DE CEO A PROSTITUTO

By CatalinaLopez7777777

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Katherine es una escritora famosa que, en un día sin inspiración, decide contratar a un caballero de compañía... More

Dedicatoria
Mudanza
Ese perro
Caballero de compañia
Caballero de compañía (Parte II).
A la mañana siguiente
No es de mi clase
Primera noche
Después de pensarlo tanto
Te extrañé
Es domingo
El alma de un escritor
¿Él es el CEO?
¡Ese bastardo!
Cómo perro sin dueño
...
Sugar Mommy
Reunión con Brianna
Enfrentarlo
La más perra
¿Ella con David?
Sin derecho a explicaciónes
Nadie como yo
No te vayas
No te vayas (Parte II).
Matrimonio
Personaje
Aclarar
Un hombre seguro
El peor hater
Mientras nos amemos
Especial, por Katherine
Más vergüenza, por Katherine
¿Secundario o Protagonista?
¿Qué? ¿Me harás papá?
Epílogo

Final

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By CatalinaLopez7777777

Sigues sin decir nada.

—Está mujer en serio. ¡Mujer dime! Me mataras de un paro cardíaco... —su corazón late a mil por hora.

—¡Ahhh! ¡Sí, seremos papás!

El rostro de Karl irradia felicidad por la noticia. De un impulso desmedido levanta a Katherine en el aire como bebe.

—Karl, controlate. Estoy embarazada, el bebé aún no nace...

«Bebe», esa palabra lo conmueve.

—Cierto, cierto. Perdón amor —de inmediato la pega a su cuerpo pero ahora cargandola por debajo de sus glúteos. Kathe queda un poquito más arriba de la altura del rostro de Karl.

Katherine tenerlo así y ver de tan cerca sus ojos, puede apreciar un brillo especial en ellos. Cristalinos, llenos de ilusión. Esa alegría la invade en el pecho. Está mañana cuando irrumpio en su oficina iba a contarselo, pero tenía temor. No sabía cómo lo tomaría, más que nada por ser demasiado pronto cuando su relación formal apenas comienza. Pero ahora viendolo así, no duda en darle más hijos.

—Sabes que me haces el hombre más feliz del mundo...

Ella solo le sonríe y termina por pegar sus labios a los de él. Un beso suave. Karl cierra los ojos y frunce el ceño sintiendo en todo su explendor ese beso. Kathe continua dándole pequeños besos en sus labios mientras habla.

—Amor, aún seguimos en el estacionamiento. Debes soltarme para que vayamos a casa...

—Oh sí —su mente anda flotando de la emoción. La baja de inmediato. No obstante en cuanto lo hace, antes de entrar al auto coge su teléfono para realizar unas llamadas.

—¿Qué haces? —le pregunta Katherine.

—Llamare a mis padres, se pondrán muy felices al saber que por fin su hijo pródigo les dara un nieto. Oh, también llamaré a Forest para que publique la noticia en primera plana...

Katherine se queda atónita escuchandolo. «Este hombre».

De pronto Karl siente un gran sope en su nuca.

Se gira furioso y se encuentra con Alan...

—¿Qué te dije? Que tomaras las cosas con calma. Asociégate.

—Gracias Alan —le agradece Katherine, suelta el aire—. Cariño, apenas tengo un mes. Es mejor que esperemos.

Karl asiente cómo cachorrito regañado.

—Perdón, me emocioné mucho. Tienes razón —luego dirige su vista a Alan—, pero tú, lo pagarás... —a él lo fulmina con la mirada

—Ahhh con que harás mamá a Kathe —Alan le sonríe ampliamente entrecerrando los ojos. «Mamá», esa palabra llena de ternura a Karl y el enojo que tenía contra Alan, como si nada se esfuma.

—Sí... Ya quiero verle su pancita —Karl aproxima sus manos al vientre de Kathe.

Kathe fija su mirada en Alan, le lee los labios.

—Años de práctica... —despues alza la voz—, felicidades a los dos. Estoy feliz por ustedes. Quiero ser el padrino.

—Gracias Alan.

—Bien, los dejo.

Alan está a punto de marcharse cuando sin esperarlo escucha por la espalda la voz grave de Karl que le ocasiona un escalofrío.

—No creas que he olvidado el golpe malnacido...

Se echa a correr.

***

Meses después...

Katherine recién sale de bañarse, en la cama Karl la espera tumbado boca arriba mientras toma una pequeña siesta. Ella sin previo aviso con su vientre voluminoso decide sentarse sobre él en cuclillas a la altura de su bulto.

Lo ha tomado desprevenido sacandole el aire. Karl abre los ojos de golpe.

—Amor —ultimamente Kathe está muy sensible por las hormonas.

Karl agranda los ojos y la mira. Trata de suavizar sus expresiones. Al verla allí sobre él y sintiendo su feminidad, y sobre todo porque solo lleva un camison puesto, lo pone duro. Avanza sus manos hacia sus caderas acariciandole esa piel con las yemas de sus pulgares simulando dibujar círculos de forma suave.

—Me has tomado desprevenido. ¿Ocurre algo?

—Sí —pronuncia Katherine con voz quebrada.

—¿Qué pasa? Me preocupas. Sabes que te amo... —le dice con voz tenue.

—Karl. ¿Estoy gorda?

De inmediato Karl arquea una gran sonrisa «Ah, con que es eso», pero su sonrisa es lasciva.

—Gorda me la pones.

Sin pensarlo baja sus pantalones y sin hacer mucho esfuerzo clava su erecto miembro en la cavidad de ella. Katherine se mueve sobre él olvidando cualquier pensamiento o inseguridad que tenía.

Ella aprovecha que está arriba para subirle su sueter dejando a la vista su tonificado abdomen y pectorales los cuales palpa.

—Ultimamente te has vuelto muy pervertida. Tus sucias intenciones las capte desde el comienzo traviesa.

Ella no responde nada, solo gime de placer. Las cosas que tiene que hacer para que él no siga moderandose. Si por ella fuera todo el día la pasarían en la cama. Y es que las hormonas no solo la vuelven loca de las emociones, sino también del apetito sexual.

Karl termina por quitarle el camison y girarla para posicionarse sobre ella. La vuelve a penetrar, pero con sumo cuidado.

—Recuerda que no podemos excedernos, ya estamos en el último mes cariño.

—Sí, sí, sí. Tú sigue

«Aj, aj, aj~~~», se escucha por toda la habitación.

Un mes después...

El bebé recién nacido llega en los brazos de su madre a la nueva casa de ambos padres. Después de tener una hermosa boda junto al mar, Kathe y Karl decidieron mudarse a este nuevo sitio. Que es un lugar enorme, pero sin alberca, ya que con un bebé a Katherine le da terror.

El bebé tiene una acalorada bienvenida por todos sus familiares, entre ellos destacan los padres de Karl que aman a Katherine como nuera, y los dos hermanos de Kathe junto a su madre. También está Alan como el padrino, Dailing como madrina, y David como un amigo más. Después de todo Karl y él pudieron conocerse y entablar una sana convivencia, David se ha mantenido al margen, genuinamente está feliz por Kathe.

Kartherine se aleja un poco de los invitados y se acerca a David, hace mucho que no lo veía.

—Pensé que no vendrías.

—¿Cómo no hacerlo? Es un día muy importante, es el recibimiento de tu hijo Kathe. Estoy feliz por ustedes...

—Lo sé.

—Kathe —David baja la vista fijandola en el borde de su copa de vino—, pronto me ire a Manhattan. Me han ofrecido un puesto importante. Lamentablemente ya no podré seguir de cerca tu trabajo, pero he dejado a otro editor a cargo, es excelente...

—Está bien, confío en tu percepción.

—Bien... tengo que irme. Tu hijo está precioso, se parece a ti.

—Sabes que eso no es verdad, es una copia de su padre...

Ríe David.

—Cierto, es innegable. Igual es hermoso. Adios Katherine...

Se gira para irse, pero antes de dar un paso adelante, Katherine lo detiene.

—Espera...

—Sí —se gira a verla.

—Nunca te agradecí por haberme traído a Peiton, ciertamente él ha sido la fuente de muchas alegrías en mi vida.

David suspira.

—Yo no te lo traje, él llegó a ti Katherine. Desde el principio lo encontré afuera de tu puerta, no lo adopte. Lo omití para justificar de que te quedarás con él. Te encontró Kathe. Y eso es por algo ¿No crees que fue para hacerte ver que debías ser feliz y no seguir castigandote?

Katherine se le forma un gran nudo en su garganta, y su estómago se le encoge como uva pasa. Gracias a Peiton pudo sanar y encontrar a Karl, porque si no hubiera sido por ese escandoloso perro tal vez jamás hubiera existido algo entre ella y Karl. Pero la vida, el universo o Dios mismo se encargaron de poner las piezas en su lugar para que todo se diera. Y eso no la puede hacer más feliz. Por fin dejó de estar enojada consigo misma.

—Te extrañaré David, gracias por siempre.

Al fin se marcha. Es duro alejarse de quien fue un importante escalón para llegar a la cima, también un buen amigo que estuvo en la buenas y en las malas. Siempre lo recordará como ese lector castroso que la corregía en sus escritos, pero que eso mismo la ayudó a crecer en su faceta cómo escritora.

Y ese perro no solo buscaba a Katherine, sino también a Karl, a ese hombre duro y arrogante con altas expectativas sobre las mujeres que en realidad se refugiaba dentro de esa coraza para no lidiar con los prejuicios de los demás. Buscando posiblemente que en su propio círculo existiese alguien que lo comprendiera y lo viera como realmente era. Pero que al final pudo darse cuenta que tenía un mal enfoque.

—Lo ves, miraste a otro horizonte y encontraste al amor de tu vida —le dice Alan a Karl.

—Estaba tan equivocado... Gracias Alan, por siempre ser un buen amigo.

—Oye, me pondrás sentimental. —Se pone serio—; No, recibes lo que das Karl. Tú también siempre has sido un buen amigo y hermano.


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