"¿A dónde fue tu cara de felicidad? ¿A dónde están los besos que supimos dar? ¿Dónde quedó el pasado que no volverá? ¿Los días que vivimos en cualquier lugar? [...] ¿Dónde están, dónde están corazón?..."
~✿~
Emma
Mayo 12
Ha pasado un día, dos, tres, cinco, catorce, veintiséis, treinta y ocho, cuarenta y nueve, cincuenta y tres, sesenta y yo sigo sin saber nada de él.
Sesenta tortuosos, terribles, largos y crueles días con sus respectivas noches. Dos meses en los que la tristeza que me embarga es infinita, pero intento no dejarme vencer por ella. Cada rincón en esa enorme escuela me recuerda a él. Mire a donde mire lo veo. Lo siento. A veces incluso me parece oír su voz como cuando me gritaba desde el otro lado del pasillo y después caminaba a toda prisa hacia mí y me abrazaba y besaba dejándome prácticamente sin aliento.
Lloro hasta quedarme dormida y algunas veces he despertado en medio de la noche con la esperanza de que al asomarme por la ventana lo encontraré parado en medio de la calle, sonriendo mientras espera que le abra la puerta para poder subir a mí recamara a escondidas de mis papás y pasar la noche conmigo.
Duermo con su chaqueta, la cual conservo desde aquel fin de semana en el que nos convertimos en uno solo. Todavía huele a él y la necesito para conciliar el sueño, para sentirlo cerca de mí aunque esté a miles y miles de kilómetros de distancia.
Lo único que mantiene viva mi esperanza, es leer una y otra vez su mensaje, aferrándome a la idea de que cumplirá su promesa y algún día regresará, pero sinceramente hay días en los que he llegado a pensar que no vale la pena seguir esperándolo. El que no haya venido a verme, que no llame y que no regrese todavía me hacen querer darme por vencida.
– ¿Todo bien, Emma? -asiento ante la pregunta de Liz. Me ha tomado más de media hora prepararme para empezar a trabajar y estoy segura que Derek la ha enviado a averiguar el por qué de mi demora.
Doy un último vistazo a mi teléfono antes de meterlo en el pequeño casillero y cerrar la puerta. Y me engaño a mi misma diciéndome que si James no ha llamado es porque debe de estar muy ocupado y no tiene tiempo para hacerlo, aunque en el fondo sé que existe una probabilidad de que no vuelva a llamarme nunca más.
– Emma, no puedes seguir así.
– ¿Así como, Liz? - replico con exasperación, ya que sé que me espera un sermón de la "vida sigue" y todas esas tonterías...
Sinceramente estoy cansada de escuchar a todo mundo decir que tengo que olvidarme de él. Que no va a regresar. Que tengo que volver a ser la misma de antes, pero ¿Cómo demonios les explico que por más que quiera no puedo volver a ser la misma? James le dio sentido a mi vida, y para bien o para mal la cambió por completo, me dio razones para salir adelante y sin decir nada más se fue llevándose con él todas esas razones, dejándome vacía.
Liz suspira con irritación antes de decir:
– Han pasado dos meses y tú cada día estás más delgada y demacrada. ¿Crees que vale la pena seguir viviendo de esa forma?
– Liz, no empieces por favor -la interrumpo antes de que siga regañándome –no estoy de humor.
– Emma reacciona, él ni siquiera te ha llamado.
– Si no ha llamado es porque está ocupado.
O al menos eso es lo que quiero creer.
– No importa que tan ocupado esté, podría al menos tomarse cinco minutos para llamarte y preguntarte cómo estás. ¿Ni los chicos saben algo de él? –es más una afirmación que una pregunta pero igual niego moviendo rápidamente la cabeza.
– No hasta donde yo sé.
– Lo ves, ni siquiera ha contactado a sus amigos. James debe de andar por ahí saliendo con otras chicas y divirtiéndose mientras tú estás aquí llorando y lamentándote por su ausencia.
Suena cruel pero tal vez tenga razón. Ni los chicos ni yo hemos sabido nada de él en todo este tiempo, y ni siquiera sé si escuchó mi mensaje. Trato de hacerme a la idea de que ahora que está a cargo de la empresa de su papá está demasiado ocupado y no tiene tiempo para nada, pero como dice Liz al menos podría tomarse un minuto de su tiempo para enviarme aunque sea un mensaje y decirme que sigue vivo.
Pero no lo ha hecho, y el que no lo haga me hace darme cuenta de que se ha olvidado de mí, pero soy tan estúpida y terca que en el fondo sigo creyendo que todavía me ama y que algún día regresará, total no se puede dejar de amar a alguien en tan poco tiempo ¿o sí?
– Okey, ya entendí -doy por terminada la conversación porque sé que si sigo hablando de él terminaré llorando. Me acomodo el uniforme y antes de salir del vestidor me giro para preguntarle a mi amiga: – ¿Cuál mesa?
– La doce -responde y hace una mueca antes de continuar hablando: – Y mas te vale estar preparada porque es el abuelo.
Maldigo para mis adentros al escucharla decir eso.
"El abuelo", cualquiera pensaría que con ese apodo nos estamos refiriendo a la persona más dulce y tierna del universo, pero no es así, bueno no del todo, la verdad es que algunas veces es lindo, pero otras es un completo fastidio. Al no saber cómo se llamaba, Emily decidió nombrarlo de esa forma y con el paso del tiempo, y al ver que no le disgustaba su nuevo apodo, todos comenzamos a llamarlo así.
La primera vez que se apareció por aquí lo hizo pidiendo una hamburguesa. Lo cual fue bastante raro ya que las hamburguesas no están dentro de nuestro menú. Derek intentó por todas las formas habidas y por haber, hacerlo entender que lo mejor era irse al restaurante de enfrente, que allí le servirían lo que él quisiera, pero el abuelo se negó a hacerlo y al final Derek terminó cocinando y sirviendo él mismo la hamburguesa.
Desde ese día, cada vez que se aparece por aquí, Derek termina parándose de cabeza y a punto de arrancarse los cabellos de uno por uno al no saber qué hacer para complacer sus exigencias, que van desde una hamburguesa con papas fritas hasta un enorme trozo de filete con verduras.
– ¿Y me lo dices ahora? -arqueo una ceja y la miro fijamente mientras ella juega con la orilla de su delantal, retorciéndolo entre sus dedos. Me mira y con un toque de culpabilidad en su voz responde:
– Lo siento, pero eras tú o yo. Y la verdad es que preferí que fueras tú –sonríe de lado, con tanta inocencia que estoy luchando contra mi misma por reprimir una sonrisa –además Derek me envió a buscarte, así que si te vas a enojar con alguien no te enojes solo conmigo –pongo los ojos en blanco, haciéndole creer que me he molestado. Tomo mi pequeña libreta donde anoto las órdenes junto con mi pluma y poniendo mi mejor sonrisa fingida salgo directo a mi encuentro con el abuelo.
– Abuelo, ¿en que lo puedo ayudar hoy? – sonríe en cuanto me ve, ojala yo pudiera sonreír con la misma sinceridad con la que lo hace él.
– ¡Emmita!, ¿Cómo estás? –me saluda con tal alegría que desearía pudiera contagiármela con solo pararme frente a él.
– Bien, supongo –respondo en automático, ya ni siquiera sé como estoy, solo sé que estoy – ¿Qué ordenará hoy? – o tal vez debería de preguntar ¿qué cosa rara y fuera del menú ordenará hoy?
– Hoy tengo antojo de una sopa de pescado –lo sabía, obviamente eso está fuera del menú y cuando se lo diga a Derek no tardará en querer sacarse los ojos con un tenedor.
– Enseguida se lo traigo.
Sonrío de nuevo y sin perder más tiempo me dirijo directo hacia el gerente Derek Parker, quien espera ansioso a que le diga que cosa rara acaba de pedir el abuelo. Sonríe con seguridad al leer el papelito con la orden, y sin decir nada mas entra en la cocina y empieza a hacer su trabajo. Servimos diferentes tipos de pescados en el restaurante, así que supongo que no debe de ser tan difícil complacer esta vez al abuelo.
En menos tiempo del que pensé la orden ya está preparada y lista para servirse. La comida se ve bastante bien y al parecer sabe mucho mejor. Me acerco un poco para acomodarla y el olor es tan fuerte que me produce un ligero mareo y ganas de vomitar, no me gusta el pescado y siempre me ha dado asco, así que tomo la charola y la acomodo sobre mi hombro lo más rápido que puedo antes de salir de la cocina y dirigirme a la mesa doce.
Liz, Derek y yo observamos con atención desde lo lejos como el abuelo devora la comida, pareciera como si llevara días sin comer. Cuando nos damos cuenta de que está a punto de terminar nos acercamos hacia él y no puedo evitar preguntarle con demasiada curiosidad:
– Abuelo, ¿en verdad sabe bien eso? –no es que desconfíe de la capacidad culinaria de Derek, pero el malestar que me produjo la comida solo con olerla me hizo dudar un poco de su sabor.
– ¿Qué si sabe bien? ¡Claro que no! –afirma con rotundidad ante la cara de asombro de Derek –solo me estoy obligando a comerlo porque ya está servido.
– Es una lástima que alguien tenga que hacer ese tipo de sacrificios –dice Liz con sarcasmo, haciendo que inevitablemente suelte una pequeña carcajada al recordar como casi se comía hasta el plato.
– Díganle al cocinero que esta hermosa vajilla se desperdicia con su porquería de comida.
– Él no es el cocinero, Derek es el gerente –le aclaro.
– Ahora entiendo porque no sabe cocinar.
Mientras atiendo otra de las mesas veo como el abuelo pide la cuenta y después de pagar comienza a recoger sus cosas, preparándose para irse.
– ¡Abuelo, espere! –lo detengo antes de que cruce la puerta y le ofrezco mi paraguas. Hoy es uno de esos extraños días en los que el clima de LA se ha vuelto completamente loco – tome, está lloviendo y usted no trae un paraguas. Asegúrese de regresármelo la próxima vez que venga –sonríe en agradecimiento y eso me hace sonreír a mi también, creo que esa ha sido mi primer sonrisa sincera en todo este tiempo.
– Mientras más te conozco, mas me pareces una flor de loto.
– ¿Una flor de loto? –asiente.
– ¿Sabes por qué las flores de loto florecen en el lodo? –niego con la cabeza - entonces... te lo dejo de tarea.
Y sin decir nada más se va. Dejándome confundida con su comparación. ¿Qué tengo que ver yo con una flor de loto? Definitivamente tengo que averiguarlo.
Sigo con ese maldito malestar que no me deja en paz. Anoche no pude cenar, en cuanto probé el primer bocado de la pasta que hizo mi mamá, salí corriendo al baño directo a vomitar y hoy por la mañana no pude si quiera poner un pie dentro de la cocina, el olor del desayuno me hizo salir huyendo como si un asesino serial me persiguiera.
Estoy segura que las seis rebanadas de pizza que me comí ayer en la tarde tienen algo que ver con mi malestar, y es que en cuanto termine de tragármelas, –porque la verdad es que no me las comí, me las tragué. Parecía como si no hubiera comido nada en veinte años– me empezó a doler el estomago y me dieron ganas de vomitar. Aunque no lo hice.
Y ahora que lo pienso, tal vez el que no pueda comer nada todavía es porque sigo llena y mi cuerpo no quiere aceptar ni un bocado más de comida, aunque sea pequeñito.
– Bonita forma de perder el glamour –Kendall se burla de mí al verme vomitando en el bote de basura del salón de ensayos.
Cualquier se moriría de vergüenza al encontrarse en esa situación pero seamos realistas, Kendall me ha visto en situaciones peores, así que creo que ya no estoy en condiciones como para sentirme apenada frente a él.
– Vete al diablo, Schmidt.
– ¡Hey!, ¿así tratas a tus amigos?
– Solo cuando estoy enferma –ambos sonreímos y tras ayudar a levantarme me pasa la botella de agua que había en mi bolso.
– ¿Qué pasó? –me encojo de hombros, respondiéndole con indiferencia:
– No lo sé. Ni siquiera pude terminar el ensayo. De repente me mareé, todo comenzó a darme vueltas y al final, como dijiste tú, terminé perdiendo el glamour vomitando en un basurero.
Por la expresión en su rostro se que está preocupado. No me gusta verlo así y menos por mi culpa, no debería de preocuparse por mi aunque siempre lo ha hecho y sinceramente creo que ya he abusado demasiado de la "línea de emergencias Kendall Schmidt".
– ¿Ya viste a un doctor? Estas demasiado delgada. ¿Estás comiendo y durmiendo bien?
Y otra vez con lo mismo, ¿Cuántas veces más voy a tener que escuchar ese interrogatorio? ¡Ya, por favor! Estoy cansada de eso, solo quiero que me dejen en paz.
Y sin ganas de discutir con él ya que siempre ha demostrado ser un muy buen amigo, le respondí:
– Para qué voy a ir con un doctor si no es nada. Si me mareé fue porque di demasiados giros al ensayar y vomité porque me cayó mal algo que comí ayer –trataba de restarle importancia al asunto, pero conociendo a Kendall sabía que no iba a dejarme en paz hasta asegurarse de que todo estuviera bien.
– Emma, me preocupas –confiesa, haciéndome sentir culpable – podrías estar enferma, tal vez tengas anemia o algo parecido. La verdad es que no luces nada bien.
– Dijo el tipo más guapo del mundo –usando el sarcasmo bromeo cumpliendo con mi propósito de hacerlo sonreír – relájate Kendall, no es para tanto. Últimamente he estado demasiado estresada y si te soy sincera no he dormido ni comido bien, pero es por el estrés de fin de cursos, estoy segura que cuando todo esto se acabe volveré a ser la misma de antes.
¡Mentira!... la verdad es que el fin de cursos es algo que ni me preocupa, pero no estoy dispuesta a escuchar de nuevo el mismo sermón de "tienes que cuidarte. Es por tu bien. El que no comas ni duermas no traerá de vuelta a James y mas blah blah blah..."
– Emma, prométeme que iras a ver a un doctor –pongo los ojos en blanco y suspiro con irritación antes de responderle:
– Ya te dije que no es necesario. Estoy bien. No pasa nada.
– Emma, prométemelo –me mira con una ceja enarcada y el tono autoritario en su voz me hace darme cuenta que no está jugando y que en verdad quiere que vaya a ver a un doctor – No me obligues a llevarte yo mismo.
Odio cuando se pone en plan mandón, me recuerda tanto a James.
– Está bien, te lo prometo –sonríe porque sabe que ha cumplido son su propósito.
– Bien, mi trabajo aquí ha terminado. Ahora lo que sigue...
Recoge todas mis cosas y tomándome de la mano prácticamente me saca arrastrando del salón, recorremos varios pasillos hasta llegar al auditorio.
– ¿Qué hacemos aquí? –pregunto mientras me conduce hacia el escenario y poniéndome frente a una cámara de video, responde:
– Hemos encontrado la forma de comunicarnos con James –eso me emociona aunque intento no mostrarme demasiado ansiosa – desde que se fue no hemos podido hablar con él, Cathy lo mantiene demasiado ocupado y aislado pero estamos seguros que esta vez si va a funcionar. Así que voltea a la cámara y dile a James todo lo que quieras decirle.
Presiona el botón de encendido y en ese momento me paralizo. No sé que debería decirle, ¿debería reclamarle por no haberse comunicado conmigo en todo este tiempo? O ¿debería dejarlo pasar y decirle que lo extraño, que muero de ganas por volver a verlo y que desde que se fue no he podido dejar de pensar en él?
Al final me decido por la segunda opción.
Me aclaro un poco la garganta mientras intento reunir las palabras correctas dentro de mi cabeza para poder decirle a James lo que sea que tenga que decirle, pero es inútil. Por alguna extraña razón se me hace mucho más difícil de lo que pensé.
– Kendall, espera. No... no puedo –tartamudeo, no sé si por los nervios o porque no se me ocurre nada que decirle – no... no sé qué decirle. Creo que... que no tengo nada que decirle.
– Vamos Emma. Di lo primero que se te ocurra. Lo que te salga del corazón – sonríe y yo no sé si seguir su consejo o salir corriendo del lugar.
Suspiro con pesadez y volteo a ver el techo por inspiración, al suelo por una idea, a la nada por una salida. Aclaro nuevamente mi garganta y empiezo a decir lo primero que se me ocurre:
– ¡Hola, grandote! –sonrío volteando a ver la cámara y después desvío mi mirada hacia mis manos como si en ellas estuviera escrita la respuesta a mi bloqueo mental. Y al parecer funciona, ya que al levantar mí vista de nuevo, sé exactamente qué es lo que quiero decir: – sabes, desde que te fuiste no he podido dejar de pensar en ti, y es gracioso porque lo que más recuerdo son las veces que peleábamos por tonterías –sonrío de nuevo ante la ironía de mi palabras, antes de continuar hablando: – pero bueno, eso ya no importa. Lo que importa es que te extraño poquito... bueno mucho –pongo los ojos en blanco y al final termino admitiendo: – okey, demasiado. Te extraño como no tienes idea, extraño escuchar tu voz, perderme en tu mirada, sentir tu aroma y tu cuerpo junto al mío al abrazarte. Extraño tu ceño fruncido y como me miras de reojo y te enfadas conmigo cada que digo o hago algo que te molesta. Estos días han sido bastante difíciles para mí. Es como si me hubieran arrancado una parte importante de mi ser, y así fue. Desde que no estás aquí todo parece más difícil. Te amo, te necesito y lo único que puedo hacer es esperar a que vuelvas para poder verte de nuevo y tenerte junto a mi –agacho la cabeza, no por sentirme apenada de lo que estaba diciendo más bien porque intento ocultar mis ojos llorosos – James, por favor no tardes mucho en regresar que con cada día que pasa mi corazón muere un poquito más.
¡Cursi y estúpida! Definitivamente llevo la palabra "perdedora" escrita con letras mayúsculas en la frente.
Ojala y fuera un poquito menos cobarde y me atreviera a decirle todas esas cosas a James, pero no lo soy, soy demasiado miedosa y acabo de inventar en mi cabeza la situación perfecta en la que le decía lo que realmente siento por él, en donde le confesaba que es todo para mí y que lo necesito para seguir viviendo, donde prácticamente le suplico que regrese a mi lado.
«Patética»
Esa es la palabra que me define perfectamente en estos momentos.
– Sabes, creo que mejor lo dejamos para otro día ̶ escuchar la voz de Kendall me trae de nuevo a la realidad, no sé por cuánto tiempo estuve callada y perdida en mis pensamientos pero al parecer fue demasiado.
̶– Lo siento – me disculpo con él porque no se me ocurre otra cosa que hacer – es solo que sinceramente no sé que debería decirle.
– Si no puedes decirle lo que hay dentro de tu corazón, entonces... utiliza tu cabeza.
– Como si fuera tan fácil –murmuro un poco molesta –la verdad es que creo que no debería de estar haciendo esto. Él es el que desapareció de mi vida, él que se fue sin despedirse. No me ha llamado en todo este tiempo, no sé si escuchó mi mensaje o si le importó lo que le decía. No sé si se acuerda de mi o si al menos en algún momento del día, aunque sea pequeñito, mi recuerdo pasa por su mente. En cambio yo no he podido dejar de pensar en él, lo hago día y noche. Todo en esta maldita ciudad me recuerda a él. He intentado olvidarlo, hacerme a la idea de que no va a regresar, pero no puedo. No puedo porque su maldito recuerdo no me deja en paz. No es tan fácil olvidarte de alguien a quien has amado tanto. Lo necesito, lo necesito conmigo para poder seguir viviendo y lo necesito porque lo amo y me siento frustrada y enojada conmigo misma por no habérselo dicho antes. Pero también sé que mientras yo muero lentamente el muy idiota de seguro anda por ahí divirtiéndose y saliendo con otras tipas... – y si antes me sentía molesta ahora estaba furiosa, y no precisamente conmigo por no haberle dicho antes a James que lo amaba, si no con él por no haberme llamado, por dejarme morir lentamente al no tener señales de él.
Odiaba y al mismo tiempo me dolía tener que admitir que Liz tenía razón con respecto a eso de que él estuviera saliendo con alguien más, después de pensarlo por mucho tiempo no me quedó ninguna duda. Esa era la única explicación que le encontraba al hecho de que no tuviera noticias de él en todo este tiempo. Ni una llamada, ni un mensaje, ni siquiera una señal de humo... eso solo me daba a entender una cosa: James estaba saliendo con alguien más y se había olvidado completamente de mí.
– ¡Mierda, Kendall! ¿me podrías explicar que es tan gracioso? – mi bufido resuena en las paredes del auditorio, esta vez no traté de ocultar mi evidente molestia al verlo sonreír como si estuviera viendo la escena de una película cómica. Sé que trata de controlar su risa y lo sé porque se está mordiendo el labio inferior y acaba de apartar su mirada de la mía.
– Lo siento, pero no puedo evitarlo –dice antes de empezar a reírse. El muy idiota se está riendo de mí. – acabas de decirle a James todo lo que querías decirle. No sé si salió de tu corazón o de tu cabeza pero al menos se que fuiste sincera.
¡Mierda! no puede ser, pensé que había apagado la cámara.
– Kendall, bórralo por favor. No es necesario que James se entere de eso.
– ¿Borrarlo? –arquea una ceja y me mira divertido. Estoy segura que esta reprimiendo una sonrisa –bromeas, ¿cierto?... Emma esto es lo más sincero que alguno de nosotros le haya dicho a James.
– Kendall, por favor –sí, estoy suplicando pero es lo único que puedo hacer.
– Olvídalo mini. Hoy mismo se lo haré llegar.
– Si haces eso te juro que... que... que dejo de hablarte por todo lo que me queda de vida.
– Hmmm... –se encoge de hombros mostrando indiferencia y después dice: – igual no te queda mucho tiempo, así que podré vivir con eso.
– ¡Kendall! –le grito haciéndome la ofendida, pero sé que tiene razón a como siga así no voy a vivir por mucho tiempo.
– ¡Emma! –me responde imitando mi voz y no puedo evitar reírme, ya que me parece bastante gracioso – si no quieres que se lo envíe esta bien, no lo haré.
– ¡Gracias!
– Pero al menos date cuenta de que esta fue la única forma en la que pudiste decirle a James todo lo que tenias que decirle, incluso le reclamaste por hacerte sentir olvidada. Yo solo quería que hablaras, que sacaras todo eso que llevas dentro y te está haciendo tanto daño. Y al final lo conseguí.
Y ese es Kendall Schmidt. El chico que utiliza las estrategias más extrañas para conseguir lo que quiere.
Aunque tiene razón al final consiguió que dijera al menos una parte de lo que quería decirle a James. Solo espero que cumpla su promesa y no le envíe ese video.
..........................
Wait! No crean que hasta aqui llega el capitulo, lo que pasa es que wattpad me bulea bien feo y no me deja seguir editandolo u.u (al parecer esta muy largo :S) pero bueno ahora pongo la otra parte ;)