El enigma del millonario

By GinyaLes

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Arya Harley accede a un acuerdo millonario con Ayden Emory, un magnate de Nueva York, a cambio tendrán un hij... More

Sinopsis
El problema
El sexi millonario
Momento decisivo
Transiciones, reglas y confesiones
Lo que no se planea
La llamada
Verdades que duelen
Al desnudo
Llamadas que destruyen
Lo dicho, dicho está
Rota
Turgentes amistades
Dueño
Entre sueños
Cómodas amistades
Lo que quiero
Besos y abrazos
Pay, fresas y cumpleaños
Yo y mis demonios
Ilusiones agradecidas
Promesas
Carcajadas y mentiras
Celos no son celos
Visita no deseada
Vistas y tarjetas
Vendida
Campanas de boda
Tres meses y abrazos
Mentiras
Entre tus sueños
Darinna
Amar tanto o más que yo
Confrontación
Despedida
Pareces un ángel
Annie Edwards
Es tu hijo
Como súperman
Él no te va
New York
Las fresas
Encajas
Desde el corazón
Hilos que atraen
Sobre la ciudad
Sentir tocar el cielo
Es real
La de la foto
Inhala... Exhala...
Robín al rescate
Advertencias
Ofensas
Hurtadillas
Cameron
La mano que mece la cuna
Intervención
Perdón
Valioso
¡Si no eres mío, no eres de nadie!
Testamento
Será eterno
Fiji
Propuesta
Los videos
Dudas
Letras
Destiny
Inconcebible
Rikers
No mentirás
Nos vigilan
Evidencias
Agradecimientos
Solo Jimmy Choo
Hotel Plaza
Sanar
Abrázame. Abrázame fuerte
Te van a regañar
Grupo Armado
De vuelta a Rikers
Ayuda
Llamada de atención
Vuelta a casa
El primero
Más que perfecta
Culpables
Hacerse notar
Quinta enmienda
Suposiciones
El escondite
Imaginación
Tocar el cielo
Mucho deseo
Arreglos
Robin Evans
Planes en marcha
Tesoros
¿Y Daniel?
Reglas para romper
¿Rojo o negro?
Tratos
Lo que ves es lo que hay
Es un maldito
Naturalidad calculada
¿Amigos?
Mi mundo
Historia, final parte 1
Historia, final parte 2
Epílogo

Más de lo que necesitaba

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By GinyaLes

Ayden regresa furioso a su casa, siente cómo la adrenalina y la furia recorren su cuerpo. Nada más llegar al departamento se encierra en su recámara tirando todo lo que está a su paso. Quebrando lámparas, cuadros, adornos banales. Nada significativo como para que le pese.

—¡Estás tan vacío, Ayden Emory... tan vacío que jodes lo único bueno en tu vida! —grita con dolor.

Entra al cuarto del baño y rompe con furia el espejo frente a él.

—Ni siquiera puedes ser dueño de ti mismo, menos de tus acciones —se dice al reflejo hecho añicos—. Eres un sucio, una escoria repudiada que intenta engañar a los demás con trajes bonitos... eres Nada, Ayden. Eres nada que importe.

Enardecido contra sí mismo, sintiéndose miserable, termina de romper el espejo con los puños de sus manos. Las antiguas reacciones autodestructivas aparecen de nuevo, las ganas de lesionarse o golpearse no le hacen falta. Sin embargo, molesto de sí mismo, termina por golpear el muro, dañándose así los nudillos.

Mientras tanto, Arya lucha internamente por no sentirse miserable. Duerme lo mejor que puede, pero sabe que es en vano intentarlo. Despierta a cada rato, pero su madre sigue dormida.

Cuando despierta en la mañana, Arya yace a la expectativa de su salud.

—mamá, estoy aquí... perdóname por dejarte sola —súplica agachándose lo mejor que puede, ya que por su vientre le es dificultoso.

Extiende sus brazos sobre ella y la brasa con ternura esperando que la perdone por haberla dejado sus ese día. Su madre la mira con ternura y compasión, sabe que no es culpa de ella; su salud es precaria y está consciente de que en cualquier momento puede exhalar su último aliento.

—No te preocupes, hija. Estoy bien, estoy bien —murmura arrastrando las palabras.

En ese momento se acerca el cardiólogo para hacer su visita matutina. Sin decirle más que un escueto hola a Arya, revisa los signos vitales de su madre, así como las posibles secuelas. Después de este llega el neurólogo para hacer lo mismo. Luego ambos salen al pasillo y entre los dos hablan sobre una posible recaída, porque su estado de salud es grave.

Arya se da cuenta de la cara de preocupación de los hombres, así que se acerca a preguntar

—Solo díganme la verdad, no mientan —súplicas con desesperación—. Sé que mi mamá está muy enferma —dice con temor la joven doctora, a sus superiores.

—No se trata de mentirte Arya, sabemos que eres una excelente doctora, pero, aun así, decirte la realidad, eso duró. Más en tu condición —dice el cardiólogo mirándola embarazada y sola.

—No importa. Yo estaré bien —afirma ella, esperando que ellos le den los detalles de las secuelas que evaluaron.

—Bueno Arya, tu mamá no resistirá más. Tememos que pueda sufrir un nuevo episodio cardíaco o cardiovascular. El oncólogo viene hacia acá, ya que el recuento de sus células no es bueno. Lo mejor que podemos hacer por ella es mantenerla estable, con analgésicos y permitirle que sus últimos días sean con menos dolor —explica el cardiólogo viendo cómo con cada palabra el rostro de Arya se va deformando. Pasando de la tristeza a la desesperación y finalmente, a la frustración de no poder hacer nada.

Arya había decidido estudiar, para salir adelante, para ayudar a sus padres, para hacer un ejemplo, para formarse un futuro; pero ahora, sin una familia a la que puede ayudar, una madre a punto de morir, siente que todo el esfuerzo ha sido en vano. Porque mientras lo había hecho por ellos, ahora ellos ya no estaban más.

—Sabemos que la situación es difícil —comenta con empatía el neurólogo—. Si tú gustas, podemos pedir ayuda a psiquiatría y trabajo social, para que te apoyen y estén contigo en estos momentos tan difíciles. Al menos para que te brinden apoyo moral.

Arya observa a ambos hombres delante de ella con una terrible tristeza. Sabe que tienen razón, así que lo único que hace es asentir con la cabeza mientras llora desconsoladamente.

Mientras tanto, Ayden se prepara para salir de casa. Se ha puesto unas gasas para cubrir las heridas de sus manos y un par de guantes negros.

—Sebas por favor que reemplacen todo lo que rompí en mi habitación —pide sin siquiera mirarlo se siente avergonzado de sí mismo—. Bea me gustaría que fueras a visitar a la joven Arya al hospital. Yo Te hablaré más tarde. Ella necesita de personas conocidas que la apoyen en estos momentos —explica el millonario queriendo calmar su conciencia después de haberla insultado el día anterior.

Ya suficiente dolor cargaba en el alma por su pasado, como para seguir abonando sufrimiento a su presente, para después cosecharlo en el futuro.

El millonario no comprendía el impacto de cada una de sus palabras, creía que podría salir librado de cada cosa que decía. Hablando lo que pensaba, sin importarle las emociones de las otras personas. Sin embargo, desde que conoció a Arya, está le ha enseñado y le ha demostrado cuánto dolor causa la forma en la que él se dirige a las personas.

Lo que para él antes era sinónimo de dominio y autoridad hoy en día le da vergüenza.

De camino al hospital, Ayden llama por celular a Daniel Cheng, para pedirle su apoyo en lo que desea hacer.

—Daniel, buenos días. Por favor, necesito que contrates a un equipo de investigadores privados y que me ayuden a encontrar a Jeffrey Harley —solícita con premura, sin embargo, Daniel no responde más solo un escueto está bien.

Ayden deciden no andar averiguando el porqué de su actitud. No quiere preocuparse por algo más que no sea lo que está pasando con Arya y su madre.

—Señor, si usted gusta puedo pedirle a mi equipo que también lo busqué —sugiere John mientras conduce al hospital.

—Está bien entre más gente lo busqué mejor, así más pronto lo encontraremos —comenta Ayden con la mirada perdida y el corazón hecho añicos.

Mientras tanto, Arya, ya más tranquila, se sienta junto a su madre a esperar a que el oncólogo pase.

Sin embargo, Mark llega a visitarlas, la joven lo ve y ya sea por familiaridad, o por qué en los últimos tiempos él ha sido muy amable con ella, cuando esté le ofrece su abrazo ella lo recibe con gusto y comienza a llorar en su pecho. Mark la atrae con cariño hacia él y con total respeto, haciendo que ella se sienta más tranquila y segura.

—No puedo prometerte que todo estará bien, porque ambos sabemos que no es así, pero quiero que sepas que estaré aquí, para ti, siempre que lo necesites —revela Mark con cariño.

Arya solloza desconsoladamente, pues se ha sentido tan sola y tan triste los últimos meses, que el recibir ese cariño, aunque sea de él, la hace sentir mejor.

En ese momento llega a Ayden acompañado de John y los encuentran muy abrazados. Nunca nadie le dijo que estaría preparado para sentir lo que sentía. Si el día anterior sintió dolor, este día el dolor se multiplicó. Al ver que la mujer que él creía que tenía en frente, no era lo que aparentaba. Mark, a darse cuenta, se aleja de él. Tiene una reputación que cuidar dentro de su hospital. Así que hace lo que cualquier hombre en su sano juicio haría, sale de ahí lo antes posible para que su hermano no lo ataque.

—Te pedí que no vinieras más —le refiere Arya enojada y con el rostro completamente hinchado.

—Sí, ahora entiendo por qué me corriste ayer, al menos espera a que nazca mi hijo para correr a los brazos de mi hermano —recrimina Ayden con mucho enojo y alzando un poco la voz.

—Como siempre, tú eres el que importa. Tienes complejo de víctima, deberías revisarte e ir con un psiquiatra que falta te hace —responde Arya despechada.

—Eso es algo que a ti no te importa. Sí, cuido o no mi salud mental —difiere él mirándola con recelo—. Solo venía a ver cómo sigue tu mamá, pero oh sorpresa te encuentro en los brazos de mi maldito hermano.

—Sabes, culpas de muchas cosas a tu hermano, pero a la vez de nada. Solo dices "es un esto" es "un aquello", pero nunca me dices realmente qué fue lo que pasó —expone ella finalmente con frustración en su voz, latente como dagas—. Y, aun así, con todas las culpas que dice que tiene, él logra hacerme sentir valorada y apreciada. Cosa que contigo, nunca he podido.

—¿Tan necesitada estás de amor, que un abrazo te hace sentir apreciada? Nena, cuánto te falta por madurar —recrimina Ayden con sarcasmo.

—Bueno, quizás si a ti te hubieran abrazado de pequeño y te hubieran hecho sentir especial, te darías cuenta de cuánto las personas necesitan del cariño de otra —censura con gran ímpetu haciendo que el millonario la mire con aire contenido.

—¿Qué vas a saber tú? A mí me dieron más que eso, y no lo merecía —respondió con amargura en cada una de sus palabras.

Arya se queda meditando lo que no comprende del todo, sabe que algo debió haber pasado, pero él no deja que ella se acerque a él. No le permite conocer sus secretos. Así que lo único que puedes hacer es verlo marcharse por la misma puerta por la que entró con John escoltando a su lado.


Capítulo 31 Reposo

Ayden había mandado a Bea para que hiciera compañía a Arya. Esta se había vuelto una empleada prudente y cercana a la joven embarazada, así que era la indicada para permanecer a su lado.

—Debería ir a descansar a casa —murmura Bea al percatarse de que la joven futura doctora no ha dormido como debería—. El señor Ayden no estará si no quiere verlo —afirma preocupada por la salud de Arya.

—Estoy bien así —asegura, pero Bea no le cree—. Ya dormí poco en la tarde.

—Como guste, pero yo le veo una cara de cansancio que no puede con ella...

Arya aprieta los labios en línea recta, pues sabe que esta tiene razón.

—Puedo descansar en los cuartos de descanso aquí en el hospital... —dice finalmente—. ¿Puedes quedarte con mi madre un par de horas? —pregunta por cortesía, aunque sabe que para eso está Bea ahí.

—Por supuesto, cualquier cosa yo te llamo —comenta para que ella se sienta tranquila—. Ve a descansar con tranquilidad.

—Gracias, Bea —dice Arya poniéndose de pie y caminando hasta las salas de descanso para empleados.

Ella era conocida en el hospital, todos sabían que era la cuñada del director, Mark Emory. Pero más que eso, ella se había ganado sus respetos y cariños por su forma de ser con todos. Su carisma, nobleza y liderazgo nato la habían hecho muy querida en el lugar.

Bea se queda con la madre de esta y Arya se va a dormir. Ramos de flores adornan el sitio de parte de los compañeros de trabajo de ella, así como de Gerard Emory. Ni una sola rosa llegó de parte de Ayden, quien yace molesto.

—Señor, la señorita Arya se puso muy nerviosa cuando descubrió que su padre le había robado el dinero —confiesa Sebas, que de todo lo que pasa en la casa se entera. Ayden lo mira de mala gana—. Pensé que ya estaba al tanto... el señor Cheng estaba al tanto de eso.

—Espera... ¿Qué acabas de decir?

—Daniel Cheng sabía. La señorita llamó para pedirle ayuda para encontrar a su padre, pero él se negó y tengo entendido que le dijo que no le sacara más dinero a usted —revela Sebas—. Ella discutía con él en su despacho y en eso llegó su madre y fue así que se enteró...

Ayden cae sentado sobre su silla giratoria de su despacho.

—Soy un estúpido... —murmura llevándose las manos al rostro y tallándolo con fuerza—. ¿Por qué no había sido informado de esto? —pregunta desesperado.

—Como dije, supuse que ya sabía —afirma Sebas—. Daniel es su abogado, creí que ya se lo había dicho. Nosotros nos enteramos porque Arya se desahogó con Bea. Ella quiso buscarlo, señor Emory. Pero Daniel dijo que eso era recurso que le generaba más gasto, que mejor lo denunciara a la policía y eso fue lo que ella hizo.

—He sido un estúpido, Sebas... —se pone de pie para ir a buscar a Arya—. Ella necesita mis disculpas.

Ayden Emory sale de casa, dispuesto a recuperar el respeto de la madre de su hijo. Pero también, debe ponerle un alto a Daniel.

—John, llega a una florería, pide el ramo de lilas y alcatraces más hermoso que veas. También compra otro de flores amarillas para la madre de Arya, vamos al hospital —informa subiendo al todoterreno.

—Sí, señor —afirma, John poniendo el motor en marcha.

—Daniel, me puedes explicar ¿cómo es que sabías que el padre de Arya había huido con el dinero que le di y no dijiste nada?

—¿Yo? Pensé que tú sabías —dice sacándose la respuesta de la manga.

—Ajá... y ¿por eso le dijiste que no mandaríamos a buscarlo para que no me hiciera gastar más? ¿Por eso la mandaste a la policía en vez de decirme antes?

Un silencio incómodo se siente entre las líneas de teléfono.

—Es la verdad —resuelve Daniel—. Yo le dije que no te hiciera gastar más. Es una locura exorbitante lo que estás invirtiendo en ese embarazo —dice con desdén.

—¿Le estás poniendo precio a la vida de mi hijo? —inquiere enojado a su abogado.

—No es lo que quise decir...

—¡Es lo que suena para mí! ¡Estás despedido! —grita Ayden colgando el móvil—. Maldición, ahora necesito otro abogado.

Ayden sabía que Daniel había traspasado el límite de su profesión al interferir con sus decisiones. Si bien le consultaba algunas cosas, eso no significaba que tenía el derecho para decidir que podía hacer o que no podía hacer. Esa era su decisión finalmente.

Cuando llega al hospital, Bea le informa que Arya está descansando. Él decide quedarse junto a la madre de esta que despierta por lapsos cortos y luego vuelve a dormir. Una vez que han pasado dos horas, él se preocupa por ella.

—¿Y si voy a buscarla? —pregunta a Bea indeciso.

—Ella necesita dormir —dice Bea mientras echa agua a las flores a su alrededor.

—Pero dices que ya han pasado tres horas... mejor pregunto por ella —afirma y sale del cuarto de Mirella—. Disculpe —llama a la primera enfermera que ve—. ¿Dónde están los cuartos de descanso? Busco a mi novia, Arya Harley.

—Si sabemos quiénes son, señor Emory —aclara ella con una sonrisa coqueta comiéndoselo con la mirada—. Ella está en esa dirección —dice señalando un pasillo al fondo—. Gire a la derecha, la puerta tercera.

—Gracias —sonríe con incomodidad y se dirige ahí, cuando llega al pasillo gira a la derecha y lo primero que ve es a Mark parado fuera de dónde la enfermera le dijo que estaba Arya, pero no estaba solo, una enfermera estaba con él y un médico.

—Ayden —dice Mark, al verlo, camina hasta él y lo intercepta—. Está bien, tranquilo —dice sin saber que él no sabe qué pasa.

—¿Qué sucede? ¿Qué es lo que está bien?, ¿y Arya? —pregunta con nervios.

Mark se da cuenta de que está confundido y que no sabe nada.

—Arya tiene contracciones de Braxton Hicks, su ginecóloga está con ella ahora mismo —informa y por primera vez siente un ápice de empatía al ver la cara de sufrimiento de su hermano—. Ella está bien...

—¡No puedes saberlo! —contradice Ayden enojado y caminando hacia el cuarto. Mark pierde ese rayo de empatía que creyó tener.

Ayden entra sin avisar y la doctora le está escribiendo una receta.

—Señor Emory, que bueno que ha llegado —saluda la doctora—. Ella está bien, pero necesita reposo absoluto. Significa que no puede caminar para nada. Si no, corre el riesgo de un parto prematuro.

Arya yace frotando su vientre con cariño, preocupación y lágrimas en los ojos.

Ayden permanece parado junto a la doctora, quien le entrega la receta y luego de despedirse de ellos sale de ahí dejándoles solos.

—Perdón, Arya, perdón —dice arrodillándose a su lado—. Fui un estúpido y me comporté tan grosero contigo...

Tomando el brazo de ella se inclina a él mientras llora con amargura, Arya se siente conmovida, pero no dice más. Sabe que él encontrará la manera de herirla de nuevo. 

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