su objetivo o su efecto.
Si, Wan diría que esto es estúpido, pero no se puede tener referencia si ya no hay espíritus.
Volviendo a lo importante, tener la bendición de Tui y La me resultó... raro.
Todos tenemos dos brazos... creo, pues imagina que al despertar realizas todo con normalidad, tiendes tu cama, ordenas la casa y preparas la comida mientras preparas tu ropa, todo es maravillosamente normal hasta que te das cuenta que haces todo esto al mismo tiempo y que te han crecido veinte brazos extra.
Eso fue lo que sentí al despertar, una conexión sobrenatural con mi control, un avance de proporciones indescriptibles. Sin embargo, esto solo se expandió a las técnicas mas superficiales, lo que todavía me limita a aumentar mi control sobre la sanación y la sangre.
Es como evolucionar de un cachorro a un león-lavadora con ametralladora, algo estrafalario pero poderoso. E incluso con este progreso inesperado, me di cuenta de algo muy interesante.
No existe algo como la telequinesis, siendo que la técnica de Noatak consistía en usar el movimiento mínimo de los músculos de los ojos para ejercer sangre control. Me di cuenta de esto cuando, al concentrarme en un pez dentro de uno de los canales, una burbuja se formó a su lado.
Si, es algo débil y que poco puede hacer contra alguien, pero la propia naturaleza de mi control es algo que me permitirá alcanzar un nivel superior. Pensándolo bien, muy probablemente no sea la única persona bendecida a lo largo de la historia por Tui y La, por lo que es probable que personas como Amón o Ming-Hua también fueran capaces de realizar sus hazañas con la bendición de los espíritus.
- Estás solo.
De repente Pakku habló cuando llegamos al palacio, entrando sin esperarme mientras su voz derramaba veneno puro.
Al entrar fui recibido por Yugoda, Pakku y los otros miembros del concejo rodeándome en una posición de tribunal, con Arnook en el frente con una lanza ceremonial a su lado.
- Aratak. - comenzó el jefe con tono solemne - Estás aquí para que te asigne un papel en la tribu agua del norte, sin embargo, es indudable que tus acciones han contribuido a un deterioro notable de la tradición, lo que a su vez atenta con los valores morales que han protegido a nuestra gente los últimos cien años. - en sus ojos se mostró un brillo despiadado mientras realizaba una pausa - Por lo tanto, este concilio se desplazará a un juicio para determinar si seguirás siendo un miembro de la tribu.
Al instante un par de tribunas laterales surgieron en los extremos de la habitación, lo que provocó que Kylo, el anciano idiota, se instaurara en una mientras yo tomaba mi lugar. No me importa mucho esto, sé que puedo ganar, además, siempre puedo ser un líder revolucionario y luchar por los derechos de las mujeres y los discapacitados.
- Yo, Kylo el Intachable, doy representación de la tribu agua contra Aratak. Sus cargos son atentar contra el bien común de la tribu, violar las prácticas ancestrales del agua control y romper la tradición en varias ocasiones.
Todos se quedaron callados mientras me miraban, creo que quieren que siga con este juego.
- Yo, Aratak, me represento a mi mismo en defensa contra la tribu agua del sur. - miro por unos momentos a todos los presentes, por lo menos hasta que Yugoda me asiente de forma sutil - Y defenderé mi posición tanto de guerrero como de sanador.
El juicio en mi contra había dado inicio, por lo que tendría que usar todas mis cartas.
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Ocho semanas, ese es el tiempo que tengo para hacer que estos tipos dejen de ser incompetentes, debido a que luego usaré el mes siguiente para templar sus habilidades en el camino a Ba Sing Se.
Afortunadamente no están tan perdidos como pensé, pues los tenientes lograron zafarse el tercer día, a lo cual los premié con una verdadera comida. Los he estado manteniendo vivos con una solución nutritiva que filtro en sus cuerpos cuando están dormidos o desmayados. Puede parecer contradictorio, pero el suelo del reino tierra es bastante eficiente para transportar agua.
Fue al sexto día cuando el último grupo logró salir del suelo, lo que marcó el inicio de su entrenamiento. Para no romper sus cuerpos decidí usar el séptimo día como descanso, dándoles lo más parecido a un banquete que pude realizar.
Suena inverosímil, pero pude notar la forma en la que el entrenamiento templó sus cuerpos, desarrollando sus músculos de tal forma que se volvieron cada vez más compactos y eficientes, lo suficiente como para soportar mi capacitación.
- ¡Formación!
Ante mi orden las trescientas personas se organizaron en la posición estándar, tres rectángulos liderados por los tenientes. Varios tenían caras marchitas o desoladas, algunos mantenían un pequeño brillo miedoso mientras que otros mantenían un ligero brillo de respeto, este último por parte de los tenientes.
- Me impresionan, solo tardaron una semana en salir. La circulación de chi ha fortalecido lo suficiente sus cuerpos como para resistir el entrenamiento. La mayoría de ustedes son no maestros, por lo que serán la columna del batallón, mientras que los maestros fuego, por otro lado, serán la punta de lanza de nuestra formación.
Al instante varias miradas confusas surgieron.
- ¿Alguna pregunta?
- Ehh... Capitán... - comenzó Yu Meng - ¿Cuál será el escudo?
¿Qué?
- ¿Escudo? Un escudo solo es necesario si planeas que te golpeen. Somos un batallón especial, por lo que no necesitamos acercarnos al enemigo para eliminarlo.
Si, ahora todos me están mirando como un demente, pero poco importará cuando llegue el encargo.
- Capitán, ¿Cómo vamos a entrenar? No tenemos barracas o espacios aptos en este páramo, solo rocas y poca comida para algunas semanas. - cuestionó Lan Zhou.
- Fácil, lucharan contra mi hasta el cansancio, continuarán circulando su chi y cazaran hasta los más minúsculos insectos para comer. Cuando me derroten podrán tener acceso a los suministros.
Cualquier persona hubiera entrado en desesperación al oír tal anuncio, pero la última semana también había echado raíces en la mente de estas personas. No necesito soldados, necesito trastornados cuerdos que puedan ser flexibles a la guerra.
Casi al instante los tres tenientes se lanzaron contra mi. El primero en llegar fue Jian Li, el cual extendió su espada en una muestra de esgrima profesional, balanceando con fuerza su arma mientras intentaba asestarme un golpe, acción bajo la cual tomé la decisión de esquivar, por lo menos hasta que Yu Meng, casi como un cometa, extendió una honda de fuego a lo largo del campo.
Lo mejor sería agacharme, pero la presión de Jian Li es demasiado poderosa en el piso. Quieren mantenerme en el aire, veamos que pasa.
De un salto esquivo la ráfaga mientras pateo al no maestro, sin embargo, noto cómo Lan Zhou, al más estilo Joker, ha creado varias esferas de fuego a mi alrededor.
Podría herirme de gravedad, pero no puedo permitir que estos pequeños me superen. Con un movimiento fugaz extiendo mi alabarda para impulsarme contra el suelo, esquivando en movimiento y lanzando dos flechas a los no maestros.
A los pocos segundos de caer veo a los otros avanzar como una estampida humana, veamos cuanto duran.