¡Hola! Soy Michelle.
Hace AÑOS que dejé de escribir y sólo mantenía borradores de historias incompletas en mi computadora de otro fandom. Me surgió la inspiración con un par de hechos en esta semana y no quedaban más que con Max y Checo. Espero les guste.
También, advertidos están que esto es pura diabetes en 8,000 palabras. Ahorita no andamos en modo tóxico jajajaj.
Disclaimer: todo esto es pura ficción con puro fin de entretenimiento.
―Disculpe, señor Pérez. Sólo para avisarle que en quince minutos comenzamos.
―Ya voy.
Me veo al espejo una última vez, ajustando mi moño por la milésima vez. Jo ya me había dicho que lucía perfecto, pero yo lo veía desalineado en cada reflejo. Arreglo floral en su lugar, traje totalmente impecable, zapatos relucientes. ¿Mi cabello lucía bien? Lo corté hace una semana para que estuviera en el largo ideal... creo no debí hacerlo. Todos dicen que me veo mejor con el cabello más voluminoso, pero así no se vería arreglado...
Decir que tenía el culo en la mano era una subestimación.
― ¿Cuántas veces tengo que decirte que dejes de verte al espejo o lo vas a romper, cabrón? Ya quita esa cara de cagado.
Volteo a verlo desde el reflejo del espejo mientras me ajusto la manga del saco y le lanzo una sonrisa, o lo que sea que se pudiera llamar ese dizque intento. ―Nada malo con asegurarme de lucir decente en el día de mi boda.
― Exacto, porque yo soy el hermano más guapo y nunca vas a lucir mejor que yo. ― Se acerca a mí y me dirijo hacía él para abrazarlo. Era raro que nos mostráramos señales de afecto, encontrando alguna otra manera de demostrarlo, pero cuando lo hacíamos, era la forma más pura de amor que podía ser.
Escucho un grito de indignación. ― Hijos de la... los odio por no invitarme. ― Antes de poder voltear, siento un segundo par de brazos rodearme. Paola. Inmediatamente, la uno al abrazo de tres.
Unas lágrimas comienzan a querer desbordarse de mis ojos. Nunca pensé que este día llegaría tan rápido, o tan siquiera, que llegara. ―No saben lo feliz que me hace que estén aquí apoyándome.
― Siempre.
― Siempre... y cuando nos dejes seguirte chingando. ― Me río del comentario de mi hermano y me separo un poco de ellos para verlos a la cara. Toño da unos pequeños golpes en mi mejilla con la palma de su mano. ― Te amamos, cabrón.
― Y yo a ustedes.
― Vente. Vamos a casarte.
Me limpio una lágrima que cayó sobre mi rostro. Con un último suspiro profundo y mirada rápida al espejo, salgo de mi habitación de hotel con dirección al jardín. El pasillo se hace enorme y no parece que voy a llegar al fondo. Nunca había comprendido a los que se ponían nerviosos el día de su boda, pensaba que exageraban, pero ya me di cuenta de que no. Literalmente es una experiencia que debes vivir para no juzgar (como yo lo hice hasta el día de ayer). Quedé como un total y completo estúpido con el Checo del pasado.
Mis hermanos abren las puertas hacia el jardín con una espectacular vista al mar donde veo a la mayoría de los invitados ya sentados, listos para la ceremonia. La escena era espectacular; en definitiva, no existen mejores playas que las mexicanas. El clima había decido cooperar con nosotros el día de hoy, siendo una tarde agradable con la combinación perfecta entre sol, nubes y leve aire con para refrescarnos. Si hubiera estado ardiendo, yo ya estaría desmayado por el sol y mi intranquilidad. Mi mamá, mi hermana, mi suegra y mi cuñada se habían encargado de la exquisita decoración, algo que estoy muy agradecido porque ninguno de nosotros pudiera haber logrado de forma exitosa. Sabemos manejar, no cómo combinar colores y patrones. De mis pantalones caqui y sudadera blanca no me sacan, tanto que la gente me pregunta de vez en cuando si solo tengo un pantalón.
Soy un hombre de gustos simples.
A lo lejos puedo distinguir los rostros de Christian y su esposa, Geri, acompañados de Helmut, Adrian y su esposa. El equipo entero de ambos garajes estaba extasiado cuando compartimos la noticia de la boda y podría jurar que apostaron sobre si íbamos a hacerlo o no. Como siempre, el equipo un paso adelante. Toda la parrilla fue invitada, no podíamos dejarlos de lado en este día tan importante. Además, unos venían por parte de él como sus padrinos: Lando, Daniel y Charles.
Avanzo hasta el frente del altar, saludando de lejos a los invitados con una mano y una sonrisa que ahora me resultaba más orgánica. Veo al fondo a mis amigos, a quienes puse a mi lado como mis caballeros de honor. Los envidio tanto en este momento. Ellos tan frescos y yo sintiéndome como si fuera a regresar mi desayuno enfrente de todo el mundo en este instante. Jo debió haber notado alguna mueca en mi rostro porque se acerca con una mirada tranquila, pero con un rastro de preocupación apenas visible.
― Me está cargando la chingada. ― Le comento, tratando de no hiperventilar.
― Relájate un poco, güey. Va a salir todo bien.
― ¿Y si dice que no?
― No eres el primero ni el último que se hace esas ideas antes de casarse. ― Me contesta Jo con una sonrisa. ― El cabrón ya te hubiera dejado mucho antes de organizar todo este pedo.
― Tienes razón...
― ¿Pero?
― Eso no me quita lo culeado.
― Culeado y enculado. ― Me da unas palmadas en mi hombro y me da un abrazo corto pero significativo. ― Venga, hombre.
― Disculpe, ¿señor Sergio? ― Volteo al escuchar mi nombre. Era el juez. ―Ya estamos listos.
Con una profunda toma de aire a mis pulmones y una gran exhalación, respondo. ― Vamos a hacerlo.
Era enero del año de 2015, iniciaba mi quinta pretemporada en Fórmula 1. Este año arrancábamos en Australia, un país que disfruto mucho de visitar, no solo por su circuito, si no por su ambiente: la gente realmente es apasionada del deporte. Entre todo mi papeleo, miro la lista de pilotos de este año, viendo primero mi nombre al lado de mi más reciente escudería: Force India. Definitivamente, muchísimo mejor que haber continuado con la tortura de McLaren, que justamente en el año que entré (y único) decayó estratosféricamente en rendimiento. Ellos me culpaban a mí y yo a ellos. Claramente, el ambiente de trabajo no era el mejor.
―Mira, son cinco los novatos de este año. ― Le menciono a mi compañero, Nico Hülkenberg.
― ¿Ese es el que dicen que va a ser algo grande? ― Dice Nico, apuntando a la lista. ― Ese tal Max Verstappen.
― Sólo sé que es de los de Red Bull. No sé cual de los dos sea.
― Es una afirmación muy grande. Según sólo tiene 17 años.
Levanto mis cejas en sorpresa; es un niño y ya anda creando expectativas de dicha magnitud. Será interesante. ― Ya veremos qué puede hacer. Por algo está aquí.
Un extraño presentimiento con respecto al novato abordó mi cuerpo. ¿Qué significaría?
Mi mente deja de divagar al sonido de la primera nota musical. Los invitados se levantan de sus asientos para recibir a no más ni menos que a la única persona que me ha tenido a sus pies. La única persona que me ha hecho querer tomar este enorme paso en mi vida, aún cuando no tenía planes de hacerlo.
Con su perfecto y rubio brillando bajo el sol, un traje impecable y un aura irradiando a felicidad, Max camina tomado del brazo de su orgullosa y dichosa madre, Sophie. Me limpio otra lágrima escapó mi ojo al ver la escena. ¿Estoy soñando? Estoy seguro de que es una realidad alterna. La sonrisa en mi rostro es incontenible y, por primera vez en el día, me siento un poco más tranquilo. Mis ojos conectan con los azules de él, que con cada paso que avanza, presencio cómo un ángel llega a mi lado.
¿Ya ven que sí soy un romántico?
― Sergio. ― Inicia Sophie, ― Te dejo a uno de mis dos más grandes tesoros de esta vida. ― Ella zafa su mano de la de su hijo y me la entrega. ― Por favor, cuídalo como yo sé que él cuidará de ti.
― Con mi vida. ― Le sonrío y ella asiente. Con su mano ya en la mía, la dirijo a mis labios y le doy un beso en el dorso. Nos miramos a los ojos y dejamos ir una tímida sonrisa; en tu mirar se describe todo lo que no puedes hablar. Se siente tan bien estar aquí.
― Buenas tardes, mi nombre es Ernesto Hernández y se me ha dado el privilegio de realizar esta celebración el día de hoy, por parte de los señores Sergio Pérez y Max Verstappen. Bienvenidos sean todos y gracias por estar aquí.
Los invitados tomaron asiento y el ministro continuó hablando. Max y yo les dábamos las espaldas a todos, tan cerca uno del otro tan decente como pudiera ser. ― Te ves increíble hoy. ― Escuché a Max susurrar.
― Tú también, leoncito.
Por lo general, en mi naturaleza le respondería algo más irónico o divertido, pero ahorita no pienso que sea el momento más adecuado. Ambos guardamos silencio, escuchando atentamente las palabras del juez. Sinceramente, la mayor parte de lo que hablaba entraba por un oído y salía por el otro. Seguía tenso, no tanto como en un principio, pero lo suficiente como para que el enjambre de avispas en mi estómago no me dejara en paz.
Mayo, 2021.
― Pasen por acá, por favor. En un momento los llaman.
Max y yo entramos al cuarto para esperar a que se dignaran a hacernos pasar. De momento, se encontraban entrevistando a los Mercedes. Un sillón de 3 personas se encuentra al fondo y me siento a esperar nuestro turno.
― Increíble que nos apresuren para que todo termine retrasándose por cosas insignificantes.
― No podemos controlar todo, amigo. ― Le contesto.
Max se dirige a la mesa de botanas y toma una botella de agua, tratando de calmar sus emociones. En parte, lo entiendo: ambos odiamos el trabajo mediático, pero es parte de nuestros contratos. Una buena imagen lo es todo frente al mundo. Para pasar el rato, abro mi teléfono y veo una publicación en Twitter sobre una pareja que contrajo matrimonio al mes de conocerse. Me burlo. No puede ser posible que se tome una decisión tan importante en tan poco tiempo. ― Hey, ¿Crees en el amor a primera vista?
― ¿Tú? ― Max me levanta una ceja.
― No se responde con otra pregunta.
― Atracción, sí. Amor, no.
― Igual. Vi de una pareja que se casó en menos de un mes de haberse conocido, porque 'eran almas gemelas'.
― Las parejas así ni duran. No sé para qué hacen tanto si es una historia cantada de fracaso. Para empezar, no creo ni en el matrimonio.
― Ouch. Sonó un poco agresivo.
―Es la verdad.
Sospechoso. Levanto mi ceja, cuestionándolo. ― ¿Acaso está basado en hechos reales?
Max suspiró y se dio por rendido, sentándose a mi lado en el sillón. ― Conocí a alguien. Se llama Kelly, la hermana de un amigo. ― Un pequeño y confuso sentimiento de incomodidad se adueñó de mí. Raro. ― Todo fue muy rápido. Intentamos algo, pero no se dio. Ella ya tiene una bebé, adorable, pero sus metas y las mías eran totalmente distintas.
― Lo siento, hombre. ― Pongo mi mano en su hombro, en un pobre intento de darle algo de consuelo.
― No hay problema. No es como que tenga mucho tiempo para el romance tampoco.
― ¿Sabes? Siempre es bueno buscar un equilibrio. No toda la vida se trata sobre el trabajo. ¡Te la vives en el simulador, hombre!
Max se ríe. ― Es difícil cuando sientes el mundo pesar sobre tus hombros.
― El tiempo alcanza si se sabe acomodar. ― Inconscientemente, cierro la distancia entre los dos.
―Sí, tienes razón. ― Me tomo un momento para darme cuenta de que tan cerca que veo mi reflejo en tus ojos. ―Tus ojos tienen un destello verde.
― ¿Qué? ― Eso sí es nuevo.
― En serio. Si te fijas muy bien, puedes verlo.
¿Desde cuándo tengo verde en mis ojos? Siempre han sido café oscuro, no han podido haber cambiado de la noche a la mañana. Alguien necesita revisarse la vista y sé perfectamente que no soy yo...
― Creo que necesitas ir al médico, amigo.
― No lo creo. Me gustan mucho tus ojos, no es algo que veamos mucho en Países Bajos. ― Me quedo sin palabras. Está bien...
Definitivamente no era algo que esperara escuchar hoy. La adrenalina se hace presente en mi cuerpo, haciéndome querer ir a correr por un campo, pero, ¿por qué estoy tan nervioso y emocionado? Estas no son reacciones que deberían aparecer en mí. Me gustaban las mujeres, ¿verdad? No se encontraba en mi agenda el empezar a ver a un hombre de otra manera más que un amigo, mucho menos a mi (muy intrigante) compañero de trabajo, que justo me acababa de confesar su interés por una persona del sexo opuesto.
Un golpe en la puerta se escucha y me saca de mi trance. ― Red Bull, ya es su turno de pasar.
― Vamos a darles su espectáculo. ― Con una última mirada, ambos nos levantamos del sillón y salimos del cuarto. No sin dejar de cuestionarme lo que había pasado ahí dentro.
―Procederé a hacer lectura a uno de mis pasajes favoritos: 1 Corintios 13:4-7: "El amor es paciente; el amor es bondadoso; el amor no es envidioso ni jactancioso ni arrogante ni grosero. No insiste en su propio camino; no es irritable ni resentido; no se alegra del mal, sino que se alegra de la verdad. Todo lo soporta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta."
Volteé a verlo rápidamente y él hace lo mismo, pensando lo mismo mientras nos dan la lectura del pasaje bíblico. Una risa llega a mi rostro, recordando la sincronización que nos ha caracterizado desde tiempos inmemorables; algunas personas hasta nos tenían miedo de que actuáramos de la misma manera de vez en cuando. Me toma de la mano y entrelaza nuestros dedos, jugueteando con su pulgar sobre mi piel. El panal de avispas se convierte en mariposas, como aquellas en esos días cuando solíamos tirarnos miradas, actitudes e indirectas de que teníamos algo más que compañerismo.
Ciudad de México, 2021.
No podía creerlo. Era la primera vez lograba un podio aquí en México. Tercer lugar no es mi meta, pero es lo máximo que he logrado alcanzar en mi país natal. Estoy que desbordo de alegría. Soy el primer piloto mexicano que logra un podio en su Gran Premio de casa. Estaciono mi auto en el letrero del 3 y me salgo de él, sólo para ser recibido por una horda de gritos descontrolados. El público estaba vuelto loco, no hay descripción para la energía que desbordaban.
Me bajo del auto y a la primera persona que veo es a él dirigiéndose hacia mí, con sus ojos llenos de adoración. Max me abraza fuertemente enfrente de las cámaras y de todos los presentes. Ante todos, se ve como un afecto de compañeros de equipo. Entre nosotros, en definitiva, algo más... o por lo menos eso pensaba.
― ¡Felicidades, amigo! Estoy muy feliz por ti.
Y se notaba. Exudaba regocijo. Solo podía quedármele viendo a esos ojos azules que me tenían desconcertado. ― ¡Gracias! ¡Gracias!¡Felicidades a ti también!
Nos separamos del abrazo total y nos acomodamos a un semiabrazo lateral, golpeando mi pecho me dijo. ― Anda, tu familia te espera.
Le dirijo una última sonrisa y me separo de él para ir a saludar a mi familia. La euforia era incontenible, era irreal. ¿Los siguientes en unirse al festejo? Los mecánicos del equipo. Llegaron gritando y saltando en total éxtasis, cargándome y entregándome mí bandera para festejar. Una vez que me dejaron bajar, se fueron a cargar a Max. Mi papá se veía tan feliz por ambos que le terminó arrojando la bandera en su cara. Como muchos decimos, él ya era un mexicano más, adoptado y querido por todo un país.
Los mecánicos lo bajan y finalmente puedo regresar con Max, a quien volteo a ver con la mayor afección de la que normalmente demuestro. Sus ojos sobre los míos, el mundo se detiene.
Mi mundo alterno de fantasía y de dicha se ve interrumpido por los múltiples fotógrafos gritándonos para hacer su trabajo. ― ¡Max! ¡Checo! ¡Foto, foto!
Max y yo tomamos la bandera cada quien de un extremo y puso su brazo a mi alrededor, dando una pequeña e imperceptible caricia. Una sensación cálida recorrió mi espalda. No era la primera vez que lo hacía, pero en esta ocasión y enfrente de todos, sentí una intención completamente diferente. ¿Era mi cabeza haciéndose ideas de nuevo? De lo único que sabía, era que quería tenerlo más cerca de mí, que no se separara de mí. Intenté que esos segundos se sintieran como horas, disfrutando de toda la euforia que tanto el exterior y mi interior me estaban otorgando. El aire en el autódromo se respiraba una vibra totalmente diferente, algo que nunca había sentido en ningún otro lado.
― Vamos, hay entrevistas qué hacer.
Al terminar la ceremonia de premiación y las miles de entrevistas, todo el equipo y yo nos dirigimos al hotel para alistarnos y preparar todo para irnos. Les prometí invitarlos a una cena a todos en agradecimiento y para compartirles de uno de mis restaurantes favoritos de la ciudad. Además, necesitaba descansar un poco. Aunque la sensación de un podio en casa era inigualable, era también muy desgastante.
Me dirijo hacia el elevador, tecleando el número de mi piso. Se encontraba en el piso 5 y, para mi fortuna, no tardó en anunciar que ya venía bajando. Mis piernas y mi cuello realmente me estaban matando como para ir por las escaleras.
― Hey, ¿ya eres libre de respirar al fin?
Escuché su voz decir a lo lejos. Inmediatamente, mi ánimo mejoró inconscientemente y puedo jurar que un par de personas observando pudieron ver el cambio en mi rostro. ― Una entrevista más y me volvía loco.
― Somos dos. Y eso que no di tantas como tú. ― Le sonrío y escucho la campanita del timbre. El elevador había llegado. ― ¿Vas a subir?
― Yep. Sólo bajé para entregarle algo a Christian, pero ya voy de regreso.
― Ah, bien.
― Piso 12. ¿Cuál te marco?
― El 15, por favor.
Max teclea el número de ambos pisos y las puertas se cierran. Por un segundo, no sé qué decir. Estoy en un elevador solo con Max. Algo se me tiene qué ocurri―
― Sabes, realmente estoy muy feliz de que lograras llegar al podio.
Sonrío. ― Yo también, hombre. Es mi primera vez aquí y sí es muy especial.
― ¿Y sabes qué más? Me gustó cómo celebró tu papá contigo. Era el más orgulloso de todos.
― Creo no va a terminar de dejar de hablar de este podio hasta el próximo año.
― Con buena razón. ― El elevador se detuvo y timbró. Piso 12. ― Dile a mi futuro suegro que espero verlo pronto. ― Voltea a verme con una sonrisa tranquila y segura, para darse la vuelta y salir a su piso. ¡¿Qué?! ¿Futuro suegro? ¿Entonces eso significa que...? No eran ideas. NO ERAN IDEAS.
Sin tiempo para reaccionar a las palabras que dijo en su momento y con los ojos tan abiertos como mi boca, la puerta del elevador se cerró.
Abu Dabi, 2021
Había caído la noche y eso solo significaba una cosa: hora de salir. Red Bull Racing se encontraba de fiesta y no iban a escatimar ni un centavo en alcohol y comida. El yate que habían rentado estaba listo para recibir a unas 200 personas que no iban más que a emborracharse y pasarla bien. No todos los días se ganaba un campeonato, especialmente después de romper un dominio de 7 años de tu principal equipo rival.
Caminando por los largos corredores, llego a la habitación de Max. Christian y Adrian me habían encomendado la tarea de hacer que Max bajara a tiempo para irnos al festejo. Por lo general, yo soy quien llega tarde a todos lados (y no es porque sea mexicano), pero esta vez, nos tocó invertir los papeles. Toco la puerta y rápidamente escucho pasos acercarse.
Una sonrisa perfecta me recibe. ― ¡Hey! Pasa. Estoy terminando.
La habitación olía a su perfume, uno que ya conocía muy bien. Intoxicante. Paso más tiempo con él que con mi familia, es razonable que conozca e identifique si ha estado en un lugar usando únicamente este sentido. A pesar de estarse alistando, su cuarto no era un caos, contrario al mío. Mi ropa había volado de un extremo a otro mientras encontraba mi short color caqui de siempre. Los colores neutrales son un básico y mi único estilo de vida que no pienso modificar, aunque múltiples asesores de imagen intenten vestirme diferente. Soporten.
― Christian nos quiere ver abajo en 20 minutos. Vamos a llegar todos juntos a la fiesta.
― Muy bien.
Me siento en la orilla de la cama mientras lo veo dar los últimos ajustes a su peinado. A mi lado, su iPad que prendió con una notificación. Probablemente alguna felicitación de las miles que debe de haber recibido hoy, más todas las que le faltan. Su fondo de pantalla es protagonizado por sus gatos, pero lo que me llama la atención, es una foto en la parte posterior que sé identificar perfectamente de cuando es. España 2016, su primer victoria. A su lado, se ve Christian abrazándolo y sonriendo, como un padre orgulloso de su hijo en su primer reconocimiento escolar. Dejo ir una carcajada suave. Eso llamó su atención y se acercó hacia mí para ver lo que yo. "No puedo creer que ya pasaron 6 años de esa foto."
― Recuerdo cuando supe de ti por primera vez en 2015. Sabía que estarías destinado a algo grande siendo apenas un mocoso cabrón.
Se agacha un poco y agarra el iPad de mis manos. Sus ojos denotan nostalgia y gratitud. ― Christian y Helmut creyeron en mí. No estaría hoy aquí sin ellos. Son mi familia.
― No sabes lo orgulloso que estoy de ti. ― Hacemos un contacto visual profundo y acto seguido, un silencio inundó la habitación. La conversación murió junto con mi cerebro. Nos quedamos viendo por unos tres segundos que parecían más bien una eternidad rodeados en un ambiente de incomodidad y tensión, una en donde no queríamos irnos pero, a la vez, yo anhelando estar en otra parte para no cometer vergüenzas enfrente este hombre. Realmente espero que mi respiración y expresiones no incriminen lo que sucede en mi cabeza. Bueno, momento de irse de aquí.
― Te dejaré para que termines de alistart― Con una mano arriba, me despido de él y me dirijo hacia la puerta del cuarto.
― Checo...― Max comienza y me doy la vuelta hacia él. ― Gracias. Lo que hiciste hoy fue de otro planeta. Realmente nadie hubiera logrado lo que tú.
― Era mi trabajo.
― Pudiste no haberlo hecho y, aun así, lo hiciste. ― Su mirada era muy suave, llena de aprecio y afecto. ― Y no creo que haya una forma suficiente en la que pueda agradecerte.
― No, hombre. ― Una chispa de impulso se apodera de mí y envuelvo mis brazos sobre su cuerpo en un abrazo. Nos habíamos dado muchos abrazos anteriormente y, aunque ninguno se puede comparar con el que nos dimos después esta última carrera (el más honesto, cálido y bello que he dado y recibido; como si el mundo hubiera dejado de moverse por unos segundos y nosotros dos fuéramos los únicos seres existentes), este era algo diferente. Tenía un presentimiento extraño, pero muy bueno. Me emocionaba descubrir de qué trataba. ― Ya te dije que te lo mereces. Realmente lo mereces.
Froto mi mano en su espalda y nos separamos un poco, quedando a escasos centímetros de nuestras caras. Sus ojos azules denotaban una comunicación confusa, como si quisiera decir algo, pero no se atrevía. Sin darme cuenta, tragué saliva. Dios mío, ¿será que este será el momento en el que pase? Definitivamente, este es el momento. No podemos escapar esta oportunidad perfecta que sé que ambos queremos desde hace tiempo.
― ¿Y sabes qué otra cosa nos merecemos? ― Su mano asciende desde mi espalda a mi cuello, y de ahí, a mi mejilla, dejando un trazado de escalofríos que fingí ocultar muy bien. O eso pensaba. ― Ser felices, juntos. ―
Mis ojos viajaron de los suyos a sus labios e inmediatamente, sentí como ellos se abalanzaron sobre mí. No es queja. Se sentía tan bien cómo ambos íbamos al mismo ritmo, misma intensidad y como ambos estábamos disfrutando de este momento. Se me escapa un gemido y siento su emoción al incrementar la intensidad. Manos viajando por rostro, espalda, cuello y pecho, frotando y sintiendo cada centímetro de piel que pudiéramos considerar "decente" para ser un primer beso. Y para ser el primero, no era tan inocente que digamos.
El delatador flujo sanguíneo ya había comenzado a viajar a regiones inferiores y sé que él podía sentir mi emoción que él estaba causando. Gruño un poco en frustración. ¿Tan rápido y ya nos estamos exponiendo? Se nota que ya nos teníamos ganas, porque no soy el único con problemas para ocultar la fisiología lo que pasa cuando estás prendido.
Termino el beso. Hoy no es el momento para ir más allá.
Otro día será.
Max reposa su frente sobre la mía, nuestras respiraciones agitadas y sonrisas extensas por nuestra cara. Mis manos colgando sobre su cuello, saboreando y disfrutando la paz que me trae el estar así, con él, una emoción causada por una persona que claramente sé que siente lo mismo que yo. Una relación entre dos personas del mismo sexo siempre va a ser vista con ojos diferentes a los de una pareja heterosexual, pero realmente, no importa. No cambiaría este momento por nada y daría todo por repetirlo una y mil veces más.
Todo está bien en el mundo. En nuestro mundo.
La opinión de los demás será importante según de quien venga, pero con Max a mi lado, estaremos bien.
― Te propongo algo: un shot por cada vez que tengamos contacto físico en público hoy. ― Todo para aumentar la tentación y diversión.
Max suelta una risotada. ― Ya mejor ve haciendo mi ingreso al hospital por coma etílico.
Esta noche va a ser interesante.
― Ahora, quiero invitar a los familiares de Sergio y Max a ponerse de pie, por favor.
Por mi parte, mi papá, mi mamá y mi hermana se levantan de sus asientos; Toño se mueve de su posición de padrino de bodas a unírseles a mi familia. Del otro lado del pasillo, Jos, Sophie y Victoria se ponen de pie.
― ¿Ustedes, familiares y amigos de Max y Sergio, les dan su bendición y apoyo en este día, deseándoles una vida maravillosa juntos?
― Sí queremos.
Por dentro, sabía que Jos lo estaba diciendo a regañadientes. Aunque sabía que en alguna parte de su (algo podrido) ser quería a Max, no aceptaba del todo la relación. Al final, sólo terminó accediendo a su hijo teniendo novio porque sabía que nunca iba a poder cambiarlo de opinión y prefería no darle más razones para tener una relación tensa con él (y ni al caso de meterse en la vida personal de él, mucho menos su orientación).
Jos Verstappen era de esas personas que no se pueden mantener contentas con nada.
Mientras no joda con mi vida o la de Max, que haga lo que él quiera.
El 2022 fue un año muy extraño, pero satisfactorio para el equipo en muchos aspectos. Iniciamos con el pie izquierdo, pero nos pudimos reponer de una manera exorbitante. Max y yo iniciando como una nueva pareja, secreto dado a conocer en personas selectas, pero sin sacrificar el profesionalismo de ninguna manera. Fuimos bien recibidos por todos, especialmente por nuestro equipo de mecánicos, quienes ya sospechaban. Christian y Helmut denotaron un poco de preocupación por las emociones de ambos interfiriendo con nuestro trabajo, pero les hicimos saber que el equipo siempre va a ir primero que cualquier conflicto que se pudiera presentar entre nosotros.
Toda duda de nuestra dinámica desapareció con el Gran Premio de Emilia-Romagna, con nuestro primer 1-2 como compañeros y el primero después de 6 años. El mundo de la Fórmula 1 se veía dominado por nosotros, nadie tenía duda del poderío del RB18. Con mis jefes contentos, firmé mi prolongación de contrato hasta 2024, prometiendo mantener el ritmo y traer el campeonato de constructores y el tan anhelado 1-2 de pilotos a la escudería.
Para despistar un poco nuestro contacto en público como justificado, lo utilizábamos como herramienta de marketing, algo de lo que el departamento se beneficiaba bastante. ¿Comentarios de amor? Listo. ¿Abrazos en público? Nada complicado. Lo más difícil era callarnos. No era necesario que nos exigieran comportarnos, podíamos ser tan libres como quisiéramos.
De los momentos más difíciles, era cuando Max tenía presión por parte de su padre. Aunque las cosas fueran en su contra, si Max no terminaba en podio, Jos se molestaba. ¿Cómo puedes enojarte por algo que no está en tus manos? Lo recibía con una mirada de rechazo, sin mencionar ni una palabra de aliento.
En una de esas ocasiones, Max salió huyendo del lugar, sin dirigirle la palabra ni la mirada a nadie. Dejé pasar un par de horas y todavía no había señales de él por ningún lado. Realmente se había ido. Le mandé mensaje para avisarle que lo esperaría en el hotel cuando me responde: "Nos vemos en mi cuarto."
Oh, Dios.
Con una llave de acceso extra, entré a la habitación. Él se encontraba reposando su peso el barandal de la terraza, acompañado de un buen vaso de bebida en mano. Tristemente, muchos de nuestros problemas se sienten mejor con el alcohol, como una única escapatoria de este mundo. Caminé hacia él y me acomodé a su lado, rezándole a todos los dioses el tener las palabras correctas para decir y no agravar más la situación.
― ¿Sí te he contado sobre como nunca fui suficiente para él?
― Nunca directamente.
Max bufó. ― La única razón por la que estoy algo cuerdo es por mi madre. ― Él se separó del barandal y se acercó a la mesa a prepararme un trago. ― Ella hizo un trabajo espectacular con mi hermana y conmigo, hasta que se divorciaron.
Una cantidad peligrosa de vodka estaba siendo servida en mi vaso; él realmente quería desahogarse. ― La historia de la gasolinera es verdad, aunque haya declarado en público que no era cierto. ¿La de golpear a mi madre? Ni se diga. ― El me da el vaso y lo puedo mirar directamente al rostro por primera vez. Su mirada se ve perdida y fastidiada, sobre todo, confundida. ― ¿Y lo peor de todo? No puedo odiarlo. No puedo.
Le doy un trago a mi bebida. Sé a lo que se refiere: hay personas que, aunque queramos aborrecer, no va a suceder jamás.
―Nunca me faltó nada, siempre tuve todo lo que necesité para estar aquí. Me dio una mentalidad fuerte para afrontar todo, pero, ¿a costa de qué?
― Que se joda. ― Le contesto. No son palabras para dirigirte a tu suegro, pero no era como que me importase en este momento.
― Sí, que se joda. ― Él da una pequeña sonrisa da un trago grande a su bebida. ― Además, sí sabes que él sabe, ¿verdad?
Eso llamó mi atención. ― ¿Sabe qué?
― De nosotros.
Sentí cómo la bebida se me atoraba a medio tramo. ― ¡¿Cómo?!
― Los papás siempre saben. No necesitaba que fuera a confirmárselo para que supiera.
Sentí como la sangre huía de mi cuerpo para dejarme completamente helado. No era que se lo fuéramos a ocultar toda la vida, pero en definitiva no algo que fuera de su conocimiento en etapas tan tempranas de la relación.
― ¿Y qué te dijo?
― No dijo nada, pero ya sé que no lo aprueba. ― Él sonaba tan tranquilo, opuesto a como yo me encontraba. ― También, sabe que no me va a hacer cambiar y no debe. Esto es lo que quiero y soy realmente feliz.
Esa última frase me trajo ligeramente de nuevo a la vida. Sentí el calor llegar a mi rostro. ¿Tan rápido había hecho efecto el alcohol?
―Yo también soy feliz. ― Reposé mi mano sobre la suya y lo miré a los ojos. Estaba seguro de que todo iba a estar bien entre los dos.
Mónaco fue pura fantasía. El momento que siempre recé para que llegara, estuvo finalmente en mis manos. Los festejos no se hicieron esperar y todo terminó en una total locura, tan enorme que rumores indecorosos de la mitad de la parrilla se liberaron a la prensa al día siguiente. Alice me odió todo un mes por el trabajo que tuvo que hacer conmigo.
Éramos completamente imparables en todo aspecto. Nada podía contra nosotros.
Pero algo cambió.
El auto se alejó de mi estilo, no me encontraba con él. Las configuraciones que realizábamos no daban el fruto que se esperaba y como resultado, un pobre desempeño durante el fin de semana o clasificaciones los sábados. Las críticas no se hicieron esperar y, aunque estoy acostumbrado a ellas, en esta ocasión se sentía diferente.
'¿Era realmente Pérez la solución a Red Bull? Te nombramos a tres posibles candidatos para el segundo asiento del equipo austríaco.'
'Ese es un asiento desperdiciado.'
'Merece el trato de Gasly y Albon.'
El contrato ha sido firmado hasta el final de 2024, pero el mundo no podía esperar a ver la próxima caída de la guillotina sobre un piloto de Red Bull de manera anticipada. Es bien conocido que este equipo no tiene piedad cuando se trata de falta de rendimiento. Mi mentalidad es fuerte, pero siempre hay un punto de quiebre. La presión del equipo, de los medios y la más importante, la mía, me estaban cobrando horas importantes de descanso. No me encontraba con el auto y mi vieja amiga, la mala suerte, siempre se encontraba presente cuando un destello de oportunidad se dejaba ver.
― A este punto, ya no sé qué pensar de mí mismo ni de mis capacidades.
― Nos pasa a todos. Los ingleses nos atacan hasta por cómo caminamos en el paddock. ― Me contesta Max, quien se encuentra sentado a mi lado.
― Es cinco veces peor cuando eres latino. ― Tomo un gran respiro y continúo. ― A veces pienso que es mejor retirarm―
― Oye, escúchame bien. No voy a dejar que te rindas. ― Cierra más el espacio entre los dos y coge mi mejilla con su mano, frotando su dedo pulgar suavemente. ― Tú no dejarías que yo lo hiciera. Después de todo, es tu propio lema.
― ¿Lo prometes?
― Con mi vida. ― Coloco mi cabeza sobre su hombro, buscando algo de consuelo en su calor. ― Trabaja el doble y vuelves a ganar este año. Estoy seguro.
― Tomen asiento, por favor. ― Se dirigió con nosotros y continuó. ― Seguimos con sus votos. Lo que prometen hoy debe ser renovado mañana y todo día que siga. Por favor, voltéense a ver y tómense de las manos.
Mis manos un poco sudadas toman las suyas, el contacto causando la misma sensación eléctrica y de adrenalina que he sentido desde hace años.
― Yo, Max Emilian Verstappen, te tomo a ti, Sergio Michel Pérez Mendoza, para ser mi esposo. Tu amor me da esperanza. Tu amor me da alegría. Me has convertido en un mejor hombre sin darme cuenta y sigues sin dejar de sorprenderme. Mis sueños son tus sueños y los construiré contigo. Cuando necesites un amigo, seré tu mejor amigo. Cuando la vida no vaya como quieres, te animaré y no te dejaré solo. Y cuando hagas lo mismo por mí, lo apreciaré. Si no lo haces, te perdonaré. Todos los días. Por el resto de mi vida."
― Yo, Sergio Michel Pérez Mendoza, te tomo a ti, Max Emilian Verstappen, para ser mi esposo. Con este anillo, prometo que nunca vas a tener que afrontar al mundo solo. Te tomo como mío, conociendo y amando cada uno de tus virtudes y defectos, como yo me ofrezco a ti con los míos. Prometo ponerte siempre primero... a menos de que estemos a media temporada. ― Me tomo una ligera pausa para reírme y el público me acompaña. ― Pero en verdad, me has enseñado que dos personas unidas por el respeto, la confianza y la comunicación abierta pueden ser más fuertes y felices de lo que cada uno podría estar solo. Hoy, escojo vivir el resto de mi vida contigo por toda la eternidad.
Ese último chiste era basado en hechos reales, uno que todos podían identificar con facilidad. La frase "mis razones" por un tiempo me causó pesadillas e incomodidad, aún después de hablar las cosas. Esa tarde que explotamos en Sao Paulo, presenciada por miles de fanáticos alrededor del mundo como testigos de nuestra tensión laboral.
Aún después de todo, no cambiaría nada de lo que sucedió. Conoces realmente y mejor a las personas por cómo actúan en los momentos difíciles.
Ya era noche en Brasil, para ser más exactos, las 2:30 de la mañana. La lluvia no había parado desde que abandonamos el circuito, de donde salí con mi ego y corazón heridos, la confianza perdida y una fatiga mental inimaginable. Los medios tenían contenido para crear hasta por debajo de las piedras y no los culpaba: yo también terminé agregando leña al fuego con mis comentarios sobre sus campeonatos. Tenía que sacarlo, no podía vivir con ese veneno en mi ser. Tuvimos una pequeña junta al llegar al hotel, donde claramente ninguno de los dos lados llegó a un acuerdo y salí enojado de la sala diciéndoles, ―Hagan lo que quieran, despídanme o me voy si no hay igualdad.
Red Bull es un equipo que se caracteriza por ser difícil de complacer. No hay segundas oportunidades. Después de todo esto, ¿ya estarán pensando en terminar anticipadamente mi contrato? La mala suerte ha sido mi amiga desde hace mucho tiempo y, al parecer, continúa acechándome. Sea cual sea la decisión que tomen, ya estoy preparado mentalmente. El abandono es un ámbito que todos debemos tener en cuenta en este deporte, como mi más reciente caso con Racing Point. Haberlos salvado de la ruina no fue ni una mínima consideración para que me corrieran, ni que les haya dado la única victoria que hasta el momento tienen.
Veo la lluvia caer desde la terraza de la alberca del hotel con un vaso de tequila en mano. La brisa y el aire fresco no son suficientes para causar un mínimo momento de paz en mi mente. Pensamientos que van y vienen sobre mi pasado, presente y futuro, creando escenarios sobre lo que fue, es y será. ¿Realmente me arrepiento de haber defendido a Max ese día en Abu Dabi? ¿Valió la pena ese esfuerzo como para que el día de hoy no pudiera cederme un solo punto? ¿Seguiría en el equipo si no lo hubiera hecho?
― ¿Insomnio?
Mis pensamientos se ven interrumpidos por una voz de quien no necesito voltear para saber a quién pertenece. Mierda, lo que me faltaba. Asiento únicamente con la cabeza, prolongando el silencio lo más posible esperando que mi falta de respuesta y recibimiento lo hiciera irse del lugar. La última persona que deseaba ver en este planeta se encontraba a escasos dos metros de mí.
― No te vayas.
Suspiro. Me giro a verle la cara y afrontarlo directamente. ― Dame una buena razón para no empezar a buscar otro equipo.
― Porque hemos logrado juntos lo que se no podía desde hace años.
Una risa sarcástica se escapa de mi boca. ― Creo que tú y yo sabemos que eso no es razón suficiente para que me quede.
Ambos guardamos silencio. Max sabía perfectamente a lo que me refería, pero no encontraba las palabras para expresarlo. Siendo europeo, la mayoría del tiempo caía dentro del estereotipo "frío y directo", sin vueltas en el asunto. Aunque es una cualidad que le servía bastante a la hora de comunicarse en la mayoría de los ámbitos, no lo era tanto para establecer relaciones: no es lo mismo hablar de tu trabajo o con algún amigo que abrir tus sentimientos y que otra persona te vea como realmente te encuentras: vulnerable.
Su silencio me confirmó todo. Rebufo. ― Lo imaginé. Nos vemos mañana para la junta. ― Me di la media vuelta y logré dar un par de pasos, solo para tensarme al darme la sorpresa de que el neerlandés había agarrado mi brazo para voltearme de nuevo hacia a él.
― No quiero que te vayas. ― Mirándome fijamente, Max agarró aire y continuó. ― Recuerdo cuando te vi por primera vez en pista, en el paddock, y pensé que eras increíble. No solo como piloto rival, si no como persona. Siempre has sido una persona mentalmente muy madura, inteligente y fuerte, eso me interesó de ti. Cuando me enteré de que serías mi compañero de equipo, no pude dejar de pensar en mi gran suerte y en lo dominantes que seríamos, tú y yo juntos.
En algún punto me relajé, pero todavía me sentía la defensiva. ― Has sido una pieza clave en muchos aspectos. El equipo no era ni es lo mismo sin ti... yo no sería el mismo sin ti.
La rigidez definitivamente había regresado. Tuve que tomar un respiro profundo, al igual que él. ― Me enamoré de un hombre que me enseñó que la vida no es solo trabajar y culpar a tu pasado por tu presente. Me hiciste conocer el verdadero perdón y la templanza, la tranquilidad que el amor genuino puede dar. Nunca pensé que podría llegar a vivirlo y, aún así, lograste que un idiota como yo se enamorara."
― Max...
― No sé si sea suficiente para convencerte de que te quedes, pero quiero que sepas que estoy luchando contra mi orgullo, frente a ti, queriendo solucionarlo. ― Él tomó mis manos en las suyas. Realmente extrañaba el calor que únicamente él podía irradiarme, que me llenó de tranquilidad en medio de esta tormenta. ― Eres lo mejor de todo lo que alguna vez ha sido mío.
Victoria pasa al frente y nos entrega una cajita negra de terciopelo, donde un par de hermosos anillos de oro reposaban en su interior. Max y yo queríamos un diseño sutil, pero con un toque extra que los diferenciara de otros. En mi anillo, una banda de zafiros azules y en el otro, una banda de granate, siendo ambas nuestras piedras del mes correspondiente. Mis respetos para el joyero, que con su sugerencia había creado una verdadera obra de arte. Es uno de los detalles que ni a él ni a mí nos hubiera cruzado por la cabeza jamás.
― Que quienes llevan estos anillos, sigan enamorados todos sus días. Que sigan afrontando con valentía los problemas que puedan surgir y que su relación sea siempre de amor y confianza. Que lo que dijeron hoy, se convierta en una realidad en sus vidas.
Max y yo asentimos con la cabeza. Con su mano en la mía, coloco el anillo en su dedo anular izquierdo y el procede a repetir la acción en mí. A lo lejos, escucho las cámaras disparar sus tomas y sentir las luces del flash.
― Es mi privilegio y gran felicidad ser el primero en presentarles a Max Verstappen y Sergio Pérez como una nueva pareja en matrimonio. Pareja en la vida, para la vida. Recíbanlos con un aplauso. ― No podía creerlo, esto estaba pasando. ― Puede besar al novio.
¡Al fin!
Sin pensarlo dos veces, tomo su cara en mis manos y lo beso con toda la dicha, el fulgor y amor que una persona puede expresar en público. Su mano izquierda se encuentran en mi cintura y comienza a cargar su peso sobre mí, ladeándome y forzándome a levantar mi pierna en el aire, sosteniéndola con su otra mano para evitar perder el balance y que me cayera. El paraíso en la tierra. El jardín se llenó con los ruidos de gritos y aplausos de los invitados eufóricos, amigos y compañeros de trabajo de toda la vida que siempre estuvieron para nosotros.
Ante toda la emoción, rompo el beso con una risa llena de júbilo. Mis ojos se encuentran con la mirada intensa del hombre que me atrapó. ― ¿Mío? ― Le pregunto.
―Desde siempre. ― No esperaba menos de su respuesta.
Con mi mano en la suya, nuestros siempre sincronizados pasos iniciaron el camino por el pasillo lleno de invitados eufóricos para pasar por primera vez como esposos, con un bello escenario a nuestras espaldas, protagonizado por la inigualable playa del Océano Pacífico y su encantador atardecer.
― Hijos. ― Christian se nos acerca con brazos abiertos. A su lado, Helmut, Adrian, su esposa y una deslumbrante Geri en un vestido blanco. Le dejamos utilizar el color porque ninguno de los dos iba a utilizarlo y no nos importaba ese código de vestimenta; es icónico en ella. Además, no podríamos decirle que no a quien básicamente es una segunda madre, que se veía aún más orgullosa que Christian. Prometo que ni mi propia madre lloró tanto como ella. Todos nos abrazan y nos felicitan, cada uno diciendo sus palabras y buenos deseos.
― Cuídamelo bien, cabrón. ― Me dice Christian. Aunque él y yo nos llevamos bien, es bien sabido que tiene un vínculo más fuerte con Max desde años atrás. Muchos lo nombran hasta más padre que al biológico.
― Ay, Christian. Conoces bien a Checo; su corazón sólo tiene buenas intenciones. ― Dice Geri, poniendo una mano en el pecho de su marido.
― Una amenaza nunca está de más. ― Contesta divertido nuestro jefe. ― ¿Cuándo se van de luna de miel?
― En un par de días. Vamos a pasarla primero aquí y luego ya nos vamos de gira.
― Si fueras mujer, ya estaría planeando tu baby shower. Checo si no está en el auto, está intentando procrear... sin procrear. ― Christian culero.
Todos se empiezan a reír y yo no puedo evitar sonrojarme ante tal comentario. Si tan solo no nos hubiera atrapado aquella vez en el vestidor en el Gran Premio de Azerbaiyán en 2022, no tendría que exponernos de esta manera. Nuestra simple existencia parece siempre darle contenido para hacer bromas sobre nosotros, pero no importa: nunca falta la oportunidad para regresársela y aún peor. La venganza siempre será dulce. Las bromas siempre han sido mi fuerte.
― Nos cuentan todo cuando regresen para la pretemporada. ― Comenta Helmut. No. Digas. Nad-...
― ¿Todo? ― Max me ganó. La carcajada al unísono se escuchó y todos voltearon a vernos. Helmut se queda callado, un poco sonrojado, pero sin más comentarios.
Red Bull realmente era una familia.
― ¡Max! ¡Checo! ― Una voz a la distancia grita nuestros nombres. ¡Matt! Mi jefe de mecánicos.
― ¡Hombre! ― Lo abrazo y le doy unas palmadas en la espalda.
― Felicidades a ambos. Ya sabíamos que iban a terminar aquí. ― Matt continúa y abraza a mi esposo. Shot por cada vez que digan que íbamos a terminar casados. ― Vamos a tomarnos una foto todos, como cuando terminamos las carreras con victorias.
― ¿Aunque estemos todos vestidos? ― Pregunta Adrian.
― Todos vamos a terminar ebrios, así que no importa. ― Christian argumenta. Nadie puede debatir contra esa lógica.
No puedo contener la emoción y, por la expresión que veo en Max, tampoco él. Nos lanzamos casi corriendo a la playa, donde veo que tienen un letrero donde ponen nuestros lugares en la carrera preparado con la frase "Congrats, Max & Checo!" y "Till Death Do You Part". Mis papás, hermanos, mis suegros y cuñada ya se encontraban ahí. Por milésima vez en mi día, mi aliento se escapó. Realmente estaba sucediendo.
Max me toma de la cintura y se acerca a mi oído. ― Un shot por cada vez que tenga que sacarte del trance hoy.
― Ve haciendo mi ingreso hospitalario por coma etílico. ― Le respondo en su oído también, recordando aquel reto en Abu Dabi de hace años.
Caminamos tomados de la mano hacia el público alentador, con una sonrisa de oreja a oreja que era imposible de disimular. Ni tampoco tenía la más mínima intención de hacerlo. Los invitados se colocaron en sus posiciones para la foto justo como en las celebraciones después de las carreras, con su infaltable Red Bull en mano. Una vez que todos estábamos listos, el fotógrafo nos hace una señal para el conteo.
― Tres, dos, uno...
― ¡HEY! ― Todos alzamos nuestras manos.
― ¿Listo? ― Max me dice mientras me voltea a ver, irradiando amor y adoración.
Beso su mano entrelazada con la mía. ― Contigo, siempre. ― Le respondo con la misma intensidad.
― Tres, dos, uno...
Con nuestras manos entrelazadas, corremos hacia el campo huyendo de la lluvia de bebida energética. Giro mi cabeza hacia ti y tú hacia la mía y, lo único que sé, es que tomé la decisión correcta. En tus ojos brillantes veo que, sin importar qué, vamos a lograrlo. Estoy seguro y puedo verlo ahora.
Hace tiempo que quería escribir una historia, y justo quedó en la semana del GP de Silverstone que tanto Taylor relanzó "Mine" como ver al Chestappen corriendo de la lluvia de Red Bull que me orilló totalmente a escribir este one-shot. Hoy es puro amor aquí, luego hago uno todo tipo Chérnobil a este par de exdivorciados que ya se ve que fueron a terapia.
Espero sus críticas constructivas y comentarios, todo es bienvenido. Es mi primera vez escribiendo en otro fandom en el que relativamente soy nueva, así que necesito sus comentarios para mejorar. ¡Muchas gracias por leer!
- M.A.