Si, mi Comandante (Clexa)

By SaraChana

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Clarke no deja de chocar inexplicablemente contra una hermonsa morena que hace que su mundo se vuelva del rev... More

Capítulo 1: Una y otra vez
Capítulo 2: Heda
Capítulo 3: Desastres
Capítulo 4: Coincidencias
Capítulo 5: Acción
Capítulo 6: Sinceridad
Capítulo 7: Silencio
Capítulo 8: Tormenta
Capítulo 9: Yo nunca
Capítulo 10: Confesiones
Capítulo 11: Libros y café
Capítulo 12: ¿Estas bien?
Capítulo 13: Alcohol
Capítulo 14: Una sola noche
Capítulo 15: No puedo
Capítulo 16: Intentarlo
Capítulo 17: Sombras
Capítulo 18: Problemas
Capítulo 19: Culpa
Capítulo 20: Hospital
Capítulo 21: Cita
Capítulo 22: ¿Vives conmigo?
Capítulo 23: Cena familiar
Capítulo 24: Cuidarte
Capítulo 25: Navidad
Capítulo 26: ¿Qué quiere?
Capítulo 27: ¿Quién es?
Capítulo 28: Cinco
Capítulo 29: Día de entretenimiento
Capítulo 30: Año nuevo
Segunda parte:
Capítulo 1: La vida cambia sin que te des cuenta.
Capítulo 2: Nuevas Reglas
Capítulo 3: Como si fuera la primera vez
Capítulo 4: Todo es magico hasta que deja de serlo
Capítulo 5: Dolor
Capítulo 6: Futuro
Capítulo 8: Princesa
Capítulo 9: Hermanas
Capítulo 10: Sueños cumplidos
Capítulo 11: ¿Preparadas?
Capítulo 12: Instintos que no se pueden controlar
Capítulo 13: Amigas
Capítulo 14: ¿Por qué has vuelto?
Capítulo 15: Sigue a tu corazón
Capítulo 16: Estoy completamente segura
Capítulo 17: Fin
Epilogo Parte 1
Epilogo Final

Capítulo 7: El Arca

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By SaraChana


En cuanto atravesó aquella puerta, la habitación se quedó en absoluto silencio durante un instante, el suficiente para que a Clarke le diese un vuelco al corazón. Su mirada se dirigió a las diferentes caras conocidas que tenía a su alrededor, esperando cualquier gesto que tranquilizase sus nervios.

Aquello fue solo un instante, un instante que a ella le pareció eterno. Estaba viviendo uno de esos momentos en los que parece que el espacio-tiempo se ha puesto en tu contra, en que ves todo como a cámara lenta y tú corazón, bombeando desbocado, lo sientes contra tu pecho y lo escuchas en tus oídos, ahogando cualquier otro sonido de tu alrededor.

Y de repente, cuando crees que vas a estar atrapada en ese momento para siempre el sonido de, primero, unos tímidos aplausos, y después, cuando todo el mundo estalla a aplaudir y vitorear, te hacen regresar a la realidad y la calma y felicidad te invaden por completo.

Clarke sonrió con alivio y alegría mientras se dejaba guiar hacia el centro de la sala, mientras todo el mundo continuaba aplaudiendo sin parar. Se detuvieron y miró alrededor sonriendo con agradecimiento, esperando a que el bullicio terminase.

-Aunque parece que todo el mundo ya la conocéis –dijo Raven, apareciendo con un micrófono en las manos cuando se hizo el silencio – Os quiero presentar a la artista más maravillosa que os vais a encontrar nunca y a la mujer más increíble que conoceréis. Os presento a Clarke Griffin y hoy inauguramos su galería de arte, por la que tanto ha luchado y que tanto se merece. Todas las obras que os encontrareis hoy son suyas, no dudéis en comprarlas, porque dentro de poco tendrán un valor incalculable –soltó al final a modo de broma.

La gente se río ligeramente y volvió a aplaudir, momento que aprovechó Raven para pasarle el micro a Clarke.

-Muchas gracias a todas y a todos por venir hoy aquí –comenzó a decir Clarke en cuanto se hizo el silencio de nuevo – Hace 6 años, cuando comencé a estudiar Bellas Artes nunca me imaginé que llegaría a donde he llegado, nunca pensé que mi sueño se haría realidad. Ya no solo en exponer en una galería de arte, sino en tener la mía propia, donde enseñar mi trabajo y el de otros muchos artistas increíbles que espero encontrarme por el camino –miró alrededor y se encontró con Octavia, Bellamy y Lincoln que la miraban con orgullo y la alentaban a continuar- No ha sido fácil, no os voy a mentir, pero viendo donde estoy ahora mismo puedo decir con rotundidad que todo lo que he pasado ha merecido la pena y que en parte me ha ayudado a llegar hasta aquí –bajó la cabeza durante un segundo con una ligera tristeza –De todo se aprende.

Sintió como su madre ponía la mano en su hombro a modo de apoyo, y Clarke la miró de reojo agradeciéndoselo.

-Pero no pensemos en el pasado –continuó diciendo, recomponiéndose- El futuro está frente a nosotros, anhelando que lo agarremos y hagamos de él lo mejor que podamos. Espero y haré todo lo que esté en mi mano para que el futuro de esta galería sea tan brillante como las estrellas.

Se giró y se dirigió a la pared detrás de ella, donde se encontraba un telón que ocultaba algo detrás. Sujetó el telón y miró de nuevo a los presentes.

-Quiero daros a todos la bienvenida oficialmente a... -hizo una pausa dramática mientras retiraba el telón – ¡El Arca! –dijo alzando la voz, totalmente emocionada.

La gente estalló de nuevo a aplausos en cuanto se vieron las letras grabadas en aquella pared.

Clarke lo miró con orgullo y esperó pacientemente a que terminaran de aplaudir para continuar hablando.

-No voy a molestaros más, tenéis comida y bebida por allí –señaló un espacio en el que había puesto una pequeña cafetería para que los que acudiesen a la galería pudiesen tomar algo y que para ese día había llenado con un buffet y barra libre para todo el mundo – Pasarlo bien y espero que disfrutéis de los cuadros tanto como yo haciéndolos. Cualquier cosa estoy a vuestra disposición –se despidió.

Hubo otra ronda de aplausos y la gente comenzó a dispersarse, uno en dirección a la comida y bebida y otros comenzando a pasear entre los cuadros expuestos. Otros pocos se acercaron a ella, entre ellos sus amigos, Octavia, Lincoln, Bellamy y Raven.

La abrazaron todos con fuerza sin dejar ni siquiera que los saludase, incluso Lincoln al abrazarla la alzó en el aire, emocionado, provocando que todos alrededor riesen divertidos y Clarke soltase un pequeño grito sorprendida.

- ¡Lincoln! –le recriminó riéndose también.

Él sonrió ampliamente y la depositó de nuevo en el suelo.

- ¿Os ha gustado? –preguntó rápidamente mirando a sus amigos, con claros signos de ansiedad y nerviosismo por la respuesta.

-No podría estar mejor –le dijo Bellamy para calmarla.

Ella lo miró agradecida.

-Está genial –lo confirmó Octavia- Es enorme –miró a su alrededor observándolo todo- y te ha quedado genial, seguro que esta noche vendes un montón de cuadros –afirmó.

-No tantos como vas a vender tú el mes que viene cuando expongas –le respondió en tono de broma.

- ¡Calla! –le respondió Octavia golpeando su obro ligeramente- No me lo recuerdes que me pongo nerviosa –le recriminó.

Lincoln se acercó a Octavia y con uno de sus brazos rodeó su cintura atrayéndola a él. Besó su cabeza para tranquilizarla y mostrarle su apoyo.

-Va a ser increíble tu exposición –le aseguró él amorosamente.

-Pero eso es el mes que viene tortolitos, hoy estamos aquí por Clarke –les recordó Raven- Así que ya sabéis cual es la misión –Clarke la miró confundida, pero Raven la ignoró y miró a los demás como si de su ejército personal se tratase- Infiltraros entre la gente y... -bajó el tono de voz para que solo el grupo de amigos lo escuchase- ¡A vender!

- ¡Raven! –la riñó Clarke y después se dirigió a sus amigos- No le hagáis caso, vosotros disfrutad de la fiesta, ese es mi trabajo.

Todos asintieron, pero dirigieron una mirada a Raven que hizo un gesto con la cabeza para que la ignorasen y después de aquello se dispersaron no sin antes despedirse todos de Clarke para que atendiese los asuntos de la galería.

- ¡Luego nos vamos de fiesta! ¡Prepárate! –le gritó Raven entre la multitud mientras se alejaba.

Clarke se río y negó con la cabeza, su amiga nunca cambiaría.

Las horas siguientes Clarke se pasó el tiempo hablando con la gente, comentando su arte y cualquier tema que saliese en la conversación. Conoció un montón de gente nueva, gente del arte y otra que no tenía tanta relación con él, pero les interesaba verlo y apreciarlo. Consiguió incluso vender algún cuadro, cosa que no estaba tan segura de conseguir.

En uno de los momentos que tuvo de tranquilidad, que la gente estaba entretenida viendo los cuadros, hablando, comiendo o bebiendo, comenzó a pasear por su galería, observando sus cuadros.

Le había costado mucho elegir los cuadros correctos para aquella exposición. Quería que la conocieran, que ahondasen profundamente en su interior al ver aquellos cuadros, que la describieran, como persona y como artista. No estaba segura de haberlo conseguido, aunque esperaba por lo menos haberse acercado lo suficiente.

Se había centrado principalmente en los retratos y escenas con personas, siempre le había fascinado hacerlos, poder transmitir en el lienzo la emoción que sentía esa persona, que pudiese mantenerse ahí para siempre y dirigirse a cualquiera que se detuviera a observarlo.

Pasó al lado del retrato de una mujer cogiendo a su hijo por primera vez en brazos y después por un señor mayor, con las arrugas de su rostro transmitiendo todos sus años de experiencia de vida, sentado en un banco, solo y triste mientras miraba al vacío.

Y de repente se vio frente al cuadro que llevaba evitando toda la noche y desde que decidió que se iba a exponer. Mirarlo hizo que contuviese el aliento. Recorrió cada trazo con la mirada, recordando aquella vivida imagen que tenía frente a ella, recordando lo que ocurrió en aquella cama antes de que esos cuerpos desnudos envueltos en las sabanas acabasen agotados y se quedaran dormidos.

Recordaba cuando lo pintó, con el amor y la excitación aun recorriendo sus venas, queriendo transmitir todo lo que había sentido en aquellos momentos.

Seguramente para cualquiera que lo mirase, esos sentimientos estaban ahí, amor, pasión, deseo, pero para ella, después de todo lo que había pasado, de los años que también habían pasado, solo había tristeza.

No dolor, el dolor se había acabado diluyendo con el paso del tiempo, al igual que el rencor. La distancia también había ayudado, el día que rompieron, el que se enteró de su infidelidad, era el último que se habían visto y a día de hoy incluso lo agradecía. No sabía si hubiera sido capaz de estar en la misma habitación que ella otra vez, de mirarla a los ojos otra vez.

Lo único que había sabido de ella, por lo poco que le había dicho Anya, era que se había ido de la ciudad junto a su madre y su hermano. Había pedido el traslado a otra universidad para terminar la carrera y dejó todo atrás, buscando una nueva vida, escapando de todo el sufrimiento que aquella ciudad le había dado y que no merecía.

Desvió la mirada un segundo de aquel cuadro, agachando la cabeza por el sentimiento que acababa de invadirla al recordar todo aquello.

Era una etapa de su vida que necesitaba cerrar, por eso lo vendía, para poder avanzar definitivamente.

De repente, mientras seguía mirando aquel cuadro un cuerpo caliente se pegó a su espalda y unos suaves, aunque fuertes brazos rodearon su cintura. Se tensó durante un segundo, asustada, pero enseguida un olor reconocible llegó a sus fosas nasales haciendo que se relajase por completo a aquel cuerpo.

-Hola cariño –escuchó la dulce voz de la persona tras ella en un susurro- Siento llegar tarde, mi vuelo se retrasó –un suave beso se posó en su nuca provocando que su piel se erizase por completo- ¿Estás muy enfadada?

Clarke se giró entre esos brazos fijando su mirada en los ojos marrones frente a ella.

-Niylah, gestionas una ONG a nivel mundial y has llegado tarde porque has tenido que ir a asegurarte de que los alimentos enviados llegan a los niños hambrientos, es imposible que me pueda enfadar contigo por llegar tarde –le respondió Clarke con una suave sonrisa.

Niylah sacudió la cabeza como si aquello no tuviese importancia.

-Debería haber estado aquí para ti, lo siento –dijo con firmeza.

Clarke la besó suavemente.

-Estás aquí ahora.

Su novia no respondió, en vez de eso la pegó más a su cuerpo volviendo a besarla, esta vez con más firmeza, intentando transmitirle cuanto lo sentía. Después se separó ligeramente y de repente se percató del cuadro frente a ellas.

Clarke siguió su mirada y separó de ella, mirando el cuadro también.

- ¿Estás segura de querer venderlo? –preguntó Niylah con preocupación, sin dejar de mirar aquel lienzo.

-Sí, necesito dejar ya todo atrás –le aseguró.

Niylah dejó de mirar aquel cuadro para mirarla a ella, con intensidad.

- Sabes que a mí no me molesta, ¿verdad? –preguntó- Todas tenemos un pasado, no hay nada de malo tener cosas que nos lo recuerden –afirmó.

Clarke la miró con amor.

-Lo sé, simplemente es algo que necesito.

Niylah asintió suavemente aceptando el proceso por el que necesitaba pasar la otra.

Clarke la observó y una sonrisa empezó a dibujarse en su rostro.

- ¿Cómo tengo tanta suerte de haberte encontrado? –preguntó.

Niylah se río, sonrojándose ligeramente.

-Yo me pregunto lo mismo cada día –la besó de nuevo y al separarse cogió su mano suavemente- Ahora vamos a ver cuántos cuadros conseguimos vender –sonrió ampliamente.

-Tú puedes vender hielo a un esquimal –bromeó Clarke.

-No me retes –le guiñó un ojo y se perdieron entre la multitud comenzando a hablar con los invitados de nuevo.

Horas después cuando los últimos resquicios de invitados habían abandonado el lugar, se encaminaron a celebrar el rotundo éxito que había tenido la galería.

Clarke no es que tuviera muchas ganas, estaba cansada de toda la tensión de la apertura y el trabajo que había llevado anteriormente, pero no había tenido la opción a negarse, Raven no se lo había permitido.

Entraron en el local de moda de la ciudad, con música por todo lo alto y gente bailándolo y pasándolo bien en cada rincón al que dirigían la mirada.

Nada más entrar se encontraron a Anya, que la abrazó con fuerza primero y luego le dio un gran beso a Raven.

- ¿Qué tal ha ido? –les preguntó emocionada.

-Muy bien –respondió rápidamente Raven.

Clarke asintió mientras sonreía.

- ¿Qué tal por aquí? –indagó.

-Tener un negocio es una mierda –espetó- Estoy hasta las narices de los inútiles.

-Podrías habérmelo dicho antes de abrir la galería –dijo Clarke entre risas.

Anya negó con la cabeza e hizo un gesto en la mano para quitarle importancia.

-Son negocios diferentes. Además, ya sabes como soy, me quejo mucho, pero en realidad estoy encantada de lo bien que está yendo el local –explicó- Pero se acabaron las quejas, vamos a celebrarlo.

Miró a sus amigos detrás de ellos y les indicó que la siguieran.

Llevó a todo el mundo a la sala VIP, que, aunque sí que había bastante gente en ella, allí estaban más tranquilos y podían estar todos juntos sin problemas.

Enseguida todo el mundo comenzó a beber, primero chupitos para celebrarlo y luego cada uno con su propia copa. Clarke se quedó junto a Niylah, haciéndole pequeñas caricias de vez en cuando y cogidas de la mano mientras ambas mantenían diferentes conversaciones con sus amigos.

Siempre le había sorprendido la facilidad de su novia de socializar con sus amigos, había encajado a la perfección, parecía que siempre había estado allí con ellos.

- ¿Qué tal estas? –le preguntó en un momento dado Niylah en un susurro.

El alcohol ya empezaba a sentirse correr por sus venas, pero aún asi se encontraba bien y así se lo comunicó a su novia.

Mientras tanto pudo observar como alguien se acercaba a Anya y le susurraba algo al oído. Frunció el ceño observando aquella interacción, llamándole la atención.

De repente los ojos de Anya se clavaron en los suyos, parecía asustada y Clarke no pudo hacer nada más que fruncir aún más el ceño mientras vio como Anya buscaba con la mirada a Raven, que había desaparecido con Octavia por el local y al no encontrarla se levantó y se perdió ella también entre el gentío.

-Qué raro... -murmuró.

- ¿Qué? –preguntó Niylah al no haberla escuchado.

-Nada –dijo quitándole importancia- Voy al baño –explicó.

Niylah asintió y Clarke se levantó. Para llegar al baño tenía que cruzar todo el local, lo que le venía perfectamente para intentar encontrar a Anya y averiguar que acababa de ocurrir.

Caminó entre la gente intentando no recibir ningún empujón y mirando por encima de las cabezas para buscarla cuando de repente un escalofrió recorrió su espalda. Como cuando sabes que algo va a pasar, pero aún no sabes qué.

Clarke se detuvo de golpe y se giró lentamente. Sentía como si un imán la atrajese. Parecía como si la gente se hubiera separado de repente, igual que Moisés y el Mar Rojo y al otro lado del camino se encontró con unas caderas moviéndose con sensualidad. Ajena a todo deslizaba sus manos por sus piernas subiendo ligeramente el corto vestido negro que llevaba para después deslizarlas por su cuerpo hasta su cabeza, moviendo su pelo al son de la música.

Conocía esas caderas, conocía esos movimientos, pero no era posible. No podía ser posible.

La chica que bailaba se giró de repente, aun bailando y unos ojos verdes se clavaron en los suyos como si la atravesasen, como si la poseyeran por completo.

-Oh mierda –murmuró Clarke mientras su sangre comenzaba a hervir por dentro.

Lexa había vuelto.

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