Sus manos tomaron con fuerza su rostro, lleno de frustración, de agotamiento y de ira.
Se había enamorado. Él, la gran estrella pornográfica Angel Dust, enamorado de un maldito demonio de mierda llamado Alastor, el jodido “Demonio de la radio”. Nunca había sentido algo así, mariposas y toda esa mierda de la que había oído hablar hace algunos años. No era común, el amor no era normal en el Infierno. Las drogas, la prostitucion y el pecado sí, pero, ¿amor? eso sí que era nuevo.
Y por más que le doliera aceptarlo, sabía que jamás sería correspondido. Alastor era un demonio de alto rango, un overlord lo suficientemente poderoso como para matarlo cincuenta millones de veces si quisiera. En cambio él, él era un simple pecador. Una estrella porno atada al hijo de puta de su jefe, Valentino.
Los días pasaron lentos, Angel evitaba a Alastor a toda costa, sin saber que este lo notaba. Aún así, no decía nada, si bien le molestaba un poco que el arácnido lo evitara, no le daba mucha importancia, no es como que realmente le importara. Al final del día, se ahorraba todas aquellas insinuaciones y chistes de doble sentido que el demonio siempre le decía.
Pese a eso, había un sentimiento, una pequeña molestia en él cada vez que Angel lo veía y se iba. No entendía que era, un no sé qué en su pecho que lo molestaba y formaba una inconformidad consigo mismo por no poder hacer que el albino se sintiera lo suficientemente bien a su lado como para quedarse.
No le dio más importancia, quizá solo era que se había acostumbrado a la constante presencia del actor a su alrededor, diciendo chistes de doble sentido, ofreciendo sus servicios o insinuándose cada que tenía oportunidad.
Así, los días se volvieron semanas, y aquella rutina de Angel respecto a evitar al demonio radio, empezó a molestar a Alastor. No sabía porque, pero necesitaba la presencia del actor. El hotel entero se dio cuenta de la notable incomodidad que le generaba a Angel estar en el mismo lugar que Alastor más de dos segundos. Charlie estaba preocupada, no sabía si quizá el demonio de pelo rojizo le había hecho algo al actor lo cual había logrado que este le temiera o no soportara verlo siquiera.
A Alastor esta actitud le empezaba a parecer infantil, demasiado infantil incluso para alguien como Angel Dust, y la gota que derramó el vaso fue enterarse que el actor iba a mudarse. Claro que esto no solo acabó con su paciencia, si no que fue una gran sorpresa para todo el hotel.
Decidido a acabar con todo este show innecesario, el demonio ciervo se encaminó a la habitación del actor, tocando la puerta con tres suaves golpes. La imagen que lo recibió, no supo en ese momento porque, pero aceleró su corazón. Aquel que creía podrido, muerto en su interior sin apenas latir.
El arácnido llevaba apenas un top color rosa con un short muy corto de cuero negro, su cabello estaba despeinado y tenia apenas un ojo maquillado, se ve que iba a salir esa noche.
– ¿Alastor?¿que se te ofrece?- dijo, intentando que los nervios no le ganaran y le hicieran una mala jugada. Quería que la conversación terminara pronto, no soportaba tenerlo cerca sabiendo que hacía a su corazón acelerarse más de la cuenta.
– Yo…- siquiera supo qué responder, solo se quedó ahí, pasmado, mirando los ojos bicolores del actor.
Sentía su corazón latir rápidamente. Nunca le había pasado eso desde que estaba muerto. ¿Acaso eran nuevos sentimientos desarrollándose en su interior? No. No podía ser eso. Él no tenía sentimientos reales. Cada pequeña pizca de misericordia o empatía que sentía eran fríamente fingidas para ganarse la confianza total de Charlie y así poder sellar un contrato con ella.
Entonces, ¿qué era eso que sentía en su interior?¿qué eran aquellas sensaciones nuevas que sentía en su estómago?¿por qué las sentía?¿debido a qué se habían desencadenado?
Intento despejar su mente, tosió levemente y miró hacia otro lado. Su rostro tomó un aire serio y miró al arácnido, quien hacía un rato lo miraba confundido, sin saber qué hacía en su habitación y porqué lo había ido a buscar.
– ¿Tú…?- dijo Angel, queriendo que el demonio continue con lo que sea que tenia para decir.
– Quiero saber porque me evitas, querido.- contestó, Angel sostuvo su respiración. No esperaba que el demonio se diera cuenta de que lo estaba evitando, es más, pensaba que si se daba cuenta no le daría importancia pues supuestamente no lo toleraba.
Angel tardó segundos en responder, segundos que para Alastor fueron eternos aunque no sabía por qué. Le inquietaba que Angel no responda.
El actor tomó aire profundamente, no estaba listo para confesarse aún, así que solamente ignoraría lo que el ciervo le dijo y evitará el tema, alegando demencia sobre tales actos.
– No sé de qué me hablas Alastor, no te estoy evitando, simplemente no coincidimos tan seguido.- el demonio de la radio solo lo quedo mirando, sabiendo que estaría mintiendo en su cara, primero porque el nunca le decía “Alastor”, siempre le decía “Al”, o “ciervito”, y aunque era cierto que al principio ese apodo le daba asco, le repugnaba y le daban ganas de golpear al actor, al final se había acostumbrado a dicho apodo, por lo que no le daba importancia cuando el arácnido lo llamaba así.
– Claro que me evitas. Apenas me ves te vas, ni siquiera te importa hablarme cuando antes no dejabas de hacerlo y pareciera que te causa bastante incomodidad estar conmigo ya sea a solas o simplemente compartiendo el mismo espacio. Creo que es obvio que me evitas, y quiero saber por qué, pues no recuerdo haberte hecho nada.- finalizó, dejando al arácnido que hable ahora.
Ya se imaginaba que el otro iba a llenarlo de excusas, diciendo que no entendía de lo que le hablaba nuevamente. Ya podía escucharlo incluso diciéndolo.
Estaba cansado de ese jueguito que tenía Angel Dust de evitarlo e ignorarlo, tampoco entendía bien por qué le molestaba tanto pero realmente lo hacía, le molestaba que el actor lo ignore, que no le dé ni un gramo de atención.
Había algo nuevo. Definitivamente había un sentimiento nuevo en su interior debido a los actos del albino. Aunque no sabía que podía ser. No identificaba aquel cosquilleo en su estómago cuando lo veía ni por qué se ponía algo nervioso o sus mejillas se teñían levemente de rojo cuando veía al arácnido.
No quiso darle mayor importancia, al final solo era un sentimiento extraño que tarde o temprano se iría. O al menos eso suponía.
Sin embargo, la curiosidad le ganaba, ¿qué era ese sentimiento? ¿Qué eran esos cosquilleos? ¿Qué eran esos nervios? ¿Por qué se ponía así? Solo era Angel Dust, un compañero del hotel y ya, no tenía mayor relevancia que esa.
Quizá lo hablaría con Husk, aunque no le gustaba del todo la idea de abrirse de ese modo con su trabajador. No había ese tipo de confianza de momento, su relación era meramente laboral. Aunque tenía a Rosie, podría hablarlo con ella sin problemas, al final del día eran amigos cercanos y se tenían bastante confianza. Sí, eso haría, lo hablaría con Rosie.
– Mira Alastor, cree lo que tu quieras, pero yo no te estoy evitando. Ahora si me disculpas, Nuggs tiene hambre y debo alimentarlo. Nos vemos Alastor.- dijo, a la defensiva como era común ver en Angel. No le costaba mucho ponerse de ese modo, siempre que cualquier comentario lo sacaba de sus casillas, se ponía a la defensiva, listo para pelear ya sea verbal o físicamente. Y esa vez no había sido la excepción, las acusaciones del demonio radio lo habían logrado poner a la defensiva, aún sabiendo que el pelirrojo tenía razón. No le gustaba que le dijeran sus verdades.
Había cerrado la puerta en la cara del ciervo, dejando a este con la palabra en la boca. Claro, podría simplemente entrar con su forma de sombra por debajo de la puerta, pero prefería no hacer ese escándalo más grande, simplemente ignoraría lo que Angel le dijo e iría a hablar con Rosie. Necesitaba una opinión externa sobre sus “nuevos sentimientos”.
Caminó tranquilamente fuera del hotel, yendo hacia el barrio caníbal donde sabía que se encontraría con su amiga Rosie.
Sus ojos miraron todo el lugar, estaba igual que siempre a excepción de esa nueva tienda de carne fresca. Quizá podría ir allí a comprar cuando se le antojase algo para comer, aunque admitía que prefería la carne recién muerta, fresca al cien por ciento.
– ¡Alastor, cariño! ¿Qué te trae por aquí, cielo?- dijo Rosie, abrazando a su amigo y ofreciéndole asiento. El demonio se sentó con gusto luego de corresponder el abrazo, preparándose para abrirse ante su mejor amiga y comentarle aquellos extraños sentimientos que surgían en su pecho.
– Rosie, quiero hablar contigo sobre algo que últimamente me está molestando un poco.- comenzó a relatar el ciervo, mirando a su amiga traer una taza de té para él.
– Claro cielo, dime que te perturba.- tomó un sorbo de su taza, dejando ésta sobre la mesa para prestarle total atención a su amigo también caníbal.
– Pues verás… me veo en una situación un tanto complicada pues he empezado a tener… sentimientos extraños. Es como si tuviera una especie de gripe o algo así, pero es por alguien, por así decirlo.- relato, y al finalizar dio un sorbo a su taza de té.– es muy extraño, pues siento como un cosquilleo en el estómago, me sudan las manos, mi rostro se pone algo rojo y me siento algo nervioso, como cuando estás ante una deidad por primera vez.
– Hmm.. entiendo querido. Creo que esto que estás empezando a sentir se llama “amor”.- Alastor se quedó callado, podían verse aquellas agujas de radio en sus ojos y un fuerte sonido de distorsión, junto a aquellos símbolos vudú a su alrededor.
– ¡Jaja! No.- dijo, seco. Él no tenía tales sentimientos, siquiera cuando estaba vivo los había experimentado, ¿por qué los tendría ahora que está muerto? Era totalmente imposible. Se negaba rotundamente.
– ¿Por qué te niegas a esa clase de sentimientos, querido?- preguntó curiosa.
Había una razón, claro que la había. Aceptar que podía tener dichos sentimientos era aceptar que le quedaba algo de humanidad, era aceptar que tendrían con qué atacar si se encariñaba con alguien. Era aceptar que no era aquel demonio sin sentimientos al que todos le temían. ¿A dónde se iría su reputación si se sabía que el temible “Demonio de la Radio” tenía sentimientos por alguien como un simple pecador y actor pornográfico. Ni en vida había tenido esos intereses por alguien, ¿por qué debía tenerlos ahora en el Infierno?
– Simplemente es imposible que un demonio como yo tenga dichos sentimientos por un simple pecador.- respondió, mirando su taza de té.
– Lo entiendo cariño, pero créeme, el amor no es malo, ni en vida ni aquí. Sería algo nuevo para ti abrirte hacía alguien y te aseguro que te vendrá bien.- le dijo, terminando de tomar su té.– te lo digo como tu amiga y porque te conozco un poco Alastor, cuando el amor toca las puertas, no hay nada que puedas hacer más que aceptarlo, negarlo solo hará que sea peor. Lo digo por experiencia.
Alastor solo se levantó de su asiento, agradeciendo la charla a Rosie y volviendo hacia el hotel. No podía parar de pensar en eso. ¿En serio se había enamorado de Angel? ¿Se había enamorado de un pobre pecador? Dios santo, sentía que podría volver a morir solo por eso. ¿Él en serio podía tener ese tipo de sentimientos?
Su mente no paraba de maquinar, dándole una y mil vueltas al asunto. No podía estar enamorado, claro que no. Por Lucifer, era el overlord más temido del pentagrama y por no decir del infierno, ¿cómo podía él tener ese tipo de sentimientos? Le parecía inaudito.
Se sentía frustrado, no había llegado a ninguna parte, solo a una conclusión que le parecía de lo más estúpida. Él no podía enamorarse, claro que no podía. No tenía dichos sentimientos, y si tenía corazón solo era para que bombee sangre, jamás tendría espacio para el amor.
Así, los días pasaron. Angel seguía ignorando a Alastor y este cada vez perdía más la paciencia. No podía actuar como un niño para siempre. Además, realmente lo que Rosie le dijo había quedado en su cabeza. Luego de horas dándole vueltas a esa tonta idea, analizando las palabras de la caníbal, pensando seriamente si realmente estaba enamorado. Veía a Vaggie y Charlie, se veían como una pareja verdaderamente feliz, y tampoco es como que le molestara verse así, pero no terminaba de cerrarle una cosa: ¿por qué Angel lo ignoraba y evitaba?
Estaba decidido a terminar con esa mierda de actitud del actor de una buena vez.
Caminó con decisión hasta la cocina, donde sabía que estaba el arácnido cocinando.
– Querido…- dijo, viendo al contrario darse la vuelta y mirarlo directamente a los ojos. Angel quería volver a morir en ese instante, sus sentimientos por el demonio solo habían incrementado y no podía estar siquiera cerca de él sin ponerse nervioso.
– Oh, Alastor, ¿qué tal?- respondió, lo más tranquilo que pudo fingir.
– Quiero saber por qué aún me evitas, mi afeminado amigo.- respondió con voz gruesa, caminando hasta quedar a escasos centímetros del cuerpo delgado del arácnido. Puso sus manos a ambos lados del torso de la araña, encerrándolo contra la isla de la cocina. Así, sería imposible que el actor se escapase.
– Al-alastor… no sé de qué me hablas…- alegó, poniéndose rápidamente más nervioso. La cercanía de sus cuerpos y el propio calor corporal de ambos estaba haciendo que su pelaje se erice.
Alastor notó esto, estaba nervioso, tan nervioso que miraba hacia otro lado que no fueran sus ojos y podía notar su cuerpo temblar levemente.
El demonio radio rió, se notaba a kilómetros que la araña se encontraba intimidada.
– ¿Seguro, Angel…?- preguntó, acercándose más si era posible al contrario, tanto que sus respiraciones casi se hicieron una, sus pechos estaban pegados y ambos podían sentir los latidos el otro, el corazón de Angel latía tan rápido que Alastor quiso volver a reír.
– Alastor, por favor, espacio personal.- mencionó el actor, demasiado nervioso como para siquiera poder mirar al contrario por al menos un microsegundo.
– ¿Qué pasa, Angel…? ¿Estás nervioso?- preguntó, capcioso. Lo sabía. El arácnido estaba tan nervioso que apenas respiraba.
Sin pensarlo mucho, el actor se dejó llevar. Si era Alastor el que lo buscaba tanto, ¿por qué no molestarlo? Sabía que odiaba el contacto físico cuando él no lo empezaba, así que decidido a que el contrario dejara de molestarlo con ese mismo tema, lo miró y lo besó.
Sabía que Alastor lo mataría, o al menos le daría una buena paliza, pero eso nunca ocurrió. Al contrario, el demonio radio correspondió su besó, cosa que lo sorprendió más no lo intimidó, simplemente se dejó llevar, cerrando sus ojos y volviendo el beso más profundo. Sus lenguas peleaban por la dominancia, siendo Angel el ganador pues Alastor era totalmente inexperto.
Pasados algunos segundos, tuvieron que separarse para poder tomar aire, pues sus pulmones lo pedían a gritos.
El demonio radio estaba totalmente sonrojado de pies a cabeza, era su primer beso desde que estaba muerto y definitivamente se había sentido como el puto cielo aunque fuera irónico.
– Así que… ¿se puede saber qué fue eso, querido Alastor?- preguntó juguetón Angel, sólo queriendo poner nervioso al demonio.
El contrario no dijo nada, solo lo volvió a besar, poniendo sus manos en su cadera y atrayéndolo a él para pegar sus cuerpos.
El actor no se negó, al final, lo estaba besando el hombre del que estaba enamorado.
El beso subía la intensidad, las manos recorrían ambos cuerpos deseosos. Alastor nunca se imaginó tener ese tipo de deseos, de hecho incluso pensaba que era una persona asexual, ya que nunca en su vida ni ahora en el Infierno, había experimentado deseo o atracción sexual hacia alguien. Sin embargo, las manos de Angel Dust en su cuerpo se sentían bien, el calor corporal contrario se sentía bien y definitivamente los labios del actor sobre los suyos se sentían bien.
No quiso pensarlo mucho más, solo se dejó llevar por los deseos carnales y comenzó a toquetear todo lo que podía de la piel ajena. Angel no se quedaba atrás, enredaba los dedos en los cabellos contrarios y metía su lengua entre los labios del demonio rojizo. Sus pieles se sentían bien al contacto con el otro, sintiendo la calentura del opuesto. Los dientes amarillentos por naturaleza del demonio de la radio jugaron con el labio inferior ajeno, era inexperto, totalmente inexperto, pero intentaba dar lo mejor de sí mismo para que el actor no la pasara mal. Quería que no fuera desagradable, deseaba dejarle un buen recuerdo al arácnido.
Una de las manos de Angel bajaron lentamente, tocando el pecho de Alastor. Podía sentir su corazón latiendo tan rápido que le causó ternura y sonrió en medio del beso, confundiendo un poco al overlord.
Nuevamente se separaron por la falta de oxígeno, los dos totalmente agitados, dando grandes bocanadas de aire para recuperar el que habían perdido. El actor se acercó al delgado cuello del demonio rojizo, pasando su larga lengua sobre su piel.
El overlord sintió una sensación extraña, no le terminaba de desagradar pero tampoco de gustar. Era raro pues nunca pensó verse en esa situación, sin embargo ahí estaba, con la estrella pornográfica Angel Dust contra la isla de la cocina mientras este lamía y dejaba pequeñas mordidas en su cuello. Sin duda era una situación realmente fuera de lo común, muy fuera de lo común.
– Al… ¿te sientes cómodo con esto?- susurró Angel. No haría nada con lo que Alastor se sintiera incómodo, podía ser un ninfómano, pero jamás obligaría a alguien a tener relación con él.
– Yo… creo que sí.- respondió, rascándose el cuello. Realmente tenía ganas de experimentar pues era nuevo en el ámbito sexual. Nunca había tenido relaciones con nadie y las pocas veces que lo hizo en vida, fue por experimentar, realmente lo había hecho sin sentir atracción o deseo de por medio, y siquiera había sentido placer, solo fue algo del momento y ya.
– ¿Estás seguro? Puedo parar cuando lo desees.- aseguró, separándose del cuello del otro para verlo a los ojos. No quería ver duda en aquellas orbes rojizas, quería seguridad, quería saber que lo deseaba tanto como él lo hacía.
Alastor dudó, no sabía si realmente se sentiría cómodo. Quería experimentar, sí, pero no sabía hasta qué punto podía llegarle a gustar un acto tan banal como el sexo. Era la primera vez en su segunda vida en la que dudaba tanto.
Al final, decidió arriesgarse. El que no arriesga no gana bien dicen los demonios por ahí, así que determinado, miró a los ojos bicolores del de cuatro brazos y asintió.
Angel lo entendió, así que volvió a besarlo, pasando sus dos brazos principales por los hombros del pelirrojo, mientras su segundo par de brazos sacaron lentamente el saco del demonio, tirándolo por algún lugar de la cocina.
“Definitivamente en camisa se ve demasiado sexy”, pensó el demonio araña comenzando a desabotonar aquella prenda, dejando al descubierto el pecho grisáceo del contrario, el cual se hallaba lleno de cicatrices de viejas batallas, aquellas líneas blancas no hacían más que resaltar en aquella tez, haciéndolo ver más sensual de lo que ya de por sí se veía. Tenía unos músculos muy levemente marcados, apenas se veían. Angel suponía que cuando era más joven se había ejercitado.
Con parsimonia terminó de quitar aquella camisa, dejando al demonio expuesto de la parte superior. Su cuerpo estaba lleno de marcas, de cicatrices que contaban mil y un historias. De cicatrices que eran prueba de sus millones de batallas. A cualquiera podría llegarle a desagradar tales marcas, pero a Angel lo cautivaron, lo llenaron de una gran intriga y de unas ganas inmensas de saber por qué. ¿Por qué aquella cicatriz sobre su clavícula? ¿Por qué aquella otra sobre su pectoral izquierdo? ¿Cómo se había hecho cada una? ¿Qué historia habitaba detrás de cada pequeña línea de tono blanquecino?
Se dice que la curiosidad mató al gato, pero el gato muriendo sabiendo, y Angel más que nunca, quiso morir sabiendo.
– ¿Tanto te gustan?- preguntó con gracia el demonio, sin borrar su sonrisa de dientes puntiagudos. Angel se quedó en silencio, admirando aún aquellas marcas. Le fascinaba la idea de las historias que podían esconder.
– Sí, me encantan…- soltó sin vergüenza, haciendo que el contrario sintiera sus mejillas arder levemente.
Quiso evitar la vergüenza, así que solo volvió a besarlo, cerrando sus ojos escarlatas. El otro solo correspondió, gozando de poder tocar la caliente piel ajena, disfrutando cada momento porque no sabía si algún día siquiera se podría repetir.
Alastor no se quedó atrás, poco a poco desabrochó la camisa del demonio araña, atreviéndose con curiosidad a tocar su pelusa. Se sentía tan suave, tan cómoda. Quiso dejar su mano ahí para siempre, pues era cálido y esponjoso, se notaba aterciopelado.
Angel soltó un leve gimoteo. Era una parte sensible de él, su pecho se sentía muy bien cuando era tocado adecuadamente.
El demonio radio quiso volver a escuchar ese sonido tan angelical, así que su mano apretó suavemente la pelusa, escuchando al arácnido largar más de aquella melodía. No sabía por qué, pero escuchar esos gimoteos y saber que él los estaba ocasionando, en definitiva movió algo dentro del ciervo, algo que no sabía identificar bien, pero se asimilaba a aquellas ansias que sientes cuando te subes a un juego como la montaña rusa y de la emoción quieres volverte a subir, porque la excitación corre por tus venas y el entusiasmo se siente en cada poro de tu piel.
Sí, decididamente se sentía así.
– Al-alastor…- gimió sobre los labios ajenos, apretando los hombros del demonio contrario. Este sintió un escalofrío correr por toda su columna vertebral. Aquellos gemidos serían su perdición, estaba seguro.
Siguió con aquellos movimientos, apretando poco a poco la pelusa. La excitación del contrario no hacía más que subir y subir, desencadenando que aquellos gimoteos fueran más ruidosos.
Las manos del albino bajaron por el cuerpo del demonio, tocando su piel y acariciando cada pequeño trozo de esta. Se sentía suave, cálida al tacto. Angel quiso pasar sus labios por cada pequeña parte, llenar sus cicatrices de besos y mordidas. En ese momento, la lujuria era lo único que habitaba en su mente.
El menor quiso divertirse también, bajando poco a poco su mano hasta la entrepierna del ajeno. Alastor sintió un escalofrío, era la primera vez que era tocado ahí desde que había muerto. No era desagradable, solo extraño. No le repugnaba cómo pensó que lo haría, solo se sentía raro al ser su primera vez.
Angel continuó al ver que Alastor no lo rechazaba, acariciando su entrepierna y viendo las reacciones de este. Su miembro poco a poco se ponía duro, llenando de excitación al arácnido que estaba ansioso por probar esa verga.
Alastor suspiró una vez se separó del beso, soltando una pesada respiración pues aquellos toques empezaban a tener un efecto en él. Se sentía bien, sorprendentemente se sentía bien, no era como él creía que sería. Se dejó guiar por Angel Dust, quien era el que llevaba el mando de la situación aunque no le gustase admitirlo.
– Te preguntaré una última vez: ¿estás seguro de esto, Alastor?- preguntó el albino por segunda vez. Quería estar realmente seguro de que el demonio radio lo quería tanto como él, haya sentimientos de por medio o no, quería que aquel de ojos rubí estuviera seguro de que deseaba hacer eso.
– Ya te dije que sí, querido.- soltó, un poco ya fuera de sus casillas. Comenzaba a desesperarse, necesitaba más de aquel toque en su parte baja.
Angel asintió, comenzando a besar su cuello, a dejar pequeñas mordidas y muy leves marcas que al pasar los minutos se irían. No quería dejarle marcas verdaderamente visibles pues quería evitar que tuviera que dar alguna explicación no deseada. Mordía levemente aquella tez, mientras su mano comenzaba a masajear el paquete del contrario, sintiendo este despertar por completo y estar totalmente erecto. Su boca se hizo agua, tenía tantas ansias por probar el pene del gran demonio de la radio.
Lentamente, Alastor subió a la isla de la cocina al actor, mientras este enredaba sus piernas alrededor de la cadera ajena, sintiendo ambos miembros frotarse levemente. La sensación era placentera, y se notaba pues los suaves gimoteos de Angel que eran prueba de ello. Los besos en el cuello del albino comenzaron, sintiendo su pelaje erizarse por el contacto de los fríos labios del demonio rojizo contra su cuello. Se sentían bien aquellas leves mordidas en la extensión.
Las manos del actor jugaron con el cabello de puntas negras, mientras el otro par de brazos toqueteaba el pecho ajeno, sintiendo los relieves de las cicatrices.
Con fingida calma, el demonio ciervo bajo los pantalones del arácnido, guiado por sus instintos, supuso que primero debería hacer sentir bien al otro antes de entrar en él. Tomó su miembro y comenzó a hacer movimientos de arriba hacia abajo, inexperto se dejó llevar por lo que creía que debía hacer, y al escuchar los sonidos que salían de aquel par de labios rosas, supo que estaba haciéndolo bien.
– Entra de una vez…- gimoteo con desesperación, apretando levemente las hebras ajenas.
Alastor solo asintió sonriendo como siempre, satisfecho pues sabía que el contrario estaría necesitado.
Bajó la cremallera de su pantalón de vestir junto a un poco de su bóxer, dejando salir el miembro palpitante y erecto. El líquido preseminal goteaba de la punta del pene, cayendo por la extensión venosa hasta perderse en el vello púbico de color rojizo. Angel quiso chuparsela al verla, pero solo aguantó sus ansias y dejó que el demonio radio llevase el control. Este tomó su pene, presionando suavemente contra la entrada del albino y entrando con lentitud para no lastimarlo. El actor gimió alto, pues se sentía muy bien aquella extensión dentro suyo, llenando su interior hasta dejarlo casi desbordando del placer.
Las embestidas empezaron, primero lentas y cuidadosas, pero luego de unos minutos, se volvieron salvajes. La próstata de la araña era golpeada constantemente, mandando olas de placer a todo su cuerpo que terminaban por erizar su pelaje, haciendo a su boca soltar incontables gemidos y jadeos.
Angel se sentía en una nube de placer, pocas veces sentía placer cuando tenía relaciones pues era algo meramente laboral y sin sentimientos de por medio, pero ahora, cuando lo hacía con la persona que amaba, se sentía totalmente diferente. Cuando realmente se compartían sentimientos, había una conexión que hacía algo tan común como el sexo, algo fantástico y mágico.
– ¡Al-alastor, fuck!- gimió cuando sintió la mano del demonio apretar su pelusa, hundiendo sus dedos en aquel pelaje suave y cómodo.
El contrario metió su cabeza en el cuello del actor, clavando sus filosos dientes en aquella piel suave y sin imperfecciones, dejando marcas visibles que quizá durarían unos días. El pene de Angel goteaba líquido preseminal, cayendo por el miembro delgado y venoso, hasta llegar a su entrada donde Alastor lo embestía sin piedad, golpeando justo en su punto dulce. Se sentía como el puto cielo en el Infierno, siendo cogido de esa manera por el gran “Demonio de la Radio”.
Angel se sentía cerca del orgasmo, estaba cegado por el placer y sin dudar tomó su propio miembro y comenzó a masturbarse, sintiendo una gran cantidad de placer aglomerarse en su vientre bajo. Sentía que en cualquier momento se correría. Las embestidas eran rápidas, profundas y certeras, generando una gran cantidad de gimoteos y súplicas por parte del actor, pidiendo que siga así, que no pare y que se sentía bien.
– A-ahórcame Al…- gimoteo, con voz suplicante.
Sus deseos fueron órdenes, pues la mano derecha del demonio ciervo terminó en su cuello, apretando este. No tan fuerte como para cortarle el aire en su totalidad, pero sí lo suficiente como para lograr que le fuera más complicado respirar. Sus dedos quedarían marcados en aquella garganta, lo sabía, y no había nada que le gustase más que la idea de ver marcas en el cuerpo de Angel hechas por él.
Comenzó a sentir un cosquilleo en su vientre bajo. Dedujo lo que era: estaba por correrse. Aumentó la velocidad de las embestidas, dando una y otra vez en el punto dulce del arácnido, golpeando su próstata hasta que las lágrimas se acumularon en los ojos del actor debido al placer, cayendo por sus mejillas hasta su cuello y terminando en su pelusa.
Eran demasiadas sensaciones, demasiado placer de por medio y más cuando estaba cogiendo con la persona que estaba seguro que amaba. Era mil veces más especial y significativo. Era su primera vez juntos, quizá la última, pero para él había tenido significado, y guardaría esto en el fondo se su corazón aún si nunca se volvía a repetir.
Los minutos pasaron, y el semen cayó sobre el vientre de Angel. Había sido el primero en correrse, llenando su estómago de su semilla caliente y blanquecina. Sentía espasmos en todo el cuerpo mientras Alastor seguía embistiendo su cuerpo, terminando por correrse en su interior segundos después que él.
Sentía el líquido caliente escurrir de su entrada y gotear hasta el suelo, formando un muy pequeño charco de semen que luego se encargaría de limpiar.
Alastor había quedado algo exhausto, en cambio Angel estaba como nuevo, ya estaba acostumbrado a largas jornadas de sexo bastante duro y rondas y rondas sin control.
Se acomodaron sus respectivas prendas de ropa en total silencio, esperando a que fuera el otro que comenzara esa incómoda charla sobre qué había sido eso y qué significaba entre ellos.
Al final, fue Angel el primero en hablar, riendo levemente y mirando al contrario.
– Entonces… ¿Qué mierda fue eso?–.
Tenían una larga charla pendiente.
♡
BUENASSSSSS. Nueva historia, esta vez Radiodust porque son mis papis. Ojalá les haya gustado.
5017 palabras, dios mio.
En fin, chaoo 💞.