All my life (Soukoku)

By suga636

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El amor que se tienen Chuuya y Dazai es tan dulce y puro. *las imágenes no son mias* More

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By suga636

El día transcurrió entre risas y juegos para Dazai y Chuuya, mientras Chuuya desbordaba energía y no podía quedarse quieto, Dazai, aunque más reservado, se esforzaba por seguir el ritmo de su amigo, disfrutando de su compañía de todas formas.

Con la salida, Chuuya tomó la mano de Dazai con confianza, guiándolo hacia el lugar donde esperarían a sus padres. Juntos, caminaron entre la multitud, compartiendo pequeñas conversaciones y sonrisas cómplices.

Al llegar al punto de encuentro, Chuuya buscó con la mirada a su madre entre la multitud. Una vez que la encontró, tiró de la mano de Dazai hacia ella, quien se aferraba con timidez a su peluche.

Kouyou, al ver a su hijo acercarse, no pudo contener la emoción y lo abrazó con fuerza, cubriéndolo de besos en la mejilla. Chuuya rió felizmente ante la muestra de cariño de su madre.

Después de un momento, Chuuya se volvió hacia Dazai con una sonrisa traviesa. — ¡Mamá, déjame presentarte a mi amigo Dazai Osamu! — anunció con entusiasmo,

Dazai, sintiendo las miradas sobre él, se sintió incómodo y se escondió tímidamente detrás de Chuuya, aferrándose aún más a su peluche como si fuera un escudo de protección.

Kouyou observó al chico tímido con ternura, sintiendo cómo su corazón se derretía ante la vulnerabilidad de aquel niño. Con una sonrisa cálida, se agachó para estar a su altura.

–  Hola, soy Kouyou Ozaki, la madre de Chuuya — se presentó con dulzura, esperando tranquilizar al niño tímido.

Dazai, sintiéndose abrumado por la atención, se sonrojó intensamente y salió tímidamente de su escondite, haciendo una reverencia torpe.

Chuuya, notando la incomodidad de su amigo, le dio un apretón en la mano. — No te preocupes, Dazai. Mamá es muy amable — le aseguró con una sonrisa reconfortante.

Chuuya comenzó emocionado a contarle a su madre cómo él y Dazai se habían convertido en amigos, compartiendo risas y aventuras a lo largo del día en la jardin. Kouyou escuchaba con una sonrisa tierna, disfrutando de la emoción de su hijo al relatarle sobre su nueva amistad.

Estaba en medio de una animada descripción cuando un llamado repentino interrumpió su relato.

– ¡Osamu! — gritó alguien a lo lejos.

Los tres voltearon la cabeza hacia la dirección del sonido y vieron a un hombre alto y pelinegro acercándose.

Mori, al ver a Osamu, sintió un latido acelerado en su pecho. Corrió hacia Dazai con los brazos extendidos, exclamando - ¡Ahí está mi preciado bebé! - sin embargo, su corazón se detuvo en seco al notar que Dazai estaba acompañado del niño que lo hizo llorar, y lo que lo dejó helado fue ver cómo los dos niños se tomaban de la mano.

Tratando de mantener la compostura, Mori se acercó a Dazai con una sonrisa forzada, tratando de ignorar el apretón en su pecho. — Mi pequeño, ¿me extrañaste? — preguntó, extendiendo una mano para separar a Dazai del niño pelirrojo. Pero Dazai, empujo la mano de Mori con la mano que sujetaba su preciado peluche.

Mori se quedó petrificado por un momento, sus ojos se humedecieron y tartamudeó — Mi bebé, mi bebé...

Justo en ese instante, apareció Fukuzawa, su esposo, quien al ver a Mori en tal estado, lo abrazó con ternura. — Lo siento por el drama — se disculpó el peliblanco. — Soy Fukuzawa, y el esposo es mi esposo Mori. Lamento mucho el alboroto — dijo con una sonrisa amable.

Kouyou asintió con una sonrisa tranquila. — Encantada de conocerlos. Soy Kouyou, la madre de Chuuya — respondió, y asi ambos padres empezaron una platica cuando llego el momento de regresar casa.

Chuuya, al escuchar a su madre decirle que se despidiera de Dazai, sintió un nudo en la garganta y sus ojos se llenaron de lágrimas. Sin poder contenerse, abrazó a Dazai con fuerza y rompió en llanto. Dazai, al ver a Chuuya llorar, sintió un apretón en el pecho y sus propios ojos se llenaron de lágrimas.

– ¿No me puedo llevar a Dazai a casa? — sollozó Chuuya entre sollozos, mirando suplicante a su madre. — ¡Prometo cuidarlo y sacarlo a pasear! ¡Por favor, mamá!

Kouyou y Fukuzawa intercambiaron miradas, luchando por contener la risa ante la expresión desesperada de Chuuya. Mori, por otro lado, frunció el ceño con indignación en su mente, pensando que su "bebé" no era un perro que pudiera llevarse a casa de otro niño. Kouyou le explicó con suavidad a Chuuya que Dazai tenía que regresar a su casa, aunque se sintió conmovida por la preocupación y el cariño de su hijo hacia su amigo.

Después de un momento de consuelo, Chuuya logró calmarse lo suficiente para mirar a Dazai con ternura. Con un gesto tierno, le dio un pequeño beso en la frente, expresando su afecto de una manera silenciosa pero sincera.

En ese momento, Chuuya se dio cuenta de algo curioso: Dazai era un poco más bajo que él. Mori, al ver cómo Chuuya le daba un beso a Dazai, casi se desmaya si no fuera por que Fukuzawa lo estaba sujetando.

Chuuya se secó las lágrimas y le dijo a Dazai — Mañana vendré temprano para jugar — Dazai, con voz suave pero llena de emoción, respondió — Yo también vendré temprano.


Al llegar a casa, Fukuzawa bajó a Dazai de sus brazos con ternura, asegurándose de que su hijo adoptivo estuviera seguro en el suelo. Dazai, expresó su hambre, y Fukuzawa asintió con una sonrisa comprensiva.

– Voy a servir la comida enseguida — respondió Fukuzawa, encaminándose hacia la cocina.

Mori, por su parte, tomó la mano de Dazai con cariño y lo llevó hacia el baño para lavarse las manos antes de comer. Durante el trayecto, Mori aprovechó para expresar su inquietud de una manera un tanto dramática.

– Fue cruel de tu parte no haber dejado que tomara tu mano antes — dijo Mori con un tono apenado. — Prefieres a ese niño pelirrojo en lugar de tu propio padre — continuó, sumido en su dramatismo característico.

Dazai, acostumbrado a las exageraciones de su padre, no pudo evitar soltar una risita divertida ante la actuación de Mori. Sus ojos brillaban con diversión mientras observaba a su padre con cariño.

Al llegar al comedor, Mori cargó a Dazai y lo sentó en la silla para bebés, sabiendo que aún era demasiado pequeño para alcanzar la mesa por sí mismo. Con cuidado, aseguró a Dazai en su lugar y le ajustó el cinturón de seguridad.

Mientras Mori ayudaba a limpiar la boca de Dazai, quien ocasionalmente se ensuciaba mientras comía, Fukuzawa se sentó a su lado, iniciando una conversación tranquila para hacerle preguntas sobre su primer día de clases.

– ¿Te divertiste con tu nuevo amigo Osamu? — preguntó Fukuzawa con interés, mirando a su hijo con una sonrisa cálida.

Dazai, emocionado de compartir su experiencia con su familia, comenzó a contarles sobre las aventuras que tuvieron durante el día. Habló animadamente, entre bocados de comida, describiendo con entusiasmo cada detalle de su día.

Mori y Fukuzawa escuchaban con atención, disfrutando de la compañía de su hijo y compartiendo su alegría por sus nuevas experiencias. La casa se llenó de risas y conversaciones amenas mientras disfrutaban de una tarde tranquila en familia.

Así, entre anécdotas y risas, la cena transcurrió en un ambiente de amor y complicidad familiar, demostrando una vez más el vínculo fuerte y especial que compartían Fukuzawa, Mori y Dazai.

Por otro lado Chuuya no paraba de hablarle a su madre sobre lo emocionante y divertido que había sido su día. Con entusiasmo desbordante, relataba cada pequeño detalle, a veces tan absorto en sus historias que se olvidaba de comer y Kouyou tenía que recordarle que la comida se estaba enfriando en la mesa.

– ¡Mamá, hoy jugamos a atrapar al monstruo en el patio de recreo! —  exclamaba Chuuya, con los ojos brillantes de emoción. — ¡Y luego Dazai me contaba que libros le gustaban!

Kouyou escuchaba con una sonrisa amorosa, disfrutando del entusiasmo contagioso de su hijo. A pesar tener un dia muy agitado, ella sabía lo importante que era para Chuuya compartir sus experiencias con ella.

Así continuaron hasta la noche, cuando llegó el momento de dormir. Kouyou arropó a Chuuya con ternura, asegurándose de que estuviera cómodo y abrigado bajo las sábanas.

–  Duérmete bien, mi pequeño — susurró Kouyou, acariciando suavemente el cabello de Chuuya. — Yo y los ángelitos estaremos aquí para cuidarte en tus sueños.

Chuuya, con los ojos entrecerrados por el cansancio, sonrió adormilado y murmuró un "gracias, mamá" antes de dejarse llevar por el sueño. En pocos minutos, su respiración se volvió rítmica y profunda, indicando que había caído en un sueño tranquilo y reparador.

Kouyou permaneció a su lado por un momento más, observando con amor a su hijo dormido. Con un suspiro de satisfacción, le dio un beso en la frente y se levantó silenciosamente de la cama, dejando la habitación en penumbra mientras se retiraba.

En el silencio de la noche, la casa estaba envuelta en una calma reconfortante. Kouyou, se retiró a su propia habitación, agradecida por otro día lleno de risas, juegos y momentos especiales junto a su hijo.

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