Ojos de miel, cabello de seda, piel blanca y tersa, si pudiera tocarla sentiría su suavidad, porte de caballero, manos perfectas, labios apetecibles, mirada profunda, cuerpo de bailarín, rostro de ángel.
Posible pretencioso, altivo, orgulloso, presumido, prejuicioso, testarudo, arrogante, vanidoso, egocentrista y flaso.
Una mirada de tres segundos cada día no me diría todo acerca de él, ni siquiera sabía su nombre, aún su nombre no diría mucho.
Todos los días, la misma hora, siempre tenía esa seguridad en su postura.
Miedo, intriga, incertidumbre... Solo algunas de las emociones que cruzaban dentro de mi cuando su mirada penetraba la mía.
Tal vez sólo estaba siendo paranoica, pero, ¿Tenía que estar ahí siempre? ¿Por qué me miraba? Su mirada era tan molesta pero inquietante.
Esto era patético, sólo no debía mirarlo, ignorarlo tal vez, pasar desapercibida, ¿Era acaso eso posible? Su presencia me retaba a que lo mirara, aunque fuera de reojo, quizás una mirada fugaz.
Tres segundos, era a lo mucho el tiempo que lograba mirarlo, ¿Y que si a él también le molestaba? Probablemente no, él lo hacia todo el tiempo, al menos hasta que quedaba fuera de su campo de visión.
Escalofríos recorrían mi cuerpo cuándo lograba cruzar la puerta y sin poder evitarlo su mirada se quedaba grabada en mi memoria por algún momento más después de dejarlo atrás.
Tres semanas, tal vez cuatro, incluso pudieron haber sido más, que más da, parecía una eternidad desde que lo vi por primera vez, su impresionante imagen en mi mente todos los días a partir de ese momento.
Su cabello análogo al color de una avellana caía sobre su frente y sus cejas eran pobladas ensombreciendo sus ojos, todo en el decía "mirame", tal vez no estaba tan equivocada tal vez tenía razón y él era soberbio y petulante.
Seguramente alguna vez han escuchado la frase "no juzgues a un libro por su portada" pues bien era precisamente lo que estaba haciendo, su portada era bastante atractiva, era imposible no juzgarla, él lo sabia, lo supuse, el sonreía cada vez que lo miraba como si se jactara de eso, como si disfrutara de la incertidumbre que seguro reflejaba mi rostro, podía sentirla brotando de mis poros cuando caminaba ese interminable trecho desde su presencia hasta la seguridad de mi casa.
Ni una sola palabra, sólo miradas, incomodas miradas habíamos cruzado por semanas, no es que fuera una opción hablar con él, incluso pensarlo me erizaba a piel, hablar con cualquier extraño en la calle era fácil, lo que consecuentemente deducía que él era alguien difícil, pero la pregunta era ¿Por qué? ¿Por que quería ver mas haya de su portada? ¿Por que quería incluso leer algunas líneas? ¿Por que siquiera estaba buscando respuestas?
- Es sólo un chico mas, tan normal como cualquier otro- me repetí esta frase más veces de las que pude contar.
Era cierto él era sólo un chico más... Hasta aquel día.
6:02 am, con los ojos entre abiertos veo las borrosas lineas que dibujan la hora en mi reloj, el despertador a sonado almenos tres veces antes que lograra abrir los ojos, los primeros rayos de sol comienzan a atravesar las cortinas de tull blanco que cubren la única ventana de mi habitación, hoy debería ser un día importante, debería estar emocionada, incluso debería haber estado levantada hace un par de minutos, soy estricta con mis horarios pero hoy, simplemente me daré el lujo de dormir almenos cinco minutos más.
6:47 am, es lo primero que veo después de que el sonido de la puerta me a despertado por segunda vez. Salí de la cama de un salto mientras mamá volvia a tocar.
-Fran, cariño levantate, es tarde, tienes que ir a la escuela-
-Estoy levantada mamá, bajaré en un minuto- dije, tratando de sonar calmada y hacer parecer que tenía todo bajo control
Mamá es una mujer bastante descuidada y despistada y no sólo como mamá, lo es en su trabajo, en casa y con papá, él todo el tiempo se queja de eso pero la ama tanto que al final siempre termina pasando por alto sus descuidos. Ella todo el tiempo esta tratando de hacer el papel de madre y esposa perfecta (aunque no le funciona muy bien) Se toma esto de la educación muy enserio así que no tengo ni la más pequeña esperanza que hoy me deje quedarme en casa ni aún con la escusa de ser el último día de clases, cada temporada vacacional he soñado con faltar éste día a la escuela, pero eso nunca va a suceder.
Me duché en lo que pudieron haber sido 3 minutos dada mi prisa, urgué en mi armario buscando algo que expresara lo inconforme e indispuesta que me encontraba éste día, algo que dijiera "odio el ultimo día de clases" más para los demás que para mi y con un poco de suerte más para mi mamá que para los demás.
-Fran, el desayuno esta listo- Escuche a mamá gritar desde la cocina mientras inspeccionaba mi aspecto en el espejo, llevaba puesto un pantalón color azul marino y unos zapatos azúl cielo que parecía más un azúl despintado, una playera bastante olgada con lineas grises que caía por uno de mis hombros que bien pudo parecer heredada por un vagabundo, tal vez mi pijama color salmón me habría sentado mejor, mi cabello estaba bastante despeinado y no me había preocupado siquiera por tratar de recogerlo, era frustrante tener que lidiar con el cuando tenía apenas unos minutos para llegar a la escuela.
Tomé mi mochila y la colgué sobre mi hombro, apenas pesaba, había sacado la mayoría de mis libros y cuadernos, era el último día de clases no sería la gran cosa, bajé las escaleras casi corriendo fui a la cocina tomé un sorbo de chocolate caliente que mamá preparo para el desalluno, tenía un sabor bastante raro podría jurar que mamá le puso sal en vez de azúcar, no era la primera vez que le sucedian este tipo de confusiones, quería devolver el pequeño sorbo que me había llevado a la boca pero eso hubiese hecho sentir mal a mamá así que sólo trague y dejé la taza sobre la mesa.
-Me voy, es tarde- dije mientras me dirigía a la salida apresuradamente
-Cariño, ¿no vas a desallunar?-
-No, voy contra reloj, aún paso por Caro- Carolina es mi mejor amiga, mis padres y sus padres han sido vecinos desde antes que ambas nacieramos, así que nos conocemos practicamente de toda la vida, es una persona bastante sentimental pero e lidiado con eso por un largo, largo tiempo, pero no importa ella nunca dejará de ser mi confidente, compañera y todas esas cosas que suelen ser las mejores amigas, ah y claro sobre todo mi tapadera, Caro siempre me cubría justo cuando lo necesitaba aunque ella suele meterse más en problemas que yo, en fin yo la quiero como a una hermana aunque no tengo una, ella es como si lo fuera, ¿Y, quien no necesita un mejor amigo? Todos tenemos uno y aunque Caro este un poco loca hace mi ordinaria vida bastante divertida.
-Ah... Y mamá hoy llego tarde- dije deteneniendome en la puerta- iré a inscribirme al concurso de surf al terminar las clases-
Nuestro acogedor hogar se encuentra en una colonia de clase media situada a unos dos kilómetros y medio de una no muy turística playa llamada Piemanson, el clima es regularmente cálido, aún así las temperaturas no suelen ser tan altas como en cualquier playa, incluso de vez en cuando tenemos algún día lluvioso.
Cada año en esta playa se organiza un concurso de surf aproximadamente un mes después de salir de clases, Papá es amigo de Max, el entrenador y organizador así que e participado en este concurso desde pequeña, tal vez desde los siete u ocho años, desde que me subí por primera vez a una tabla supe que esto era para mi, no sólo yo lo supe, Papá y Max dijeron que era muy buena en esto y Max no dudó en inscribirme de inmediato al concurso de surf junior, me volvía cada vez mejor al pasar de los años y justo cuando cumplí catorce entre a un concurso de verdad, una repisa en casa tiene algunas de las medallas que gané cuando era niña y algunos trofeos de tercero, segundo y primer lugar, e ganado este último tres años consecutivos y espero este año no sea la excepción.
-Fran, cariño por que no vas de compras, o hacer esas cosas que hacen las chicas- claro, olvidé mencionar que a mamá no le agrada que practique surf, considera que es un deporte demasiado salvaje y masculino, bueno en realidad mamá considera todos los deportes salvajes y masculinos, pero yo amo hacer esto, además papá esta orgulloso de mi, siempre dice que soy la mejor y a mamá no le a quedado más que aceptarlo, aún así nunca deja de intentar que lo abandone.
-Mamá no comencemos de nuevo-
-Llegó el cheque de la abuela Francisca, tal vez encuentres ropa linda, ¿por que no van tu y Caro de compras?-
Si, gracias a la abuela Francisca yo había obtenido mi no muy creativo nombre, antes de morir el abuelo se encargo de dejar una cuantiosa pensión a la abuela quien a su vez enviaba una parte cada mes a su única nieta.
-Genial, mi mesada llegó, podré comprar una tabla nueva-
-¡Vamos Fran ¿Otra?!. Anda, llama a Caro tengan una linda tarde de chicas y compren algo lindo como un vestido o zapatos, por Dios todas las mujeres aman comprar zapatos-
"Compras" no esta en mi lista de cosas preferidas a menos que sea comprar una nueva tabla, amo esa sensación de agregar una nueva a mi colección.
-Susan- dijo papá apareciendo de pronto -deja a la niña en paz- papá jamás dejaba de darme apodos como éste todo el tiempo, supongo que para él nunca dejaré de ser su niña, su pequeña, cualquiera se avergonzaría de que su papá le llamara así delante de amigos y demás personas, pero yo no, para mi era simplemente papá, era más que un héroe para mi, podía llamarme como él quisiera.
Le di un beso a papá de despedida en la mejilla y salí prácticamente corriendo de casa.
-Los veo luego- dije mientras cerraba la puerta.
Hace un par de días mis padres me regalaron un coche, no es muy nuevo, o muy bonito, o muy grande, pero bueno al menos funciona y ahora no tengo que caminar todos los días a la escuela, y por la gran suerte de ser mi mejor amiga, Caro tampoco tendría que hacerlo.
****
-Buenos días!- dijo Caro con el entusiasmo que tanto la caracterizaba mientras entraba al auto. -Amiga, ¿que te paso? Porque ese atuendo tan...
-¿No te gusta? Creo que dice: "odio el último día de clases"- desafortunadamente para mi, mi madre ni siquiera lo notó.
-Fran, la gente normal odia el primer día de clases, no el último-
-Cosa que no entiendo en absoluto, ¿por que odiar el primer día de clases? Es un gran comienzo-
-Bueno no todos tenemos grandes comienzos ¿sabes? Además, último día de clases, vacaciones, no más levantarte temprano, no más tediosas tareas ni molestos maestros-
-De no ser por el concurso de surff mis " vacaciones" serían totalmente aburridas y sin sentido-
-Gracias al cielo que tenemos este concurso de surf si no serías una completa amargada amiga-
-Hablando del concurso, ¿entraras este año?-
-Oh no, ya lo sabes, los deportes y yo no nos llevamos bien, recuerda lo que pasó la última vez que lo intenté-
-El 25° lugar no es tan malo-
-¿Estas burlándote? Fui el último lugar-
-Esta bien no te presionaré esta vez, iré sola y sin mi mejor amiga como siempre-
-Estas presionándome, además sabes que estaré ahí apoyándote emocionalmente-
Durante el camino hablamos de algunas cosas acerca del concurso y Caro siempre traía a colación el tema de los chicos deportistas sexys, a veces me preguntaba si realmente iba a apoyarme como decía o a ver chicos guapos.
-Sinceramente no se como haces para no distraerte entre tantos chicos musculosos- dijo Caro mientras que seguramente imaginaba a alguno de ellos, lo supe por que divagaba mientras yo hablaba.
No soy aficionada de ver hombres que creen que merecen la admiración de todas las mujeres solo por tener voluptuosos músculos, creen que son perfectos y lo más triste es que las chicas también lo creen, lo he visto tantas veces, la misma fantasía de siempre: el típico chico mujeriego egocentrista e indomable que termina enamorándose de la típica chica linda, inocente y virgen, bien pues yo creo que eso es sólo un espejismo, en la vida real esas cosas nunca pasan, en la vida real las personas que se enamoran sufren.
No creo en el amor o en los actos bondadosos y desinteresados, no creo que alguien sea capaz de dar algo de si mismo sin obtener algún beneficio personal o que lo haga por simple obligación. Soy escéptica, lo sé, aunque me definiría más bien como "precavida", vivo evitando en la medida de lo posible las cosas que me hagan sufrir, y definitivamente el amor lleva implícita la palabra sufrimiento.
Quizá he vivido todo este tiempo a través de un cristal, o como yo lo llamo " mi burbuja de la felicidad", la regla es simple, no salgas de ella, no dejes que nadie entre, pero, no importa cuan entusiasta pueda ser la vida al otro lado cristal, La efímera felicidad no vale el sufrimiento eterno.
-¡Vamos! Mientras más rápido empiece mas rápido términa-
-¿A que te refieres?-
-A las clases por supuesto-
Después de la tercera vuelta por fin encontramos estacionamiento, bajamos del coche y nos dirijimos a nuestra primera clase del día, podía sentirse ese ambiente que tanto detestaba, todos estaban tan relajados, despreocupados y alborotados, sobretodo alborotados.
Caminando por el pasillo cruzamos por la oficina de la secretaria Lucia, o como todos la llamaban: Lucy. Era una persona bastante agradable y sociable, de vez en cuando la saludaba e incluso en algunas ocasiones llegamos a tener algunas cortas conversaciones, a pesar de ello nunca me percaté de cuáles eran sus funciones dentro del instituto, todo el tiempo contestaba teléfonos así que me supuse que era recepcionista o algo así, además atendía una especie de modulo de información, siempre tenía folletos que promocionaban la escuela sobre su escritorio, el punto es que nunca había sido relevante para mi hasta ese presiso instante.
Me detuve de manera abrupta cuando vi a un chico parado frente al escritorio de Lucy, me daba la espalda y como no podía ver su rostro no sabía quien era, pero su anatomía me resultaba bastante familiar, me quedé imnotizada e inmóvil en el marco de la puerta abierta tratando de descifrar por que de pronto había llamado tanto mi atención.
Como si un foco se hubiera encendido o como si un rayo de luz me hubiese iluminado, llegó a mi mente la mirada de aquel chico de ojos de miel, de alguna manera aunque no podía verla, sabía que si volteaba esa profunda mirada estaría ahí, sin contar que su cabello de seda era totalmente inconfundible, ese tono avellana no podía engañarme, era él estaba segura.
-Vamos Fran se hace tarde- escuché lejanas las palabras que Caro repetía tal vez por segunda o tercera vez.
-¿Que pasa?- preguntó al ver que no me moví ni un centímetro del lugar donde estaba parada.
Realmente había entrado en estado de shock, ¿que hacia él aquí? No estudiaba en este instituto eso podía saberlo, ¿será que realmente estaba acosandome?
-¡Fran!- Caro agitó su mano frente a mi rostro trayéndome de vuelta de mis confusos pensamientos, la miré sin decir ni una sola palabra.
-¿Que sucede? ¿Estas bien?-
-Es él- susurré y apunte discrtemanete al chico, Caro dirigió la mirada hacia donde apuntaba mi dedo y frució el ceño algo confundida. -El chico del que te hablé-
-Hablamos de chicos todo el tiempo, podrías ser mas específica-
-¿El chico acosador?-
-Mmmm-
Revolé los ojos, había tocado este tema con Caro antes no podía creer que no lo recordara así que procedí a contar la historia de nuevo.
-Unas semanas antes de que papá me diera el coche, ya sabes cuándo caminábamos de regreso a casa, después de parar en tu casa como hacíamos de costumbre y yo pasaba sola el resto del camino, justo tres casas antes de llegar a la mía él estaba parado observándome hasta que entraba a mi casa, me veía todo el tiempo con esa mirada tan penetrante, era realmente incomodo- Aun me encontraba susurrando no estaba tan cerca pero no quería que fuese a escuchar esto.
-¡Oh claro! El chico guapo-
¿Guapo? Bueno tal vez alguna vez pude haberlo mencionado, pero obviamente lo dije por accidente lo que menos quería era que Caro pensara que el tipo me gustaba o siquiera me agradara.
-Bien, te esperamos el próximo año- dijo Lucy lo suficiente fuerte para escucharla, se despidieron con un apretón de manos, Caro y yo volteamos al instante al escuchar a Lucy, luego nos miramos con expresión de asombroo o quizás confusión, para mi era más como pánico.
¿Que? ¿El próximo año? ¿Hablaba enserio?
Al parecer había terminado su asunto con Lucy y giro sobre si mismo para salir de la oficina, al instante sus ojos se encontraron con los mios. Si definitivamente esa mirada estaba ahí justo como lo había sospechado, era él, mirándome, mi estado de shock volvió e inevitablemente sostuve su mirada por mas tiempo del necesario, era imposible no perderse en sus ojos.
Caminó hacía la salida justo donde Caro y yo estábamos paradas, no me moví, no podía hacerlo, se paró frente a mi por que claro estaba obstruyendo la pasada, unos cuantos centímetros, era más cerca de lo que nunca había estado de él.
-Hola- saludó el chico amablemente, su voz era tan dulce y varonil a la vez, totalmente cautivadora, a pesar de haberlo visto tantas veces nunca lo había escuchado hablar. Abrí la boca por que tenía planeado decir algo, "hola" tal vez, pero había perdido mi voz, en su lugar volví a cerrar la boca y trague un enorme nudo en mi garganta que ni siquiera había sentido formarse.
-Hola- saludó Caro en mi lugar, estiró su mano y el susodicho en cuestión aceptó el saludo de vuelta. -Así que tu eres el chico acosador ¿eh?-