Virtudes de un Traidor

By Naoko_Ichigo

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Samurai AU. Naruto envía a Sasuke a recuperar a uno de los niños perdidos de Konoha. Hinata ha estado ausente... More

Virtud: Honor
Virtud: Respeto
Virtud: Rectitud
Virtud: Lealtad
Virtud: Autocontrol
Virtud: Sinceridad
Virtud: Coraje
Epílogo

Virtud: Benevolencia

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By Naoko_Ichigo

Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Kishimoto. La historia es de El Reino.

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Virtud del Código Bushido: Benevolencia

A la mañana siguiente, Sasuke salió para ver a Hinata haciendo lentamente un par de katas. Era minuciosa con sus movimientos, teniendo cuidado de no poner todo su peso en el muslo herido.

La observó durante un segundo, más por razones académicas que por otra cosa. Sus movimientos eran extraños y no podía percibir chakra procedente de ella como cuando los shinobi practicaban. Los shinobi se entrenaban para ser rápidos, eficaces y sigilosos. Los samuráis eran audaces. Querían que los vieran.

Hinata tarareaba algo en voz baja. Sonaba como un grito.

Lo había visto una vez, brevemente, en la guerra. Los samuráis gritaban antes de encontrarse con su enemigo en la batalla. Sus bramidos eran un crescendo de ruido y poder. Sasuke sabía que lo hacían para intimidar, pero si lo usaban durante los entrenamientos, tal vez era una forma de activar su memoria muscular.

Tomándose un momento más para mirar a la samurái, él salió del techo y saltó al porche. Quiso decir algo, pero una llamada desde la puerta lo detuvo.

Hinata también se detuvo, mirando primero a Sasuke y luego a la entrada del recinto.

Molesto, se dirigió a la puerta. Reconoció el chakra, así como la voz.

—¡Yuujuu! —llamó Tenten—. ¡Déjame entrar para no tener que saltar esta valla!

Sasuke abrió la puerta con el ceño fruncido. Hinata se unió a él, pero estaba sonriendo.

—Hola, Tenten —dijo con dulzura.

Tenten sonrió. Se abrió paso entre Sasuke y Hinata. El ceño de Sasuke se frunció, mientras la veía caminar hacia el interior del recinto.

—¿Por qué estás aquí? —preguntó.

Tenten agitó una mano.

—No envías pájaros mensajeros. Nunca me visitas. Pensé que éramos amigos, Sasuke.

Él resopló, pero no discutió. Hinata se rio suavemente.

Tenten levantó una mano y esta brillaba de color verde con chakra curativo.

—No soy una experta, pero he creído que podría venir a darle los primeros auxilios básicos a Hinata, si te parece bien —se dirigió a la otra mujer—. Acelerar un poco el proceso de curación.

Hinata se unió a Tenten mientras subían a la casa.

—Me gustaría eso, por favor —respondió Hinata.

Tenten sonrió y se desvió para ver la zona de construcción.

—¿Esta es tu nueva casa? —preguntó. Sin esperar respuesta, se subió a las vigas de soporte que pronto formarían el suelo. Había grandes huecos por los que cualquiera podría caerse. Al más puro estilo ninja, ignoró el peligro y revoloteó de una viga a otra como un pequeño pájaro.

—¿Qué estoy viendo?

Con un suspiro teatral, Sasuke se acercó y se puso al lado de Hinata, que permanecía en el suelo. Siguieron lentamente por tierra mientras Tenten exploraba por las vigas.

Todo el edificio era un rectángulo. Las habitaciones estaban en los lados más largos. Un ala para Sasuke y Hinata. En el lado corto de la izquierda estaban los baños. A la derecha, la cocina y el comedor. Un patio en el centro conectaría todo y tendría una pasarela cubierta para que no entrara la nieve.

Tenten, estaba de pie en lo que sería una pequeña sala de recepción.

—Esto no es lo suficientemente grande para Hinata.

—¿Qué quieres decir? —indagó Sasuke.

Hinata ladeó la cabeza, confundida.

Tenten golpeó un pie contra la madera.

—Hinata tiene demasiados amigos y no van a caber en esta habitación. Ella es más sociable de lo que crees.

Hinata seguía llevando su velo y su antifaz, pero su rubor fue visible en la parte inferior de sus mejillas y mandíbula.

—No tengo tantos —dijo ella.

Sasuke parpadeó.

Tenten comprendió que él quería que le explicara.

—Bueno, estoy yo, Kakashi, Shikamaru, Kiba, Shino, Inaho...

Las cejas de Sasuke se juntaron y miró a Hinata. Kiba, Shino e Inaho eran el Equipo 8.

—¿Cómo conociste al Equipo 8?

Hinata tiró tímidamente de la tela de sus pantalones y evitó enfrentarse a Sasuke.

—Bueno, para ser justos, primero conocí a Akamaru. Puede que le comprara una golosina en el mercado...

Tenten se rio y saltó de los cimientos de la casa para unirse a ellos en el piso.

—Donde va la lealtad de Akamaru, Kiba lo seguirá.

—Y luego los invité a tomar el té. E Inaho me invitó a su casa, y... —se encogió de hombros—. Son agradables.

¿Cómo se las arregló para hacer todo eso en el poco tiempo que llevaba aquí? Para alguien tan tímida y callada como Hinata, seguro que se las arreglaba para conocer gente. Pensó en su decorada nevera y en el devoto Kouki. Sabía que Kouki aún le enviaba pequeños regalos de vez en cuando. Sasuke ardía de celos y de orgullo por su pequeña samurái.

Sintió el impulso de atraerla a su lado, pero apenas lo resistió.

Tenten sonrió y levantó su otra mano, que sostenía una bolsa.

—Hablando de eso, tengo regalos del Equipo 8.

—¿Regalos? —dijo Hinata. Su voz era a la vez de sorpresa y de satisfacción—. No tenían que darme nada —intentó ser recatada, pero todo el mundo pudo ver que estaba emocionada.

Tenten rebuscó en la bolsa y levantó un frasco.

—Esto es de Shino. Son feromonas y dijo que solo una gota en el aire sería suficiente para pedir ayuda —volvió a meterlo en la bolsa y luego levantó un pequeño cilindro con una boquilla en la parte superior—. Un silbato para perros de Kiba. Por razones obvias —también lo colocó en su sitio y sacó un paquete de ropa.

Hinata lo cogió y con cuidado desplegó una camisa de raso color rosa claro y unos pantalones a juego.

—De Inaho —explicó Tenten—. Ella dijo que tu viejo pijama probablemente se había estropeado.

Sasuke pensó en la ropa rota que había inspeccionado en busca de pistas y que luego había entregado a los ANBU para que hicieran lo mismo. Inaho tenía razón, pero creía que el regalo era un poco frívolo comparado con los de Kiba y Shino.

Entonces, recordándole a Sasuke que no sabía nada sobre mujeres, Hinata abrió la camisa y jadeó al tantear el interior. Sasuke vio un bolsillo, pero no fue hasta que Hinata sacó una kunai que lo comprendió.

—Lo sé —Tenten sonrió—. Los pantalones también tienen bolsillos. Están acolchados para que no te pinches accidentalmente mientras duermes, además, son cómodos. El kunai está anclado para que no se caiga ni se salga. Y son bonitos. Apenas se ven los bolsillos.

Hinata volvió a guardar el arma y apretó las prendas contra su pecho.

—Esto es demasiado.

Tenten hizo un gesto para restarle importancia al asunto.

—Dijo que era un pago por el bálsamo que le diste. De todos modos, toma, dámelas y las volveré a meter en la bolsa. Luego podemos entrar y te ayudaré con tus heridas.

Hinata obedeció sin protestar y guio a Tenten hacia la casa. Cuando llegaron a la habitación de Sasuke, este hizo ademán de seguirlas, pero Tenten lo detuvo en la puerta.

—Tú no —dijo ella—. Puedes sentarte aquí y esperar —señaló el piso junto al marco.

Sasuke la fulminó con la mirada.

Tenten se encogió de hombros, inmune a su estado de ánimo.

—Quédate ahí —le ordenó como si le hablara a un perro—. Puedes escuchar, pero no mirar.

Avergonzado, Sasuke se dio la vuelta e hizo lo que ella le dijo.

Tenten cerró la puerta y luego le susurró algo a Hinata entre risas. Hinata soltó una risita. A Sasuke le ardían los oídos. Hubo sonido de ropa siendo removida y luego silencio durante un minuto.

—No me sorprende que no haya dejado que nadie te viera. Especialmente Sakura —señaló Tenten, lo suficientemente alto como para que Sasuke la oyera. Sonaba distraída.

—¿Sakura? —preguntó Hinata—. ¿Estás hablando de Haruno Sakura?

Tenten tarareó en aprobación. Sasuke resopló.

—Te escuché —Tenten regañó a Sasuke.

Sasuke resopló de nuevo, esta vez deliberadamente.

—¿Qué pasa con Haruno-san? —preguntó Hinata—. Creía que era la mejor ninja médico, después de Godaime.

Si Sasuke tuviera dos brazos, los habría cruzado. En cambio, cerró el puño y lo puso en su regazo.

—No es por ser mala, pero está obsesionada con Sasuke —explicó Tenten.

Hubo una pausa reveladora.

—¿Oh? —vocalizó Hinata.

—Mm —murmuró Tenten en acuerdo—. Espera, esta parte es complicada.

Hinata siseó. Sasuke quiso ponerse de pie, pero las siguientes palabras de Hinata lo detuvieron.

—La comezón. No me lo esperaba —ella, observó.

—Lo siento —dijo Tenten—. No soy lo suficientemente buena como para adormecer la zona y que no sientas dolor. O la comezón.

—Está bien. Te lo agradezco de todos modos —respondió Hinata.

Tenten volvió a sacar el tema de Sakura, para disgusto de Sasuke.

—¿Conoces a ese tipo de hombres que se obsesionan con una mujer? Los que no persiguen y no aceptan un no por respuesta.

—Puede que sí —dijo Hinata con diplomacia.

—Bueno, esa es Sakura con Sasuke. De nuevo, una mujer increíble, pero Sasuke es su punto blando. Ella no sabe lo incómodo que lo pone —mencionó Tenten.

—Por qué... ¿Por qué pasa eso? —preguntó Hinata—. Pensé que eran amigos. Compañeros de equipo. Si escuchas los rumores, incluso pudieron haber sido amantes.

Sasuke se sobresaltó. Sabía que él generaba especulaciones. Pero nunca consideró que fueran de ese tipo.

Tenten resopló.

—Seguro que los rumores son increíbles. Y erróneos. No sé si es porque Sakura cree que, si se esfuerza lo suficiente, conseguirá lo que quiere. O si ha pasado tanto tiempo definiendo su enamoramiento por Sasuke que no sabe qué hará sin él.

—¿Por qué...? —Hinata empezó—. ¿Por qué me dices eso?

Tenten tarareó.

—¿Cómo se siente tu pierna?

Hubo más sonido de tela.

—Se siente increíble. ¡Gracias, Tenten!

—De nada, Hinata. Siento lo de la cicatriz. Soy buena para las cosas en el campo de batalla. Y para detener una hemorragia cuando me hago un corte por no prestar atención. Pero nunca aprendí a lidiar con las cicatrices.

—No pasa nada —dijo Hinata—. Puedo hacer un ungüento para eso. Haré un poco para ti también. Y otra vez, gracias.

Se oyeron pasos y luego, se abrió la puerta. Sasuke se paró antes de que Tenten terminara de cerrarla y la escudriñó.

Tenten sonrió y le dio una palmadita en el hombro a Sasuke.

—Debería irme —habló—. Llego tarde al entrenamiento con Neji y Lee. Y Lee intentará buscarme si llego tarde.

Sasuke hizo una mueca. Definitivamente, no quería a Lee en su propiedad.

—Que tengas un buen día, Sasuke. Hinata —ella avanzó por el pasillo, pero se detuvo para mirar a Sasuke—. Ten cuidado con ella, ¿entendido?

Sasuke se dirigió a Tenten. Ella puso los ojos en blanco y desapareció por el pasillo. Hinata se acercó a la puerta y escuchó a Tenten salir. Miró a Sasuke cuando la escucharon salir por la puerta principal.

—No sé por qué Tenten te dijo eso —expresó Sasuke en voz baja a pesar de que Jūgo estaba haciendo un recado y Tenten se había ido—. Pero no siento nada por Sakura. Y ella no te hará daño.

—¿Entonces por qué no la he conocido? —preguntó Hinata.

Él suspiró. No sabía cómo decirle que evitaba a Sakura como a la peste, pero que aun así no creía que ella fuera una mala persona. Solo era terca y descaminada.

—Estoy esperando a que se olvide de mí —soltó finalmente.

Hinata deslizó tiernamente una mano sobre su mejilla. Sasuke se sobresaltó brevemente ante el inesperado contacto, pero no se apartó cuando se dio cuenta de lo que estaba pasando.

—¿Cómo podría alguien olvidarse de ti, Sasuke? —inquirió con una sonrisa burlona.

Él giró el rostro hacia la palma de la mano de ella.

—Te estás burlando de mí —murmuró.

Ella se acercó más. Él se sintió atrevido al poner la mano en la cadera de ella. Cuando era más joven, se preguntaba cómo sería estar así de cerca de una persona. Pero nunca imaginó que podría ser tan casualmente afectuoso. Generalmente, sus padres se mantenían a distancia el uno del otro.

¿Cómo sabía Hinata exactamente lo que necesitaba Sasuke? ¿Dónde lo había aprendido?

Sasuke la acercó y luego se detuvo, sintiéndose demasiado exigente. De todos modos, ella se apretó contra él. El calor de su rostro se extendió hasta su cuello. Lo abrazó y su mano se apoyó en la parte baja de su espalda.

«—Justo encima de la puerta del placer —le recordó su cerebro de forma servicial».

—No estoy tratando de menospreciarte —dijo Hinata en voz baja, con seriedad—. Quiero que te sientas seguro conmigo.

Le besó la palma de la mano.

—No sé lo que estoy haciendo contigo —él admitió.

—Yo tampoco he estado nunca con nadie —dijo ella—. Necesito que me digas cuando hago algo mal.

La ardiente bola de celos en su pecho se relajó.

—Solo si tú también me dices cuando la esté cagando —tuvo ganas de volver a lo que dijo Tenten—. Nunca pasó nada con Sakura. Ella... Ella me hace sentir incómodo.

Sabía que probablemente Hinata ni siquiera podía verlo, pero agarró la mano que ella tenía en su mandíbula y la guio para que se uniera a la otra que estaba en su espalda. Luego se inclinó y enterró el rostro en su cuello. Era una extraña forma de vulnerabilidad y sintió el impulso de huir, de esconderse.

—Creía que Tenten me hablaba de ella para poder protegerme —musitó Hinata, apoyando la mejilla en su cabeza—. Pero quizá era más por tu bien que por el mío.

Sasuke se puso rígido. Se echó hacia atrás para mirarla. Hinata se rio y apoyó la cabeza en su hombro, invirtiendo sus posiciones.

—Tenten se preocupa por ti —le dijo.

Sasuke cerró los ojos y se empapó con el calor de ella.

—Sakura es una compañera de equipo. No va a hacerme daño —murmuró—. Naruto confía en ella —añadió, casi como una ocurrencia tardía.

—¿Tú confías en ella? —preguntó Hinata.

Su silencio fue respuesta suficiente.

—Y eso está bien —ella sugirió—. Eso significa que tendremos que permanecer juntos.

Una idea descabellada se deslizó por su boca antes de que pudiera contenerla.

—Si nos casáramos, ella se daría cuenta.

Hinata jadeó y sus brazos se apretaron alrededor de él.

—¿Quieres casarte?

Él se quedó helado. ¿No debería haber dicho eso? Creyó que cuando ella le pidió que no la dejara ir, se refería a que se quedara siempre con ella. Sasuke pensó que estaban en la misma página. Cuando decidió quedarse con ella, eso fue lo que quiso decir.

Pero si ella lo rechazaba, podía mantenerla en su casa, hacerla miembro de su clan. Verla traer a un hombre al complejo para que pudiera casarse. Él lo haría. O lo intentaría.

Probablemente no lo haría.

La respiración de Hinata se agitó peligrosamente y Sasuke supo inmediatamente lo que estaba ocurriendo.

Hundió los dedos en el cabello de ella y con cuidado deshizo los cierres que mantenían unido el antifaz. Dejó que se deslizara y cayera al suelo, luego la empujó ligeramente hacia atrás.

Ella estaba llorando a todo pulmón, aunque se mordía el labio para detener su llanto. Con la mano, Sasuke le limpió las lágrimas. Apoyó el muñón en el hombro de ella, tratando de mantenerla cerca. Le dio pequeños besos en el rostro.

—Hinata —la reprendió en voz baja entre besos—. Se supone que tienes que decirme cuando la cago.

Ella soltó una risita de fastidio y atrapó torpemente sus labios con los suyos. Nunca había besado a nadie que estuviera sonriendo.

—Y-yo... No estoy... T-triste.

Le dio otro beso en la mejilla, catalogando mentalmente la textura de su suave piel y las venas de su dōjutsu.

—¿Entonces por qué estás llorando? —se quejó.

Ella resopló y se tomó unos instantes para recomponerse.

—Yo... Yo creía que iba a pertenecerte a ti y al clan y que... Que haría cualquier cosa, que sería cualquier cosa que necesitaras. Como con Mifune. Yo sería un miembro de tu casa. I-incluso daría a luz a tus hijos si quisieras, pero... —respiró entrecortadamente—. ¡Pero no pensé que tú también quisieras ser mío!

Sasuke se sintió desfallecer ante la mención de hijos. Pero trató de mantenerse concentrado.

—¿Pero por qué las lágrimas?

—¡Estoy feliz! —exclamó ella.

—Hinata —dijo con gravedad—. Eso no tiene sentido.

Ella rio vertiginosamente y escondió el rostro en su pecho.

—Está decidido entonces —declaró y le pasó la mano por el cabello. Se sentía genial, como si estuviera realizando un excelente genjutsu—. Nos casaremos y tendremos todos los hijos que quieras. Ayudaremos a Jūgo a encontrar a una persona con la que casarse si es que lo desea. Nuestro clan será fuerte y nunca nos separaremos. Nunca.

—De acuerdo —expresó Hinata en voz baja.

Estar en contra de ella lo estaba matando. Quería llevarla a su habitación y meterla en su cama. Quería verla embarazada. Solo quería eso.

Pero también quería tratarla como a una princesa, como a alguien que fuera realmente un pariente de sangre de la casa de Mifune. No quedaba ningún familiar que se preocupara de que Hinata mantuviera su virtud. Pero a Sasuke le importaba. Merecía ser tratada como un miembro de un clan prestigioso que se casaba con una persona de otro clan poderoso.

Aunque sin mucho dinero, lo máximo que Sasuke podía ofrecerle era una boda sencilla, mantener su honor intacto y construirle una casa. Él haría eso por ella.

—Nuestra boda probablemente será pequeña —advirtió, sin disculparse en absoluto—. Solo Jūgo y Naruto.

Ella levantó la cabeza y lo miró con malicia.

—Y Kakashi, Tenten, Shikamaru, Shino...

—Hinata —Sasuke gruñó juguetonamente y la rodeó con el brazo.

—Y Kiba, e Inaho...

Sasuke la levantó y la llevó por el pasillo hacia las escaleras, mientras ella reía. Necesitaba trabajar en esa casa suya.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Un par de días después, Sasuke se encontraba en el ático, ordenando todo lo que conservaría. Este espacio estaba lleno de documentos y pergaminos antiguos. Algunos de los artículos no tenían ningún valor y otros eran antigüedades de valor incalculable que habían pasado por generaciones de Uchiha. Tenía que prestar atención a cada pieza por si acaso.

Casi se sentía como si estuviera trabajando en la armería. Lo que lo hacía diferente eran los sonidos que se filtraban desde el exterior de Jūgo y Hinata trabajando en su jardín. Hinata quería cultivar plantas medicinales y Jūgo estaba interesado en aprender los trucos del oficio.

Sonrió cuando las risas de ellos llegaron hasta él.

Un poco distraído, casi no se dio cuenta de lo que estaba leyendo. Sasuke se detuvo, sorprendido.

Fuinjutsu

El arte de sellado requiere paciencia y un cuidadoso control de chakra. Este jutsu puede sellar objetos, chakra, seres vivos y prácticamente cualquier cosa que uno pueda imaginar. Este texto explorará las aplicaciones, las limitaciones y las técnicas necesarias para llegar a dominar el Fuinjutsu.

Desenredó más el pergamino, buscando el sello de los Senju. Lo que encontró fue extraño. En lugar de la luna creciente, estaban los tomoe del Mangekyo Sharingan.

Lo abrió más, pero nada parecía diferente del otro pergamino.

Tenía que llevarle esto a Kakashi.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

No fue una sorpresa ser convocado en la oficina de Naruto unos días después. Los pergaminos que encontró tenían algún tipo de vínculo con al menos dos clanes, lo que hizo que este asunto fuera importante para el Hokage.

Sin embargo, le sorprendió que Naruto pidiera que Hinata también estuviera presente. Más extraño aún fue ver a todos los que estaban allí reunidos. Junto a Naruto estaban Kakashi, Tsunade, Hizashi y Neji.

Sasuke no reacciono. Neji observó atentamente como Sasuke guiaba a Hinata a su asiento, él tenía su mano debajo del nudo de su obi. Ella se acomodó plácidamente y deslizó las manos sobre su regazo para enderezar la tela.

Sasuke se sentó y se encontró con los ojos de Naruto. Naruto, con expresión solemne, se inclinó sobre su escritorio.

—Apuesto a que se preguntaran por qué están todos reunidos aquí hoy —Naruto entonó con gravedad.

Kakashi y el ANBU Tigre de la esquina gimieron al unísono.

—¡Cállate, Naruto! —gruñó Tsunade.

Sasuke puso los ojos en blanco.

Hizashi miraba plácidamente un punto en el suelo.

Neji entrecerró los ojos en señal de juicio.

Naruto se rio como un niño pequeño y dio una palmada en su escritorio en señal de alegría.

—¡He estado esperando tanto tiempo para usar esa frase! —gritó.

A pesar de tener su velo, Hinata levantó las manos para cubrirse la boca.

Sintiéndose aún más contrariado al pensar que Hinata se divertía con las travesuras de Naruto, Sasuke apretó los dientes.

—¿Podemos, por favor, hablar de por qué estamos aquí?

Naruto fingió limpiarse una lágrima del ojo.

—Bien, bien —sonrió y luego miró expectante al ANBU en la esquina. El ANBU colocó cuatro pergaminos sobre el escritorio de Naruto. Neji se puso de pie y puso sus propios dos pergaminos junto a ellos.

Naruto señaló uno de los pergaminos de Neji.

—Hyūga —señaló el que estaba a su lado y luego continuó por la línea—. Sarutobi. Uchiha. Hatake. Senju.

—A primera vista, son todos los mismos pergaminos, pero si te fijas bien, hay diferencias importantes —Kakashi habló.

—¿Cómo las marcas del clan? —preguntó Sasuke.

—Hn —Kakashi tarareó en afirmación.

—Y hay ciertas palabras, frases y diagramas que son diferentes. Que fue un dolor de cabeza encontrar en un estúpido pergamino como ese —Tsunade hizo una mueca.

Sasuke tenía sus sospechas de a dónde iba esto, pero no necesitaba parecer el más listo de la sala. Se guardó sus conjeturas para sí mismo.

De todos modos, Hizashi confirmó las sospechas de Sasuke.

—Durante años, hemos estado buscando esta información —dijo el mayor de los Hyūga—. Este es el primer avance que hemos tenido en mucho tiempo —envió una mirada casi cálida en dirección a Hinata. Sasuke se erizó—. Aunque no pueda ser nuestra nueva jefa de Clan, Hinata-san nos ha traído buena fortuna y esperanza para el futuro.

—Es un algoritmo —dijo Hinata con asombro.

—Efectivamente —confirmó Hizashi.

—Perdona mi ignorancia —continuó ella—. ¿Para qué es se usa este algoritmo?

Naruto recogió el último pergamino y golpeó irreverentemente su escritorio con él. Neji dio un respingo de cuerpo entero.

El Hokage sonrió.

—Descifra el código de las instrucciones, nos dirá cómo quitar el Sello del Pájaro Enjaulado.

Sasuke lo comprendió. Los Hyūga nunca se dignarían a admitir que dependían de la ayuda de sus compañeros. Pero tampoco sospecharían que sus aliados tenían las claves para destruir sus secretos más profundos. Distribuyeron las piezas entre los clanes más fuertes de la aldea y dejaron que el paso del tiempo borrara todo conocimiento de lo valiosos que eran esos pergaminos. Era casi infalible.

Casi.

Sasuke sonrió. Un Hyūga aún no podía hacer un genjutsu lo suficientemente poderoso como para engañar a un Uchiha.

Tardó un momento, pero se dio cuenta de que Hinata estaba muy quieta a su lado. Quería tranquilizarla, pero tampoco quería llamar la atención. Su sello ya había desaparecido, pero había activado permanentemente su Byakugan y le estaba robando la vista.

Pero eso solo lo sabían Naruto y Sasuke.

—El problema es —continuó Naruto—. La única persona que puede ejecutar esto, es un hábil maestro de sellado.

—Y nosotros no tenemos uno de esos —dijo Kakashi.

Tsunade suspiró y se removió.

—Odio decirlo, pero ni siquiera Sakura-chan o yo seríamos capaces de quitarlo con seguridad.

—¿Por qué? —preguntó Neji.

—Fabricar sellos y quitarlos son dos disciplinas diferentes. Yo puedo crearlos. Kakashi puede reprimirlos. ¿Pero quitarlos? —se encogió de hombros—. Es como intentar sacar veneno del torrente sanguíneo. Hay que ver cómo el sello utiliza el chakra de la persona en su contra. A menos que quieras que tu sujeto de prueba se convierta en un vegetal...

Hinata estaba sentada lo suficientemente cerca de Sasuke como para que ella disimuladamente pusiera su mano entre ellos y atrapara la tela de su manga vacía.

—Tengo una propuesta para ti, Sasuke —Naruto sonrió.

Sasuke fulminó con la mirada a su amigo.

Naruto continuó, sin molestarse en lo más mínimo.

—Si puedes averiguar cómo quitar el sello de forma segura y efectiva, y puedes trabajar con todos en esta sala para averiguarlo, entonces te quitaré el brazalete de chakra.

Sasuke miró con duda a su amigo.

—¿Por qué quieres que lo haga?

Kakashi suspiró.

—Necesitas un trabajo que te dé algún tipo de prestigio en la aldea. ¿Por qué no te conviertes en maestro de sellado?

—O puedes quedarte en la armería y así nadie tendrá que ver tu rostro —Tsunade sonrió.

Sasuke la miró con desprecio.

—Tsunade-bach... —Naruto gimió.

Ella se encogió de hombros y luego adoptó un semblante serio.

—Estoy pensando que tu Rinnegan podría ser capaz de ver las vías de chakra corruptas de una manera que los ninjas médico no pueden.

—¿Crees eso? —sugirió Naruto.

Sasuke no prometió nada mientras agarraba a Hinata y se marchaban.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

—¿En qué estás cavilando? —preguntó Jūgo, sin pretender siquiera leer el libro que tenía abierto.

Sasuke hizo girar ociosamente su abanico de papel entre los dedos. Lo abrió y lo volvió a cerrar. Estaban tumbados en el porche, a excepción de Hinata, que estaba sentada con la espalda recta. Tenía una ficha de shogi entre los dedos y pasaba las yemas del pulgar por el símbolo tallado en la parte inferior.

—No quiero involucrarme en la política de otro clan. La última vez que alguien se involucró, todo mi clan fue masacrado —explicó Sasuke.

—Tendrías el apoyo del Hokage —Hinata señaló en voz baja.

—Si el Hokage fuera cualquier otro y no Naruto, sinceramente no me importaría —contestó Sasuke—. Sé que le prometió a Neji liberar a su clan, pero pensé que usaría la diplomacia, no que apoyaría la rebelión de la Rama Secundaria.

—Tendrías un aliado en el nuevo clan Hyūga —intentó Jūgo.

Sasuke resopló y se recostó. Se quedó mirando las vigas, curvando un labio con disgusto por las telarañas que nunca se molestó en limpiar.

—Solo si Hizashi y Neji tienen éxito.

—Hiashi intentó que mataran a Hinata —dijo Jūgo en tono sombrío.

Hinata se quedó helada. Sin mirar, Sasuke dejó caer el abanico, se acercó y agarró la mano de ella. La apretó una vez.

—Ese es un buen punto —Sasuke admitió. Probablemente, era el punto más convincente. Él no podía matar a Hiashi, pero Sasuke podía destruir el modo de vida de Hiashi.

—No me importa la venganza —reconoció Hinata—. Solo quiero estar a salvo.

—¿Estarás a salvo si Hiashi sigue en el poder? —contraatacó Jūgo.

Hinata, con solo su antifaz puesto, frunció los labios.

—Tenemos que considerar —Sasuke habló en voz baja—. Que Hizashi y Neji podrían haber estado mintiendo. Quizá estén intentando manipularnos para que actuemos.

Jūgo gimió y se pasó las manos por el rostro.

—Era más fácil con Orochimaru.

Sasuke sonrió. Orochimaru fomentaba la violencia al por mayor contra los enemigos, justificada o no. Allí se trataba de eliminar a los más débiles, para que los fuertes pudieran prosperar. Sasuke se preguntó si esa era la razón por la que Karin y Suigetsu habían vuelto al lado de Orochimaru.

Querían un maestro. Sasuke intentó serlo. Hay que reconocer que no tuvo mucho éxito. Sasuke estaba empezando a aprender que tal vez no quería ser un maestro, él quería compañeros.

Jūgo se quedó porque quería un hermano; alguien que llenará el vacío de Kimimaro. Hinata quería un marido y un clan al cual pertenecer. Todos en este pórtico querían una familia.

Eran suyos para proteger, pero los trataría como iguales.

—Tenemos que encontrar al ninja que me atacó —dijo Hinata—. Si es que todavía está en la aldea.

—Entonces podemos interrogarlos —asintió Jūgo en tono sombrío.

Sorprendentemente, Hinata se rio.

—Eres muy sanguinario.

Jūgo resopló, pero pareció que ella le había hecho un cumplido.

—Bueno, todo el mundo necesita algo que hacer.

—Matar a alguien en tiempos de paz se llama asesinato —se burló Sasuke.

Jūgo se rio y utilizó su pie para empujar la cadera de Sasuke. Con su muslo, Sasuke atrapó el pie de Jūgo y entonces lucharon durante un minuto mientras Hinata los miraba con una sonrisa.

De repente, Sasuke dejó de intentar aplastar el rostro de Jūgo contra el suelo. Jūgo tosió un poco por el polvo e intentó mirar detrás de él.

—¿Qué? —preguntó Jūgo, amortiguado.

Sasuke se bajó de la espalda de Jūgo.

—Tengo una idea —murmuró Sasuke, y procedió a contarles su plan.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Por un breve momento, Sasuke consideró pedirle ayuda a Sakura. Podría conseguir que le dijera quién había sido tratado recientemente por las heridas que Hinata recordaba haber hecho a su agresor.

Sasuke descartó la idea. Por mucho que no quisiera estar en deuda con Sakura, también reconocía lo malo que sería pedirle que rompiera las leyes de confidencialidad por él. Además, probablemente no sería bueno para su moral si accediera a hacerlo. Pero creía que ella le diría que no, y él los haría pasar por esa situación sin razón alguna.

Ese plan fue descartado. Si Naruto tuviera esa información, ya habría actuado en consecuencia.

La siguiente mejor opción sería ir a la fuente.

Sasuke encontró a Neji en un campo de entrenamiento. Era un caluroso día de verano y el sol estaba alto en el cielo. Neji, usaba una túnica característica de su clan y no parecía molesto por el calor.

Estaba entrenando con un muñeco de madera, del tipo que tiene simples varas que giraban para imitar brazos. Él practicaba metódicamente unas katas básicas. Parecía ser un ejercicio bastante sencillo. Neji pasaba lentamente de golpes a patadas. Pero Sasuke se dio cuenta de que Neji reprimía fuertemente su chakra.

Neji casi se parecía a Hinata cuando entrenaba.

Sasuke guardo eso en su cerebro para más tarde.

Neji se enderezó cuando Sasuke entró en los límites del campo. El Hyūga no respiraba con dificultad, pero los vendajes de sus nudillos y pies estaban manchados de sangre.

—Uchiha —saludó Neji.

—Hyūga —Sasuke respondió—. Tengo una pregunta para ti.

Neji miró a su visitante con recelo, pero luego volvió a su práctica.

—Pregunta.

Sasuke rodeó el maniquí, estudiando los movimientos de Neji.

—¿Cuántos sanadores hay en la Rama Principal?

Neji resopló.

—No hay ninguno.

Sasuke se sorprendió.

—¿Ninguno?

—Ninguno —Neji apretó los dientes y el siguiente golpe no fue tan controlado. Sasuke se apartó del camino, para no recibir las astillas de madera que volaron—. Nos tratan como sirvientes. Ninguno de ellos se dignaría a aprender algo tan vulgar como asistir a otros.

Sasuke pensó en Tenten.

—¿Sabrán curación básica?

Neji negó con la cabeza.

—No con chakra. Y la mayoría de la Rama Principal son ancianos. La única persona que luchó en la Guerra fue nuestro líder, Hiashi. Él podría saber cómo curar una herida. Hanabi no luchó y sus experiencias de combate se limitan a las misiones que realiza con su equipo chūnin.

—Entonces tengo que pedirte un favor —dijo Sasuke.

Neji hizo una pausa y se enderezó.

—¿Un favor?

—No te emociones demasiado —Sasuke puso los ojos en blanco—. Necesito que compruebes si tus sanadores han tratado a alguien recientemente. Especialmente a alguien con heridas en el abdomen.

Los ojos de Neji se entrecerraron.

—¿Hinata hirió a su atacante?

Nadie dijo que Neji fuera tonto.

Sasuke sonrió.

—Aparentemente ella lo apuñaló.

Los labios de Neji se torcieron hacia arriba tan fugazmente que Sasuke casi no lo vio.

—Voy a verificarlo.

—Hn —Sasuke tarareó y se dio la vuelta para marcharse.

—Uchiha.

Sasuke se giró parcialmente y levantó una ceja.

—A cambio, me preguntaba si puedo hablar con Hinata.

Sasuke frunció el ceño. ¿Para qué? Si Neji intentaba reclutar a Hinata para el nuevo clan Hyūga, Sasuke no estaría contento.

—Ella está bajo mi protección —Sasuke se erizó. Que fue lo más cercano a "ella es mía".

Neji negó con la cabeza.

—Lo sé —respondió—. Por eso pido permiso. Yo... Los recuerdos que tengo de ella son muy buenos. Era la única persona de la Rama Principal que fue amable conmigo, aunque éramos niños. Y la vi entrenar con Tenten. Me gustaría preguntarle cómo se entrenaba cuando estaba en la Tierra del Hierro.

Ah. Eso explicaba por qué Neji estaba entrenando como ella lo hacía. Estaba tratando de descifrar su estilo de pelea.

Curiosamente, eso calmó a Sasuke. Entendía la curiosidad como shinobi. Y tal vez, podía entender que Neji estaba tratando de conectar con un antiguo miembro de su familia. Neji tenía una familia. Una grande. Pero Hinata era su prima más cercana en sangre y edad. Probablemente, era una curiosa anomalía para él.

Sasuke suspiró, pensando en la crítica de Tenten sobre los espacios sociales de la casa. Ella tenía razón.

—Será decisión de Hinata —dijo.

Neji hizo una mínima reverencia.

—Gracias.

Sasuke se encogió de hombros y salió del claro. Una vez que se perdió de vista, se frotó la boca, tratando de ocultar su sonrisa.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

A la mañana siguiente, Sasuke se encontraba en una pequeña tienda de artículos para el hogar. Al parecer, Hinata necesitaba algunas cosas que los Nara le habían prestado anteriormente. Además, a juzgar por cómo inspeccionaba los palillos, no aprobaba los que Sasuke tenía en casa. Él sabía que ella había crecido en un hogar rico, pero ella no parecí de las que hiciera compras frívolas, aunque esto parecía innecesario.

Miró los precios y se burló.

—¿Qué tienen de malo los que tenemos en la casa? —preguntó Sasuke en tono bajo mientras miraba por encima de su hombro—. Estos son caros.

Ella tomó unos de madera lacada.

—Exactamente. Los que tienes son huecos. Son demasiado ligeros.

Sasuke frunció el ceño y miró a la vendedora que estaba en el otro extremo del mostrador. Ella ya había envuelto sus otras compras y prácticamente vibraba de alegría.

—Yo puedo pagar por esto —ofreció Hinata.

Sasuke se burló. No podía verle el rostro, debido al velo, pero pudo oír su risa. Tomo otro par.

—Esos son rosas —se quejó. Puso su mano sobre la de ella y la guio hacia otro par similar. No quería que los demás supieran sobre el daltonismo de Hinata—. Me parecen bien los negros —continuó—. O los rojos justo al lado. Me gusta ese pequeño... —luchó por decir las palabras correctas—. El diseño que tienen.

—De acuerdo —aceptó fácilmente—. Nos quedaremos con los negros. Y necesitamos unos metálicos.

Sasuke se movió para discutir.

—Unos que no sean huecos —ella lo cortó.

La vendedora se apresuró a preguntar cuántos pares necesitaban y si esos artículos se entregarían con el resto de sus compras. Hinata empezó a regatear. Sin interés, Sasuke se volvió para mirar el resto de la tienda justo cuando entraban tres hombres.

Sasuke se puso rígido cuando se dio cuenta de que eran Hyūga. Uno de ellos era un hombre mayor, de rostro severo y arrugado, con el cabello canoso. Tenía la frente despejada. El hombre que estaba a su lado era Hiashi, quien miró brevemente a Sasuke, tras una mirada despectiva, devolvió la vista al frente. El tercer hombre que los seguía era joven. Tenía la frente cubierta por vendas, a juzgar por su postura sumisa y sus ojos abatidos, era sin duda un miembro de la Rama Secundaria.

El joven vio brevemente a Sasuke y cruzaron las miradas. El otro ninja parecía derrotado.

Antes de que Sasuke pudiera procesar esto, Hinata metió su brazo entre el suyo y lo atrajo hacia su cuerpo.

—Vamos a pagar —dijo en voz baja—. He encontrado todo lo que necesitaba.

Consciente de la amenaza que había en la habitación, accedió y la guio hasta la caja registradora. Apenas se dio cuenta de lo que costaba todo o de los acuerdos de entrega que hizo Hinata. No se relajó hasta que estuvieron en la calle, lejos de la tienda.

Su tensión se desvaneció lentamente y solo entonces notó que Hinata estaba temblando.

—¿Hinata? —preguntó—. ¿Qué pasa?

Ella tomó un respiro tembloroso.

—Estaba allí —susurró—. El ninja que me atacó. Era uno de ellos.

Sasuke pensó en el anciano, en el miembro de la Rama Secundaria. Y en la fría mirada de Hiashi.

¿Qué era peor? ¿Qué Hiashi fuese el asesino e intentó matar a su propia hija? ¿O qué el miembro de la Rama Secundaria, que parecía ser una marioneta humana? Sasuke descartó al viejo inmediatamente; su chakra había sido más débil que el de un genin.

Sasuke acercó a Hinata y no la soltó hasta que estuvieron dentro del complejo.

Jūgo, que había estado colocando placas de madera contrachapadas para que sirvieran de subsuelo en la nueva casa, los llamó alegremente. Bajó de un salto de la estructura y se acercó. Su sonrisa cayó lentamente.

—¿Qué ha sucedido? —preguntó Jūgo con urgencia. Pasó las manos por los brazos de Hinata como si buscara alguna herida. Ella se acercó y él la abrazó sin dudarlo.

Sasuke sacudió el brazo como si eso pudiera desprender el chakra que sentía acumularse en sus manos y detrás de sus ojos.

—No puedo asesinar a nadie —dijo Sasuke en voz baja y ronca por la ira—. En cambio, vamos a aceptar la oferta de Naruto.

Jūgo asintió con gesto adusto.

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Notas: ¡Es hoy! Ha llegado el día en que vuelvo a las actualizaciones... Necesitaba el descanso, lo admito. Así que llegue llena de energía y ánimos para seguir en el mundo de los fics. Espero que el capítulo fuese de su agrado. Y les comento que este es... El penúltimo, así es, penúltimo capítulo. Nos estamos leyendo pronto. Besitos.

Naoko Ichigo

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