Aida
Hoy domingo 1 de Julio, es el peor día de mi vida, me encuentro discutiendo junto a mi amiga en un autobús de locos.
- ¡Es tu culpa!- me grita alterada.
- ¡Si es tuya!- le grité enfadada.
- Fuiste tú la que dijiste que subiésemos a este autobús.- me acusó mientras me daba con el bolso en la cabeza.
- Pero el otro se marchó y yo no lo sabía.- pero de qué iba, si no fuera por ella y por sus estúpidas maletas no habríamos llegado y tarde.
- ¿Qué está ocurriendo por aquí?- nos preguntó un monitor con cara de buldog enfadado, o bueno también podría ser monitora porque con esos pelos...
- Perdone, pero nos acabamos de dar cuenta de que nos hemos confundido de autobús.- dijo Irene poniendo cara de ángel, vaya faaaaaalsa.
- ¿Cómo dice?- parecía confundido, será que nunca habría escuchado esa excusa.
- Deberíamos haber subido al otro autobús, pero mi amiga; que es muy despistada, se confundió y aquí nos encontramos.
¡¿Que yo me confundí?! ¡Qué cabrona!
- Yo en realidad no me confundí solo,...
- Aida, deja pensar al monitor, no seas maleducada.- me riñe dejándome como la niña mala y ella "la que nunca rompió un plato", ¡Já! Si el monitor supiera.
- Bueno, creo que lo mejor es esperar a que lleguemos al reformatorio y allí poder llamar a vuestros padres, ¿entendido?
- Valeeee.- respondimos a la par.
Espera, dijo reformatorio, ¿cómo? No, igual lo he entendido mal... Pero Ire tiene la misma cara de póker que yo, lo que eso significa que no estoy confundida.
¡Malditas maletas de Irene! Mira dónde nos hizo parar, ¡en un autobús de delincuentes!
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Y vaya viaje que nos dimos. El monitor no paraba de gritar a los chicos de atrás que soltaran el mechero y que dejaran de quemar los asientos. Realmente estábamos asustadas.
Al parecer íbamos en un bus directo al Reformatorio de Guadarrama. Tras una larga y agotadora travesía el autocar se paró, yo por mi me hubiese bajado hace tiempo pero me daba miedo hablar con el monitor, actualmente afónico.
Y aquí nos encontramos, mi amiga con
veinte maletas y vestida como si fuera a una cena de lujo, y yo pensando en lo que les diríamos a nuestros padres...
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Pero para ser un reformatorio es realmente bonito, teniendo en cuenta que yo pensaba que iba a encontrarme con una cárcel medio derruida con aspecto medieval... Bueno, no es así, eso es lo que cuenta. Además de ser muy natural, ya que se encuentra en una gran esplanada, alejada de las ciudades, y con un gran bosque por detrás de él.
Y... No estamos solas, hay alrededor de otras 50 personas que no nos paran de mirar, notan que no encajamos aquí, y con razón.
Eramos muy diferentes. Tanto en personalidad como en físico, había algunas personas que no distinguías lo que eran ya que estaban repletas de tatuajes y de piercings, muchos llevaban el pelo teñido de colores o rapado, y las chicas iban muy maquilladas, pero muy muy maquilladas, y con coletas altas o moños y el chicle que nunca falta, sin embargo también estaban "los típicos malotes de barrio": pantalones caídos, sudaderas con capucha o camisetas de baloncesto... Lo típico.
Se estaban burlando de nosotras, sobretodo de Irene y sus maletas. Muchos otros nos ignoraban.
- Soy yo, ¿o esos tíos tienen pinta de querer matarnos?- señalé hacia un grupo de chicos que no nos paraban de mirar.
- No, no eres tú. Esperemos que nos dejen llamar ya a nuestros padres, no soporto este sitio y menos su gente.
Y ya me hubiese gustado decir lo mismo, si no fuera por la grandiosa respuesta de nuestros padres.
Irene
- ¿Cómo dices que dijeron nuestros padres?- pregunté confundida.
- Que os vais a quedar aquí, para ver si así aprendeis algo.- contestó mirándonos con lástima.
¡¿Cómo nos pueden dejar aquí?! ¡En un reformatorio! ¡¿Y el dinero?! ¡¿Con qué dinero lo van pagar?! No, no, no y no, esto está muy mal. Desde cuándo unos padres dejan a sus hijas tiradas en un reformatorio. ¡¿Desde cuándo?!- empecé a dar vueltas por la cabaña en la que estábamos.
- Tranquilas señoritas, por el dinero dijeron que no había problema, que el otro campamento ya les había devuelto gran parte del lo que pagaron además de que esto es barato.- nos intentó calmar el señor que nos atendía, bueno más bien me intentó calmar, ya que ahora que me fijo Aida no se había movido de su sitio y cada vez se iba poniendo más pálida.- Y aunque esto sea un reformatorio no es tan malo como creéis.
Y con esta gran noticia salimos afuera donde estaban confiscando aparatos elctrónicos, comida, juegos, navajas, cascos... Espera, ¿lo que acabo de ver es una navaja? Vaya dónde nos hemos metido.
- Vamos chicas, dejar lo que tengáis.- nos apresuró la monitora que sujetaba la caja. Soltamos nuestros móviles, con los cargadores y los cascos, y Aida también dejó una barrita energética que no le dio tiempo a comer.- ¿No tenéis más?- preguntó extrañada, nosotras negamos con la cabeza.- Véis chavales así, sí que da gusto trabajar- les dijo a los demás mientras nos hacía un apretón de manos.- Por cierto, me llamo Cristina, un placer que haya niñas por aquí así.- y con esto se fue mientras nos guiñaba un ojo.
-Dos meses, Irene, dos meses.- me dijo Aida.
- ¿Cómo que dos meses?- esta tía se había vuelto loca, al parecer.
- Vamos a estar aquí dos meses, porque el estúpido monitor no debería de haberse aliado con nuestros padres si no que debería de haberles dicho que es imposible dejar a estas inocentes niñas entre delincuented.- me empezó a sacudir Aida por los hombros.
- Vale, necesitamos un plan, un plan que nos saque de aquí cuanto antes.
- Por favor, reúnanse todos alrededor nuestro.- habló alguien por un megáfono.
- Ahora Aida es nuestro momento para coger el bus y largarnos.- tiré de la manga a mi amiga.
- Creo que lo mejor es ir allí.- me contestó señalando la zona en la que se habían reunido todos.
- Estás completamente majara, ¿cómo vas a meterte en la boca del lobo? No...- pero no pudo continuar ya que empezaron a hablar por el megáfono.
- Vamos a comenzar con las presentaciones para la gente nueva, yo soy Jessica y voy a ser una de vuestras monitoras.- era una chica alta con el pelo rubio recogido en una cola de caballo, pero con cara de pocos amigos. Tras presentarse le pasó el megáfono al monitor que habíamos conocido en el bus, el cara de buldog según Aida.
- Yo soy Rubén.- y sin decir una palabra más se fue.
- Perdonad a mi compañero los que lo conocéis ya sabéis que es un poco gruñón.- comenzó a hablar otro monitor.- Yo me llamo Miguel y espero poder pasármelo muuuuy bien con vosotros.- ante ésto último se oyeron algunas que otras risas mal disimuladas.
Los siguientes en presentarse fueron uno de pelo negro y con cara de poca paciencia, la monitora peliroja llamada Cristina, que habíamos hablado con ella hace poco y Sarah que se disculpó ante todos porque el orientador no había podido asistir.
Al acabar Jessica recuperó el megáfono y se puso a explicarnos las reglas de reformatorio.
Aida
¡Esto es indignante! ¿Cómo mis padres me han podido dejar aquí? ¡Dos meses! ¡DOS MESES! Dudo que pueda aguantar tanto...
- Ahora poneros todos de pie, vamos a formar los grupos.- dijo una de las monitoras creo que se llamaba Jenny o no se...- Os dividiremos por grupos de tres cabañas, las cuales estarán formadas por seis personas cada una y tendrán un color en la puerta, ¡ah! y otra cosa, en la cabaña solo pueden ir o chicas o chicos nada de mezclaros.- nos advirtió, sobretodo a los chicos.
Antes de que pudiésemos hacer nada se pararon delante de nosotras tres chicas.
- Hola, me llamo Marta, ésta es mi hermana Daniela y ella nuestra amiga Paula, ¿queréis venir con nostras en la cabaña?- nos preguntó una chica alta con ojos marrones al igual que su hermana, tenía el pelo rapado por un lado y con mechas azules el otro, en cambio Daniela tenía el pelo corto y con mechas moradas, en lo que sí coincidían era en su ropa, las dos iban con pantalones cortos rotos y con camisetas de tirantes.
Y por último, Paula, vestía entera de negro icluso su pelo y maquillaje eran negros. Daba miedo.
- ¿Venis o no?- pregunta Daniela esperando nuestra respuesta.
- Vale... Emm... Yo me llamo Aida y ella Irene.- dijo mi amiga señalándome.
- Si ya habéis hecho los grupos de seis venir aquí y os diremos a que grupo pertenecéis.- habló Evan, uno de los monitores, es fácil de recordar ya que es muy guapo.
Nos dirigimos hacia allí, estaba atestado de gente, pero a Paula, Marta y Daniela no les importó, pasaron empujando a todos para llegar las primeras. Vaya con quienes nos fuimos a juntar.
- Decirme nombres por favor.- nos pidió Evan con una sonrisa.
- A nosotras ya nos conoces y ellas son las nuevas, se llaman Aida e Irene.- al parecer Marta iba a ser nuestra portavoz.
- Muy bien, pero... ¿No os falta una para formar el grup...
- Yo me uniré con ellas.- una voz chillona interrumpió, al girarme vi que era una chica rubia vestida mayoritariamente de rosa y con cosas brillantes, unas gafas de sol y como si fuera poco comiendo un chicle descaradamente.
- Por supuesto Jasmin. Bien, seréis de la cabaña 11 color azul.- sin esperar más nos fuimos a nuestra cabaña, tenía aspecto viejo pero estaba en buen estado, constaba de tres literas, dos de ellas pegadas a la pared del fondo haciendo una L en la esquina derecha y la otra estaba pegada en la pared izquierda, también había una cómoda y un armario para compartir y una papelera.
- No querrán que durmamos aquí durante dos meses, ¿verdad?- genial, la diva ha llegado.
- Te acostumbrarás.- le contestó Paula.
- Yo, la verdad, que todavía no me acostumbro, además que mi casa no tiene comparación con esta basura de cabaña y los baños ni te cuento.- empezó a quejarse Jasmin.
- Bueno dejemos las maletas y volvamos, que nadie quiere escuchar tus tonteríazs Jasmin.- le calló Marta mientras salía por la puerta.
Cuando llegamos ya estaban separados por colores la mayoría, las chicas nos llevaron hasta Miguel, que llevaba puesta una camiseta azul junto con un pañuelo atado a la mano del mismo color.
- Bien, ya estamos todos, y como véis hay gente nueva asi que empezaremos con las presentaciones, ¿vale?- ahora que me fijo solo somos seis chicas y mas de diez chicos.- Sentaros, por favor.- claramento todos nos sentamos en el prado, felices de no estar de pie, todos excepto Irene que tiene asco a los bichos y por eso no para de moverse, ¡cómo si tuviera clavos pinchándole el culo!- Como la mayoría ya sabéis, me llamo Miguel y seré vuestro monitor durante todo el verano, y para no aburriros más va a empezar él con las presentaciones.- señaló a un chico que tenía los brazos cruzados y con cara de aburriento.
- Me llamo Mark, me gusta el fútbol y odio el verano.- no se podría ser más directo, pero al terminar Miguel hizo caso omiso a la última parte y continuó como si nada.
Irene
Yo, queriendo estar en un campamento junto a mi amiga Aida, conociendo a más gente, haciendo actividades divertidas... Y, al final, terminé en un reformatorio con delincuentes y sentada en el suelo donde hay bichos...
- Ire, Ire, te toca.- me da un codazo Aida, mientras todos me miran.
- Pues me llamo Irene, tengo 16 años, éste 24 de Septiembre cumpliré 17... Me gusta leer y sobretodo dibujar...
- ¿Qué hace una chica como tú aquí?- me pregunta un chico de ojos marrones y una vistosa cresta de colores.
- Por culpa de ella.- le eché la culpa a Aida que estaba sentada a mi lado con cara de indignación.
Ahora todos nos miraban, incluso Miguel.
- ¿Cómo que por mi culpa?- replicó mi amiga.- Perdimos el autobús por tus estúpidas maletas.
- Porque no me ayudaste.- le recriminé.
- Es que a quién se le ocurre coger tantas cosas para un campamento, poco más y te llevas la casa entera.
- Bueno, pues podemos decir que sois como alumnas de intercambio.- el monitor nos paró y le hizo una seña a Aida para que se presentara.
- Me llamo Aida, tengo 17 años cumplidos el 13 de Enero... Emm... Me encanta leer y me gustaría estudiar derecho, no me gustan las personas mentirosas...- comentó y susurrando por lo bajo dijo- y menos los reformatorios.
- Siguiente.- dice Miguel.
- Te soy sincero, me parece una misera mierda todo esto y además, que os importa a todos vostros lo que me gusta o lo que no.- salta un chico, tiene el pelo rapado y con tatuajes por los brazos, además si se pone de pie por lo menos nos sacaría tres cabezas.
- Saúl ya te había dicho que nada de malas palabras, ahora preséntate como dios manda.- le pegó una colleja Miguel al chico.
- Bien, me llamo Saúl, tengo 17 años, lo que más me gusta... Son las chicas y sobretodo las chicas que...
- ¿Qué te he dicho? Deja las chorradas.- le reprendió Miguel mientras todos se reían.
- No me rayes tío, y déjame terminar. Y lo que menos me gusta es estudiar, ¡ah, sí! Verte la cara tampoco es que me guste.
- ¡Saúl! ¡Castigado! ¡Te toca limpiar el comedor! Por listo.- le riñe Miguel.
- Ahora, en fila y con orden vamos a ir a comer, ¿vale?- me parece que la última parte nadie la escuchó porque todos salieron corriendo, incluso alguno acabó en el suelo. Nosotras dos nos lo tomamos con más calma.
El comedor tenía veinte mesas para seis personas.
- ¿Dónde nos sentamos?- me preguntó Aida.
- En la mesa del medio.- siendo sincera dije eso porque siempre me gustó el protagonismo, todo lo contrario a mi amiga.
- ¿Para qué? ¿Para llamar más la atenció?
- Exacto.- pero a ella no le pareció muy buena idea por eso empezó a murmurar, pero la cogí del brazo y la obligué a caminar. Por ahora solo estábamos los del grupo azul aunque pronto llegarán los demás.
Al sentarnos todos nos miraban con cara de risa o de susto, hasta los cocineros y monitores, ¿qué pasaba?
Se nos acercó el chico de la cresta que si no recuerdo mal se llama Dennis.
- Yo que vosotras me quitaría de ahí.- ¿nos estaba amenazando?
- ¿Por qué?- le pregunté con frialdad.
- Esta mesa es de unos amigos míos.- respondió divertido.
- Pues que se busquen otra.- dijo Aida.- Como si hubiera pocas.
- Yo solo aviso.- se dio una vuelta y se marchó. ¿Avisarnos? ¿De qué?
Aida
Grupo por grupo fue llegando y rellenando las mesas. Pero cuando llegó el verde un silencio sepulcral se hizo presente en la sala.
- Fuera.- dijo una voz, creo que iba dirigida a nosotras.
- ¿Perdona?- contesté sin moverme.
- F-u-e-r-a, ésta es MI mesa.- al girarnos, Ire y yo vimos a un grupo formado por chicos que tenían cara de burla, todos excepto el que nos había hablado, era rubio y con unos preciosos ojos azules, además de que era muy alto.
- Buscáos otra.- responde Irene sin inmutarse.
- Bueno como sois las nuevas, os vamos a perdonar.- nos dijo esbozando una arrogante sonrisa que no tardó en desaparecer al escuchar la respuesta de mi amiga.
- ¿Y quién te crees que eres tú para que necesitemos tu perdón?- le replicó Irene.
- Somos los jefes de aquí.- respondió con orgullo.
- ¿Y a mi qué más me da?- continua Irene.
Ya no pude escuchar como seguía, porque me había metido en una discusión con uno del grupo que tenía la capucha de una sudadera puesta, pero aún así se le veían sus verde-grisáceos ojos y un piercing en el labio.
- Estás en mi sitio.
- Hay muchas mesas libres, ¿por qué nos os vais tus amigos y tú a otra?- me quejé.
- Sigues estando en mi sitio.- me estaba ignorando muy claramente.
- No veo tu nombre en él.
- ¿Y eso qué es?- señaló a un lado de la mesa. En él había grabados nombres, supongo que con un cuchillo.- Ése es el mío.- Lucas, Lucas era su nombre.
- Seguro que hay más gente que se llame Lucas.- revatí.- Además no me voy a fiar de alguien cómo tú. Que serías capaz de matar a tus propios padres, si no están muertos ya.- sé que soné algo cruel, pero no me parece bien que sean tan maleducados.
- Lárgate.- me dijo cortante.
- Mira, no lo decía en serio, no quería ofender pero...
- Que te vayas.- me ordenó.
- Emm, si tranquilo, me voy ahora.- le contesté rápido mientras me levantaba para irme.- Vamos Irene.- pero ella sigue ofuscada en la discusión y no me queda más remedio que cogerla del brazo y llevarmela.
- Vete a domesticar a la fiera, anda.- me suelta el supuesto jefe. Menos mal que tenía a Irene agarrada por que si no, se hubiese lanzado contra él.
- ¡Eres un imbécil!- le gritó igualmente mientras la arrastraba a una mesa, que estaba al lado de Marta, Daniella y Paula. Pero en vez de estar Jasmin, estaba Dennis, el chico de la cresta de colores.
- ¿No se supone que eras su amigo?- pregunté refiriendome a que él no se sentaba con ellos.
- Es que prefiero sentarme con mis chicas preferidas.- dice sonriendo a Marta mientras le guiñaba el ojo.
- Cállate Dennis.- dijo poniendo los ojos en blanco.
- A la orden mi capitana.- contestó imitando a los militares, después se fijo en nosotras y sonriendo nos preguntó.- ¿Qué os han parecido mis amigos?
- Unos idiot...
- ¿Cómo se llama el rubio?- me interrumpió Irene, con cara seria.
- Se llama Alex, todas dicen que está muy bueno, pero yo creo que estoy muchísimo mejor, ¿no crees?
Irene no le respondió.
- Pues nada, otra que se enamoró.- comenta divertido.
- Olvídate y cállate de una vez.- le amenazó mi amiga, como buena persona que es.
- Que conste que ya os había avisado. Por cierto, ¿qué le dijiste a Lucas para que se enfadase? No se suele enfadar.- pregunta mirándome.
- Déjalas ya Dennis.- le pega una patada por debajo de la mesa a Marta.
- ¿O si no qué mi capitana? ¿Me vas a castigar?- pregunta maliciosamente.
- ¡Eres un asqueroso!- le grita Marta.
- Solo para ti.- dice lanzándole un beso por el aire.
Tras escuchar las discusiones graciosas de Dennis y Marta, tuvimos cinco minutos de tranquilidad, sí solo cinco, porque el grupo de los "jefes", es decir, los chicos del grupo verde, nos empezaron a lanzar comida. Intenté ignorarlos, hasta que su comida calló dentro de mi plato, y eso no lo paso. Me giré para ver quién había sido. Era un chico con el pelo azul (tono Doraemon) en cresta y con un piercing en la ceja.
Oh, ésta vez, lo dejaré pasar. Pero que no sigan porque no quiero meterme en problemas, asi que utilizaré mi paciencia para poder seguir comiendo en paz. Sin embargo, Irene no. En cuanto una miga rozó su plato, cogió la mitad de la barra de pan que nos habían puesto y la lanzó a uno de los chicos que nos estaban molestando.
- Que bruta eres.- exclamé mirándola divertida.
- Que se hubiesen estado quietos.- me contestó.
Por suerte no pudieron continuar, ya que Rubén (el monitor que daba miedo) les obligó a parar. Todos le hicieron caso, todos menos uno, el de pelo color Doraemon.
Al terminar Jessica nombró a cinco personas para que limpiasen el comedor. Me tocó a mi, pero a Doraemon también. Agarré un bol que le quedaba un poco de ensalada con aceite y mientras lo llevaba a la cocina me "tropecé accidentalmente" y se lo tiré por la camiseta.
- Perdón, perdón, perdón.- dije rápidamente.- Espera que te lo limpio.
Y cogiendo una servilleta manchada se lo ensucié más aún. Cada vez se iba poniendo más pálido.
- Ups, estaba sucia.- puse cara de inocente.- Sabes, te va a costar mucho limpiar esa camiseta.- pero viendo cómo me miraba eché a correr para buscar a Miguel.
- Miguel, es que estaba recogiendo y sin querer me tropecé y le tiré encima la ensalada. Lo siento, no quería.- puse cara de afectada y pestañeé varias veces como Irene lo hacía.
- No pasa nada, tranquila, ¿verdad Robert?- dice mirando al chico que yo ya había apodado con Doraemon.
- No.- contesta furioso, clavando sus ojos en mi.
- Venga, vete a cambiarte.- le mandó Miguel.
- De acuerdo.- dijo entre dientes.
Bueno, al final acabé vengándome. Se lo merecía. Fui al baño para lavarme los dientes, después me puse a buscar a Irene que me estaba esperando en la zona de reunión, o punto cero como la llamo yo.
- ¿Qué le pasó al chico de pelo azul?- me preguntó nada más verme.
- Nada, sólo se metió con la chica equivocada.- sonreí maliciosamente al acordarme de su cara.
- Aida, ¿qué has...?
- Tranquila, no me he pasado.- la interrumpí.- Además no fui yo la que lanzó una barra de pan a un chico porque le había rozado una miguita. Eso hace daño, lo mio no.
- ¿Tienes pruebas?- me preguntó. Otra vez con lo mismo, siempre me lo dice y no hay manera de quitárselo de la cabeza.
- Odio cuando te pones en plan abogada, no estamos en un juzgado.
- Pues no me acuses sin saber.- me dijo triunfante.
- Pero si empezaste tú.
- ¿Tienes pruebas de eso?- comenzó de nuevo.
- Vale, ¡me rindo!- asumo mi derrota mientras Ire se ríe.
- Por favor, atiendan todos.- nos gritó Miguel.- Vamos a realizar una yincana, pero para hacerla más interesante va a ser por todo el campamento.- empezaron a quejarse y a protestar Saúl, Fran y Alberto. Tres chicos de mi grupo que al parecer son muy amigos.- Y además tendréis de rival en las actividades de grupos al equipo verde.- ahora, en vez de quejarse se empezaron a asustar y a cuchichear entre ellos en susurros.- Que por cierto, ahí están.- señaló Miguel hacia un grupo de chicos y chicas que se venían acercando, presididos por Jessica (una de las monitoras).
El grupo era de dieciocho al igual que nosotros pero estaban del revés, nosotros éramos doce chicos y seis chicas, ellos doce chicas y seis chicos.
Al llegar junto a nosotros, Irene y yo nos dimos cuenta de que eran el grupo que se había autodenominado "los jefes". Con los que habíamos tenido la discusión.
- ¿Sois del equipo azul?- preguntó Alex poniendo una mueca de asco.
- Sí.- respondí cortante cruzándome de brazos.
Asintió y se giró hacia Ire con una sonrisa maliciosa.
- ¿Tú no deberías estar en un zoo, o por lo menos atada con correa?- mi amiga se puso roja de la ira y él todavía sonriendo, añadió.- A los animales salvajes no se les puede dejar sueltos. Y menos a las fieras.
- Estúpido.- respondió mi amiga conteniéndose por no saltarle encima.
- ¿Qué?¿Ahora estás amaestrada?- le provocó.
Doy gracias a Dios por hacer que Miguel y Jessica calamaran a los chicos. Si no, hubiese presenciado un omicidio de lo más sangriento.
Irene
Le podría colgar de la lámpara del comedor y utilizar un bate para quitarle esa sonrisa de idiota y quizás...
- Una foto te dura más, fiera.- me giñó un ojo Alex al ver que le estaba observando continuente.
¿Para qué voy a querer una foto suya? Bueno, en realidad podría clavarla en la pared de mi habitación y lanzarle dardos todas las mañanas al levantarme. Sería divertido.
- Acordaros de las normas, nada de saquear al contrario, pegar o ingluir de ninguna manera.- comentó esto último Miguel mirando hacia Marta y Dennis.- Tomar, aquí tenéis vuestra primera pista.- nos entregó un papelito, con algo escrito.
- La necesitaremos.- suspiró Mark. Al parecer era el más miedica de todos.
"La armonía consiste en el comportamiento de la persona, por eso allí comprenderéis vuestra felicidad"
- ¿Pero qué mierda es esta?- preguntó Fran tras leer la pista en alto.
- A ver, no nos estresemos ya al principio. Hay que ganar esta yincana sí o sí.- le contestó Daniella mientras lo cogía por los hombros.
- Ya sabes que es imposible, son los jefes.- respondió mirando hacia ellos con pánico.
- ¿Alguno quiere sufrir las novatadas después de perder la yincana?¡No!¡Por eso vamos a plantar cara a esos inútiles que se hacen llamar jefes!¡No seáis unos gallinas que se mean en los pantalones!¡Es hora de enseñar quiénes son los del equipo azul!¡¿Entendido!?- gritó Paula.
Y con este supuesto discurso de ánimos empezó la verdadera aventura.
- Bien, centrémonos en la pista.- volvió a leer Marta la pista mientras se rascaba la cabeza.
- Suena a lo hippie.- comentó Jasmin en broma.
- ¡Claro El Hippie!¡Cómo se nos pudo olvidar!- echaron a correr hacia la clase que había apartada a la izquierda del campamento. ¿Quién sería El Hippie?
- ¡Aquí está!- exclamó Manu, un chico bajito y rizoso de cara risueña.
- Ahora que tenemos la primera pista deberíamos distribuirnos.- propuso Dennis.
- No sabía que tu cabeza funcionase.- le replicó Marta.- Ahora cierra la boca y mantenete alejado.- le ordenó.
- A sus órdenes capitana.- sonrió con suficiencia.
- Deja en paz a Marta, no es momento.- le regañó Paula.
- Tienes razón, ya continuaremos en mi cabaña o en la tuya, ¿cuál prefieres, capitana?
- Dennis ya.- se exasperó Paula.- El grupo de defensa vamos a ser Saúl, Carlos, Javi, Pedro, Rodrigo y yo, ¿de acuerdo?
El grupo de defensa asintió. ¿Grupo de defensa? Ni que fuésemos a la guerra.
- El de vigilancia lo vais a formar Jasmin, Aida, Mark y Aaron.- vigilancia, bueno seguro que Aida no va a ver a nadie, con lo despistada que es.- Kevin serás atacante junto con Alberto y por último los demás buscaréis las pistas. Fran tú serás nuestro protegido porque llevarás las pistas. Asi que los de defensa ya sabemos a quien cubrir.
- Fran lee la pista, no tenemos todo el día.
"Limpios estáis si ahí os laváis"
- Seguro que la escribió Miguel, se le dan fatal.- comentó Kevin mientras todos nos reíamos.
Yo fui corriendo a los baños, a la orden de Paula. Me acompañaba Marta, ya que era una de los buscadores. En el de chicas no estaba, lo que me faltaba, entrar en el de los chicos. Y por si eso fuera poco casi me intoxico al entrar, aquí lo que menos sobra no es limpieza, eso se puede asegurar.
- ¡Esperar!- nos dijo Manu.- Creo que he encontrado la pista.
Salimos afuera los tres, yo la primera, no quería morir ahogada allí dentro. Pero al salir me choqué de bruces con dos chicos y una chica que nos miraban amenazantes.
- Danos la pista.- nos ordenó la chica, era morena pero se veía que tenía mechas más claras, vestía bastante llamativa, con purpurina y un montón de pulseras y anillos. Me apuesto la cabeza de que eran robados.
- Vas lista Verónica.- soltó Marta mientras me lanzaba la pista y me hacía señas para que escapase. Pero no tuve tanta suerte. Los dos chicos que quedaban me cerraron el paso, ¿y ahora qué?,¿les pego? Mire hacia Marta y vi que estaba tirándole de los pelos a esa tal Verónica, mientras Manu salió corriendo para buscar a los demás y pedir ayuda. Asi que obté por atacarles para ganar algo de tiempo. A uno de ellos le metí una patada en la espinilla con todas mis ganas y retrocedió, pero el otro me agarró por el brazo y no me quedó otra que darle un rodillazo en sus partes. Al tener el camino libre eché a correr y me reuní con los demás para contarles lo sucedido y darme cuenta de que Marta no había vuelto.
- ¿Dónde están los vigilantes?- pregunté a Paula intentando buscar a mi amiga.
- ¿No estaban con vosotros?
- No, no los vi en ningún momento.- negué.
- Eso es malo.- contestó ella poniendo cara de preocupación.- Nos están acribillando nada más empezar.
- ¡Paula!- le llamó Dennis.- Han secuestrado a los vigilantes, no queda ni uno.
No voy a repetir lo que dijo Paula pero creedme que no era propio para menores de edad.
- Sin embargo, hemos encontrado una pista.- me cogió la pista Manu y se la entregó a Fran para que la leyera.
"La yincana debéis condimentar, pero no os paséis con la sal"
- Vamos, ya queda menos, sólo quedan dos.- nos animó Paula. Esta pista era muy fácil, estuvimos buscando por toda la cocina y la encontramos bajo el cajón de las especias. La cogí y volvimos a la base para dársela a Fran.
"Os estáis acercando pero todavía queda un poco para el gol final"
Nos narró.
Seguramente este en la pista americana, donde se guardaba el material deportivo o en el campo de fútbol que había al lado. Asi que nos dividimos y tras buscar y rebuscar entre Manu, Daniella y yo la encontramos y volvimos lo más rápido posible a la base.
Al llegar vimos que los del grupo verde nos estaban atacando y a Fran corriendo de un lado a otro con tres, cuatro y cinco, ¡cinco pistas!¡Teníamos la última! Aunque a este paso nos la acabarían quitando todas.
Daniella y Manu se unieron a la pelea, pero yo no. Me dirigí hacia Fran que me pasó las pistas disimuladamente y yo las escondí en mis bolsillos sin que nadie se diese cuenta y al avanzar, los del equipo verde comenzaron a seguirle.
Me escondí tras una cabaña y leí la última pista que decía:
"A este paso los jefes van a vestirse con la derrota"
Tras darle unas cuantas vueltas caí en la cuenta de que se refería a la cabaña de los jefes. Fue fácil encontrar la cabaña puesto que era la única verde de chicos.
La puerta estaba abierta por lo que entré sin problemas, me dirigí al los armarios y sonreí mientras miraba la pista. La última, por fin.
Ahora solo me faltaba dárselas a Miguel y ganaríamos. Pero nada es tan fácil. Iba a girarme para salir pero la puerta estaba bloqueada por Alex. Genial, lo que me faltaba.
- ¿Qué haces en mi habitación fiera?
¿Cómo que fiera?¿De qué va? Estúpido...
- ¿Tu cabaña? ¡Ups! Me confundí, lo siento.- me excusé, espero que se lo trague, por favor.
No se lo trago.
- Si claro, ¿y eso qué es?- señaló las pistas que tenía en la mano.
¡Mierda! Irene piensa algo, rápido.
- Mi... Lista de la compra.- ¿en serio, Irene? No podrías pensar en otra cosa.
- Te das cuenta de que estás en un campamento, ¿no?- se burló de mi.
- Es que... Esto ya estaba en mis pantalones, de cuando en Gijón tuve que...- ¿qué hago? ¡Le he dicho dónde vivía!- Olvida dónde vivo. - le rogué.
Él sonrió maliciosamente, no me gusta esa sonrisa.
- ¿Y la calle?- se que solo preguntaba para molestarme, o, ¿para asesinarme mientras duermo?
- ¡No!- le grité rápidamente.
Se rió mientras miraba fijamente, como si estuviera planeando algo.
- Dame tu dirección y las pistas y dejo que te marches.- negoció conmigo.
- Te doy la dirección de Aida y dejas que me marche.- soy la peor amiga del mundo, lo se.
- No hay trato.- y actó seguido saltó y me encerró con llave. ¿Por qué ellos tienen llave en la cabaña? Que morro.
- ¡Sácame!- le exigí.
- No, sin las pistas no podré ganar. Y así aprenderás a no meterte conmigo y a obecerme.- declaró y se largó. ¡Se largó! ¡Me dejó sola!
- ¡Socorro!- empezé a gritar como una loca y por suerte alguien me escucharía y me sacaría.
Mi suerte es pésima. Llevo horas aquí encerrada, en realidad cinco minutos, pero me parecieron cinco horas. ¡Por favor, que venga alguien a salvarme!
No puedo aguantar más estando quieta y sin hacer nada. Me puse a mirar las maletas para descubrir cuál era la de Alex y poder destrozar un poco su ropa. Pero solo un poco.
Descarté algunas, ya que no lo veía vistiendo con todo sudaderas, ni tampoco con colores fosforitos y mucho menos una maleta en la que las camisetas me valían de vestido de lo grandes que eran.
Asi que las tiré, las volqué, las esparcí por el suelo, las lanzé por los aires. Todas las maletas, todas. Iba a ponerme con las camas. Pero oí algo fuera.
- ¿Irene?¿Estás ahí?- gritó, ¿Aida?
- ¡Estoy aquí!- vociferé.
- ¿Que haces?- preguntó mientras intentaba abrir la puerta.- ¿Por qué está cerrada?
- El estúpido de Alex me encerró. Pero, ¿tú no estabas secuestrada?
- Conseguí huir, ya te lo cuento más tarde. ¿Tienes todas las pistas?- me preguntó urgentemente.
- Sí, espera que te las paso por debajo de la puerta.
- Gracias.- me dijo.- Ahora vuelvo a por ti, que tengo que darle esto a Miguel.
- ¡Espera!¡No!¡No me dejes!- y se fue, la muy... Bueno, pues a por las camas.
Aida
Corrí directa a Miguel. Tenía que darme prisa antes de que el equipo verde se diera cuenta. Cuando le encontré le di las pistas y tras revisarlas me sonrió, agarró el silbato para declarar el final.
Se fueron acercando los dos grupos, preguntándose que pasaba.
- ¡El equipo azul es el ganador!¡You are the winner!- los del grupo se miraban entre sí sorprendidos, algunos incluso enojados sobretodo las chicas, ente Marta, Daniella y Marta que no se paraban de reír de ellas mientras se chuleaban de haberles ganado.- Al fin el grupo verde ha sido derrotado. ¡Enhorabuena, chicos! Y vosotros- señaló a los jefes y todas las chicas del equipo verde.- os quedáis sin cenar además de limpiar el comedor. Lo siento Jessica pero mi grupo es mejor.- le guiñó un ojo a la monitora del equipo verde.
- No creas que esto se va a quedar así.- le amenazó mientras Miguel nos felicitaba.
- ¡Estoy hay que celebrarlo!- gritó Rodrigo un chico que tenía un flequillo que le tapaba los ojos, no se como podría ver algo.
- Sí, Miguel, ¡déjanos hacer una fiesta!- gritó Daniella.
- Dudo que los demás monitores me dejen.- contestó Miguel agachando la cabeza mientras todos nos quejábamos.- Pero si queréis os dejo elegir el menú de la cena. ¿Qué os parece?
- ¡Sííí!¡Miguel, Miguel, Miguel!- lo cogieron y los chicos lo sujetaron mientras lo elevaban por el aire y empezaban a celebrar haber ganado la yincana.
- Chica,- me cogió un chico por el hombro.- tú y tu amiga fuistes nuestro amuleto de la suerte, gracias. Por cierto me llamo Aaron.- ¡Madre mía! Que alguien me sujete porque me podría desmayar ahora mismo. Es muy guapo, eso hay que admitirlo, además de que me saca más de una cabeza, bueno yo soy bajita. Tiene el pelo castaño claro con mechas rubias y unos ojos marrones que me dejaron hipnotizada.
- Espera, ¡Irene!¡Me había olvidado de ella! Lo siento, me tengo que ir.- me iba a ir pero me giré hacia él.- Por cierto me llamo Aida.
Me despedí de él con la mano. Y eché a correr.
- ¿Irene?- pregunté al llegar a la cabaña.
- ¿Aida? ¡Aida! ¡Sácame de aquí ahora mismo! ¡Y ni se te ocurra marcharte!- me amenazó.
- Bien, hay que pensar algo para sacarte de ahí...
- Buena observación, chica lista.- me interrumpió Irene, cada vez más estresada.
- ¿No habrá una llave dentro?- pregunté.
- Tú eres tonta, si la hubiera ya habría salido.
- ¿Y por las ventanas?- intenté abrir una pero sin éxito.
- También están cerrradas.
- Pues ya está. Tengo la respuesta.- le dije.
- ¿Cuál?- preguntó esperanzada.
- Que no hay manera de sacarte. Fin.- dije con intenciones de irme.
- ¡Quieta ahí! Me vas a sacar sí o sí.
- Claro mi señora.- me burlé.
- Vas a cogerle la llave a ese idiota.- me ordenó mientras tiraba algo contra la puerta.
- ¿Y cómo quieres que lo haga?¿Pidiéndoselo por favor?- quiere que me maten, seguro.
- No, es mucho más fácil. Te tiras encima de él y le besas, él se queda en shock y le quitas la llave.- finaliza convencida.
- No, que si no rompería Irlex.
- ¿El qué?- preguntó confundida. Menos mal que no me había oído.
- Nada, nada.- contesté rápido.
- Tienes suerte de que esté encerrada.
- Es que estuve con Dennis y pues...
- Eso ahora no importa, ahora vete a por la llave. Y consíguela como sea.
- A eso voy.- me marché a buscarle. Empieza el plan A. Cuando lo divisé me acerqué suavemente a él.- Perdona, Alex- me miró con superioridad (idiota), me hizo un gesto para que continuara.- Podrías liberar a mi amiga, por favor.
- Lo siento, pero no puedo hacerlo, es por el bien común.
- ¿Cómo?- no lo entendía. Parece que mi pregunta le había decepcionado.
- Pensaba que eras más inteligente.- ¿me acaba de llamar tonta? Si al final voy a tener que pegarle.- Los animales, sobretodo las fieras, deben de estar enjaulados. ¿Cuántas veces voy a tener que decíroslo?- idiota, idiota y más idiota. Tendría que pasar al plan b.
- Volveré.- juré mientras se partían de la risa, él y sus compañeros.
- Marta.- le llamé.
- ¿Qué ocurre?- estaba contentsa, al parecer la victoria le había sentado bien.
- Necesito tu ayuda para mi plan b.
- ¿Plan b?¿Qué es eso?
- Alex encerró a Ire en la cabaña de los jefes y no me quiere dar la llave. Y si no la consigo rápido Irene me va a matar.- le expliqué rápidamente.
- Genial, quería un poco de acción para enseñarles la nueva técnica que tenemos Dan y yo. Voy a por las demás, espérame aquí.- yo asentí. ¿Qué sería lo de la nueva técnica?¿Nueva técnica para asaltar? Ni idea. Esperé pacientemente.
Marta regresó rápido con Paula y Daniella. Me levanté del suelo donde me había sentado y nos fuimos a por los jefes. Que se preparen.
- Hola chicos,- saludó Marta.- creo que necesitamos vuestra llave. ¿Seríais tan amables de prestárnosla?- preguntó angelicalmente aunque su aspecto no era favorable.
- No nos engañas, Marta, no hace falta que te hagas la buena.
- Cállate Robert.- haz caso, te irá mejor Doraemon.
- Largaos antes de que salgáis heridas.- nos amenazó Alex.- Porque no te vas a molestar a Dennis.- miró a Marta.- Seguro que a él no le importa, además darle las gracias por ayudarnos a capturar a los vigilantes y desvelarnos vuestras posiciones, aunque no sirviera de mucho.
¡Dennis nos había traicionado! Es verdad, había mencionado a la hora de comer que eran amigos él y los jefes.
- Ya me cansé.- Marta se lanzó a Alex pero por mala suerte dos chicos la interceptaron y la hicieron retroceder antes de poder rozarle.
Los consiguió tirar al suelo rápidamente pero ellos la sujetaron por las piernas inmovilizándola. Paula fue a por Lucas, pero antes de que ella le pudiera tocar él ya le había cogido del brazo y tirado al suelo con una fuerza y rápidez impresionante, sin moverse del sitio. Ya entiendo porque estaba en el grupo de los jefes. Daniella fue a por Doraemon y a por otro chico que quedaba dejándome a mi sola delante de Alex, otra vez.
- ¿No te atreves a enfrentarme?- me miró divertido sin preocuparse por toda la situación que había a nuestro alrededor, como si fuera normal.
- No me saldría rentable. Pero, ¿sabes que te saldría rentable a ti?- se cruzó de brazos mientras fruncía el ceño pero sin dejar de sonreir. Vamos a quitarte esa sonrisa tuya.- Te saldría rentable sacar a mi amiga de vuestra cabaña.
- Y eso, ¿por qué?- seguía con esa sonrisa de superioridad, que poco le iba a durar.
- ¿Tu maleta tiene candado?- él negó sin comprender la pregunta.- Que mal entonces, ¿no tendrás algún objeto querido o de importancia?¿Alguna camiseta nueva o fácil de rasgar?- según iba hablando se le iba borrando su impertinente sonrisa.- ¿Algún spray o rotulador? A mi amiga le encanta dibujar.
- Mierda.- se dio cuenta y salió corriendo hacia su cabaña. Mi plan había funcionado.
Irene
Aida estaba tardando mucho. ¿Dónde se habrá metido? Seguí dibujando en la pared con los sprays que había encontrado cuando oí la cerradura, pero en vez de encontrarme a Aida estaba Alex contemplando horrorizado su nueva cabaña. La había remodelado a mi gusto, resulta que no soy muy ordenada.
Había decorado la pared y el techo con la misma frase una y otra vez: "Ni se te ocurra volver a encerrarme". Las camas estaban deshechas, las literas movidas y pintadas y su maleta, que había conseguido encontrar gracias a su móvil que lo tenía guardado y al intentar desbloquarlo vi que se tenía a él mismo de fondo de pantalla, se nota que se quiere mucho, toda su ropa tirada por la cabaña y alguna que otra rasgada.
Vale, ahora que me fijo, puede que me haya pasado un poco.
- Tú...- me dijo con voz ronca mientras avanzaba hacia mi bloqueándome la salida. Estoy muerta, veo mi final y pienso que voy a morir por culpa de un estúpido. Le quedaba un paso cuando el universo hizo que se resbalara con una camiseta y callese al suelo de culo. Te amo universo. Me empezó a grunir y se iba a levantar pero yo no iba a desaprovechar esta ocasión y corrí hacia la puerta y una vez fuera alcanzé a Miguel con Alex pisándome los talones.
- Miguel... Alex... Me quie-ere... Matar...- me chivé haciendo pausas por culpa de la persecución. Las persecuciones son malas para la salud, no lo olvidaré.
- ¿Alex, te parece normal aterrorizar a los nuevos? Voy a tener que comentárselo a Jessica.- le riñó.
- ¡Pero ese monstruo- me señaló- me ha destrozado la cabaña!
Miguel le miró con cara de "que mal mientes", pero Alex no le hizo caso y le arrastró a su cabaña a la fuerza. Al verlo, me miró sorprendido.
- ¿Hiciste tú esto?- no daba a crédito. Él que creía que Alex le había mentido ahora no sabía que hacer. ¿Y yo?¿Qué le iba a decir?
- Si pero...- es mi turno de hacer teatro, lo siento por ser tan mala, pero soy así.- Me encerró y empezé a sentir que las paredes se acercaban, me mareé. Y- y... Yo- me enjagué las lágrimas falsas.- Me dio un ataque, lo lamento de verdad... No quería hacerlo...- finalicé entre sollozos.
- Pídele perdón ya.- le ordenó Miguel mirándome con lástima.- Siento mucho esto Irene.- musitó avergonzado.
- ¡¿Cómo?!- exclamó Alex enfadado.- ¡Mira como dejó mi cabaña!
- No te lo repito otra vez Alexander.- Miguel serio da miedo.
- No.- pero al parecer a Alex no le afecta.
- Pues tienes un hora para limpiar este desastre y tampoco vas a merendar.- declaró.
- Pero...
- Yo que tú empezaría se te está acabando el tiempo y no querrás hacer esperar a Jessica, ¿verdad?- lo interrumpió el monitor mientras se iba, son dejarle tiempo a replicar.
- Estás muerta.- se giró Alex hacia mi.
- Que yo sepa todavía respiro.
- No por mucho tiem...
- Tengo prisa, lo siento.- me despedí de él echando a correr mientras le lanzaba un beso. Que bien sienta la victoria.
Fui a buscar a Aida para contárselo. Una vez que la encontré merendamos juntas un bocadillo de nutella que nos dio la cocinera, se llama Marga con nosotras fue muy amable, en cambio a los niños que teníamos al lado que eran del equipo amarillo, los amenazó dándoles golpes con la sartén en la cabeza por intentar coger más de un bocadillo. Mejor seguir sus normas, lo de la sartén debía doler.
- ¿Sabes que nos traicionó Dennis en la yincana?- me comentó mientras nos tirábamos en el prado para terminarnos el enorme bocadillo.
- Será idiota.- respondí.- ¿Qué dijo Marta?
- Nada, le dio una patada en sus partes. Como ves fue una conversación corta.
- Está bien, así aprenderá.- me lo estaba imaginando, pobrecillo, pero se lo merecía.
Iba a decirle algo cuando apareció un chico moreno, alto y guapo. (Si pensáis que todos aquí son guapos, os equivocáis, es solo que tenemos suerte).
- Hola.- le saludó Aida alegre. Que raro, nunca vi a Aida contenta porque le viniese a saludar un chico y menos si le interrumpe la merienda. La comida para ella es sagrada.
- Hola Aida.- le devolvió el saludo.- Por cierto, ¿es ella tu amiga?- me señaló.
- Sí, soy Irene, encantada.- le contesté.
- Yo soy Aaron. Quería agredecerte por habernos ayudado en la yincana. Nos hiciste ganar, gracias.- se adelantó mientras me estrechaba la mano. Que majo.
- De nada. Nadie me puede ganar en estos juegos, soy la reina de la competividad. Es imposible superarme.- respondí tranquila con una sonrisa. Él se rió y se giró hacia a Aida.
- ¿Quereis venir a merendar con mis amigos? Así os presento.
¿Ir a merendar con unos delincuentes? No gracias, prefiero quedarme aquí. Lo siento Aaron por muy majo que seas.
- Gracias pero...
- Vale, yo voy.- me interrumpió Aida. ¿Pero qué le pasaba?
- Pues vamos.- le ayudó Aaron a levantarse mientras yo la miraba sorprendida. Y se marcharon, dejándome sola, olvidándose de mi. ¿Qué clase de amiga es Aida?
Les perdí de vista, y ahora me encuentro recorriendo el campamento para buscarlos. Es bastante grande, tardaré bastante. Y aunque esto sea un reformatorio a simple vista no se notaría, el ambiente es normal, todos se están riendo, incluso los monitores. Pero si te fijas bien ves a niños y niñas tristes, aburridos incluso irritados, otros están enfadados y se pelean constantemente. En vez de estar disfrutando el reformatorio que está situado en un enorme y maravilloso valle con unas grandes vistas. No querría asegurarlo pero se nota que han pasado por una mala vida, que no les fue fácil.
Una risa me distrajo de mis pensamientos. Era Aida. Me giré y la vi sentada junto a Aaron y otros cinco chicos y se estaban riendo todos. Me acerqué a ellos.
- ¡Hombre Irene! ¿Dónde te habías metido?- me preguntó Aida.
Intentando encontraros, que me abandonasteis. Mala amiga.
- Es que me entretuve... Con algo.
- Ah, bueno, pues siéntate.- me invitó haciendo un sitio a su lado.
- No hace falta, me tengo que ir a un sitio.- me excusé. ¿Qué iba a hacer con ellos? Realmente sobraba, no quería molestarlos.- Luego nos vemos.- me despedí de ella.
¿Y ahora a dónde iba? Volví a la cabaña, creo que todavía nos quedaba una media hora para acabar la merienda. Cogí mi libreta, una goma y un lápiz de mi maleta y me dirigí al bosque para poder dibujar tranquila.
Me senté en un claro que encontré tras caminar sin rumbo por el bosque persiguiendo un pájaro hasta que lo perdí de vista. Había un enorme y viejo árbol con grandes raíces y frondosas ramas por los que se filtraban rayos de luz formando dibujos en el suelo, era un lugar apartado y perfecto para poder descansar y relajarte. Este iba a ser mi lugar secreto o eso pensaba hasta que sentí a alguien a mi espalda.
- Bonito dibujo.- era Lucas el chico de la capucha. ¿Qué hacia aquí?
- Gracias, ¿quieres sentarte?- le ofrecí haciéndole un sitio entre las raíces del árbol. Él asintió y se sentó a mi lado, se movía con agilidad. Se deshizo de la capucha y apoyo la cabeza en el tronco. Tiene una tez pálida en contraste con su pelo negro.
- ¿Cómo has encontrado este sitio?- me preguntó mirándome fijamente.
- Bu-bueno estaba persiguiendo un pájaro y... Y me encontré aquí y eso...- me estaba intimidando. ¿Por qué no paraba de mirarme?
- Vaya ahora no podrá ser mi lugar secreto.- comentó.
- ¿Tú lugar secreto?- pregunté terminaba el dibujo.
- Lo encontré hace unos años, siempre vengo aquí por la noche, nadie lo sabía, hasta ahora claro.- se acerca y me quita la hoja de la mano.- ¿Fuiste a clase de dibujo alguna vez?
- No, aprendí sola.- le contesté orgullosa.
- Yo también dibujo, pero no tan bien. Se me dan mejor los ordenadores.
- Ah bueno, eso ya lo se.- hice un gesto con la mano restándole importancia.
- ¿Cómo?- preguntó extrañado.
- Emm... Yo... Pues... Alex me encerró en vuestra cabaña y...
- ¿Curioseaste en las maletas?
- Y-yo no... Sí, vale.- admití mientras él me miraba con una sonrisa.- Juro que no toqué nada, solo quería encontrar la de Alex.
- ¿Cómo sabías que la maleta del ordenador era mía?
- Por las sudaderas.
- ¿Tan claro está?- preguntó divertido.- Bueno, con tal de que no me hayas roto nada.
- No no, a ti nada. Pero a Alex le rompí unas cuantas cosas.
Se empezó a reir, en realidad era muy agradable para ser amigo del idiota de Alex.
- Hace tiempo que nadie le plantaba cara y menos una chica.
- Es un estúpido.- me crucé de brazos.
- Sí.- reconoció.- Pero en el fondo es buena persona.
- Claro, eso lo dices porque es tu amigo.
- No, lo digo porque le conozco.
- Oooohhh que bonito.- me burlé yo.
- Calla fiera.- contraatacó.
- ¿Perdona?
- A si te llama él.- se rió.
- No te rías.- le exigí.- No hace gracia.- continué mientras le golpeaba en broma.
- ¿Es verdad que os confundisteis de autobús y acabasteis aquí?- preguntó tapándose la sonrisa con la mano.
- Sí, pero no fue por culpa de mis maletas.- aclaré.- ¿Y tú?¿Por qué siempre llevas la capucha puesta?- su expresión se pusó sombría y me arrepentí de haberle formulado esa pregunta.
- Digamos que no tuve una infancia que todo niño desearía.
- ¿Y por qué acabaste aquí?- indagué.
- Un día de aburrimiento es lo que tiene, hacer locuras sin pensar.- dijo evadiendo mi pregunta.- ¿Qué te parece si me dibujas a mi? Ganarías millones si vendieses ese dibujo.
- Tonto, como se nota que eres amigo de Alex.
Los dos comenzamos a reir.
- Será mejor que vayamos volviendo, la merienda está por terminar.
- Vale.
Nos levantamos y caminamos en silencio hasta la entrada del bosque. Sin haberme dado cuenta noté que Lucas era el único que no te hablaba a gritos o amenazándote. Un milagro; a decir verdad, me cae bien, es simpático incluso agradable por muy raro que suene. Siento que podríamos llegar a ser buenos amigos.
Al llegar a la entrada me detuvo.
- Cuando apaguen las luces ven. Seguro que te gustará. Te estaré esperando.- se despidió de mi.- Nos vemos fiera.
- Aquí estaré.- prometí.
Aida
Estoy sentada en el suelo junto a Aaron mientras terminamos nuestros bocadillos.
Se parece al campamento que fui cuando tenía 12 años, nos daban un bocadillo, que sabía a basura, y nos dejaban sentarnos por ahí hasta que acabase la hora.
Pero esto es diferente, los monitores no tienen una sonrisa para ti cada vez que los miras, los demás niños y niñas se nota que no se andan con bromas, por mucho que hagan el tonto, se ve que no lo pasaron bien y que tienen ganas de salir de aquí. Aunque otros parece que vivieron aquí toda la vida porque están tan tranquilos e indiferentes como yo en el sofá de mi casa.
Se que hay personas amables e inocentes, como Aaron, es imposible que alguien como él termine aquí, conozco a gente peor y está por la calle normal. Es injusto que metan a una belleza como la suya en un reformatorio, si llego a ser legislativa crearé una ley que diga: "Los chicos guapos no pueden ser arrestados o internados, ( y mucho menos los que son amables o cariñosos)."
Aaron me sonríe al darse cuenta de que me había quedado embobada mirándole.
- ¿Pasa algo?- me pregunta con voz dulce.
Niego con la cabeza rápidamente mientras siento como mis mejillas adquieren color. ¿Cómo me puedo sonrojar por una cosa así?
Ahora que lo pienso, me he olvidado de Irene por completo.
- Bien, chicos, atender, por favor.- Miguel se acerca y se pone encima de una silla para llamar la atención.- El juego que vamos a hacer ahora es muy fácil.
- Pero antes hay que mirar si están todos.- le interrumpe Cristina.
Tenía varios papeles en las manos mientras revisaba si estábamos todos.
Al parecer eran las listas de los grupos.
De reojo vi como aparecía corriendo Irene seguida de Lucas, el chico de la capucha que creo que me quiere matar. ¿Qué hacía con él? Miré hacia otro lado y me fijé en que Alex o "el jefe", como sea, también se había dado cuenta y los estaba mirando con el ceño fruncido. No le debió de gustar nada que aparecieran juntos. ¿De dónde vendrían? Que irresponsable, quedarse a solas con un delincuente...
- ¿Aida entendiste el juego?- me preguntó Aaron derrepente.
- ¿Perdón? Es que no me enteré. ¿Qué pasó?- pregunté desconcertada.
- Me lo imaginaba.- contestó divertido mientras se levantaba.- Tenemos que ponernos en círculo alrededor de Miguel, él señalará a una persona, ésta se sienta y los dos que quedan a sus lados tienen que decir el nombre del otro respectivamente y el que antes lo diga gana y el que no se descalifica.- explicó rápidamente.
- Pero yo no me se todos los nombres...
- No importa aquí no hay reglas.- me empujó un chico y se fue a colocar al lado de sus amigos.
- Olvídate de Rodrigo, siempre es así. Trata a los novatos muy mal.- se disculpó Aaron, pero al segundo se tuvo que ir porque le llamaban sus amigos y yo quedé sola, teniendome que colocar entre una chica y un chico que no conocía para nada. Me atreví a preguntarles sus nombres, pero ella me contesto que se llamaba Pancracia y él Manolo. Asi que dudo mucho de que fueran sus nombres reales y por culpa de eso fui descalificada en la tercera ronda. En las semifinales quedaron Javi y Marta, de nuestro equipo y Liydia y Doraemon del otro.
Javi y Lydia fueron descalificados, se notaba la tensión el el ambiente, era la última jugada para decidir si ganaba un equipo u otro. Tuvieron que caminar diez pasos junto con nuestra cuenta atrás... Por mala suerte Doraemon fue más rápido.
- ¡Marta ha caído! ¡El ganador es Robert!- gritó Miguel mientras aplaudían los del equipo enemigo.
Seguido cambiamos de juego, éste era un poco más complicado al ser tantos. Consistía en que el primero decía su nombre y una cosa, anécdota o lo que sea y el siguiente decía lo del anterior más lo suyo y así hasta que alguien fallase. Hubo un poco de alboroto porque nadie quería estar de los últimos, y no me quedó otra que sentarme al final.
- Me llamo Dennis y estoy buenísimo.- cómo no, él tenía que ser el primero en todo.
- Él es Dennis, está muy bueno, yo soy Paula y quiero irme a dormir.- sin ninguna dificultad más el juego siguió con chorradas y risas hasta Saúl.
- Me llamo Saúl, soy el mejor y por eso paso de repetir todo lo anterior.- y se acabó la diversión.
- Tienes que tomártelo en serio.- le riñó Miguel.
- No me rayes.- le contestó de mala manera.
- No tengo ganas de discutir, Saúl.
- Ni yo tampoco, viejales.- ésto fue la gota que colmó el vaso. Ahora es cuando hecho de menos un buen bol de palomitas.
- ¡Fuera ya! Cris, llévatelo al polideportivo y que te ayude a preparar el siguente juego y si te molesta ponlo a barrer.
Entoces por culpa de Saúl cambiamos al juego de Simón dice, sólo que en éste tenías que hacer lo contrario a lo que decía.
- Necesitamos algún voluntario para ser Sim...- no necesito decir más porque todos empezaron a gritar: "¡Yo!¡Yo!¡Yo!¡Yo!"
Sin ningún preámbulo Jasmín se puso en el centro de todos y anuncio que ella iba a serlo. Sus amigas obviamente le dijeron que si, y algún que otro chico, con dobles intenciones, también le apoyaron.
Alex sin embargo no se iba a quedar de brazos cruzados. La empujó para quitarla del centro y comunicó:
- El único que puede hacer de Simón soy yo. ¿Quién quiere que sea yo Simón?- preguntó en voz alta.
Todos los chicos y chicas empezaron a alabarle, menos los de mi grupo, obviamente. Esto va a ser difícil, si Alex es Simón vamos a tener problemas.
- Son las mismas normas de siempre: nada de violencia. Y tú...-señaló Miguel a Alex.- Nada de mandar cosas imposibles o extrañas porque si no tu equipo quedará descalificado.
- ¡Si señor!- levantó la mano en saludo militar pero con una sonrisa.
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El pricipio fue fácil, eran cosas simples como: "Simón dice que os quedéis levantados" y todos nos sentábamos, "Simón dice que no os toquéis el pie izquierdo" y nos tocábamos el pie derecho. Había gente que salía descalificada por despiste pero no mucha. Se notaba que lo hacía a posta tenía esa sonrisa en la cara todavía.
- ¡Sentáos!- me iba a quedar levantada pero dos chicos del equipo contrario me empujaron y tiraron al suelo mientras Miguel no miraba.
- ¡Descalificada!- gritó una chica señalándome mientras sonría con suficiencia.
- Mierda, eso es trampa.- repliqué.
- ¿Qué dices? Si te sentaste tú sola.- se burlaron de mi.
No me quedó otra que sentarme al lado de Miguel donde estaban los descalificados.
- ¡Aida!- me llamó Aaron que estaba sentado unos metros más atrás.
- ¿Viste lo que me hicieron?- le pregunté enfadada aún. Me senté a su lado.
- Sí, siempre pasa lo mismo, los del equipo de Alex son los más tramposos de todo el campamento. A mi también me hicieron lo...
Unos gritos de los demás descalificados lo interrumpió. ¿Qué pasa? Es sólo un juego.
Miré a los que quedaban delante de Alex-Simón, tres chicos de su equipo, uno del nuestro e Irene. Espera, ¿qué?¿Irene? Todos quedaron en silencio cuando Miguel habló.
- Ésta es tu última ronda Simón, la última opurtunidad para descalificar a los azules.
- Ah, bueno, creo que tendremos suerte en este juego.- murmuré, con una sola oportunidad habiendo dos todavía.- Dudo que lo...
- Oh, vaya que si lo va a conseguir, siempre lo hace.- me interrumpió una chica a mi derecha que parecía estar enamorada de él.
- Quedan dos y es muy poco proba...
- Calla, calla, que lo va a decir.- me volvió a cortar, sin embargo presté atención al igual que todos los presentes.
- Simón dice que no me beséis en la boca.- dijo lo suficientemente alto para que le oyésemos.
Se escucharon risas y todos los chicos que quedaban se sentaron descalificados incluso la mayoría ya se habían levantado para irse. Todos excepto Irene.