Fergal caminaba alegre por los pintorescos pasillos de Monday Night Raw mientras escuchaba música por sus audífonos dirigiéndose a su camerino y saludando alegremente a sus compañeros que caminaban por allí, acomodó su bolso mientras se acercaba a su destino, sacando su teléfono para ponerle pausa a la canción mientras se adentraba a la oscuridad de su camerino.
Apenas cerró la puerta una fuerza brutal lo estampó contra esta misma, unos orbes amarillos brillando entre la oscuridad frente a él delataron inmediatamente de quien se trataba —Vayne... ¿Qué tal? —Estiró su mano hasta el interruptor y encender la luz, confirmando que se trataba de la misma súcubo — ¿Todo bien? —Preguntó con una sonrisa amable ante el ceño fruncido y la mirada de odio que estaba recibiendo.
—Me encantaría decir que sí, pero aparte que no es de tu incumbencia saber que pasa en mi vida y cómo estoy solo vine por una cosa —Soltó al irlandés que había tenido retenido del cuello con su antebrazo y se cruzó de brazos, tratando de dejar su orgullo de lado.
—Bueno, sólo trataba de ser amable —Levantó sus manos en señal de paz, agradeciendo que Vayne no era capaz de matar con la mirada — ¿A qué viniste si tanto odio me tienes?
La súcubo suspiró pesadamente procesando las palabras correctas antes de comenzar a hablar de lo que tanto detestaba —Vine porque necesito hablar del pasado, de cuando me adoptaste en ese maldito bosque de Alemania —Fergal la miró extrañado y sorprendido mientras dejaba de tener toda actitud burlona o que simplemente pudiera molestar a la súcubo, quería ser lo más neutral posible —El demonio que tanto me acosa... Sabe cosas que nadie más que tú sabrías —Fergal se cruzó de brazos intrigado.
—Esto será una charla bastante larga —Suspiró y caminó hasta el sillón, invitando a la súcubo a que se sentara junto a él — ¿Qué tanto sabe ese demonio? —Cuestionó apenas la pelinegra se sentó junto a él, molesta y al mismo tiempo evitando el contacto visual.
—Mucho, sabe de Gabriel, de nosotros... Dice que yo lo conocía pero que no lo recuerdo —Relamió sus labios mientras cruzaba sus piernas tratando de alejar los recuerdos del sacerdote que volvían a su mente —Y que yo sepa, tanto mis padres como Gabriel están muertos como para venir a molestarme ahora, a no ser que seas tú cambiando de forma —Acusó con molestia mirándolo fijamente a los ojos, quería percatarse de que no mintiera.
—No soy yo Vayne, iniciando con que no soy cambia formas y lo sabes —Se defendió apuntándola con el dedo —segundo, yo estaba en combate cuando atacaron a Demi aquella vez y tercero yo no he dicho nada de nuestro pasado a nadie, principalmente por respeto a ti y porque es algo que pasó hace mucho tiempo y no tengo amigos demonios —Vayne chasqueó con su lengua al ver que no mentía.
— ¿Entonces quien mierda es?, ¿mi padre acaso revivió y busca fastidiarme otra vez y tratar de matarme? —Fergal fue capaz de sentir la frustración en la voz de la súcubo, deseaba darle un abrazo de consolación pero no sabría cómo podría reaccionar, ya no eran nada y ser amable con ella no funcionaría como antes.
—Si fuera tu padre no daría tantos rodeos Vayne... —Murmuró mordiendo su labio, conocía a aquel íncubo y si deseaba matar a su hija ya lo hubiera hecho, lo había enfrentado tantas veces que se le hacía predecible cada acción que tomaba — ¿Cómo se veía ese demonio?
Vayne dejó caer su cuerpo rendido sobre el respaldar del cómodo sillón, sentía que no iba a ningún sitio con todo esto —La primera vez que lo vi no era más que un demonio genérico con cuernos y garras con partes de su cuerpo enteramente de negro, la última vez lucía como un serafín, tenía como seis alas repletas de ojos y brillaba más que una linterna a máxima potencia —Describió mirando un punto fijo en el suelo con molestia.
— ¿Y estas muy segura que eran la misma entidad? —La súcubo asintió, dejando pensativo al demonio irlandés —... Bueno, ahora si esta difícil, tienes más de doscientos años de vida Vayne, y hemos sido bastante precavidos estando juntos —Murmuró el irlandés cruzándose de brazos imitando la pose de la morena.
— ¿Masacrar a todo un pueblo te parece ser precavido? —Preguntó con ironía, riendo de forma sarcástica.
—Bueno, tú fuiste quien lo hizo y nos fuimos sin dejar rastro alguno —Respondió sin siquiera detenerse a pensar en ello, arrepintiéndose y mirando de reojo como Vayne trataba de contenerse a decirle mil maldiciones y demás —Lo siento, la cosa es que... Tu padre no es ese demonio, ya sabes, cuando matas a un demonio lo eliminas para siempre, ¿sino a donde iríamos?
—Entonces volvemos al inicio, ¿quien puede ser?, tú no eres, mi padre tampoco, Gabriel... —Hubo un corto silencio incómodo del cual Fergal pudo sentir la tristeza que el recuerdo del rubio ocasionaba —Él era humano, no había maldad en él —Fergal sintió la necesidad de abrazarla para tratar de calmarla, como solía hacerlo antes, sin embargo Vayne lo golpearía como mínimo si se atrevía a hacerlo.
—Pero fue pecador Vayne... Tuvo una relación contigo aun sabiendo que debía cumplir su labor de sacerdote y... —Sé detuvo al tener la mirada fulminante de la morena sobre él —Sé que te duele hablar de tu pasado, pero debes dejarlo ir.
Vayne suspiró molesta tratando de no explotar contra el irlandés que trataba de ayudarla, después de todo, era ella quien lo fue a buscar —Así como te dejé ir a ti, ¿o quieres usar otro ejemplo? —No se resistió mas y soltó el veneno que tanto quería retener, pasó sus manos por su rostro con frustración, quedando nuevamente en un silencio incómodo —Esto es ridículo, no sé porqué pensé que venir a hablar contigo era buena idea —Se levantó dispuesta a retirarse e ir a maquillar a Ashley, pero el irlandés la tomó de la mano deteniéndola.
—Porque tal vez necesitas ayuda y por tu orgullo no eres capaz de admitirlo —Fergal la miró con lástima y por unos segundos recordó cuando la abandonó en aquella lluviosa tarde, con sus ojos rojos e hinchados y su nariz roja, implorándole que no la dejara, sintiendo como algo se removía dentro de él.
Culpa.
Sabía que la Vayne que tenía en frente, una súcubo rencorosa y desconfiada, sin piedad ni remordimientos que solo disfrutaba de alimentarse de la agonía y la lujuria de los mortales, que ya no le importaba ser amable y bondadosa con los demás, era producto a su abandono y las repetidas ocasiones en que le destruyó el corazón con palabras, había matado a esa "niña pequeña", su parte tierna y risueña que tanto adoraba y amó con locura, a la que protegió y cuidó sin esperar nada a cambio, la que le entregó su corazón, cuerpo y alma jurándole amor eterno una vez y que ahora todo se había desmoronado como cenizas, no era capaz de perdonarse todo el mal que le había hecho.
—Porque es tan fácil olvidar cómo me dejaste tirada como perro muerto —Respondió con odio.
—Si tan solo entendieras el verdadero motivo no... —El irlandés trató de explicarse, pero fue interrumpido por la súcubo quien estaba harta del mismo discurso.
—No sé porqué todo este problema gira alrededor de ti... De nosotros, siempre que trato de alejarme y seguir mi mugrienta existencia con Demi algo me hace volver a ti, una y otra vez —Se soltó del agarre suave y mordió su lengua tratando de contener sus lágrimas, tragando saliva en un intento para quitar el nudo en su garganta.
El semblante deprimido de Fergal pasó a ser un rostro burlesco y fanfarrón, mientras aquella mirada verde pasa a ser completamente blanca e inexpresiva —Porque tal vez es tu culpa —La voz grave y rasposa de Bálor hizo despertar una alerta en la súcubo quien trató de alejarse inmediatamente del demonio que había tomado posesión del cuerpo, sin embargo, este la tomó de la cintura su brazo pegándola a su cuerpo con fuerza — ¿Crees que esto está pasando es por mi culpa? —Preguntó de manera burlona, tomándola de sus mejillas con fuerza llegando a lastimarla, obligándola a que lo miré a los ojos —Cariño, si no hubieras aparecido de regreso nada de esto hubiera pasado, sino hubieras comenzado esa estúpida y falsa relación con esa perra gótica para causarme celos a mi... Tu y yo no estaríamos aquí —Bálor carcajeó suavemente apretando su agarre al sentir como Vayne trataba de soltarse desesperadamente de sus brazos —Si tan solo hubieras seguido lejos de mí, de nosotros, tal vez ese demonio nunca hubiera aparecido en tu vida, pero claro es más fácil echarle la culpa a tu ex que tanto sufrió por tener que dejarte ir gracias a Fergal en lugar de aceptar tus cagadas, ¿no es así? —Las lágrimas caían por las mejillas de Vayne mientras seguía tratando de liberarse.
—Suéltame —Murmuró con un hilo de voz, sollozando ante el abuso del demonio, quien se negó a soltarla, la súcubo estaba sorprendida y aterrada por la fuerza que estaba ejerciendo, siendo que la última vez que se vieron Finn estaba bastante débil.
—Estuve prisionero de Fergal por más de cien años Vayne, ¡cien años!, y lo único que pensaba era en ti, en lo que estarías haciendo, si habías tenido más parejas, si todavía pensabas en mi... —Acercó su rostro lentamente hasta quedar a escasos centímetros de los labios de la pelinegra —Y cuando fuiste a buscarme en ese evento de mierda, juro por lo que más quieras que me alegré de volverte a ver, saber que seguías recordándome a pesar de todo —Vayne gimió de dolor al sentir como Finn enterraba sus garras en su cadera, no le quedó de otra que transformarse y zafarse del agarre con su sombra —Tú no quieres a Demi, mucho menos la amas, tú solo te refugiarte en ella para darme celos a mi preciosa, que no se te olvide, tú me amas a mí —Vayne salió de su camerino sin dejar rastro alguno para cuando Fergal volvió a tomar el control, saliendo corriendo intentando seguir a Vayne, pero ella ya no estaba en esa arena.
En cuestión de segundos la alemana ya estaba en su apartamento, llorando a mares mientras pasaba sus manos por su rostro, con un mar de emociones y tristeza que la estaban agobiando, sintiéndose nuevamente sola y desamparada, maldiciendo su existencia y deseando haber muerto el mismo día que su madre, en lugar de ser encontrada por Fergal, su teléfono comenzó a sonar repetidas veces, podía ver el nombre de Demi, luego de Liv y Ashley preguntándoles si todo estaba bien, principalmente la australiana quien no paraba de llamar ni mandarle mensajes, terminó por responder con un simple: "no iré, me siento mal" a las tres y posteriormente mandarle un mensaje a su jefa de que había surgido algo personal y que no podría asistir hoy, terminando por apagar su teléfono una vez su jefa de manera comprensiva le dejó faltar sin problemas, tomó una de sus tantas almohadas abrazándola en su pecho mientras lloraba en silencio.
Estaba cansada de todo, de aquel demonio que la perseguía, de sentirse sola y no ser capaz de superar todo lo que le ocurrió con Gabriel y Fergal, sentirse sola y vulnerable nuevamente, dándole la razón a Finn al decir que todo esto que estaba pasando era su culpa, era su culpa que Gabriel muriera, era su culpa que Fergal la dejara, era su culpa que un demonio del pasado siguiera molestándola, era su culpa estar sola y sentirse así.
Habían pasado horas en la que no se había movido de la cama, que no había vuelto a encender el teléfono y que se había quedado mirando un punto fijo mientras seguía abrazada a la almohada en estado vegetal sin tener ganas de moverse de allí, había perdido la noción del tiempo para cuando había dejado de llorar, decidió finalmente ir a tomar una ducha y tratar de despejar su mente, se sentía agobiada ante tantas cosas, las palabras de Bálor, aquél demonio, Demi... ¿Realmente la quería como tanto decía hacerlo?, luego de tantos años sin sentir empatía, matando a diestra y siniestra a personas con un futuro brillante y prometedor sin afectarle en lo absoluto, ¿por qué debería sentir empatía y cariño por una mortal común y corriente que conoció hace relativamente poco?, sabía que los días de aquella australiana estaban contados, era una persona normal y sabía que no daría una relación eterna, ¿por qué seguir sabiendo que se acabará en cualquier momento?, ya había pasado con Gabriel y pasaría de igual forma con ella, tal vez no de esa forma pero acabaría muerta tarde o temprano.
Tomó una ducha lenta con agua caliente, lavó su largo cabello y justo cuando se estaba enjabonando, miró el tatuaje que tenía en su brazo izquierdo, un gran tatuaje que lograba tapar las marcas que le había dejado Bálor en una de sus tantas peleas por celos de su parte, si bien Fergal la cuidaba y protegía, Finn lo hacía de una manera bastante... Posesiva, nunca le gustó que se alimentara de otra forma que no fuera matando a las personas y haciéndolas sufrir, no quería que nadie más tocara su cuerpo si no era él, y todas sus víctimas tenían que ser escogidas por él, bajo el pretexto de que "no quería que se repitiera la misma historia de Gabriel" endulzando su toxicidad con mentiras y cosas que ella deseaba escuchar para siempre tenerla en sus manos, si bien no siempre fue así en sus inicios, Vayne llegó a amar realmente a Fergal y Finn, de una manera enfermiza y sumisa, nunca le reprochaba ni daba peros a sus órdenes, no solo porque no quería molestarlo, sino que una pequeña parte le tenía miedo.
Quizá ahora podía comprender el porqué Fergal la dejó, quizá haberse alejado era la mejor opción que podía haber hecho si quería protegerla, todo este tiempo la estaba protegiendo de Finn, luego de tantos años de una relación donde peleaban más que cualquier otra cosa, donde su felicidad dependía de la presencia del otro, tal vez la terquedad y la ceguera de la súcubo por mantener a Finn cerca de ella no le dejó ver la manipulación y daño que le estaba haciendo.
Finalmente había reconocido que volver con Finn no era la mejor opción, seguir molestándolo y tratando de recuperar algo que ya estaba roto desde un inicio. Salió de la ducha finalmente y solamente se colocó un hoodie xl que ocultara la fina lencería negra, dejó caer su largo y sedoso cabello para finalmente ir a ver algo de televisión, el silencio abismal que había por todo su departamento la estaba comenzando a fastidiar. Estaba por sentarse en el gran sillón hasta que el timbre de la puerta la detuvo, extrañada y con el ceño fruncido se dirigió a la puerta, donde se topó con la australiana acompañada de Gionna junto a una bolsa con lo que parecía ser helado.
—Ay babosa me tenías preocupada —La rubia fue la primera en abrazarla, tratando de ser delicada pues pensaba que estaba enferma y por eso había faltado.
—Nos tenías preocupadas —Recalcó la bicolor quien puso los ojos en blanco para soltar una suave carcajada —Déjame recordarte que iba a venir sola y te colaste —Se quejó mientras la rubia entraba al hogar de Vayne e iba a dejar el helado en el refrigerador luego de que Vayne le indicara donde era — ¿Preciosa qué te ocurre? —Demi la abrazó suavemente, aspirando el olor a su característico perfume de vainilla, sintiendo como Vayne se encontraba decaída y sin ánimos — ¿Alguien te hizo algo? —La miró a los ojos con preocupación al no escuchar respuesta, Vayne negó suavemente dándole paso a su novia.
—No es sólo qué... No estoy bien anímicamente, es todo —Se cruzó de brazos mientras dejaba caer su cuerpo en el sillón, acompañada de su novia y más tarde se les unió la rubia quien venía con tres tazas llenas de helado.
—No sabía que sabor traer pero como siempre usas perfume de vainilla opté por traer de mantecado —Vayne tomó la taza con una pequeña sonrisa —Demi quería traer de chocolate así que optamos por comprar los dos.
Para fortuna de la súcubo, aquel dúo había logrado tranquilizarla y sacarla del estrés en el que se encontraba, haciéndola sentir bien luego de una corta charla donde explicaba de manera sutil lo que le estaba pasando -y omitiendo varias cosas obviamente-, terminaron por ver películas de comedia mientras comían helado, si bien Vayne no era fanática del cine, aquella decisión le había sentado bastante bien, por un momento había olvidado por completo lo ocurrido con Bálor horas atrás, simplemente no sabía cómo dos mortales podían convivir con ella y hacerla sentir cómoda y feliz, era extraño e irónico para la súcubo, quien había olvidado por completo lo que era tener a alguien quien te cuidara y se preocupara realmente por ti, tantos años en soledad la habían hecho olvidar muchas cosas que creía que nunca más volvería a sentir, y quizá después de todo, su parte humana no había muerto como ella decía, tal vez siempre estuvo ahí por más que la negara.
Dieron las una de la mañana y la rubia tuvo que irse, la australiana fue a llevarla dejando a Vayne sola, con la promesa de que volvería a pasar la noche para cuidarla, una vez la puerta se cerró el sentimiento de soledad volvió a inundar el hogar monocromático de la súcubo, quien suspiró agotada y comenzó a recoger las tazas junto el ahora vacío envase de helado, comenzó a lavar cada traste luego de colocar algo de música, estaba comenzando a detestar el silencio con todo su ser.
—Al fin se fueron —Reconoció la voz de aquel demonio que tanto daño le había hecho, Vayne quedó inmóvil en su sitio, sin saber cómo reaccionar ante la presencia de su ex — ¿Sabes pastelito?, te ves tan hermosa como la última vez que nos juramos amor eterno, y debo admitir que el miedo que vi en tus ojos fue como una obra de arte —Carcajeó con cinismo mientras se acercaba a la súcubo, quien había cerrado la llave y secaba sus manos con un trapo que había por ahí.
Vayne se armó de valor y decidió enfrentarse a Finn — ¿Qué es lo que quieres?, porque si vienes a que salgamos de casería déjame decirte que esos días se acabaron —El demonio irlandés explotó en carcajadas mientras miraba de manera burlona a la pelinegra frente a él.
— ¡Vaya!, al parecer le crecieron las garras a la gatita —Vayne gruñó al tener tan cerca a Finn, amenazando con atacarlo —Yo no haría eso si fuera tú —Juntó sus manos con una sonrisa burlona —Digamos que ya no estoy tan débil como antes —Ronroneó disfrutando de la tensión que le estaba generando a la pelinegra —Digamos que mientras Fergal descansa... Yo salgo de caza —Vayne intentó atacarlo pero terminó con su cara contra la pared y su brazo torcido en su espalda —Que tierna, ¿así recibes al que tanto te cuidó y veló por ti? —Murmuró en su oído, apretando el agarre en su muñeca al sentir el contante forcejeo constante de Vayne para librarse de él.
Con un hábil movimiento la súcubo pudo librarse y tomar una distancia considerable del demonio —Bueno, teniendo en cuenta de que hablas cosas por las que nadie te pregunta... Es normal que te traten así —Ambos demonios estaban completamente transformados, Vayne sabía que sus probabilidades de ganarle eran nulas -por no decir inexistentes- y aún así estaba dispuesta a pelear.
— ¿Quien te entiende?, tanto que deseabas tenerme y ahora me tratas a las patadas —Carcajeó sin gracia intentando acercarse nuevamente, pero la súcubo retrocedió manteniendo la distancia —Se supone que estarías alegre de verme, pero al parecer Demi a ocupado mi lugar —Gruñó intentando atacar a Vayne, quien fue lo suficientemente rápida para esquivarlo y posicionarse al otro lado de la sala.
—Sí, y déjame decirte que no solamente folla mejor que tú —Lo provocó dándole en el ego, sonriéndole burlonamente ante el enojo que le había provocado.
Finn logró atrapar a la escurridiza súcubo y trató de aprisionarla nuevamente, sin embargo Vayne logró morderlo encajando sus colmillos sobre su rostro encajando sus garras en su pecho, logrando debilitarlo, Finn logró impactar su puño contra su abdomen sacándole el aire, volvió a impactar esa zona con su rodilla y finalmente la golpeó por la espalda con su codo, tirándola al suelo completamente destruida —Al parecer olvidaste que solía ser un rey —Carcajeó viendo como Vayne trataba de levantarse, pero los golpes de aquel demonio la habían dejado bastante adolorida.
—Y también un idiota manipulador, pero eso no se me ha olvidado —Logró darle un golpe en sus genitales y ponerse de pie, soltando uno que otro gemido de dolor, tomó su rostro entre sus manos e impactó su rodilla contra este — ¿Creíste que no iba a dar pelea? —Sonrió victoriosa mientras se apoyaba en la mueble que tenía más cerca.
—Me sorprende tu fuerza siendo una súcubo —Limpió el líquido negro que comenzaba a salir de su nariz.
— ¿Tengo que recordarte que maté a mi padre cuando aún no sabía cómo controlarme? —Preguntó de manera sarcástica, Finn se lanzó para atacarla nuevamente pero Vayne por suerte logró patearle en el abdomen golpeando la segunda boca que este tenía.
—Porque yo te enseñé a pelear —Respondió con odio logrando impactar dos golpes en su rostro y derribándola con un tercero en su pierna —Y aún te falta por aprender —Se burló mientras daba vueltas alrededor de su cuerpo tendido en el suelo.
A este punto Vayne estaba deseando que Demi se demorase lo más que pudiera para que no se topara con esa escena, no quería imaginar cómo sería su rostro al verla de aquella manera y peleando con el que se supone que es su mejor amigo que ahora estaba transformado en el demonio que suelen maquillarle cuando salía a luchar, simplemente no podía dejar que la viera como realmente era.
Finn se detuvo frente al rostro de Vayne, agachándose para tomarla del cuero cabelludo y levantar su rostro, abrió la boca para burlarse del estado de la súcubo, pero Vayne logró reunir las fuerzas suficientes para tirarse sobre él encajando nuevamente sus colmillos y enterrarle sus garrar, consumiendo su fuerza y vitalidad para poder obtener fuerzas suficientes como para sacarlo de su departamento antes de que llegue la australiana.
Lo que no se esperaba era Finn se atreviese a sacar su larga lengua para meterse debajo de su hoodie y tomarla del torso, aprisionándola con sus piernas colocándolas en sus caderas para poder morderla con sus afilados dientes e inyectarle aquel veneno que si bien no la mataría -a no ser que le inyecte gran cantidad- la desmayaría casi que de inmediato, Vayne intentó hacer fuerza suficiente con sus extremidades para evitar el mínimo contacto con aquellos afilados dientes, sin duda estaba en una posición incómoda pero tenía que aguantar lo suficiente para drenar a Finn y forzarlo a que se vaya o que Fergal recupere el control, lo que sucediera primero de igual forma le vendría bien.
Vayne enterró aún más sus garras para hacer fuerza suficiente al sentir que estaba a punto de ser mordida, sentía cómo sus brazos y piernas comenzaban a temblar ante la fuerza inhumana que estaba ejerciendo, si bien se sentía fuerte y recuperada de los golpes que recibió, la fuerza de aquel demonio irlandés seguía siendo ligeramente superior a la suya.
Finn trató de tomarla de la espalda y hacer aún más fuerza contra la súcubo, pero las garras de la fémina estaban casi que incrustadas en sus hombros dificultándole el movimiento, intentó forzar aún sintiendo el dolor que esta le estaba causando y para fortuna de Vayne logró debilitarlo lo suficiente para que Fergal volviera a tomar el control del cuerpo, terminando por sacar sus garras y colmillos del ahora humano Fergal Devitt.
— ¿Estás bien? —Fue lo primero que el agotado irlandés le cuestionó a la súcubo, quien estaba cansada por aquel combate.
—Sí, solo no pensé que lograría ganarle —Respondió sentándose a un lado de él, recuperando el aire ante el agotamiento —Y tú... ¿Estás bien? —Fergal la miró con una ceja levantada y una sonrisa burlona.
Lo último que se espera era esa pregunta viniendo de ella —Bueno, he estado peor —Se encogió de hombros riendo al ver como Vayne apartaba la mirada — ¿Preocupada? —Vayne chaqueó y negó con la cabeza rápidamente.
—Solo te pregunté para ver si tenía que sacarte a las patadas o podías irte por tu cuenta —Respondió levantándose a pesar de que no estuviera mintiendo del todo, aún tenía mucho orgullo como para aceptar sí estaba ligeramente preocupada por el irlandés.
—Que amable de tu parte —Respondió de manera sarcástica imitando la acción de la morena —Si te tranquiliza me iré antes de que llegue Demi —Levantó sus manos tomando distancia para proceder a desaparecer del departamento de Vayne.
—Tremenda mierda —Murmuró apoyándose en la pared y cerrando los ojos por unos instantes, alegrándose de que su ex se fue y el departamento no quedó hecho trisas por la pelea —Supongo que ando de suerte —Tres golpes en la puerta anunciaron la llegada de la australiana, Vayne volvió a su forma humana en lo que caminaba hasta la puerta para poder abrirla, topándose con aquella cabellera bicolor y la hermosa sonrisa de su novia.
—Me voy por unos minutos y pareciera que peleaste con el demonio de Tasmania, ¿qué te ocurrió? —Preguntó mientras reía ante el aspecto descuidado de su novia.
Si tan solo supieras Demi...