Sarah abrió la pestaña con la información de la distribuidora. Era una tabla llena de fechas, lugares y cantidades de botellas, bastante simple de leer.
-Me parece una distribución normal- solté- Y además, ¿por qué Ralph robaría un maletín por eso?- pensé en voz alta- Es ridículo.
-Porque hay algo más, claramente- respondió obvia- No confío en Mario, hay algo que no nos está diciendo.
-Se llevaban mal- recordé.
-La pregunta es: ¿Por qué?- siguió ella. Silencio, hasta que empezó a sonar una alarma, venía del teléfono de Sarah. La apagó y suspiró- Me tengo que ir- dijo- Pero, estaré revisando la distribuidora, quizás aparezca algo raro. Te lo haré saber- agregó.
-Ok- asentí mientras se levantaba de la silla y apagaba su laptop.
-¿Por ahora nos vemos el 15?- preguntó.
-Está bien- contesté.
-Genial. Cualquier cosa, llámame, ¿si?
-De acuerdo.
💻💻💻
-¡Eso! ¡Eso! ¡Eso! ¡Y... Te tengo!- Gregg se levantó del sofá gritando como un desquiciado- ¡Oh, si! Dos de tres, la pizza la pagas tu- se tiró de vuelta en el sillón, dejando el control del videojuego en la mesa ratona.
Un cartel de GAME OVER apareció en la tele. En mi defensa, no estaba tan concentrado en el juego.
-¿Uma ya viene?- le pregunté mientras me levantaba e iba hasta la cocina.
Escuché sus pasos detrás de mí y abrí el refrigerador para sacar botellas de agua para los dos.
-Creo que si- respondió.
Le lancé una botella y la atrapó en el aire. Porque obvio, él tiene reflejos. Nunca estuvo en el equipo de fútbol, pero si quisiera, no tendría problemas en entrar.
Gregg Derrick ¿Cómo soy amigo de alguien tan cool como él? Nos conocimos en jardín de niños y... digamos que cada uno evolucionó diferente. Él su cuerpo, yo la mente. No estoy diciendo que él no sea inteligente o algo por el estilo. Le cuesta más y no le interesa, así que, no le va tan bien con sus notas.
Me ha defendiendo cuando me molestaban. Me río como nunca cuando estoy con él. Me cuenta anécdotas increíbles. Y yo, lo ayudo académicamente con lo que puedo y lo aconsejo sobre temas que claramente no sé: chicas. Pero, de alguna forma, le terminan sirviendo.
-¿Dónde fuiste después de la escuela el otro día?- preguntó.
Pensé una excusa, porque no lo había hecho antes, y tampoco creí, que se daría cuenta que me fui volando para ir a la asociación.
Abrí la boca para contestar, pero nos interrumpió el timbre. Salí de la cocina para ir hasta la puerta y, rezando que para que cuando vuelva, la pregunta haya quedado en el aire.
Abrí, encontrándome con Uma en un vestido de flores y una campera de jean. Aunque hiciera frío, ella siempre estaba en vestidos.
-Hola- sonrió.
-Adelante- le devolví el gesto, moviéndome a un lado para que pasara y cerré detrás de ella- ¿Estás maquillada?- pregunté extrañado mirándola fijo. Nunca usaba maquillaje. Pero notaba algo oscuro en el lagrimal y los labios con brillo.
Soltó una risa.
-Un poco ¿Tan mal me queda?- respondió en broma, creo.
-No, para nada- negué- Te ves linda.
Amplió su sonrisa.
Uma, era la única persona en mi vida que podía decir que me entendía casi al cien por ciento y no me juzgaba. Era mi mejor amiga desde antes de entrar a la preparatoria. Abrí un día mi casillero y la golpeé en la nariz. Más allá de la vergüenza, era una chica. Solo quería que la tierra me tragara, pero ella fue amable conmigo y no me sentí incómodo nunca.
Es una de las mejores de la clase y tiene ese humor que no lastima, que hace reír a cualquiera.
Uma es el tipo de persona que te hace sentir querido, aunque ni tu lo sientas así.