Tres Son Multitud

By MollyIslas8

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Jasmine tiene de rutina pasear a su perro mientras atardece por su pequeño vecindario todos los días. Siempre... More

2.El Basketball como Terapia
3. Vino y salsa picante
4. Tareas, traumas y perros
5. Invitame primero un café
6. Otra taza, por favor
7.Niñera de perros
8. Los hermanos son recuerdos

1. Los ruidos de la calle

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By MollyIslas8

Tres son multitud

Capítulo 1: Los ruidos de la calle

— El término de una vida puede dar comienzo a otra nueva, de alguna forma u otra.

No podía soportar mucho más de todo esto, me había acostumbrado de la forma en la que una persona que no disfruta el chocolate comienza a tomarlo cada semana porque su esposa lo prepara muy bien y no tiene el corazón de decirle que no le gusta, al final nunca le termina de gustar pero tampoco se lo dice y poco a poco el chocolate empieza a pasar de forma más fácil, se hace una rutina y algo tan cotidiano que ya no lo piensa, ya no siente el sabor dulce como la primera vez, ya no le importa.

— Y la forma en la que vemos la vida puede distorsionar cada vez que sentimos el dolor de alguien cercano partir, solo debemos recordar que las cosas no son así, todo se resolverá al final.

Era fácil para él decirlo, era su trabajo, al igual que los médicos del hospital, los paramédicos de la ambulancia, los familiares ajenos que apenas y lo conocían o los compañeros de escuela que nunca le habian hablando lo cual no podía existir porque todo el mundo quería hablarle, era ese tipo de persona. La misa terminó con un "amén" conjunto que casi me daban ganas de vomitar y en el momento en que la primer persona comenzó a dejar su asiento yo corrí fuera de ese edificio, bajando las pequeñas escaleras que reúnen a la iglesia con su gran patio, tenía que aceptarlo, el lugar era hermoso pero solo fisicamente. El gran perro a mi lado tardó un poco en entender que estábamos huyendo del lugar y no quería alarmar demasiado.

— No puedes irte corriendo de esa forma, es mal visto. Más algo asi de grande.

La voz de mi madre no me sorprendio en absoluto, no es placentera pero allí está como siempre ha estado en los peores momentos regañando mi comportamiento. El aire sopla más fuerte de lo que debería, claro, es invierno pero los inviernos no eran tan fríos, no hasta ahora. Frente a ambas el cielo comienza a oscurecerse y la gran masa de gente comienza a dispersarse de forma tan rápida que si no fuera por la fecha lo tomaría como alarmante, como si en verdad no les importara en absoluto el chico de sonrisa fresca y cabello despeinado que ya no podia sonreir más. Pero al final de cuentas era víspera de Año Nuevo, había entendido hace mucho que la fecha lo hacia mas difícil para todos, gente que no le interesa y solo espera que termine para correr con sus familias y cenar tres veces lo mismo hasta sentirse mal, y para la gente que le importa demasiado no puede ni siquiera hacer una cena porque el dolor sigue allí, latente.

— ¿Nos vamos?

Mi padre habló antes de posar su pesada mano en mi hombro, trate de que no me afectara pero la alerta estaba allí y mi cuerpo se tenso, no sabía si lo había notado y si lo había hecho si le importaba en lo más mínimo pero sabía que si le importaba, lo había demostrado pero a veces su memoria era muy mala. De todas formas quien lo noto me lamio la mano en señal de que todo estaba bien, le crei. El auto se sintió vacío con solo las tres personas y un gran perro pero otra vez, estaba acostumbrada, después de cuatro años tenía que hacerlo aunque no quisiera porque "el tiempo cura todo", tal vez el tiempo no cura absolutamente nada.

— Necesito que firmes esto para mañana, — mi madre le había pasado una hoja enorme a mi padre tan pronto entrar en la casa. — los abogados ya ven la luz al final del tunel con todo este tema de las cosas de tu hijo.

"Tu hijo" lo decia siempre, no era el hijo de ambos porque a ella le dolia darse cuenta que lo habia perdido asi que desde el incidente lo llamaba " tu hijo" o simplemente Ulises, sabia que era por el dolor pero me provocaba mas dolor a mi escucharla hablar de esa forma pero nunca se lo habia dicho y no lo haria, cada quien vivia su dolor a su manera.

— Mañana ire a jugar voleibol con Abril.

— Que bien hija, me saludas a su padre.

No podia y repase en mi cabeza las veces en las que habia repetido que el padre de mi mejor amiga habia muerto cuando ella era muy pequeña, ni siquiera lo conocia pero asi era mi padre, olvidaba cualquier cosa que no tuviera que ver con armar casas o diseñar planos asi que me fui a la cama con la esperanza de que el dia terminara lo más pronto a pesar de ser la siete de la tarde, pero lo hizo.

Los inicios de clases me tenía alerta siempre, era como si iniciaran cosas que no quisiera que pasaran y no me refiero a la escuela, de cierta forma me gusta estudiar, saber más cosas o incluso aprender sobre cómo mi profesor de matemáticas se divorcio por tercera vez pero el hecho de empezar a hacerlo me revolvía el estómago, el estar con un montón de personas que muy poco conocía a fondo, que no sabia que hacian en sus tiempos libres a pesar de que todo el dia lo publicaban en redes sociales, el convivir con profesores que no sabia si tenían una buena vida en casa, la incertidumbre de absolutamente todo. Pero al final lo había logrado aceptar, creándome una rutina, una rutina que seguiría hasta que todo esto terminara.

— ¡Deja de molestar! — la voz venía desde afuera y podía entrar en la habitación por la ventana abierta.

Era un grito de niña pequeña por la agudeza de su voz pero otra voz un tanto más grave le contestaba que dejara de lloriquear. No sabía que mis vecinos tuvieran hijos pequeños pero tal vez estaban de visita, por la ventana pude captar dos siluetas pequeñas corriendo de aqui alla pero nada más interesante. Esa era mi señal para pasar a hacer las cosas que necesitaba para sentirme segura, me levanté de la seguridad de mi cama para ponerme los zapatos y corrí escaleras abajo con la correa en mis manos.

— ¡Chimuelo! Vámonos. — pude sentir las pesadas patas correr desde el patio trasero hasta las escaleras.

— Ey, no se corre dentro de la casa. — aviso la voz ronca de mi madre desde la cocina.

El perro parecía entenderla y más impresionante obedecerla, aunque yo fuera su dueña mi madre siempre había tenido ese voto de confianza del perro desde que era un cachorro. Me alcanzó en la puerta de entrada mientras me cerraba la chamarra y avisaba que regresaría dentro de media hora.

— Si ves algo extraño, atacas.

Como respuesta a la mujer el doberman gruño a lo que le palmeó la cabeza. Mi madre me dio un beso en la mejilla y me dio "la bendicion" había aprendido a no negarla porque al final de cuentas lo hacía con el corazon en mano esperando a que a su unico hija no le pasara absolutamente nada pero sabía que junto a ese doberman de mirada penetrante y orejas paradas mucho no le podía pasar, Chimuelo era la única razón por la que la me dejaban salir sola justo cuando iba a anochecer para respirar un poco de aire fresco. Quién pudiera imaginar que aquel perro con apariencia nociva era el mismo que no podía dormir sin que su dueña lo tapara con una cobija de princesas y le diera un beso.

— ¡Buenas tardes, señora Hernández! — salude apenas salir de mi casa.

— Jasmine. — la señorita bajita me saluda con una mano mientras que con la otra buscaba un premio en su suéter. — Y mi lindo Chimuelo.

Chimuelo acepto el premio de forma calmada y lamio la mano de la señora Hernández como agradecimiento, era como si volviera a ser un cachorro cada que esas pequeñas galletas en forma de hueso se posan en su campo visual. Era parte de la rutina, la mujer vivía sola en la casa de alado y según ella la presencia del perro le brindaba seguridad así que había comprado una gran bolsa de premios para regalarle cada vez que saliamos a correr.

— Espero que los nuevos vecinos también traigan un perro.

— ¿Nuevos vecinos?

No había escuchado nada sobre nuevos vecinos, vagamente un recuerdo llegó a mi mente de la casa de enfrente estar en venta desde hace más de cinco años pero realmente nunca pensé que lo estuviera pues siempre había movimiento afuera, hasta conocía a los antiguos dueños. Ahora los niños corriendo tenían más sentido.
Y como si no la hubiera escuchado, la señora Hernández se despidió entrando de nuevo a su casa.
Acomode mis grandes audífonos en las orejas y enrolle un pedazo de correa para que Chimuelo no corriera más de lo permitido, podía pasarse a veces.

— ¿Listo, chico?

Odiaba correr, no era su estilo de vida pero había aprendido a seguirle el paso al gran perro, al principio la idea era solo sacarlo a caminar pero era imposible no correr con un perro de ese tamaño así que más por obligación que por gusto pero había aprendido a correr. La ruta era fácil y sin interrupciones, bueno solo las necesarias. Dos cuadras hacia el norte el señor Ishikawa tenía una tienda de comida rápida japonesa y siempre estaba encantado de proveer a Chimuelo de agua para su recorrido, la familia López de vez en cuando tenía una parrillada en el patio que llama la atención del can y una que otra vez regalaban un hueso, el estudio de danza que se encontraba en la esquina de la Calle 11 abría hasta que Chimuelo llegara como si fuera su jefes según ellos porque siempre estábamos a tiempo y era una forma de medir el tiempo. La pareja de señoras que trabajaban como costureras al final de la calle también siempre estaban a esta hora regando sus plantas, todo el mundo decía que solo eran compañeras de trabajo pero yo sabía que las miradas que compartían eran más de pareja.

Era un vecindario bonito y armónico, las personas se conocían desde jóvenes, habían crecido juntos y casi nunca se habían mudado fuera, era como si hubieran decidido quedarse aquí toda la vida. Muy pocas veces llegaba alguien ajeno a vivir pero cuando lo hacía era muy bien aceptado. Era un lugar con música y cultura de todas partes del mundo pero al mismo tiempo era tan calmado que a veces parecía deshabitado.

— ¡JASMINEEEE!

Chimuelo la vio antes que yo e hizo lo posible por correr hacia el otro lado de la avenida que marcaba el final de nuestro trayecto, justo donde regresamos a casa. La chica frente estaba cerrando la puerta de la casa.. Abril era mi vecina desde hace más de 12 años, habiamos crecido juntas hombro con hombro como verdaderas hermanas pero hace dos años su madre había dejado de poder pagar la renta en su antigua casa y se habían mudado a su casa de su infancia junto a sus abuelos, pero ella seguía visitando todos los días a nuestros vecinos, al final de cuentas trabajaba para ellos, paseando a sus perros, cuidando a sus hijos, lo que hiciera falta para ayudarle a su madre.

— Chimuelo, calmado. — el perro se sentó rascándose la oreja y volvió de forma rápida a querer correr hacia la alta chica de cabello castaño, el sol le daba de espaldas lo que la hacía ver más rubia de lo que era. — No puedo entrenar a mi perro si tu existes.

— Ay, gracias. — Abril se acercó acariciando a Chimuelo, se entendían tan bien. — Oye mi madre me preguntó sobre la tuya, dice que cuando irán a tomar un café.

— ¿Tu madre no tiene el número de la mía?

— Si, solo lo hace porque ya no tenía más tema de conversación y si hablamos de ti es más fácil que hablar de mi.

A pesar de ser como hermanas ambas habiamos acudido a escuelas completamente diferentes en la otra punta de la ciudad de la otra. Mientras Abril lo había intentado en su infancia, aparentar que tenía el dinero del mundo e inventar viajes de fines de semana a la playa para poder encajar en la escuela privada cerca de nuestras casas al final tuvo que dejarla para ir a la escuela pública, así era más fácil. Aunque también yo tuve que dejarle pero por situaciones completamente difíciles, ahora tenía que retomarla de nuevo.

— Uh, mi madre sale con este hombre que es un completo idiota — comenzó a platicar Abril mientras caminabamos de vuelta al otro vecindario con la maleta en su mano derecha, era tiempo de acompañar a su abuelo en el trabajo. — estudia veterinaria a las afueras de la ciudad.

— No quiero escuchar como dio a luz a un caballo, gracias. — jale la correa de Chimuelo para que dejara de gruñirle a un hombre de mediana edad. — ¿Sabías que la casa de los Gutierrez estaba en venta?

— Gutierrez. — se rió mientras pronunciaba el apellido mientras estaba midiendo su cabello con sus dedos, como si realmente le importara. — suena pretencioso.

— Junio te estoy hablando.

— ¡Te dije que no me llames Junio! — comenzó a gritar de forma infantil. — Cualquier otro mes menos junio.

— ¿Qué tiene de malo el mes de junio? — el recorrido de vuelta a casa era relajado con Abril a mi lado, ella también odiaba correr y parecía que Chimuelo la complacía más a ella que a su propia dueña así que caminamos hablando de cualquier cosa que hubiera salido en la semana.

— En junio nacen los géminis, a nadie le gustan los géminis. — explicó decidiendo que quería usar su cabello en una coleta de caballo.— tu deberías de saberlo, eres bruja o algo asi.

Ignore el ultimo comentario, después del incidente y después de haber dejado de creer en cualquier Dios que las personas le presentaran enfrente para "arrepentirse" me di cuenta que lo que yo quería era diferente, mi corazón se alineaba con otras cosas como lo que la brujería me proporcionaba, la espiritualidad realmente pero Abril le gustaba llamarme bruja.

— En cuanto a la casa de los Guitierrez, — remarcó el apellido como si aún se estuviera burlando de lo pretencioso que sonaba. — sabía que ellas ya no vivían en esa casa desde hace un año porque Andy se casó con ese joven actor y la casa estaba en venta pero nunca supe que la hubieran comprado.

Los Gutierrez eran en realidad las Gutierrez, una familia con solamente mujeres que vivían frente a nosotros desde que tenía memoria. Al parecer la cabeza de la familia se había casado y mudado pero aun así me parecía extraño que alguien comprara la casa tomando en cuenta todas las hermanas que Andy tenía.

— Aquí me quedo. — anuncio April en la enorme puerta de metal en donde se podía leer "Taller Mecánico: Primavera", tocó el pequeño timbre de la entrada antes de abrir la puerta por si misma. — ¿Nos vemos mañana en mi partido?

— Totalmente.

Por la puerta se asomó una cara de un hombre que parecía relativamente joven para ser el abuelo de cualquiera con una gorra roja del equipo de béisbol mexicano y manchas de aceite por todo el overol. El abuelo de Abril trabajaba como mecánico del vecindario y contrario a lo que pensaba estaba realmente ocupado siempre.

— Juanita — saludo el hombre.

— Jasmine, — lo corregi. — Es bueno verlo señor Torres. ¿Puedo traer a mi bebe la siguiente semana para su revisión?

— Solo si ese perro promete no matarme, Juanita.

— Papá...

Abril siempre lo había llamado papá, al final de cuentas así había crecido y al hombre no le molestaba en absoluto. Por mi parte estaba acostumbrada a que me llamara con cualquier nombre que empezara con J en lugar del correcto, este mes el predilecto era Juanita. Abril lo veía como algo innecesario y molesto pero a mi no me importaba.

— Buen, adiooos. — Abril empujo a su abuelo dentro y saco la cabeza. — Mañana a las 12.

— Mañana a las 12. — repeti. — Los amo.

Chimuelo comenzó el viaje antes que yo retomando el trote inicial, el sol se estaba ocultando cada vez más, faltaban cinco minutos para que dieran las ocho así que apresuraron el paso. Nunca llegaban después de ocho con treinta minutos y la vez que lo hicieran estaba segura que su madre llamaría a la policía para saber en dónde estaba, así que mejor no causarle un ataque al corazón a la pobre señora.

Mientras caminábamos repasaba mentalmente las cosas que tenia que hacer antes de llegar a mi casa, el próximo lunes empezaba mi quinto semestre de preparatoria y al igual que el anterior semestres esta vez tenía que hacerlo de forma presencial en el edificio enorme y lúgubre al final de la calle. Así que la música se mezclaba en su cabeza con tareas de biología que probablemente tendria que hacer, series que tenía que ver y mensajes que tenía que mandar. Chimuelo de nuevo fue el primero en ver el peligro que suponía un auto frente a nosotros y freno antes de ser arrollados. Mientras la camioneta pasaba pitando el claxon y gritando yo recobraba el sentido en la realidad.

— Lo siento, chico. No volverá a pasar.

Era una de las cosas por las que mi padre me había prohibido salir a correr sola con Chimuelo a inicios del año pasado, a veces me perdía en mi cabeza sin notarlo. Cosa que terminaba en casi ser arrollada por un auto o con no darme cuenta cuando ya estaba al otro lado de la calle para llegar a mi casa.

— Solo faltan dos cajas más. — escuche la voz de un hombre a su derecha.

Una camioneta de mudanzas estaba estacionada frente a la casa de los Gutierrez, Chimuelo olfateaba los neumáticos mientras soltaba mucha de la cuerda casi dejándolo libre pues estaba frente a la casa. Me pare de puntas para poder ver dentro de la casa, la puerta principal estaba abierta y las luces del segundo piso estaban prendidas. Dos pequeñas figuras pasaron corriendo cerca de las escaleras.

— ¿Planeas entrar en la noche y robarnos? — la voz me sobresaltó provocando que casi cayera pero Chimuelo sabía mejor y se puso a misespaldas mirando al extraño. — ¿Y qué? Si hablas ¿no?

— No le hagas caso. Su segundo nombre es idiota.

En la entrada de la casa una chica rubia de cabello corto se recargaba en la puerta, llevaba un pants un poco grande para ella y una playera con algunas tallas más chicas manchadas con pintura. Su cabello y su mirada revelaba que había estado durmiendo todo el tiempo.

— Soy Ashlyn, él es mi hermano mayor Matteo.

Las palabras no salian de mi boca.

— Oye ¿eres muda? — el chico trató de tomarme del codo.

— No me toques. — Me moví apartándose lo más que podía mientras Chimuelo se colocaba entre los dos. Senti la mirada preocupada del chico y muy rápido trato de disculparse acercándose de nuevo, el gran dóberman le gruñó de forma de advertencia. — Hablo en serio, si me tocas te va a arrancar la mano y no lo voy a detener.

— Entendido.

Matteo lanzó una mirada a su hermana mientras se apartaba lo suficiente para que Chimuelo dejara de mirarlo como si estuviera a punto de comerlo. Por su parte la rubia lo miraba de forma divertida mientras cruzaba los brazos sobre su pecho.

— Soy Jasmine. — comencé a hablar por fin tocando la cabeza de Chimuelo para calmarlo un poco pero sin dejar que estuviera alerta. — vivo enfrente.

— La niña rica del vecindario, un gusto.

Ashlyn miraba frente a ella la casa. Siempre había vivido en la misma casa de dos pisos y dos patios, uno delantero y uno trasero igual de grande. Desde allí se podía ver la terraza en donde una hamaca se balanceaba como si la hubiera usado.

— No recuerdo haber firmado para que me juzgaran un par de idiotas.

Chimuelo hizo una clase de gruñido como si estuviera hablando y me diera la razón, lo que hizo que se me escapara una risa. Los dos hermanos se miraron entre ellos.

— Oigan, mamá dijo que... — El piso dentro de la casa crujió mientras otro chico llegaba corriendo hasta Ashlyn. — Oh hola.

Compartía la sonrisa ligeramente demasiado entusiasta y la nariz en forma de bolita en la punta pero mientras Ashlyn y el nuevo chico tenían el cabello rubio, el de Matteo era un color café oscuro. Además sus ojos parecían más amables y humildes que cualquier de los otros dos e incluso sus facciones eran más dulces.

— Cierto, este pequeño nerd es nuestro hermano menor Leo.

— No le hables muy bonito porque se ilusiona. — adjunto Matteo lanzándole una pelota que venía dentro de la caja que había descansado en sus pies. Leonardo lo tomó sin siquiera darse cuenta y se la devolvió, sus reflejos eran realmente buenos.

— Dos idiotas y un nerd. Entendido, un gusto.

Hice un movimiento de cabeza mientras me daba la vuelta para volver a mi casa, Chimuelo caminaba sin dejar de mirar hacia atrás, no necesitaba seguir hablando con el tipo de personas que parecían ser. Saqué mis llaves para meterlas en la cerradura cuando esta se abrió de repente desde adentro. Mi madre iba seguida de una mujer bastante alta y delgada que vagamente olía a humo de cigarro, la mujer sonrió cuando la vio.

— Ella debe de ser Jasmine. — lo pronunció de una manera peculiar, su acento era marcado. — Me llamo Mara Moretti.

— Mucho gusto.

Estreché la mano de la mujer y no tuve que decir nada más pues el perro me arrastraba hasta dentro de la casa para poder hacer del baño. Ya dentro desamarre su correa y lo deje libre mientras entraba al recibidor, mi padre estaba en la cocina lavando los sartenes que había usado para cocinar la cena que se encontraba en la mesa.

— Dos minutos tarde, cariño.

— Ya había llegado, — me quite la chamarra dejándola en el perchero de la entrada. — Conocí a los hijos de los nuevos vecinos. Algo...interesantes.

— Es tu manera educada de decir...

— Que son unos completos idiotas.

En la mesa una ensalada de mango estaba esperando con nueces y almendras a su lado, tome un puño de almendras que devore mientrass veía como mi madre se quedaba en la puerta platicando un poco.

— Por fin tienes amigos de tu edad. — mi padre paso un brazo sobre mis hombros. Era un hombre robusto y un tanto bajo de estatura pero sus abrazos eran lo mejor que él podía dar.

— Son vecinos y si tengo amigos de mi edad.

— Como digas.

El padre siempre negaba a mis amigos porque muy pocos de ellos le caían bien, pero al final de cuenta tenía razón, nadie de ellos tenía el privilegio de ser llamados amigos. Y los que tenía, era verdad que eran más grandes que yo, de la edad de Ulises. La puerta de entrada se abrió mientras mamá entraba con una sonrisa acariciando a Chimuelo.

— Tengo noticias.

N/A

Holaaaaa y bienvenu a mi nueva historia dentro del multiversooooooo homosexual jajaj Si no ubican este multiverso existe en mi cabeza y por el momento solo hay un libro CASI completo por aqui (Ella es bonita), si viene de alli sabran que pues estas historias simplemente existen en el mismo universo, a veces sus ciertos personajes incluso pueden interactuar pero no es necesario leer el anterior para entender este.

Ahora con eso explicado espero que amen y resguarden esta historia y sus personajes como lo hicieron con Isa y Sarah porque todos ellos tienen una gran historia que darles.

Sin mas que agregar disfruten muchooooo.

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