Era navidad, desperté cerca de las 2 de la tarde, estaba demasiado cansada como para bajar y desayunar/comer. Recuerdo la confesión de ayer, pero yo estaba segura de algo, no quería que mi amistad con Alex acabara, claro que lo amo... pero no quiero arriesgarme a perderlo. Así que después de pensarlo mucho y no saber qué decir o cómo reaccionar cuando lo volviera a ver, decidí bajar.
Sea o no cierta la dichosa ley de atracción, ahí me lo encontré, en las escaleras, sentado. Lo vi demasiado dubitativo y le pregunté.
-¿Alex?
Pero no me respondía.
- ¿Alex? ¿Hola?
Las respuestas seguían ocultas.
-Alex, si es por lo de ayer, no te preocupes.
Él sólo levantó su rostro y fingió una sonrisa que más que alegría evocaba tristeza. No sé si fue por el hecho de que no respondí a su confesión o había algo más detrás de todo eso. Se paró y siguió bajando, no me dirigió la palabra todo el día.