Ver a Raquel ahí, en la tienda cuando debía de estar con Luisita, le asustó. Su corazón y el tiempo se detuvieron unos instantes, los suficientes para que en su mente se recrearan mil escenarios diferentes de tragedias y todas relacionadas con su rubia.
- ¿Le ha pasado algo a Luisita? - Fue lo primero que dijo en cuanto se acercó a ella. Ni un hola ni un ¿cómo estás? Fue directa a lo importante, a descubrir por qué su novia no estaba con ella en el negocio cuando llevaban todo el día juntas.
- No, no, nada... - Respondió apurada al ver el rostro de preocupación de la morena.
- ¿Y dónde está? ¿Qué haces tú aquí? - La avasalló.
- He venido porque me ha pedido que la esperes en casa.
- ¿En casa? - Dijo extrañada. - ¿Ha ido bien con Clara? ¿Está Clara bien?
- Sí, sí, está todo bien... Amelia, de verdad, Clara está bien y Luisita también.
- Vale, vale. - Respiró aliviada. - Me dejas más tranquila, es que me ha resultado extraño verte aquí... y sin ella. - Últimamente las veía mucho juntas, demasiado para su gusto. - Y quiere que la espere en casa.
- Sí, eso me ha dicho, eso y que vayas directa del trabajo.
- Vale, gracias por el recado. - Sonrió educadamente. - Lo siento, tengo que seguir trabajando. - Se excusó.
- Sí, claro, yo tengo que ir ahora a la librería, con un poco de suerte mañana podré abrir de nuevo.
- ¡Qué buena noticia! - Se alegró por ella. - Me voy, suerte con la librería. - Agitó la mano a modo de despedida y se adentró en la trastienda.
Consultó el reloj y comprobó que solo quedaban un par de horas para el fin de jornada y se puso nerviosa. Muy nerviosa. Los últimos días Luisita y ella habían estado muy distantes, se excusaban en el cansancio en cuanto llegaban a casa y se iban directas a la cama, muchas de esas noches ni siquiera cenaban, temían tener el tiempo y el espacio suficientes para verbalizar las palabras claves y convertir la distancia en kilómetros, temían herirse y enrarecer más el ambiente pero aquel mutismo conseguía precisamente eso; más frialdad entre ellas, más inseguridades y una ausencia que las quemaba por dentro.
Anduvo rápido, esquivando a los viandantes y con la mirada fija, concentrándose en sus pasos y en el camino a casa, al lugar donde estaba Luisita porque su casa era ella y cada día lo tenía más claro. Esa misma tarde lo cercioró cuando vio que su novia no estaba con Raquel, pensó que algo le había ocurrido y, por unos segundos que parecieron horas, su mundo se tambaleó y una parte de ella pareció resquebrajarse. Desde entonces aquel sentimiento de inquietud y desasosiego no se desvanecía. La única manera para que desapareciera tenía forma de mujer y respondía al nombre de Luisita Gómez.
Subió de dos o en dos los escalones, con el corazón latiendo fuerte dentro de su pecho y con la respiración irregular. Se paró delante de la puerta, tomó aire y miles de mariposas iniciaron sus vuelos en el interior de estómago. La anticipación de ver a la rubia le provocó una sonrisa enorme, de esas que recorren el rostro de un extremo a otro y sus pupilas se dilataron. Abrió intentando no temblar, el miedo a perderla y a que no estuviera se le mezclaba con las ganas de abrazarla y comerla a besos. Hacía días que no lo hacía y sus labios no paraban de reclamarla, su cuerpo entero lo hacía también. ¿Se sentiría igual Luisita? pensó en cuanto entró en la habitación y la vio.
Estaba de pie frente a la cama, llevaba un vestido de flores amarillas y naranjas ajustado que le marcaba su cintura de avispa, con un escote en forma de pico y por encima de las rodillas. La recorrió con la mirada admirando su cuerpo y la forma en la que el vestido se adhería ella. Deseó quitárselo igual que deseó besarla en ese instante, como siempre habían hecho.
- Estás preciosas. - Murmuró con timidez, como si hubiese dejado de tener derecho a decirle esas cosas, como si el desearla estuviese fuera de lugar.
- Tú también. - Le respondió con media sonrisa.
- No lo estoy. - Le replicó a verse, llevaba unos pantalones de lino negros a conjunto con una blusa de cuello de tortuga.
- Es el uniforme ¿no?
- Sí, Raquel me dijo que viniera directa y no quise perder tiempo en cambiarme. - Explicó por si quedaba alguna duda. Por si pensaba que su deseo de verla y de estar con ella se estaba alejando como ellas dos.
Se atrevió a dar un paso hacia la rubia y ésta le respondió de la misma forma. Se sonrieron al ver el resultado, al ver que la distancia se reducía y que el ambiente se llenaba de tensión, pero de una tensión buena, de las que llenan el aire de electricidad y provocan cosquillas. Volvieron a dar otro paso, acortando más el espacio entre ellas. Hicieron un poco de trampa y los siguientes pasos fueron mucho más amplios de lo normal. Se sentían como si estuviesen jugando al escondite inglés, caminando sin ser vistas, acercándose cada vez más a la meta, a la pared donde la otra esperaba con los ojos cerrados y contando hasta diez. Sintieron sus respiraciones una encima de la otra, Amelia bajó la mirada a los labios entreabiertos de la rubia y se humedeció los suyos. Un último paso las acercó hasta que hubo un casi choque de narices, soltaron el aire contenido en una limpia y ligera carcajada y sin querer decir nada, se besaron. Sus labios volvieron a reconocerse, a sentir el hormigueo por toda su piel. Tras aquel pequeño pero gran beso, se abrazaron, Luisita se aferró al cuello de la morena y ésta la rodeó por la cintura, envolviéndola entre sus brazos y sintiendo el movimiento de su pecho contra el suyo. Rebuscó su olor entre sus cabellos logrando una ligera risa en la rubia que se apretó más contra ella.
- Te he echado de menos. - Murmuró muy cerca de su oído.
- Lo siento, Amelia. - Le dejó un pequeño beso en el cuello. - Siento haber sido tan intransigente.
- No pasa nada.
- Sí, pasa. - Se separó y detuvo su mirada en sus ojos. - Debí haberte entendido y haber respetado tu decisión.
- Luisi, tú y yo luchamos por lo mismo aunque de diferente manera. Me da miedo estar...
- Lo sé, no me he dado cuenta hasta hoy, hasta que Clara me lo ha hecho ver. - La cogió de la mano y la llevó al borde de la cama. - A veces se me olvida de donde vienes. Se me olvida como te criaste porque te veo siempre tan segura y tan entera que me cuesta creer... me cuesta pensar... creo que yo no hubiese sido capaz de soportar todo lo que tú has soportado.
- Cariño, si lo pude soportar, si hoy estoy aquí, es por ti. Siempre has sido mi casa, el lugar al que siempre quería volver. Y lo sigues siendo y por eso tengo tanto miedo, tengo miedo de perderlo, de perderte. Perdóname Luisi, no debí dejar que mis miedos fueran tuyos. Hagas lo que hagas voy a estar contigo. Siempre. - Se acercó a ella y la besó.
Aquel beso fue el primero de muchos, quisieron recuperar el tiempo y los labios perdidos. Recorrieron sus cuerpos con caricias ansiosas de más piel, saboreando cada recoveco de su ser, jadeando en sus oídos y llegando al clímax sincronizando movimientos y más besos. Las necesidades de sus cuerpos fueron acalladas con la humedad de la lengua y en sus manos sintieron de nuevo el poder de volver alcanzar el cielo, de sentir el mar entre sus dedos.
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Aquella misma tarde, Raquel se dirigió a la librería, los obreros habían sido bastante rápidos y los dos ventanales estaban arreglados, todavía quedaba un poco de trabajo en el interior; montar un par de estanterías nuevas y recolocar los libros, pero nada que no pudieran hacer mañana por la mañana. Luisita y ella habían quedado en que se pasaría antes de la comida a echarle una mano y después se irían a la Asociación de Amas de Casa de Chamberí, la votación de la reforma estaba a la vuelta de la esquina y debían hacer su labor, animar a las mujeres que votaran y que formaran parte de la lucha. Al llegar descubrió un sobre en el suelo, no tenía ni remitente ni matasellos, lo abrió y sacó un trozo de papel en el que estaba escrito a máquina:
" Esto ha sido solo el principio"
Un escalofrío le recorrió toda la espina dorsal, sintió la sequedad en su boca y un nudo de grandes dimensiones se agarrotó en su garganta. Intentó respirar hondo, mantener la calma y no darle importancia aquella nota, podía ser de cualquiera, podía ser una broma pensó pero en el fondo, sabía que no era una broma. Tenía que comentárselo a Luisita.
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Seguimos con nuestra historia. MIL GRACIAS por leerme y vuestros comentarios. Os adoro.