-Chūuya, ¡si te pierdes no es mi culpa!- gritaba Dazai, mientras buscaba al pelinaranaja por la multitud, muchos estudiantes estaban desesperados por salir, no les importaba pisar a otros con tal de irse.
El castaño se recostó en una pared y comenzó a esperar que todos se vayan, hasta que logró ver a un pelinaranaja regañar a un chico que se había caído.
-¡No te dejes pisotear por ellos! ¡¿Me entendiste?!- regañó a un estudiante al que le hacían bullying, al parecer lo había ayudado -Si, Chūuya-kun- sonrió el chico al pelinaranja, el cual le devolvió la sonrisa y lo ayudó a pararse del suelo con su mano.
El chico hizo un gesto y se despidió de Chūuya, pasando por al lado del castaño, quien le dirigió una mirada amenazante con una sonrisa a aquel chico.
-Chūuchu~- llamaba Dazai al pelinaranaja, quien quitó su sonrisa y de inmediato cambió a una expresión poco amigable «Qué frío» pensó el castaño, era increíble el nivel de odio que le tenía Chūuya.
-Vámonos ya, no aguantaría otro minuto desperdiciado- aclaró el pelinaranaja, para luego tomar de la mano al castaño y llevarlo a la plaza.
Chūuya paseaba por la zona, no quería admitirlo pero estaba curioso, ya que nunca salía de su casa y veía las diferentes cosas y tiendas en todas partes, era el paraíso.
Dazai por su parte quería que Chūuya le compraste cada cosa de las tiendas y puestos, pero como se esperaba el pelinaranaja lo ignoró y solo paseó sin problema.
Hasta que Dazai sugirió tomar un helado cada uno y Chūuya acepto por fin, yendo a pedir helados.
-Deme uno de...- esperó Chūuya alguna señal del castaño, éste estaba dándole señales vagas y ni siquiera hablaba, lo cual colmaba la paciencia del pelinaranaja, hasta que el castaño gritó -¡Chocolate!- pidió feliz, y el pelinaranaja pidió la orden junto con un helado de fresa, que era el suyo.
Se acercó a una banca cercana y se sentó allí, dónde pronto se acercó con brincos el castaño -Mi helado- pidió con sus ojos brillando y una sonrisa en su rostro.
-Compralo con tu dinero- sonrió pícaramente el pelinaranja, quien esquivó a Dazai, aquel que intentaba cojer por su cuenta su helado, estuvieron un buen rato peleando y maniobrando que casi se caen al piso, pero Chūuya cayó en el banco, con Dazai encima.
-Gané- mencionó Dazai, mientras le quitaba de las manos el helado al pelinaranja, aunque abrió sus ojos cuando vió a Chūuya sonrojarse como la otra vez, pero esta vez estaría muy cerca de él podía ver sus ojos azules con claridad.
Malhumorado, seguía con su camino Chūuya junto con Dazai, quien comía su helado a gusto, mientras que el del pelinaranaja ya se lo habría terminado.
-Chūuya..- nombró triste el castaño mientras paró su camino, preocupado el pelinaranaja aunque no lo parezca se acercó a éste y esperó paciente lo que tenía que decirle -¿Por qué eres tan feo?- al terminar la frase se hecho a reír, mientras que el pelinaranaja esperaba que nadie estuviera cerca para poder golpearlo hasta matarlo, en verdad pensaba que algo mal estaba sucediendo.
«Espera, ¿Por qué me preocupo por él?» confundido se preguntaba, mientras no se entendía a si mismo.
-Deberías de haber visto tu cara, estabas a punto de morir de curiosidad- se burlaba insistente el castaño, mientras pataleaba en el piso, Chūuya optó por hacer como si no lo conociera, para evitar pasar vergüenza entre toda la gente que observaba al castaño.
-De verdad que eres un desvergonzado- suspiró Chūuya, para luego dirigir su mirada hacia un lugar lleno de luces y máquinas de juegos, de las cuales estaba muy interesante.
-Vamos para allá- señaló Dazai, se había dado cuenta de los ojos del pelinaranaja, los cuales brillaban al ver el lugar llenos de juegos y mucho más, tal vez y le gustaría ese lugar o lograría molestarlo al ganar todos los juegos contra él, sería en verdad muy divertido.
-Vámos- un entusiasmo entró en el cuerpo del pelinaranaja, era como si fuera un niño de 6 años a punto de hacer la cosa más increíble en su vida, algo que hizo al castaño quedar hipnotizado.
Dazai no se dió cuenta de que Chūuya lo levantó del suelo y lo llevó arrastrando por el piso hacia la "Zona Arcade"
-Vamos acá- señaló el pelinaranaja, estaba realmente emocionado, quería jugar cada juego por todo el resto de su vida, le encantaba aprender nuevas cosas y este era el lugar perfecto.
Dazai lo seguía a dónde iba, viéndolo de cerca era alguien como los demás, tenía sueños y metas, y llegaba a ser infantil en algunas cosas, le alegraba saber más de este chico y tener tal privilegio de tener algún compañero con el cual pasar el rato.
-¿Jugamos?- propuso Dazai, Chūuya paró su frenético paseo y se volteó con brillos en su cara y sus ojos reflejando las máquinas.
-¡Vamos!- gritó emocionado el pelinaranaja, a pesar de no saber jugar juegos le encantaba la idea de ir y probar cada uno de los arcades que veía, era un paraíso para él.
Tomó el brazo de Dazai con fuerza, seguro quedaría alguna marca con tal fuerza, ya que no podía contenerse al estar con tanta energía y emoción, por su parte a Dazai no le gustaban mucho los juegos, ya que era alguien que ganaba todo fácilmente.
Se acercaron a la máquina más famosa del local, no los decepcionó, ya que era un juego muy entretenido a primera vista, Dazai jugaba y hablaba sobre estrategias al mismo tiempo, nunca pensó que sería tan divertido jugar con Chūuya a su lado, además que éste le prestaba mucha atención y acataba las órdenes al pie de la letra.
-¡Logremos terminarlo!- se propuso desafiante el pelinaranaja, querría terminarlo ahora mismo junto con Dazai, a quien no le molestaba para nada la idea, además que era súper divertido jugar con alguien tan inteligente como Chūuya.
Jugaron por al menos 3 horas en el mismo arcade, estaban muy concentrados en ganar el juego a como dé lugar, llegó el capítulo final y comenzaron a pelear con el boss del juego, el cual derrotaron con mucha sincronización.
-¡Vamos!- festejó el pelinaranaja con una sonrisa hermosa en su rostro, sus ojos brillaban de la emoción, de lo cual el castaño se percató y sorprendió.
Una serie de latidos fuertes se sentían en el pecho del castaño, esa sonrisa era tan hermosa, sus sospechas eran ciertas después de todo.
«Diablos.. eso se sintió como si me hubieran incrustado una estaca en el corazón» se quejó para sí mismo, era un sentimiento tan amplio que no sabía cómo explicarlo, pero Dazai conocía lo que era en su interior, más no quería aceptarlo por ahora.
El pelinaranaja se miraba confundido, pero luego se mostró molesto, ya que Dazai le habría quitado su billetera sin que se diera cuenta mucho antes.
-Dámela- ordenó, Dazai ya sabía a lo que se refería, la verdad fue más fácil de lo que pensaba, aunque tenía esperanzas de que Chūuya lo descubriría más pronto.
-Está bien, está bien- alzó una de sus manos y le entregó en la otra la billetera, sonriendo como un estúpido al frente de Chūuya quien pensaba que si no hubiera nadie más ya lo hubiera asesinado por esa broma de mal gusto.
-Rata ladrona- apodó el pelinaranja mientras cojía su billetera.
Una expresión de tristeza se veía en la cara de Chūuya al salir del arcade, la había pasado bien pero ya tenía que salir, la zona estaba a punto de cerrar.
«Una bromita le alegrará el ánimo, o al menos lo enojará» reía en silencio el castaño, Chūuya lo vió con odio y extrañeza, era demasiado raro para ser un bicho y muy feo para ser un animal, sería entonces una cucaracha.
-Oh Chūuya, tienes los cordones sueltos- afirmó el castaño, mientras se aconclillaba en el suelo y comenzaba a amarrar entre sí a los zapatos, su plan estaba marchando a la perfección, al terminar se paró y le dirigió una sonrisa al pelinaranaja.
-Graci..- Chūuya iba a acercarse al castaño, pero sus pies estaban juntos y se cayó en un tropiezo, dejando salir un quejido de dolor mientras miraba con el ceño fruncido y su ojo palpitando al castaño, quien sabía que iba a explotar en ese momento y tendría que usar más parches o curitas.
Chūuya desamarró sus cordones y los amarró adecuadamente a la perfección, pero al terminar se paró en un santiamén y trajo consigo a Dazai a un callejón para no ser visto.
-Si vuelves a hacer algo así, te mato ¿Me escuchaste?- amenazó el pelinaranja algo sonrojado, más se había caído en frente de una multitud y algunos se reían de él.
Dazai por su parte estaba algo en shock, ya que el sonrojo del pelinaranaja lo habría dejado atónito, ya que se veía de maravilla de esa manera y con su rostro era como si estuviera viendo a un modelo.
-Ok- respondió brevemente el castaño, algo que hizo a Chūuya retroceder, ya que no lo habría escuchado decir tantas palabras, normalmente lo molestaría o jugaría un rato con el, pero contrario a eso hizo caso obedientemente y no se burló para nada.
Salieron juntos del callejón y se dirigieron a sus casas, ya que casi todas las tiendas estaban cerradas y no había nada que ver.
Chūuya estaba confundido, el castaño no le habría dirigido la palabra después de ese incidente, así que solo se fué sin despedirse y corrió a tomar el bus cuando casi se le pasa.
Dazai tomó el primer bus que vio y se entró a él, completamente perdido en sus pensamientos, los cuales al llegar a su casa igual lo atormentaban.
Se acostó en su cama, algo normal, y su habitación no tenía nada que la hiciera resaltar entre todas, era alguien humilde y sencillo, nunca pedía más de lo que ya tenía.
Pensó por unos momentos la gran posibilidad de que estuviese experimentando el "Amor a primera vista" ya que dió a la conclusión que tenía sentimientos encontrados hacia el pelinaranja.
Todos fueron opacados cuando uno gobernada entre todos «¿Y si tengo alguna posibilidad?» pensaba, cada una de las posibles respuestas o resultados, ya sean buenas o malas tenía que aceptarlas, así que tuvo una gran idea para sí mismo.
-Te haré mío, Nakahara Chūuya..- sonrió, nunca había sentido algo así por alguien, quería tener a Chūuya sea cual sea los métodos, aunque no era estúpido y no haría nada sin un plan de por medio..
No sé si quiero ser Chūuya o Dazai..