5. Información
Una y otra vez, Emma veía el rostro de su hermana. Pero no era su hermana. No, era algo peor. Su enemigo. Trial, el demonio que le rompió el culo una vez. Emma se odiaba demasiado por ese tema. Odiaba ser débil. Nunca se mostraba débil frente a otros, especialmente su hermana. Siempre consideró que siendo la hermana mayor, debía mostrarse como una heroína. Debía ser la heroína de su hermana... Le falló. Eso sentía en sus sueños. Más bien sus pesadillas. Soñaba todo el tiempo con Rachel y la noche en que la perdió. Emma haría cualquier cosa para recuperarla... Y con cada día que pasaba, más difícil se hacía encontrarle el paso o una solución.
Lo último que vio fueron los ojos de su hermana pasarse a un color negro. Eso nunca pasó, pero su mente le jugaba trucos y empeoraba sus pesadillas.
Se levantó con sudor frío por toda la espalda y manos, su respiración iba a tardar un buen rato en normalizarse. Se sintió rara al verse en un lugar que no conocía. De repente, todos los recuerdos le golpearon. Estaba en la celda, luego Paul le quería torturar y eso hizo... Después... ¿Alguien la había rescatado? No recordaba quién le ayudó a salir de ahí. No recordaba después de que Paul le gritara y que alguien la sostuviera.
Lentamente se sacó las sábanas de encima, y vio su ropa y cuerpo. Su ropa estaba rasgada y de ésta salía un olor asqueroso. Su jean estaba cortado tanto que parecía una bermuda larga, y ahí vio con detalles sus largas piernas que estaban cosidas. Además de salvarle, ¿le cosieron las heridas? Emma no pudo no sentirse agradecida, aunque el dolor que daban sus heridas eran demasiado para ella. Tenía dos grandes tajos en las piernas, uno en el muslo derecho y el otro en el gemelo izquierdo. El tajo del muslo era el que más difícil era para mover y el que más dolía, pero Emma ya había hecho un pacto con el dolor. Tenía otros tajos en los brazos y pecho. Uno grande se encontraba en su estómago, pero no fue tan profundo como los otros. Le dolía estar sentada pero no se moriría, así que no dudó en sentarse. Hizo una mueca de dolor al sentir que su hombro izquierdo le dolía terriblemente. Los otros tajos leves apenas ardían, pero el hombro le dolía demasiado.
Con un terrible esfuerzo contuvo un gemido de dolor. Cerró los ojos con fuerza e intentó no hacer ruido. En la habitación en la que se encontraba había una pequeña ventana que le indicaba que afuera seguía siendo de noche, debería ser como las cinco ya que unos pequeños destellos de luz se veían en el horizonte.
Emma registró la habitación. Estaba la cama en el centro, unas sábanas viejas sobre ésta. Al costado una mesita de madera pequeña con una lámpara vieja y un par de papeles. En las esquinas de la habitación habían miles de cosas que probablemente el dueño ya no usaba o necesitaba. Había un tocador de discos, una televisión y muchos papeles, todos cubiertos por una capa de polvo.
Con miedo a lo que se encontraría al salir de allí, tomó un palo de madera de entre la pila de objetos no deseados. La observó a luz y pensó que tal vez sería un palo de una biblioteca o repisa. Tenía buen peso, no tan pesada pero lo suficiente para dar un buen golpe. Lo tomó con ambas manos e intentó pegarle a la nada. Le servía como arma aunque su cuerpo doliera como el infierno.
Dudó antes de girar el picaporte, pero no le importó al pensar que debía salir de ahí o buscar respuestas.
La puerta hizo un chirrido que Emma tuvo que aguantar con ojos cerrados y labios apretados, deseando que nadie lo escuchara. Suspiró al ver que no había movimiento en el pasillo en el que se encontraba.
No sabía dónde estaba, no reconoció la casa. Tampoco supo saber si era una casa de algún cazador o peor, de otros monstruos. Sostuvo el palo sobre su cabeza, como si fuera un bate de béisbol y caminó lentamente para la izquierda.
Escuchó unos ronquidos a lo lejos, entró a lo que se definiría como comedor diario y en un sillón lejano vio a un hombre durmiendo en él. Tenía el pelo perfectamente peinado hacia arriba, usaba una remera negra y unos jeans oscuros. Estaba dormido de lado con los brazos cruzados y una manta sobre él. Dormía plácidamente y Emma se detuvo a observar. Ella era siempre muy observadora, un don que te da ser cazador.
Emma reconoció al hombre, y de un golpe varios recuerdos le vinieron a la mente. Recordó a dos hombres en su rescate. Uno muy alto que la había ayudado a liberarse del poste y otro que distraía. El que distrajo estaba ahí durmiendo. No tuvo dudas de que era un cazador.
Un ruido le hizo girar y golpear a lo que fuera que estuviera detrás con el palo. El ruido seco del golpe hizo que alguien prendiera la luz del comedor en el que estaba Emma.
Ella abrió los ojos desmesuradamente, había golpeado al hombre que le había rescatado.
-¡Dios santo! -gritó el mismo sosteniéndose con ambas manos donde el palo le había pegado y por el cual un hilo de sangre que caía por su frente del lado izquierdo-. ¡¿Por qué me has golpeado?!
Emma quedó en shock. El hombre que le había salvado fue golpeado por su palo y ella no reaccionaba. Otro hombre que Emma parecía reconocer había prendido la luz, este obviamente era algo más viejo.
-Lo siento -susurró casi inaudiblemente. El hombre que dormía en el sillón ya estaba levantado y con una pistola en mano, listo para usarla.
El más alto fue a mojarse la cara e intentar parar la sangre que salía de su frente mientras el hombre del sillón, el más petiso, se acercaba a ella.
-No necesitarás esto -le dijo mientras le arrebataba el palo. Emma no opuso resistencia, esa gente no le haría mal. Simplemente estaba asustada y sus reflejos actuaron por ella.
Mientras tanto, Sam pudo ponerse una gasa de algodón sobre la herida para que dejara de sangrar. Para ser sinceros, el golpe fue el que dolió pero no había tanta sangre. Tal vez un posible moretón en la zona pero no hubo daños tan graves.
Dean dejó el palo en la mesa de la cocina y los tres hombres miraron a la chica. Seguía teniendo la ropa rota y sucia, pero no dudaron en empezar a hablar.
-Me llamo Sam -se presetó el menor hablando con tranquilidad, como si el golpe no hubiera pasado-. Él es mi hermano Dean. -miró a Bobby-. Y él es...
-Bobby... -susurró Emma. Asintió- Ustedes me sacaron de la guarida de Paul -aclaró en voz alta-, y recuerdo a Bobby.
-¿En serio? -Bobby parecía algo impresionado. La última vez que vio a la chica fue cuando ella tenía seis años aproximadamente, no pensaría que lo reconocería.
-Sí -contestó sin dar detalle de cómo recordaba jugar a las escondidas con Rachel en el gran "basurero de autos" como le decían ellas al lugar de Bobby. Emma aprendió a no demostrar lo que pensaba, eso le delataba. Aunque con Bobby cerca todo estaría bien. Miró a los dos cazadores y supo quienes eran. Sam y Dean, conocía los nombres-. Y ustedes son los Winchester.
-¿Nos conoces? -preguntó Sam, preguntándose si alguna vez se cruzaron, pero no consiguió ningún recuerdo salió de su memoria.
-¿Quién no? Los famosos Winchester, son muy conocidos en la vida de los cazadores. Muchos los conocen. -comentó ella levantando los hombros, restándoles importancia.
Se produjo un silencio incómodo, en el cual los tres hombres querían un par de respuestas de la chica pero ella no pensaba contarles toda su historia, solo lo necesario, y luego se largaría de ahí para reanudar su búsqueda de Trial.
-Bien, son las cinco y media. Buen horario para respuestas, ¿no crees, Sam? -Dean rompió el silencio y le dirigió la mirada a su hermano que miraba con a atención a la chica. Emma sabía que le pedirían respuestas.
-¿Qué quieren saber? -preguntó confusa. -¿Salvaron a alguien que no conocen?
-Pues es obvio que sabemos que tu nombre es Emma, que tu familia murió hace poco y que te secuestraron -contó Dean con los dedos. Emma lo miró con odio, el segundo ítem de esa lista le enfureció. "Tu familia murió hace poco", quiso tomar el palo nuevamente y pegarle a él en vez de a su hermano-. Pero en teoría no sabemos nada de ti.
-¿Qué quieren saber? -repitió Emma enojada, mantuvo la mirada de ira hacia Dean. Pero Sam fue el que habló.
-¿Por qué te secuestaron? -preguntó amablemente el menor. Emma no dejó ir la ira, se mantuvo unos minutos mirando enojada a Dean, que este la miraba confundido, y luego se dirigió a Sam.
-Estaba en un caso. Dos muertes y en ambas había indicios de azufre. Logré localizar dónde se escondían pero usaron a una inocente en mi contra. Sabían que no la dejaría morir. -explicó ella-. Me ofrecí como prisionera para que la dejen ir. Paul no rechazaría la oferta ya que tal vez le esté jodiendo a Trial y otros demonios -se sorprendió al ver que ni ella mantuvo su boca callada ya que mencionó a Trial. Se quiso pegar en la cabeza muy fuerte pero se tuvo que satisfacer con repetirse lo idiota que era.
-Woah, espera. Tiempo fuera -exclamó el mayor de los hermanos haciendo una "t" con las manos-. ¿Quiénes son esos? -preguntó mientras tomaba asiento.
-¿Paul y Trial? -preguntó Emma. Los hermanos asintieron-. Pues Paul es el que me secuestró y el otro es un demonio peligroso.
-¿Y por qué le "estés jodiendo" a Trial? -preguntó Sam.
-No es de tu incumbencia -dijo cortante.
Ese comentario dejó a la sala con otro silencio incómodo. Bobby no había dicho nada, escuchaba todo atentamente pero no le surgía nada en la cabeza que pudieran hacer. Dean pensaba que la chica le ocultaba bastantes cosas, puede que sea amiga de Bobby, pero no de él. Por lo tanto, Emma debía ganarse su confianza. Sam estaba calculando la información que Emma le dio. Había una cabeza en todo eso, Trial, un demonio peligroso según la chica... Pero sus dudas seguían abiertas. ¿Quién es este demonio? ¿Qué busca? ¿Trabaja para Lilith? ¿También quiere destruir al mundo? ¿O tal vez es un demonio bueno? No, se dijo. Después de lo de Ruby y las consecuencias, Sam no cometería el mismo error de confiar en demonios.
-Bien -dijo Emma rompiendo el hielo-, ya les dije lo que necesitaban. -estaba tratando de terminar ahí mismo la relación de rescate. Sí, les debía una, pero eso no implicaba estar siempre a su lado para devolverles el favor-. Me puedo... -Emma pensó lo que iba a decir-, esperen. Trajeron mi auto, ¿no? -a Dean le dio gracia cómo la chica reaccionaba al pensar en su amado auto. Le dio gracia ya que él hubiera reaccionado igual.
-Está afuera -comentó el menor sin darle importancia. Emma no se tomó ni un segundo, ya se encaminaba a la puerta-. Es mejor que descanses. -le sugirió Sam.
-Tendré después tiempo para descansar -Emma quería buscar a Paul o su ejército y destruirlos uno por uno.
-Emma, tus heridas están frescas todavía, tu ropa sucia y, sinceramente, apestas -le decía Bobby. Emma sonrió internamente, Bobby le hacía acordar a Rachel. Siempre tan directa y sincera, eso le hizo entristecerse cuando recordó que su hermanita estaba encerrada con un demonio, pero obedeció.
-Bien -dijo después de pensarlo-. Dos días aquí y luego me iré.
-Nadie te detendrá -exclamó Sam prometiéndole de una manera amistosa.
-Me tomaré un baño -aclaro Emma a Bobby.
Él le sonrió amistosamente y luego dijo:
-Sí, por favor -Emma sonrió levemente-. Hay ropa de sobra en los armarios.
-En mi auto tengo ropa -recordó Emma. Ese Belair era espacioso para todas las necesidades de Emma. En el baúl, debajo estaba su compartimiento secreto con sus armas y sobre éste ropa por doquier. Luego algunos libros que le servían y su diario.
-Yo la busco -se ofreció Sam. Dean pareció sorprenderse pero no dijo nada.
Emma accedió y le dijo cómo abrir el Belair ya que sus llaves quedaron dentro del auto. Sam no tuvo problemas en comprender y salió a buscar la ropa para la chica. Emma se metió al baño mientras que Dean y Bobby se sentaban a revisar alguna que otra información del paradero de algunos demonios, tenían a Lilith en sus problemas.
(...)
Eran las seis y diez de la mañana, el agua valiente corría desde la ducha hasta colapsaba en el cuerpo de Emma. Se sentía por primera vez en mucho tiempo aliviada. Tal vez aliviada de que no sentía sola. Aunque en el fondo sabía que estaba sola, ya que ellos no podían ayudarle con su problema, debía encargarse ella misma.
Dejó que la ducha le golpeara en la frente mientras sus largas pestañas se unían con su piel donde yacían unas ojeras profundas. Estuvo así unos minutos antes de salir de la ducha. "Vaya manera de madrugar" pensó al rememorizar todo lo que había pasado y no era ni el mediodía. El golpe que le dio al menor de los Winchester, el pánico y shock de haberlos visto y saber que eran sus rescatadores y sentirse idiota al mencionar el nombre de Trial. Demasiadas sensaciones en un día.
Mientras tanto el cazador más joven caminó hacia el Belair que se encontraba estacionado en las afueras del recinto, justo entre dos árboles, donde él lo había dejado.
Siguió las instrucciones que le había dado la chica. Se asombró al ver lo inteligente que podía ser Emma. Le había explicado que tenía dos pares de llave de su auto, una cuestión que mantenía su padre en su época. Una de esos pares la llevaba siempre consigo, esa misma fue perdida cuando Paul la atrapó, pero el otro par estaba oculto en el auto. Y no dentro, Emma le explicó cómo ideó ella misma un compartimiento secreto debajo de la puerta trasera derecha del auto, donde guardaba su otro par por si se llegaba a presentar una ocasión como esa.
Encontró el compartimiento y deslizó la tapa, las llaves cayeron en sus manos y Sam sonrió. Era muy inteligente esa idea, la anotó en su memoria ya que podía ser útil con el Impala. Caminó hacia el baúl del Belair y con delicadeza deslizó la llave en la cerradura, la giró y subió la tapa. Sam se sorprendió de que todo estuviera muy ordenado y cargado de cosas que no tenían que ver en la cacería o rituales. Al contrario, eran cosas normales y simples, tales como su ropa en un costado y otras cosas más personales. Sam intentó, otra vez, mantenerse al margen y no hurgar por respuestas... Pero no pudo. La chica les ocultaba cosas, ¿quién no? Pero tenía un particular interés en saber más de ella.
Antes de tomar la ropa, una mochila semi abierta le llamó la atención. La tomó sin sacarla del baúl y miró qué tenía dentro. Había dos cuchillos bastantes grandes para que Emma pudiera manipularlos con facilidad. Había una pequeña pistola, una botella de un líquido translúcido que Sam dedujo que sería agua bendita y un... ¿Diario?
Sacó el diario de la mochila y lo hojeó un poco. Unas fotos estaban en la primera hoja. Una con una mujer muy hermosa y dos niñas, Sam identificó a una como Emma pero la otra no la conocía. La otra foto junto con esa era de una boda, un hombre y la mujer vestidos elegantemente y dos chicas a sus lados sonriendo. Las mismas que la otra foto. Era la familia de Emma.
La cabeza de Sam procesó rápido todo, Dean y Bobby le habían recordado que su familia estaba muerta. ¿También la que parecía ser su hermana? ¿O se separaron? ¿Qué pasó realmente? Tendría que buscar sí mismo las respuestas.
Rápidamente pasó las hojas y observó la linda caligrafía de la cazadora. Leyó lo que en dos días Emma escribió hasta que una voz le sobresaltó.
-¿Cuánto te cuesta buscar un par de ropas limpias? -le recriminó su hermano abriendo los brazos. En una mano tenía una botella de cerveza.
Sam guardó el diario donde lo encontró ignorando la respuesta de Dean y sacó unos jeans claros y una remera blanca.
A continuación cerró el baúl y se dirigió a la casa donde la chica lo esperaba con una toalla alrededor de su cuerpo. Dean se sorprendió que Sam no le respondiera pero no le dio importancia.
Emma estaba envuelta en una toalla blanca, el pelo mojado le caía sobre los hombros mientras hablaba con Bobby.
Los hermanos entraron por la puerta principal. Sam le entregó la ropa disculpándose por la tardanza, Emma no desconfió de él. Después de todo le dio un buen golpe y se sentía culpable.
Sam se sintió algo incómodo al dejar esperando así a la chica, sin mencionar que lucía muy linda así. Desechó esos pensamientos, ella no debía meterse ahí, Sam debía estar atento. Primero la lucha contra el Apocalipsis que causó, luego sus sentimientos.
Emma le agradeció y observó las botellas de cervezas y con gracia dijo:
-¿No es un poco temprano para emborracharse? -preguntó a los tres cazadores, pero más haciendo referencia al mayor que sostenía su botella con dureza.
-No, cariño -contestó este con una sonrisa-. No hay horario para una buena cerveza -Emma sonrió al escuchar la respuesta y entró a la habitación a cambiarse.
Mientras se ponía la ropa pensó en lo que pasó. Era lo único que hacía: pensar. No se esperaba un futuro al lado de los Winchester. Eso le fue una sorpresa, que no sabía si tomarla bien o mal.