Ir a ese lugar no era una elección para ella, simplemente no podía decir si o no, solo tenía que estar allí sin objeción alguna.
—¿Alguna vez tendrás el valor de enfrentar a Rubeus? —se preguntó a si misma viendo su reflejo en el amplio espejo del baño.
Escuchó que alguien tocaba, rápidamente tomó el antifaz se lo colocó para luego salir del baño.
—Aquí estoy. —Dijo acercándose al medio de la habitación.
Yaten hizo una mueca al ver a la bailarina frente a él.
—Quitate el antifaz. —Ordenó el ojiesmeralda poniéndose de pie.
Azul retrocedió algunos pasos ante Yaten que llevó las manos a su rostro con intención de quitarle el antifaz.
—No se si Rubeus te puso al tanto guapo —dijo en el personaje de Azul—, pero no puedes quitarme el antifaz darling. —Dijo ella quitando las manos de Yaten de su rostro.
—Conmigo harás una excepción he pagado mucho por ti. —Objetó tirando a la rubia en la cama.
—Tú pagaste por un show...
Calló al sentir el cuerpo de Yaten posicionarse encima de ella.
—¿Qué haces? esto no es parte del show. —Dijo con sus ojos abiertos a su máxima expresión.
—Pues este será un show diferente —sin previo aviso Yaten haló el antifaz descubriendo el rostro de Mínako, el albino de coleta baja abrió sus ojos sorprendido pues ya conocía el rostro de la chica abajo de él.
—Yo puedo explicarlo. —Dijo ella con voz temblorosa al saberse descubierta por el japonés.
Lo veía pero no lo creía esa chica ya la había visto.
—Tú eres.
•••
Mónica entró con una taza de café para Artemis al estar frente al albino dió un carraspido para llamar la atención de su jefe.
Al ver al ama de llaves dejó lo que estaba haciendo para descansar un momento y disfrutar de una humeante taza de café.
—Gracias Mónica —dijo tomando la taza—, no sabes lo mucho que necesito está taza de café tengo una migraña que me está matando.
—Artemis sabes que cuando te saturas de trabajo te dan esas terribles migrañas muchacho terco. —Dijo la mujer en tono maternal tomando al hombre por el hombro izquierdo.
—No es solo el trabajo Mónica —dijo él regalandole una sonrisa al ama de llaves, esa mujer lo conocía más de lo que a él le gustaría—, tú eres adivina ¿Dime dónde está tu esfera de cristal? —cuestionó él con ironía regalandole una sonrisa a Mónica.
—Artemis dime algo —habló la mujer con un tono de interrogatorio—, ¿Acaso tú migraña tiene que ver con lo que ocurrió hoy?
Casi se atragantó al escuchar a Mónica quiso negarse ante lo dicho por el ama de llaves pero eso de nada servía, eso sería absurdo esa mujer parecía tener un sexto sentido.
—A ti no te puedo mentir Mónica, tú eres como un detective.
La nombrada rió ante lo dicho por el albino.
—Bueno yo tengo alma de detective y he visto muchas series policiales —rió la mujer de corto rodete castaño—, pero volviendo a lo que de verdad importa yo te conozco muy bien muchacho y de verdad me cuesta creer que le creyeras a Neherenia, sabes de sobra como es esa chica de dramática.
Asintio ante lo dicho por Mónica, ella tenía razón, sabía que había actuado de manera precipitada, quería llamar a la niñera pero no sabía que decirle a la muchacha, se sintió avergonzado.
—Sabes que esa muchacha no es capaz de hacerle ningún mal a tu hija, Mina adora a la pequeña Diana.
Entregó la taza vacía de café al ama de llaves, sabía que esa mujer era dulce y no lastimaría a su hija. Lastimosamente lo entendió demasiado tarde.
—Tú tienes razón y yo cometí un error.
—Bueno hijo, errar es de humanos, pero reparar los errores y las malas acciones es de sabios. —Luego de aquellas palabras Mónica se retiró dejando a Artemis con sus pensamientos.
Volvió a su asiento y descansó su espalda en el respaldo de la silla debía solucionar lo que había hecho y también pedir una disculpa a la niñera.
—Debes encontrar a Mínako y pedirle que vuelva —sabia que lo último no era algo fácil pues ni siquiera le dió oportunidad a la muchacha de explicarse. Solo le pidió irse sin ningún miramiento.
———
Salió de la oficina, su andar era pausado por el cansancio, sintió remordimiento, había terminado tarde de trabajar y no fue a leerle a Diana como hacía cada noche, tampoco le dió su beso de buenas noches a la pequeña dió vuelta sobre sus pasos quería ver a su pequeña antes de irse a dormir.
Giró de espacio la perilla de la puerta fue cauteloso en absoluto, no quería interrumpir el descanso de la pequeña aunque a esa hora seguramente su sueño era profundo a causa de las pastillas que la pequeña tomaba por su transtorno del sueño. Llegó a la cama de la pequeña un movimiento extraño hizo al albino abrir sus ojos sorprendido.
—Ah pero... —Guardó silencio en cuanto su hija se dió la vuelta dormida. Allí junto a Diana también estaba Mínako plácidamente dormida, pensó en despertar a la muchacha junto a la niña pero meditó mejor la situación, optó por dejarla dormir si se quedó allí dormida era porque seguramente estaba muy cansada. Besó la pequeña frente de su hija para posteriormente cubrir a ambas con la manta.
—Descansen señoritas. —Dijo saliendo de la habitación cerrando la puerta con el mayor cuidado posible para no perturbar el dueño de ambas.
———
Se levantó tomó el celular para marcarle a Mimet necesitaba localizar a cierta rubia para pedirle disculpas y una segunda oportunidad.
Subió a su auto llamó a repetidas veces a su asistente sin obtener respuesta, necesitaba la dirección y demás datos de la muchacha.
Luego de varios intentos su asistente personal atendió su llamada.
—Necesita algo señor Von Parker. —Dijo la asistente al otro lado de la línea.
—Si Mimet necesito una información y la necesito de inmediato —ordenó el albino deteniendo su auto en un semáforo—, quiero que me consigas la dirección de la señorita Pérez.
—¿Habla de la niñera? —cuestionó Mimet con curiosidad.
—Si hablo de Mínako Aino nececito su dirección, envíala a mi celular. —Luego de dar esa orden él colgó la llamada, esperando la dirección de la niñera.
•••
—Quiero que me digas una cosa, ¿Artemis sabe quién eres? —cuestionó Yaten sirviendo un vaso de whisky.
Negó como respuesta no era capaz de verlo a los ojos sentía todo desmoronarse a su paso, ya no trabajaba para Artemis aún así temia a su reacción, ya de por sí su mirada pesaba cuando esos ojos acusadores la miraron la hicieron sentir la peor persona de todas.
—No, no lo sabe. —Fué la respuesta de Mínako.
—Niñera de día y bailarina de un night club de noche, eres toda una caja de sorpresas.
Yaten devoraba a la muchacha con la vista, la mujer era hermosa y él no era ciego para no notarlo.
—No hace falta ser sarcástico —comentó Mínako con fastidio poniendose de pie—, si no tiene nada más que agregar yo me retiro señor Kou.
Cuando la rubia iba a medio camino fue detenida por Yaten que la tomó del brazo.
—Yo aún no he recibido mi servicio.
—No debió quitarme el antifaz. —Rebatió Mínako soltandose del agarre del japonés.
—Dime algo —se dió la vuelta encarando a la muchacha—, ¿Qué pensaría Artemis si se entera que la niñera de su pequeña hija, de noche es una bailarina en un night club? —una sonrisa ladina se dibujó en los labios de Yaten destacando unos hoyuelos en la comisura de sus labios.
—No puede estar hablando en serio ¿Verdad? —cuestionó Mínako cruzandose de brazos—, eso es algo personal el señor Von Parker no tendría que saber que hago, o dejo de hacer con mi vida cuando mi trabajo como niñera acaba, soy libre de hacer con mi vida lo que me apetezca. —Refutó Mínako con una sonrisa de superioridad, no se iba a dejar intimidar aunque internamente temblaba del miedo. Aunque ya no trabajaba para Artemis él no podía saber que ella era Azul la bailarina que besó.
—¿Y bien linda? —habló Yaten sacando a Mínako de sus lagunas de pensamientos—, ¿Qué ofreces para que yo siga callado. —En realidad no tenía la intención de contarle nada a Artemis, además el albino no era de su agrado, él solo quería molestar a la rubia un rato.
—¿Me estás chantajeando? —dijo señalándose a si misma—, escucha darling puedes hacer lo que quieras me da igual, a mi nadie me amenaza.
«Si ese japonés cree que me puede chantajear pues está muy equivocado», pensó molesta la fulminando con la mirada al hombre frente a ella.
—Seré directa contigo —dijo acercándose a Yaten apuntandolo con el dedo—, no caeré en tus amenazas, ve si quieres cuentale a Artemis me da igual, se lo que pretendes y no, no lograrás que yo me vaya a la cama contigo. —Dictaminó la rubia decidida a no dar su brazo a torcer.
Soltó una carcajada que hizo a la rubia darse la vuelta.
Frunció el ceño ante la risa de aquel sujeto, cada vez lo entendía menos y eso la irritaba, se suponía que eso era lo que quería ¿O acaso quería algo más que sexo? Estaba confundida en cuanto a lo que pretendía Yaten, todos siempre querían lo mismo un acoston «¿Por qué ríe como idiota? ¿Acaso dije algo realmente gracioso?» en su cabeza pasaban muchas cosas, pero ninguna le daba la respuesta a la carcajada de aquel idiota.
—¿Por qué ríes como tonto? —empero irritada—. No me dirás que no eres como los otros y no quieres coger.
Dejó de reír ante lo dicho por la bailarina que ya se notaba mosqueada.
—No te lo negare eso era lo que quería al inicio —confesó Yaten encogiéndose de hombros—, pero no me creas tan básico, me gustaría hacértelo pero solo si tú así lo quieres, yo quiero que lo desees no quiero ser un cliente más de tu lista, quiero que me lo pidas.
—Lamento destruir tus esperanzas, pero no me acostaré contigo, si quieres dile a Artemis ya el tiempo terminó señor Kou debo irme.
Sin esperar respuesta de Yaten, Mínako se metió al baño para cambiar su vestuario.
Yaten quedó solo en la habitación tomó asiento en la amplia cama, no quitaba la vista de la puerta del baño nuevamente una sonrisa de labios cerrados se dibujó en sus labios.
—Ya veremos —musitó el ejecutivo dejando caer su cuerpo en el suave colchón—, ya veremos si te hago cambiar de opinión.
•••
—No debiste decir tantas tonterías Mínako, ya estás hundida con don refrigerador Von Parker. Ahora imagina como se pondría si se entera que Azul y la niñera de su hija son la misma persona.
Había llegado a su destino el autobús la dejó a un par de cuadras del departamento que dentro de poco dejaría de ser su hogar.
Decidió desviar su camino un poco necesitaba despejarse y en casa no lo haría, dió vuelta en la esquina encaminandose a la cancha de baloncesto desde que llegó a ese país ese lugar era su favorito, conoció a Serena y a muchas personas que se volvieron importantes en su vida.
———
Se sentía emocionada su profesor de música le contó que su voz era increíble.
Corrió al aro con pelota en mano para hacer una cesta y suparar a su madre.
La adolescente encestó haciéndole una finta a su madre.
—¡Hija cada vez lo haces mejor! —exclamó la mayor emocionada por la destreza de su hija.
—Eso es porque tengo a la mejor entrenadora de todas mamá a ti. —Dijo la jovencita de piel melocotón quitándole el balón a su madre.
—No tú eres muy talentosa Mínako —respondió la mayor abrazando de sorpresa a su hija—, eres muy buena y no solo en los deportes.
—Ma hoy mi profesor de música, el señor Davis me habló de un lugar llamado Juilliard, dijo que podría ganar una beca si me esfuerzo.
Kotone miró sorprendida a la muchacha, sabía que Nina desde pequeña tenía una voz extraordinaria, sabía que su hija era muy talentosa, quería seguir un camino artístico para Kotone era frustrante no poder hacer más para su hija.
—Bueno Mina si tu maestro le dijo eso esfuérzate, tú sllegarás a Juilliard o a donde quieras mi Mínako. —Dijo kotone tomando a su joven hija de los hombros.
—Gracias mami —Respondió Mínako abrazando a su madre.
———
Cada vez que ella y su madre tenían un largo y tedioso día iban a jugar basquetbol para liberar tensión luego iban por hotdogs al frente de la cancha de baloncesto y eso era lo mejor, sintió sus ojos humedecerse en cuanto el recuerdo de su madre llenó su mente. Se limpió la rebelde lagrimilla con la manga de su sudadera.
Escuchó pasos y el sonido de un balón rebotar, lo veía y no lo creía allí frente a Mínako estaba un albino ya conocido para ella.
—Ese no es el mejor atuendo para jugar. —Dijo esbozando una sonrisa.
El albino se dió la vuelta encontrándose con Mínako, se había dado por vencido pensó que no la encontraría pero pasó lo contrario ella lo encontró a él.
La vió acercarse se veía diferente a como usualmente vestía cuando cuidaba de Diana, no había notado lo largo que era su cabello, nuevamente a él llegaron las palabras de su primo comparando a Mínako con Azul «ya deja de pensar tonterías Artemis», se reporochó desechando la idea de su primo.
—Señorita Aino la estaba buscando. —Soltó en cuanto la rubia estuvo frente a él.
Lo escuchaba pero no lo creía.
—Conmigo señor Von Parker —secundó Mínako confusa—, pensé que ya no tenía nada que hablar conmigo. —No entendía que hacía su ex jefe ahí solo esperaba que no fuera para nada malo.