Éramos dos caminos cruzándose sin tener un destino,
Éramos tanto y nada a la vez,
Dos niños jugando a quererse,
Dos miradas tratando de esconderse entre la gente.
Sólo la luna es testigo de lo que en realidad fuimos,
De lo que ocultaban las paredes,
De los sentimientos encontrados que me dejó aquella despedida
Y de las veces que he llorado rogando que regreses...
Éramos aquello que no se puede contar,
Que no tiene sentido y está mal.
Porque quererte no tiene sentido
Pero solo quererte me ha hecho sentir que vivo.