—Basta, Kookie. Tengo sueño.
Sus besos seguían la línea de mis costillas, en donde había levantado la camisa de dormir para, por enésima vez en esa noche (si es que no más, porque a decir verdad a mitad de la historia, simplemente dejé de contar) revisar por si había alguna herida luego de lo que ocurrió en el bosque. Siento que ha pasado una vida entera desde ese "ataque", mientras nos arrastrábamos de vuelta a la aldea, mientras recuperábamos los cuerpos, mientras con Jungkook a cargo hablábamos con el Alfa de la aldea para detallar lo sucedido y mientras él hacía énfasis en que nada de lo que había ocurrido era culpa de nadie, sé que me lo dice directamente a mí, a pesar de que está mirando a su tío a los ojos, porque no hay forma que su tío no sepa que en toda expedición y aventura hay un porcentaje de personas a las que se puede perder por acontecimientos del destino. Pero parecía ser que el Alfa de la aldea parecía no estar de acuerdo, con su rostro fruncido hacia mí mientras brillaban cuando miraba a Jungkook, diciendo de la forma más vil y mentirosa posible que todo pasó demasiado rápido para que pudiésemos evitarlo.
Su lengua pasó por el costado de mi cuerpo una última vez, antes de que su rostro se elevara a levemente y fijara sus ojos en mí.
Sus ojos brillaban, y sé por qué.
—Tengo un amor-odio con que me digas Kookie. —frunció levemente el ceño.
Extendí mis manos hacia él, tocando su brazo y acariciándolo perezosamente. Amaba tener la posibilidad, por sobre todas las y los Omegas de este lugar y de su aldea natal, de poder tocarlo sin medirme. De poder sentir que este Alfa me pertenecía, que me cuidaba y que me quería solo a mí.
—¿Por qué?
Él me mira a los ojos y siento el mundo temblar. Me dijo que me amaba más temprano, me prometió no irse y nunca dejarme atrás, y a pesar de que todo en él y en lo que hace me inclina a creerle, una parte de mí (llamada inseguridad) está esperando por el momento en que todo esto se me caiga a pedazos en mi rostro, con esa vibra venenosa del "te lo dije" esperando al final de la escena, y eso me hace temer de decirle justamente todo lo que siento, todo lo que quiero, las ganas que tengo de finalmente pertenecerle frente a todo el mundo.
Él huele mi cuerpo. Suele hacerlo muy a menudo, y me genera cosquillas. —Porque amo que me digas así, siento que te estás liberando conmigo, que tienes confianza en mí, y en esto... Pero también me molesta que me digas así cuando estamos en la cama, porque prefiero que me llames amor, o Alfa, o señor, o papi...
El sonrojo sube instantáneamente a mis mejillas.
—No pienso jamás decirte papi.
Él se ríe, y su mano inquieta comienza a acariciar mi pierna suavemente, mientras sus besos distraen mi cabeza a medida que levanta una de mis piernas para doblarlas y poder encajar su cuerpo sobre el mío, su intimidad cerca de la mía, y su lengua nuevamente trazando besos en mi costado, en mi estómago, en mi torso. —Partí buscando cada centímetro de tu piel por alguna herida, porque me volví loco de solo pensar de que pudieses estar herido. Dios, ¿esto tendré que pasar cada vez que tengas que ir a una lucha? ¿Cada vez que amenacen esta aldea? —su boca bajó por mi estómago, mientras me estremecía por sus besos. Mis manos afirmaban con fuerza las sábanas para evitar que un gemido saliera de mis labios, mientras su aliento rozaba mi ombligo, mis piernas amenazando con tiritar por la excitación creciente que solo él lograba en mí. —¿No puedo dejarte esposado a la cama para que no te pongas en peligro?
—Podría ponerme en peligro más seguido si esta es tu forma de verificar que no tenga ninguna herida.
Él gruñó por lo bajo, y sus dedos jugaron con el dobladillo de mi bóxer. Inmediatamente el sueño se esfumó de mi cuerpo cuando comenzó a bajarlo lentamente, la tela haciendo que mi piel se erizara, acompañada de sus toques intensos. —Te aseguro de que esposado a la cama puedo hacer esto de todas formas.
—Me gusta el peligro.
—Hmmm... —sonaba semi-molesto, pero sé que mientras tiene sus manos en mi cuerpo no puede estarlo completamente. Suspiré de placer cuando finalmente sacó mi ropa, y su boca engulló mi miembro de forma instantánea.
—Oh, mierda... —gemí, sin poder evitar soltarlo al aire, demasiado extasiado con su experta músculo, la cual lamía mi falo logrando erectarlo hasta llegar al punto en que dolía, la punta de su lengua jugando con el líquido que salía por la excitación, recogiéndolo con parsimonia. —Tu lengua es tan buena...
Él apretó con sus manos mis muslos, como si estuviese diciendo que estaba de acuerdo con mis palabras.
Se retiró momentáneamente, soltando mi polla con un grotesto "pop", e inmediatamente lloriqueé de necesidad. —Creo que no tienes ninguna herida. —mi cabeza no dejaba de dar vueltas del placer, y no lograba conectar mis ideas con lo que estaba pasando, porque su lengua había volado mi cerebro. —De todas formas me gustaría que mañana fueras al médico a chequearte. ¿Podemos hacer eso?
—Sí, sí. —porque le daría el gusto en todo con tal de que siguiera tocándome.
Él sonrió para sus adentros, y su boca volvió a mi miembro, trabajando con fervor mientras mis dedos se enredaban en sus cabellos y sostuve su rostro en su lugar gracias a mis manos en su barbilla mientras follaba su boca, mis caderas subiendo y bajando con sonoros espasmos de mi cuerpo, con sonidos demasiado grotescos para ser inocentes, y me estremecía de solo sentir cómo la punta de mi miembro tocaba el fondo de su garganta, logrando que incluso sus sonidos comenzaran a ser cada vez más gruesos y roncos.
Apreté su cabello, mientras mis dedos se enroscaban, y me corría con un grito de placer que decía su nombre, demasiado envuelto en el placer del orgasmo como para darme cuenta que él no había terminado. Que ahora sus dedos estaban en mí, trabajando en mi interior para dilatarme con facilidad, y sus labios siguieron los míos en medio de mi bruma, los cuales, ansiosos, recibieron su boca y su lengua que tenía mi sabor predominante con gusto. Entrelazamos las lenguas, y ladee mi cabeza para poder profundizar aún más nuestro contacto, gimiendo en sus labios con la hipersensibilidad que sus dedos estaban provocando en mí. Su cuerpo estaba totalmente sobre el mío, y sus besos me dejaban sin oxígeno.
—Te amo. —susurró de nuevo, y todo mi cuerpo se estremeció.
De felicidad, de placer, de necesidad.
Abrí mis ojos mientras su lengua seguía pegada a la mía, y separé nuestros labios para susurrar: —Eres maravilloso, mi amor.
Y él se estremeció notablemente. Dejó caer su frente contra la mía, y sacó sus dedos de mi interior, posicionándose entre mis piernas las cuales se habían abierto más aún para poder dejarle el espacio necesario para que hiciera lo que quisiera conmigo, porque contra todo pronóstico —o quizá a favor de todo pronóstico del destino—, cada fibra de mi cuerpo le pertenecía y él podía hacer lo que quisiera con cada célula que componía mi existencia y, contrario a lo que parecería, ese pensamiento no me asustó tanto como debería.
—Me vuelves loco, Tae. —susurró, mordiendo su labio inferior. —¿Puedo... puedo entrar en tí?
No le respondí, y en cambio enredé mis piernas en su cintura como respuesta y lo atraje a mí, mis manos acomodando entre nuestros cuerpos su erección palpitante y gritando de placer cuando se enterró en mí, así sin más, atrás la protección y confiando en el otro como si no hubiese otra alternativa, su miembro atravesando mis paredes y generando que mi ser completo quedara sin respiración al sentirme al fin vivo, lleno y repleto de él, su punta enterrada hasta el fondo de lo que anatómicamente era posible.
Los ojos de Jungkook estaban cerrados, y por mi cabeza pasó el breve pensamiento de que acababa de entrar en mí sin lubricante, y no dolía. Todo lo contrario, me sentía tan bien con él en mi interior, mi corazón saltando en mi pecho, y su Alfa ronroneando por la unión. Mis uñas se enterraron en su espalda, y acerqué mi rostro al suyo, besando sus párpados cerrados.
—Mi Alfa... —luego besé su mejilla. —Mi amor. —mis besos bajaron hasta su cuello. —Mi vida, mío, mío, mío.
Y si bien yo no podía marcarlo como probablemente un Omega podría, si podía marcarlo de otra forma, por lo que mis labios chuparon la piel de su cuello con ímpetu, generando que Jungkook jadeara y comenzara a mover sus caderas contra mi trasero, embistiéndome en un ritmo placentero que si bien no era demasiado rápido por la hipersensibilidad que todavía me embargaba, era suficiente para devolverme el placer instantáneo.
Le hice muchas marcas en su cuello, oliváceas en ambos lados, una seguida de la otra, una bajo la otra, y luego a sus brazos, a su torso, a su nuez de adán, mientras él empujaba contra mí una y otra, y otra vez, y gemía palabras de amor que llenaban mi corazón y detenían toda mi inseguridad, y cuando cambiamos de posición porque quería montarlo, me aferré a sus rodillas mientras él hacía lo mismo con mi cuerpo, mordiendo y marcando a su paso la piel tersa, aferrando mi cuerpo al de él mientras nos dábamos placer mutuamente, y luego de un rato envuelto en esa bruma calurosa, Jungkook se derramó en mi interior por lo que pareció una eternidad, sintiendo su semilla en lo más profundo de mi interior y un rápido movimiento de su parte logró que saliera de mi justo a tiempo, y terminó de expulsarse entre nuestros estómagos, en donde ya estaba mi segunda corrida del día, mezclada mientras su semen bajaba espeso y lento desde mi entrada, por mis piernas.
Jungkook me dio otro orgasmo esa noche, cuando comió de mi con la excusa de limpiar su propio semen de mis muslos, pero finalmente su lengua entró en mi dilatada entrada y el resto es historia.
Lo único que llamó mi atención fue cuando dijo un suave: —Hmmm, dulce.
Porque no entendí a que se podría referir...
—Y bien, Taehyung. ¿Cómo estás?
Miré a mi alrededor, buscando la mirada de Jungkook que iba saliendo por la puerta, pues así como él me había convencido de ir al médico, pedí que también lo revisaran: si bien entendía que lo que había pasado al principio cuando andaba débil y se desmayaba era netamente por la tonta distancia que nos interponíamos cuando intentamos luchar contra esta atracción que sentíamos el uno por el otro, aún me asusta que de la nada pueda desplomarse por algo que hice mal, que mis acciones repercutan en su salud de forma tan directa que sinceramente me asusta, pero todo salió bien, por lo que puedo ver. Y ahora era mi turno.
Y tenía muchas preguntas.
—Bien, y realmente esto no es necesario. Estoy bien.
—Jungkook me comentó que estuvieron ayer en el bosque. Lo lamento por sus pérdidas, —si fuese un lobo hecho y derecho, mis orejas caerían al escuchar sus palabras, pero en cambio, solo fue mi corazón el que se rompió. Incluso así, puedo decir con certeza que creo que Jungkook lo sintió. —pero de todas maneras quiero revisarte. Jungkook insistió.
—Él no manda en mi salud.—bufé.
—No, pero yo como tu médico de cabecera sí, y aunque te ves sano, aprovecharemos de hacer un chequeo general, así que haz caso a mis peticiones y sugerencias.
Rodé los ojos, pero terminé asintiendo de todas formas, al fin y al cabo ya estaba sentado frente a su mirada juzgadora. —Los Alfa son unos mandones. —me burlé.
—El tuyo mucho más que cualquier otro. Es un Alfa puro, después de todo.
—Sí, había escuchado de eso,—mordí mi labio inferior, un poco contrariado por la pregunta, pero no siempre me interesé por estos tópicos. Fue necesario Jungkook para que quisiera abrir los ojos.— pero ¿qué significa realmente?
El médico me apuntó hacia la pesa, en donde me saqué los zapatos y me subí. Él acomodó algo en la pesa antes de anotarlo en un cuaderno, y luego tomar mi altura, como si de algún momento a otro mi 1.79 cambiara en lo absoluto. —Significa que él proviene de una estirpe muy especial que explicarían por qué es tan poderoso, tanto él como su hermano. Además de que Jungkook parece ser el elegido por el destino como el Alfa de Alfas, lo que está casi confirmado por su unión contigo.
—¿Ah?
—Taehyung, ¿puedes acostarte en la camilla?
Hice lo que me decía sin chistar, porque después de todo, conocía a este médico desde que era un cachorro.
—No es el primer líder poderoso que está destinado a un Beta, Tae. Es casi lógico si lo piensas, porque los líderes son personas que atraviesan muchas amenazas. Un Omega al lado de un líder poderoso no es buena idea, porque las uniones, incluso si no son destinadas, generan un alma rota cuando la otra persona muere, y asesinar Omegas es muy, muy fácil, por ende debilitar a esos Alfas es por consiguiente muy fácil también. Sus cuerpos son mucho más débiles, —explicó, ganando mi total atención al punto que ni siquiera respiré de lo concentrado que me encontraba. —sufren de celos que pueden ser desgarradores para ellos, y hay casos en que han muerto dando a luz por el tamaño de los cachorros de un Alfa puro. Todo lo contrario a un Beta, sobre todo un Beta de alto rango como tu.
—P-Pero... Para un líder es más importante la descendencia.
—¿Y quién dice que no pueden tenerla, Tae?
Él se acercó a mí, y pidiéndome permiso en silencio levantó mi camiseta, haciendo una mueca al ver todas las marcas que dejó Jungkook anoche, pero ni siquiera me sonrojé, porque eran los premios de mi Alfa y lucían hermosos en mí, y el médico tocó mi estómago y golpeó suavemente alguna de las zonas con dos de sus dedos.
—Lógico. Los Betas no tenemos órganos femeninos, ni útero, ni celos.
—Oh, hay Betas que si tienen útero, solo que no es funcional. Y otros tantos que han tenido hijos, bajo ciertas circunstancias y ciertas características.
—Pero yo no las tengo...
—Hm... No... ¿Lo sé? —mi garganta se secó. —¿Has sentido cambios en tí desde que estás con Jungkook?
—No.
—Bueno... —él hizo una mueca, y bajó mi camiseta. —Pueden no mostrarse hasta que te unas con marca a él. Puede que ahí visualicemos algunos cambios. Sin embargo, a mi si me llama la atención que hayas soportado un nudo de él. ¿Has... intentado volver a tomar otro? Sería interesante saberlo, aunque eso no quiere decir que no sea peligroso.
Esta vez si me sonrojo de pies a cabeza.
Negué suavemente. —A Jungkook le da miedo dañarme si me hace anuda... Lo he encontrado leyendo sobre cómo se puede romper por dentro un Beta por un nudo y sinceramente es algo asqueroso,—me removí con un escalofrío— y muy, muy morboso.
—No creo que sea morboso, es normal que tenga miedo.
—Yo también lo tengo.
—Lo sé... Pero podrían... tratar. Puedo darles medicamentos e inyecciones para detener las hemorragias en caso de que salga mal, y pueden llamarme para que vaya a su hogar a verte si es necesario, pero deberías... intentarlo, Tae, sobre todo porque queda menos de un mes para que Jungkook pase su celo...
—Imposible, su celo fue hace casi tres mese-...
El médico me cortó de forma instantánea. —Ese fue un celo forzado cuando conoció a su destinado, o sea a tí, por si hay dudas. —estuve a punto de bufar sino fuera porque el médico me generaba una sensación de respeto que pocos lobos lograban en mí.— El celo real vendrá ahora, y será doloroso, muy doloroso para él, porque sabe que te tiene. Su lobo te conoce y te querrá, y lamentablemente Tae, tienes dos opciones, porque te aseguro que no se podrá resistir de hacer un nudo porque no está en la naturaleza de un Alfa en celo. —suspiró fuertemente. —O pruebas ver si puedes tomar sus nudos e intentar lubricar mucho antes de, porque su lobo de por si es muy violento por su naturaleza pura... o consigues un Omega con el que él pase su celo. Pero por nada del mundo puede no tomar a nadie durante este celo... es demasiado especial como para que lo pase solo.
—¿Q-q-...? —ni siquiera terminé mi frase.
Ni de pensar.
Ni de respirar.
¿Buscar un Omega para que Jungkook pueda tirarse en el celo? Yo...
Lo sabía.
Sabía que esto estallaría en mi rostro más temprano que tarde...
Mi corazón ardió, y dejé de escuchar todo lo que ocurría a mi alrededor. Era dramático quizá, pero solo pensaba en lo doloroso que había sido para toda mi construcción familiar, personal y sentimental el ver a Jungkook con Jennie, entendiendo que me dolió por él más que por ella. ¿Cómo sería para mí ahora encontrarme en esa misma situación, sintiendo todo lo que siento por Jeon Jungkook?
Pero, me dijo mi mente traicionera, si no eres capaz de aguantar un celo con él, no puedes limitarlo a sufrir porque te vaya a doler.