Nota.
Holiiiii, espero se encuentren bien. Debo decir que no iba a publicar hoy —mi mamá me prohibió entrar a Wattppa hasta que presente la prueba de la uni. Tengo que estudiar— pero estoy súper emocionada con este cap, les prometo que cuando tenga tiempo publicaré el otro.
Los dejo para que lean y no olviden votar. Los quiero ❤️
El fin de semana me pareció muy tranquilo, no me topé con nadie —cuando digo "nadie" me refiero a Jade— lo pasé con Marian, tuvimos un fin de semana de chicas, ni siquiera habló con Alex —o eso creía ella, porque la pillé la noche anterior hablando con su novio— hacía tiempo que no pasábamos tiempo juntas, debido a la universidad.
Nos encontrábamos sentadas en mi cama mirando ropa que queríamos comprar y planeando cómo nos veíamos en un futuro, eso era algo que nos encantaba hacer.
—Vale, yo en cinco años me veo vestida de blanco —dijo Marian.
—¿En serio? ¿te ves como un fantasma... muerta? —bromeé—. Yo no te quiero ver vestida de blanco, mejor te voy a visitar al cementerio.
Comencé a reírme a carcajadas y ella me lanzó una almohada a la cara, la cual esquivé con facilidad. Se cruzó de brazos.
—Me refiero a un vestido de bodas —puso los ojos en blanco—. ¿Irías a mi boda? —preguntó, ilusionada.
—Mhm... ¿en serio quieres casarte? —puse una mueca.
—Sí, ¿por qué no querría?
—Porque... estás un poco joven para eso —alcé ambas cejas—. Y... yo no quiero ver a mi mejor amiga atada a un hombre el cual solo va a mirarte como... si fueras... una esclava, o no sé cómo ven los hombres a sus esposas, pero creo que es así. Míralo de este modo, después de que la mujer pasa a ser la esposa y no la novia todo cambia.
—¿En qué sentido? —entrecerró los ojos.
—En el sentido de que vienen más cachos...
—¡Arya! —se quejó—. Vaya, gracias por tus consejos de vida.
—Solo digo la verdad —me encogí de hombros—. ¿Es que no lo ves?, eso es lo único que saben hacer los hombre: ser infieles. Todos son iguales.
—No todos —recordó.
—Sí, tienes razón, los hombres ficticios no son infieles —sonreí.
Empezó a reírse de mí.
—Hablas como si hubieras salido con muchos chicos los cuales te rompieron en corazón —dijo entre risas—. ¡Y solo has tenido un novio!
—¿Y qué pasó? Me engañó —le recordé—. Y de la peor manera, ese imbécil hizo que odiara a todos los hombres por igual.
—Sigo diciendo que no todos son iguales.
Se acostó en mi cama y yo la seguí, quedando una en frente de la otra. Estar con Marian me hacía recordar a cuando nos conocimos, admito que al principio no confiaba en ella, pero después nuestra amistad comenzó a ser más fuerte. Pasaba horas en su casa o viceversa, éramos una sola.
—No respondiste mi pregunta —habló después de varios minutos en silencio.
Suspiré poniendo los ojos en blanco.
—Sabes que sí iría.
Nos quedamos en silencio por un largo momento sin decir nada, desde que había caído el fin de semana tenía la curiosidad de preguntarle algo, solo que no se me había presentado la oportunidad —en realidad era que no sabía cómo preguntarle sin que me diera vergüenza— y ese momento de silencio pareció el indicado.
Vacilé unos minutos en si preguntar directamente o indirectamente. Ella estaba con los ojos cerrados y pensé que ya se había quedado dormida. Toqué ligeramente su hombro pero no recibí respuesta.
—Marian...
—¿Mhm...? —emitió, somnolienta. No podía creer lo rápido que se había quedado dormida.
Vale, ¿ahora qué le decía? Me mordí el labio inferior pensando.
—Tengo curiosidad sobre algo... —murmuré, ella abrió un ojo y después el otro, se vio muy graciosos la manera en que lo hizo—. No es nada del otro mundo.
—Oh ¿en serio? —inquirió, divertida—. ¿Y por qué te has puesto roja?
Abrí los ojos como platos y me coloqué las manos en mis mejillas.
—¡Eso no es cierto!
No lo era, la muy sucia solo lo dijo para molestarme. Empezó a reírse de mí y yo fruncí el ceño, enfurruñada.
—¿Por qué dudaste? —entrecerró los ojos, dubitativa—. ¿Qué me vas a preguntar que es tan vergonzoso?
Mierda, ya me atrapó. Fruncí los labios, pensativa...
—Yo... —vale, no sabía cómo preguntarle eso sin que se viera tan extraño—. Solo quería saber si... Nick tiene novia.
Alzó una ceja perpleja. Ni yo me esperaba que iba a preguntar eso, pero solo era cuestión de tiempo para que ella soltara la lengua y dijera lo que en realidad yo quería escuchar. Su expresión no cambió en absoluto, pensé que había quedado en una clase de shock o algo así, no decía absolutamente nada y estaba empezando a preocuparme.
—¿Hola? Tierra llamando a Marian —hice un gesto con la mano para que reaccionara.
Pestañeó varias veces, pero seguía sin hablar. Comencé a impacientarme por la falta de información, no decía ni una sola palabra y eso me estresaba.
—¿Y bien...?
—¿Nick? —habló finalmente.
—Ajá, él —asentí lentamente, intentando que pareciera cierto lo que acababa de decir, al escucharlo de otra persona sí parecía un poco descabellado—. ¿Tiene o no?
Abrió la boca para decir algo pero la volvió a cerrar, aún no se creía mi pregunta.
—Él... eh... —le hice un gesto con la mano para que siguiera hablando—. No, por los momentos no.
Me quedé en silencio, fingiendo una sonrisa. Solo era cuestión de tiempo para que reaccionara. En tres... dos... uno:
—¿Por qué preguntas eso? —bueno, aquí vamos con el interrogatorio—. Él... no amiga, con él no.
Fruncí el ceño, fingiendo que eso me afectaba, en realidad por dentro estaba sonriendo, todo estaba funcionando.
—¿Por qué no? —arrugué las cejas—. Se ve que es un buen chico.
—¿Nick? Él se fija en chicas fáciles para tener un rato entretenido, tú no mereces eso, él me agrada, pero solo como amigo y espero que lo mismo sea contigo —explicó—. De tantos chicos y te vas a fijar en él, ¿es que no ves los diferentes prospectos que hay?
—¿Como por ejemplo...?
—Jade, él no tiene novia y es mucho más serio que Nick a la hora de tener una relación.
Vale, ya había soltado lo que quería saber. No debí emocionarme cómo lo hice, pero fue inevitable, ¿eso era normal? No lo creo, tenía que comenzar a cambiar eso. Ahora tenía que seguir la corriente.
—Vale, tienes razón —volví a acostarme—. Tengo sueño buenas noches.
—No estás molesta, ¿verdad? —preguntó, acurrucándose a mí lado—. No fue mi intención hacerlo, solo te digo la verdad.
Si supieras...
—No, solo tengo sueño.
Apagué la lampara de mi habitación y me dispuse a dormir.
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Habían pasado dos días desde mi charla con Marian y, aunque me cueste admitirlo, no había dejado de pensar que Jade no tenía novia, en cierta parte, una pequeña, pero muy pequeñísima parte me alegraba saber que estaba soltero.
Sí, claro. Ahora créelo.
Ya era mediodía y moría de hambre, iba saliendo de la facultad cuando tropecé con alguien haciendo que cayeran las cosas que llevaba en las manos. Me agaché para ayudarle a recoger sus cosas.
—Lo siento, no prestaba atención —expliqué—. De verdad lo siento.
—Ya se está haciendo muy normal que nos topemos así —alcé la cabeza para confirmar que fuera la persona que estaba pensando y efectivamente sí era. Jareth estaba sonriendo—. Descuida, yo termino de recogerlos.
Me estiré, ligeramente nerviosa. ¿Por qué estaba nerviosa?
Oh, no, ya llegó James.
Es Jareth.
Cuando Jareth se levantó le tendí los papeles que había recogido y comencé a jugar con mis dedos. Se quedó unos minutos sin decir nada, solo me miraba y eso ocasionaba que mis nervios aumentaran. Desde la plantada del otro día me daba vergüenza verle la cara, no fue muy educado de mi parte hacerle eso.
Pero ¿qué más da? Ni que fuera tan importante.
Pues sí era importante, era el primer chico que me había invitado a salir desde hace tres años y lo había había hechando todo a perder.
—Hola —logré formular. Sonreí un poco—. Lo siento.
Y otra vez, silencio. No entendía porqué no decía nada, ni siquiera se movía ¿es que a caso tenía algo en la cara?
Sí, un moco se te sale de la nariz.
Me limpié la nariz disimuladamente, pero no había nada. Ok, necesitaba que mi conciencia se callara de una vez. Fruncí mis labios incómoda por la situación, al final, decidí romper el silencio:
—¿Tienes... algo que decir?
—Honestamente, sí —hizo un gesto con la mano para que caminara—. Quería invitarte a salir —explicó—. Si quieres, claro está.
Quedé sorprendida ante eso, de verdad, me preguntaba ¿por qué tanta insistencia en salir conmigo? No es que yo no quisiera, sino que no entendía qué veía en mí que le llamaba la atención. Es decir, tantas chicas lindas y se fijaba en mí, y no es que me sintiera menos atractiva, era muy consciente de que mi físico no era malo, pero... no lo sé, ahora lo veía un poco sospechoso. O tal vez lo veía así por el comportamiento de Jade el otro día, eso había hecho que desconfiara un poco.
Sin darme cuenta ya nos encontrábamos en el estacionamiento. Mi mirada viajó de él a su auto repetidas veces, esbozó una pequeña sonrisa y me di cuenta de que seguía esperando mi respuesta.
—Yo... ehm... —vale, debía admitir que era un poco amable la manera en que me pedía salir y ya lo había dejado plantado una vez, no era bueno rechazarlo—. Sí, cuando quieras —respondí, finalmente.
El asintió un tanto satisfecho.
—¿Qué te parece este fin de semana? —propuso.
Estuve a punto de decir que sí, pero recordé ya tenía planes: El campamento.
—No puedo —arrugué las cejas—. ¿Otro día?
De relamió los labios. ¿Por qué hizo eso?
—Acabas de decirme cuando quiera —emitió una pequeña risa.
—Sí, pero el fin de semana no puedo.
Se quedó en silencio, pensativo.
—¿Quieres ir a almorzar?
—¿Hoy? —pregunté, impresionada.
Esbozó media sonrisa, divertido por mi expresión.
—Sí.
Traté de contener una sonrisa.
—Vale —asentí—. Solo déjame avisarle a mi mejor amiga que llegaré un poco tarde.
Cuando me llevé la amo a mi bolsillo no lo sentí. Mierda, seguro lo había avisado en el salón, o tal vez se me cayó en cuando venía para acá. Revisé mi mochila para verificar si se encontraba allí, pero tampoco estaba.
Muy bien, tú solo respira y no te desesperes.
Sí eso, porque vamos ¿quién se robaría un celular tan feo?
Eso es cierto, seguramente —si es que se quedó en la mesa— estaría en el mismo lugar. Nadie querría un teléfono tan viejo, teniendo tanto dinero no tendrían la necesidad.
—Se me ha quedado algo en el salón, ya vuelvo.
—El celular, ¿no? —murmuró, intentando suprimir una sonrisa. Yo asentí—. Eres un desastre.
—Ni me lo digas —suspiré—. Ya vuelvo.
—Voy contigo.
—No tranquilo, voy sola.
Me apresuré a llegar a mi salón y por suerte de encontraba allí mi teléfono, sentí un gran alivio al encontrarlo, no sabía qué haría se lo perdía. El pasillo estaba más abarrotado de estudiantes, hice una mueca cuando un chico chocó con mi hombro, no soportaba que alguien me tocará sin mi consentimiento —aunque fuera por accidente— me sentía muy incómoda por eso, tal vez era raro, pero así era yo.
Al salir del edificio sentí una mirada sobre mí, por un momento pensé que era mi imaginación, pero cuando giré mi cabeza pude ver esos hermosos ojos grises que ya estaban volviéndose un tormento para mí, un extraño cosquilleo se instaló en mi estómago y mi corazón comenzó a latir con desespero.
Nos sostuvimos la mirada por unos minutos, pero al final terminé rompiendo el contacto visual, el gris de sus ojos me resultaba muy intenso. Reaccioné al momento en que recordé que Jareth estaba esperándome y comencé a caminar a su auto, pero fui detenida por una mano que me tomó por sorpresa.
—¿Quieres que te lleve? —la voz de Jade inundó mis oídos.
Me alejé de él de inmediato, como si su simple contacto quemara.
Él no quema, pero sí hace que ardas.
Ignoren eso.
—Yo... eh... —¿por qué razón últimamente me ponía nervosa al tenerlo cerca?—. No, gracias.
Su intensa mirada penetrante se quedó fija en mí y eso hizo que mis mejillas se encendieran ligeramente. Intenté alejarme de él pero pude oír sus pasos siguiéndome.
—Tranquila, no voy a secuestrarte —habló a mi lado.
«No es eso idiota, es que ya tengo planes» quise decir, pero tuve que aguantarme. Luego recordé la escena que montó el otro día en la fiesta.
Mhmm...
Ok, ya tienes un plan.
Me detuve de golpe y lo miré de reojo disimuladamente.
—Voy a salir y no creo que tú puedas ir, así que... —le hice un gesto con la mano para que se fuera—. Puedes irte.
Entrecerró los ojos en mi dirección.
—De igual forma puedo acompañarte —propuso.
No entendía porqué estaba así, es decir, se suponía que nos odiabamos a muerte, ¿no? Él no tenía que hacer ese tipo de cosas y yo no tenía que emocionarme por eso, pero creo que todos estaba cambiando.
—No, ya tengo acompañante.
Su expresión era una mezcla de diversión y perplejidad.
—¿En serio? —su tono de voz me dejó en claro que no me creía nada—. ¿Y quién es el sujeto que te va a acompañar?
Alcé una ceja, indignada, ¿es que acaso no tenía el derecho de salir con alguien? ¿qué tan difícil era creer eso? Abrí mi boca para hablar, pero alguien se me adelantó diciendo:
—Arya, ¿nos vamos?