Lorenzo no creía que Ángelo le decía toda la verdad.
Pero confiaba ciegamente en él, y por eso no le diría absolutamente nada hasta confirmar ese no sé qué, que le causaba una inquietud extraña cada vez que vagaba por sus pensamientos.
Decidieron pasar la semana entera juntos, Ángelo se quedó a dormir en la casa de Lorenzo, como de costumbre, se darían los siete días para acompañarse y compartir las noches llenas de mimos y los amaneceres con abrazos.
La señora Barone se mostró más que encantada, tener al novio de su hijo en su casa era como tener a un mejor amigo acompañándola, Ángelo siempre la esperaba con la cena lista y en varias ocasiones era atento, comedido y sobre todo amable, por eso no dudaba ni un poco en mimarlo y tratarlo como a un miembro más de la familia.
Ella era como Lorenzo, no necesitaba enterarse de nada mediante chismes o palabras, con tan solo ver la situación y analizarla, lo sabía todo.
Sabía que Ángelo tenía serios problemas en su casa, en su vida, en su mente, tal vez en un pasado lo hubiera alejado de la vida de Lorenzo para protegerlo, pero ahora pensaba completamente distinto, porque sabía que Cavalli no era una mala persona en lo absoluto, era un ángel puro y lastimado.
Y podía comprobarlo. En ese mismo instante.
-¿Cómo le fue en el trabajo? -preguntó el chico descalzo, moviéndose de un lado a otro mientras le servía una sopa de arroz y garbanzo que preparó con Lorenzo para la cena.
La señora Marzia sonrió con dulzura-. Estuvo como siempre, agitado por las pacientes -suspiró mientras se quitaba la chaqueta-. ¿Y Lorenzo?
-Está duchándose, nosotros ya cenamos, pero igualmente puedo acompañarla -asintió varias veces mientras terminaba de poner el sitio en la mesa, invitando a la mujer a sentarse para degustar de esa cálida cena-. Lo hicimos nosotros, pruébelo y dígame qué tal.
Así que se apresuró en sentarse y empezar a comer el delicioso plato de sopa que enamoró a sus fosas nasales por el aroma, y justo como lo imaginó, sus chicos mejoraron bastante en la cocina-. Está deliciosa -dijo continuando con su degustación-. ¿Estás durmiendo bien cariño? Veo tus ojos cansados.
-Me alegra que le haya gustado -Ángelo mordió su labio suavemente, asintiendo-. Sip, Renzo ronca mucho pero igual puedo dormir -rio levemente.
Las ojeras y sus ojos rojizos, recordaba que siempre tenía ese aspecto terrible por fumar tanto o no poder conciliar el sueño gracias a que su mente pensadora le hacía ruido cada vez que trataba de dormir.
-Te daré unas gotas que te ayuden a descansar más los ojos, dile a tu novio que te las ponga -sonrió.
El pelinegro asintió sonriente, definitivamente era la madre con la que siempre soñó, una madre que cuide su bienestar y que le haga sentir querido-. Gracias señora Marzia... -pero Ángelo sintió unos brazos rodear sus hombros y supo que su fuerte novio llegó-. ¡Hola!
-¿De qué hablan par de pervertidos?
-De que le tienes que echar gotas a los ojos de Ángelo, están muy cansados.
-Es que Renzo no me deja dormir -alzó sus cejas con una sonrisa ladina.
La señora Barone soltó una risa-. Supongo que aprovechan cuando me toca turno nocturno para hacer sus cochinadas, ¿Necesitan otra caja de condones?
-Uhm... Aún nos queda la mitad así que por ahora no -rio.
-Ya sé sus trucos, no voy a caer, mejor vamos de una vez a dormir y dejemos que mi madre descanse -en un movimiento ágil se inclinó para levantar el cuerpo de Ángelo de la silla, y alzarlo en sus brazos con una facilidad increíble.
El pelinegro ni siquiera se asustó por ser tomado de sorpresa, se acostumbró a que Lorenzo le presuma de manera disimulada que era fuerte y que tenía unos brazos enormes los cuales se encargaron de protegerlo y entibiarlo cada noche.
No tuvo tiempo ni siquiera de despedirse de su suegra, pero supuso que ya sabía que irían a descansar, o contrario a eso, pasar toda la noche conversando y mimandose como siempre.
-Necesito que me ahorques con esos brazos -dijo Ángelo una vez estuvo en la cama.
El azabache rio mientras se recostaba al lado de su chico-. No te ahorcaré nunca.
-¿Por qué? -hizo un puchero.
-Porque no me gustaría agredirte cuando hacemos el amor -su diestra viajó hacia los cabellos teñidos del mayor y los acarició con dulzura-. Incluso si eso te da placer, me da pavor llegar a lastimarte... creo que apenas puedo darte nalgadas -rio-. Pero no te voy a ahorcar, ni te jalaré el cabello, tampoco te golpearía, olvídalo, no lo haría nunca.
Ángelo suspiró enamorado, eso pudo haberle parecido una estupidez si es que se enfoca solo en lo sexual, pero Lorenzo era el chico que lo cuidaba incluso cuando se entregaban el uno al otro, siempre lo trataba con delicadeza y dulzura, amaba eso-. Eres único.
Suspiró, observando con detalle las preciosas arrugas que se formaban en las orillas de sus ojos a la hora de sonreír-. Moriría por ti, Cavalli.
-Pero yo vivo por ti... -le gustaría que sea eterno.
-Deberías hacer poesía.
-Soy terrible para expresarme... pero tu siempre despiertas ese lado en mí, podría hacer poesía si sólo eres tú el que las lee.
-Pero entonces yo no podría evitar mis ganas de compartir con todo el mundo lo artístico que eres.
-Por favor Renzo, no soy bueno en casi nada... -rio-. Apenas puedo caminar sin estar tropezando.
-Eres un gran cantante, bailarín, sabes escribir cartas preciosas y también eres muy gracioso, tienes sentimientos hermosos, un gran amigo, cocinero, y además... muy hermoso.
Negó mientras sonreía con un sonrojo carmín en sus mejillas-. En tus ojos siempre me veo bonito.
-Lo eres.
-Soy malhumorado, siempre reniego, no vas a negar que últimamente me veo de lo peor, siempre estoy causando problemas y además, soy un...
-No lo digas.
-Soy un droga...
-Nada de lo que digas me va a convencer -alzó las cejas-. No te desprecies, desde que te conocí tienes la idea de que tú sola existencia arruina la vida de los demás, pero eso tiene que cambiar, porque desde que estoy contigo, por ejemplo, soy más feliz.
Definitivamente, nada de lo que diga le haría cambiar de opinión a Lorenzo-. ¿Quieres hacerme llorar? Lo vas a lograr, Barone.
-No quiero hacerte llorar, solo quiero que te des cuenta -sonrió, aprovechando en dejar un piquito en los labios pomposos de Ángelo.
-¿Y si tenemos un poco de sexo?
-¿No estás adolorido? Toda la semana lo hemos hecho...
Lorenzo por una específica razón creyó que Ángelo quedaría con un tipo de trauma que los tendría en abstinencia por un largo tiempo, quizá le agarraba temor a ser grabado de nuevo sin su consentimiento por el incidente de hace algunos días, pero fue todo lo contrario.
Se podría decir que toda esa semana que pasaron juntos, de alguna u otra manera tenían algo de intimidad por las tardes, noches, e incluso en las mañanas cuando uno de los dos despertaba con sus erecciones matutinas, intentó encontrar algún rastro de incomodidad en Ángelo, pero no halló nada negativo, así que no se limitó y se dedicó a complacer a su precioso novio las veces que se lo pedía.
Ángelo era mil veces más hermoso cuando hacían el amor, el simple hecho de verlo a los ojos y sonreírle mientras lo penetraba, era como viajar al mismo paraíso, tener sus miradas pegadas el uno al otro lo llevaba a un mundo inexplicable que le hacía estallar de amor y podía confirmar que definitivamente, Ángelo era su persona.
No solo lo llevaba a la cima del éxtasis, sino también a la cima del romanticismo y a la explosión de emociones cálidas que sentía en su corazón, se sentía profundamente amado, y le alegraba saber que Ángelo se sentía de la misma manera cada vez que tenían intimidad, e incluso cuando tan solo compartían dulces caricias o suaves besos entre la oscuridad de la habitación.
Ángelo era demasiado valiente, trataba de seguir de pie a pesar de toda la ola maliciosa que había llegado a su vida en los últimos días, su presencia iluminaba cada rincón al igual que cada una de sus acciones, Lorenzo a veces temía no volver a escuchar o ver la risa de su novio por todo lo que había sufrido, pero cada vez que lograba sacarle una sonrisa; el alivio recorría su pecho y sabía que siempre, a pesar de todo, Ángelo conservaría la preciosa expresión de la que se enamoró.
Lo amaba con locura.
-Hoy no haremos el amor, mañana debemos ir a la academia así que es mejor descansar, ¿Si?
-¡Pero! ¿Y si me quito toda la ropa?
Oh sí-. No, hoy no te va a funcionar eso, tesoro, vamos a dormir -porque sí, Ángelo también hizo eso y como un gran sinvergüenza, se paseó por toda la habitación completamente desnudo, buscando provocar los activos instintos de Lorenzo-. Dime, ¿Por qué te urge tanto hacerlo?
-Porque así gasto todas mis energías y duermo como un bebé -rio-. Ya sabes que a veces no puedo dormir bien... odio tener ojeras.
Sonrió comprensivo y asintió, atrayendo el cuerpo más pequeño para apresarlo entre sus brazos, hasta arrullarlo como si fuera, un gordo bebé-. Pero no es la única manera... puedo cantarte algo lento, hacerte piojito, o también puedo contarte un cuento...
-Cuéntame un cuento.
-Bien, te contaré un cuento, se llama el perro alegre... -acomodó la cabeza del mayor sobre su pecho, y empezó a acariciar sus cabellos con cariño.
Ángelo comenzó a reírse con diversión-. ¿Qué tipo de nombre es ese?
-Este cuento me lo contaba mi mamá cuando tenía trece años.
-Me gustan los perritos, continúa.
-Tonto -bufó-. Había una vez un perro que vivía atado a un pequeño porche cerca de un árbol en el pueblo. Era muy bueno para ocultar sus sentimientos, por lo que era querido por todos los aldeanos que amaban jugar con él, ya que siempre tenía buena cara le decían; "El perro alegre".
Ángelo simplemente cerró sus ojos suavemente y se dejó llevar por la gloriosa voz de Lorenzo.
-Pero cuando llegaba la noche, siempre se quejaba y lloraba con tristeza. El perro ansiaba divertirse libremente por los campos, pero no pudo hacerlo, ya que estaba atado firmemente al porche -dejó un beso fugaz en los cabellos del contrario y su mirada se pegó al techo.
Mientras que Ángelo solo se limitó a sentir una leve presión en el pecho, completamente inmerso en la ficción que de cierto modo la sentía cercana a su realidad.
-Un día, su corazón le susurró: "¡Oye! ¿Por qué no solo te quitas la correa y huyes?" -murmuró-. El perro solo respondió tristemente: "Llevo mucho tiempo atado, así que olvidé cómo liberarme."
Ángelo estaba acostumbrado a ocultar lo que le sucedía, incluso si era la peor tragedia como ser abusado sexualmente por un sacerdote, hasta la más mínima, como ser regañado por su madre, era capaz de ocultarlo por toda su vida.
La única manera de dejar de ocultar lo que sucedía, es siendo atrapado tal y como un perro culpable y la sucia cola entre las patas.
Cómo a la mañana siguiente.
Terminó de cepillar sus dientes después de lavar su rostro, así que salió del baño a pasos flojos y con los ojos decaídos, pero esa expresión le duró muy poco, porque pasó de estar tranquilo, a estar malditamente asustado.
-Lorenzo...
-Ya veo porque siempre estás con los ojos irritados -lanzó a la cama dos cajas de cigarrillos, una completamente vacía, y otra a medias.
Era un idiota, se sentía estúpido por haber guardado eso en su mochila.
-Puedo explicártelo Renzo... -sus orejas ardían y por alguna razón, su estómago empezó a revolverse a pesar de no haber comido absolutamente nada.
Su piel ardió y tuvo ganas de esconderse, tal cual como se siente la vergüenza.
-No Ángelo, me dijiste que ya no lo harías, ¿Te has estado drogando? Dime la verdad.
-¡No! ¡No lo he hecho! -otra mentira más-. L-Lorenzo... Tienes que creerme, no me he estado drogando...
-Entonces explícame porque carajos tienes cigarros de marihuana en tu mochila.
Su lengua le pesaba y de un momento a otro, olvidó cómo formular una sola palabra.
-No es... no es eso -sus ojos se inundaron de lágrimas, tenía miedo, nuevamente no supo cómo liberarse de aquello que lo tenía atrapado.
-¡Si lo es! -frunció el ceño-. Te di toda la confianza del mundo para que me lo digas y buscar ayuda, ¿Me has estado viendo la cara de idiota? ¿Hasta cuándo vas a seguir con lo mismo?
-Es que yo no quería pero... pero... -definitivamente olvidó cómo hablar, su rostro ya estaba completamente empapado y temía que el oxígeno también empiece a ser insuficiente-. No es marihuana -murmuró entre la sal de sus lágrimas.
No le asustaba ser descubierto, le asustaba perder el amor de Lorenzo.
-Entonces dime qué mierda es, porque voy a volverme loco si no me dices lo que has estado consumiendo todo este tiempo.
-¡Es solo tabaco! ¡Te lo juro! -se acercó rápidamente y con las manos temblorosas agarró una de las cajas para mostrarle las letras del exterior.
¿Entonces así se sentía tener la primera pelea de la relación?
Se sentía peor saber que fue el culpable de que hayan peleado.
-Joder... -el azabache mordió su labio, apretando sus puños-. ¿Por qué lo hiciste? ¡Me hiciste creer que todo estaba en orden! ¿Qué te costaba decírmelo?
-¡E-es que no quería hacerte más daño!
-¡Me haces más daño cuando me ocultas la verdad!
-Es muy difícil para mí... sabes que... sabes que me siento terrible últimamente por todo lo que me ha estado pasando... no quería agobiarte más y... y fue mi única salida.
-No más excusas Ángelo, esta no es tu única salida, hay más maneras de desahogarse, ¡No dañando tu cuerpo!
-¡Lo sé! ¡Me siento terrible por haberte hecho esto!
-Es que no se trata de mi, entiéndelo -se acercó a él para tomarlo de los hombros-. Se trata de tí, no te tienes que disculpar conmigo, te tienes que disculpar contigo mismo.
Sintió las manos del más alto viajar hacia sus mejillas-. P-perdóname... -murmuró entre lágrimas-. Pero entiéndeme... ha sido mi única manera de calmarme por años... Es difícil para mí dejarlo de la noche a la mañana -sollozó.
Negó-. Perdóname tú a mí, no debí hablarte así -soltó un suspiro, hablando con más calma-. Tienes razón.
-Está bien... no tienes que disculparte, solo te preocupas por mi.
-Pero prométeme que no te vas a drogar, Ángelo, promételo.
Asintió rápidamente-. Te lo prometo -dijo mientras se acercaba al rostro de Lorenzo para dejar un dulce beso en sus labios-. Perdóname por hacerte pasar malos ratos, no quería que te enojes conmigo.
-Me preocupas y no significa que me haces pasar malos ratos -dijo correspondiendo aquel piquito-. Es que quiero que seas feliz, que seamos felices.
-¿No me vas a dejar de querer?
El azabache tragó saliva-. Te amaré por siempre -acarició las mejillas con sus pulgares, tratando de quitar cualquier rastro de lágrimas.
Ángelo pudo volver a respirar y no se detuvo a la hora de abrazar con fuerza a su novio-. Gracias por escucharme... -susurró contra el pecho de Renzo-. Eres lo único que necesito para ser feliz.
El más alto lo abrazó de vuelta, mordiendo sus labios mientras tenía un terrible sabor amargo en la boca de repente, ahora ya no sabía qué creer, odiaba pensar que perdió un poco de confianza en Ángelo-. No te disculpes amor.
Pero era cierto, tal vez ahora no le creía del todo.